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Hablan los jefes de Defensa de Estados Unidos y Rusia

Lloyd Austin, secretario de Defensa de Estados Unidos

El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, habló el viernes con su contraparte ruso, Serguei Shoygu, en el contacto de más alto nivel entre los dos países desde la invasión rusa a Ucrania a fines de febrero.

Austin “exhortó a declarar un inmediato cese de fuego en Ucrania y destacó la importancia de mantener las líneas de comunicación”, precisó el secretario de prensa del Pentágono, John Kirby. No dio más detalles de la llamada.

En los últimos meses, funcionarios del Pentágono han dicho reiteradamente que los gobernantes rusos se han negado a recibir llamadas de Austin y del jefe del Estado Mayor Conjunto, general Mark Milley. La última conversación de Austin y Shoygu había sido el 18 de febrero, una semana antes del inicio de la guerra.

El asesor de seguridad nacional de la presidencia, Jake Sullivan, habló con el general Nikolay Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad ruso, a mediados de marzo.

La Casa Blanca dijo en ese momento que Sullivan reiteró la “oposición clara y firme (de Estados Unidos) a la invasión no provocada ni justificada de Rusia a Ucrania”.

El Ministerio de Defensa británico confirmó el viernes los reportes de prensa que afirmaban que las fuerzas ucranianas impidieron que una columna rusa cruzase el río Siverskyi Donets, al oeste de Severodonetsk, por un puente de pontones.

Rusia perdió elementos “significativos” de al menos un batallón táctico, además del equipo utilizado para desplegar rápidamente el puente flotante, agregaron las autoridades británicas.

“Cruzar ríos en un entorno disputado es una maniobra de alto riesgo que muestra la presión bajo la que están los comandantes rusos para lograr avances en sus operaciones en el este de Ucrania", agregaron.

Según el ministerio, Rusia no ha logrado avances significativos a pesar de haber concentrado sus fuerzas en el Donbás tras retirarse de otras partes del país.

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Rusia: Despido de docentes, adoctrinamiento de estudiantes

Soldados rusos observan a combatientes ucranianos evacuados de la acería Azovstal en Mariúpol, Ucrania. (Servicio de Prensa del Ministerio de Defensa de Rusia via AP).

Las autoridades rusas deben poner fin de inmediato a sus ataques contra la libertad académica y el derecho a la libertad de expresión. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional, mientras va en aumento una campaña para purgar a escuelas y universidades de opiniones discrepantes sobre la agresión contra Ucrania.

“Las organizaciones de la sociedad civil rusa, que en su mayoría se oponen a la invasión de Ucrania por Rusia, no son las únicas víctimas de una represión nacional de las actividades contra la guerra. También se están eliminando las libertades académicas: se obliga al personal docente a difundir propaganda contra Ucrania y glorificar la ‘operación especial’ de Rusia en Ucrania; de lo contrario, pierde su empleo”, ha manifestado Bruce Millar, director en funciones de Amnistía Internacional para Europa Oriental y Asia Central.

“Hemos recibido inquietantes informes de despidos de docentes por sus comentarios contra la guerra, y de niños, niñas y jóvenes a quienes se ha obligado a participar en ‘flashmobs’ en favor de la guerra o asistir a conferencias que promueven el discurso del Kremlin”, precisó la organización.

Decenas de docentes de escuela y universidad han sufrido duras represalias por pronunciarse contra la guerra en Ucrania. A algunos los han metido entre rejas para cumplir la denominada detención administrativa o les han hecho pagar multas exorbitantes simplemente por expresar sus opiniones públicamente o en el aula. A otros los han despedido o sometido a otro tipo de amonestación.

Roman Melnichenko, profesor asociado de la Universidad Estatal de Volgogrado, fue despedido el 19 de abril por un “delito disciplinario inmoral” que “violaba las normas éticas y morales” cuando compartió un mensaje contra la guerra en VKontakte, una popular red social rusa. Fue despedido después de que la fiscalía local informara a la universidad de que había sido sometido a procedimientos administrativos.

