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Opiniones

La trágica historia del Presidio Modelo

Se calcula que a partir del primero de enero de 1959 y hasta 1967, fueron numerados en la oficina de archivo del penal aproximadamente 15,500 individuos, todos por causas políticas

Isla de Pinos fue descubierta por Cristóbal Colón el 13 de junio de 1494. Su primer nombre fue La Evangelista. La isla fue durante varios siglos punto de encuentro y refugio de piratas y contrabandistas. En 1828 se inició la colonización formal.

Después de la independencia de Cuba, Isla de Pinos quedó bajo control de las autoridades de Estados Unidos hasta el 13 de marzo de 1925. El medio de transporte más importante entre las dos islas era por ferry que realizaban varios viajes al día para transportar mercancías y viajeros.

Desde muy temprano en la historia de Cuba la isla sirvió de prisión o de lugar de destierro para aquellos patriotas que enfrentaban a la corona española. El punto más próximo a Cuba está en el Surgidero de Batabanó, a unos 110 kilómetros de distancia.

José Martí fue desterrado a la isla y vivió en la hacienda El Abra hasta su posterior deportación a España.

La patriota Evangelina Cosío llegó a Isla de Pinos cuando tenía 17 años de edad acompañando a su padre que había sido desterrado a Nueva Gerona. Evangelina organizó una conspiración para capturar al coronel José Berriz, jefe de la plaza, ocupar la isla y declararla libre de la autoridad de la metrópoli. Evangelina fue hecha prisionera pero se fugó hacia Estados Unidos eludiendo una sentencia de 20 años de cárcel en Ceuta.

El general Gerardo Machado y Morales que había sido electo presidente de la República en 1925 decidió construir en Isla de Pinos, a cuatro kilómetros del centro de la capital, Nueva Gerona, una prisión en la que se pudieran reeducar a los delincuentes más peligrosos del país.

La decisión del mandatario provocó gran rechazo por parte de los habitantes, incluyendo muchas familias norteamericanas residentes que decidieron regresar a su país de origen.

El general dispuso que su ministro de Gobernación y comandante del Ejército Libertador que había sido gobernador de la provincia de Camagüey, Rogerio Zayas Bazán, iniciara una labor de investigación sobre el Sistema Penal de Estados Unidos y eligiera qué tipo de construcción carcelaria existente en ese país se podía ajustar a las condiciones de Cuba.

El ministro Rogerio Zayas Bazán viajó a Estados Unidos e hizo las investigaciones del caso y concluyó que la prisión que más se ajustaba a los planes era una situada en el estado de Illinois, conocida como la cárcel de Joliet.

La zona donde se inició la construcción del Presidio Modelo fue sede de una prisión militar de la colonia donde habían sido recluidos muchos cubanos que habían luchado contra la ocupación española. Los hombres trabajaban en una cantera de mármol próxima al lugar donde cumplían su sanción y relativamente cerca del sitio donde José Martí había sido desterrado.

La primera piedra de la obra del Presidio Modelo fue colocada por el general Gerardo Machado y Morales el primero de febrero de 1926 y en la gestión le acompañaron muchas de las más distinguidas personalidades de su gobierno, entre ellos el ministro Rogerio Zayas Bazán que para hacerle honor a su memoria, tuvo el civismo de renunciar al alto cargo que ocupaba cuando el gobernante dispuso enmendar la Constitución para perpetuarse en el poder.

La inauguración del Presidio Modelo tuvo lugar el 16 de septiembre de 1931 con la presencia del presidente Gerardo machado y Morales y los más altos funcionarios de su gobierno. La capacidad de albergue de cada edificio era de 465 reclusos, cifra que fue más que duplicada durante el régimen totalitario.

Se calcula que a partir del primero de enero de 1959 y hasta 1967, fueron numerados en la oficina de archivo del penal aproximadamente 15,500 individuos, todos por causas políticas y que entre 1931 a 1958, fueron fichados 22,000 reclusos, más del 95 por ciento por delitos de carácter común.

El proyecto original establecía la construcción de 9 edificios circulares, 8 para vivienda y uno como comedor. Al final sólo se construyeron cinco edificios circulares, cuatro dedicados a albergar a los presos y una para prestar servicio de Comedor.

Cada circular tiene cinco pisos y en cada unos de estos hay 93 celdas, que conforman 465 habitaciones por edificio. El proyecto consistía en celdas individuales, pero en caso necesario estaban aptas para albergar hasta dos penados.

