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Mundo

Protesta frente a embajada rusa en Holanda

Homenaje víctimas MH17

En La Haya, los familiares de las víctimas del desastre del Boeing malayo sobre la región del Donbass instalaron este domingo 298 sillas blancas frente a la Embajada de la Federación Rusa en los Países Bajos, recordación a las víctimas de la tragedia ocurrida hace ya 6 años.

La protesta de los familiares fue silenciosa, con fotos y flores sobre las sillas blancas vacías, y fueron colocados en filas como los asientos de un avión.

El avión fue derribado con un misil Buk disparado desde el territorio de los rebeldes separatistas pro-Rusia derribó el vuelo de Ámsterdam a Kuala Lumpur el 17 de julio de 2014, matando a todos los que iban a bordo.

Las familias permanecieron en silencio durante dos minutos después de colocar las sillas y los carteles, incluyendo uno que decía: "Impunidad = inaceptable! Alguien sabe lo que pasó... Justicia para el MH17".

El propósito de la protesta silenciosa, que tuvo lugar el día antes del comienzo del juicio sobre el desastre, fue pedir a las autoridades rusas que aceptaran su responsabilidad y contra la falta de cooperación de Moscú en la investigación del derribo del avión de pasajeros.

Rusia niega su implicación en el desastre y culpa a la investigación por su parcialidad. Las autoridades rusas, sin embargo, no han presentado ninguna versión oficial de quién o cómo derribó el Boeing.

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Alrededor de 80,000 muertes por COVID-19 en el mundo

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El número de muertes por COVID-19 en el mundo se acercaba este martes a las 80,000 personas, una cifra que aumenta por minutos. [Puedes seguirlas en vivo en el mapa del Centro de Investigación sobre Coronavirus de la Universidad Jonhs Hopkins]

El total de personas infectadas por el virus asciende a 1,362,936, siendo Italia, por mucho, el país con mayor cantidad de fallecimientos con 16.523 aunque, a estas alturas, se detecta una cierta distención de la actividad en las unidades de cuidados intensivos y la zona de Lombardía ha dejado de trasladar pacientes a otras comunidades.

Estados Unidos es, en estos momentos, el país con más casos de contagio en el mundo, elevándose a 368. 449, seguido por España, con 140.510, Italia, 132.537 y Alemania con 103.717.

La cifra de decesos en Estados Unidos se acercaba a las 11.000 muertes. Aunque Nueva York continúa siendo el epicentro del contagio, la cantidad de fallecidos y el número de hospitalizados en las áreas de cuidados intensivos han disminuido, a pesar de lo cual, el director nacional de Salud Pública, Jerome Adams, declaró en una entrevista en Fox News Sunday que “Este va a ser nuestro momento Pearl Harbor, nuestro momento 9/11”.

Con el primer ministro Boris Johnson hospitalizado a casusa del coronavirus, el Reino Unido se prepara para enfrentar a partir de hoy lo que dio en llamar “la semana más lúgubre de la que se tenga memoria”, según afirma la Agencia AP.

No obstante, tanto las muertes como el número de nuevos casos mostraban un sensible descenso en países afectados de Europa como Italia, España, Francia, Holanda y Alemania, con locual se demuestra, de acuerdo a AP, que “las medidas de confinamiento y distanciamiento social están funcionando”.

A partir de estos descensos de contagio y mortalidad, los mercados bursátiles han empezado a dar señales de recuperación, llegando a 6 puntos el ascenso hoy, día 6 de abril.

El presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump dio a entender en su comparecencia diaria que “la difícil situación que se espera para las próximas semanas podrían pronosticar un cambio de dirección”, informa AP.

“Estamos empezando a ver la luz al final del túnel” Aseguró Donal J. Trump durante la habitual rueda de prensa matutina en la Casa Blanca.

En Asia, Japón, uno de los primeros países que por su cercanía territorial sintió el “efecto Wuhan”, (provincia China donde si inició la pandemia) y que había logrado mantener un número de contagios y defunciones bastante bajo, en estos momentos observa una aceleración de los brotes de la epidemia, lo cual ha llevado al Gobierno a decretar el toque que se hará efectivo a partir de mañana, martes 7 de abril.

Por su parte, China declara “estar regresando a la normalidad” y ha empezado el retorno del personal de apoyo en el sector de la salud que había movilizado como refuerzo durante la crisis en Wuhan y mantiene la cifra de muertes por COVID-19 en 2.571, aunque los vecinos de la zona sospechan que debe estar por encima de los 46.000 muertos.

Entre los datos aportados por el Johns Hopkins University Coronavirus Resource Center y que deben ser tenidos muy en cuenta para darle cabida a la esperanza, está la cifra de los que han logrado recuperarse por completo de esta enfermedad que ha querido tomar el control del planeta por varios meses: un total de 273, 546 vidas salvadas. Un dato para tener en cuenta.

Coronavirus afecta a más de un millón de personas en el mundo

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El coronavirus sobrepasó el millón de infectados en todo el mundo y tiene en cuarentena obligatoria a media humanidad.

