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Opiniones

La trágica historia del Presidio Modelo

Se calcula que a partir del primero de enero de 1959 y hasta 1967, fueron numerados en la oficina de archivo del penal aproximadamente 15,500 individuos, todos por causas políticas

Isla de Pinos fue descubierta por Cristóbal Colón el 13 de junio de 1494. Su primer nombre fue La Evangelista. La isla fue durante varios siglos punto de encuentro y refugio de piratas y contrabandistas. En 1828 se inició la colonización formal.

Después de la independencia de Cuba, Isla de Pinos quedó bajo control de las autoridades de Estados Unidos hasta el 13 de marzo de 1925. El medio de transporte más importante entre las dos islas era por ferry que realizaban varios viajes al día para transportar mercancías y viajeros.

Desde muy temprano en la historia de Cuba la isla sirvió de prisión o de lugar de destierro para aquellos patriotas que enfrentaban a la corona española. El punto más próximo a Cuba está en el Surgidero de Batabanó, a unos 110 kilómetros de distancia.

José Martí fue desterrado a la isla y vivió en la hacienda El Abra hasta su posterior deportación a España.

La patriota Evangelina Cosío llegó a Isla de Pinos cuando tenía 17 años de edad acompañando a su padre que había sido desterrado a Nueva Gerona. Evangelina organizó una conspiración para capturar al coronel José Berriz, jefe de la plaza, ocupar la isla y declararla libre de la autoridad de la metrópoli. Evangelina fue hecha prisionera pero se fugó hacia Estados Unidos eludiendo una sentencia de 20 años de cárcel en Ceuta.

El general Gerardo Machado y Morales que había sido electo presidente de la República en 1925 decidió construir en Isla de Pinos, a cuatro kilómetros del centro de la capital, Nueva Gerona, una prisión en la que se pudieran reeducar a los delincuentes más peligrosos del país.

La decisión del mandatario provocó gran rechazo por parte de los habitantes, incluyendo muchas familias norteamericanas residentes que decidieron regresar a su país de origen.

El general dispuso que su ministro de Gobernación y comandante del Ejército Libertador que había sido gobernador de la provincia de Camagüey, Rogerio Zayas Bazán, iniciara una labor de investigación sobre el Sistema Penal de Estados Unidos y eligiera qué tipo de construcción carcelaria existente en ese país se podía ajustar a las condiciones de Cuba.

El ministro Rogerio Zayas Bazán viajó a Estados Unidos e hizo las investigaciones del caso y concluyó que la prisión que más se ajustaba a los planes era una situada en el estado de Illinois, conocida como la cárcel de Joliet.

La zona donde se inició la construcción del Presidio Modelo fue sede de una prisión militar de la colonia donde habían sido recluidos muchos cubanos que habían luchado contra la ocupación española. Los hombres trabajaban en una cantera de mármol próxima al lugar donde cumplían su sanción y relativamente cerca del sitio donde José Martí había sido desterrado.

La primera piedra de la obra del Presidio Modelo fue colocada por el general Gerardo Machado y Morales el primero de febrero de 1926 y en la gestión le acompañaron muchas de las más distinguidas personalidades de su gobierno, entre ellos el ministro Rogerio Zayas Bazán que para hacerle honor a su memoria, tuvo el civismo de renunciar al alto cargo que ocupaba cuando el gobernante dispuso enmendar la Constitución para perpetuarse en el poder.

La inauguración del Presidio Modelo tuvo lugar el 16 de septiembre de 1931 con la presencia del presidente Gerardo machado y Morales y los más altos funcionarios de su gobierno. La capacidad de albergue de cada edificio era de 465 reclusos, cifra que fue más que duplicada durante el régimen totalitario.

Se calcula que a partir del primero de enero de 1959 y hasta 1967, fueron numerados en la oficina de archivo del penal aproximadamente 15,500 individuos, todos por causas políticas y que entre 1931 a 1958, fueron fichados 22,000 reclusos, más del 95 por ciento por delitos de carácter común.

El proyecto original establecía la construcción de 9 edificios circulares, 8 para vivienda y uno como comedor. Al final sólo se construyeron cinco edificios circulares, cuatro dedicados a albergar a los presos y una para prestar servicio de Comedor.

Cada circular tiene cinco pisos y en cada unos de estos hay 93 celdas, que conforman 465 habitaciones por edificio. El proyecto consistía en celdas individuales, pero en caso necesario estaban aptas para albergar hasta dos penados.

Las medidas de las celdas son de tres metros de largo, metro ochenta de ancho y dos metros cincuenta de altura. Cada una originalmente tenía un inodoro, un lavamanos, una fuente de agua, una mesa, un asiento movible y una cama. El recluso se iluminaba con una lámpara eléctrica.

Las celdas están unidas por un pasillo exterior de un metro veinte centímetros que rodea la parte interior de la circular y a los pisos se suben por una escalera de hierro y mármol. La parte exterior del pasillo que da a la planta baja está rodeada por una baranda de hierro que impide que los reclusos caigan al vacío.

Cada celda estaba numerada, y los pisos al igual que los calabozos en los primeros años del uso del Presidio se cerraban individualmente, gracias a un mecanismo manual que podía ser operado por una sola persona.

Durante el régimen totalitario las celdas llegaron a albergar hasta cuatro reclusos. Las camas fueron sustituidas por marcos de metal sobre los que se ataba una lona que los presos denominaban jocosamente “aviones”. Las otras comodidades anteriormente descritas desaparecieron y los servicios sanitarios de cada calabozo fueron sustituidos por servicios turcos que se instalaron en seis celdas de cada piso.