Ha habido docentes a quienes sus propios estudiantes o colegas han denunciado a la policía. Elena Baybekova, profesora de matemáticas de Astracán, en el sur de Rusia, fue despedida el 1 de abril. Un miembro de su alumnado había protestado por las “conversaciones políticas” durante sus clases, y después de eso Baybekova fue acusada de “ausentarse sin permiso” y fue despedida. Anteriormente había participado en una protesta contra la guerra en Ucrania, a consecuencia de la cual fue condenada a cinco días de privación de libertad. Niega haber hablado de política durante sus clases.

Marina Dubrova, profesora de inglés de Korsakov, en la isla de Sajalín, fue despedida el 5 de abril. Menos de una semana antes, en una charla con estudiantes durante un descanso, había dicho que la guerra era “un error”. Un estudiante grabó la conversación en vídeo. La madre de uno de los estudiantes vio el vídeo y denunció a Dubrova a la policía. Tres días después, Dubrova fue citada a comparecer ante el tribunal y fue multada con 30.000 rublos por “desacreditar a las Fuerzas Armadas”.

Irina Gen, profesora de inglés de Penza, en el centro de Rusia, se enfrenta a una pena de prisión en virtud del nuevo delito penal de difundir “noticias falsas” sobre el ejército ruso. El 30 de marzo fue acusada de criticar la invasión y calificar a Rusia de “Estado totalitario” en el que “cualquier disidencia se considera un delito de pensamiento”. Había sido denunciada a la policía por sus estudiantes de octavo curso.

‘Lecciones’ de propaganda de guerra

Amnistía Internacional dice que también se ha sometido a escolares a propaganda de guerra, que parece constituir adoctrinamiento, en contra de los objetivos de su derecho a la educación en virtud del derecho internacional, que Rusia está obligada a cumplir. Según Kommersant, periódico ruso independiente, en una fecha tan temprana como el 28 de febrero, el alumnado de entre 7º y 11º curso recibió lecciones sobre la “operación militar especial”, el término que el gobierno obliga a utilizar para evitar llamarlo “guerra”.

Según la información publicada en los medios de comunicación, basada en filtraciones proporcionadas por docentes, se enseña al alumnado que la guerra en Ucrania “no es una guerra, sino una operación especial de mantenimiento de la paz” cuyo objetivo es “proteger a la población de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk”. También se enseña a los niños y niñas que las “sanciones contra Rusia” pueden tener un efecto positivo en la economía nacional. Al parecer, esas lecciones habían sido encomendadas enérgicamente por las más altas instancias, pero no son obligatorias.

Sin embargo, el 20 de abril el ministro de Educación, Sergei Kravtsov, anunció que, desde el 1 de septiembre, todas las escuelas rusas impartirán lecciones sobre las metas y los objetivos de la “operación especial de mantenimiento de la paz” en Ucrania.

Según Kommersant, el Kremlin ha “recomendado encarecidamente” que las instituciones educativas pongan el símbolo “Z” (que demuestra el apoyo a la guerra rusa en Ucrania) en las fachadas de los edificios y en las aulas. Muchas escuelas y guarderías han sido reclutadas en “flashmobs” sobre la guerra organizados por el gobierno en apoyo a la “operación especial de mantenimiento de la paz”, y se ha obligado a niños y niñas a participar en esas asambleas, lo cual constituye una violación del derecho internacional de los derechos humanos.

“Habida cuenta de la actual represión de todas las formas de disidencia, resulta imposible saber el número de docentes o estudiantes a quienes se ha expulsado de instituciones educativas simplemente por expresar opiniones contrarias a la guerra. Quizá nunca sepamos la cifra total de niños y niñas sometidos a adoctrinamiento coordinado por el Estado”, ha manifestado Bruce Millar.

Los rusos han bombardeado más de mil escuelas en Ucrania

Portada de "Polinka", libro ucraniano para niños en edad escolar

Enterrada debajo de los escombros, con fracturas en las dos piernas, sin poder ver por la sangre que corría por sus ojos y por nubes de polvo, Inna Levchenko escuchaba los gritos. Eran las 12.15 del mediodía del 3 de marzo y poco antes una explosión había destrozado la escuela donde enseñó por 30 años.

En medio del incesante bombardeo, había abierto la Escuela 21 de Cherníhiv para que fuese usada como refugio por aterrorizadas familias. En las ventanas pintaron con letras grandes la palabra “niños”, en la esperanza de que las fuerzas invasoras rusas no atacasen la escuela. Sin embargo, lo hicieron.

