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Dile que pienso en ella

Gema Corredera: En Madrid "encontré y viví el futuro"

Gema Corredera en pleno esplendor durante una de sus actuaciones.

Como la frescura de ciertos amaneceres del Trópico que la vio crecer y también desprenderse, a Dile que pienso en Ella... llega Gema Corredera, la de espléndida voz y sonrisa luminosa; la que siempre será una muchacha en cuyo corazón el tiempo jamás podrá causar estragos.

Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Sobre todo, el hecho de que no hubiera futuro para mi niña muy pequeñita, ni posibilidades de desarrollo en mi vida profesional. A finales de los 80, principios de los año 90, en Cuba, casi todos los que hacíamos música de autor éramos considerados contestatarios y problemáticos. Estas razones, ligadas a la enorme crisis económica, nos alejaba cada vez más de grabar discos y hacer carrera en la música.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Esperaba sinceramente, llegar y firmar un contrato discográfico y comenzar a cantar en todos los escenarios del mundo. Con esa esperanza, también esperaba llevarme a mi niña y darle el futuro que yo creía que merecía, las oportunidades de vivir y elegir libremente qué ser y hacer. Como dicen los españoles "esperaba llegar y besar el santo". Jajaja...

¿Qué encontraste?

El mundo real. Mucha gente buscando lo mismo que yo, incluso los mismos españoles de nacimiento (emigré a Madrid en 1992). Un montón de dificultades económicas, de adaptación social y cultural. Por supuesto, nadie me estaba esperando. Encontré que haber estudiado una o dos carreras no quiere decir que vas a tener éxito y reconocimiento. Encontré también gente hermosa y solidaria en todo sentido, encontré amigos para el resto de mi vida, encontré un público abierto a la música, pero al que debía convencer con la verdad de nuestra música y profesionalismo. Encontré un mundo lleno de posibilidades para desarrollarme como artista y criar a mi hija. Encontré y viví el futuro, ese que dicen aún que no existe. Encontré mi fuerza y mi poder.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Mucho. Ha crecido mi amor por Cuba y mi conocimiento de su historia y su cultura más allá de politizaciones e ideologías. Aprendí a luchar por lo que quiero y a vivir con respeto y dignidad.

¿Qué es para ti La libertad?

La libertad es un concepto muy abstracto. No somos totalmente libres en ningún momento. Sin embargo, podemos pensar libremente acerca de cualquier tema sin temor a represalias por cómo pensamos. Libertad es poder elegir dónde queremos estar y decidir de qué lado tomar partido, si es eso lo que queremos. Libertad es soñar todo lo que amamos y añoramos con la certeza de que podemos alcanzar y/o conseguir aquello que soñamos para nosostros, nuestros seres queridos y nuestra tierra.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Pienso en ella cada día. Cuba es una constante en mi vida porque me siento profundamente cubana. Pienso y siento a Cuba y su dolor en mis entrañas. Y como ser libre que soy, sueño con una Cuba feliz donde las esperanzas vuelvan a habitar el alma de la gente. Sueño con una Cuba en la que quepamos, sin excepción, todos los cubanos de todas las orillas posibles.

Manuel Ballagas: "Soy un estadounidense que tiene el castellano como primera lengua"

Manuel Ballagas, escritor, periodista y consultor de medios cubano residente en Miami

Manuel Ballagas. Poeta, escritor, periodista y consultor de medios nacido en Cuba es, además, uno de los fundadores de Radio Martí. Invitado de lujo, este hombre serio y sensible llega a Dile que pienso en Ella para compartir con nosotros algunas de sus duras experiencias.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Me atrevería a decir que yo no me marché, sino que me expulsaron. Cierto es que busqué asilo, junto con mi esposa e hijo, en la Embajada de Perú en La Habana, en abril de 1980. Pero todo lo que vino después, los actos de repudio, el asedio, los empujones, las patadas, los escupitajos, y sobre todo, los gritos de “¡Que se vayan! ¡Que se vayan!”, que nos persiguieron hasta una embarcación en el puerto de Mariel, califican claramente como un destierro dictado por el Estado cubano. Años antes, además, se me había enviado a la cárcel por el delito de “escribir cuentos, poemas, novelas, ensayos y artículos” con el fin de destruir a la revolución cubana. Después de pasar varios años en la cárcel y permanecer bajo libertad vigilada otros más, las alternativas eran pocas: o me iba yo o me expulsaban ellos. Y así fue.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Francamente, sólo esperábamos escurrirnos de la persecución implacable que hacía tiempo se cernía sobre nosotros. Escapar del asedio de los comités de vigilancia y de la Seguridad del Estado. No pensábamos en ningún sitio en particular. En un principio, se creyó que los asilados en la embajada terminaríamos en Perú o en Costa Rica, pero cuando se hizo evidente que iríamos a Estados Unidos, el destino no me pareció una incógnita. De niño, yo había vivido e incluso ido a la escuela en varias ciudades de este país, donde además, residían mi madre y otros parientes. Hablaba inglés antes de montarme en el bote.