Según los datos de la Universidad Johns Hopkins, los contagios positivos por COVID-19 suman la cifra de 1,083,084​ en todo el mundo.

Las muertes a nivel mundial registradas por la Universidad son de 58,243 personas y las recuperadas 225,422.

Estados Unidos lidera esta cifra con 266,671 afectados, seguido de Italia con 119,827 y España con 117,710.

El virus ha provocado el colapso de los sistemas de salud en los países desarrollados y en América Latina, además de no haber lugar para enterrar los fallecidos por este virus.

Situación que se evidencia a través de las redes sociales en lugares como Guayaquil, Ecuador, donde hay poca capacidad para los trámites de defunción.

La pandemia ha paralizado el funcionamiento de aeropuertos, fábricas y comercios, sin que se divise por ahora un final a la crisis, y las recomendaciones de las diferentes organizaciones siguen siendo mantener una higiene mínima.

Sin embargo, hay territorios que no disponen de acueducto, o de agua potable para evitar el contagio a través del lavado de manos.

Según la agencia de noticias AFP, la ONU advirtió que las restricciones de aislamiento amenazan a los más vulnerables, al restringir su acceso a la comida y los cuidados básicos, como sucede en algunos lugares de América Latina.

Mientras los países con tecnología de punta intentan desarrollar una vacuna, el llamado de las autoridades es a confinarse y mantenerse a distancia de otros seres humanos.

EEUU encabeza lucha contra el COVID-19 en el mundo

Barbara Birx, coordinadora del equipo de la Casa Blanca para enfrentar la pandemia de coronavirus.

El amplio despliegue de solidaridad que realiza el gobierno de los Estados Unidos de América lo coloca al frente del combate que se está librando en el mundo contra la pandemia de COVID-19.

En un recuento a modo de “instantánea”, compuesto por fotos, tuits y comentarios de apoyo a las imágenes, ShareAmérica, publicación de Departamento de Estado, nos muestra la intensa actividad de la nación norteamericana, encabezada por el gobierno y con la estrecha colaboración del sector privado, desde el pasado mes de febrero 6 hasta el presente 3 de abril

Las mayores y más productivas empresas del país no han dudado en ponerse al servicio del momento crucial por el que se está atravesando y han arrimado el hombro, colaborando con dinero, conocimientos y suministros, tanto para beneficio nacional como para apoyar a los países extranjeros.

Las pequeñas empresas tampoco se han quedado atrás en esta lucha por liberar al planeta del embate de este despiadado enemigo que ha logrado, en apenas tres meses, paralizar a más de la mitad de sus habitantes con el consabido impacto que esto representa para la economía mundial.

Estas empresas han cambiado su línea producción habitual para dedicarse a fabricar máscaras, protectores faciales y desinfectante para las manos, elementos vitales en este empeño de frenar el avance del contagio.

Incluso la Marina de los Estados Unidos se ha volcado, desplegando dos de sus buques hospital en las zonas portuarias de Nueva York y Los Ángeles, como parte de lo que se conoce como Estrategia Integral de Estados Unidos en la batalla contra el coronavirus.

La rápida y eficaz respuesta de EEUU refuerza las acciones del resto de los países afectados por el nuevo coronavirus. Entre los rubros de apoyo, se encuentra la facilidad de acceso a las “supercomputadoras” más avanzadas del mundo para todos los científicos que, en el planeta, están dedicados a investigar para hallar la solución al problema.

Científicos de otros países cuentan con el apoyo de los hombres de ciencia norteamericanos, dedicándose, entre otras esferas de la investigación, a buscar, en los medicamentos conocidos, cuáles pueden combatir al virus para detener su propagación.

La comunidad científica norteamericana se encuentra a la vanguardia en los esfuerzos por crear vacunas y tratamientos para el COVID-9 y las imprescindibles pruebas de diagnóstico y, para lograrlo, se aprobó una nueva ley en Estados Unidos que incluye fondos por más de 8.000 millones de dólares.

Los Centros de Estados Unidos para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) envían cientos de paquetes para las pruebas de coronavirus a países afectados por el virus y aseguran que continuará haciéndolo mientras sea necesario. Esto se complementa con los 100 millones de dólares que el gobierno ha comprometido para ayudar a combatir la pandemia en todo el mundo.

Amnistía Internacional advierte sobre riesgo de COVID-19 en cárceles de Rusia

Policías rusos se protegen del coronavirus en Moscú, el 2 de abril del 2020.

Hacinamiento, falta de ventilación, escasa higiene, unidos a la precaria asistencia médica, son las fallas que, según Natalia Prilutskaya, investigadora de Amnistía Internacional (AI) sobre Rusia, ponen en peligro de contraer COVID-19 al más de medio millón de prisioneros en las cárceles de Rusia.

La organización con fines humanitarios ha hecho un llamado de atención al gobierno de Vladimir Putin, donde le exige que tome medidas con los más de 519.000 reclusos que sobreviven en condiciones infrahumanas en las penitenciarías del país, y subruya que, de esta cifra, al menos 9.000 sobrepasan los 60 años o padecen enfermedades.

