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Arte y Cultura

Enrique del Risco: La Libertad vs. la minuciosa imposibilidad de escoger

Enrique del Risco, escritor cubano residente en Nueva York.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Fue la toma de conciencia de un par de cosas: que el de Cuba era un régimen criminal que no se detenía ante nada. Ni siquiera ante el asesinato de niños como ocurrió con el hundimiento del remolcador “13 de marzo”. Y que permanecer allí, sin poder alzar la voz ante esos crímenes, era humillante. La otra fue comprender -tras una larga serie de censuras y acosos- que profesionalmente tampoco había espacio para mí en ese país.

Que ante la humillación cotidiana que suponía la vida en Cuba, solo quedaban dos caminos: la marginación progresiva (ya yo trabajaba en el cementerio, así que el próximo paso sería la prisión) o la domesticación. Y a esa le tenía más miedo aún. Me fui de Cuba en 1995, cuando ni siquiera la rebeldía digital era imaginable. Lo que me quedaba era salir a la calle a que me cogieran preso y entonces tuve una tercera epifanía: la de comprender que no tengo madera de héroe.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Libertad, en primer lugar. La famosa posibilidad de gritar de que hablaba Arenas. Y la de informarme. También esperaba un poco de comprensión, de solidaridad. Y la posibilidad de llevar una vida más o menos normal, sin lujos, pero en la que para comer, vestirme, viajar, no tuviera que poner constantemente a prueba la decencia que se debe todo ser humano a sí mismo y a los demás.

¿Qué encontraste?

Casi todo lo que buscaba menos solidaridad. Había mucha más gente dispuesta a seguir creyendo en la bondad esencial del sistema cubano de lo que cabría esperar en un mundo con libre acceso a la información. Si he sentido algo de solidaridad y comprensión ha sido a título personal y eso me hace atesorar esos gestos con un agradecimiento muy especial.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Mucho, aunque no todo lo atribuyo al acto de salir de Cuba. Entre otras cosas he aprendido que hasta un ser tan inútil para las cosas prácticas como yo puede sobrevivir en lugares perfectamente ajenos y disfrutarlo en el proceso. He aprendido lo que son los derechos, las leyes, la ciudadanía, la democracia, la tolerancia como una experiencia cotidiana. Como la vez que fui a una entrevista de trabajo y mi entrevistador resultó ser un admirador del castrismo. Me olvidé de que necesitaba ese trabajo para rebatirle sus argumentos a favor del régimen cubano. Pero al final, para mi sorpresa, el señor me otorgó el puesto. Ese día aprendí más de lo que significan conceptos como tolerancia y democracia que lo que cualquier libro me hubiese tratado de explicar.

Portada de Turcos en la niebla, el más reciente libro de Enrique del Risco
Portada de Turcos en la niebla, el más reciente libro de Enrique del Risco

También he aprendido a querer lo mejor de mi país sin tener que asociarlo a lo peor. Que lo cubano no viene asociado por fuerza con la miseria, la escasez, la falta de libertad, de opciones, la mezquindad y la grosería. Vivir fuera de Cuba no solo me ha permitido tener acceso a una buena parte de la cultura cubana excluida sistemáticamente de la versión oficial.

También me ha permitido disfrutarla con calma, como si no fuera una suerte de condena sino una libre elección. Y esa sensación, por falsa que sea, (porque al final estamos condicionados a elegir lo que nos resulta más familiar) ha liberado mucho mi relación con Cuba.

¿Qué es para ti la Libertad?