Las medidas de las celdas son de tres metros de largo, metro ochenta de ancho y dos metros cincuenta de altura. Cada una originalmente tenía un inodoro, un lavamanos, una fuente de agua, una mesa, un asiento movible y una cama. El recluso se iluminaba con una lámpara eléctrica.

Las celdas están unidas por un pasillo exterior de un metro veinte centímetros que rodea la parte interior de la circular y a los pisos se suben por una escalera de hierro y mármol. La parte exterior del pasillo que da a la planta baja está rodeada por una baranda de hierro que impide que los reclusos caigan al vacío.

Cada celda estaba numerada, y los pisos al igual que los calabozos en los primeros años del uso del Presidio se cerraban individualmente, gracias a un mecanismo manual que podía ser operado por una sola persona.

Durante el régimen totalitario las celdas llegaron a albergar hasta cuatro reclusos. Las camas fueron sustituidas por marcos de metal sobre los que se ataba una lona que los presos denominaban jocosamente “aviones”. Las otras comodidades anteriormente descritas desaparecieron y los servicios sanitarios de cada calabozo fueron sustituidos por servicios turcos que se instalaron en seis celdas de cada piso.

En la planta baja se encuentran los baños que están divididos en dos secciones que son perpendiculares a la entrada de la circular.

El hospital tenía en principio una capacidad de 200 camas y estaba habilitado con las técnicas más modernas de la medicina de la época en el momento de su construcción.

El Presidio Modelo llegó a tener su propia planta de energía eléctrica que fue inaugurada en febrero de 1954.

El comedor circular de dos plantas, tiene situado en su parte inferior una lavandería, refrigeradores, cocina, panadería, almacén y pantry. Estaba preparado para procesar alimentos para entre 3000 y 4000 personas varias veces al día y podían comer a la vez tres mil reclusos. En caso necesario las condiciones estaban preparadas para poder servir a otros tres mil individuos en sólo 30 minutos.

En el proyecto original estaba considerada una torre en el centro del comedor, esta se comunicaría con el sótano por el que entrarían los militares sin tener contacto con los presos. Los penados, en principio, podían ingresar al comedor desde las circulares por unas galerías cubiertas y cerradas. El comedor está aproximadamente a una distancia de 50 metros del rastrillo, entrada, de cada circular.

La construcción del Presidio Modelo está hecha con armadura de acero y sus cubiertas están sostenidas por cerchas sin apoyo central. Fue la obra más grande de su tipo en toda Cuba en el momento en que fue edificada.

El techo es de fibrocemento. Entre el techado de la última celda hasta la primera plancha de fibrocemento hay una distancia de dos metros cincuenta centímetros. Este espacio fue conocido como el Sexto Piso y sirvió durante los años que las circulares fueron usadas por el régimen de Castro como un piso más para albergar reclusos.

El Sexto Piso no estaba dividido en celdas, era un espacio abierto al que se denominaba “Paño”. Los paños eran amplios y usados como celdas, pero los que vivían en los mismos lo prestaban para impartir clases, conferencias y reuniones.

En el centro de la circular hay una torre garita a la que se accede por el sótano que está debajo de cada circular. La posición le confiere al guardia situado en la torre, que portaba un fusil, una visión de todos los pisos del edificio y en particular de cada celda.

El proyecto original incluía un pabellón de castigo que fue remozado y ampliado después del triunfo del totalitarismo. En esos pabellones donde las condiciones de vida llegaban al límite, eran enviados los presos que eran objeto de la vesania de los custodios. Los pabellones de castigo fueron escenarios de varios asesinatos, severas golpizas y de huelgas de hambre.

El trabajo obligatorio o forzado fue una práctica instaurada en el Presidio Modelo, aún en su proceso de construcción, sin embargo, ningún preso político de la República fue obligado a trabajar, situación que cambió cuando se estableció el régimen totalitario.

En 1959 y 1960 el régimen impuso un plan de trabajo que no revistió las características del denominado Plan Especial Camilo Cienfuegos que fue instaurado el 11 de junio de 1964, en los edificios 5 y 6.

El Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos fue precedido por el Plan Morejón, una especie de experimento para obligar a trabajar a los presos políticos, implementado en noviembre de 1963. En 1960, también se trató de imponer un plan de trabajo obligatorio.

El Plan Especial Camilo Cienfuegos se caracterizó por la brutalidad de los sicarios que dirigían los bloques de trabajo. Los presos políticos eran brutalmente castigados, golpeados, acuchillados y muchos fueron asesinados por los custodios.

