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Opiniones

"The Washington Post" editorializa sobre fracaso de política de Obama hacia Cuba

Barack Obama y Rául Castro.

El diario asegura que no ya en Derechos Humanos, sino que ni siquiera económicamente EEUU ha sacado provecho de las relaciones con Cuba.

Desde que se anunció el final del congelamiento de las relaciones EEUU-Cuba hace 11 meses, Obama ha aflojado el doble de las restricciones que había para los viajes y las inversiones en el país comunista, escribe The Washington Post en el editorial de hoy.

Gracias a eso, dice el diario, la llegada de turistas a la isla ha subido un 18% este año, y miles de millones de divisas frescas fluyen a la tesorería casi vacía de la decrépita dictadura caribeña.

La Casa Blanca ha enviado una avalancha inusitada de altos funcionarios a La Habana, entre ellos la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, y el subsecretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, quien hizo la corte al general que dirige el aparato de seguridad interna represiva de Raúl Castro.

En respuesta a esto, Castro no ha hecho prácticamente nada, aparte de reabrir la embajada de Cuba en Washington y permitir un acuerdo de telefonía móvil. Los alegatos repetidos de funcionarios estadounidenses para gestos mínimos en materia de Derechos Humanos, lo único que han logrado ha sido intensificar la represión a la oposición.

Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, hubo al menos 1.093 detenciones políticas en octubre, el número más alto en 16 meses.

El general Castro ha rechazado inversiones de empresas estadounidenses y se han reducido dramáticamente las importaciones de Estados Unidos. En lugar de ello, los funcionarios comunistas cubanos están utilizando la perspectiva de un aumento en el comercio y la inversión con Estados Unidos como "carnada" para obtener verdaderas gangas en el comercio con otros países, según un informe del Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba.

Las importaciones de alimentos estadounidenses han bajado un 44% este año, mientras que las importaciones procedentes de China han aumentado un 76%.

Sorprendentemente, la Administración Obama parece feliz de aceptar esto. El último enviado de alto nivel, el asesor del Departamento de Estado, David Thorne, dijo a Reuters en La Habana la semana pasada: "Estamos muy satisfechos con la forma en la que los cubanos quieren hacer esto".

Al ser preguntado sobre la falta de progreso en materia de Derechos Humanos en Cuba, al funcionario no se le ocurrió otra cosa que decir que ocurre "al igual que en otras partes del mundo", y añadió alegremente Thorne: "no siempre los Derechos Humanos son las primeras cosas que tenemos que arreglar".

Con esa actitud por parte del Gobierno de Obama, no es extraño que los dictadores estén ganando, dice el diario estadounidense.

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El Castrismo en Consejo de Derechos Humanos: el absurdo de elegir criminales para juzgar a los justos

Vista general del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza. REUTERS/Denis Balibouse/File Photo

Es una aberración, sin otro calificativo, que el régimen que ha sometido a millones de sus ciudadanos por décadas e incursionado violentamente en la política internacional con fines imperialistas, ocupe por quinta vez una posición en el organismo más importante de Naciones Unidas a cargo de defender los derechos humanos.

Que el castrismo y sus funcionarios se esfuercen por integrar esa entidad, o cualquier otra desde la que puedan ejercer influencia o tener control, es comprensible, es parte de su gestión de sobrevivencia, lo que es un enigma es que gobiernos electos democráticamente y que actúan sustancialmente como tales, respalden a regímenes como los de Cuba, Rusia y China para tales posiciones. Es un absurdo elegir criminales para que juzguen a los justos.

Fue desidia o complicidad, que el Grupo de América Latina y el Caribe, Grulac, no se pusiera de acuerdo para presentar más opciones a la elección en el Consejo. Tres candidatos para igual número de posiciones no dejaban alternativas, al parecer, fue la ruta escogida por los mandatarios latinoamericanos para evitar tener conflicto con el régimen injerencista de La Habana y con los partidarios de esa dictadura que operan al interior de sus países.

