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Opiniones

Maduro dice que ganó, pero las imágenes son otras

A la espera para votar en Venezuela

El dictador de Venezuela Nicolás Maduro dice que ganó y que dejó a la oposición "noqueada". Asegura que obtuvo 5.823.728 votos en las elecciones presidenciales que él mismo comandó.

Pero esos resultados se contraponen con las imágenes de desolación en las mesas electorales.

Maduro puede asegurar que ganó, pero toda Venezuela sabe que hubo tremendo fraude y lo mismo piensa la comunidad internacional.

La ausencia de electores en los sitios de votación se debió a que nada pudo la tiranía contra la indignación del pueblo.

Ni las tentadoras cajas de alimentos Clap, ni las amenazas, ni los violentos colectivos, ni todo el peso de la dictadura de Nicolás Maduro logró sacar a los venezolanos de sus casas para que concurrieran a las mesas de votación.

El dictador había amenazado antes de la jornada electoral: "O votos o balas...".

En las contradicciones, previamente, un Maduro desesperado se había presentado ante la televisión, a pocas horas del cierre del proceso electoral, haciendo un llamado a sufragar, para aumentar el escuálido número de gente en las calles, registrado en las fotos de las agencias informativas que mostraban al mundo que casi nadie en Venezuela fue a votar.

Frente a los periodistas y fotógrafos el solitario Maduro siguió con la farsa y saludó, hizo gestos y batió las manos frente a seguidores inexistentes. Solo lo rodeaban su equipo de asesores y guardias de seguridad.

Chakal R. Figueredo estuvo presente en esa escena. " He visto al tirano, muy solo, llegando a un centro de "votación", saludando a sus amigo invisibles, con efectos especiales de gente gritando en voice over sobre el video...".

Las cifras

A escasos minutos de cerrarse la última mesa de votación y sin contar los votos llegados desde el extranjero, la rápida Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral, anunció -aceleradamente- que la participación en el proceso del domingo fue de un 48%.

Lucena indicó que 8,39 millones de venezolanos sufragaron, dando a Nicolás Maduro como ganador con 5.823.728 votos, en unos comicios comandados por él mismo.

Henri Falcón, por su parte, quedó de segundo con 1.820.552 votos y Javier Betucci obtuvo, según Tibisay solo 925.042 votos.

Fraude cantado

Las veloces cifras entregadas por el gobierno chavista suenan a fraude. Muy apresuradas para ser ciertas.

Y así lo dan a conocer miembros de la oposición y observadores internacionales.

El número de los que fueron a votar en Venezuela fue mínimo aseguran los expertos -menos de un 30 por ciento- integrado mayormente por chavistas todavía leales al régimen, motivados por la conveniencia y el temor de perder prebendas y todo lo ganado bajo las administraciones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

La cifra de abstención que manejó el Grupo de Lima sobre el fraude electoral que se llevó a cabo en Venezuela el domingo fue de un 82, 96%. Ante este número los integrantes reiteraron que no reconocerán los resultados de la dictadura sobre el proceso.

La oposición afirmó que votó menos de un 30 por ciento y pidió la renuncia de Maduro.

Sin embargo, contra todas las evidencias, el régimen celebró "una masiva concurrencia y participación de votantes".

Redes sociales

Las redes sociales destacaban lo que ocurría y rechazaban el "triunfo" de Maduro.

"Lo único que se oía en las calles era el ruido de grillos y chicharras", declaraba Luisa C, desde Caracas.

El ex alcalde Antonio Ledezma tuiteaba desde Madrid: "El domingo hubo el más grande paro cívico que ha conocido Venezuela, más del 80% de la población rechazó el fraude electoral. Nuestra patria es mucho más grande que las adversidades".

El dirigente político, Juan Pablo Guanipa, escribía: "Venezuela hizo un proceso de desobediencia masiva".

Ricardo Blanco comentaba:

"Cuando un pueblo se une logra sus objetivos, el pueblo venezolano no se prestó a la burla electoral de este 20 de mayo, y por eso llamamos a que sigamos la lucha en las calles de Venezuela".

