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Arte y Cultura

El otro Carlos Manuel de Céspedes

La Sierra Maestra. AFP PHOTO / ADALBERTO ROQUE

Nada más aburrido que un hombre de una sola pieza. Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) no fue uno de ellos. A los ciento cincuenta años del inicio de la Guerra de los Diez Años vale la pena buscarlo más allá del 10 de octubre de 1868 para oírlo conversar con el río Cauto, ofrecer una serenata y redactar, además de versos, cartas donde no se sabe qué admirar más, si la prosa, el coraje o la sensibilidad del autor para embeberse en el paisaje cubano y describírselo a Ana de Quesada, su mujer, exiliada en Estados Unidos. Estas cartas parecen, por instantes, precursoras de los diarios de José Martí:

Por las mañanas el monte de Cuabas, que entreveo a espaldas de mi morada, a través de una arboleda, toma en su base un color ceniciento muy oscuro; mas besan su cumbre los rayos del sol naciente y se percibe el brillo diáfano y tembloroso de la esmeralda. Luce en la cima una diadema elíptica de niebla blanquecina por sobre la cual se lanza el inmenso espacio azul del cielo. Un ruiseñor se posa entonces en algún árbol a la orilla del río y me envía sus armoniosos trinos, que a pesar de la distancia, recojo bastante bien en las alas de las brisas. No contento, sin embargo, con oírlo de lejos, deseoso de asistir a un concierto de esos músicos de los bosques, que me aseguraron cantaban en bandadas al son de las aguas en que refrescan sus piquillos, me trasladé a la margen del río en ocasión en que dejaban jugar en libertad sus gargantas flautadas; pero ay, semejantes a los niños melindrosos, se negaron a dejarme saborear sus melodías...

Esta carta, escrita en Ranchito el 13 de septiembre de 1872, muestra a Céspedes tan atento a la naturaleza de la isla como lo estaría Martí veintitrés años después, camino de la muerte:

Por altas lomas pasamos. Seis veces el río Jobo. -Subimos la recia loma de Pavano, con el Panalito en lo alto y en la cumbre la vista de naranja de china. Por la cresta subimos... y otro flotaba el aire leve, veteado... A lo alto de mata a mata colgaba, como cortinaje, tupido, una enredadera fina; de hoja menuda y lanceolada. Por las lomas, el café cimarrón. La pomarrosa bosque. En torno, la hoya, y más allá los montes azulados, y el penacho de nubes. (18 de abril de 1895)

El 25 de septiembre de 1873, desde Arroyo de Jiguaní, Céspedes vuelve a mirar en torno y poner ante Ana de Quesada la Cuba que le arropa:

El paisaje, si bien circunscrito por las montañas, es alegre y grandioso. Tengo al frente el monte de la Peña Blanca, que me distrae con sus juegos de luz. Tan pronto representa una superficie igual y unida en plano inclinado, como descubre sus inmensurables espinazos, estribos y hondonadas. Varía de colores con la rapidez maravillosa del caguayo. Las yagrumas a veces son copas colosales de esmeraldas; pero a los pocos instantes, al herirlas los rayos del sol meridional, se transforman en gigantescos floreros llenos de azucenas de plata (...)

Cuba no fue para él, como no lo sería para Martí, una abstracción sino una realidad física capaz de arrobarlo. Escribía sus cartas con una tinta elaborada por él mismo a base de zumo de limón. La naturaleza corría por su escritura, que debe de haber olido y hasta sabido a ella.

El Río Cauto.
El Río Cauto.

2

Carlos Manuel de Céspedes es desterrado a Palma Soriano en 1852, dieciséis años antes del Grito de Yara, donde las autoridades españolas le vigilan pero no le impiden sentarse a la orilla del Cauto y escribir versos:

Naces, ¡oh Cauto!, en empinadas lomas;
bello, desciendes por el valle ufano;
saltas y bulles, juguetón, lozano,
peinando lirios y regando aromas.

