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Opiniones

Héroes olvidados: Matos, Menoyo, Chanes y Peñalver...enfrentaron a Batista y a Castro

Huber Matos junto a Fidel Castro (derecha).

La muerte de Fidel Castro obliga a contrastar sus panegíricos con los testimonios de quiénes lo adversaron y son los verdaderos héroes cubanos que el mundo debería admirar.

No deja de sorprender la ola de elogios a la figura de Fidel Castro y el carácter planetario que se ha reservado a su desaparición. Era previsible. Es el resultado del inmenso capital que invirtió desde los comienzos de su irrupción en el escenario político cubano.

Es de hecho una de sus obras mayores: la creación de su propio personaje. Genio de la propaganda política, forjador de su propia imagen, político convertido en actor, la presencia avasalladora del cuerpo expuesto en actitud incitadora al afecto, la performance antes de que existiera este género que hoy cunde en el mundo.

Fidel Castro logró imponer su imagen hasta convertirla en parte del imaginario colectivo de allí que no le importara, durante el período senil de su vida, mostrar su decadencia física. Los diarios y los semanarios europeos vienen repletos de galerías de fotos del caudillo cubano durante los momentos estelares de su vida. Las del anciano de los últimos años, han desaparecido del escenario.

Para América Latina, la influencia del castrismo ha significado una involución de la democracia en el continente. De hecho, desde la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, la historia de América Latina se ha caracterizado por el forcejeo, no entre izquierda o derecha, sino entre democracia y totalitarismo.

Forcejeo que debutó en Venezuela con la visita de Fidel Castro a Caracas en enero de 1959, en donde falló su capacidad de seducción. Rómulo Betancourt no sucumbió al encanto del cubano, poseía elementos para desconfiar de éste.

El otro aspecto en el que destacó el genio de Fidel Castro, es en el sistema de control de la sociedad cubana, y en su complemento, donde el sistema carcelario alcanza niveles de perfección.

El sistema represivo cubano es uno de los más sofisticados y crueles que existen. La represión, la tortura, los desaparecidos, las vejaciones, son Los verdaderos héroes

La muerte de Fidel Castro obliga a contrastar sus panegíricos con los testimonios de quiénes lo adversaron y son los verdaderos héroes cubanos que el mundo debería admirar. métodos exclusivamente adjudicados a las dictaduras militares.

El régimen cubano está eximido de eso, cuando en realidad, se le puede considerar como uno de los mayores logros. Convertir a todo un país en ciudadanos dóciles, infantilizados bajo el peso de un padre abusivo “al que le deben todo”, gracias al férreo e inhumano sistema de represión que se practica en la isla y sin embargo, lo de Castro, goza del privilegio de la legitimidad que se les reserva a los totalitarismos comunistas.

Sin embargo, miles de cubanos no han sido dóciles y desde muy temprano se rebelaron contra el régimen de Castro, pero el avasallamiento mediático del regimen impidió que se conozca la larga y heroica gesta de los cubanos que desde 1960 emprendieron una lucha en solitario contra los designios totalitarios de Fidel Castro. La mayoría de estos “alzados” conocieron el paredón.

Algunos, en tanto que rehenes, tras muchos años de prisión, fueron canjeados en diferentes momentos en que Castro, siempre seductor, deseaba obtener la simpatía de un Jimmy Carter, o de Danielle Mitterrand.

Ernesto Díaz Rodríguez, el más joven y todavía activo, fue condenado a 40 años de cárcel por enfrentarse al régimen. Liberado en marzo de 1991, después de pasar 22 años preso. Durante su cautiverio, escribió sus vivencias y las de sus compañeros sacandolas en trocitos de papel biblia escritos con una letra mínima, apretujada, legible sólo por él, que al recobrar la libertad logró transformar en libro Rehenes de Castro. Es uno de los testimonios más trágicos y terribles sobre el universo penitenciario cubano y yo diría del mundo.