Pablo Aure escribía:

"Las calles estuvieron solas, este es el principal acto de desobediencia que se ha dado en los últimos años en el país. Los centros de votación solos porque la gente no cree en esta farsa".

Julio C. enviaba mensaje a los venezolanos: "Estamos en presencia de una desobediencia civil inédita en la historia del país, Venezuela se baña de dignidad".

Jaime T. informaba que habían lanzado botellas y abucheado al ex presidente español Jose Luis Rodríguez Zapatero al salir del centro electoral y le habían gritado " Usted no está pasando hambre como nosotros".

Marta M. destacaba que John Sullivan, Subsecretario de Estado de Estados Unidos había afirmado, nuevamente, que no reconocerán los resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela.

En Chile, el presidente Sebastián Piñera, reiteraba el domingo que su Gobierno desconocerá los comicios en Venezuela al considerar que no cumplen con “estándares mínimos de una verdadera democracia”

“No son elecciones limpias y legítimas y no representan la voluntad libre y soberana del pueblo venezolano. Chile, como la mayoría de países democráticos, no reconoce estas elecciones”, agregó en Twitter.

Además de Chile, los Gobiernos de Colombia, Perú, España, Argentina y Estados Unidos, entre otros, desconocerán los resultados

Lincoln Lenin Martinez desde el Táchira expresaba:

La Asamblea Nacional, las fuerzas vivas: instituciones colegiadas, sindicatos, estudiantes, gremios de profesionales, el pueblo en general debe exigir la formación de una Junta de Gobierno Provisional para tomar el gobierno (no hay presidente), convocar a nuevas elecciones democráticas, nombrar nuevos rectores del CEN

Clara F. también escribía exigiendo cambios:

"¿Y ahora que? Hoy es lunes, sin comida, medicina, transporte e inseguridad... ¿Cuáles son las acciones a seguir? Ya basta de documentos, opiniones, comunicados, rueda de prensa etc.Vzla se cansó de la hablar sin solución!!! ¿DÓnde está el plan B? ¿El día después del 20M?"

El caricaturista Eduardo Sanabria, mejor conocido como EDO, compartió en las redes sociales una imagen a propósito del proceso ilegítimo de votación, en el que el presidente Nicolás Maduro busca su reelección.

Las palabras “Tendencia irreversible” acompañan una papeleta electoral en medio de un desierto.

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Represión, palabra de orden

Guardias vestidos de civil en un camión militar, apostados en una calle de La Habana el 15 de noviembre. ADALBERTO ROQUE / AFP

Opinión

El desafío de la oposición al régimen totalitario y la reacción de este, instrumentando una intensa y extendida campaña represiva, demuestra que el castrismo no está dispuesto a conceder a sus ciudadanos el más insignificante de sus derechos, y que la opinión internacional le sigue importando un bledo.

El 15 de noviembre, aunque no fue una gesta similar en participantes a la del pasado 11 de julio, pasa a ocupar un lugar notable en la historia como proceso a favor de la libertad en más de sesenta y dos años. El 11J ha sido la protesta cívica de mayor magnitud que ha tenido lugar en Cuba después del establecimiento del totalitarismo.

La nomenclatura del castrismo nunca ha estado dispuesta a reconocer los derechos de los otros. La represión ha sido una constante desde el primero de enero de 1959, característica que la dictadura siempre está dispuesta a demostrar, aun a aquellos que se empecinan en ver atisbos de cambio en una estructura mafiosa que se reinventa constantemente.

La represión, actos de repudio y arrestos se produjeron antes del día 15. Había que incentivar la siembra y cosecha del miedo para compensar el que ellos sufren, a pesar de contar con un arsenal más que poderoso. Las dictaduras siempre le temen a los oprimidos porque intuyen que el día que estos rompan sus cadenas no hay fuerza que los contenga.