Luego, el arranque fervoroso domas
y, hondo, lento, callado, por el llano
te vas a sumergir en el oceano;
tu nombre pierdes y sus aguas tomas.

Así es el hombre. Entre caricias nace;
risueño, el mundo al goce le convida;
todo es amor, y movimiento y vida.

Mas el tiempo sus ímpetus deshace
y, grave, serio, silencioso, umbrío,
baja y se esconde en el sepulcro frío.


No debe pasarse por alto el acierto de ese peine de agua cuyos dientes acicalan las flores: cada lirio, un cabello; ni el contraste entre el río niño que retoza en su cuna (la sierra), y la profundidad, el retardo y el silencio que van apoderándose de él a medida que se acerca al mar, donde va a perder su identidad y desvanecerse en una realidad mayor.

Céspedes debe de haber leído a Manrique: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir."

Tampoco Martí sería indiferente al Cauto. Diez días antes de morir da testimonio del encuentro con él en una página de su diario:

Las barrancas feraces y elevadas, desgarradas a trechos, hacia el cauce, estrecho aún, por donde corren, turbias y revueltas, las primeras lluvias. De suave reverencia se hincha el pecho, y cariño poderoso, ante el vasto paisaje del río amado.

Un día después, el Cauto iba a sugerirle algo más: De Altagracia vamos a la travesía. Allí volví a ver de pronto, a la llegada, el Cauto, que ya venía crecido, con su curso ancho en lo hondo, y a los lados, en vasto declive, los barrancos. Y pensé de pronto, ante aquella hermosura, en las pasiones bajas y feroces del hombre...

La Campana de La Demajagua.
La Campana de La Demajagua.

3

Carlos Manuel de Céspedes, el hombre que estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo más joven antes que ceder a una extorsión del Capitán General de la isla y que moriría batiéndose solo, revólver en mano, con una patrulla del gobierno español, es uno de los autores de la música de “La bayamesa”, una de las pocas canciones cubanas del siglo XIX que ha prevalecido sobre la saña del tiempo.

La historia de la canción se reproduce en el libro “Música Colonial Cubana,” de Zoila Lapique, a partir del testimonio del poeta José Fornaris (1827-1890), recogido en 1888 en una edición de sus versos:

Era por los años de 1851. Después de una representación dramática se nos ocurrió celebrar a varias señoritas y entre ellas a una (Luz Vázquez) que era novia de uno de los promovedores de la serenata. Yo, a pesar de no ser el novio, me encargué de la letra; Carlos Manuel de Céspedes y Pancho del Castillo improvisaron la música, y Carlos Pérez (Tamayo) fue el tenor que la interpretó acompañado de los compositores.

A partir del 9 de enero de 1869, reducido a cenizas Bayamo, la canción adoptaría una letra de carácter patriótico que exaltaba el valor del cubano y condenaba al gobierno opresor.

4

Carlos Manuel de Céspedes.
Carlos Manuel de Céspedes.

Las cartas escritas por Carlos Manuel de Céspedes a Ana de Quesada revelan cuán angustiosa llegó a ser la relación entre ambos. La destinataria, además de quejarse de su situación económica y la de sus hijos, temía por la vida de su esposo. Él, consciente de las represalias que podían tomar los españoles contra ella, la disuadía de su empeño de regresar a Cuba y declinaba todo ofrecimiento que pudiera representar un gasto:

Te doy las gracias por lo que me dices que me tienes preparado; pero de aquí en adelante no quiero que me mandes nada; ni medicinas, ni ropa, ni nada. Guárdalo todo para ti y los chiquitos. Yo estoy satisfecho con lo que tengo. Vivo en una choza o a la intemperie. Como lo que me dan, aunque sean los reptiles más inmundos. Ando vestido y calzado de una manera grotesca, pero honesta. No tengo necesidades. Hasta ahora me defiende la lealtad de los que me rodean; el día que me falte, no sabré morir peor que Ayestarán (...) *

No juego, no me embriago, no enamoro, ni siquiera paseo. Trabajo sin descansar por Cuba, no puedo asegurar que lo haga con acierto pero es con buena fe. No robo, no mato, no violo, no hago intencionalmente agravios a nadie. Procuro proceder imparcialmente en mis resoluciones, y que haya orden y justicia. Jamás transigiré con los españoles sino bajo la base de nuestra independencia. Más no puedo hacer, no soy santo (...)