Las horas de trabajo fluctuaban entre las 12 y las 14. El sol era despiadado y el calor sofocante. Muchas veces los presos tenían que trabajar descalzos y en ropa interior. La lluvia era un azote regular y la alimentación pésima. Particularmente duro fue el trabajo en la cantera de mármol próxima a presidio.

Los reclusos eran hacinados en camiones que les trasladaban a los campos de trabajo. Los vehículos no reunían condiciones para el transporte de personal y eran conducidos por choferes inexpertos a altas velocidades. Durante el Plan de Trabajo hubo numerosos accidentes con consecuencias fatales.

Los presos que rechazaban trabajar o continuar trabajando eran severamente golpeados. Reducida su alimentación y el acceso al agua. Las golpizas a estos “Plantados” eran diarias y podían durar varias semanas.

Un recurso habitual de los sicarios de los Castro era conducir a los presos hasta una laguna de desecación donde terminaban todos los desechos del presidio. La laguna era conocida como “La Mojonera” y los presos que eran obligados a entrar en la misma como consecuencia de las heridas y golpes que les propinaban los esbirros se veían obligados a compartir espacio con residuos fecales, restos de comida putrefactas y todo desecho que uno sea capaz de imaginar. El olor era horrible. Las consecuencias a la salud de una estadía en la “Mojonera” eran devastadoras.

El Presidio Modelo fue escenario de famosas fugas. El 12 de enero de 1949 se evadieron dos destacados delincuentes conocidos como “El Chino Prendes” y “Guarina”. Ambos habían asaltado un banco en la capital cubana. Los evadidos se fugaron sin violencia porque usaron el automóvil del director del penal.

A pesar de la numerosa guarnición y de las fuerzas de la seguridad del estado ubicada en el reclusorio, muchos presos políticos del régimen totalitario organizaron evasiones desde el Presidio Modelo, pero muy pocas fueron coronadas por el éxito, aunque éste, en el mejor de los casos, siempre fue pírrico.

La única fuga en la que los evadidos pudieron salir de la isla y del país, fue la que protagonizaron Juan Ortega González y Manuel de Jesús Parrado Pérez. Ambos navegaron durante 13 días hasta que fueron rescatados por un barco y conducidos a Estados Unidos.

Otra fuga de éxito parcial la realizó Reinaldo “El Chino” Aquit, quien con extrema audacia, vestido de militar, abordó un yate en el puerto de Nueva Gerona, llegó a Cuba donde varios meses después fue capturado por la delación de un alto funcionario de la embajada de México.

Relación parcial de prisioneros políticos muertos en el Reclusorio de Isla de Pinos por falta de asistencia Médica.

1960 Gerardo Herrera

1959 José Cuesta

Luis B. Arencibia

Alberto Paz Molina

4-4-61 Leonilo Hernández Velásquez

Mario Álvarez Jiménez

1966 Antonio Llerena

6-15-61 Juan José Cajigas. Cometió suicidio.

12-12-1962 Tomas Cuesta Sevillano.

6-01-63 Esteban Gil Fernández.

6-1-61 Jesús Lopez Cueva

Sep-61 Antonio Manteira Caballero

Relación parcial de prisioneros políticos muertos en el Reclusorio de Isla de Pinos por accidentes

1966 Roberto Mirabal

8/63 Maximiliano Velásquez Accidente

9/24/64 Alfredo González Solarana Accidente Descarga eléctrica natural.

9/24/64 José Guerra Pascual Accidente Descarga eléctrica natural

9/24/64 Luis Nieves Cruz Accidente Descarga eléctrica natural

1/9/66 Jerónimo Candina López Accidente Vuelco de camión.

11-14-66 Jerónimo Valdez

6/19/62 Orlando Arencibia Pestana.

Cayó del 5to piso. Era epiléptico.

1-8-66 Enrique Baire Linares

Jose M Cadet Vazquez.

1-27-66 Félix Cruz

6-6-65 Ibrahim Otero

Relación parcial de prisioneros políticos asesinados en el Reclusorio de Isla de Pinos.

4-21-61 Higinio Ruiz

4-17-61 Rene Santana

8/9/64 Ernesto Díaz Madruga Asesinato por bayoneta en Edificio 5.

11-2-64 Abel Calante Corona

9/3/66 Julio Tang Texier Asesinato por bayoneta

12/9/66 Eddy Álvarez Molina Asesinado a tiros.