La libertad para mí abarca todo un rango de posibilidades que va desde lo más sublime hasta algo tan pedestre como comprar un pasaje de avión o un six pack de cervezas. La minuciosa imposibilidad de escoger y vivir libremente que uno tenía que afrontar en Cuba ha hecho muy disfrutable todas las libertades grandes y pequeñas que me tomo en la vida. Desde elegir un político hasta lo que voy a leer. Libertad es la posibilidad de elegir sin miedo.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

No pienso en la Patria. Vivo en ella. La Patria son los amigos. Los cercanos y los lejanos con los que me mantengo en contacto permanente. He tenido la suerte de vivir en medio de una comunidad de amigos cubanos acá en Nueva Jersey, gente buena, sana y con muchas afinidades. Y de poder desarrollar con ellos una buena vida cubana asumiendo muchas de las cosas que nos proveen estas nuevas circunstancias y desechando lo peor de la experiencia cubana. Y trabajo en Nueva York, el sitio donde se crearon buena parte de las señas esenciales de lo cubano, desde la bandera hasta las grabaciones del Trío Matamoros, pasando por los “Versos sencillos” y “Cecilia Valdés”. Todo eso me ha hecho entender que patria no tiene que ser necesariamente la carnada que usan los canallas para engatusarnos, ni está anclada a un espacio concreto.

La patria es algo que podemos llevar a cuestas, o reinventárnosla donde vayamos. Algo que nos ata a ciertas circunstancias nacionales y nos obliga a no desentendernos de ellas, pero al mismo tiempo puede liberarnos del fatalismo que supuestamente viene con nacer y crecer en un sitio determinado. Una noche, el músico Boris Larramendi cantaba en el sótano de un bar de Madrid para un grupo de amigos y recuerdo que cuando entonó aquella vieja conga que dice “ahora que estamos en Cuba libre/ celebrando este carnaval/ qué bueno, qué bueno, qué bueno/ qué buena es la libertad”, me dije: esta noche, este sótano es Cuba libre. Mi idea es que donde quiera que uno está puede ser Cuba libre. Sobre todo libre. Pero sin aspavientos ni banderas. Relajado. Como si fuera algo natural.

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Ángel Delgado Fuentes y el riesgo de la creatividad atrevida

Ángel Delgado Fuentes, pintor, escultor y artista visual cubano

Ángel Delgado Fuentes, pintor y artista visual nacido en Cuba y ahora residente en Los Ángeles, Estados Unidos, era muy joven cuando la onda expansiva provocada por los martillos que derribaron el Muro de Berlín en 1989, atravesaron el cerco informativo que mantenía aislada a la lejana Cuba, y ya en 1990, sus efectos se hicieron sentir, dando lugar a la que puede ser llamada una década gloriosa en cuanto al movimiento contestatario que, alentado por los sucesos de Europa del Este, tomó La Habana por asalto.

Esta vez, fueron los artistas plásticos quienes, impulsados por el ímpetu de la juventud y el deseo de libertad, se apropiaron de las calles capitalinas y en las esquinas, los parques y las plazas, ejecutaban originales performances, ante los ojos de una ciudad sorprendida por el inusitado espectáculo.

Mucho queda por contar de aquella época en que, por primera vez durante cuarenta años, los ciudadanos, entusiasmados, salían a las calles por iniciativa propia, motivados por el nuevo discurso al que, quizá sin comprender del todo, acogían como un impulso liberador, intuyendo que allí “podía suceder cualquier cosa”.

Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes
Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes

Y así fue, aunque no fue precisamente “cualquier cosa” lo que sucedió, sino la acción más revolucionaria a la que asistíamos en cuatro décadas en cuanto a transgresión se refiere, teniendo en cuenta el metalenguaje y los elementos utilizados.

Fue precisamente el joven Ángel Delgado Fuentes quien protagonizó ese evento sin antes ni después en la historia del arte cubano cuando, el 4 de mayo de 1990, hace acto de presencia -sin haber sido invitado ni aprobado por los comisarios de la cultura oficial- en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, donde se inauguraba la exposición “El Objeto Esculturado”.

Una vez allí, desplegó en el suelo un ejemplar del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, al que le abrió un agujero en el centro para crearle aspecto de letrina. Alrededor, armó un círculo formado por pequeños grabados con la imagen de un simbólico “huesito” de color verde.

Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes
Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes

Terminado el montaje, se bajó los pantalones y, en presencia de todos, se acuclilló, respiró profundo y, sencillamente, se dedicó a defecar en la letrina hecha con el diario más importante de los tres que circulaban en el país. El impacto era de esperar, sobre todo, por la sorpresa que causó el final, cuando Ángel Delgado terminó su intervención utilizando el pedazo arrancado al periódico para limpiarse.

Salvo la súplica de uno de los curadores de la exposición, que le rogó que se marchara porque "aquello estaba lleno de agentes", nadie intervino en contra del invasivo performance del joven artista y éste se marchó del Centro por sus propios pies.

No fue hasta una semana más tarde que la policía se presentó en su hogar para detenerlo por “alteración del orden público”.

Seis meses de cárcel fue el precio que Ángel Delgado Fuentes tuvo que pagar por su osadía.

De su experiencia en prisión Ángel habla poco, sólo de lo que pudo aprender de los otros reclusos a nivel creativo: pintar sobre pañuelos y hacer esculturas con cualquier material que le llegara a mano, como, por ejemplo, pastillas de jabón.

Veintinueve años más tarde, este incansable creador ha reunido todo ese material y con él y otros elementos, como cartas, reflexiones, etc., ha formado un libro titulado “Si la memoria no me falla”, que será publicado por la Editorial Zuiderdok y saldrá a la luz el próximo mes de marzo de 2020.

El poeta catalán Joan Margarit gana Premio Cervantes 2019

Joan Margarit, poeta catalán, ganador del Premio Cervantes 2019

El poeta Joan Margarit, flamante Premio Cervantes 2019, asegura que prefiere que se identifique este galardón "con el diálogo entre lenguas, entre Cataluña y España", aunque no quiso expresar su opinión sobre la situación política actual.

Al ser preguntado sobre este tema, Margarit rechazó opinar -"a mis 81 años", precisó- pero advirtió: "no es mi interés ni mi capacidad resolver estos temas, aunque no quiere decir que sea indiferente".

Ganar el Cervantes, añadió el poeta en una rueda de prensa en Barcelona, permitirá que su poesía llegue a más lectores y "si el lector busca consuelo en el poema, y funciona, llegará a más gente".

Porque él trabaja "para consolar a gente solitaria", "que somos todos", puntualizó. Y para lograrlo utiliza una herramienta, que es la poesía, que escribe en catalán y castellano, porque se siente "identificado con dos lenguas".

Recordó que a lo largo de su vida un poema de Machado le consoló
cuando tenía 18 años, pero también le sirvió a los 25, a los 40 o a los 60. "Y ahora con 80 me sigue sirviendo. Por tanto, ha servido a diez Joan Margarit", agregó.

Es, sentenció, "el misterio de un poema, hay infinitos poemas, porque se lee de manera diferente en diferentes edades por la misma persona".

Margarit, que fue Premio Nacional de Poesía en 2008 y que este mismo 2019 ha recibido el Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía, confesó que siempre lleva un poema encima.

"El primero siempre es en catalán, pero al cabo de un tiempo llevo dos, pues se ha convertido en otro en castellano, y a veces la versión castellana salva alguna cosa de la catalana, y otras veces es al revés. Lo único que está claro, es que el comienzo es en catalán, que es la lengua materna", explicó.

Aseguró que "un poema no se puede escribir en una lengua que no sea la materna" y añadió: "no hay nadie en el mundo; sí se puede hacer en la novela, como pasa en Francia, que está llena de grandes escritores que no son franceses que han escrito en francés".

Sin embargo, Margarit proclama con voz alta que él tiene dos lenguas: el catalán, la lengua materna, "y gracias al general Franco que me la colocó, el castellano, que no pienso devolverle, pues las lenguas no son culpables de nada".

Ganar el Cervantes con 81 años no se ve del mismo modo que si fueras joven, considera el poeta y arquitecto: "tiene unas repercusiones menores que para una persona joven. Sientes más el deber cumplido".