Nuevamente ha quedado demostrado que América Latina no es consciente de los riesgos que corre al tener de vecino al gobiernos más agresivo del continente, con independencia de que nuevamente puso a un lado su deber de ser solidario con los pueblos que padecen dictaduras, gestión en la que han sido mucho más consecuente los Estados Unidos y Europa, aunque corren menos riesgos de sufrir las agresiones del castrismo que los países del Grulac.

La conducta del hemisferio en relación a la dictadura cubana está fuera de la lógica más elemental. Un país como Perú, quien bautiza al denominado Grupo de Lima, la bandera solidaria con los demócratas venezolanos, a través de su canciller afirmó que votaría en la reunión del Consejo a favor de La Habana, la casa matriz de los horrores que padece Venezuela.

Evidentemente no fue supuestamente Perú el único país del hemisferio que votó a favor del totalitarismo insular. Según las cuentas solo 22 naciones votaron en contra de la presencia de Cuba en el Consejo, el resto 170, votaron a su favor, entre ellos deben estar conocidos satélites del castrismo como Venezuela y Nicaragua y algunos amigos que con justicia condenan a Nicolás Maduro y su satrapía, pero incomprensiblemente respaldan a un régimen que con maldad extrema continúa siendo fiel a los postulados de Fidel Castro.

Quiénes fueron será difícil conocer, aunque los pueblos tienen derecho a estar al tanto de cuáles son los países que se alían con sus verdugos.

Los votos en Naciones Unidas, en cualquier organismo internacional, deberían ser públicos, no secretos, porque eso invalida la transparencia de cualquier proceso democrático, aun más, como afirma el jurista mexicano René Bolio presidente de la Comisión Internacional Justicia Cuba, “se le debería exigir a los países que integren el Consejo de Derechos Humanos que sean genuinas democracias”.

La dictadura cubana está controlada por hábiles gobernantes, eficientes en su gestión que no dudan negociar cuando esperan obtener ventajas.

En los 70 acordaron con la Junta Militar Argentina arreglos que consistieron en guardar silencio ante sucesos que pudieran afectar tanto a Buenos Aires como a La Habana. Ahora lo hicieron con Perú y durante la presidencia de Tabaré Ramón Vázquez Rosas, con Uruguay, además, regímenes de fuerza como los mencionados de Venezuela y Nicaragua y los de África y Asia, entre los que destaca el tirano de Corea del Norte Kim Jong-un, reciben con beneplácito a la vez que favorecen, la presencia de funcionarios del régimen castrista en organismos en los cuales requieren aceptación.

Es penoso que todos los países que votaron a favor de la dictadura están conscientes de que el régimen violenta todos y cada uno de los derechos de sus ciudadanos, que no ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y como colofón, Cuba es uno de los pocos países del mundo que exporta represores y torturadores como refleja un reciente informe sobre Venezuela.

Literatura y libertad en la vida y el legado de Laura Pollán

Laura Pollán

Hace nueve años que Laura Pollán murió, la asesinó el régimen de La Habana. Su delito fue simplemente organizar un grupo de mujeres cubanas para ir a Misa los domingos vestidas de blanco. Ya desde antes del surgimiento de las Damas de Blanco, un grupo de mujeres, familiares de prisioneros políticos, asistían a Misa en la Iglesia de Santa Rita, en La Habana, para orar por sus seres queridos. Laura tuvo la osadía de lanzar la idea fuera del recinto religioso, le dio unicidad a aquel esfuerzo y una imagen que creció en reconocimiento y visibilidad ante los cubanos y el mundo.

Laura tenía la voz dulce y el acento del oriente del país, había sido profesora de literatura, e intuyo, que su conocimiento literario la hizo identificar la belleza de la causa de la libertad de Cuba. Su esposo, dedicado a labores de oposicón política, la puso en la encrucijada, como a muchos otros familiares de prisioneros políticos en la Cuba de principios del milenio.

Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror

Laura tomó el reto y creyó en su misión. Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror. Lo hizo sin perder la dulzura, pero con un aplomo y un sentido común que le ganó el liderazgo entre las demás mujeres.

