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Opiniones

Cuba ante una nueva realidad

Dos mujeres viajan con sus hijas en un bicitaxi.

Prefiero este camino para Cuba que el enfrentamiento, la violencia o el aislamiento fracasado de más de medio siglo con un embargo norteamericano que al que más golpeó fue al pueblo cubano.

Negar que en Cuba algunas cosas vienen cambiando lentamente, como se empeñan algunos en afirmar, es complicado porque la realidad apabulla y no se detiene por emociones ni por esquemas ideológicos. Lo mismo pasa con los que se obstinan en afirmar que la política de Raúl Castro es la misma que la de su hermano Fidel, porque no es así a la luz de los hechos y acontecimientos.

Claro, a todo lo anterior hay que decir que todavía hay aspectos de esa nueva realidad que no solamente no nos satisfacen, sino que estamos obligados a denunciar.

Vayamos por parte: Hoy el cubano tiene celulares, algunos tienen negocios por cuenta propia (cuentapropistas); otros tienen paladares (restaurantes privados); muchos viajan al exterior; unos cuantos compran y venden casas; en muchas iglesias cristianas (llámense protestantes o católicas) hay comedores populares para los pobres, hay dispensarios para los niños enfermos y atención especial para los mayores de la tercera edad; y hay catequesis en todos los rincones de la isla.

Todos los presos del grupo heroico de los 75 están en libertad y la mayoría, con sus familiares, en el exterior. Otros se quedaron en la isla.

Hoy se abre la posibilidad de Relaciones Diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y de colaboración en las comunicaciones electrónicas; las categorías de viajes para que los estadounidenses puedan viajar a la isla, se han aumentado; la inteligencia cubana viene colaborando con la DEA en el contrabando de estupefacientes por el mar Caribe; las remesas que se envían desde Estados Unidos para empoderar a los cubanos se han quintuplicado; los viajes para la reunificación familiar se aumentan aceleradamente y van logrando su objetivo.

Muy pocos de estos cambios se hubieran logrado con Fidel Castro en el poder. Y la consigna del papa Juan Pablo II que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba, en algo comienza a moverse entre los entresijos de la historia que nos rodea.

No podemos negar que la sociedad civil cubana se ha beneficiado con una gran parte de esta nueva realidad, a partir de lo que acabamos de exponer.

Ahora, hay que decir que hay una asignatura pendiente para el régimen de Raúl Castro. No la vamos a pasar por alto. Hay que exigir que en Cuba se respeten de forma integral los Derechos Humanos, que el cubano tenga libertad de expresión, que termine el acoso contra las Damas de Blanco, contra las Ciudadanas por la Democracia y contra cualquier cubano que exprese una discrepancia con el Gobierno. Que se libere inmediatamente al grafitero El Sexto y que se permita a Tania Bruguera salir y entrar en Cuba sin amenazas ni chantajes. También que se liberen a todos los presos políticos, si es cierto que quedan algunos todavía tras las rejas.

Pero por algo hay que empezar. Algunos estigmas de la Guerra Fría van quedando atrás, aunque no todos.

Prefiero no meterme en presentimientos adversos y tenebrosos, como hacen algunos, porque la historia ni el periodismo trabajan con presentimientos, sino con realidades y hechos consumados.

Y concluyo, si Suráfrica y España lograron superar el espanto del racismo esclavista del Apartheid y los horrores de una Guerra Civil, con el compromiso, el diálogo, el perdón y la reconciliación, y hoy Suráfrica y España son dos países plenos en democracia y en libertad, ¿por qué no Cuba?

Prefiero este camino para Cuba que el enfrentamiento, la violencia o el aislamiento fracasado de más de medio siglo con un embargo norteamericano que al que más golpeó fue al pueblo cubano y le dio al Gobierno comunista su gran pretexto para justificar todo el desastre sistémico del comunismo.

Por todo lo anterior, me pareció estupendo que el papa Francisco haya servido de facilitador en los encuentros preliminares entre Cuba y Estados Unidos.