En la planta baja se encuentran los baños que están divididos en dos secciones que son perpendiculares a la entrada de la circular.

El hospital tenía en principio una capacidad de 200 camas y estaba habilitado con las técnicas más modernas de la medicina de la época en el momento de su construcción.

El Presidio Modelo llegó a tener su propia planta de energía eléctrica que fue inaugurada en febrero de 1954.

El comedor circular de dos plantas, tiene situado en su parte inferior una lavandería, refrigeradores, cocina, panadería, almacén y pantry. Estaba preparado para procesar alimentos para entre 3000 y 4000 personas varias veces al día y podían comer a la vez tres mil reclusos. En caso necesario las condiciones estaban preparadas para poder servir a otros tres mil individuos en sólo 30 minutos.

En el proyecto original estaba considerada una torre en el centro del comedor, esta se comunicaría con el sótano por el que entrarían los militares sin tener contacto con los presos. Los penados, en principio, podían ingresar al comedor desde las circulares por unas galerías cubiertas y cerradas. El comedor está aproximadamente a una distancia de 50 metros del rastrillo, entrada, de cada circular.

La construcción del Presidio Modelo está hecha con armadura de acero y sus cubiertas están sostenidas por cerchas sin apoyo central. Fue la obra más grande de su tipo en toda Cuba en el momento en que fue edificada.

El techo es de fibrocemento. Entre el techado de la última celda hasta la primera plancha de fibrocemento hay una distancia de dos metros cincuenta centímetros. Este espacio fue conocido como el Sexto Piso y sirvió durante los años que las circulares fueron usadas por el régimen de Castro como un piso más para albergar reclusos.

El Sexto Piso no estaba dividido en celdas, era un espacio abierto al que se denominaba “Paño”. Los paños eran amplios y usados como celdas, pero los que vivían en los mismos lo prestaban para impartir clases, conferencias y reuniones.

En el centro de la circular hay una torre garita a la que se accede por el sótano que está debajo de cada circular. La posición le confiere al guardia situado en la torre, que portaba un fusil, una visión de todos los pisos del edificio y en particular de cada celda.

El proyecto original incluía un pabellón de castigo que fue remozado y ampliado después del triunfo del totalitarismo. En esos pabellones donde las condiciones de vida llegaban al límite, eran enviados los presos que eran objeto de la vesania de los custodios. Los pabellones de castigo fueron escenarios de varios asesinatos, severas golpizas y de huelgas de hambre.

El trabajo obligatorio o forzado fue una práctica instaurada en el Presidio Modelo, aún en su proceso de construcción, sin embargo, ningún preso político de la República fue obligado a trabajar, situación que cambió cuando se estableció el régimen totalitario.

En 1959 y 1960 el régimen impuso un plan de trabajo que no revistió las características del denominado Plan Especial Camilo Cienfuegos que fue instaurado el 11 de junio de 1964, en los edificios 5 y 6.

El Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos fue precedido por el Plan Morejón, una especie de experimento para obligar a trabajar a los presos políticos, implementado en noviembre de 1963. En 1960, también se trató de imponer un plan de trabajo obligatorio.

El Plan Especial Camilo Cienfuegos se caracterizó por la brutalidad de los sicarios que dirigían los bloques de trabajo. Los presos políticos eran brutalmente castigados, golpeados, acuchillados y muchos fueron asesinados por los custodios.

Las horas de trabajo fluctuaban entre las 12 y las 14. El sol era despiadado y el calor sofocante. Muchas veces los presos tenían que trabajar descalzos y en ropa interior. La lluvia era un azote regular y la alimentación pésima. Particularmente duro fue el trabajo en la cantera de mármol próxima a presidio.

Los reclusos eran hacinados en camiones que les trasladaban a los campos de trabajo. Los vehículos no reunían condiciones para el transporte de personal y eran conducidos por choferes inexpertos a altas velocidades. Durante el Plan de Trabajo hubo numerosos accidentes con consecuencias fatales.

Los presos que rechazaban trabajar o continuar trabajando eran severamente golpeados. Reducida su alimentación y el acceso al agua. Las golpizas a estos “Plantados” eran diarias y podían durar varias semanas.

Un recurso habitual de los sicarios de los Castro era conducir a los presos hasta una laguna de desecación donde terminaban todos los desechos del presidio. La laguna era conocida como “La Mojonera” y los presos que eran obligados a entrar en la misma como consecuencia de las heridas y golpes que les propinaban los esbirros se veían obligados a compartir espacio con residuos fecales, restos de comida putrefactas y todo desecho que uno sea capaz de imaginar. El olor era horrible. Las consecuencias a la salud de una estadía en la “Mojonera” eran devastadoras.

El Presidio Modelo fue escenario de famosas fugas. El 12 de enero de 1949 se evadieron dos destacados delincuentes conocidos como “El Chino Prendes” y “Guarina”. Ambos habían asaltado un banco en la capital cubana. Los evadidos se fugaron sin violencia porque usaron el automóvil del director del penal.

A pesar de la numerosa guarnición y de las fuerzas de la seguridad del estado ubicada en el reclusorio, muchos presos políticos del régimen totalitario organizaron evasiones desde el Presidio Modelo, pero muy pocas fueron coronadas por el éxito, aunque éste, en el mejor de los casos, siempre fue pírrico.

La única fuga en la que los evadidos pudieron salir de la isla y del país, fue la que protagonizaron Juan Ortega González y Manuel de Jesús Parrado Pérez. Ambos navegaron durante 13 días hasta que fueron rescatados por un barco y conducidos a Estados Unidos.

