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Nancy Estrada Galván: "Cuba es un lugar en mi memoria, un susto"


Nancy Estrada, periodista cubana asilada en Estados Unidos

Nancy Estrada Galván, huésped de Dile que pienso en Ella, es, sin duda, una mujer capaz de tomar decisiones que están al alcance de todos, pero que no todos se atreven a tomar. Residente de la comunidad de Alamar, esta periodista tomó, bajo el sol, la decisión que cambió para siempre su destino y el de quienes la rodeaban. Fue la segunda de las dos mujeres que firmaron la Declaración de los Intelectuales o Carta de los 10.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Nunca pensé en dejar Cuba. El proceso de desencanto y total conocimiento de la realidad lo padecí desde muy temprano, porque siempre estuve cerca del poder.

A los diecinueve agostos, en cuanto me gradué, comencé a trabajar en una empresa del Ministerio de Comercio Exterior. No fue en el Ministerio porque mi Padrastro, Orlando Franco Cortés, era gerente de la Empresa Consumimport y no quiso emplearme allí. Era un hombre excepcional. Soy muy afortunada: tuve dos Padres.

Mecanografiando inventarios de mercancías existentes en las diferentes y magnificas ferreterías que había en La Habana encontraba fallos.

Dejaba de mecanografiar y me iba donde mi jefe, le decía esto y tal. La respuesta era hágalo como ahí dice, compañerita.

Refunfuñando, seguía chas chas chas sobre las teclas, hasta la madrugada.

Tiempo después trabajé en la Sección Agropecuaria del Minfar, con el Capitán Luis Más Martín, y mientras en las casas habaneras no se celebraba la tradición navideña arrancada de cuajo por el nuevo "orden", nos reunían en el trabajo para almorzar.

Así fue pasando el tiempo entre chistes en contra del despepite de la dirigencia, llegó desde la Unión Soviética el glasnot con aires de cambios, qué ilusos fuimos, conspiradera en círculos de amigos y un día llegaste tú bajo el Sol de marzo con un documento entre las manos y fue determinante estampar mi firma.

La represalia del desgobierno fue brutal, al punto, de necesitar abandonar país, hijos, nieta, familia, amigos y parte de mi vida. Fue un 6 de junio de 1994.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Aunque nunca visité los Estados Unidos de Norteamérica conocía su cultura, la historia y geografía del país. Celebraciones, tradiciones, costumbres, idioma. En la escuela teníamos una sesión en inglés y otra en español.

Asistí desde muy temprana edad, hasta que me gradué en 1961, al colegio metodista norteamericano, Buenavista School-Candler College.

Pertenezco al último curso de escuelas privadas. No hubo graduación "que era cosa de burgueses"; sólo entrega de diplomas. Buenavista y Candler habían sido nacionalizados e intervenidos. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Nos reunieron en el bello teatro y después de un Concierto donde sonaron las notas triunfales de "1812", el jovencisimo ministro de educación, Armando Hart Dávalos, comenzó un discurso blablabla, donde habló de la burguesía, la revolución y otras sandeces.

Yo no tenía expectativas al viajar a este país. Solo una gran tristeza. En Cuba dejaba a los rehenes que no sabía si volvería a ver. No recuerdo siquiera cómo abordé el avión. Fui la última en subir.

Sí recuerdo que, al llegar a mi destino y caminar por los pasillos del aeropuerto, encontré de nuevo los olores de mi infancia.

¿Qué encontraste?

Siempre he sido y soy un ser libre. Lo aprendí en mi familia y en mis escuelas. La Libertad se aprende y se ejerce. Uno no nace libre.

Aquí encontré respuestas, conocí mujeres y hombres que me contaban la otra parte de historias que yo había vivido en la Isla.

Vi llorar hombres, y no bandidos, al hablar del Escambray, de sus compañeros fusilados, los golpes recibidos, los muertos. El abandono total. La imposibilidad de ver a sus familias. Sentirse perseguidos y cazados en los apacibles montes que conocian y veían volar los colibríes. Así decían. Aquí encontré la otra parte de mi identidad.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Recordé, recuerdo, y repito día a día a mis hijos y nietos, lo que mi Madre nos decía de niños: uno es siempre quien es. Sé que todo trabajo es útil y que, hagas lo que hagas, tienes la responsabilidad de hacerlo bien. Vivo en donde tengo que vivir.

Disfruto, defiendo y agradezco la generosidad de esta sociedad no perfecta, donde puedes vivir con la dignidad que merece todo ser humano. Definitivamente, aprendí a ser más universal. Y, creo, soy mejor ser humano.

¿Qué es para ti La libertad?

La Libertad es una flor frágil que exige respeto y cuidado. De niña, la Libertad era deslizarme por los tejados. Brincar de azotea en azotea. Reír o llorar. Abrazar.

La Libertad, para mí es una totalidad, que nace desde el momento en que, gracias a Dios, despierto y elijo el acto humano de con qué voy a desayunar. Para mí no es sólo una palabra: Es la única forma digna de vivir. Tú, que estuviste presa, y eres un Ser de Luz, lo sabes.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Patria, para mí, es mucho más que los símbolos que desde pequeños nos enseñan. Creo que la Patria comienza en uno mismo y definitivamente está, y es el justo lugar donde se existe. Ahora mismo, tú y yo somos Patria al hablarnos en el lenguaje en que lo hacemos, que es sólo uno: el del respeto.Siempre pienso en Cuba. Sin tristeza. Para mí, abandonarla fue y es una derrota.

Cuba es un lugar en mi memoria, un susto. Un dolor que no quita el Tylenol.

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    María Elena Cruz-Varela

    María Elena Cruz Varela (Colón, Matanzas, Cuba, 1953) escritora, periodista y poeta. Dirigió en Cuba Criterio Alternativo, grupo de oposición que dio origen a la Declaración de los Intelectuales, 1990. Prisionera política de 1991 a 1993. Premio Nacional de poesía de la UNEAC, 1989. Premio Internacional de Poesía de los Países Bajos, 1992. Premio Internacional de Periodismo Mariano de Cavia, España, 1995. Premio Internacional Novela Histórica del Grupo Planeta, España 2003. Cuenta, además, con numerosos premios y reconocimientos internacionales por su papel en la lucha por la libertad de expresión.

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