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Dile que pienso en ella

Jorge Ferrera. El teatro bajo la piel

Jorge Ferrera en Peter Gynt. Foto de Céspedes

Jorge Ferrera es dramaturgo, actor, director, profesor, todo lo que sea, pero vinculado con el Teatro, con mayúscula. A los catorce años ya se manejaba en los escenarios. Su espectáculo unipersonal Peter Gynt arrasa en estos momentos en las salas de teatro europeas. Nacido en algún año de finales de los setenta en la isla de Cuba, Jorge Ferrera es el nuevo inquilino del espacio “Dile que pienso en Ella…” esta semana.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Yo empecé muy joven (a los 14 años) a hacer teatro. En el año 1992 creé Teatro El Puente, un grupo que estando todavía en las aulas del Instituto Superior de Arte de la Habana, ya estaba muy vinculado al mundo profesional. Nos invitaban a Festivales de Teatro en otros países y nos presentábamos también en la escena nacional. Toda nuestra actividad teatral más fuerte en Cuba fue en los años 90, en pleno período especial. Carencias de todo tipo. Sin embargo, yo salía con mi grupo y regresábamos siempre a Cuba para continuar haciendo teatro allí. Pasó el tiempo y este mismo equipo de trabajo que me acompañó durante ocho años seguidos se fue fragmentando: dramaturgo y actrices cogieron rumbos distintos. Se fueron de Cuba, yo continuaba allí. No obstante y esto me sigue ocurriendo hasta nuestros días, hay algo físico que comienzo a sentir cuando tengo que partir de un lugar. Hay ciudades, lugares que te invitan a salir. Y eso me pasó con Cuba. Ya entraba en contradicción con muchas cosas, y como nunca me ha gustado que ninguna situación me supere (ni política, ni social, ni familiar) hasta el punto de que pueda cambiar mi estado emocional, o mi felicidad como individuo, decidí irme. Siempre he sabido retirarme a tiempo antes de que las condiciones lleguen a desgastarme. Fue así que en 1998 me fui para Colombia, después Suiza y finalmente España donde llevo viviendo casi 20 años.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Más que esperar encontrar algo del otro lado, lo que me pregunté fue: ¿qué espero encontrar de mí en ese “otro lado”? Apenas lo comentaba con colegas o familiares, por no parecer demasiado pedante o pretencioso, pero mi objetivo y eso sí lo he tenido siempre muy claro, era continuar viviendo de mi profesión. Sabía que no me iba a compensar nada el haberme ido y, con este acto, desvincularme completamente de mi oficio. Esto sería como una muerte en vida, en mi caso. Y con esto no quiero decir que no aceptaría determinados trabajos, ningún trabajo es indigno, pero nunca ha sido ese mi plan. Así que respondiendo a tu pregunta: ¿qué esperaba encontrar del “otro lado”? Pues otro país, con sus virtudes y defectos, pero sobre todo, otro país que no cortara las alas de mi relación con el arte.​

Peter Gynt. Foto de Cespedes
Peter Gynt. Foto de Cespedes

¿Qué encontraste?

Pues lo que ya imaginaba. Lugares, en el caso de Europa, con una rica tradición cultural y teatral. Lugares que no te han pedido que vengas. Eres tú quien llegas. Toda tu carrera anterior es completamente desconocida para este público y sobre todo, encontrarme con la gente de mi gremio y descubrir en ellos nuevamente la queja y las dificultades para vivir del teatro. Y aquí comienza un proceso de “ramificación” en mi profesión que me ha llevado no solo a actuar y dirigir, sino también a impartir clases (algo que amo), hacer teatro para niños, comedias, dramas, teatro-danza; todo lo que pueda abarcar el teatro. Y gracias a este cambio de chip, puedo decir que he logrado vivir de mi profesión.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

He aprendido a preguntarme cada cierto tiempo, por qué y para qué hago teatro. Replantearme el sentido de mi profesión. He aprendido a reinven- tarme. A eliminar prejuicios. A darme cuenta que aquellos principios que antes tenía como inviolables, hoy los veo de otra manera y actúo sin que sienta que estoy haciendo concesiones. Simplemente he cambiado. He aprendido en mi relación con Cuba, a eliminar de mi cuerpo y de mi mente todo aquello que pudo hacerme daño en algún momento. Siento que de esta forma respiro mejor. He aprendido a aceptar sin dolor el paso del tiempo, la distancia. De manera que cuando se da el reencuentro con la familia, lo vivo como un acto de felicidad suprema, disfrutando ese instante al máximo porque no sé cuándo pueda repetirse. Éso y muchas cosas más he aprendido.