Otra fuga de éxito parcial la realizó Reinaldo “El Chino” Aquit, quien con extrema audacia, vestido de militar, abordó un yate en el puerto de Nueva Gerona, llegó a Cuba donde varios meses después fue capturado por la delación de un alto funcionario de la embajada de México.

Relación parcial de prisioneros políticos muertos en el Reclusorio de Isla de Pinos por falta de asistencia Médica.

1960 Gerardo Herrera

1959 José Cuesta

Luis B. Arencibia

Alberto Paz Molina

4-4-61 Leonilo Hernández Velásquez

Mario Álvarez Jiménez

1966 Antonio Llerena

6-15-61 Juan José Cajigas. Cometió suicidio.

12-12-1962 Tomas Cuesta Sevillano.

6-01-63 Esteban Gil Fernández.

6-1-61 Jesús Lopez Cueva

Sep-61 Antonio Manteira Caballero

Relación parcial de prisioneros políticos muertos en el Reclusorio de Isla de Pinos por accidentes

1966 Roberto Mirabal

8/63 Maximiliano Velásquez Accidente

9/24/64 Alfredo González Solarana Accidente Descarga eléctrica natural.

9/24/64 José Guerra Pascual Accidente Descarga eléctrica natural

9/24/64 Luis Nieves Cruz Accidente Descarga eléctrica natural

1/9/66 Jerónimo Candina López Accidente Vuelco de camión.

11-14-66 Jerónimo Valdez

6/19/62 Orlando Arencibia Pestana.

Cayó del 5to piso. Era epiléptico.

1-8-66 Enrique Baire Linares

Jose M Cadet Vazquez.

1-27-66 Félix Cruz

6-6-65 Ibrahim Otero

Relación parcial de prisioneros políticos asesinados en el Reclusorio de Isla de Pinos.

4-21-61 Higinio Ruiz

4-17-61 Rene Santana

8/9/64 Ernesto Díaz Madruga Asesinato por bayoneta en Edificio 5.

11-2-64 Abel Calante Corona

9/3/66 Julio Tang Texier Asesinato por bayoneta

12/9/66 Eddy Álvarez Molina Asesinado a tiros.

12/17/66 Diosdado Aquit Manrique Asesinado a tiros

12/24/66 Danny Regino Crespo Asesinado a tiros.

2/28/67 Francisco Noval Menéndez Asesinado a tiros.

1961 Antonio Manteira Cofiño asesinado a golpes.

3-31-59 Facundo Betancourt.

1966. Rosendo Rosell. Baleado en el Bloque No.3

Relación parcial de prisioneros políticos muertos por Huelga de Hambre en el Reclusorio de Isla de Pinos.

11/12/66 Roberto López Chávez

Relación parcial de prisioneros políticos que cometieron suicidio en el Reclusorio de Isla de Pinos.

8/16/64 Pedro F. González Pena

Relación parcial de prisioneros políticos que fueron ejecutados después de haber estado durante dos años en el Reclusorio de Isla de Pinos.

7-21-63 Alejandro Lima Barzaga

7-21-64 Roberto Montalvo

7-21-65 Zacarías García López

7-21-66 Ramón Pérez Ramírez

7-21-67 Ignacio Zúñiga González

7-21-68 Alfredo Fernández García

7-21-69 Orlando González López

7-21-70 Lister Álvarez López

7-21-71 Ramón García Ramos

7-21-72 Zenen Bencourt Rodríguez

7-21-73 Pablo Beltrán Perdomo

7-21-74 Macario Quintana

7-21-75 Carlos Curbelo del Sol

7-21-76 Blas Marín Navarro

7-21-77 Ruperto Ulacia Montelier

7-21-78 Francisco Martínez Zúñiga

7-21-79 José R. Beltrán Iznaga

7-21-80 Blas Rueda Muñoz

7-21-81 Carlos Brunet Álvarez

7-21-82 Aquilino Zerquera

7-21-83 Alejando Toledo Toledo

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos y lograron la libertad.

Juan Ortega Hernández.

Manuel de Jesús Parrado Pérez.

9-62 Higinio Martin.”Kennedy”. Se fugó de un barco que lo trasladaba a Cuba.

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos y llegaron a Cuba.

Reinaldo Aquit Manrique. Fue apresado en Cuba meses después.

Pablo Muñoz. Salió de la isla. Permaneció en Cuba por dos años.

Félix Velasco Valdez. Apresado en Cuba meses después.

Relación parcial de prisioneros políticos que fusilaron en el Reclusorio de Isla de Pinos.

Rafael Chenard

Otro prisionero que no ha sido identificado.

Relación parcial de prisioneros políticos que se fugaron del Reclusorio de Isla de Pinos pero fueron apresados en los predios del penal o en la isla.

Hermín Soler

Pedro Mejía

Roberto Cáceres

Pedro Luis Boitel

Orestes Hernández Rodríguez

Armando Valladares

Reinaldo Blanco Navarro

Gelasio Labori Gelavert

Carlos Pedro Osorio

Luis Casas Martínez

Edmundo Amado

José Cheo Guerra.......Tres intento de fuga. El tercero fue herido a balas en el bloque 19 cuando intentaba cruzar el cerco.

René de Armas

Santiago Villar

Ulises Silva Capo

Gustavo Rodríguez……….Fugado de la cantera.

“Clavito” el Invasor………..Fugado de la cantera.

Alfredo Segurola Llauneta……. Se tiró del ferry que lo transportaba para Presidio.