No lo sabía todavía, pero 70 niños que ella había mandado al sótano sobrevivieron a la explosión. Al menos nueve, incluido uno de su alumnos --un niño de 13 años--, fallecieron.

“¿Por qué atacan las escuelas?”, preguntó la maestra. “Es doloroso ver todos los amigos que murieron. Cuántos niños perdieron a sus padres y están traumatizados. Se acordarán de esto toda la vida y le contarán lo sucedido a la próxima generación”.

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Este despacho es parte de una investigación en marcha de la Associated Press y el programa “Frontline” de PBS, que incluye la experiencia interactiva War Crimes Watch Ukraine y un documental de próxima presentación.

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El gobierno ucraniano dice que los rusos bombardearon más de mil escuelas y destruyeron 95. El 8 de mayo, una bomba destruyó una escuela de Zaporiyia que, igual que la Nro. 21 de Cherníhiv, estaba siendo usada como refugio antibombas. Se cree que unas 60 personas habrían muerto en ese ataque.


Los ataques intencionales a escuelas y otras estructuras civiles constituyen un crimen de guerra. Expertos dicen que la destrucción en gran escala puede servir como evidencia de que los ataques rusos fueron intencionales, restando peso al argumento ruso de que son daños colaterales.

El impacto de la destrucción de cientos de escuelas va más allá que la pérdida de vidas y de edificios, según expertos, maestros y otros que sobrevivieron a los conflictos de la antigua Yugoslavia, Siria y otros sitios. Afecta la capacidad de una nación de salir adelante cuando concluyen los combates, causando perjuicios a generaciones enteras y limitando las esperanzas de un país respecto al futuro.

En los casi tres meses que pasaron desde el inicio de la invasión de Rusia, la Associated Press y la serie de PBS “Frontline” verificaron en forma independiente la destrucción o daños serios de 57 escuelas de una forma que podría constituir un crimen de guerra. Es posible que haya muchas más.

Tan solo en Cherníhiv, el concejo municipal dijo que solo siete de sus 35 escuelas no sufrieron daños. De tres de ellas solo quedan escombros.

La Corte Penal Internacional, fiscales de todo el mundo y el procurador general de Ucrania están investigando más de 8.000 denuncias de posibles crímenes de guerra en Ucrania, que involucran a 500 sospechosos. Muchos de ellos son acusados de atacar deliberadamente estructuras civiles, como hospitales, refugios y barrios residenciales.

Los ataques a las escuelas -espacios pensados para que los niños aprendan, crezcan y tengan amigos- son particularmente dañinos: Transforman espacios para la niñez en algo violento y peligroso, que mete miedo.

Una maestra de geografía, Elena Kudrik, yacía muerta en el piso de la escuela 50 en Gorlovka, al este de Ucrania. Entre los escombros que la rodeaban había libros y papeles manchados de sangre. En un rincón, otro cadáver -el de Elena Ivanova, la subdirectora- estaba todavía en su silla, con una gran herida en un costado.

“Es una tragedia para nosotros y para los niños”, dijo el director de la escuela Sergey But mientras observaba la destrucción poco después del ataque.

A pocos kilómetros, en el jardín de infantes Sonechko de Okhtyrka, una bomba de racimo destruyó el edificio y mató a un niño. Frente a la entrada principal había dos cadáveres en un mar de sangre.

Valentina Grusha enseña desde hace 35 años en la provincia de Kiev. Era administradora de un distrito y maestra de literatura extranjeras. Fuerzas rusas irrumpieron en su pueblo, Ivankiv, cuando se preparaban para la guerra. El 24 de febrero, unidades que se dirigían a Kiev mataron a tiros a un niño y a su padre en la escuela, según relató.

“Se suspendió la enseñanza por la guerra”, expresó. “Estuvimos ocupados 35 días”.

Los rusos también destruyeron escuelas en varias localidades vecinas, señaló.

A pesar de los destrozos generalizados y de la destrucción de la infraestructura educativa, expertos en crímenes de guerra dicen que será difícil demostrar que los ataques fueron intencionales. Los rusos niegan atacar estructuras civiles y en el caso de Gorlovka, hoy bajo control ruso, la prensa dice que el ataque en el que murieron las dos maestras fue perpetrado por fuerzas ucranianas que trataban de retomar la ciudad.