Se ha preguntado qué es la poesía, y resuelve la cuestión identificándola como "una herramienta, quizá de las más efectivas, para consuelos de los grandes momentos de pérdidas, o difíciles que todos tenemos" y ante una tragedia vital, "después del consuelo inmediato de las personas que nos aman, llega un momento en el que lo tienes que afrontar solo, y entonces solo tienes a tu disposición la poesía y, tal vez, también la música".

Para no iniciados en Margarit, aconseja comenzar por "Joana", porque fue la primera vez que se enfrentó directamente a la poesía.

"Hay un principio aceptado de no escribir en caliente", algo que sí hizo con su hija Joana, que falleció a los 30 años, "Ahí tuve que escribir en caliente, forzar la manera de escribir al límite".

No cree que un músico pueda llegar a ganar algún día el Cervantes, como sucedió con el Nobel con Bob Dylan, pues "la letra de una canción no es un poema, las grandes canciones no son poemas, o son flojos aunque muy bien cantados" y mencionó quizá una excepción "Les feuilles mortes", de Prévert, que cantada por Yves Montand "está a la altura".

Volviendo a la política, indicó que para resolver cualquier conflicto solo hay dos soluciones: "hablar y cultura".

A su juicio, solo hay "dos únicas revoluciones pendientes: la de derechas, la de 'El mundo feliz', de Aldous Huxley, o la película "Cuando el destino nos alcance", un mundo futurista con una dictadura que hace pasar a todos por el aro; y en el otro extremo, una revolución que destine a educación el dinero de todos los oficios que se desempeñan con disfraz (jueces, militares)".

Aunque es muy pronto todavía, Margarit cree que para el discurso
que pronunciará el Día del Libro en abril de 2020 en Madrid -fecha en la que cada año se entrega el Cervantes- bien podría utilizar algunos de sus poemas. "No es la primera vez que sustituyo discursos por poemas", advirtió.

Quizá no desentone demasiado después de que el ministro español de Cultura en funciones, José Guirao, haya comunicado el veredicto del Cervantes leyendo el poema de Margarit "No tires las cartas de amor".

Caridad Martínez: "Patria es donde puedes ser tú, ser libre y no sentirte extranjera"

Caridad Martínez, bailarina clásica, coreógrafa, profesora de ballet. Cubana residente en Nueva York

A Dile que pienso en Ella... entra, con el vigor de su férrea disciplina, humana y profesional, Caridad Martínez, quien llegara, a fuerza de talento, a ser Bailarina Principal del Ballet Nacional de Cuba y para ella se crearon piezas en las que nadie, según los conocedores del tema, ha logrado superar su actuación. En 1991, aquí nos explica por qué, decidió romper las ataduras y, desde entonces, ha fundado escuelas de Ballet en varios países del mundo y sentado cátedra, dejando la huella de su poderío donde quiera que ha llegado.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

La censura y, además, percibí todo lo que venía. Ésto fue en 1991. Las carencias, mi oposición al gobierno. Todo se iba deteriorando: los valores con los que mis padres me criaron más, lo que aprendí y nos hicieron creer en la Escuela Nacional de Arte.

Esa escuela que Fidel Castro nunca quiso visitar porque o éramos muy escandalosos -eso se nos comunicó una vez en la escuela- él escuchó mucha bulla durante el camino de entrada al Country Club, donde estaba situado nuestro comedor y lugar de encuentro de los estudiantes de todas las diferentes disciplinas; en fin, esa escuela que graduó cientos de los más importantes artistas cubanos, y a él nunca le interesó. Da igual, honestamente, no nos importaba; teníamos increíbles maestros y éramos muy felices.

Se me comunicó que algunas de mis obras no se podían presentar más, porque criticaban la Revolución; que venían tiempos difíciles no y podía continuar creando obras que se cuestionaban la política en Cuba. Me dijeron que ya no podría seguir llevando mi compañía de viaje fuera de Cuba y que las invitaciones que se me hicieran en el futuro, sevirían para darle oportunidad a otros grupos.