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Año 62 de la Era Castrista

Un bicitaxi y un almendrón circulan por La Habana. (Archivo)

Artículo de opinión

Muchas personas no se percatan que los años pasan para los demás, no solo para ellos, y menos aún asimilan que hay países controlados por regímenes que llevan más tiempo en el poder que las décadas que tienen de vida.

Cuba se encuentra en esa ignominiosa relación, bochorno para muchos cubanos. La dictadura llega a los 62 años en el poder, que es igual a 744 meses y 22320 días una cifra espeluznante si apreciamos que la inmensa mayoría de la población tiene menos de 62 años, lo que significa que una cantidad significativa de isleños ha vivido bajo un mismo régimen toda su vida.

Conversaba al respecto con el poeta venezolano Abel Ibarra. Hablábamos sobre los cambios radicales que han sufrido, Venezuela y Cuba, después de la llegada al poder de esos dos singulares depredadores sociales, Hugo Chávez y Fidel Castro, sujetos que, por su gestión e influencia, han marcado de manera indeleble el antes, durante y después de ambos pueblos, amén de gobernar por largos años.

Le decía a Ibarra que los cubanos deberíamos someternos a una especie de jornada de reflexión en la que contempláramos la Cuba antes del triunfo de la insurrección, el mandato revolucionario y las potenciales ocurrencias en el postotalitarismo, con el objetivo de conocer las transformaciones sufridas en todos los ámbitos por el sujeto cubano y en qué medida revertir lo negativo con vistas a ser mejores ciudadanos y un mejor país, a lo que el poeta agregó que en su tierra ha ocurrido algo similar, porque sus compatriotas también han cambiado mucho lo que ha repercutido ampliamente en la sociedad nacional.

Según Ibarra ambos pueblos deben hacer una profunda introspección e incursionar en los desaciertos como individuos y como nación, aprender de esas pifias e iniciar un proceso de reconstrucción que nos haría a todos mejores personas y ciudadanos, propuesta con la que estoy de acuerdo absolutamente, y me atrevo a sugerir que tantos los prisioneros políticos del chavismo como del castrismo podrán hacer grandes aportes a ese proceso porque han sido personas que por las condiciones que implica un encierro han podido meditar un mayor tiempo, a la vez que han tenido experiencias particularmente traumáticas de lo que son capaces los regímenes de fuerzas amparados en el populismo ideológico y el marxismo.

Esta nota está asociada a Cuba, ojalá, Ibarra haga otro tanto con la experiencia venezolana.

Cuba antes de Castro tenía los claroscuros de cualquier república latinoamericana, con la particularidad de que había alcanzado cotas en la economía y el desarrollo, que la mayoría de los países del hemisferio no tenían. El país disfrutaba de un relativo progreso material, aunque se enfrentaba a problemas políticos serios y a graves problemas sociales, muchos de los cuales, a pesar de la inestabilidad política, estaban en proceso de solución.

Bajo el castrismo los logros alcanzados se deterioraron drásticamente. El nuevo régimen se esforzó por destruir los cimientos civiles y éticos de la República. La historia nacional fue revisada y presentada en base a los intereses de la nueva clase. Las fiestas Patrias fueron sustituidas, las religiones vituperadas y la feligresía sufrió represión y discriminación. La Navidad y Semana Santa fueron abolidas por decretos y restauradas décadas después a conveniencia del régimen, aunque nunca se han deslastrado del trauma de la represión y el sectarismo.

La primera afectada fue la sociedad civil que perdió todas sus prerrogativas y espacios públicos conquistados a través de los años. Los órganos gremiales y colegiados consagrados en leyes y costumbres se extinguieron. El poderoso movimiento sindical perdió su independencia, los medios de comunicación pasaron a manos del estado, el periodismo fue otra correa de trasmisión del incipiente totalitarismo.

El ciudadano empezó a decir si pensando en no. El doble pensar, la doble moral, se espacio y asentó en toda la Isla. El disentimiento condujo a muchos a abandonar el país, la represión y la incapacidad para articular una defensa exitosa de los derechos naturales afectó profundamente a la ciudadanía. La cárcel por motivos políticos fue un final feliz, la alternativa era muerte por fusilamiento.

Como colofón, las bases económicas fueron destruidas. Paradójicamente los repetidos errores de la clase dirigente condujeron a muchos de los que simpatizaban con el sistema a abandonar el país o perder la confianza en el régimen.

El postotalitarismo será una experiencia dura e incierta. Lo primero sería buscar una necesaria conciliación entre las partes y un profundo acto de contrición de todos los que abusaron de su prójimo. La reconstrucción será compleja pero posible si el hombre rehace la conciencia de que la República debe ser con todos y para el bien de todos.

El comunismo según Orwell y Rybakov

Artistas cubanos amanecieron el 28 de noviembre a las puertas del Ministerio de Cultura. YAMIL LAGE / AFP

Para comprender los recientes sucesos de Cuba, la literatura puede ayudar tanto como los estudios socioeconómicos o políticos

LA HABANA, Cuba. – Cuando en días pasados publiqué en este mismo diario digital mi crónica Orwell y la televisión cubana, recibí una nota del colega Luis Cino. En ese mensaje, el prominente periodista me hacía un recordatorio: “Las jornadas del odio”. Con ello me hizo tener presente que cualquiera de las genialidades del gran novelista inglés que omitamos representará una especie de mutilación.

Agradezco la valiosa indicación. Y sí, ya que en el referido escrito no hablé de “los dos minutos” ni de las “semanas del odio”, lo haré ahora, máxime cuando esa ideación de Orwell resulta oportunísima a raíz de las últimas ocurrencias del aparato propagandístico del régimen castrista, que día tras día se dedica a arremeter de modo virulento contra los intelectuales contestatarios.