El impacto de la destrucción, en todo caso, es innegable.

El director de comunicaciones de la UNICEF Toby Fricker, quien se encuentra en Ucrania, dice que “la escuela es a menudo el corazón de una comunidad, un componente básico de la vida diaria”.

Maestros y alumnos que sobrevivieron a otros conflictos dicen que la destrucción de escuelas afecta a toda una generación.

El maestro sirio Abdulkafi Alhamdo todavía recuerda los dibujos de los niños manchados con sangre en una escuela de Alepo (Siria) que fue atacada en el 2014, en plena guerra civil. Maestros y alumnos se habían estado preparando para una exhibición de dibujos de los chicos acerca de la vida en tiempos de guerra.

El ataque mató a 19 personas, incluidos al menos diez niños, según informó la AP en su momento. Lo que más traumatiza a Alhamdo son los sobrevivientes.

“Ves en sus ojos que no quieren volver a la escuela”, expresó. “No solo afecta a los chicos que salieron corriendo y quedaron conmocionados y traumatizados. Afecta a todos los chicos que oyen hablar de la matanza. ¿Cómo les vas a pedir que vuelvan a la escuela? La escuela no es el único blanco. Le apuntan a toda una generación”.

Jasminko Halilovic tenía apenas seis años cuando Sarajevo, hoy parte de Bosnia-Herzegovina, fue sitiada y bombardeada. Hoy, 30 años después del fin de la guerra de Bosnia, él y sus amigos todavía tratan de rehacer sus vidas.

Halilovic se refugió en el sótano de la escuela, como hacen tantos niños ucranianos hoy. Usaban pizarrones apoyados en sillas y no colgando de la pared.

Halilovic, quien hoy tiene 34 años, fundó el Museo de la Niñez en Guerra, con relatos y objetos de niños que participaron en conflictos en todo el mundo. Trabajaba en Ucrania con chicos desplazados por la invasión rusa a la región de Donbás en el 2014 cuando comenzó la actual guerra. Tuvo que evacuar a su personal e irse de Ucrania.

“Cuando termine la guerra, empezará una nueva batalla. La reconstrucción de las ciudades, de las escuelas y de la infraestructura. De la sociedad entera. Y habrá que cicatrizar las heridas. Eso es lo más difícil”, manifestó.

Alhamdo dijo que vio de primera mano cómo el trauma de la guerra afectó el desarrollo de los niños en Alepo. Generar temor, furia y desesperanza es parte de la estrategia del enemigo, expresó. Algunos se hacen más introvertidos, otros más violentos.

“Cuando ven su escuela destruida, ¿tienes idea de cuántos sueños se desvanecen? ¿Piensas que alguien creerá en la paz, el amor y la belleza cuando el sitio donde aprendían acerca de estas cosas es destruido?”, dijo Alhamdo, quien permaneció en Alepo y siguió enseñando en sótanos, departamentos y donde pudiese durante casi diez años.

Continuar enseñando, afirmó, es una forma de resistencia. “No combato en el frente de batalla. Lo hago con mis chicos”, declaró.

Un factor que complica los juicios por crímenes de guerra relacionados con los ataques a edificios civiles es que a veces las escuelas y otras instalaciones son usadas con fines militares durante una guerra. En tal caso, son un blanco legítimo, de acuerdo con David Bosco, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Indiana que ha estudiado los crímenes de guerra y las facultades de la Corte Penal Internacional.

La clave, indicó, será demostrar que hay un patrón de ataques rusos a escuelas y otras estructuras civiles.

“Cuanto más claro sea el patrón, más sólido será el caso”, afirmó.

Levchenko, quien fue a Kiev a principios de mayo para someterse a operaciones por sus heridas, dijo que tal vez nunca se pueda reparar el daño emocional sufrido por los niños cuyas escuelas fueron atacadas.

“Tomará mucho tiempo, a adultos y niños, recuperarse de lo que han vivido”, comentó. Los niños, agregó, “están en sótanos, sin ver el sol, temblando cuando suenan las sirenas, llenos de ansiedad. Esto tiene un impacto muy negative. Es algo que recordarán todas sus vidas”.