Te cuento todo este rollo porque son situaciones inconcebibles. Estaba harta.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

No tenía ninguna expectativa. Me quedé en México, empecé a impartir clases de Ballet y a hacer coreografías. Al mes, ya tenía trabajo y al siguiente año, ya había fundado mi propia escuela. Yo era conocida y me ofrecieron inmediatamente trabajo. Después de 9 años, trabajé con un director y artista norteamericano, él fue quien me dijo que yo tenía algo que aportar en Estados Unidos y que podía hacer una carrera.

Yo había bailado aquí y creí que conocía el país.

¿Qué encontraste?

Al llegar, pues todo era nuevo. Las personas que apoyaban mi transición estaban en el mundo de las artes visuales y el cine. Yo me movía en un mundo que no correspondía con mi realidad. Luego, me desencantó el nivel de las escuelas de ballet y lo inaccesible que era, para muchos, poder estudiar Ballet. Por lo demás, yo venía de una casa donde todos trabajaban mucho y en el BNC siempre se nos aclaró que había que luchar para conseguir algo y además, mi compañía tenía categorías y había que empezar desde abajo.

No me sentía incómoda, empecé a tratar de impactar positivamente en donde trabajaba y a elevar la calidad de la enseñanza.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Aprendí a apreciarme a mí misma como una individualidad, y a ver que todas las diferentes especies pueden sobrevivir juntas si existen reglas, respetándose y con tolerancia.

Mi mayor aprendizaje fue en Cuba, en mi barrio, Cayo Hueso y en el Ballet Nacional, cuando Alicia y Fernando.

¿Qué es para ti La libertad?

Esa es una pregunta muy grande para los que hemos vivido en un país donde tu más pequeña acción, tiene un significado político.

Yo no sabía que era la libertad hasta que llegué a México y, con el tiempo, comencé a tomar decisiones sin pensar en las consecuencias políticas que éstas pudieran tener o cuánto podría afectar a mis padres una decisión mía. Con las cosas más simples aprendí a ser libre. Y aprendí a decir lo que opinaba libremente.

Pero, este país en el que ahora vivo, es muy especial en ese sentido.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Adoro Cuba, esa imagen de la isla. Lo que sucede allí es penoso y me duele. Regresé después de 20 años y no pude visitar mi casa, me dio tristeza ver esas calles y casas en ruinas, me sentí muy triste. Pero me gusta su gente, con todos los defectos que tienen, hay algo tan auténtico e irreverente, que nos hace especial. México fue mi segunda casa, amo también ese país, tan vulnerable, donde soy siempre tan bien recibida y donde cuidan tanto de mi.

Aquí, en Norteamérica, rápidamente me sentí en casa, me quedaba clarísimo que había un espacio para mí y que así como mi trabajo era considerado, respetado y remunerado como nunca antes, yo también podía serle útil a él. Nunca antes me había sentido tan protegida y tan libre de pensar y expresarme como en este país.

Patria es donde puedes ser tú, ser libre y no sentirte extranjera.

Declaran a Haila "persona non grata" y suspenden su concierto en Miami (VIDEO)

Fidel Castro saluda a la cantante Haila

El alcalde de Miami, Francis Suárez, declaró este martes "persona non grata" a la cantante cubana Haila María Mompié, que vio frustrado su plan de presentarse en el club Studio 60 de esa ciudad, el jueves, 14 de noviembre.

Tras declaraciones del alcalde miamense, Studio 60 decidió cancelar el concierto de la cubana.

Suárez explicó a Radio Televisión Martí qué declaró persona non grata a Haila con el respaldo de la comunidad que representa, y calificó de "asquerosidad" el hecho de que la cantante viniera a Miami a actuar "cuando ha sido una persona que ha simpatizado con el exdictador fallecido Fidel Castro" que mató "a tantas personas" y "ha perjudicado a tantos cubanos, venezolanos (...)".