Los hijos de Arbat, 2 tomo de la edición en ruso.
Los hijos de Arbat, 2 tomo de la edición en ruso.

También aludiré a otra obra maestra que retrata de modo admirable las esencias del comunismo: la novela rusa “Дети Арбата”. Y, por favor, tomen en cuenta que si uso el título original de esa gran obra no es por un pujo de mi parte. Es sólo por las múltiples traducciones —todas válidas— que ha recibido en castellano: “Los hijos…”, “Los niños…”, “Los chicos…” o “Los muchachos del Arbat”.

Pero vayamos por partes. Primero, George Orwell. Las “jornadas de odio” estaban concebidas y diseñadas para instrumentar el rechazo que los súbditos del Gran Hermano debían expresar hacia quien en un momento dado fuese el enemigo de turno del Estado-Partido-Gobierno. En principio, bastaba con “dos minutos”.

“Mercenarios”, “asalariados”, “agentes”, son los vocablos que les dedican....


Claro, en esa sociedad de pesadillas descrita en 1948 ni se soñaba con las redes sociales, y mucho menos con “el potro salvaje del internet” (frase de Ramiro Valdés). Los ciudadanos sólo contaban con las “telepantallas”, por las que constantemente se transmitía la propaganda oficial. Un sueño de los totalitarios que, en estos tiempos, sólo se hace realidad en la abominable Corea del Norte.

En Cuba, por suerte, no. Aunque el servicio que se brinda a los ciudadanos de a pie es caro y malo, ahora los súbditos del castrismo, en principio, tenemos acceso a la red mundial, con todo lo que eso implica. Pero parece ser que los ineptos burócratas del Departamento Ideológico del único partido no se han enterado de ello.

En ese equipo de agitadores profesionales todavía actúan como si los habitantes del país sólo viéramos la Televisión Cubana. Para empezar, no les basta con los “dos minutos” de Orwell. Las diatribas que ahora mismo transmiten contra los jóvenes artistas del Movimiento San Isidro o del 27 de Noviembre duran muchísimo más. “Mercenarios”, “asalariados”, “agentes”, son los vocablos que les dedican. También se intenta vincularlos a actos terroristas reales o supuestos.

un grupo de ciudadanos que se niegan a bailar al son que entona el castrismo ...


En su infinita insensatez, creen que, al apilar esos términos ofensivos contra esos creadores apenas llegados a la adultez, sus insultos y descalificaciones surtirán mayor efecto. No se han dado cuenta de algo obvio: Es tanto el hartazgo con el sistema de opresión, hambre, miseria y necesidad implantado por el castrismo, que, en el cubano de a pie, todas las barbaridades que los cotorrones dedican a quienes se les enfrentan surten un efecto opuesto al deseado.

Y por supuesto que los compatriotas sin acceso a medios de información alternativos, aquellos que sólo tienen cabeza y tiempo para hacer la cola que les permita mitigar unas pocas de sus muchas carencias, se asombran al contemplar en el Noticiero Nacional de Televisión lo que nunca esperaron: la existencia de un grupo de ciudadanos que se niegan a bailar al son que entona el castrismo. Razón de más para que los admiren…

Por su parte, la novela de Anatoli Rybakov sobre la icónica calle moscovita Arbat y el barrio aledaño resulta ilustrativa por otro concepto. El héroe —el joven Sasha Pankrátov— es un miembro convencido y leal de la Juventud Comunista. Comete una equivocación intrascendente que los “camaradas” de su célula pretenden convertir en una prueba de traición

Gracias al error de una secretaria, logra que se señale una reunión con un encumbrado burócrata del partido único; algo que otros perseguidos no tan afortunados como él intentan sin éxito durante semanas y meses. Se supone —pues— que los errores y comentarios que le atribuyen los “camaradas” de su célula serán ventilados “en el lugar adecuado y en el momento oportuno”, como dirían los castristas.

Pero el joven protagonista no contaba con la intervención del tenebroso NKVD. El debate abierto con sus detractores, para el que ya se preparaba, fue reemplazado por los interrogatorios de los instructores policiales. En lugar del encuentro entre comunistas planificado, fue a dar con sus huesos en una lejana aldea de Siberia.

Salvando las distancias, es lo mismo que ha sucedido con los activistas del Movimiento 27 de Noviembre. Algunos de estos, a diferencia de otros de los participantes en los actos contestatarios más recientes, no necesariamente deben ser catalogados como hostiles al régimen imperante. Al menos, no se han declarado abiertamente como tales.

El diálogo para el que se preparaban fue clausurado de forma unilateral por la parte oficialista. ¡Por supuesto que los burócratas del MINCULT no iban a reunirse con ellos! ¿Para qué! ¿Para hacer un papelazo! Y conste que no dudo de los conocimientos y habilidades de los dirigentes cuya participación estaba prevista para ese acto. El problema radica en la misión imposible a ellos asignada: Defender lo indefendible.

Entonces el diálogo o debate no será con los tecnócratas de la Cultura, sino con los corchetes de la policía política. Una opción típica del comunismo, que Rybakov describe con total veracidad e inigualada maestría.

Cuba, poesía contra pistolas

Gladiolos y la bandera cubana con la inscripción de Cuba Libre, en la manifestación en Miami en solidaridad con el Movimiento San Isidro.