¿Qué es para ti la Libertad?

La libertad, para mí, siempre ha sido la posibilidad de elegir. Elegir qué camino tomar, elegir qué decisión tomar, siempre legir. Cuando no puedo elegir, ahí siento que mi libertad está limitada. Esas elecciones que he tomado a lo largo de mi vida, son las que me han hecho sentirme libre.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

La Patria para mí es mi cuerpo. Es el templo que va conmigo a donde quiera que vaya. Por eso lo amo y lo cuido. Cuba es el lugar donde nací, pasé mi infancia y mi juventud. Está en mí. Los valores que recibí de mi familia, me los enseñaron en Cuba. Es evidente que tengo una conexión con el lugar en el que nací, sin embargo, hay otros países donde también he logrado sentirme en casa.

En mi caso, al irme de Cuba, no he padecido el desarraigo. Conozco a amig@s en quienes esta situación, ha dejado profundas huellas. Yo no siento anclas en ningún país. Como mismo me fui de Cuba, me fui de Colombia, me fui de Suiza, me fui de Rusia. Ahora estaré de gira por Latinoamérica, y no sé las puertas que puedan abrirse. Pero tengo claro, que si en algún momento aquí, en España, siento la necesidad de partir como una vez lo hice de Cuba, también lo haría. Soy un apasionado del teatro y de mi profesión y es para mí vital el encuentro con otras culturas, otras formas de pensar, otra manera de sentir. Patria para mí, es algo muy abierto, en el que caben muchas cosas. Sin embargo, como detalle interesante, cuando me han preguntado de dónde soy, nunca he dicho ni colombiano, ni suizo, ni español, siempre he dicho cubano.

Daína Chaviano y las infinitas posibilidades

Daína Chaviano junto a varios de sus libros. (Foto de perfil de Facebook)

Todavía con la resaca por los horarios trastocados y el éxito de su nueva novela, Los Hijos de la Diosa Huracán (Ediciones Penguin Random House) presentada en la Feria Internacional del Libro de Madrid, España, la reconocida escritora Daína Chaviano, nacida en La Habana, Cuba, en 1957 y radicada en Miami, Florida, desde 1991, accede a responder seis preguntas para nuestra sección, Dile que pienso en Ella…

P: ¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

R: Más bien se trató de una cadena de sucesos. Todo comenzó con los actos de repudio que ocurrieron en 1980, cuando yo tenía 23 años. Estuve en shock durante un buen tiempo, porque no lograba encajar lo que me habían estado repitiendo en la escuela, desde la niñez, con las escenas dantescas que estaba viendo.

A partir de entonces, se me hizo cada vez más difícil lidiar con el entorno. Incluso mi propia literatura se fue revistiendo de capas que ocultaban lo que quería decir. Mis dos últimos libros (Fábulas de una abuela extraterrestre y El abrevadero de los dinosaurios) fueron escritos sobre una cuerda floja.

En el primero, la aventura giraba en torno a las “fronteras transdimensionales” que se habían cerrado para los habitantes de un mundo —lo cual les impedía trasladarse en el tiempo y el espacio, como habían hecho desde la antigüedad— junto con la supuesta amenaza de un enemigo al que nadie había visto nunca, y que al final ni siquiera resultó serlo.

Daína Chaviano junto a su nueva novela.
Daína Chaviano junto a su nueva novela.

Por otro lado, el segundo libro fue mi reacción a un discurso donde volvía a condenarse a todo el que pensara o actuara de manera diferente a la establecida, y donde se alababa la intolerancia como una virtud.

Me di cuenta de que no podía seguir escribiendo en clave el resto de mis días. Y tampoco quería callar lo que pensaba. Por eso decidí irme.

P: ¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

R: Nada en concreto, excepto la posibilidad de no tener que lidiar con un ambiente que me asfixiaba. La verdad es que nunca me detuve a pensar en qué me esperaba lejos de mi país. Solo me preocupaba dejar atrás mi familia y mis amigos.

P: ¿Qué encontraste?

R: Otro universo. Una nueva vida con códigos y opciones tan diferentes a los que había conocido que tuve que empezar desde cero.

P: ¿Qué has aprendido durante el proceso?