12/17/66 Diosdado Aquit Manrique Asesinado a tiros

12/24/66 Danny Regino Crespo Asesinado a tiros.

2/28/67 Francisco Noval Menéndez Asesinado a tiros.

1961 Antonio Manteira Cofiño asesinado a golpes.

3-31-59 Facundo Betancourt.

1966. Rosendo Rosell. Baleado en el Bloque No.3

Relación parcial de prisioneros políticos muertos por Huelga de Hambre en el Reclusorio de Isla de Pinos.

11/12/66 Roberto López Chávez

Relación parcial de prisioneros políticos que cometieron suicidio en el Reclusorio de Isla de Pinos.

8/16/64 Pedro F. González Pena

Relación parcial de prisioneros políticos que fueron ejecutados después de haber estado durante dos años en el Reclusorio de Isla de Pinos.

7-21-63 Alejandro Lima Barzaga

7-21-64 Roberto Montalvo

7-21-65 Zacarías García López

7-21-66 Ramón Pérez Ramírez

7-21-67 Ignacio Zúñiga González

7-21-68 Alfredo Fernández García

7-21-69 Orlando González López

7-21-70 Lister Álvarez López

7-21-71 Ramón García Ramos

7-21-72 Zenen Bencourt Rodríguez

7-21-73 Pablo Beltrán Perdomo

7-21-74 Macario Quintana

7-21-75 Carlos Curbelo del Sol

7-21-76 Blas Marín Navarro

7-21-77 Ruperto Ulacia Montelier

7-21-78 Francisco Martínez Zúñiga

7-21-79 José R. Beltrán Iznaga

7-21-80 Blas Rueda Muñoz

7-21-81 Carlos Brunet Álvarez

7-21-82 Aquilino Zerquera

7-21-83 Alejando Toledo Toledo

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos y lograron la libertad.

Juan Ortega Hernández.

Manuel de Jesús Parrado Pérez.

9-62 Higinio Martin.”Kennedy”. Se fugó de un barco que lo trasladaba a Cuba.

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos y llegaron a Cuba.

Reinaldo Aquit Manrique. Fue apresado en Cuba meses después.

Pablo Muñoz. Salió de la isla. Permaneció en Cuba por dos años.

Félix Velasco Valdez. Apresado en Cuba meses después.

Relación parcial de prisioneros políticos que fusilaron en el Reclusorio de Isla de Pinos.

Rafael Chenard

Otro prisionero que no ha sido identificado.

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos pero fueron apresados en los predios del penal o en la isla.

Hermín Soler

Pedro Mejía

Roberto Cáceres

Pedro Luis Boitel

Orestes Hernández Rodríguez

Armando Valladares

Reinaldo Blanco Navarro

Gelasio Labori Gelavert

Carlos Pedro Osorio

Luis Casas Martínez

Edmundo Amado

José Cheo Guerra.......Tres intento de fuga. El tercero fue herido a balas en el bloque 19 cuando intentaba cruzar el cerco.

René de Armas

Santiago Villar

Ulises Silva Capo

Gustavo Rodríguez……….Fugado de la cantera.

“Clavito” el Invasor………..Fugado de la cantera.

Alfredo Segurola Llauneta……. Se tiró del ferry que lo transportaba para Presidio.

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Los cien días de Miguel Díaz-Canel

Díaz-Canel y sus acompañantes en San Antonio de los Baños, el pueblo que inició la chispa del estallido nacional contra el régimen comunista.

Tras alentar la salida de la isla hacia Estados Unidos en cualquier tipo de embarcación imaginable para aplacar los disturbios del verano caliente de 1994 que desembocaron en el llamado “Maleconazo” de La Habana, Fidel Castro ordenó de inmediato mejorar en lo posible la vida de los residentes del barrio de Cayo Hueso, en pleno Centro Habana, que habían engrosado por centenares las filas de las protestas populares, inéditas hasta entonces, contra su poder absoluto.

La tarea fue asignada -- bajo la supervisión del secretario ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage--, al General de División Rogelio Acevedo, que presidía el Instituto Cubano de Aeronáutica Civil y podía disponer en consecuencia, con alguna libertad, de las recaudaciones de Cubana de Aviación. Confiando a un militar de experiencia logística se garantizaba el más rápido cumplimiento de la compleja misión de reconstruir inmuebles destartalados, llevar agua a cañerías desahuciadas, reparar calles olvidadas, repartir algunos alimentos en escuelas, evitar apagones, y sobre todo pintar y repintar las viejas fachadas de un vecindario “conflictivo”. Mejor aún, si Cubana de Aviación, con una contabilidad indolente, pagaba los gastos, la “reserva del Comandante” no sufría pérdidas y podía emprender nuevos proyectos revolucionarios. Una operación de apaciguamiento bajo el ojo avizor de la policía política, en el mejor estilo de cómo se administraba la finca de los hermanos Castro.