Los gobiernos opresivos no entienden de razones ni derechos. Consideran que la fuerza es la única razón de ser, motivo por el cual reprimen cualquier desafío, aunque sea como dice Juan Antonio Blanco, director de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, usando pistolas contra poesía, como el que tuvo lugar en una casa del barrio San Isidro, en La Habana.

Esa es la Cuba legada por Fidel y Raúl Castro que el dictador designado, Miguel Díaz-Canel, sigue administrando como si fuera el gran ducado de un sátrapa absolutista, al que solo le resta poner en uso su derecho de pernada. Por supuesto, debemos reconocerlo, aunque sea con vergüenza, las cadenas suelen ser tan pesadas y fuertes como el prisionero las consienta, y todo parece indicar que en la Isla no se han extinguido las mujeres y hombres libres dispuestos a romper los cerrojos de la gran cárcel que es el país.

Jóvenes artistas, ansiosos por crear en una sociedad libre, sin restricciones y sin el acoso de una policía política que abruma e impide pensar con libertad le exigían a punta de poesías, pinceles y canciones a una dictadura de 62 años respeto a sus derechos individuales y espacios para hablar y pensar sin temor a ser sancionados por un gran hermano que todo lo puede.

Los jóvenes creadores de San Isidro, como se dice coloquialmente, sacaron la cara por la mayoría de los intelectuales que guardaron silencio cómplice cuando Fidel Castro les dijo hace 60 años en una reunión sobre los derechos de los escritores y artistas bajo la Revolución, “Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución: ningún derecho”.

Cuentan que muy pocos intelectuales expresaron su opinión, pero que uno profetizó como sería la vida de los creadores a partir de ese momento, Virgilio Piñera, destacado intelectual y poeta, quien le dijo al flamante mayoral del país transformado en finca: “Yo no sé ustedes, pero tengo mucho miedo, yo tengo mucho miedo”. Este hombre con miedo, fue, si contemplamos la historia, el más valiente de los cubanos en aquella reunión, muchos más que el dictador que devastó personalmente a Cuba por casi cincuenta años. Piñera fue la muestra de lo que le ocurriría a los intelectuales que no obedecieran al régimen, la oscuridad total, mientras lo que sirvieran al poder tendrían privilegios inimaginables, como fue el caso del “Che” de la trova, Silvio Rodríguez, que puso al servicio del crimen su indiscutible talento.

Sin embargo, no hay grilletes por bien forjados que estén que soporten los clamores de libertad. Cuando los reprimidos se percatan que nada les falta por perder y que solo les resta una vida miserable, asumen el deber de defender sus derechos y las fisuras de todo poder, se convierten en amenazadoras grietas en el mismo, y todo parece indicar que las protestas de San Isidro han servido a un sector importante de la sociedad cubana para asumir el protagonismo que le ha sido robado por décadas.

Esos jóvenes, quizás sin saberlo, reeditaban lo que los poetas Ángel Cuadra y Jorge Valls entre otros cubanos de su generación hicieron varias décadas antes cuando denunciaron la censura a la creación hasta que no les quedó alternativas que las de enfrentar el terror revolucionario. Lo que los profesores Ricardo Bofill y Elizardo Sánchez Santa Cruz promovieron años más tarde y los que poetas como Reynaldo Bragado Bretaña y periodistas de la estirpe de Rolando Cartaya realizaron en su momento.

Los hombres y mujeres de San Isidro le han dado una nueva oportunidad a los que vendieron su decoro al totalitarismo de recuperar la dignidad. Abrieron el portón de la vergüenza en el que pueden cobijarse, si rompen con un pasado de servicio a un régimen que ha denigrado la nación.

Los intelectuales que acataron el castrismo se transformaron en productores de consignas, en espantapájaros de sus propias quimeras y en fiscales y jueces del pensamiento ajeno, lo que condujo a otros a prisión y hasta la muerte. Ellos fueron parte de un entramado criminal del que aun, tal vez, puedan redimirse si son capaces de hurgar en los más profundo de su alma y encontrar el decoro que perdieron al servir una tiranía.

Valoración y propuestas sobre la dinámica desatada por el Movimiento San Isidro

Movimiento San Isidro protestas Tomado de Facebook Anamely Ramos González

A raíz de la dinámica desatada por el movimiento San Isidro y el apoyo espontáneo de centenares de cultivadores de las diferentes manifestaciones del arte alternativo frente al Ministerio de Cultura, se abre la interrogante. ¿El Viceministro de cultura, Fernando Rojas, actuó como parte de un segmento reformista que habita dentro de las esferas del poder, o, por el contrario, recibió órdenes de “dialogar” con una representación de los manifestantes en aras de ganar tiempo, desmovilizar a los congregados y finalmente desmantelar la protesta? Cabe la posibilidad de una variante mixta: inicialmente reaccionaron los reformistas y después se impuso el segmento más recalcitrante.

De cualquier manera, aquí se impone analizar qué deben hacer las fuerzas vivas prodemocráticas para avanzar en la consecución de esos objetivos. A la luz de otras experiencias ha quedado claro que la espontaneidad posee algunas ventajas, pero por sí sola no puede desatar una dinámica de cambios que culminen en la superación del totalitarismo. En otras palabras, se necesita apropiarse de un pensamiento estratégico-táctico que tenga previsto, entre otras cuestiones, qué hacer en el corto, mediano y largo plazo.

En regímenes de fuerza, que transiten por las postrimerías, como el que padecemos los cubanos, suele producirse un parteaguas: entre los blandos y los duros, o dicho,en otros términos, entre los que esperan procurarse un lugar en la posdictadura, casi siempre compuesto por jóvenes, y los más recalcitrantes, que apuestan por la conservación del status quo a cualquier precio. Los reformistas del establishment, gústele o no a algunos opositores, son una variable importante de la ecuación democrática cubana, a los cuales les debemos tender puentes.