Lo demás está por ver o por venir. Y todos los cubanos, sin excepción, de uno u otro sector, coincidan o no, tienen que estar atentos y unidos en lo básico que sustenta la diversidad de ideas y de pensamientos para lograr que la libertad y la democracia regresen a Cuba.

El camino es lento, pero se hace camino al andar.

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Plantados y recondenados

La gorra que promociona el filme Plantados en La Habana. (Facebook del realizador Lilo Vilaplana)

El régimen penitenciario castrista es muy severo. Por cualquier nimiedad un recluso es castigado con dureza, incluidas brutales golpizas. La suspensión de la anhelada visita o la remisión a una celda de castigo son prácticas regulares, al igual que enviar al recluso a cientos de kilómetros del lugar donde reside su familia.

Padecer prisión en Cuba es una angustia perenne. Los carceleros actúan en base a sus instintos y gozan cumplir las órdenes de abuso con particular entusiasmo. Ernest Hemingway escribió en una de sus obras que había algo vil en eso de encarcelar seres humanos, una gran verdad en términos generales y muy cierta en lo que respecta a los carceleros cubanos, aunque en justo reconocer que algunos eran particularmente sádicos como “Campeón”, “Brazo de Oro” y “Pedro, la maldad”, una lista interminable.

No obstante, una especie de convivencia entre presos y carceleros es inevitable. Los guardias golpean y los presos resisten. Intercambian frases o insultos y en ese lenguaje, tanto unos como otros inventan vocablos o modifican el significado de las palabras.

Una de esas fue el cambio de significado de "plantado", que de ser una persona de buena presencia o faltar a una cita, mutó en la prisión política, específicamente en el Presidio de Isla de Pinos, a un individuo que por sus convicciones era capaz de enfrentar las acciones más cruentas y abusivas que puedan imaginarse.

El término plantado se convirtió en un símbolo de la resistencia. Todos los que rechazaban el plan de rehabilitación política que prometía una excarcelación temprana fueron calificados de "plantados". Era asumir conciencia plena de que la condena carcelaria, impuesta por los espurios tribunales de la dictadura, se cumpliría en su totalidad sin concesiones a la dictadura.

Esa actitud favoreció que otras palabras cambiaran su significado, al menos, en el ámbito carcelario. Muchos presos cumplieron su sentencia enfrentando año tras año los actos represivos de los esbirros y retando a las autoridades, por lo que cuando llegó el día de su excarcelación no fueron liberados debiendo cumplir más meses y hasta años de cárcel por disposición administrativa del ministerio del Interior o por caprichos de un jerarca, Estos reclusos empezaron a ser conocido como los “recondenados”.

El régimen no podía soportar la conducta rebelde de numerosos hombres y mujeres, así que, irrespetando sus propias leyes, los “recondenaban”.

Cuando se inició el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos en el reclusorio de Isla de Pinos los presos de las circulares tenían que trabajar a la fuerza. La administración del penal creó bloques de trabajo compuestos por brigadas bajo la custodia de una veintena de sicarios armados con fusiles checos R2 y bayonetas. Estos esbirros cometieron numerosos asesinatos.

Las condiciones de trabajo eran muy duras. Las golpizas y los heridos eran el menú de todos los días, razón por la cual un grupo de hombres de un valor muy superior al del común de los mortales decidió acabar con la agonía y le “plantaron al trabajo forzado”. No sabían qué ocurriría, como responderían los esbirros a su osadía, pero aún así “plantaron”.

El primero fue el periodista Alfredo Izaguirre. Después Emilio Adolfo Rivero Caro y Onirio Nerín Sánchez. Las golpizas, celdas de castigo, incomunicación y abusos se extendieron por varios días. Lo mismo ocurrió con otros prisioneros que tomaron la misma decisión, entre ellos Servando Infante, Ricardo Vázquez e Israel Abreu, a quien un esbirro le clavó una bayoneta en un glúteo y mientras la empujaba la hacía rotar sobre su eje como si fuera un tornillo en una tabla.

Así se forjaron los míticos “plantados”. Del NO a la rehabilitación política, plantaron al trabajo forzado, una síntesis de heroísmo sin límites, de entrega total a las convicciones patria y de compromiso con la libertad.