Usualmente hablaba con ella para conocer situaciones específicas de represión o para brindar la ayuda solidaria del exilio cubano. Con el tiempo, comenzamos a hablar del futuro, de su visión del cambio, de las condiciones para la libertad. Siempre tenía una palabra optimista con relación a las posibilidades de triunfo del movimiento cívico. “Aquí ya estoy poniendo en el fogón el café, para que cuando llegues, que es pronto, podamos tomarlo juntas”. Laura siempre era luz y era esperanza, levantaba el corazón con su plática.

Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería

Cuando la madre de Orlando Zapata Tamayo se encontraba en La Habana con su hijo en huelga de hambre y sin saber exactamente dónde lo tenían, Laura brindó su casa para realizar una conferencia de prensa. Fue en ese instante que llegaron los agentes de la Seguridad del Estado y le avisaron a Reina Tamayo que tenía que acompañarlos. Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería, provocándole un daño irreparable en los riñones. Laura estaba allí, abierta y solidaria.

Luego del asesinato de Zapata vino la prueba de fuego para Laura y las Damas de Blanco. La Seguridad del Estado utilizando el miedo trató de impedir las marchas hacia la Iglesia. Los ánimos estaban caldeados y los mismos prisioneros políticos en distintas prisiones y provincias se encontraban realizando protestas por el asesinato de aquel valiente opositor.

Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

La policía política trató de convencer a las Damas de que no salieran a la calle. Utilizaron primero métodos de persuasión y luego violencia directa contra las mujeres pacíficas. Laura Pollán se dio cuenta de que, si retrocedían ante estas amenazas y represalias, serían presa fácil para la maquinaria represiva, y decidió salir, caminar, ampliar incluso los caminos de las Damas a otras calles de la capital cubana. Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

Estaba condenada

El monstruo totalitario la puso a prueba y sabía que no había vuelta atrás. Le temían a su carisma, a su liderazgo y a su voluntad de lucha.

Unas pocas semanas antes de su muerte, sufrió un terrible acto de repudio y fue agredida directamente, algunos sospechan que le inocularon un virus o alguna sustancia. Todo es posible y no sería la primera vez que los castristas utilizan estos métodos para eliminar sus enemigos.

El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal

El caso es que Laura enfermó y tuvo que ser hospitalizada y todo lo que ocurrió después de ese momento se desconoce. El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal.

Los médicos que anunciaron su muerte llevaban botas militares y junto a ellos estaban los reconocidos agentes de la policía política que tantas veces la reprimieron.

El legado de Laura es hermoso: la fe, la esperanza, la voluntad de ser libre. Con sus manos delicadas ayudó a levantar un movimiento que aún hoy permanece. Con su inteligencia hizo avanzar en el camino de la libertad, que está en las calles de Cuba. Con su voz despertó conciencias e inspiró a un pueblo.

Laura, sencilla y valiente, sabia y dulce: tu legado permanece hasta que un día amanezca en la patria por la que fuiste capaz de entregar tu vida.

Que así sea.

Plantados y recondenados

La gorra que promociona el filme Plantados en La Habana. (Facebook del realizador Lilo Vilaplana)

El régimen penitenciario castrista es muy severo. Por cualquier nimiedad un recluso es castigado con dureza, incluidas brutales golpizas. La suspensión de la anhelada visita o la remisión a una celda de castigo son prácticas regulares, al igual que enviar al recluso a cientos de kilómetros del lugar donde reside su familia.

Padecer prisión en Cuba es una angustia perenne. Los carceleros actúan en base a sus instintos y gozan cumplir las órdenes de abuso con particular entusiasmo. Ernest Hemingway escribió en una de sus obras que había algo vil en eso de encarcelar seres humanos, una gran verdad en términos generales y muy cierta en lo que respecta a los carceleros cubanos, aunque en justo reconocer que algunos eran particularmente sádicos como “Campeón”, “Brazo de Oro” y “Pedro, la maldad”, una lista interminable.