Uno de los primeros arrestados fue Guillermo Fariñas, premio Andrei Sajarov, 2010. Dicho sea, la dictadura siempre ha sentido por los cubanos reconocidos con el galardón por la Libertad de Conciencia que otorga la Unión Europea un resentimiento muy particular. Recordemos que el régimen, en alguna medida, está involucrado en la muerte de otros dos premios Sajarov, Laura Pollán, 2005, fundadora y líder de las Damas de Blanco y Oswaldo Paya Sardiñas, 2002, promotor de otra iniciativa de gran valor cívico, “El Proyecto Varela”.

La convocatoria para las protestas del 15 de noviembre tiene un protagonista, Yunior García Aguilera. Un joven intelectual que, como otros, pudo haber asumido una falsa militancia para trepar en los engranajes del poder castrista, como si lo hizo el vocero de la tiranía Humberto López, un sujeto que se dedica a amenazar y golpear mujeres como hizo recientemente contra la activista Yeilis Torres Cruz. López, un esbirro en ascenso en el régimen, intenta con su protagonismo depredador, aumentar su poder como lo han hecho otras hienas con posiciones similares.

Las acciones policiales contra la Marcha Cívica por el Cambio aumentaron el número de detenidos por motivos políticos, así como las desapariciones de activistas, pero también se evidenció que esta protesta cívica contó con el apoyo de opositores de otras generaciones de extendido activismo, y de jóvenes, hombres y mujeres que se han incorporado más recientemente en la lucha por la libertad, una evidente muestra de madurez política de la ciudadanía, y una seria amenaza al totalitarismo.

Esta realidad se pudo constatar en un video en el que se aprecia a un grupo de personas que en Santa Clara demandaban a coro la excarcelación del joven Andy García Lorenzo, y hasta entonaban un estribillo con “únete policía por la libertad”.

Los actores principales de las democracias tienden a pasar por alto que el régimen cubano es el principal nutriente de las autocracias nicaragüense, venezolana y boliviana y, por su condición de exportador de la desestabilización, respalda a todo caudillo que se aproxime, en alguna medida, al modelo castrochavista, tan vinculado en la actualidad al crimen organizado.

Él extrae como un chupóptero los bienes de esas naciones y, a cambio, comparte con ellos sus amplios conocimientos del control social y político. El régimen de la Isla no solo es un peligro para los cubanos, también para la democracia en general.

Esta jornada fue, además, una campaña de solidaridad internacional a favor de la Democracia y la Libertad en Cuba. Cubanos y extranjeros, ciudadanos comprometidos con esos conceptos, se manifestaron en numerosas ciudades del mundo, lo que evidencia el repudio internacional contra el sistema totalitario y la necesidad de actuar contra el mismo a instancias internacionales para evitar que en la Isla se produzca una catástrofe de proporciones superiores a las que padeció Rumania, cuando fue derrocado el régimen de Nicolás Ceaucescu.

Jiménez Enoa: El terror neutralizó las protestas en Cuba, pero la lucha no ha terminado

Presencia de efectivos en las calles de La Habana el 15 de noviembre. (YAMIL LAGE / AFP).

El autor cubano Abraham Jiménez Enoa escribió este martes en el diario The Washington Post que "el terror neutralizó las protestas en Cuba, pero la lucha no ha terminado".

Dice Enoa sobre la anunciada marcha: “Subo a la azotea de mi edificio y contemplo desde allí la pasmosa tranquilidad que transcurre en el Vedado, barrio de La Habana. Faltan unos minutos para las 3:00 pm, cuando se prevé que comiencen las protestas ciudadanas del 15 de noviembre en contra del régimen cubano”.

El articulista y columnista del Washington Post, al describir su barrio, dice que “parece la escena trillada del cine que anticipa que algo malo está por suceder: nadie camina por las calles, la brisa mueve las hojas de los árboles, el silencio es absoluto".