Las imágenes del pasado domingo 11, con cientos de cubanos protestando de nuevo frente al Hotel Deauville en pleno malecón, dejan un falso sabor de deja vu a los iniciados en la realidad cubana. Porque casi tres décadas después de aquel Maleconazo, el estado ruinoso de Cayo Hueso es el común de la capital; Cubana de Aviación, con más deudas y catástrofes que ingresos, es también una ruina; Rogelio Acevedo no ostenta sus dos estrellas de general y se gana la vida como emprendedor autorizado, ofreciendo alojamiento de lujo a través de Aribnb; Carlos Lage evita ser reconocido en las calles de La Habana con una gorra hundida hasta las orejas y Fidel Castro… bueno, ya se sabe…

El mandatario se llama ahora Miguel Díaz-Canel, fue elegido por Raúl Castro por sus méritos como “sobreviviente” en la carrera por la sucesión, y los acontecimientos en curso van confirmado la impresión generalizada de que es el peor error de su herencia.

Las apuestas sobre el futuro del régimen están abiertas. La propuesta de continuidad de los nuevos gobernantes tras la salida en bloque de la “generación histórica” era desde su inicio imposible de aceptar para el común de los cubanos. Al agobio de la vida cotidiana el torpe equipo de reemplazo sumó rápidamente una cadena de errores en nombre del reordenamiento tardío de la economía, el caos monetario y la evidencia de que la cúpula militar reclama para sí, ávidamente, todos los dólares posibles.

La pandemia -- también manejada en términos políticos al punto de rechazar vacunas extranjeras--, y el aplazamiento indefinido por la Administración Biden del siempre esperado arreglo con Estados Unidos completaron la tormenta perfecta.

La magnitud del estallido a menos de cien días de la solemne instalación de Miguel Díaz-Canel en la silla de los Castro, sorprendió al régimen y al mundo y la opción ante este atolladero ha sido la violencia y la represión en lugar de la falsa paz social, habitual en una isla donde nunca pasaba nada.

Pero Miguel Díaz-Canel, el sobreviviente, no tiene necesariamente los días contados pese a un estallido sin precedentes en las últimas seis décadas.

En un país gobernado de hecho por una junta militar – con o sin uniforme, mayoría en el Buró Político del partido único— es difícil imaginar un golpe de estado que sustituya al pusilánime presidente, como algunos vaticinan.

No es casual que dos días antes de abandonar formalmente la escena política Raúl Castro diera su última vuelta de tuerca entregando el mando de las fuerzas armadas al General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, el más fiel y fanático entre los de mayor rango, que enviaría, sin remordimiento, los tanques a la calle.

Todo para que la caja chica de la República siga a buen resguardo en manos de Luis Alberto Rodríguez-Callejas, general además de pariente, que no parece dispuesto a invertir en planes de apaciguamiento.

Pese a las veladas amenazas de éxodo masivo adelantadas ya por la cancillería cubana, tampoco sería sensato esperar una intervención de Estados Unidos, un país en completa retirada de Afganistán pese al avance del Talibán y con Haití primero en la fila si de invasiones a países vecinos se trata. Y no es cuestión de demócratas o republicanos: hasta Donald Trump dejó sobre la mesa “todas las opciones” conque amenazó a la Venezuela de Nicolás Maduro durante años.

Díaz-Canel y su junta han escogido, sumando lecciones recientes de Bielorrusia, Siria, Corea del Norte, Venezuela o Nicaragua, el camino de mantener el poder a cualquier costo. Temeroso de sus propias palabras culpó como de costumbre a Washington del estallido popular, intentó desacreditar a los manifestantes, llamó a la violencia en las calles “solo de los revolucionarios” y desató una feroz ola represiva, reclamando una insolente legitimidad para un gobernante por el que nadie ha votado.

En el peor de los casos, Washington aplazará por algún tiempo cualquier tímida apertura para la que ya se preparaba, Joseph Borrell reprochará en público a La Habana algunos excesos y los cubanos, hastiados hasta el cansancio, seguirán enfrentados, tras sacudirse el miedo que sostiene el poder, a una dictadura encabezada por un sobreviviente, que definitivamente perdió la mascarilla.