Plantado es hoy también una organización de hombres y mujeres que tienen a Cuba en el punto más alto de sus obligaciones. Plantado es igualmente una película realizada gracias a la profunda cubanía de Leopoldo Fernández Pujals y dirigida por el cineasta Lilo Vilaplana, que recoge el heroísmo del presidio político cubano y en la que han trabajado con devoción Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez, dos hombres que simbolizan la resistencia a la tiranía.

El castrismo tiene un historial de persecución y deportación religiosa

Procesión de la Virgen de la Caridad el 8 de septiembre de 2019. AP Photo/Ismael Francisco

Las religiones tienden a promover la comprensión, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana, contrario a esos principios,ideologías como el marxismo y el fascismo auspician la lucha de clase y la dictadura del proletariado o patrocinan el odio racial y la discriminación, razón por la cual cuando Fidel Castro y sus acólitos llegaron al poder, dispusieron que las religiones fueran perseguidas, imponiendo el odio, sectarismo y represión, factores comunes en el comunismo y el nazi-fascismo, los fundamentos sobre los que reconstruiría a Cuba.

A 59 años del destierro de más de un centenar de religiosos de Cuba
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Castro, consecuente con su naturaleza mesiánica y manipuladora, contradijo la máxima «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».Él, desde su perspectiva, también era un Creador y se esforzó, lo logró en gran medida, en expatriar de la conciencia de muchos de sus conciudadanos toda creencia en un ser supremo ajeno al Comandante en Jefe, y no fue raro que en las casas de familia el cuadro de Jesús fuera sustituido por uno de Fidel, o cualquier otro de sus genízaros. En Cuba se exaltó una nueva religión, el Castrolicismo, como afirmaba el compañero de presidio Gerardo Fundora.

En la Isla, se organizó la persecución de la Iglesia y los creyentes. Se acosó a la feligresía, al igual que abolieron las festividades republicanas y se minimizó la gesta independentista, las fechas claves de las religiones, particularmente las cristianas, como la Semana Santa y Navidad fueron maldecidas, lo que quizás motivó a muchos antes de morir, como Alberto Tapia Ruano y Virgilio Campanería, gritar ante el paredón de fusilamiento “¡Viva Cristo Rey”!

Los extremismos del Castrolicismo han sido padecidos por católicos y no católicos, por todo ciudadano que fue y es capaz de defender sus convicciones y, paradójicamente, hasta por muchos de los que han guardado silencio cómplice ante las tropelías de la dictadura. Es válido decir que aun hoy, después de décadas de fracasos, no faltan quienes tienen una memoria selectiva que les facilita olvidar para lucrar.

Los ataques a las religiones y a los religiosos se agudizaron en 1961. La procesión a la Virgen del Cobre fue prohibida por las autoridades y cuando los feligreses decidieron realizarla, un sicario asesinó a tiros al joven Arnaldo Socorro, portador de una imagen de su Patrona frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana.

Dos días después fue arrestado el obispo Eduardo Boza Masvidal, figura emblemática de la Iglesia Católica que con argumentos sólidos e irrebatibles criticaba al nuevo régimen. La dictadura no soportó más el reto continuo a sus prerrogativas y decidió aplicar lo que consideró erradamente un golpe mortal a su principal enemigo ideológico, al ordenar la expulsión del país de 136 religiosos, entre ellos 60 sacerdotes españoles, 45 cubanos, cinco canadienses, un hondureño, un venezolano, un húngaro y un italiano. Las autoridades habían detenido a los sacerdotes en sus diferentes iglesias y fueron conducidos directamente al barco Covadonga, que tenía como destino España.

Entre los desterrados se encontraban el obispo Boza Masvidal y Agustín Román, quien fue obispo auxiliar de Miami, dos personalidades excepcionales que desde sus respectivas responsabilidades siempre honraron a Cuba y lo cubano, contrario a lo que han hecho las figuras más destacadas del castrolicismo.

Transcurridos más de sesenta años, la lectura de la realidad cubana es particularmente devastadora. El régimen arrasó con los valores y principios sobre los cuales se sostenía la nación.