"Unos aplausos solitarios a lo lejos rompen la calma. Miro el reloj: las 3:00 pm ya. Busco quién aplaude y encuentro, en la ventana de un noveno piso de un edificio que está a tres cuadras del mío, a un colega periodista independiente y su esposa. Ambos me saludan a la distancia. Al colega, al igual que a una cantidad aún no cuantificada de cubanos y a mí, el régimen nos ha puesto en prisión domiciliaria para que no participemos en las protestas pacíficas convocadas por la plataforma Archipiélago”, señala.

Opina Enora que los aplausos son el recurso que les quedó a los ciudadanos que querían participar en las protestas y a quienes el régimen de manera arbitraria se los impidió. "Ciudadanos apresados en sus propias casas porque viven en una nación donde está penado decir lo que se piensa”.

Enoa considera que “el castrismo jugó la carta de la anticipación y puso encima de la mesa todo su arsenal represivo: las semanas previas militarizó las calles con brigadas especiales y de agentes disfrazados de civil, cercó con operativos policiales a los líderes de Archipiélago y de la sociedad civil, citó a interrogatorios a todo aquel que manifestó en las redes sociales su deseo de salir a protestar y los amenazó con la cárcel, además de llevar turbas de partidarios a las puertas de los disidentes para atemorizarlos con actos de repudios”.

No obstante, concluye Abraham Jiménez Enoa en The Washington Post que "el régimen lo único que ha hecho, clausurando el derecho que tienen todos los seres a manifestarse, es echarle más gasolina a las ansias de cambio del pueblo”.

OPINIÓN Nicaragua, elecciones para qué

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, encabezan una manifestación en Managua. (AP/Alfredo Zuniga, Archivo)

Para el electorado es desalentador participar en unas elecciones en las que el resultado esta previamente anunciado como todo parece indicar sucede en Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Cuba, donde la oposición y el votante, están plenamente limitados en sus derechos.

Hacer campaña electoral en un plano de igualdad bajo un régimen autoritario o una dictadura es una vana ilusión. Las autoridades electorales, así como las fuerzas armadas, están a la orden del partido gobernante y sobre los derechos de la oposición pende una guillotina, más despiadada que la legendaria espada de Damocles, que da igual que se llame, Movimiento al Socialismo, Frente Sandinista de Liberación Nacional, Partido Socialista Unido de Venezuela o Partido Comunista de Cuba, siempre están listas para la ejecución.

Las oportunidades de la oposición de realizar sus actividades son muy limitadas y las más de las veces si logran que el poder no las criminalice como ocurre bajo los regímenes castro chavista, es por la solidaridad internacional y la disposición a imponer sanciones a los transgresores de los países democráticos y organismos internacionales.

Nicaragua se apresta para una de las farsas electorales más colosales de su historia. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, señalados de haber cometido numerosos crímenes contra la ciudadanía son los candidatos más visibles, aunque tal vez los más repudiados por el pueblo, ya que la dupla que lleva gobernando más de 25 años, tiene encarcelado a los siete aspirantes a la presidencia con mayores opciones.

Al gobernante nica no se le puede discutir su capacidad para conservar el poder, paralela a la de lograr pasar casi inadvertido para la mayoría de las instituciones defensoras de la democracia, los derechos humanos y prensa internacional.

El caudillo sandinista ha cometido todo tipo de tropelías y manipulados las reglas de la democracia, con particular impunidad. Él ha seguido las pautas de los “salvadores heroicos y sacrificados” que popularizó la revolución cubana a principio de la década del 60 – supuesta defensa de los pobres, aunque socializando la miseria- conducta que le ha beneficiado ampliamente.

Recordemos que llegó al poder a través de la violencia en una épica insurreccional que parecía contar con la mayoría del respaldo popular. La Revolución ya fue otra cosa, con el tiempo muchos de sus compañeros lo abandonaron porque no compartían sus intenciones y un importante sector de la población lo combatió con las armas en las manos y otra parte partió al exilio.