No faltaría el comentario dedicado a sus compañeros de guerra:

Si no están conformes, tomen su Presidencia el día que quieran. ¡Ojalá fuera mañana! ¡Cuidado un día no la dejen caer por tierra! Para nada la apetezco. Yo quiero ser el primer independiente, y adonde quiera que vaya tendré qué comer, porque yo sé trabajar. No le tengo miedo a nadie ni a nada.

De nada nos valió su advertencia.

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La finca San Lorenzo.
La finca San Lorenzo.

La reseña de la muerte de Carlos Manuel de Céspedes redactada por Fernando Figueredo a partir de la narración del Capitán José Lacret Morlot (1850-1954), quien acompañaba al ex presidente en la finca San Lorenzo, en plena Sierra Maestra, sobrecoge. Carlos, el hijo mayor, se dio a la tarea de recoger y juntar, además de algunas partículas del cráneo de su padre deshecho a culatazos, los pedazos de piel y los mechones de cabello que habían quedado prendidos en la vertiente escabrosa del barranco donde aquél había sido ultimado y de cuyo fondo fue retirado con una cuerda, sin consideración alguna al cadáver, que luego sería arrastrado.

A unos pasos persistía el rastro de sangre; en la hondonada donde había caído, un charco de ella, y en el tronco de una palma, una bala de su revólver que el hijo extrajo y guardó. Más allá, el esqueleto de Telémaco, su caballo. La poetización de la naturaleza nunca tuvo en Céspedes un cumplimiento más absoluto que éste de utilizar el nombre de un personaje de la Odisea para identificar al más allegado de sus colaboradores: su cabalgadura.

Nada más aburrido que un hombre de una sola pieza. Carlos Manuel de Céspedes no fue uno de ellos.

* Luis Ayestarán Moliner (La Habana, 1846-1870), coronel del Ejército Libertador. El día antes de ser ejecutado en garrote vil escribió a su madre: Moriré como he vivido, con la conciencia de haber cumplido un deber, de no haber hecho mal a nadie, y sí mucho bien a infinidad de personas.

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Contracastro vs contra Alcides

Rafael Alcides. Imagen del documental "Nadie", de Miguel Coyula.

La novela Contracastro, de Rafael Alcides, editada por Eriginal Books y presentada en la Feria del Libro de Miami, circula medio siglo después de recibir Mención en el Concurso Casa de las Américas de 1965, declarado desierto por razones extraliterarias, es decir, por sutileza editorial en aquella isla erosionada por confiscaciones, desfiles, discursos, censura y otras expresiones de fervor y terror revolucionario.

La novela, sin embargo, narra una historia de amor de personajes atrapados en sucesos recientes como el exilio y la lucha contra el régimen de Castro. El título -conciso e irreverente- y el intento por ficcionar la realidad asustaron e irritaron a los comisarios culturales quienes desecharon la edición.

Rafael Alcides escribió y publicó varios poemarios, novelas, ensayos y crónicas antes de reescribir Contracastro cuya edición póstuma es una especie de “testamento ético y político” del autor, aún censurado en Cuba donde la Aduana descamisó los ejemplares enviados a Luz Escobar, periodista del diario independiente 14ymedio.

Nada nuevo, por supuesto, cuando la censura es un instrumento del arsenal represivo revolucionario.