La incertidumbre espera a los soldados que dejan Mariúpol

Soldados que defendían Azovstal son registrados por militares prorrusos en la ciudad Mariúpol, Ucrania

Casi 1.000 soldados ucranianos en una enorme planta siderúrgica de Mariúpol se han rendido, según dijo Rusia el miércoles, y abandonaron su enconada defensa de un lugar que se convirtió en símbolo de la resistencia de su país cuando la batalla por la estratégica ciudad portuaria parecía decidida.

Ucrania ordenó a los combatientes que salvaran sus vidas y dijo que su misión de retrasar a las fuerzas rusas se había completado, aunque no ha descrito la columna de soldados que salieron de la planta como una rendición. A los combatientes les espera un futuro incierto. Ucrania dice que aspira a un intercambio de prisioneros, pero Rusia prometió intentar juzgar al menos a algunos de ellos por crímenes de guerra.

No está claro cuántos combatientes siguen dentro de la acería, el último reducto de Ucrania en una ciudad reducida a escombros en su mayor parte. Los dos bandos tratan de armar su narrativa y obtener victorias propagandísticas de la que fue una de las batallas más importantes de la guerra.

El mayor general Igor Konashenkov, vocero del Ministerio ruso de Defensa, dijo el miércoles que 959 soldados ucranianos habían abandonado la planta de Azovstal desde que empezaron a salir el lunes. En un momento dado, las autoridades dijeron que había 2.000 combatientes atrincherados en la red de túneles y refugios subterráneos bajo la planta siderúrgica.

Si se confirman, las cifras apuntan a que Moscú está a punto de poder proclamar que toda Mariúpol ha caído. Eso sería un impulso para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una guerra en la que muchos de sus planes se han truncado.

Pero ya había otro revés en el horizonte. Suecia y Finlandia solicitaron oficialmente el miércoles la entrada en la alianza militar OTAN, impulsadas por las preocupaciones de seguridad derivadas de la invasión rusa. Putin lanzó la invasión el 24 de febrero en lo que describió como un esfuerzo por contener la expansión de la OTAN, una estrategia que ha tenido el resultado opuesto.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo recibir de buen grado las peticiones, que ahora serán revisadas por los 30 estados miembros.

Más allá de su importancia simbólica, la caída de Mariúpol permitiría a Rusia desplegar fuerzas en otras zonas del Donbás, el corazón industrial en el este de Ucrania que el Kremlin está ahora decidido a capturar. También establecería una conexión terrestre con la Península de Crimea, que Rusia se anexionó de Ucrania en 2014, y privaría a Ucrania de un puerto crucial.

Durante meses, los soldados defendieron la planta contra toda probabilidad. Pero el ministro ucraniano de Defensa dijo el martes que había ordenado a los combatientes que "salven sus vidas".

"Ucrania les necesita. Esto es lo más importante", dijo Oleksiy Reznikov.

No está claro qué les ocurrirá ahora. Al menos algunos de ellos han sido trasladados a una antigua colonia penal en territorio bajo control de separatistas con apoyo ruso. Ucrania ha dicho que confía en poder intercambiarlos por prisioneros de guerra rusos y que las negociaciones son delicadas y requieren tiempo.

Pero en Moscú crecen las peticiones de que se juzgue a las tropas ucranianas. El principal organismo investigador ruso dijo que pretende interroga a los soldados para "identificar a los nacionalistas" y determinar si están implicados en crímenes contra civiles. Además, el fiscal jefe de Rusia pidió a la Corte Suprema del país que designara al Regimiento Azov de Ucrania como organización terrorista. El regimiento tiene raíces en la ultraderecha.

El parlamento ruso tenía previsto debatir una resolución el miércoles que impidiera intercambiar a los combatientes del Regimiento Azov, según agencias rusas de noticias.

La viceministra ucraniana de Defensa, Hanna Maliar, dijo que había negociaciones en marcha por la liberación de los combatientes y planes para rescatar a los que siguen en el gran complejo siderúrgico. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, dijo que en los planes participaban "los mediadores internacionales más influyentes".

Mariúpol estaba en el punto de mira ruso desde los primeros días de la invasión. La ciudad quedó en gran parte devastada por bombardeos constantes y Ucrania dijo que unos 20.000 civiles habían muerto. Pero los combatientes en la planta de acero aguantaron mientras el resto de la ciudad caía ante la ocupación rusa.