En uno de los capìtulos más conmovedores, narra el final de la vida del líder estudiantil cubano Pedro Luís Boitel tras 52 días de huelga de hambre. La figura de Pedro Luís Boitel es ejemplar para los demócratas cubanos, por tratarse de un líder estudiantil que se opuso desde muy temprano al régimen. Boitel tiene también un significado para Venezuela donde estuvo exiliado y se incorporó a la lucha contra Pérez Jiménez, prestando sus servicios de técnico radial en una estación de radio clandestina de la oposición en Caracas.

Retornó a Cuba y a la universidad. Fue postulado para ocupar la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en la Universidad de La Habana. Fidel Castro intervino personalmente, como siempre lo ha hecho, e impuso su propio candidato. Detenido en 1961 y sentenciado a diez años de cárcel.

En 1972, ya habiendo cumplido su condena, le imponen cargos adicionales extendiendo la sentencia. En realidad, el sistema carcelario cubano determina que el preso que se niega a “rehabilitarse”, es decir, a convertirse en colaborador del régimen, se le somete al sistema de “recondena”.

Mantenido en régimen de incomunicación, como la mayoría de los presos políticos de Cuba, no le quedó otra alternativa como medio de presión que la huelga de hambre. “Tampoco él parecía respirar; aplastado en su cama por el peso del hambre, se iba muriendo a chorros ese día. Era el 24 de mayo de 1972. La víspera de su partida hacia la inmensidad de la nada. Su última jornada de vida”. Cincuenta y dos días llevaba Pedro Luis Boitel sin ingerir alimento cuando cayó en estado de coma.

Díaz Rodríguez va narrando en su libro las atrocidades cometidas contra los presos: Lidia Pérez López, asesinada a patadas en la cárcel de Guanajay, en 1961, cuando se encontraba en estado de gestación. Ernesto Díaz Madruga muerto a bayonetazos en el presidio de Isla de Pinos. Le arrancaron la vida a Julio Tang Texier, asesinado de la misma forma en el campo de trabajo forzado de Isla de Pinos el 3 de septiembre de 1966.

Los jóvenes Raúl Valmaceda, Mario Fernández Rico y Rafael Peña Torres, ametrallados a mansalva en la cárcel de Boniato el 19 de marzo de 1971 y así sucesivamente, la lista de asesinatos se hace interminable.

Jorge Valls (1933 - 2015), escritor, poeta, poseedor de una erudición ilimitada, es el personaje más conmovedor que he conocido. Cristiano, escribió un bello y terrible testimonio de su experiencia en la cárcel Mi enemigo mi hermano, en el que no menciona nunca el nombre de Fidel Castro.

Por decisión de Fidel Castro se le condena a 20 años de prisión en 1964 por defender a un amigo, Marcos Rodríguez, acusado de delatar a las víctimas de una matanza que tuvo lugar en La Habana tras el fallido asalto al Palacio Presidencial.

En realidad se trataba de una de esas puestas en escena organizadas por Fidel Castro, con el objeto de deshacerse de aquellos que obstaculizaran su poder absoluto, en este caso, los antiguos comunistas de los cuales ya se había servido y ya no necesitaba más y podían hacerle sombra.

Valls no ignoraba lo inútil de su gesto, pero concurrió a declarar en el juicio de su amigo. Fue apresado y condenado a 20 años de cárcel que cumplió hasta el final. Al ser liberado, fue recibido por Juan Pablo II, al que le entregó un puñado de tierra que había recogido del terreno en donde habían fusilado a tantos compañeros suyos.

Eusebio Peñalver, (+ 2006) un mulato fornido que respiraba la vitalidad, quien tras el golpe de Batista se unió a la guerrilla. Se dice que Mandela fue el prisionero negro que más años pasó en la cárcel: 26 años. Eusebio Peñalver, pasó 28 años batiendo el récord. Fue uno de los guerrilleros del Che Guevara en los últimos días de la guerra. Pero muy pronto se percató de que Fidel Castro “se había burlado del pueblo cubano”. Detenido en 1960 por haber tomado de nuevo las armas contra la dictadura en ciernes de Castro. No fue fusilado, como lo fue la mayoría de los “alzados”, gracias a su piel negra pues se suponía que la misión de la revolución era la liberación de los negros.