No voy a reseñar Contracastro ni hablar de su trasfondo crítico o erótico. Ya lo hicieron en la Feria del Libro de Miami Marlene Moleón, directora de Eriginal Books; Regina Coyula, esposa de Alcides; Ramón Fernández Larrea y otros escritores y amigos de ese literato “incómodo” y tenaz que en vez de exiliarse “se recluyó en su casa durante décadas y falleció de un cáncer a los 85 años el 19 de junio de 2018”.

Ofreceré mi visión personal del peripatético y creativo poeta de Gitana, Agradecido como un perro, La pata de palo y tantos poemarios que avalan su sensibilidad, talento y circunstancias socio personales.

Si Alcides, como reveló Regina Coyula, reescribió la historia de los exiliados Tom -quien desembarcó en abril de 1961 por Bahía de Cochinos para derrotar a Castro- y Carla, sus razones tendría; quizás aquella novela de juventud en campo minado no valdría la pena ahora como la presentó al Concurso Casa en 1965; tal vez la reescritura armonizó la historia de entonces con su evolución sociopolítica y su cambio de perspectiva.

De todas formas, Contracastro se volvió contra Alcides, por lo cual mereció reescribirla y editarla medio siglo después. La muerte del escritor y la resurrección del libro censurado son, pues, un “acto de justicia poética”.

Dicen que Rafael Alcides, retirado del ámbito letrado insular tres décadas antes de morir, fue un escritor de borradores que archivaba o desenterraba sus escritos según la oportunidad de editarlos. Fue redescubierto por el poeta y editor andaluz Abelardo Linares, director de la editorial Renacimiento, quien le publicó la antología lírica GMT, Conversaciones con Dios y Un cuento de hadas que termina mal -entre el 2009 y 2014-, seguidas por la miscelánea Libreta de viaje y El anillo de Truman Capote, Memorias de un soñador, poemas escogidos -en la editorial Verbum, Madrid, 2015-, más las crónicas Memorias del porvenir -premiada y publicada en Logroño-, así como poemarios y relatos en otras ciudades de España y los Estados Unidos, como Miami, capital del exilio cubense.

Si Jorge Luis Borges vivió entre la poesía, la narrativa breve y la ceguera, Rafael Alcides sobrevivió entre la poesía y el inxilio del cual resurgen sus borradores líricos. En fin, aquel poeta de la intimista Generación de 1950 recreó de forma peculiar más de medio siglo de fabulación viajera en circunstancias difíciles. Con su resurrección, el bardo apacible de voz de trueno y versos límpidos y expresivos, desterró a sus fantasmas. Al decir de Virgilio Piñera:

“Rafael Alcides, con sus fuerzas poéticas (sean estas las que fueren) es un hombre del siglo XX (de sus finales) y como tal se manifiesta. Escribe [...] con las palabras de su siglo y con sus intenciones".

(Nota del editor: Este artículo fue escrito por Miguel Iturria Savón en diciembre de 2018)

Jorge Luis Borges: 120 años de un "ser literario" de imaginación infinita

Maria Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, posa junto a un retrato del escritor en Buenos Aires. (Ludovic MARIN/AFP)

La inabarcable imaginación del escritor Jorge Luis Borges sigue maravillando al mundo 120 años después de su nacimiento en Buenos Aires, cuna de un "ser literario" que dejó una profunda huella en la historia por su ingeniosa prosa y un humor muy particular.

Nacido el 24 de agosto de 1899, Borges exhibió desde temprana edad una devoción al mundo de las letras que más adelante lo convertiría en un autor universal, con una obra de fuerte identidad que inspiró a numerosas generaciones de escritores y, al mismo tiempo, los mantuvo a una distancia prudencial.

"Es como el sol, no hay que alejarse mucho porque nos da un ligero calor, pero si uno se acerca mucho se quema", explica a Efe Alejandro Vaccaro, autor de "Borges, vida y literatura", biografía de un personaje con una originalidad cuya magnitud hacía que sus colegas temiesen "caer en la copia".