No obstante, una especie de convivencia entre presos y carceleros es inevitable. Los guardias golpean y los presos resisten. Intercambian frases o insultos y en ese lenguaje, tanto unos como otros inventan vocablos o modifican el significado de las palabras.

Una de esas fue el cambio de significado de "plantado", que de ser una persona de buena presencia o faltar a una cita, mutó en la prisión política, específicamente en el Presidio de Isla de Pinos, a un individuo que por sus convicciones era capaz de enfrentar las acciones más cruentas y abusivas que puedan imaginarse.

El término plantado se convirtió en un símbolo de la resistencia. Todos los que rechazaban el plan de rehabilitación política que prometía una excarcelación temprana fueron calificados de "plantados". Era asumir conciencia plena de que la condena carcelaria, impuesta por los espurios tribunales de la dictadura, se cumpliría en su totalidad sin concesiones a la dictadura.

Esa actitud favoreció que otras palabras cambiaran su significado, al menos, en el ámbito carcelario. Muchos presos cumplieron su sentencia enfrentando año tras año los actos represivos de los esbirros y retando a las autoridades, por lo que cuando llegó el día de su excarcelación no fueron liberados debiendo cumplir más meses y hasta años de cárcel por disposición administrativa del ministerio del Interior o por caprichos de un jerarca, Estos reclusos empezaron a ser conocido como los “recondenados”.

El régimen no podía soportar la conducta rebelde de numerosos hombres y mujeres, así que, irrespetando sus propias leyes, los “recondenaban”.

Cuando se inició el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos en el reclusorio de Isla de Pinos los presos de las circulares tenían que trabajar a la fuerza. La administración del penal creó bloques de trabajo compuestos por brigadas bajo la custodia de una veintena de sicarios armados con fusiles checos R2 y bayonetas. Estos esbirros cometieron numerosos asesinatos.

Las condiciones de trabajo eran muy duras. Las golpizas y los heridos eran el menú de todos los días, razón por la cual un grupo de hombres de un valor muy superior al del común de los mortales decidió acabar con la agonía y le “plantaron al trabajo forzado”. No sabían qué ocurriría, como responderían los esbirros a su osadía, pero aún así “plantaron”.

El primero fue el periodista Alfredo Izaguirre. Después Emilio Adolfo Rivero Caro y Onirio Nerín Sánchez. Las golpizas, celdas de castigo, incomunicación y abusos se extendieron por varios días. Lo mismo ocurrió con otros prisioneros que tomaron la misma decisión, entre ellos Servando Infante, Ricardo Vázquez e Israel Abreu, a quien un esbirro le clavó una bayoneta en un glúteo y mientras la empujaba la hacía rotar sobre su eje como si fuera un tornillo en una tabla.

Así se forjaron los míticos “plantados”. Del NO a la rehabilitación política, plantaron al trabajo forzado, una síntesis de heroísmo sin límites, de entrega total a las convicciones patria y de compromiso con la libertad.

Plantado es hoy también una organización de hombres y mujeres que tienen a Cuba en el punto más alto de sus obligaciones. Plantado es igualmente una película realizada gracias a la profunda cubanía de Leopoldo Fernández Pujals y dirigida por el cineasta Lilo Vilaplana, que recoge el heroísmo del presidio político cubano y en la que han trabajado con devoción Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez, dos hombres que simbolizan la resistencia a la tiranía.

El castrismo tiene un historial de persecución y deportación religiosa

Procesión de la Virgen de la Caridad el 8 de septiembre de 2019. AP Photo/Ismael Francisco

Las religiones tienden a promover la comprensión, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana, contrario a esos principios,ideologías como el marxismo y el fascismo auspician la lucha de clase y la dictadura del proletariado o patrocinan el odio racial y la discriminación, razón por la cual cuando Fidel Castro y sus acólitos llegaron al poder, dispusieron que las religiones fueran perseguidas, imponiendo el odio, sectarismo y represión, factores comunes en el comunismo y el nazi-fascismo, los fundamentos sobre los que reconstruiría a Cuba.