El régimen inculcó en varias generaciones biológicas normas y conceptos contrarios a la dignidad humana, en consecuencia, la sociedad bajo el castrolicismo se ha caracterizado por la intolerancia, acoso, sectarismo, la delación y falta de respeto a la vida, junto a una ausencia de principios que han afectado profundamente hasta el propiototalitarismo, al deformar a una mayoría desujetos que solo viven pendientes de sus intereses más inmediatos sin aceptar la existencia de los compromisos sociales, vitales para cualquier propuesta.

Una dolorosa realidad que ha dificultado en extremo el retorno a los valores tradicionales de la nación cubana. Cuba afronta una profunda crisis de identidad y objetivos. Los perjuicios causados por el totalitarismo llegan a nuestras raíces como nación. Todos los cubanos debemos extirpar esa mácula.

El Estado y la alimentación del pueblo

La hora de preparar la comida en una casa de La Habana Vieja. REUTERS/Claudia Daut

A partir de una lamentable intervención televisiva del Ministro de la Industria Alimentaria en que intentó presentar las estrategias del Gobierno cubano para alcanzar la llamada “soberanía alimentaria”, en estos días el tema de la alimentación ha estado, aún más, en el centro del debate no solo en las colas, en la mesa de nuestras casas, sino en todas las redes sociales. Han sido innumerables los comentarios, los memes, el humor y el amargor, que ha provocado dicha intervención en que se mencionaron la producción de tripas, croquetas y la utilización del “gallinas decrépitas”. Tal ha sido el impacto de las redes sociales que inmediatamente las autoridades retiraron algunas palabras, cortaron parte de la grabación audiovisual e intentaron echar la culpa fuera del área de su responsabilidad y, como siempre, fuera del país.

No quiero entrar en esos detalles que provocan todo tipo de reacciones, sino que deseo compartir mis consideraciones sobre lo que identifico como el problema de fondo: la alimentación de los cubanos. Aunque el humor puede ser buen antídoto a la inacabable desesperanza, y las críticas a unas frases pueden desahogar energías negativas, es necesario identificar, hacer consciente y solucionar el problema de fondo, la raíz del asunto, la causa original y no quedarnos en solo lamentar las consecuencias, la deficiente forma de plantearlo, el reino del absurdo de las palabras, y los ejemplos cuyo devenir roza ya con lo grotesco y la falta de respeto a la inteligencia de la nación.

En otras latitudes hay también hambre y escasez, y también se deben buscar y encontrar las causas profundas de esa injusticia inaceptable, no es coherente solidarizarnos con los otros sin también, y al mismo tiempo, esforzarnos por resolver lo nuestro. Nosotros debemos resolver nuestros propios problemas sin esperar a que vengan otros a resolverlo o aliviarlo, y sin que nos consolemos con la pobreza de otros, porque como dice el refrán de nuestros abuelos: “mal de muchos consuelo de tontos”. Y para no quedarnos ni en el consuelo de tontos, ni en la queja estéril, proponemos estos cuatro puntos:

Lo primero: Reconocer y educar en que una alimentación suficiente, sana, balanceada y accesible a los bolsillos de todos, es un derecho básico e inalienable. No se puede sostener el respeto a los demás derechos humanos universales e indivisibles si -en Cuba o en cualquier lugar del mundo- no se garantizan las estructuras y los medios para el acceso a la alimentación adecuada. Reconocer este derecho primario y educar para su consecución es tarea de la familia, la escuela, las iglesias, el resto de la sociedad civil y el Estado.

Segundo: Cada ciudadano adulto, dígase padres y madres de familia, hermanos mayores, tíos y abuelos, son y deben ser los primeros responsables de trabajar y sostener a sus familias. Ese trabajo debe ser justamente remunerado con un salario suficiente con el que puedan garantizar la alimentación sana y suficiente para su familia. Ya aquí hay una primera causa profunda: en Cuba no alcanzan los salarios. Todavía peor: se paga en una moneda y la que permite el acceso a la mayoría de los alimentos es la moneda de otros países, ganada y sudada por otras personas. Las tiendas en que se podía usar nuestra moneda han quedado desabastecidas a pesar de las promesas. Depender durante años y años del trabajo ajeno, y de las remesas de un país extranjero, no es solo una injusticia y una violación de los derechos de los trabajadores sino que es una deformación que mal educa, resta valor al trabajo, desestimula el esfuerzo personal y crea vagancia, delincuencia y apatía crónica. Pobre del país y de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, que dependen del trabajo y el sacrificio de su familia de afuera por años sin término. Eso no es ético, ni educativo, ni siquiera lógico.