Así narra sus experiencias en los diferentes lugares en donde cumplió condena: “Estuve en la prisión de Isla de Pinos; luego La Cabaña y Boniato, en la que dejamos a tantos compañeros asesinados a tiros, bayonetazos o en huelga de hambre. El plan de trabajos forzados de Isla de Pinos fue brutal, sádico y asesino: seres humanos comiendo hierbas, sumergidos en “mojoneras”, (en las en la zanja donde desembocaban todos excrementos del presidio de Isla de Pinos) masacrados a mansalva”.

Mario Chanes de Armas (1927- 2007) es el preso que más años ha pasado en la cárcel: 30 años sin haber cometido delito alguno, simplemente se negó a colaborar con el régimen por el que había combatido más que ningún otro, pues participó en el célebre “Ataque del Cuartel Moncada” y en el desembarco del yate Granma.

Fue condenado junto a sus camaradas de entonces entre los que se encontraba Fidel Castro a la prisión en Isla de Pinos, más tarde con el indulto de Batista en 1955 se asila en Miami, es convocado por Fidel Castro para viajar a México para que participe en la expedición del yate Granma, desembarca en Cuba el 2 de diciembre de 1956. A partir del 1° de enero de 1959, colabora con el alto mando de la revolución. Se da cuenta de los manejos internos del nuevo poder para limitar la recién conquistada democracia, decide alejarse del entorno de los hermanos Castro y se aísla en su casa, negándose a continuar colaborando con la nueva clase dirigente.

Fidel Castro no admite ese tipo de desacato. Prisionero, es condenado a 30 años de cárcel que cumple hasta el final. En la cárcel supo del nacimiento y muerte de su único hijo Mario, de veintidós años. Como todos los presos llamados “Los Plantados”,(se negaron a rehabilitarse y a colaborar con el régimen) pasó siete años en una celda de castigo, desnudo, sin ver el sol, durmiendo sobre una laja de cemento.

Fotografía de archivo del 22 de diciembre de 2008 de Huber Matos, el único de los comandantes históricos de la revolución cubana exiliado
Fotografía de archivo del 22 de diciembre de 2008 de Huber Matos, el único de los comandantes históricos de la revolución cubana exiliado

Huber Matos (1918-2014) comandante de la revolución, formó parte del grupo de los comandantes históricos, se le ve al lado de Fidel Castro sobre un tanque cuando llegan a La Habana en enero de 1959. Matos también renunció cuando se hizo evidente que la revolución se encaminaba hacia el comunismo y decidió también irse a su casa. Fidel Castro percibió el peligro que significaba tener de opositor a un hombre que gozaba de un inmenso prestigio en las filas de las nacientes FAR. Matos no fue fusilado para no crear ronchas en las filas del ejército en donde gozaba de gran prestigio. Terminó siendo sentenciado a 20 años en prisión.

Eloy Gutiérrez Menoyo, ex prisionero político cubano
Eloy Gutiérrez Menoyo, ex prisionero político cubano

Eloy Gutierrez Menoyo fue uno de los comandantes de la Revolución Cubana de 1959. El tercero, junto al Che Guevara y William Alexander Morgan (este último, norteamericano, fue fusilado). En enero de 1961, contrario a la línea marcada por Fidel, abandonó Cuba, pero en 1964 retornó clandestinamente a la isla. La pena le fue conmutada por 30 años de cárcel. Fue liberado en diciembre de 1986 tras la gestión del entonces presidente del Gobierno español Felipe González .

Ninguno de estos ex presos políticos mencionados colaboró con la dictadura de Batista: todos lucharon contra, al igual que lucharon contra la dictadura de Fidel Castro. Hoy el mundo los ignora, mientras llora por el que les destruyó la vida.

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El ex oficial de contrainteligencia que languidece en una prisión de Cuba por hacer lo correcto

Ernesto Borges Pérez

El autor del “Otro Comunismo”, Kewes S Karol, afirmaba que para formar a un buen militante comunista lo más apropiado era enviarlo a la Universidad de La Sorbona, en París, o alguna similar, pero si se quería lo contrario, formar a un anticomunista de fuertes convicciones, lo conveniente sería remitirlo a la Universidad Lomonosov de Moscú, o a la Patricio Lumumba.