A 59 años del destierro de más de un centenar de religiosos de Cuba
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Castro, consecuente con su naturaleza mesiánica y manipuladora, contradijo la máxima «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».Él, desde su perspectiva, también era un Creador y se esforzó, lo logró en gran medida, en expatriar de la conciencia de muchos de sus conciudadanos toda creencia en un ser supremo ajeno al Comandante en Jefe, y no fue raro que en las casas de familia el cuadro de Jesús fuera sustituido por uno de Fidel, o cualquier otro de sus genízaros. En Cuba se exaltó una nueva religión, el Castrolicismo, como afirmaba el compañero de presidio Gerardo Fundora.

En la Isla, se organizó la persecución de la Iglesia y los creyentes. Se acosó a la feligresía, al igual que abolieron las festividades republicanas y se minimizó la gesta independentista, las fechas claves de las religiones, particularmente las cristianas, como la Semana Santa y Navidad fueron maldecidas, lo que quizás motivó a muchos antes de morir, como Alberto Tapia Ruano y Virgilio Campanería, gritar ante el paredón de fusilamiento “¡Viva Cristo Rey”!

Los extremismos del Castrolicismo han sido padecidos por católicos y no católicos, por todo ciudadano que fue y es capaz de defender sus convicciones y, paradójicamente, hasta por muchos de los que han guardado silencio cómplice ante las tropelías de la dictadura. Es válido decir que aun hoy, después de décadas de fracasos, no faltan quienes tienen una memoria selectiva que les facilita olvidar para lucrar.

Los ataques a las religiones y a los religiosos se agudizaron en 1961. La procesión a la Virgen del Cobre fue prohibida por las autoridades y cuando los feligreses decidieron realizarla, un sicario asesinó a tiros al joven Arnaldo Socorro, portador de una imagen de su Patrona frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana.

Dos días después fue arrestado el obispo Eduardo Boza Masvidal, figura emblemática de la Iglesia Católica que con argumentos sólidos e irrebatibles criticaba al nuevo régimen. La dictadura no soportó más el reto continuo a sus prerrogativas y decidió aplicar lo que consideró erradamente un golpe mortal a su principal enemigo ideológico, al ordenar la expulsión del país de 136 religiosos, entre ellos 60 sacerdotes españoles, 45 cubanos, cinco canadienses, un hondureño, un venezolano, un húngaro y un italiano. Las autoridades habían detenido a los sacerdotes en sus diferentes iglesias y fueron conducidos directamente al barco Covadonga, que tenía como destino España.

Entre los desterrados se encontraban el obispo Boza Masvidal y Agustín Román, quien fue obispo auxiliar de Miami, dos personalidades excepcionales que desde sus respectivas responsabilidades siempre honraron a Cuba y lo cubano, contrario a lo que han hecho las figuras más destacadas del castrolicismo.

Transcurridos más de sesenta años, la lectura de la realidad cubana es particularmente devastadora. El régimen arrasó con los valores y principios sobre los cuales se sostenía la nación.

El régimen inculcó en varias generaciones biológicas normas y conceptos contrarios a la dignidad humana, en consecuencia, la sociedad bajo el castrolicismo se ha caracterizado por la intolerancia, acoso, sectarismo, la delación y falta de respeto a la vida, junto a una ausencia de principios que han afectado profundamente hasta el propiototalitarismo, al deformar a una mayoría desujetos que solo viven pendientes de sus intereses más inmediatos sin aceptar la existencia de los compromisos sociales, vitales para cualquier propuesta.

Una dolorosa realidad que ha dificultado en extremo el retorno a los valores tradicionales de la nación cubana. Cuba afronta una profunda crisis de identidad y objetivos. Los perjuicios causados por el totalitarismo llegan a nuestras raíces como nación. Todos los cubanos debemos extirpar esa mácula.