¿Qué encontraste?

El Miami al que llegamos no era el que yo recordaba de los años 50. La ciudad se había cubanizado mucho y mi reencuentro en ella con gran parte de mis familiares fue algo muy grato. También hallé una comunidad atrincherada y próspera, dispuesta a acogernos, a veces con reservas, pero en general de forma muy generosa. Enseguida encontré empleo en un diario local y luego en una emisora de radio. Todas esas circunstancias amables contribuyeron a asimilarme pronto al nuevo entorno. Sólo al cabo de unos meses, cuando me di cuenta de que no habría regreso, fue que me sentí verdaderamente exiliado. Pero eso pasó.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

He aprendido que el tiempo cuenta y no pasa en vano. Envejecemos, como es de esperar, pero también echamos raíces -y fuertes- en los sitios adonde nos transplantamos. Al forjar una nueva vida, nos deshacemos de la vieja. Como escribió un lejano ancestro mío, el novelista Cirilo Villaverde: en Estados Unidos “... reformé mi género de vida: troqué mis gustos literarios por más altos pensamientos; pasé del mundo de las ilusiones, al mundo de las realidades; abandoné, en fin, las frívolas ocupaciones del esclavo en tierra esclava, para tomar parte en las empresas del hombre libre en tierra libre”. Mi memoria antigua es custodia ahora de mis experiencias cubanas; pero mi memoria reciente, desde la cual incluso escribo mi obra, es crecientemente estadounidense. Es por eso que hace tiempo que me defino como un estadounidense que tiene al castellano como primer idioma. Y no creo que sea una excepción sólo por ser alguien de origen cubano. Uno de los secretos más evidentes es la mucha literatura estadounidense que desde hace tiempo se escribe en español. Soy parte de esa tendencia y eso me alegra.

¿Qué es para ti la libertad?

No tener que pedir permiso al Gobierno para nada. O para casi nada.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Creo que ya lo he dicho en otra parte, pero ahora lo repito: patria no es donde naces, sino donde hallas tu felicidad.

Margarita García Alonso: La Libertad es también abandonar la tercera persona del plural para opinar

La pintora, escritora, poeta y periodista cubana Margarita García Alonso desde su exilio en Francia

Desde Francia, llega a Dile que pienso en "Ella", Margarita García Alonso, La Maga, para quienes la conocen bien. Poeta, pintora, periodista cubana que, desde su exilio europeo se mantiene en contacto con "todas sus cubas", sus demonios y sus ángeles también.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

No me marché, me “marcharon”. Gané un concurso de pintura en Normandía, el premio consistía en una exposición en el Museo du Prieuré, en Harfleur. En los noventa se entregaba el pasaporte en la embajada de Cuba en Francia, se recogía para el regreso y el mío nunca apareció. Me costó meses en el limbo, sin posibilidad de entrar a la isla o de hacer trámites para quedarme, y mientras el apartamento en La Habana fue ocupado, mis pertenencias desaparecieron y fui borrada de los registros.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Del otro lado siempre estaba el universo. Personas con suerte y otras desafortunadas, pero individuos que escogen desde la comida, los zapatos, el lugar de vacaciones, hasta el Presidente de la nación.

¿Qué encontraste?

Me encontré. Me visioné ignorante, con una masa de certitudes falsas. Me habían convertido en un Ser desvalido, desarticulado, entre sentencias sobre “buenos&traidores”, y toda la retahíla que inhibe relacionada con los miedos que meten en el subconsciente: me moriría de hambre, sin asistencia médica, bajo un puente, y mi hija no podría estudiar. Todo falso, chapita de concreto, aguja en la sangre. Encontré a los poetas rusos, a otros escapados, y un saber escamoteado por el totalitarismo absurdo. Encontré a Oriana Fallaci y supe que ese era el periodismo que llevaba en mi título; tropecé con un deber tan grande como mi pena: testimoniar que mienten.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Ha sido una iluminación, desglosé la ideología que destruye, vestida con pintoresco traje de hazaña de pueblo y cachondeo cíclico, mezcla de bagazo con pluma de aura tiñosa tras el Patria o muerte. La patria no pertenece a quien gobierne, ni a ellos ni a otros, y la muerte parece una marca de champú para lavar cabezas, un verdadero sabotaje a la inteligencia y a la capacidad del individuo. Aprendí que el lenguaje es fundamental, tanto, que he escrito un manual sobre el proceso de desintoxicación tras sobrevivir a una dictadura.