Un libro con notas escritas a mano por Jorge Luis Borges, en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. (Archivo)
Un libro con notas escritas a mano por Jorge Luis Borges, en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. (Archivo)

La "concisa" prosa de este "ser literario" y una "belleza" en el uso de las palabras que "no se ve en otros escritores" cautivaron a Vaccaro, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), cargo que Borges también ostentó entre 1950 y 1953.

Hasta su muerte en Ginebra (Suiza) en 1986, el célebre narrador construyó un legado imperecedero de cuentos, poemas y ensayos, con obras de referencia como "Ficciones" (1944) y "El Aleph (1949), aunque no es esa faceta de autor de la que más orgulloso se sentía.

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído", sostuvo Borges.

Su amor por la lectura lo empujó a ejercer como bibliotecario de 1937 a 1945 -época en la que ya era conocido por sus creaciones- y le sirvió para convertirse en director de la Biblioteca Nacional Argentina de 1955 a 1974.

"Es muy difícil hablar de un escritor de mediados de siglo (XX) para acá que no haya sentido el impacto de la obra de Borges", afirma Vaccaro, que cita como ejemplos a Mario Vargas Llosa, Orhan Pamuk y Umberto Eco.

¿Cómo funcionaba la cabeza del argentino?¿Cómo se le ocurrían las inverosímiles situaciones que impregnan sus relatos? Son preguntas que el biógrafo sigue haciéndose después de más de veinte años de investigación de su figura.

Jorge Luis Borges.
Jorge Luis Borges.

"Es muy difícil situarse en esa mente de tanto conocimiento, veía más allá de lo que ven todos", valora.

Uno de los rasgos personales más característicos de Borges es su humor lleno de sarcasmo, una herramienta que, más allá de sus obras, sacó a relucir para comentar algunos de los trabajos de sus contemporáneos.

"'Cien años de soledad' es una gran novela, aunque quizás con cincuenta años hubiera sido suficiente", apuntó Borges sobre la creación de Gabriel García Márquez.

Su posición política, abiertamente antiperonista y conservadora, suscitó polémica y, según Vaccaro, lo mantuvo alejado del otro gran referente de la literatura argentina del siglo XX: Julio Cortázar.

Además, su viuda, María Kodama, ha sostenido que el escritor nunca se alzó con el Nobel de Literatura pese a estar nominado en diversas ocasiones por "cuestiones políticas".

Una pintura de Jorge Luis Borges en un quiosco de la Feria del Libro de Buenos Aires. (Archivo)
Una pintura de Jorge Luis Borges en un quiosco de la Feria del Libro de Buenos Aires. (Archivo)

El escritor se quedó ciego alrededor de 1955 y, al final de su vida, se trasladó a Ginebra por miedo a que los efectos del cáncer que le habían diagnosticado se convirtiesen en un espectáculo para los medios argentinos.

Semanas antes de morir, el escritor envió una carta a la Agencia Efe en la que expuso que se sentía "misteriosamente feliz" siendo un "hombre invisible" en la ciudad suiza.

"Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida. Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora. Es una gran ciudad como tantas otras", expresó en la misiva.

Al igual que su inventiva, el legado literario de Borges no conoce límites y, a 120 años de su nacimiento, la "universalidad" de su obra, según Vaccaro, lo mantiene como un referente global del mundo de las letras.

Virginia Alonso-Tokarz: En todo momento doy vida nueva a la patria donde nací

Virginia Alonso-Tokarz, soprano de origen cubano durante un concienrto de gala.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Mi padre era periodista en Cuba. Trabajaba para la United Press y lo primero que hizo Fidel fue censurar la prensa. Le pusieron un censor en la oficina. Enseguida se dio cuenta de que aquello era comunismo e hizo planes inmediatos para sacarnos de Cuba.