R: Que uno puede tener varias existencias en una misma vida. Que es posible comenzar de nuevo y alcanzar en otro lugar lo que jamás hubiera podido conseguir en el sitio donde nació. Que el mundo es ancho y que atarse a un rincón, a un lugar, a un momento, es la mejor manera de enterrarse prematuramente. Y que «atreverse» es un acto que puede llevarte a metas “karmáticas” que de otro modo jamás habrías conseguido.

P: ¿Qué es para ti La libertad?

R: La posibilidad de conocer y explorar sin límites.

P: En estos momentos de tu vida y tu carrera, ¿qué es para ti la Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

R: Depende de lo que uno entienda por Patria. La mayoría de las personas piensa en la Patria como el sitio en que nació. Y sin duda esa es una de sus acepciones. Pero la Patria también puede ser el planeta donde nacimos. Y a veces, un poco, el país donde uno vive la segunda mitad de la vida. Así es que mis sentimientos hacia la Patria saltan de un sitio a otro.

Es cierto que a veces pienso en la isla donde nací, pero ese paisaje de mi infancia y juventud ya no existe. Es solo un fantasma del pasado. Quizás por eso prefiero soñarlo e imaginarlo en mis libros, reconstruyendo su pasado e imaginando su futuro como he estado haciendo en mis últimas novelas.

Más que en la Patria, pienso en las personas que aún viven en esa isla, en las que habitan y conviven conmigo en el país que me ha acogido, en las que se desplazan por todo el planeta en busca de opciones que no tienen en sus respectivas patrias. Pienso en todas las personas que habitan en la Patria común, en este planeta, el único que nos ha albergado desde hace milenios, en las cosas terribles que le hemos estado haciendo como pago por habernos parido, acogido y alimentado… Y el dolor que siento es el mismo en todos los casos.

Amaury Gutiérrez o lo que se perdió el Kennedy Center

Amaury Gutiérrez, cantautor cubano.

El autor de “Yo sé que es mentira” y “Nada es para siempre” explica por qué nunca ha vuelto a Cuba y lo que hay detrás de acusar a Miami de “cementerio de artistas”.

El compositor y cantante Amaury Gutiérrez es uno de los grandes músicos cubanos que no fueron invitados al festival Artes de Cuba: de la isla al mundo, que concluyó este fin de semana en el Kennedy Center, de Washington D.C., con funciones del Ballet Nacional de Cuba.

Aunque la encargada de seleccionar a los invitados, Alicia Adams, vicepresidenta de Programación Internacional y Danza del Kennedy Center, le dijo a la agencia AP que el encuentro estaba libre de intromisiones políticas de ambos gobiernos, el viceministro de Cultura de Cuba, Fernando Rojas, declaró en la televisión de su país que el festival expresaba “el enorme interés” del pueblo de Estados Unidos en enfrentar “el recrudecimiento del bloqueo”, y que era una respuesta al “incremento de la agresividad hacia Cuba por parte del gobierno norteamericano”.

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Cuatro representantes de relaciones públicas del Kennedy Center no respondieron mensajes ni llamadas de Martí Noticias para que dijeran su opinión sobre esas declaraciones y reaccionaran a los comentarios del trompetista cubano Arturo Sandoval, 10 veces ganador del premio Grammy, quien afirmó que los organizadores del festival habían cometido “un error garrafal”.

“Si no están Gloria [Estefan], ni Willy Chirino, ni Amaury Gutiérrez, que yo diría que son los tres artistas cubanos más representativos del exilio y sumamente exitosos, si no citaron a ninguno de los tres, y me sumo yo, ninguno de los cuatro, no entiendo qué criterios siguieron los organizadores”, le dijo Sandoval al diario La Opinión de Los Angeles, haciendo notar también la ausencia de Paquito D’Rivera.

Amaury Gutiérrez salió de Cuba a México en 1993, y una década después se mudó a Miami.

¿Has vuelto a Cuba?

“No, no. No, yo no voy a pedir permiso para entrar allí”, responde el cantante, entrevistado en el programa La Revista Nocturna, de Radio y TV Martí. “Hay una cosa curiosa. El otro día me preguntaron en una entrevista: ¿En cuántos países has cantado? Dije, bueno, en casi todos los países de Hispanoamérica donde se distribuyó mi música por Universal, que era la compañía disquera a la cual yo pertenecía. Y entonces en esa entrevista se me ocurrió que el único país donde no me han invitado a cantar es en Cuba, en mi país”.