En las universidades mencionadas, también en otras, estudiaron muchos cubanos de mi generación y de las siguientes. Sería válido entonces imaginar que algunos de ellos integran el sicariato del castrismo, y que otros, decepcionados del régimen insular, terminaron en prisión por intentar cambiar el sistema.

Uno de esos estudiantes tal vez fue Ernesto Borges Pérez, nacido en 1966, en plena efervescencia del castrismo, cuando las falsas promesas de un mundo mejor estaban en su apogeo.

Eran tiempos en que se fusilaba sin piedad y cualquier transgresión implicaba una condena de treinta años, realidad que la mayoría de la gente ignoraba. Recordemos que desapareció hasta la crónica roja de los medios informativos. De la noche a la mañana no había crímenes pasionales, ni robos, ni asaltos.

Las tragedias familiares o personales eran silenciadas. El conjunto de la población ignoraba los crímenes y abusos en los que incurría el castrismo sin piedad y sin descanso. Castro condujo a la población a vivir bajo un manto de mentiras. Algunas de ellas, las más divulgadas, eran que la oposición estaba compuesta por traidores a la nación que servían a Estados Unidos, que Ernesto Guevara era un superhéroe, una especie de Capitán América del socialismo, y por último, que la inmensa mayoría del pueblo, lo mejor del país, era revolucionaria.

El castrismo vendió muy bien su veneno a la población, particularmente a los jóvenes, y aunque un porcentaje de ella, por diversos motivos no creyó el cuento, si hubo muchos que se convencieron de que en Cuba se construía un país mejor, y devotamente se sumaron a la propuesta revolucionaria con fervor.

Borges Pérez fue uno de muchos que creyó en el proceso, pero la dictadura se equivocó al enviarlo a estudiar a la escuela Superior de la KGB en Moscú en los tiempos particularmente peligrosos de la “perestroika” y la “glasnost”.

Aparentemente la afirmación de Karol lo envolvió y lo condujo a la realidad. Al poco tiempo de su regreso a Cuba era un hombre diferente, los aires soviéticos lo cambiaron, lo llevaron a concluir que había que confrontar al régimen en el cual había creído.

En la Isla empezó a trabajar en la Dirección General de Contrainteligencia. Posteriormente fue trasladado a otro departamento como analista, hasta ser nombrado primer oficial en el trabajo de enfrentamiento con la otrora Sección de Intereses de Estados Unidos, donde elaboró la política de enfrentamiento de 1998.

Borges Pérez, contrario a sus compañeros de estudios y profesión, se decidió a ver y escuchar lo que ocurría verdaderamente en el país. Apreció la vasta y profunda corrupción económica y política del castrismo y enfrentó el sistema desde dentro, asumiendo grandes riesgos, puesto que sus actividades podían implicar la pena de muerte. Aceptó el desafío de luchar por la libertad y la democracia.

El capitán Ernesto Borges Pérez fue arrestado en 1998, año de la captura de la “Red Avispa”, el mayor grupo de espías castristas apresado en Estados Unidos. Fue acusado de intentar pasar información sobre otros 26 espías que la dictadura preparaba para infiltrar en suelo estadounidense a un funcionario de ese país.

Los esbirros de la dictadura se han ensañado con un joven que asumió a plenitud su prerrogativa de pensar libremente. 21 años tras las rejas, de ellos, al menos 10 en celdas de aislamiento sin ventilación y oscuridad.

Actualmente se encuentra recluido en el Combinado del Este, enfermo, conviviendo con más de 200 presos comunes de alta peligrosidad y en un régimen sin luz que se extiende de 7:00 de la mañana a 7:00 de la noche.

El ex oficial Borges Pérez languidece en prisión a sus 53 años porque escogió el camino más difícil para un ser humano con dignidad, “cumplir con su deber”.

Bolivia, el derecho a la rebelión

Jeanine Añez, presidenta interina de Bolivia, saluda a la cúpula militar durante una ceremonia en La Paz.