[Artículo publicado por el medio digital chileno X-Ante y publicado en nuestra web con autorización expresa del autor]

Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

Raúl, al igual que Fidel Castro "podría morir sin rendir cuentas por crímenes y errores de los últimos 62 años", alerta The Washington Post

Fidel Castro y Raúl Castro el 7 de diciembre de 1996, cuando juraron llevar el sistema comunista en la isla hasta el próximo siglo.

Raúl Castro, al igual que su hermano Fidel Castro puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo, alerta un columnista en el diario estadounidense The Washington Post.

Las sentencias definitivas para ellos requerirían una investigación similares a las realizadas durante las transiciones democráticas de Chile, El Salvador, Sudáfrica y Europa del Este pero "la salida cuidadosamente organizada de Raúl hace que tal ejercicio de justicia retrospectiva para Cuba sea poco probable durante su vida", indica Charles Lane, redactor editorial del Post.

La cobertura de los medios se ha centrado en lo que podría significar su retiro para el futuro de la isla, cuando en realidad "se debe prestar más atención a las implicaciones para el pasado de Cuba, específicamente, los crímenes y errores de los últimos 62 años del gobierno de Castro", considera el periodista.

"La transición de Cuba acerca a Raúl Castro, de 89 años, al día en que él, al igual que su hermano Fidel, quien le entregó a Raúl el control político total en 2011 y falleció a los 90 en 2016, puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo. en poder", dice Lane, especializado en política económica y fiscal.

En su columna semanal, destaca que Castro, a pesar de la imagen de abuelo y reformista que ha cultivado en los últimos años, "tiene más que un poco de sangre en las manos" y enumera varios hechos desde sus días en la Sierra Maestra, cuando fotografías muestran a Raúl vendar los ojos a un supuesto traidor momentos antes de que un pelotón de fusilamiento le quitara la vida; la supervisión de las ejecuciones sumarias de unos 70 presuntos ex policías y soldados de Batista, cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja; y la creación de los campos de trabajo forzado UMAP, dirigidos por las fuerzas armadas, bajo su mando.

"No existía tal justificación para los campos de trabajos forzados en los que 35.000 cubanos, en su mayoría hombres homosexuales, testigos de Jehová y otras personas consideradas necesitadas de reeducación por el trabajo, fueron internados entre 1965 y 1968. Las condiciones eran brutales; unos 70 murieron por tortura y 180 se suicidaron", recuerda Lane.

"Raúl todavía era ministro de Defensa en la década de 1970, cuando las tropas cubanas intervinieron para proteger la dictadura marxista de Etiopía. Apoyaron al régimen en Addis Abeba mientras su líder, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, masacró a 10,000 oponentes durante el "Terror Rojo" de 1976 a 1978, y mientras cientos de miles murieron de hambre debido a la colectivización forzosa de la agricultura en Mengistu a mediados de la década de 1980", indica el artículo.

El columnista recuerda la participación de Castro en la Causa 1 de 1989 cuando fueron fusilados Arnaldo Ochoa, el General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez, de las FAR; y el mayor Amado Padrón, del MININT.

"Fidel y Raúl ejecutaron a cuatro de sus más allegados por cargos falsos de traición y tráfico de drogas, cuando el verdadero delito fue desafiar la autoridad de los hermanos Castro", apunta.

Lane menciona también que el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que perdieron la vida cuatro cubanoamericanos, estuvo a cargo de aviones militares cubanos bajo el mando de Raúl.

"No hay suficiente espacio en esta columna para los miles de cubanos (y otros) que murieron, enfrentaron encarcelamiento o sufrieron de otras formas, incluido Walterio Carbonell, un intelectual marxista negro encarcelado en 1968 por insistir en que la revolución haga más para combatir el racismo. Tampoco es posible desenredar la culpabilidad de Raúl de la de Fidel, su hermano mayor, dominante, que solía tomar las decisiones, pero que se apoyó en todo momento en la firme complicidad de Raúl", reconoce el columnista.

"La memoria y la verdad pueden impedir que Raúl Castro y sus sucesores dinásticos escriban su página en la historia sin oposición", escribe Lane quien llama la atención sobre el hecho de que el general de 89 años no parece preocupado y que su expresión al aceptar la medalla Orden de Lenin hace un par de años en la Embajada de Rusia en La Habana era "relajada y encantada".

"Era la mirada de un ganador", concluye.

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