Y añade que no es la excepción. Le pasó a Celia Cruz, recuerda.

“Me da mucha satisfacción que la gente en Cuba nos escuche [en esta emisora], porque cuando yo vivía allí y yo escuchaba Radio Martí, era como luz, era como una ventana”, comenta. “Yo escuchaba por aquí a Donato Poveda, Willy Chirino, Mike Porcel, gente que estaban aquí, y eso me daba una alegría tremenda… Yo decía: “Yo quiero estar allí”.

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¿A qué se debe que una y otra vez instituciones estadounidenses como el Kennedy Center caigan en la misma trampa?

“Yo no sé si es que caen en la trampa o son cómplices de la dictadura cubana”, responde Amaury. “Hollywood, el mundo del entertainment en el planeta, es izquierdista, y entonces no tiene ningún prejuicio en extenderle la mano a una dictadura, en este caso a una dictadura comunista. Yo prefiero no ser ingenuo, y además es que es visible. Cuando un artista como yo, por ejemplo, se mete en las cosas políticas que conciernen a Cuba, y de la forma y del lado en que yo me meto, los problemas que te buscas son tremendos, en todas partes. En este caso es visible que esta gente tiene una agenda.

“Hay artistas que no tienen un compromiso: lo que les interesa generalmente es subirse en una tarima, cantar y pasarla bien. Ese no es mi caso”, declara Amaury. “A mí me gusta subirme en una tarima, me gusta pasarla bien, pero yo tengo unos principios, unas preocupaciones, un pensamiento que es a favor de los once, doce millones de personas que están allí que se están muriendo de hambre y que no pueden hablar y que no son libres. Eso es lo que a mí me interesa. Además de mi cantada, que me gusta pasarla bien y me gusta viajar y tener las cosas que tienen todos los artistas de éxito, eso me gusta; pero yo defiendo a mi gente y mi gente allá en Cuba se está muriendo de hambre.

“Yo vivo en Estados Unidos, tengo un pasaporte americano, viajo adonde quiera, pero yo no me puedo olvidar de esa gente, no puedo hacerme el de la vista gorda, no puedo hacerme el loco con esa gente que están allí esclavizados”, insiste el compositor. “Yo no puedo hacer eso, mi corazón no me lo permite”.

Recientemente Amaury estuvo de gira por tres ciudades de México: Salamanca, Irapuato y Guanajuato. No es raro que, en conciertos de cantantes que a la vez son los compositores de su repertorio, el público cante a coro los estribillos de las canciones. Pero en conciertos de Amaury ocurre como sucedió en este de Salamanca al cantar “Perdóname todo”:

Se la saben de memoria, no te dejan cantar. ¿Qué es eso?

“Sí, sí, mi público de México”, explica el compositor cubano. “Esta canción fue el segundo sencillo de mi primer disco, fue tema de una telenovela en México y también fue tema de una telenovela en Venezuela, cuando todavía se podía ir a Venezuela. Viví 11 años en México. Técnicamente yo soy como un artista mexicano. Estoy orgulloso de ser cubano, por favor, no tengo que explicarlo mucho. Pero me fui de Cuba siendo un desconocido; en Cuba no salí en ningún lado, y entonces en México fue donde tuve las oportunidades de firmar con una compañía disquera y con una compañía editora que promovieron mi música en toda Hispanoamérica. En México me han grabado Emmanuel, Mijares, todos los gruperos… Banda Machos, La Original Banda El Limón, Alicia Villarreal, Kika Edgar…”.

Amaury nació el 9 de septiembre de 1963 en San Antonio de las Vueltas, el pueblo cercano a la costa norte de Villa Clara conocido simplemente por Vueltas.

“Estudié en la Escuela Provincial de Instructores de Arte de Santa Clara, que estaba en la Presa Minerva”, relata. “A los cuatro años me gradué, me mandaron al Escambray, y estuve seis años en el Escambray. Eran tres años [de servicio social], pero cuando terminaron los tres dije: “Quiero ir para Santa Clara”, ahí es donde estaban los amigos míos poetas, cantautores. Y entonces me dijeron: “No, no, pero tú no eres de Santa Clara, tú tienes que ir para Vueltas, Encrucijada, un lado de esos”. Y dije: “No, no, yo quiero ir para Santa Clara, así que yo espero aquí”; entonces yo mismo me metí el cuchillo y estuve tres años más.