La firme embestida de la resistencia boliviana contra la dictadura castrochavista de Evo Morales lo obligó a abandonar el poder. La voluntad del pueblo se impuso a la represión y al fraude. Las fuerzas policiales y los institutos armados simplemente rechazaron usar la violencia contra quienes reclamaban el derecho a ser libres. No hubo golpe militar, ni otra gestión que se aproxime.

El déspota renunció. El vacío de poder que creó con sus acciones no fue llenado con uniformados, sino con una senadora opositora, Jeanine Añez, que ha prometido convocar a nuevos comicios.

Morales está fuera del gobierno. Exiliado en México como otros muchos bolivianos tuvieron que hacer durante su mandato. En realidad merecía la cárcel, sus abusos fueron muchos, incluida esta última manipulación electoral que la OEA condenó con energía.

Afirmar que Morales fue depuesto por un golpe es cambiar la realidad. Los institutos armados bolivianos, incluidas las fuerzas policiales, respaldaron al déspota en todos sus intentos para perpetuarse en el poder. Hubo excepciones, pero no las suficientes.

Lo abandonaron cuando se les presentó la alternativa de que para ser leales al verdugo tendrían que reprimir al pueblo con toda la fuerza del Estado. Por suerte primó el sentido de nación en las fuerzas castrenses bolivianas, y dejaron a un lado el “Patria o Muerte, Venceremos”, un lema castrista que Evo Morales impuso en las Fuerzas Armadas en el 2010.

Ningún general golpista le escribe a su jefe de gobierno como lo hizo el jefe del Ejército, Williams Kaliman, horas antes de su dimisión: “Después de analizar la situación conflictiva interna, sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”.

La conducta de las Fuerzas Armadas fue consecuencia de la rebelión popular. La toma de conciencia ciudadana fue tan vigorosa que llegó a los cuarteles y estos decidieron retirarle su respaldo a Morales, no lo derrocaron.

No hay dudas de que fue una estrategia costosa en vidas y bienes, empero era la única alternativa a una confrontación armada que sería mucho más traumática para la nación. El pueblo actuó cuando se percató que la vía electoral estaba viciada. Cuando vio el descomunal fraude que buscaba perpetuar un régimen de odio y falsedades.

Lo ocurrido en Bolivia es un claro mensaje a todos los opresores de que el miedo puede ser vencido, y un mandato de esperanza a los avasallados, de que la rebelión es viable cuando se interpreta la voluntad de las mayorías. No en vano la propia declaración universal de los Derechos Humanos reconoce esa prerrogativa ciudadana.

El pueblo boliviano demostró que cuando el ciudadano se dispone a hacer uso de la soberanía, conmueve a las estructuras del poder y puede destruirlo. Además de que la resistencia no debe pautarse, que la espontaneidad popular no debe ser castrada, y que las acciones contra el despotismo, aunque parezcan contradictorias, resultarán exitosas si están orientadas al mismo objetivo.

La gesta de la resistencia boliviana contra Morales marca un precedente exitoso en la confrontación con los regímenes que representan el modelo del Socialismo del Siglo XXI. Evo Morales, de todos los déspotas de esa estirpe, fue el más ortodoxo, cumplió al detalle las instrucciones de sus patrocinadores, en particular las relacionadas con la manipulación de la gestión electoral y la creación de un clientelismo político afín a sus intereses. No obstante, una vez más se comprobó que no hay propuesta política consolidada, bien atada, si el pueblo decide cortarla.

Huelga afirmar que este final feliz de la autocracia de Evo Morales no significa la destrucción de la propuesta que encarnó en su país y que representan Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. Todavía mas, los bolivianos tienen que seguir alertas, estar pendientes de maquinaciones nacionales e internacionales que trataran de revertir los resultados.

Las acusaciones de golpe de Estado tienen como objetivo restarle legitimidad a la revuelta. Buscan contaminar la victoria popular y que el nuevo Gobierno no tenga el reconocimiento que merece.

Evo Morales aseguró a su llegada a México que continuará la lucha, y no es de dudar que cumplirá sus promesas. Aislar a las nuevas autoridades es su objetivo y desestabilizar al país el método.

Los populistas marxistas han demostrado ser capaces de generar caos y crear crisis estructurales para tomar el poder. Saben también que la solidaridad política no es una virtud de los demócratas del hemisferio, y que es fácil que estos abandonen a sus aliados naturales cuando están sometidos a ataque.

