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Wendy Guerra, sin ideologías


La escritora cubana Wendy Guerra, vista por el fotógrafo Chema Moya, en Madrid.

En su nueva novela, "El mercenario que coleccionaba obras de arte", la escritora cubana Wendy Guerra huye del mito de los buenos contra los malos y desvela el parecido de los revolucionarios con sus opuestos, informa la agencia de prensa Efe.

"Este libro generará un escándalo en izquierdas y derechas porque no hay mucha diferencia entre los guerrilleros y la contra, entre la contra y las revoluciones", aseguró Guerra a Efe.

La obra, editada por Penguin Random House, gira alrededor de Adrián Falcón, un mercenario nacido en Cuba que llegó a la tercera edad desencantado de las ideologías.

En uno de los pasajes más desgarradores, según Efe, el hombre se va a luchar contra los comunistas y para darse fuerza a la hora de actuar canta canciones de Silvio Rodríguez.

Guerra dice que todo partió de una historia real, pues solía encontrarse en exposiciones de arte a un hombre que un día le preguntó si se atrevería a escribir sobre la vida de un mercenario.

"Que le gustara Silvio me dejó aterrada y dije aquí hay una novela", dijo la autora cubana.

Según la reseña, la autora retrata el lado humano de un hombre de más de sesenta años, empeñado en derrumbar el Gobierno de Fidel Castro y luego involucrado en la lucha contra los sandinistas y perseguido por terrorismo.

"Un escritor debe salir de su zona de confort y esta fue mi oportunidad de hacerlo", comentó Guerra.

En un momento de la obra, Falcón rinde homenaje al enemigo y confiesa su respeto por las personas convencidas de su fe, aunque no comulgue con ellas.

"Su homenaje al enemigo es el momento más lírico de la novela. Pide que le digan dónde están esos hombres y les hace un homenaje; y yo me pregunto si los militares de Cuba están conscientes del nivel de sus enemigos y si podrían rendirles homenaje alguna vez", dijo Guerra.

Por ser una escritora independiente, Wendy Guerra no tiene acceso a los medios en Cuba y denuncia que le han cerrado la boca.

"¿No es una vejación a nivel histórico y de derechos humanos que le corten la lengua a una mujer como yo y no la dejen hablar en su país?", se cuestiona y luego confiesa ser abusada en cada regreso a La Habana, donde le quitan los libros.

También denuncia el machismo imperante en la isla donde es gracioso que un hombre le de una nalgada a una mujer. "Vivo en un país donde son abusadas las mujeres y a nadie le importa, el mundo lo ve y nadie hace nada. Si le pellizcan una nalga a una mujer en Nueva York se enteran todos; en Cuba es normal", aseguró a Efe.

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