“A los tres años… hay una señora que se llama Leyda Quesada, ella todavía vive en Santa Clara, es directora del Teatro La Caridad actualmente, pero en aquel momento era directora del Museo de Artes Decorativas...”, recuerda el cantante. “Ella fue la que habló con Robertico [Martínez], el director de Cultura de Santa Clara, y entonces él le dijo: “¿Pero quién es Amaury, el de los moñitos?” Y Leyda le dijo, "sí, sí". “Ah bueno, dile que venga, que hay una plaza ahí en la Casa de la Cultura”. Y entonces a los seis años me dejaron estar en Santa Clara, que es donde yo quería estar”.

¿Y ahí qué tiempo estuviste?

“En Santa Clara estuve sólo un año. En ese año cambió mi vida radicalmente, para bien”, dice Amaury. “Me dejaron evaluarme, acuérdate que había que evaluarse para ser cantante, me dieron [categoría] A. El día que me evalué estaban en la Comisión de Evaluación Frank Emilio, el pianista ciego; Isolina Carrillo, la compositora de “Dos gardenias”, y Merceditas Valdés.

“Eso fue una parte. La segunda parte, que fue la definitiva, fue un festival de jazz. Yo solamente viví en Santa Clara un año, el resto del tiempo iba y regresaba, pero no vivía allí. Entonces en ese año, 1989-1990, hubo un festival de jazz en el Teatro La Caridad. Yo tenía una banda… no era mi banda, pero ellos me acompañaban a veces, se llamaba Ensamble, unos músicos extraordinarios. Entonces ellos me pusieron en la banda y participamos en el festival. A nosotros, en el Teatro La Caridad, nos tocó ser teloneros de Arturo Sandoval, y cuando ese señor me vio cantando me dijo: “Mulato, tú tienes que estar en La Habana ya”. Y le dije: “Eso es lo que yo quiero”. Y me dijo: “Yo lo voy a hacer posible, lo voy a acelerar”. Y cumplió su palabra, con creces. Me invitó al Festival de Jazz de La Habana, porque él era el presidente del Festival -Arturo Sandoval es uno de los trompetistas más grandes del mundo-, y entonces él personalmente me presenta allí en el [teatro] Carlos Marx, en la clausura del Festival de Jazz, y me invitó a cantar después en el Gran Teatro de La Habana con él y con su banda… y después se fue, y cuando él se fue [a vivir fuera de Cuba] yo estaba en Santa Clara todavía. Yo dije: “!Dios mío, me quedé sin padrino otra vez!”

Pero no fue así.

“Ya él había hablado con Chucho Valdés, había hablado con Oriente López… Me mandaron a buscar para [incorporarme al grupo] Afrocuba”, explica Amaury. “De Santa Clara a Afrocuba. Ahí hicimos un par de giras: fuimos a Caracas, regresamos; fuimos a México, regresamos. En México se quedó Oriente López, y cuando regresamos a La Habana, Afrocuba se desintegró.

“En México me habían hecho una propuesta de trabajo cuando fui con Afrocuba, y dije que no, y regresé a La Habana del 90…. No te puedo contar, me arrepentí. ¡Yo soñaba con los pollos rostizados dando vueltas en México! Y yo decía: “Dios, llévame a México, por favor”. Y entonces bueno: me mandaron con una orquesta de salsa que iba a México, nos fuimos el 14 de febrero de 1993, y hasta el día de hoy”.

Amaury Gutiérrez: Balsero
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¿Cómo es tu día a día y qué estás haciendo ahora?

“Hace cinco o seis años terminé con Universal, la compañía disquera a la que yo pertenecía... Soy un artista independientemente. Hubo algunos problemas con ellos, cosas con las cuales yo no estaba de acuerdo, terminó el contrato y terminamos, fuera. Entonces actualmente el vínculo mío con la industria de la música es editorial, porque soy un artista de Sony Publishing. Soy compositor de Sony Publishing.

“Mis discos, los últimos después que me fui de Universal, los he grabado yo solo, con una empresa mexicana que es de Carlos Slim”, cuenta Amaury. “Él tiene un hijo, Carlos Slim Jr., y ellos dentro de su emporio tienen una división de entretenimiento, y con ellos Luis Enrique, Gian Marco y yo hemos grabado unas temporadas que hacemos en el Lunario [del Auditorio Nacional de México]. Ahí cantamos nuestras canciones, va el público, se filma en vivo, se hacen unos DVD’s, y se distribuyen en México y en el mundo entero a través de los portales digitales.