¿Qué es para ti La libertad?

Es poder sentirse solo e intacto, sin necesidad de justificar absolutamente palabra o acto. Sentirse sano, que es respeto, no dañar a nadie, escuchar, poner la mesa, ofrecer, recibir, caminar sin vigilancia, abandonar la tercera persona del plural para opinar.

Cuadro de Margarita García Alonso
Cuadro de Margarita García Alonso

Para mi libertad pasa por regresar a la sociedad, emigrar a otro lugar, estoy cansada de tropezar con franceses abducidos en el mito 59. El viejo continente se estropea con leyes dictatoriales de la Comunidad económica. No estoy segura que lo logre.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Sí y mucho. "Ella" es mi madre, Clara, quien me trajo al mundo muy joven.

Pienso todos los instantes en Cubas, en plural, como si fuesen cubas repletas de mangos y/o de mierdas imposibles. La Cuba de abusadores que intimidan y deben quitar del puesto porque no mejoran tierra ni habitante, oxidada tuerca que no integra la isla al mundo y discrimina a ciudadanos con su flatulencia.

La Cuba de los intelectuales de izquierda, numerosos en el exilio, con la cantaleta del “socialismo bueno”, convertida en élite con grants y subvenciones...

La Cuba de estrellitas de la disidencia que se queja de secuestros y prohibiciones grupales, entra, salen, se paran delante de la Cuba humilde, levantan muro elitista. Con ejercicios recreativos de oposición desvían el problema, aquello es una dictadura, no hay democracia. Si quieres una Cuba libre sé clandestino, no figura principal de esta tragedia colectiva. El movimiento civil no se logra con inventos y falsos influencer, eso es cohete virtual, fake, bluf. Influye el que mueva a la gente y desate el turbillón.

La Cuba robótica de los fidelistas de hace seis décadas.

La Cuba de Miami, nostálgica como toda aglomeración de recuerdos, penas, esperas, con buenos amigos que encontraron camino.

La Cuba de los muertos sin poder abrazar a sus muertos, las cubas de apagones, hambre y ese cansancio de saber que ahora mismo, en la isla escasea todo y el “mayimbe” se conecta a una central de mantras maléficos pero no siembra malanga.

Las cubas que intentan borrar la historia desde tribunas, la cuba de bitongos de buena familia, allá y en otras aguas, enchufados para constituir capital o hacer carrera literaria y/o artística... como ves, es un truco que no resuelve un buen mago y doy por sentado que se sientan ofendidos los que se benefician de esta desgracia, pero no acepto como posibilidad otra sociedad de “intocables”.

Pero sobre todo pienso en "Ella", en Clara. Estoy tan lejos y sola que poseo una puerta cuántica, cierro los ojos y llego al patio de mi madre, junto a los cactus y gatos, saludo a los vecinos, incluso a los que se han ido o han fallecido- a la larga es lo mismo, exiliados. Me siento cada tarde junto a mi madre, ella no me ve y miro sus manos, me gustaría abrazarla y tiemblo, la muchacha que ella conoce ha muerto, soy solo una señora mayor que llora.

Félix Luis Viera. “La noción aberrante de patria sirve sobremanera a los caudillos"

Félix Luis Viera, escritor cubano residente en Miami.

El escritor cubano Félix Luis Viera responde a las preguntas de Dile que pienso en Ella con esa manera suya de ser: franco y directo que, a duras penas matiza la ternura de quien lo ha visto y lo ha oído casi todo.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

La falta de libertad en todos los sentidos, incluida la libertad de acción. Asimismo, para ser justo, la inopia ambiente, que dañaba sobre todo a mi hija, entonces con 15 años y un padecimiento contra el cual eran necesarios ciertos “recursos materiales”.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

La libertad en todos los aspectos en que esta es posible. Y la posibilidad de al menos sobrevivir mi familia y yo —que eso también es libertad. Cuando digo sobrevivir, me refiero a lo material. Pero, como sabemos, lo material condiciona lo espiritual o la tranquilidad del alma o como se llame eso.

Por ejemplo, contestar estas preguntas hace que me sienta feliz “interiormente”. Mas, las estoy respondiendo gracias a lo “material”: el teclado, la computadora, el techo que me ampara, la climatización de la habitación (que tiene su surtidor en un equipo “material”) y todo lo demás, incluida la vista hacia el exterior (gracias a algo material: el cristal).