El Estado y la alimentación del pueblo

La hora de preparar la comida en una casa de La Habana Vieja. REUTERS/Claudia Daut

A partir de una lamentable intervención televisiva del Ministro de la Industria Alimentaria en que intentó presentar las estrategias del Gobierno cubano para alcanzar la llamada “soberanía alimentaria”, en estos días el tema de la alimentación ha estado, aún más, en el centro del debate no solo en las colas, en la mesa de nuestras casas, sino en todas las redes sociales. Han sido innumerables los comentarios, los memes, el humor y el amargor, que ha provocado dicha intervención en que se mencionaron la producción de tripas, croquetas y la utilización del “gallinas decrépitas”. Tal ha sido el impacto de las redes sociales que inmediatamente las autoridades retiraron algunas palabras, cortaron parte de la grabación audiovisual e intentaron echar la culpa fuera del área de su responsabilidad y, como siempre, fuera del país.

No quiero entrar en esos detalles que provocan todo tipo de reacciones, sino que deseo compartir mis consideraciones sobre lo que identifico como el problema de fondo: la alimentación de los cubanos. Aunque el humor puede ser buen antídoto a la inacabable desesperanza, y las críticas a unas frases pueden desahogar energías negativas, es necesario identificar, hacer consciente y solucionar el problema de fondo, la raíz del asunto, la causa original y no quedarnos en solo lamentar las consecuencias, la deficiente forma de plantearlo, el reino del absurdo de las palabras, y los ejemplos cuyo devenir roza ya con lo grotesco y la falta de respeto a la inteligencia de la nación.

En otras latitudes hay también hambre y escasez, y también se deben buscar y encontrar las causas profundas de esa injusticia inaceptable, no es coherente solidarizarnos con los otros sin también, y al mismo tiempo, esforzarnos por resolver lo nuestro. Nosotros debemos resolver nuestros propios problemas sin esperar a que vengan otros a resolverlo o aliviarlo, y sin que nos consolemos con la pobreza de otros, porque como dice el refrán de nuestros abuelos: “mal de muchos consuelo de tontos”. Y para no quedarnos ni en el consuelo de tontos, ni en la queja estéril, proponemos estos cuatro puntos:

Lo primero: Reconocer y educar en que una alimentación suficiente, sana, balanceada y accesible a los bolsillos de todos, es un derecho básico e inalienable. No se puede sostener el respeto a los demás derechos humanos universales e indivisibles si -en Cuba o en cualquier lugar del mundo- no se garantizan las estructuras y los medios para el acceso a la alimentación adecuada. Reconocer este derecho primario y educar para su consecución es tarea de la familia, la escuela, las iglesias, el resto de la sociedad civil y el Estado.

Segundo: Cada ciudadano adulto, dígase padres y madres de familia, hermanos mayores, tíos y abuelos, son y deben ser los primeros responsables de trabajar y sostener a sus familias. Ese trabajo debe ser justamente remunerado con un salario suficiente con el que puedan garantizar la alimentación sana y suficiente para su familia. Ya aquí hay una primera causa profunda: en Cuba no alcanzan los salarios. Todavía peor: se paga en una moneda y la que permite el acceso a la mayoría de los alimentos es la moneda de otros países, ganada y sudada por otras personas. Las tiendas en que se podía usar nuestra moneda han quedado desabastecidas a pesar de las promesas. Depender durante años y años del trabajo ajeno, y de las remesas de un país extranjero, no es solo una injusticia y una violación de los derechos de los trabajadores sino que es una deformación que mal educa, resta valor al trabajo, desestimula el esfuerzo personal y crea vagancia, delincuencia y apatía crónica. Pobre del país y de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, que dependen del trabajo y el sacrificio de su familia de afuera por años sin término. Eso no es ético, ni educativo, ni siquiera lógico.