En su reporte diario de inteligencia, el Ministerio británico de Defensa dijo el miércoles que la defensa ucraniana de Mariúpol "causó costosas pérdidas de personal entre las fuerzas rusas".

Más de 260 combatientes ucranianos —algunos de ellos gravemente heridos y sacados en camilla— abandonaron el lunes las ruinas de la planta de Azovstal y se entregaron a tropas rusas, que los cachearon y se los llevaron en autobuses.

Otros salieron el martes. Siete autobuses con un número desconocido de soldados ucranianos de la planta fueron vistos a su llegada el martes a una antigua colonia penal en la localidad de Olenivka, unos 88 kilómetros (55 millas) al norte de Mariúpol.

Era imposible confirmar el número total de combatientes conducidos a Olenivka o su situación legal. Aunque tanto Mariúpol como Olenivka son oficialmente parte de la región oriental ucraniana de Donestk, Olenivka lleva desde 2014 bajo control de separatistas con apoyo ruso y forma parte de la "República Popular de Donetsk", que no tiene reconocimiento oficial. Antes de la toma rebelde, la colonia penal número 120 era un centro de alta seguridad para reos condenados por delitos graves.

Si la captura se completa, Mariúpol sería la ciudad más grande que toman las fuerzas de Moscú. Durante el asedio, Rusia hizo atacó un hospital de maternidad y un teatro donde se habían refugiado civiles. Cerca de 600 personas podrían haber muerto en el teatro.

El bombardeo ruso en la ciudad portuaria mató a más de 20.000 civiles, según Ucrania, y dejó a los residentes que se quedaron -quizá un cuarto de su población antes de la guerra, 430.000 personas- con escasa comida, agua, calefacción o medicinas.

La defensora del pueblo ucraniana dijo que el ejército ruso también retenía a más de 3.000 civiles de Mariúpol en otra antigua colonia penal cerca de Olenivka. La defensora del pueblo, Lyudmyla Denisova, dijo que la mayoría de los civiles pasan un mes retenidos, pero los designados como "especialmente poco fiables", como exmilitares y policías, pasan dos meses retenidos. Entre los detenidos hay unos 30 voluntarios que llevaron suministros humanitarios a Mariúpol durante el asedio, señaló.

Editor bielorruso y una asociada arrestados después de abrir una nueva librería

El dictador de Bielorrusia, Alexandre Lukashenko. (AP Foto/Dmitri Lovetsky).

La policía de Minsk detuvo al director de una editorial, Andrey Yanushkevich, y a su socia, Nasta Karnatskaya, después de que abrieran una librería general en la capital bielorrusa, informó Radio Europa Libre.

Yanushkevich y Karnatskaya fueron detenidos el 16 de mayo poco después de una visita de los conocidos periodistas propagandistas progubernamentales Ryhor Azaronak y Lyudmila Hladkaya.

Azaronak y Hladkaya comenzaron a reprender al personal de la librería por vender libros en bielorruso que, según ellos, eran inapropiados.

Los dos cuestionaron por qué la tienda vendía un libro sobre la familia Radziwill, que influyó en los desarrollos históricos de lo que hoy es Lituania, Polonia y Bielorrusia.

También acusaron a los dueños de la librería de vender un libro con una foto de una reunión que "recordaba un desfile nazi". La imagen en el libro de historia era en realidad de las fuerzas armadas lituanas en Vilnius en 1939.

Horas después de la visita de los dos periodistas, la policía llegó a la librería y realizó un allanamiento, tras lo cual fueron detenidas Yanushkevich y Karnatskaya.

Los familiares de Yanushkevich dicen que no conocen los motivos por los que ambos fueron detenidos. Tampoco está claro si enfrentan cargos.

La editorial Yanushkevich publica libros sobre una variedad de temas, principalmente en bielorruso.

En enero de 2021, el Comité de Control del Estado confiscó el equipo de la editorial y suspendió su cuenta bancaria durante varios meses. A principios de este año, las autoridades de la ciudad le ordenaron desalojar sus oficinas en Minsk.