Los bolivianos deben estar listos para defender su victoria, e impedir que les escamoteen las esperanzas como le pasó al pueblo venezolano en el 2002.

Sosa Fortuny: El presidio político cubano está de luto

Armando Sosa Fortuny. (Archivo)

Armando Sosa Fortuny fue, para el régimen de los hermanos Castro, un hombre a destruir, objetivo que no alcanzaron porque “Sosita”, como le dirán siempre sus amigos, escogió morir cumpliendo con su deber, que conduce a la inmortalidad.

Sosita” fue un hombre de su tiempo, un individuo de fuertes convicciones, capaz de defenderlas aunque pusiera en riesgo su vida, actitud que asumió numerosas veces durante su existencia. La dictadura, poniendo en práctica su histórica crueldad, lo dejó morir en prisión, sin importar su avanzada edad y sus muchas enfermedades.

Armando actuó como se hacía en el pasado, cuando los gobernantes instauraban dictaduras, controlaban el país y clausuraban las vías democráticas.

Asumió como suyo el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce que el hombre tiene el recurso supremo de la rebelión contra la tiranía y la opresión, parte importante de la Declaración que, al parecer, incomoda a muchos de sus propios defensores.

Armando desafió el totalitarismo cuando los que hoy tienen sesenta años no habían nacido. Lo hizo, aunque nunca fue declarado preso de conciencia, con la dignidad y la entereza que les ha faltado a muchos, remedando a José Martí.

Con solo 18 años salió de Cuba clandestinamente, pero no arribó al exilio para vivir mejor, se preparó para luchar por la democracia y la libertad de su Patria.

Luchó, pero no atacó una escuela. No patrocinó actos violentos contra civiles. No traficó con drogas, no protagonizó episodios terroristas como lo hicieron por décadas los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que, a pesar de sus múltiples crímenes, dialogaron con el gobierno de su país bajo el auspicio del régimen que impulsó la subversión en todo el continente.

Tampoco imitó a Yasser Arafat organizando actos de violencia indiscriminada en los que perecían numerosos inocentes, a pesar de los cuales fue honrado con el Premio Nobel de la Paz.

Sosa Fortuny desembarcó en Cuba en octubre de 1960 con la misión de derrocar el régimen de los hermanos Castro. Uno de sus compañeros murió en combate y diez fueron fusilados, entre ellos, tres norteamericanos.

Permaneció 18 años en prisión. Estuvo en numerosas cárceles. Trabajó forzado en el Plan de Trabajo Camilo Cienfuegos, reclusorio de Isla de Pinos donde, junto con otros compañeros, recuerda Enrique Ruano, fundó la Organización de Juventudes Anticomunista.

La cárcel no le quebró. Su compromiso se fortaleció, y cuando le excarcelaron, de nuevo partió de Cuba para retornar con el objetivo de su vida: derrocar la dictadura.

En 1994, con 52 años, retornó el combate. No por amor a la violencia, sino por convicción. No pensó en la tranquilidad de un hogar, ni en la seguridad económica, simplemente respondió, una vez más, a su compromiso de luchar por sus ideales.

Partió junto a Jesús Rojas, José Ramón Falcón, Miguel Díaz Bouza y Eladio Real Suárez. Los dos primeros ya están en libertad.

Desembarcaron en las proximidades de Caibarién,con la intención de organizar una fuerza irregular para combatir la dictadura en las legendarias montañas del Escambray, donde, en la década del 60, miles de cubanos lucharon contra el comunismo.

Posterior al desembarco, en un enfrentamiento a tiros, murió el ciudadano Arcelio Rodríguez García. Sometidos a juicio, Real Suárez fue condenado a muerte. Posteriormente la sentencia fue conmutada por 30 años.

Sosa Fortuny cumplió, en este segundo encarcelamiento, 25 años de una sanción de 30. Enfermo y sin pedir cuartel, pasó 43 años de prisión, donde envejeció, enfermó y murió cumpliendo a su manera con la Patria.