Tercero: El Estado no puede, no ha podido, y no debería, asumir, él solo, la carga de garantizar a cada familia una alimentación adecuada, variada y sana. Entonces, si la alimentación es un derecho, si los salarios no alcanzan, si los alimentos en su mayoría se adquieren en monedas extranjeras y el trabajo propio pierde valor adquisitivo, toca al Estado iniciar con premura y eficacia las transformaciones estructurales para liberar las fuerzas productivas que: restituyan al trabajo su valor; que los frutos del trabajo concretado en los salarios, una moneda única y con el poder adquisitivo que permita que el progreso personal dependa del esfuerzo emprendedor de cada cubano, y no de si tiene familia en el extranjero. El Estado cubano sigue empeñado en intentar ser el padre de una única familia, y decidir con planes y estrategias incumplibles, desde lo más alto de ese paternalismo, qué come cada cubano, qué cantidad necesita, dónde le toca comprarlo y sobre todo cuándo alcanzará lo suficiente. Eso no puede, no debe, seguir así. Esa es la verdadera causa de la escasez, de las colas, de los coleros, de los acaparadores, de la mayoría de las indisciplinas sociales. Todo eso se elimina no con la represión que encona y genera más violencia, sino liberando las fuerzas productivas y dejando que cada cubano desarrolle sus capacidades de emprendedor, y su trabajo le alcance para alimentar a su familia.

Cuarto: Las reformas estructurales no pueden esperar a que la liga se rompa. Debe liberarse, legalizarse y fomentarse el sector privado sin tener que pasar por el “cuello de botella” de una empresa estatal. No se pueden hacer más experimentos de laboratorio con seres humanos. No se puede experimentar un modelo de mercado dentro de los fórceps de un Estado que quiere administrarlo todo. Los productores privados son los únicos que han demostrado, en poco tiempo, que obtienen de forma independiente, resultados rápidos, suficientes y accesibles a los diferentes bolsillos. Todo el mundo sabe en Cuba, por experiencia propia, qué es lo que funciona, quién tiene viandas, quién produce queso y leche, quién produce carne de cerdo o de pollo, quién lleva a la puerta de nuestras casas alimentos frescos, variados y abundantes: el privado. Miremos a nuestro alrededor… ¿Qué es lo que funciona y qué no logra despegar? Son hechos, no promesas. Y todo el mundo sabe en Cuba qué es lo que genera pobreza, hambre, escasez, promesas, planes, burocratismo e inestabilidad: la centralización paternalista de un Estado que quiere controlarlo todo.

No andemos más por las ramas de los planes y las estrategias “gatopardistas”. La paciencia tiene un límite y nadie quiere llegar a esos extremos. Nadie, con cerebro y corazón, quiere provocar una explosión social. Lo que parece que todo el mundo quiere son cambios de verdad, eficaces, profundos, eficientes, rápidos y medibles, evaluables y mejorables. Lo que de verdad evitará esas lamentables presentaciones, las pifias, los memes y las burlas del humor tan típico de los cubanos no es la censura previa, ni la tijera editora a posteriori, ni la descalificación de ambas partes.

Centrarnos en lo esencial, y evitar los ruidos que distraen y entretienen alienándonos de lo esencial, de las causas, de los cambios, de las transformaciones ordenadas, pacíficas, reales y eficientes. Es la única forma civilizada y ética de resolver el acceso de los cubanos a una digna alimentación sana, suficiente y variada, con nuestro propio trabajo libre y responsable, con nuestra propia moneda fuerte y única, para poder realizar nuestros propios proyectos de vida y alcanzar nuestras legítimas aspiraciones de progreso material, moral y espiritual, sin olvidar la siempre necesaria justicia social, la asistencia y promoción de los sectores más vulnerables, pero sin que el Estado siga administrando la vida, la mesa, el sacrificio y la felicidad de todo un pueblo.

Estoy seguro que nosotros los cubanos, todos, vivamos donde vivamos, pensemos como pensemos, podemos lograrlo. Solo hace falta que quienes pueden y deben abran la puerta o no impidan más que los cubanos todos, sin banderías ni exclusiones, ejerzamos la soberanía ciudadana con la que hemos nacido, fuente y origen de todas las demás soberanías,. incluida la soberanía alimentaria. Esto lo lograremos en paz si enrumbamos entre todos los caminos de la libertad, el trabajo digno, la justicia social y la solidaridad cívica.

[Artículo publicado en la sección Lunes de Dagoberto de la Revista Convivencia]

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