Su mandato entro en crisis porque la resistencia no cesaba, viéndose obligado a convocar a elecciones que perdió ante la señora Violeta Chamorro, una victoria que no habría sido reconocida en la actualidad por el gobernante sandinista, según su conducta presente.

En el gobierno los demócratas nicaragüenses actuaron como tales y no tomaron contra Ortega y sus partidarios las medidas punitivas a las que tenían derechos por los abusos y depredaciones del gobernante saliente y por el alto nivel de corrupción de su mandato.

Además, la estrecha alianza sostenida con la Cuba de Castro y la extinta Unión Soviética, pudo haber sido considerada una traición a la soberanía nacional. Ambos estados favorecieron con su intromisión la extensión del conflicto bélico, aparte de su injerencia constante en los asuntos internos de Nicaragua.

Daniel Ortega, aspirante a gobernante vitalicio del país centroamericano, tal y como lo fue su maestro Fidel Castro en Cuba y aspiró Hugo Chávez, ha sido el discípulo más aventajado del decano de los dictadores del hemisferio. Recurrió a la violencia como medio para conquistar el poder. Después, acudió a propuestas democráticas para continuar gobernando, en un intento por legitimar sus mandatos con farsas electorales.

Aunque algunos podrían comparar su estilo de ordenar, reprimir y matar con el de sus predecesores de la dinastía Somoza, es evidente que su forma de llegar al gobierno y aferrarse al mismo es una copia castro-chavista.

De Ortega y los Somoza se puede decir que son de un pájaro las dos alas, remedando a la poetisa boricua Lola Rodríguez de Tío. También se puede escribir que ambos reciben en el mismo corazón las críticas, vituperios y repudio de sus conciudadanos.

El Castrismo no es Cuba

Un hombre es arrestado durante el levantamiento popular, en La Habana, el 11 de julio de 2021.

Desgraciadamente, la mayoría de los cubanos ha conocido un solo gobierno, un único liderazgo, y ha sido formada en una sociedad autoritaria, en la que la represión y la discriminación, en todas sus variantes, es padecida por la población en general, en un ambiente de uniforme indefensión que, al manifestarse con distintos síntomas, impide al individuo percibir las señales de la profunda dependencia que sufre.

Esta subordinación al Proyecto Totalitario ha conducido a un amplio sector de la población a confundir a la nación, la bandera, el himno y a Cuba como país, con la revolución y el castrismo, lo que no es cierto. Cuba y la Revolución no son lo mismo. Nunca lo han sido, se ha dicho y escrito innumerables veces, pero evidentemente no ha sido suficiente, porque no faltan quienes siguen creyendo que los Castro son Cuba y el castrismo, la cubanía.

Esa idea responde a una creencia falsa, eficientemente difundida, de que el proceso iniciado en 1959, y los caudillos que lo condujeron, salvaron a la nación de los depredadores que la destruían, una concepción que solo refleja ignorancia, en el mejor de los casos, y una innegable mala fe entre los que han montado un entramado de falsedades e iniquidad que solo acumula mentiras e injusticias, sin que estas afirmaciones pretendan presentar una Cuba pre revolucionaria como la antesala del paraíso.

La difusión y perpetuación de esta espuria realidad ha sido particularmente favorecida por el control absoluto de la educación y la información, dos disciplinas ampliamente usadas en la propaganda oficial y en el adoctrinamiento de los gobernados. Por otra parte, la segregación política e ideológica favorece la competencia extrema y la abyección de los contendientes, demoliendo los valores fundamentales del individuo.

Los que han detentado el Poder en Cuba desde 1959 han implantado un método patriarcal que ha generado una exagerada dependencia de los siervos de la Autoridad, la que ha inducido, aun entre muchos de aquellos que no son devotos del sistema, a la creencia de que el Estado, los Lideres y la Revolución son una trinidad sintetizada en la Nación, en una palabra, todo es lo mismo, y quien ataque a uno intenta destruir el conjunto.