Su ejemplo puso en evidencia la conducta de muchos gobiernos, organizaciones no gubernamentales, dirigentes políticos y sociales que han practicado una indulgencia criminal a favor del castrismo. Muchos son los que han preferido no escuchar el espantoso retumbar de los fusiles frente a los paredones de fusilamiento o el clamor de silencio de más de medio millón de hombres y mujeres que han pasado por las cárceles estas seis décadas.

Sosita” actuó a su manera y por convicciones. Entregó su vida entera a Cuba, por eso, como escribiera el Apóstol: “Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe; empieza, al fin, con el morir, la vida”.

20 de Mayo y refundación Castrochavista

El mandatario de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez a su llegada a la segunda toma de posesión de Nicolás Maduro al frente de Venezuela el 10 de enero de 2019. (AFP).

Los cubanos de las tres últimas generaciones tienen muy poco respeto y conocimientos por la historia republicana, porque desde el primero de enero de 1959 se inició una campaña de descrédito contra la República con el objetivo de recrear un pasado del cual todos los insulares se sintieran avergonzados.

Esa gestión fue parte esencial del proyecto castrista de refundación nacional. Era imprescindible presentar un país sin valores ni progresos, tampoco soberanía, para justificar un proyecto contrario al sentir nacional que hiciera posible violentar hasta la raíz las normas y costumbres de la nación.

Lo primero fue restarle trascendencia a las fiestas patrias y relevancia a los patricios de las gestas independentistas. Hubo esfuerzos por cambiar símbolos nacionales como la bandera, pero no avanzaron en ese proyecto. La historia republicana fue editada en su totalidad, solo aquellas figuras y acontecimientos que tenían algún vínculo con el nuevo régimen fueron respetados y magnificada su importancia.

Las costumbres fueron alteradas o suprimidas como ocurrió con la Semana Santa y las festividades religiosas de fin de año. El nuevo país partía de cero y su advenimiento se celebra el 26 de Julio y no el 20 de Mayo. Hasta el vestir fue censurado y la urbanidad ciudadana un rezago burgués.

La nomenclatura castrista entendió que si no se mostraba un pasado vergonzoso en el que la miseria moral y material estaba generalizada, donde la discriminación, violencia y abusos eran las normas, más una clase dirigente solo interesada en su beneficio propio y al servicio de una nación extranjera, Estados Unidos, maniobra que convertía a ese país de un solo golpe en el enemigo histórico de Cuba, no solo de la Revolución, no sería posible conseguir obreros y capataces que trabajaran para construir el edén que los Castro prometían.

El odio, el sectarismo, la discriminación de todo tipo junto a la destrucción de los patrones de conducta ciudadanos, fueron las recetas que usó el nuevo régimen, siempre aderezada con una fuerte poción de miedo, para exterminar a la Cuba que conocíamos y empezar a construir la de los Castro.

En realidad no fueron Hugo Chávez y sus compañeros de viaje, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa los pioneros en manejar con acierto la estrategia de demonizar el pasado, avergonzar a los connacionales al descubrirle una república execrable y formular pautas que condujeran a legitimar las acciones del gobierno, por medio de otra constitución que instituyera nuevos poderes públicos con funcionarios leales al país supuestamente recién fundado.

Las propuestas chavistas de una constitución originaria y poderes originarios era el fundamento de su plan. Estaban reinventando el país, generando espacios para moldear a su antojo las nuevas instituciones, tal y como si el pasado no hubiera existido.

Paradójicamente en Cuba el término originario no tenía relevancia porque el nuevo régimen no era producto de elecciones, sino consecuencia de una rebelión armada que sustituyó un gobierno militar por otro, que a su vez derivó en una cruenta dictadura que estableció un régimen totalitario.

La implementación de las nuevas normas e instituciones se produjeron muchos años después porque en la Isla la violencia fue fuente de derecho, parafraseando una inexplicable resolución de la Corte Suprema de Justicia de Cuba en la madrugada del primero de enero de 1959.

En Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador los déspotas llegaron al poder por elecciones, lo que demostraba que a pesar de las lacras que denunciaban esos países por vivir en democracia eran perfectibles, había espacios para mejoras y cambios que no tenían que ser precisamente los que ellos prometían. El propio dictador Hugo Chávez dijo que juraba ante una constitución moribunda, un rotundo desmentido a todas las acusaciones que proferían.