En los últimos meses, las autoridades bielorrusas han suspendido las actividades de varias editoriales independientes, Limaryus, Knihazbor, Haliyafy y Medysont, por la "violación de las normas sobre registro en el Ministerio de Información".

La represión de los medios independientes y las editoriales se ha intensificado desde que las protestas masivas contra el gobierno tras las elecciones presidenciales fraudulentas de agosto de 2020, precisó Radio Europa Libre.

OTAN: “Ucrania puede ganar esta guerra"

Soldados ucranianos patrullan el domingo 15 de mayo de 2022 en una población al norte de Járkiv, en el este de Ucrania. (AP Foto/Mstyslav Chernov)

Con su ejército empantanado en el conflicto en el este de Ucrania, Rusia perdió terreno diplomático durante el fin de semana luego de que otras dos naciones europeas dieron pasos claros para acercarse a la OTAN.

Finlandia anunció el domingo su intención de ingresar a la alianza militar alegando que la invasión rusa de Ucrania hace casi tres meses había cambiado el panorama de seguridad en el continente. Las dos naciones comparten una frontera terrestre de 1.340 kilómetros (830 millas), además del Golfo de Finlandia.

Horas después, el partido gobernante en Suecia respaldó el ingreso del país, lo que podría derivar en una solicitud formal en los próximos días.

Estos movimientos supondrían un grave revés para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien ha calificado la expansión de la organización a Europa del Este de amenaza y la citó como motivo para atacar Ucrania. La OTAN, por su parte, sostiene que es una alianza puramente defensiva.

Durante una reunión con diplomáticos de la Alianza en Berlín, su secretario general, Jens Stoltenberg, afirmó que, sobre el terreno, la ofensiva “no va como Moscú había planeado”.

“Ucrania puede ganar esta guerra", agregó señalando que la OTAN seguirá ofreciendo respaldo militar a Kiev .

Por otra parte, el Ministerio de Defensa de Gran Bretaña afirmó el lunes que Bielorrusa, un estrecho aliado de Moscú, desplegó a sus fuerzas de operaciones especiales a lo largo de su frontera con Ucrania, además de efectivos aéreos, artillería y unidades de misiles en centros de entrenamiento en el oeste.

De acuerdo con el reporte británico sobre la guerra, las fuerzas bielorrusas no participaron directamente en la invasión de Ucrania, aunque el país se utilizó como zona de preparación para los ataques rusos sobre las ciudades de Kiev y Cherníhiv. Además, aviones y misiles rusos despegaron desde allí.

La presencia de fuerzas bielorrusas en la frontera puede obligar a las de Kiev a quedarse en la zona, impidiendo que se desplacen para respaldar las operaciones en la región oriental del Donbás, el corazón industrial del país, apuntó.

Rusos y ucranianos han estado combatiendo pueblo a pueblo por el control del Donbás, donde el ejército ucraniano lleva ocho años enfrentado a los separatistas prorrusos.

El domingo, un batallón ucraniano en la región de Járkiv, de donde lograron expulsar a las tropas de Moscú tras una contraofensiva, llegó a la frontera rusa y grabó un video victorioso dirigido al presidente, Volodymyr Zelenskyy. La grabación, publicada por el Ministerio de Defensa ucraniano en Facebook, muestra a una docena de combatientes alrededor de un puesto cubierto con los colores azul y amarillo de la bandera nacional.

Uno de ellos dice que la unidad se dirigió “a la línea divisoria con la Federación Rusa, el país ocupante. Señor presidente, la hemos alcanzado. Estamos aquí”. Otros hacen el signo de la victoria y levantan los puños al aire.

El Estado Mayor ucraniano dijo el lunes que las tropas de Moscú se centran en “mantener las posiciones y evitar el avance de nuestras tropas hacia la frontera”.

Es muy dificil obtener una imagen general clara de los combates en el este debido a las estrictas restricciones de viaje impuestas por ambos bandos y al peligro que suponen los frecuentes ataques aéreos y de artillería.

Según el ejército ucraniano, Rusia focalizó sus últimos ataques en el Donbás, atacando objetivos civiles y militares en varias localidades.

Además, continuaba su ofensiva aérea y de artillería en torno al complejo siderúrgico de Azovstal en Mariúpol, el último reducto de la resistencia ucraniana en la arrasada ciudad estratégica del sur del país, agregó.

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