El 11 de abril de 1960 aterrizamos mis dos hermanas, mis padres y yo en Miami, sin dinero, pero con una maleta llena de Cuba, con el gran alivio de no tener que fingir que apoyábamos al régimen de Fidel Castro, de no tener que «marchar» más en el colegio, pues ya nos estaban poniendo a marchar en el Instituto Edison.

También se hablaba de que los padres podrían perder la Patria Potestad y mi papá repetía que a sus hijas no las mandarían a estudiar solas a ningún otro país. Eso me aterrorizaba.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Habiendo visitado Miami muchas veces, ya que mi abuela tenía una casa en el SW de Miami hacía muchos años, mis recuerdos eran placenteros. No veía a Miami como un lugar extraño. Lo que más temía era tener que separarme de mis padres y eso no sucedió nunca.

¿Qué encontraste?

Encontré un mundo que no sabía que existía. Era como romper la pantalla y entrar en la película. Primero, nadie hablaba español, tuve que aprender inglés ¡o morir! Luego, incorporar a mi vocabulario lo que era una «cheerleader», el procedimiento parlamentario, los bailes de «square dance», los juegos de football...

Porque desde un principio entré a cantar en el coro del colegio (era una asignatura fácil y no tenía que hablar inglés), mi talento fue reconocido y tanto mis maestros como mis compañeros de escuela me hicieron sentir especial e importante. Nunca fui víctima del prejuicio ni de la discriminación. Conservo hasta el día de hoy innumerables amigos de aquella época.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Lo más revelador ha sido que el ser humano es igual en todas partes. Que el prejuicio tiene que ser enseñado cuidadosa y deliberadamente. Que es posible que una persona cambie. Que es posible aprender cualquier cosa, si existe el interés y si se dedica el tiempo necesario para hacerlo. Que el amor existe y la maldad también. Que somos dueños de nuestra vida, si tomamos control de ella. Que la disciplina ayuda. Que la amistad hay que fomentarla. Que ser feliz requiere dedicación. Que el amor es la fuerza mayor.

¿Qué es para ti la libertad?

Así como todo empezó cuando dice Dios en Génesis, «Hágase la luz,» todo es posible si somos libres. Para pensar, para hablar, para escoger, para decidir, para movernos, para diferir, para discutir, para votar.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Mi patria física ya no existe en mí. Lo que queda en mí es el recuerdo indeleble de lo que fue, de lo que viví, de lo que amé. En todo momento doy vida nueva a la patria donde nací. No tengo que pensar en Ella. Simplemente seguir siendo. Cuando hablo, revivo su acento. Cuando cocino, doy vida nueva a sus aromas. Llevé la receta de las papas rellenas de mi mamá a la televisión europea, donde cociné «Kubanisches Knödle» en todo su esplendor y para asombro de los televidentes. Cuando crío a mis hijas, traspaso sus costumbres. Sus esposos -uno alemán y el otro irlandés- cocinan frijoles negros, picadillo, yuca con mojo, fricasé de pollo y muchos otros platos típicos para el deleite de mis nietos. Cuando canto Cecilia Valdés, propago nuestra música al mundo. Cuando sencillamente soy, comparto y plasmo en otros lo que aprendí, lo que represento, lo que fue posible llegar a ser.

A pesar de que he vivido la mayor parte de mi vida en los Estados Unidos y en Europa, mi hogar siempre ha tenido esquinas cubanas: el busto de Martí, la placa en la pared que dice «Ser cultos para ser libres»; la pintura original de la iglesia del Carmen en Cojímar, donde hice mi primera comunión; la imagen en cobre de la virgen de la Caridad que mi mamá trajo en la maleta acompañando las fotos de nuestra familia; nuestra biblioteca con los 27 tomos de las escrituras de Martí; las películas que mi padre tomó en Cuba, las cuales todavía disfrutamos en nuestro hogar, encabezado por mi esposo que a pesar de ser polaco de sangre, es más cubano de corazón que muchos que nacieron allá. Quisiera que cuando alguien piense en mí, reconozca que, con orgullo, soy una buena representación de Cuba, la patria donde nací.