Los comunistas, entre otros, nos hicieron creer (al menos a mí, en algún momento, me lo hicieron creer) que la “lucha”, el “futuro”, la “patria”, la disposición para el sacrificio y en fin una “ideología”, estaban antes que los bienes materiales.

Luego nos dimos cuenta que, en alguna medida —en alguna medida— el mejor discurso proselitista podría ser —para decirlo de manera muy coloquial digamos— un bisté a plato desbordado.

Sin que lo anterior, claro, niegue que hechos vitales como el amor, la lealtad, la ética, etcétera, resultan imprescindibles. Y sin negar, asimismo que, como le contestara su exnovia a un amigo cubano residente en el extranjero, que en un viaje a Cuba fue a visitarla: “Con hambre no se puede amar a nadie”. Él le había preguntado si todavía lo amaba.

Creo que ella debió considerar una salvedad: “A casi nadie”.

¿Qué encontraste?

Eso mismo, lo que buscaba. Y lo que no buscaba: una guerra personal que ni la perdía, ni la ganaba, ni la podía abandonar.

En un país del llamado Tercer Mundo (México), en el cual viví 20 años, comprobé la perfidia de la desigualdad por decreto. Esa que prepara el terreno para la aparición de mesías, comunistas más arriba, más abajo.

Portada del más reciente libro del escritor Félix Luis Viera
Portada del más reciente libro del escritor Félix Luis Viera

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Lo que tantos otros cubanos que se han radicado en el extranjero: cuánto nos engañaron allá en la “Patria”, cómo fue posible que un hombre y su equipo guardaran para sus compatriotas tanta perversidad. Cómo sería posible que Aquel y su séquito sobrepasaran, contra los suyos, los límites de la crueldad. Y he aprendido a luchar aun en franca desventaja si es necesario. Y a querer a todo lo que sea, y quien sea, querible. Y aborrecer a los racistas, supremacistas, ventajistas, fundamentalistas, homofóbicos y comunistas..., que vienen siendo lo mismo.

¿Qué es para ti La libertad?

Por ejemplo, contestarte estas preguntas sin miedo. La posibilidad de escoger a quién, y a qué, añorar, respetar, amar y todo un infinito etcétera de este tenor.

Y debería ser la posibilidad de convivencia de los hombres buenos, aunque piensen distinto.

Y así, si nos vamos a la Biblia o el Corán, un Hombre Bueno es quien siembra su parcela, con dedicación, y con dedicación igual, vela porque a la parcela del vecino le vaya bien. O sea, lo queramos o no, es algo así como la Dialéctica.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Si me permites, respondo con par de fragmentos de un artículo que publiqué el 10 de octubre de 2011, “La patria y esas cosas”.

“Veamos que cuando alguien en la distancia añora a la patria, no está pensando en la bandera, sino en el barrio donde se crió, aun en una cuadra específica, en el sillón en que acostumbraba sentarse, en la banca de su parque, o en la arboleda, el camino real por donde antes se desplazaba. Un tunero que viva exiliado jamás recordará en su nostalgia al Valle de Viñales, que forma parte de lo que llamaríamos su patria, pero que él nunca visitó”.

“La noción aberrante de patria sirve sobremanera a los caudillos, los mesías, los dictadores. Observemos cómo Fidel Castro identifica la patria consigo mismo, al extremo de convocar a la población a morir por la patria, es decir, por él”.

Y bueno, no, lo cierto es que ya no “pienso a menudo en Ella”... pues, según las noticias que llegan, ya cambiaron al bodeguero “que me tocaba”, el entorno del edificio donde yo vivía se ha modificado —para mal—, el sillón donde me sentaba se lo robó una vecina, a un compañero que vivía no muy lejos de mí, lo designaron dictador, a los edificios alrededor del parque central le han aplicado una cosmetología mangrina, al Parque de la Pastora le cambiaron los canteros por bancas de madera gris.... Y ya ha muerto el bueno de Armando Parrado, y otros buenos de por allí... Es decir, ya mi patria, en esencia, no existe.

Ileana Medina Hernández: Los progenitores y los Estados deben dar a sus hijos raíces y alas

Iliana Medina Hernández, profesora y escritora cubana radicada en Canarias. (Facebook).

Ileana Medina Hernández es una mujer luminosa, nutricia y fuerte como la Madre Tierra. Periodista, en influyente bloguera, autora de la bitácora digital Tenemos Tetas, habla desde el corazón de la vida, abarcando la feminidad sana e incluyente, sin las reservas neuróticas que separan a los humanos.