Alcalde de Miami explica por qué declaró “persona non grata” a Haila
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Un sondeo sobre el tema en nuestra página de Facebook arrojó más de 1.000 comentarios, en su gran mayoría de apoyo a la decisión de Suárez. "Excelente decisión.!!! El q quiera oírla q vaya a Cuba. Cada cual piense lo q quiera y apoye al q le agrade. Pero no está bien recibir quienes apoyen a esa Dictadura. Bastante sufrimos para aplaudir a estos oportunistas", señala uno de ellos.

El alcalde agradeció a Studio 60 la decisión de cancelar el concierto.

"Estoy agradecido de que escuchó mi declaración de Haila como una persona non grata aquí en la ciudad de Miami y tomó esta decisión", dijo.

Suarez cree que para los residentes de Miami lo mejor es no acoger a una cantante que "va a venir aquí para insultarnos", valiéndose de "las libertades que tenemos aquí en este país, y luego "regresar a Cuba con nuestro dinero para elogiar a ese régimen que ha reprimido a tantas personas y ha matado a tantas personas".

El hijo de la cantante, Haned Mota, salió en su defensa en un post en Facebook en el que llama "estúpido" y "terrorista" al alcalde de Miami, y pide a sus seguidores que "nos apoyen a solucionar esta injusticia y que nos ayuden a hacer entender que la política y la música son 2 cosas que no tienen nada que ver".

Representantes del exilio cubano habían organizado una campaña para pedir a las autoridades estadounidenses que negasen el visado a la cantante. La cubana ripostó en su cuenta de Instagram: "Rendirme para mí jamás será una opción".

El presentador Alex Otaola llamó a la comunidad cubana en Miami a manifestarse pacíficamente el 14 de noviembre en contra de la presentación de Haila y otros artistas de la isla que apoyan abiertamente al régimen.

"Es una protesta por la dignidad, por el exilio, contra el descaro, para que se acaben estas personas que vienen a buscar dólares aquí luego de reírse del dolor de nosotros", dijo en su programa "Hola! Otaola", que transmite live en Facebook.

Bailarín Carlos Acosta: “El racismo sigue latente en Cuba”

Bailarín cubano Carlos Acosta durante la presentación del film autobiográfico "Yuli",

Un bailarín cubano de raza negra que triunfa en las tablas de Europa y Estados Unidos suena a cuento de hadas, pero en “Yuli: Al ritmo del corazón” se puede sentir, y casi oler, la sangre, el sudor y lágrimas que le costó a Carlos Acosta desarrollar su talento y no renunciar a la danza.

La película, que llegó el viernes a los cines de México, se basa en su autobiografía “Sin mirar atrás”, publicada en 2007.

“Esa honestidad viene de ahí, del libro”, dijo Acosta en una entrevista telefónica con The Associated Press sobre su historia, que comenzó a escribir a finales de la década de 1990 sin pensar en publicarla. Solo lo hizo porque le “hacía falta escribir”, explicó desde Inglaterra, donde reside.

A lo largo de su carrera, Acosta, de 46 años, ha sido primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba y del Ballet de Houston, así como principal artista invitado del Ballet Real del Reino Unido. En enero comenzará a fungir como director del Ballet Real de Birmingham.

“Yuli”, que debutó el año pasado en el Festival de Cine de San Sebastián, cuenta por medio de narración y coreografías momentos clave de la vida del artista, como el dolor por la soledad en su carrera, la fama y el éxito en el extranjero, o la violencia que aguantó de su estricto padre.

Acosta no podía asumir el papel de coreógrafo para el filme debido a sus compromisos profesionales, de modo que la catalana Maria Rovira fue la encargada de ayudar a contar la historia, bajo la dirección de la cineasta española Icíar Bollaín.

“Teníamos que estar siempre en el hilo de la vida de Carlos y las coreografías tenían de alguna manera que ser un poco teatrales y comunicar parte de esa vida”, dijo Bollaín a la AP desde Edimburgo, donde vive. “Yo estaba ahí un poco dirigiendo el sentido de las coreografías y María las ponía en movimiento. Fue un trabajo muy intenso, muy trabajoso, pero de lo más bonito y más nuevo para mí”.