Frank Guiller, el cubano que retrata a los judíos en Union City

Un judío camina por una calle de Union City, parte del libro "The Jews", Rialta Ed., 2019. Cortesía de Frank Guiller.

El fotógrafo cubano Frank Guiller se ha enfrascado casi tres años intentando atrapar la imagen de los judíos que encuentra a su paso por Brooklyn, Union City y toda Nueva Jersey.

Parece que Guiller se ha hecho de un botín. Ahora Rialta Ediciones ha metido casi un centenar de esas fotos en el libro The Jews, con acercamiento introductorio del ensayista Carlos A. Aguilera.

El libro viene antecedido de la muestra personal "Revelaciones de identidad", que en 2018 expusiera en el William V. Musto Museum, de Union City.

Guiller nació en La Habana de 1959. Allí estudió en la conocida escuela de Artes Plásticas de San Alejandro y en 1988 emigró a Estados Unidos, donde ha desarrollado el grueso de su obra fotográfica.

Llama la atención que este artista se ha apartado del eje temático víctima-victimario para hacer un retrato de los judíos “Usando más la imagen como un medio en el cual continuamente se ve al hombre religioso como un hombre común…”, tal como explica en las notas a la presente edición.

En entrevista con Radio Televisión Martí Guiller explicó sus motivaciones, parte del proceso de creación y los resultados de haber emprendido un camino hacia “el documento”, que lo llevan también a sus orígenes; él es de ascendencia judía.

“Me llamó la atención la comunidad de aquí de New Jersey y de New York, y entonces empecé a fotografiarlos, y quedó la idea ésta, que me tomó casi tres años hacerla”, refiere.

En formato digital, y con la aplicación de filtros para balancear el color por la diferencia en el uso de dos cámaras, las fotografías de Guiller dejan ver a judíos en la calle: hablando por teléfono, viniendo de los comercios y las sinagogas, en sus pláticas habituales o en grupo, sosteniendo una plática venida sabe Dios de qué meandros de la vida.

Un hombre pasa frente a un anuncio en Brooklyn, NY. Fotografía del libro "The Jews", cortesía de Frank Guiller.
Un hombre pasa frente a un anuncio en Brooklyn, NY. Fotografía del libro "The Jews", cortesía de Frank Guiller.

“Se ha tratado ese tema muy cerca del sufrimiento humano, pero yo quise verlo de otra manera, no en el plano del sufrimiento, sino ver al hombre religioso cómo se integra a la sociedad y desmitificar un poco esa parte que uno tiene de la religión hebrea”, señaló.

En las palabras al libro, el poeta, editor y ensayista Carlos Aguilera se aventura en la intimidad lograda por Guiller, que, asegura, “La capta en una zona que sólo puede ser pensada como espectro”.

Para Aguilera hay un lugar más allá de lo puramente visible o lo cotidiano, las imágenes de Guiller giran “Alrededor del yo”.

En un reciente ensayo para Rialta el escritor Gerardo Fernández Fe hace un parangón entre Guiller, que “todas las mañanas cruza el charco con la misma avidez del coyote que se adentra en el villorrio” hacia New York y aquellos que se juegan la vida por alcanzar la presa que se le atraviese en el camino.

La Nueva York plagada de lugares comunes para el ojo no entrenado gana con Frank Guiller: “(…) al hacernos saber que la suya sigue siendo una ciudad ad-mirable más allá de las guías turísticas, plagada de recovecos, de zonas de ensueño y de personajes que sintetizan historia y emoción”.