Hoy Ileana Medina Hernández entra al ruedo de Dile que pienso en Ella para dejarnos la impronta de su tiempo, que es el nuestro.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Me marché de Cuba muy joven. Con 23 años ya era profesora universitaria, digamos que el máximo laboral al que podía aspirar. Me había graduado con título de oro, había escrito una tesis que aún hoy se utiliza como material de estudio en la Facultad, me pude quedar como profesora desde recién graduada. Pero tenía que vivir con unos tíos que generosamente me habían acogido, coger “botella” todos los días para ir a trabajar… Eran los años 90 y pico: las esperanzas de que un sueldo de profesora me alcanzara, ya no para tener dónde vivir o cómo transportarme, sino ni siquiera para comprar un pantalón o un reproductor de música, eran nulas.

Gané una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional y no volví más. Salí dos veces en un año, y al salir la segunda, un primo al que quiero mucho, que me acompañó al aeropuerto me dijo: “¿te acuerdas del chiste del hombre al que Dios le mandó las tres barcas?” Ya tú vas por la segunda”. No esperé la tercera.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

La posibilidad de una vida normal. Me gustaría utilizar palabras altisonantes, o contarte sueños elevados, pero no los tengo. Simplemente poder trabajar libremente, ganar un sueldo y vivir de él. Creo en el “aurea mediocritas” de los antiguos: una vida sencilla y digna, con las necesidades básicas resueltas, sin tener que repetir consignas políticas cada día, y gozando de los derechos humanos universales: lo que la mayoría de los humanos queremos y merecemos.

¿Qué encontraste?

Encontré en Canarias unas islas paradisíacas, lo que Cuba bien pudiera ser, con un paisaje geográfico y social muy sano. Encontré el amor, encontré trabajo, nacieron mis hijos. Tengo seguridad, libertad y paz interior, en la medida que ellas son posibles, como constructos humanos imperfectos. Me doy por satisfecha.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

He tenido una vida fácil, quiero decir, no me tiré al mar en balsa, no he dormido en un parque, no he pasado hambre. Agradezco cada día por ello.

Aprendí que a veces, queriendo construir el paraíso, se construye el peor de los infiernos. Huye de quien te prometa el paraíso. Sólo hay una manera de mejorar el mundo: conocerse y mejorarse a uno mismo, cuidar de los cercanos, criar bien a los hijos, tratar bien a los demás, ser amable, ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace.

¿Qué es para ti la Libertad?

La libertad es la posibilidad de que cada uno pueda llegar a ser lo que vino a ser en esta vida. Desarrollar sus dones y talentos, expresarse sin miedo a ser discriminado ni castigado, ofrecer sus servicios y recibir remuneración a cambio, expandirse con el único límite de no hacer daño a otros.

No es hacer lo que uno quiera, estoy con los advaítas en que no es el ser humano el que hace. La vida se hace a través de nosotros y sólo podemos aspirar a no ponerle demasiados obstáculos. Crecer física y espiritualmente, con el único límite de la regla de oro: tratar a los demás como te gustaría ser tratada.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

No sé muy bien lo que es la patria. Creo es un constructo complejo, que tiene que ver con la infancia, la familia, las costumbres, el idioma, la cultura. Es más bien una matria, una matriz: los nutrientes físicos y espirituales con los cuales nos formamos.

Las fronteras y los Estados son un accidente, a veces útiles, pero arbitrarios, bien pudieran ser otros. Me gusta el paralelismo entre la tierra y la madre, nutricias y expansivas, y el Estado y el padre, la ley y el orden. Creo que ambos, los progenitores y los Estados, deben dar a sus hijos raíces y alas. Nutrientes para ser fuertes y libertad para volar. Los humanos no somos plantas y podemos movernos, siempre lo hemos hecho. Emigrar es un drama, y los gobiernos tienen el deber de que la vida de sus ciudadanos sea lo mejor posible, pero moverse también es un lujo, una oportunidad y un privilegio. Siempre ha habido flujos humanos desde la pobreza hacia la riqueza, desde el encierro hacia la libertad, y los seguirá habiendo.

Pienso en Cuba, claro, allí viven mis hermanos y quedan algunos -pocos- amigos, sigo las noticias y las redes sociales. Nunca ha dejado de dolerme pensar en lo que pudiera haber sido y lo que es. El drama cotidiano de la vida allí es terrible, no ya sólo la pobreza, sino el absurdo, el totalitarismo y la mentira. Cuba duele.

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