El proyecto cubano estaba orientado a crear una nueva historia, un pasado que avergonzara a la ciudadanía, en particular a las nuevas generaciones y en base a ese inventario educar a la medida y conveniencia de la casta del 26 de Julio.

Es cierto que los primeros 31 años la soberanía de Cuba estuvo limitada por un apéndice constitucional impuesto por Estados Unidos, pero a partir de su derogación, en lo que se pudiera llamar la Segunda República, el país asumió todas sus prerrogativas hasta la conversión de la isla en una satrapía soviética, 1959, por conveniencia de los hermanos Fidel y Raúl Castro y los sicarios que les han servido por décadas.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Televisión Martí.​

El fracaso de las conversaciones Maduro-Guaidó en Oslo

Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, sube a una tarima improvisada para hablarle al público en Caracas el 1ro de mayo de 2019. (AFP).

La falta de continuidad en los contactos primarios que representantes de Maduro y de Guaidó sostuvieron en Oslo, tiene su explicación en factores ajenos a ambos líderes. Guaidó había recibido seguridades desde La Habana de poder lograr sus objetivos: eliminar a Maduro (Sic), nombrar un gobierno de transición y organizar elecciones limpias. El llamado “Grupo de Contacto” -que propició el encuentro- tomó como base la oferta de Trump a Cuba para retirar sus hombres de Venezuela a cambio de una “nueva apertura”, lo cual animó a los cubanos para eliminar a Maduro, dejando a Padrino al frente del ejército y a Cabello al frente del partido.

En estos planes se garantizarían los objetivos de Guaidó, pero el chavismo quedaría intacto y los intereses cubanos podrían encaminarse adecuadamente, además de resolver sus graves problemas internos con la ayuda de la prometida “apertura de Trump”. En estos planes había dos perjudicados: Por un lado Nicolás Maduro, que sería sacrificado por La Habana; por otro lado, la oposición política cubana de Miami, que vio con muy malos ojos la oferta de Trump para una nueva apertura con la dictadura castrista. Era como sacrificar a Cuba por Venezuela.

Pero el exilio cubano hizo valer la fuerza que actualmente tiene ante la administración Trump, descarrilando los planes de la “nueva apertura” prometida. La isla rápidamente había aceptado sin chistar, promoviendo los contactos en Oslo. Donad Trump sacó sus números de inmediato. No era negocio ganar la voluntad de los venezolanos a costa de perder la de los cubanos en la Florida. En las pasadas elecciones, Trump ganó el estado de la Florida por el voto cubano, porque los cubanos que votaron por Trump fue mayor que la diferencia de votos entre el candidato republicano y la candidata demócrata. Si se “abría a Cuba”, perdería la Florida.

Analizando el panorama que se presentaba, Nicolás Maduro por su parte envió su canciller a La Habana con vistas a recibir seguridades y garantías de apoyo de parte de Raúl Castro. Este, al ver frustrados sus planes de medio plazo en Venezuela, incentivaron al dictador venezolano a “elevar la parada” contra Guaidó, amenazando con adelantar las elecciones legislativas que eliminaría la Asamblea Nacional, tratando así de retomar la iniciativa perdida.

El presidente norteamericano por su parte, aclaró su posición de manera tajante y definitiva el pasado 20 de Mayo, día que se conmemoró un aniversario más de la creación de la República de Cuba, con un mensaje inequívoco de apoyo a la futura incorporación de la isla al concierto de naciones libres, democráticas e independientes, con la ayuda y el apoyo de EE.UUU.

Así las cosas, fracasada la negociación con los altos mandos chavistas por un lado y las conversaciones de Oslo por otro, sólo queda la opción de aplastar el chavismo de raíz, sea por una revuelta interna, o por una intervención militar de la coalición democrática latinoamericana que se opone al chavismo, con respaldo de la OEA y los militares venezolanos exiliados.

Consulte otros artículos de Jorge Hernández en Cubalibredigital.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Televisión Martí.​

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