Por supuesto, esta certeza donde mayor presencia tiene es entre los jóvenes, porque han sido las victimas más abusadas. De ahí que, aun aquellos que tienen la capacidad de tomar decisiones propias, como independizarse trabajando por su cuenta, o abandonar el país, tienden a repudiar todo lo que Cuba representa, al identificar erróneamente al régimen con la Nación. O, en caso contrario, aprueban y promueven todo lo que sucede en la Isla, sin entrar a considerar cuáles son los progresos naturales de un país con independencia del gobierno que lo dirije.

Por suerte, hay numerosas excepciones, como se aprecia en las prisiones de la dictadura, o en los activistas que favorecen un cambio hacia la democracia en Cuba.

Es válido considerar que aun aquellos que actúen con un mínimo de independencia son en cierta medida fallas del Proyecto. Supuestamente, al ser formados en los estrictos marcos del castrolicismo, su conducta y pensamiento debería ser de absoluta fidelidad, lo que, en realidad, no ocurre, porque la mayoría de los que permanecen fieles al Proyecto lo hacen más por interés que por convicción, como fueron los casos de los cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, o de quienes se desencantan y combaten el régimen, como sucedió con Ernesto Borges, oficial de inteligencia que lleva más de 22 años en prisión.

El gobierno fracasó rotundamente en la creación del hombre nuevo, aunque recurrió a diferentes métodos. Intentaron por todos los medios formar un ser humano incondicional al sistema apelando a una intensa propaganda a favor del trabajo voluntario que debió ser abandonado por improductivo y porque nunca fue voluntario.

Se esforzaron lo indecible por cambiar la naturaleza humana, como se apreciaba en los textos educacionales y en las denominadas Escuelas al Campo, donde el trabajo agrícola era asociado a la instrucción y educación, obteniendo como resultado un profundo rechazo de los estudiantes a esas imposiciones. Sin embargo, hay que reconocer que en algunos pegó el experimento, porque en Cuba, o fuera de ella, no faltan quienes defienden la dictadura, aun cuando hayan sufrido sus tropelías.

Los cien días de Miguel Díaz-Canel

Díaz-Canel y sus acompañantes en San Antonio de los Baños, el pueblo que inició la chispa del estallido nacional contra el régimen comunista.

Tras alentar la salida de la isla hacia Estados Unidos en cualquier tipo de embarcación imaginable para aplacar los disturbios del verano caliente de 1994 que desembocaron en el llamado “Maleconazo” de La Habana, Fidel Castro ordenó de inmediato mejorar en lo posible la vida de los residentes del barrio de Cayo Hueso, en pleno Centro Habana, que habían engrosado por centenares las filas de las protestas populares, inéditas hasta entonces, contra su poder absoluto.

La tarea fue asignada -- bajo la supervisión del secretario ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage--, al General de División Rogelio Acevedo, que presidía el Instituto Cubano de Aeronáutica Civil y podía disponer en consecuencia, con alguna libertad, de las recaudaciones de Cubana de Aviación. Confiando a un militar de experiencia logística se garantizaba el más rápido cumplimiento de la compleja misión de reconstruir inmuebles destartalados, llevar agua a cañerías desahuciadas, reparar calles olvidadas, repartir algunos alimentos en escuelas, evitar apagones, y sobre todo pintar y repintar las viejas fachadas de un vecindario “conflictivo”. Mejor aún, si Cubana de Aviación, con una contabilidad indolente, pagaba los gastos, la “reserva del Comandante” no sufría pérdidas y podía emprender nuevos proyectos revolucionarios. Una operación de apaciguamiento bajo el ojo avizor de la policía política, en el mejor estilo de cómo se administraba la finca de los hermanos Castro.