Portada del libro "The Jews", del fotógrafo cubano Frank Guiller. Rialta Ediciones, 2019. Cortesía Rialta Ediciones.
Portada del libro "The Jews", del fotógrafo cubano Frank Guiller. Rialta Ediciones, 2019. Cortesía Rialta Ediciones.

En la nota introductoria al libro, el mismo Guiller –que la titula “Reflejos y reflexión sobre el estudio de la serie The Jews para mi amigo Carlos A. Aguilera”- explica parte de la elaboración:

“(…) En la mayoría de los casos he usado dos cámaras y por lo tanto he necesitado filtrar la coloración para mantener la unidad plástica y que se pueda llegar en ambos casos a, por así decir, los mismos valores cromáticos. Para eso usé en posproducción un filtro llamado Cross Processing. Sin entrar mucho en el aspecto tecnológico te diré que este filtro toma su nombre del intercambio que hace de los químicos de colores por los de blanco y negro, y como evidentemente no se trata de una película sino de una obra completamente digital la similitud es muy cercana y el resultado muy parecido, por lo que a mí me vino muy bien para «envolver» el color...”.

“Sin que llegara a ser un documento exactamente documental, traté de dar un documento menos personal, más amplio sobre el hombre religioso”, explica.

Frank Guller, fotógrafo cubano, autor del libro "Los Judíos", Rialta Edic.
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El libro cuenta con pocos retratos en los usos conscientes de la presencia del fotógrafo. “Es difícil tirarles fotos porque a ellos no les gusta”, añade Guiller.

The Jews. Frank Guiller (Rialta Ediciones, 2019). Serie FluXus, coordinada y con introducción de Carlos A. Aguilera.

Los "Good Boys" adelantan a los "Fast & Furious"

Actores Brady Noon, Jacob Tremblay y Keith L. Tremblay durante la premiere de "Good Boys"

La comedia "Good Boys" superó en su semana de estreno a la nueva película de la franquicia "Fast & Furious", el "spin-off" (película derivada) "Hobbs & Shaw", que había liderado la taquilla nacional durante sus dos primeras semanas por encima de "The Lion King".

Con 21 millones de dólares recaudados, "Good Boys" se situó en el
primer puesto, según los datos del portal especializado Box Office Mojo.

Además de su estreno en el mercado nacional, la comedia también llegó a las pantallas de otros 13 países en los que su recepción ha sido algo más discreta, con 2,1 millones de dólares.

En "Good Boys", tres niños que apenas empiezan a vislumbrar la adolescencia, se ven envueltos en una aventura de la que tendrán que salir juntos y como amigos tras destrozar el dron del padre de uno de ellos.

La cinta ha sido calificada R en el país (por la cual los menores de 17 años deben ir con un adulto al cine) y es el tercer filme original que lidera la tabla, en un año dominado por nuevas versiones de películas, secuelas y entregas de sagas ya consolidadas. En segundo lugar, "Fast & Furious Presents: Hobbs & Shaw" se mantuvo fuerte en su tercera semana en la cartelera de los cines con 14,1 millones de dólares, que suman un total de 133 millones recaudados en el país.

En el resto del mundo la película de acción ha conseguido 437 millones de dólares y se acerca a la barrera de los 500 millones aún a falta de su estreno en el mercado chino, previsto para el próximo fin de semana.

Por su parte, "The Lion King" continúa en el podio en su quinta semana desde su estreno y tras haberse coronado como la cinta animada más taquillera de la historia.

La nueva versión del clásico de Disney sumó esta última semana 12 millones de dólares a sus casi 500 millones recaudados en el país (496,1 millones).
En el resto del mundo, la película acumula 1.435 millones de dólares, por lo que ya solo tiene por delante a "Avengers: Endgame" (2019), que recientemente se convirtió con 2.795,5 millones de dólares en la película con mayor recaudación de todos los tiempos (sin contar la inflación) al superar los 2.789,7 millones de la segunda en el listado: "Avatar" (2009).

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