“Acabo de grabar un disco que salió en estos días, con banda sinaloense; un homenaje a México. Tiene canciones mías conocidas e inéditas, y un par de canciones mexicanas. Y entonces estoy preparando otro material de canciones mías inéditas con dos productores colombianos, Jose Gaviria y Toby. Ese es el proyecto que tenemos en puerta. Y escribiendo canciones y prestando mis canciones a diferentes artistas”.

¿Escribes a diario?

“No, escribo con mucha frecuencia, pero no a diario. Esa forma de trabajar no me gusta, pero sí escribo con mucha frecuencia”.

Más de una vez hemos oído decir: “Los artistas cubanos no tienen el apoyo que se merecen en Miami”. Algunos, incluso, regresan a Cuba en busca de ese espacio que supuestamente les niegan aquí.

Primero muerto”, dice Amaury. “No es mi caso, porque cuando salió el primer disco mío…, el primero, el segundo, el tercero, la música mía la ponían en todas partes en la radio aquí en Miami. Lo que pasa es que aquí la vida va cambiando y vienen artistas nuevos. Aquí no es como en Cuba, que tú pones Radio Rebelde y escuchas los mismos de hace cuarenta años. Este es un mundo súper dinámico, súper competitivo. Por otro lado, esa es una bola que la seguridad del estado corre: “Miami es el cementerio de los artistas”. Por favor, si aquí hay gente de todos lados”.

Desde que vive en Estados Unidos, Amaury Gutiérrez ha sido nominado cinco veces al Grammy Latino y se lo llevó una vez. Ha ganado cuatro veces los premios ASCAP [American Society of Composers, Authors and Publishers], la casa de autores a la que pertenece, por canciones suyas que han alcanzado lugares destacados en Billboard, entre ellas una que tuvo primer lugar, “Nada es para siempre”, grabada por Luis Fonsi.

“¿Eso es un cementerio de artistas?”, pregunta el compositor y cantante. “En primer lugar está la cuestión de los principios. Yo muero debajo de un puente aquí antes de ir a pedirle una limosna a esa gente”.

Influencias de músicos cubanos tiene varias, admite Amaury: José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Miguel Matamoros. Foráneas, de Caetano Veloso, Milton Nascimento, Djavan…

“Djavan sobre mí y sobre la gente de mi generación tuvo mucha influencia”, reconoce el cantante. “Y entonces tengo influencia de la música americana: Al Jarreau, Bobby McFerrin, Stevie Wonder, James Ingram, cantantes que yo escuchaba cuando estábamos en Cuba en los 80. Escuchábamos mucha FM, y de alguna manera tratábamos de escuchar música de todas partes”.

¿Qué queda en el compositor y cantante de éxito, acá y en el mundo, de aquel que venía de Vueltas?

“Oh, queda todo, quedan los recuerdos sobre todo”, responde. “Pero hay una cosa muy graciosa. Pienso, me lo planteo así, que todo es un desquite diario: en Cuba no tenía zapatos, me gusta comprarme zapatos; no tenía guitarra, me gusta comprarme guitarras; no tenía ropa, me gusta comprarme ropa. Pero queda todo, sobre todo queda la humildad. Porque donde quiera que llego trato de ser lo más sencillo posible. Este arte no me hace más guapo que cuando yo estaba en Vueltas”.

¿Se puede decir que Miami, después del influjo cubano tan grande que hubo en esta ciudad, terminó convirtiéndose en el sustituto para América Latina y para Norteamérica de la efervescencia musical que había en La Habana?

“Por supuesto, y no sólo en música. Hay una cosa en la cual pienso constantemente, y me da una curiosidad tremenda, pero es algo que tú ves en Miami. Por ejemplo, Miami es la sede de la gastronomía cubana”.

¿Te parece que el enriquecimiento de Miami con gente de todas partes del mundo y su desbordante prosperidad económica han hecho de esta ciudad una nueva Nueva York, valga la redundancia?

“Estoy de acuerdo, y no me parece exagerado en nada”, responde Amaury. “Incluso, voy más allá: además de la oferta musical local que hay en Miami, muchos de los músicos que viven en Cuba se pasan la vida aquí. ¿Adónde quieren venir a cantar? ¿Al cementerio de los artistas?”

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