Las imágenes del pasado domingo 11, con cientos de cubanos protestando de nuevo frente al Hotel Deauville en pleno malecón, dejan un falso sabor de deja vu a los iniciados en la realidad cubana. Porque casi tres décadas después de aquel Maleconazo, el estado ruinoso de Cayo Hueso es el común de la capital; Cubana de Aviación, con más deudas y catástrofes que ingresos, es también una ruina; Rogelio Acevedo no ostenta sus dos estrellas de general y se gana la vida como emprendedor autorizado, ofreciendo alojamiento de lujo a través de Aribnb; Carlos Lage evita ser reconocido en las calles de La Habana con una gorra hundida hasta las orejas y Fidel Castro… bueno, ya se sabe…

El mandatario se llama ahora Miguel Díaz-Canel, fue elegido por Raúl Castro por sus méritos como “sobreviviente” en la carrera por la sucesión, y los acontecimientos en curso van confirmado la impresión generalizada de que es el peor error de su herencia.

Las apuestas sobre el futuro del régimen están abiertas. La propuesta de continuidad de los nuevos gobernantes tras la salida en bloque de la “generación histórica” era desde su inicio imposible de aceptar para el común de los cubanos. Al agobio de la vida cotidiana el torpe equipo de reemplazo sumó rápidamente una cadena de errores en nombre del reordenamiento tardío de la economía, el caos monetario y la evidencia de que la cúpula militar reclama para sí, ávidamente, todos los dólares posibles.

La pandemia -- también manejada en términos políticos al punto de rechazar vacunas extranjeras--, y el aplazamiento indefinido por la Administración Biden del siempre esperado arreglo con Estados Unidos completaron la tormenta perfecta.

La magnitud del estallido a menos de cien días de la solemne instalación de Miguel Díaz-Canel en la silla de los Castro, sorprendió al régimen y al mundo y la opción ante este atolladero ha sido la violencia y la represión en lugar de la falsa paz social, habitual en una isla donde nunca pasaba nada.

Pero Miguel Díaz-Canel, el sobreviviente, no tiene necesariamente los días contados pese a un estallido sin precedentes en las últimas seis décadas.

En un país gobernado de hecho por una junta militar – con o sin uniforme, mayoría en el Buró Político del partido único— es difícil imaginar un golpe de estado que sustituya al pusilánime presidente, como algunos vaticinan.

No es casual que dos días antes de abandonar formalmente la escena política Raúl Castro diera su última vuelta de tuerca entregando el mando de las fuerzas armadas al General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, el más fiel y fanático entre los de mayor rango, que enviaría, sin remordimiento, los tanques a la calle.

Todo para que la caja chica de la República siga a buen resguardo en manos de Luis Alberto Rodríguez-Callejas, general además de pariente, que no parece dispuesto a invertir en planes de apaciguamiento.

Pese a las veladas amenazas de éxodo masivo adelantadas ya por la cancillería cubana, tampoco sería sensato esperar una intervención de Estados Unidos, un país en completa retirada de Afganistán pese al avance del Talibán y con Haití primero en la fila si de invasiones a países vecinos se trata. Y no es cuestión de demócratas o republicanos: hasta Donald Trump dejó sobre la mesa “todas las opciones” conque amenazó a la Venezuela de Nicolás Maduro durante años.

Díaz-Canel y su junta han escogido, sumando lecciones recientes de Bielorrusia, Siria, Corea del Norte, Venezuela o Nicaragua, el camino de mantener el poder a cualquier costo. Temeroso de sus propias palabras culpó como de costumbre a Washington del estallido popular, intentó desacreditar a los manifestantes, llamó a la violencia en las calles “solo de los revolucionarios” y desató una feroz ola represiva, reclamando una insolente legitimidad para un gobernante por el que nadie ha votado.

En el peor de los casos, Washington aplazará por algún tiempo cualquier tímida apertura para la que ya se preparaba, Joseph Borrell reprochará en público a La Habana algunos excesos y los cubanos, hastiados hasta el cansancio, seguirán enfrentados, tras sacudirse el miedo que sostiene el poder, a una dictadura encabezada por un sobreviviente, que definitivamente perdió la mascarilla.

[Artículo publicado por el medio digital chileno X-Ante y publicado en nuestra web con autorización expresa del autor]

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