Además de su labor como directora, Bollaín tiene una larga trayectoria como actriz, con créditos como “El sur”, “Malaventura” y “Tierra y libertad”. La última película que había dirigido, “El olivo” (2016), tenía un guion de Paul Laverty, con quien volvió a hacer mancuerna para “Yuli”, producida por Andrea Calderwood y el mismo Acosta.

La cinta hace un retrato profundo de Cuba. No se queda con las imágenes de postal de La Habana, sino que nos lleva al interior de sus casas, a las calles de las barriadas, a las antiguas plantaciones de esclavos.

“Al final también se está contando la historia de la familia de Carlos, que es una familia como tantas. Sufrieron el exilio de la mitad de la familia que se fueron a Miami, y el periodo especial, cuando cae el bloque soviético y hay una crisis en Cuba tremenda”, dijo Bollaín. “La película ofrecía la posibilidad de hablar de la gente en Cuba”.

Una de estas realidades es el racismo que Acosta conoció al crecer en una familia birracial: su mamá y su mediahermana mayor eran blancas, mientras que él y su hermana menor, hijos del segundo matrimonio de su madre con un hombre negro, son mestizos. En la película se plasma cómo esta mezcla no era bien recibida por su familia extendida.

“En Cuba el racismo está latente igual. Hubo un proceso que se dice revolucionario para erradicar todos estos prejuicios, en cierta manera se avanzó, pero no se han hecho debates profundos sobre el racismo”, dijo Acosta. “En mi seno familiar ya existía el racismo, yo lo vi muy de cerca”.

Acosta, quien en la cinta es interpretado en distintas etapas de su vida por el joven Keyvin Martínez, el niño Edlison Manuel Olbera Núñez y él mismo, recordó que cuando comenzó en el ballet, apenas dos de los 20 estudiantes en su grupo eran negros. Y cuando llegó al Royal Ballet, de unos 80 bailarines solo dos eran de color. Sin embargo, también destacó que en las grandes compañías donde ha bailado, muchas veces los directores que creyeron en él eran blancos y que recibió ofertas para interpretar todo tipo de protagónicos, rompiendo los estereotipos.

“Eso me inculcó una seguridad que me permitió seguir soñando”, dijo.

Su padre, interpretado en “Yuli” por el actor Santiago Alfonso, le daba tremendas golpizas y estuvo en prisión, pero nunca dejó de darle fuerza haciendo que se mantuviera en la danza pese a su situación de pobreza.

“Cuando uno lee el libro resulta más brutal el padre en el libro que en la película... Pero Carlos le dedica el libro”, dijo Bollaín.

“Mi papá es la estrella de mi vida”, explicó Acosta. “Batalló contra viento y marea porque yo fuera bailarín y al final lo logró. La gloria de lo que yo estoy viviendo, lo que soy ahora, se lo debo a él... Al mismo tiempo fue muy estricto y yo le tenía pánico, igual que mis hermanas, pero yo ya he sentido paz, he sentido una reconciliación con él”.

El astro tuvo la oportunidad de bailar con Alicia Alonso como miembro del Ballet Nacional de Cuba. Aunque esta parte de su carrera no está incluida en la película, recordó con cariño a la célebre bailarina cubana recientemente fallecida.

“Le hice un paso que se llama promenade”, dijo Acosta. “(Alonso) es un tesoro no sólo cubano, sino latinoamericano, que le dio un legado al mundo tremendo, que todavía está pariendo frutos como somos nosotros mismos”.

Para el artista, la danza en Cuba necesita un impulso. A decir de él, ha ido “hacia atrás” en los últimos años por la situación de incertidumbre en el país.

“En mi época la educación era una educación de primera y (con) unos profesores de los más grandes que hay y ya quedan pocos”, dijo Acosta.

Hoy un hombre casado y padre de gemelas de 3 años y una niña de 7, continúa disfrutando como en sus inicios de ritmos como la música urbana, la salsa y el breakdance, aunque ya no se para de cabeza, aclaró.

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