De cualquier manera, la torpeza e intolerancia del castrismo desató una sinergia que agolpó centenares de nuevos activistas el 27 de noviembre, que más allá de la actitud del régimen, deben insistir en sus demandas: la libertad de Denis Solís, la libertad de creación artística, de prensa y de reunión, el acceder a los espacios establecidos, entre otros.

A juzgar por la avalancha represiva que se ha desatado, consistente en descalificar, presentar a la prensa estereotipos que ubican a todos los discrepantes en las antípodas del activista consecuente, arrestos domiciliarios o en estaciones de policía, cercos policíacos a los lugares de reunión y demás, mantendrá el atrincheramiento de siempre.

Dentro de la buena cosecha obtenida, está el apoyo recibido de parte de prestigiosas figuras de la cultura cubana de dentro y de la diáspora, de reputadas instituciones internacionales, de gobiernos extranjeros y de una buena parte del pueblo, que percibió para su satisfacción que algo bueno está en marcha. En la etapa de lucha sustentada, en mayor o menor medida, en una agenda de derechos humanos, se transitó del activismo al artivismo, pasando por la utilización de INTERNET como herramienta fundamental, claro que no todos forman parte de lo segundo, aunque son los protagonistas fundamentales de esta epopeya.

Considero: el gran retoque tienen las fuerzas vivas prodemocráticas es, lograr que lo sucedido el 27 de noviembre se expanda en círculos concéntricos a todo el universo de la sociedad civil autónoma; apropiarse de un capital simbólico ajustado a los mandatos culturales de la actualidad; proporcionar unas reglas mínimas para tomar decisiones y elegir a los representantes que vayan haciendo falta; reconsiderar, si así se acordase, qué tipos de influencias y presiones utilizar contra el oponente; lograr una forma más eficaz para comunicarse: con la sociedad, el universo de los activistas/artivistas, las instituciones internacionales y las oficiales, con la máxima de que se deben agotar primero las instancias nacionales; apropiarse de una metodología de lucha de probada eficacia y una filosofía vencedora, entre otras.

La peligrosa chispa del Movimiento San Isidro

Integrantes del Movimiento San Isidro se enfrentan a las autoridades con poesía. (Facebook/San Isidro)

'Los sin techo pueden organizar un movimiento okupa para ingresar a locales vacíos; los campesinos pueden producir solo para su autoconsumo si el Estado se niega a sus demandas; los emigrados pueden retener una parte de sus remesas.'

Con lecturas de poemas como novedoso método de protesta por el encarcelamiento de uno de los suyos, el Movimiento San Isidro (MSI), un grupo heterogéneo de jóvenes poco conocido hasta ahora, ha asestado un duro golpe al Estado totalitario cubano cuyo principal pilar de sustento es el derrotismo ciudadano.

La elite de poder calculó mal sus posibilidades. Creyeron haber controlado la situación en el recinto de Damas 955 del barrio San Isidro. Supusieron haber liquidado la situación manteniendo a Denis Solís en prisión, mientras que Luis Manuel Otero Alcántara y Maikel Osorbo —todavía en huelga de hambre— y las tres mujeres más destacadas del grupo, Omara Ruiz, Anamely Ramos e Iliana Hernández quedaban bajo control policial.

Cuando todo parecía haber concluido, fue entonces que primero 50 personas y luego una suma de alrededor de 300, en su mayoría jóvenes artistas, se congregaron espontáneamente frente al Ministerio de Cultura. Eran portadores de un manifiesto que se solidarizaba con los integrantes del Movimiento San Isidro. Apuntaban a reclamos gremiales sobre la libertad de creación artística, pero también reclamaban libertades ciudadanas de expresión y pensamiento que son la negación de un régimen totalitario. El manifiesto era una suerte de declaración de independencia ciudadana del Estado totalitario cubano. Iba contra el apotegma fidelista "dentro de la revolución todo". Visto del modo que se quiera, el MSI se anotó una importante victoria como galvanizador de la conciencia nacional.

Los sistemas de partido único pueden coexistir con el mercado, pero no con las libertades políticas y civiles.

La Seguridad del Estado creó un perímetro alrededor de la protesta para impedir el paso a nuevos manifestantes y llegó a emplear —algo novedoso en Cuba— gases lacrimógenos a ese fin. También concentró fuerzas policiales y paramilitares en las cercanías para lanzarlos contra los manifestantes cuando se diese la orden. Pero esta vez ya algunos miembros de la prensa extranjera estaban presentes y no pudieron segregarlos a palos, como ya habían hecho poco antes en una protesta en el Parque Central.

Entran en juego los operadores políticos del Estado represivo

Con esa limitación mediática sobre el uso de la fuerza, el peso de la gestión para manejar el conflicto recayó en el brazo político del Estado totalitario: esta vez, el viceministro de Cultura y un reducido grupo de operativos políticos. Pero el MSI y la manifestación frente al Ministerio de Cultura ya habían saltado a la primera plana de los principales medios y agencias de prensa internacionales.

La misión encargada por el poder militar a esos burócratas fue apaciguar a los manifestantes sin alcanzar compromisos y así lograr —como quien desactiva una bomba— que se disolviera la multitud y regresaran a casa, al menos por una semana.