“El estado actual del sistema penitenciario ruso, con problemas de hacinamiento, falta de ventilación, saneamiento inadecuado y asistencia médica insuficiente, expone a la población reclusa a un mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas. Si las autoridades no adoptan urgentes medidas de protección, la pandemia de COVID-19 podría hacer estragos en las cárceles rusas, y las consecuencias serían terribles”, advirtió la investigadora de AI a las autoridades.

“Muchas de estas personas reclusas ya tienen problemas de salud y están en colonias penitenciarias situadas a cientos de kilómetros de sus casas y lejos de los hospitales civiles. Es preciso actuar con urgencia para evitar una posible catástrofe”.

Esta preocupación de AI respecto a la gravedad de la amenaza que representa el coronavirus para los prisioneros rusos, tiene más que sobrados fundamentos ya que, de entrada, el modo de transportación de los reclusos es anticuado y evoca antiguas y muy malas memorias.

Los presos son trasladados en el interior de vagones de ferrocarril sin luz, agua corriente e instalaciones sanitarias, amontonados en grupos compactos y, dado que las distancias a recorrer suelen ser muy largas, los viajes pueden durar hasta varias semanas.

Como paliativo a la situación, Prilutskaya propone al gobierno de Putin la opción de liberar a quienes aún se hayan en prisión preventiva, o sea, aproximadamente 97.000 personas (el 18% de la población penal), y también a aquellas que se pertenecen a los grupos de mayor riesgo de contagio: los enfermos y de edad más avanzada.

“Debe hacerse una revisión urgente y genuina de todas las decisiones de recluir a personas sospechosas en espera de juicio”, subrayó Prilutskaya y añadió:

“Así mismo reiteramos nuestro llamamiento a favor de la libertad de todas las personas presas de conciencia, que están en prisión sólo por el ejercicio pacífico de sus derechos humanos. Nunca debieron ser encarceladas”.

La solidaridad en tiempos de pandemia en Barcelona

Monjas cantando en una iglesia casi vacía de Barcelona, el 29 de marzo de 2020. (Pau Barrena/AFP).

"Ante la sombría realidad de una tercera semana de confinamiento para los residentes de Barcelona, incluida mi familia, los gestos de solidaridad comunitaria son soplos de esperanza y dignidad", escribió Kartik Raj, un especialista de asuntos europeos de la organización Human Rights Watch.

Su comentario completo:

El virus COVID-19 mató a más de 8.000 personas en España en marzo. La presión que soporta el sistema de salud pública nunca ha sido tan grande, y escasean los equipos de protección personal.

Los vendedores ambulantes de Barcelona (manteros en español, o manters en catalán), que en su mayoría proceden del África subsahariana, se enfrentan a un futuro de gran incertidumbre debido a que el confinamiento impuesto por el gobierno prohíbe desarrollar actividades económicas no esenciales. Durante mucho tiempo han expresado su preocupación por los controles de identidad discriminatorios y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía y guardias de seguridad en el transporte público, así como actitudes xenófobas del público en general.

Dado que ya no se les permite vender sus mercancías, algunos vendedores ambulantes han decidido colaborar con una empresa de ropa local para vender mascarillas y batas a trabajadores de la salud que se están quedando sin material. Están usando la iniciativa para sensibilizar sobre la situación de los manteros que no tienen posibilidad de percibir sus ingresos habituales y para recaudar dinero para un banco de alimentos que se organizó para repartir artículos esenciales a miembros de su comunidad, que han visto esfumarse sus ingresos, ya magros.

Los manteros no son los únicos que manifiestan solidaridad con los trabajadores de la salud. También refugiados y personas sin hogar han empezado a coser mascarillas en un albergue en Barcelona, y al final de la semana pasada ya habían confeccionado 1.000 unidades.

Grupos de artesanos locales han empezado a recaudar donaciones para comprar bolsas de basura, coserlas y elaborar batas improvisadas para trabajadores de hospitales que tienen poco material. Las maestras de costura de nuestros hijos son unas de las líderes de este nuevo movimiento, creado en las redes sociales, para lograr que ningún profesional de enfermería se quede sin bata.

Estos actos de solidaridad se basan en la esperanza de que juntos podremos superar esta crisis, unidos por los lazos comunes más simples. Es el equivalente, volcado a la acción, de las ciudades de todo el mundo que aplauden a los trabajadores esenciales que permiten que nuestras sociedades sigan funcionando.

Estos actos demuestran el valor de la dignidad humana y el reconocimiento de la importancia de los derechos humanos fundamentales más allá de las épocas de crisis: el derecho a la salud, el derecho a condiciones de trabajo seguras y dignas para los trabajadores sanitarios, y el derecho a poder contar con alimentos suficientes. Ofrecen una visión positiva de cómo podemos vivir juntos y priorizar el respeto de los derechos, que no debe olvidarse cuando el virus quede en el pasado.

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