Ese plazo le permitiría al G2 actualizar sus perfiles para dedicarse a dividir grupos y personalidades, mediante el empleo de su arsenal de medidas activas, para echar a pelear a unos contra otros, además de llevar a todos esos disidentes ante "el otro paredón" del asesinato público de su reputación.

El brazo político del aparato represivo, en este caso operado por la burocracia cultural, ya se apresta a poner en marcha un dispositivo disuasivo de mediano plazo: encaminar el proceso en conversaciones que no constituyan genuinos diálogos ni negociaciones para que no lleguen a desembocar en algo productivo. Conversaciones sin terceros independientes que puedan actuar de mediadores, en recintos oficiales y con un representante del Estado controlando los micrófonos y la lista de oradores. Conversaciones sin transparencia ni grabaciones o actas, en que los anuncios públicos, si los hubiese, son dados por el Estado. Conversaciones bajo la dominación y hegemonía del Estado opresor.

Esa estrategia les ha resultado exitosa en ocasiones anteriores. Pero, ¿podrán serlo en las actuales circunstancias? ¿Serían aceptables esas condiciones para los representantes del "Estado llano" en la Cuba de 2020?

El modo en que terminó la jornada de protesta multitudinaria frente al Ministerio de Cultura indicaría que el régimen logró sacar algún partido inicial. En ello probablemente pesó la espontaneidad y rapidez de los acontecimientos, así como la ausencia de un liderazgo colectivo en el grupo de personas que se sentaron con los operarios políticos del Estado policial.

Cruzar el umbral de la verja ministerial sin adecuada preparación facilitó que el Gobierno alcanzara su objetivo inmediato: ganar tiempo. También logró disolver a los manifestantes sin usar la fuerza, y obtuvo un plazo de preparación para enfrentarlos en mejores condiciones.

Sin duda habría sido aconsejable establecer precondiciones que, por obvias y razonables, hubiesen puesto en desventaja a sus potenciales interlocutores frente a la opinión pública. Era el momento de mayor debilidad del Estado para reclamar la liberación de Denis Solís, el levantamiento del control policial sobre los miembros del MSI y el cese de la ocupación policial del domicilio de Otero que sirve de sede al Movimiento. No se trataba de alguna cosa que no pudiera satisfacer de inmediato o que resultase extraordinaria. Todo el conflicto se había iniciado con la detención arbitraria y sanción sumaria de Denis. Y la opinión pública habría comprendido que no es posible iniciar ningún intercambio serio con aquellos que se resisten a liberar rehenes en estado de precaria salud. Era la señal de buena fe que tenían que haber aportado los operarios políticos del Estado policial.

"El juego no se ha acabado hasta que termina"

Pero lo ocurrido no es definitivo. Por lo que utilizar la descalificación prematura de los jugadores, en lugar de criticar jugadas cuestionables, quizás no sea lo más útil en este momento. Las inevitables improvisaciones, discrepancias y errores que se dan en estos procesos, sean superficiales o de fondo, son manejables. Y como decía un famoso receptor de Grandes Ligas: "el juego no se ha acabado hasta que termina".

Lo más importante de lo ocurrido en la noche del sábado no fueron los eventuales errores que alguien pudiera señalar —con más o menos razón— a algún interlocutor, sino el nacimiento de algo de mucha mayor magnitud que marca un antes y después en la actual coyuntura. Algo más trascendental que el propio MSI y el gremio de creadores en su conjunto.

La resignación y desconexión que alimentan la apatía cívica han sido sacudidas. Y la noticia de ese insólito hecho, en un país donde se supone que todo está bajo control, trascendió mucho más allá del muro del malecón habanero. Nada será igual después de esta jornada. La apatía, principal pilar del régimen, ha sido perforada.

El Movimiento San Isidro, usando como medio de protesta la lectura pública de poemas, y su disposición a morir ha obligado al Estado cubano a mostrar su naturaleza represora ante el mundo. Mala cosa para la elite de poder en este momento. El contexto no puede serle más adverso. Hay una vasta pradera seca esperando una chispa que la incendie.

Inepta, la elite de poder espera que la Administración Biden y la Unión Europea vayan a su rescate ante el vacío de subsidios que ahora padecen por la crisis venezolana. Necesitan, una vez más, maquillar el sistema totalitario para facilitar la obtención de créditos —que no pagarán— con los que financiar la represión en medio de la más grave crisis del país desde la década de los 90.

Medidas aisladas como la supuesta privatización de restaurantes estatales pueden fabricar titulares de prensa, pero no les van a lavar la cara. Mucho menos si la población sacude su docilidad en medio de esta crisis.

La insumisión que la chispa del MSI ha inspirado en el sector creativo puede extenderse a otros grupos de población: los sin techo pueden organizar un movimiento okupa como el de otros países para ingresar a locales vacíos; los campesinos pueden producir solo para su autoconsumo si el Estado se niega a las demandas de su propuesta "Sin Campo no hay País"; los emigrados pueden retener una parte de sus remesas hasta que el Gobierno acepte la plenitud de sus derechos nacionales y las entregue directamente en dólares a sus familiares, y así sucesivamente.

La demanda más subversiva del MSI en medio de su huelga de hambre fue la de que cerraran las tiendas en dólares. Esa exigencia corrió como pólvora en las largas colas para comprar comida de gente que no tienen internet, pero a quienes les llegó, boca a boca, que alguien estaba dispuesto a inmolarse por ellos. La situación se le puede complicar muchísimo más a un Gobierno que no acaba de entender que está en territorio nuevo donde sus viejas tretas pueden ser un bumerán.

Como diría Yogi Berra: "Este juego se acaba cuando termine".

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