Tercero: El Estado no puede, no ha podido, y no debería, asumir, él solo, la carga de garantizar a cada familia una alimentación adecuada, variada y sana. Entonces, si la alimentación es un derecho, si los salarios no alcanzan, si los alimentos en su mayoría se adquieren en monedas extranjeras y el trabajo propio pierde valor adquisitivo, toca al Estado iniciar con premura y eficacia las transformaciones estructurales para liberar las fuerzas productivas que: restituyan al trabajo su valor; que los frutos del trabajo concretado en los salarios, una moneda única y con el poder adquisitivo que permita que el progreso personal dependa del esfuerzo emprendedor de cada cubano, y no de si tiene familia en el extranjero. El Estado cubano sigue empeñado en intentar ser el padre de una única familia, y decidir con planes y estrategias incumplibles, desde lo más alto de ese paternalismo, qué come cada cubano, qué cantidad necesita, dónde le toca comprarlo y sobre todo cuándo alcanzará lo suficiente. Eso no puede, no debe, seguir así. Esa es la verdadera causa de la escasez, de las colas, de los coleros, de los acaparadores, de la mayoría de las indisciplinas sociales. Todo eso se elimina no con la represión que encona y genera más violencia, sino liberando las fuerzas productivas y dejando que cada cubano desarrolle sus capacidades de emprendedor, y su trabajo le alcance para alimentar a su familia.

Cuarto: Las reformas estructurales no pueden esperar a que la liga se rompa. Debe liberarse, legalizarse y fomentarse el sector privado sin tener que pasar por el “cuello de botella” de una empresa estatal. No se pueden hacer más experimentos de laboratorio con seres humanos. No se puede experimentar un modelo de mercado dentro de los fórceps de un Estado que quiere administrarlo todo. Los productores privados son los únicos que han demostrado, en poco tiempo, que obtienen de forma independiente, resultados rápidos, suficientes y accesibles a los diferentes bolsillos. Todo el mundo sabe en Cuba, por experiencia propia, qué es lo que funciona, quién tiene viandas, quién produce queso y leche, quién produce carne de cerdo o de pollo, quién lleva a la puerta de nuestras casas alimentos frescos, variados y abundantes: el privado. Miremos a nuestro alrededor… ¿Qué es lo que funciona y qué no logra despegar? Son hechos, no promesas. Y todo el mundo sabe en Cuba qué es lo que genera pobreza, hambre, escasez, promesas, planes, burocratismo e inestabilidad: la centralización paternalista de un Estado que quiere controlarlo todo.

No andemos más por las ramas de los planes y las estrategias “gatopardistas”. La paciencia tiene un límite y nadie quiere llegar a esos extremos. Nadie, con cerebro y corazón, quiere provocar una explosión social. Lo que parece que todo el mundo quiere son cambios de verdad, eficaces, profundos, eficientes, rápidos y medibles, evaluables y mejorables. Lo que de verdad evitará esas lamentables presentaciones, las pifias, los memes y las burlas del humor tan típico de los cubanos no es la censura previa, ni la tijera editora a posteriori, ni la descalificación de ambas partes.

Centrarnos en lo esencial, y evitar los ruidos que distraen y entretienen alienándonos de lo esencial, de las causas, de los cambios, de las transformaciones ordenadas, pacíficas, reales y eficientes. Es la única forma civilizada y ética de resolver el acceso de los cubanos a una digna alimentación sana, suficiente y variada, con nuestro propio trabajo libre y responsable, con nuestra propia moneda fuerte y única, para poder realizar nuestros propios proyectos de vida y alcanzar nuestras legítimas aspiraciones de progreso material, moral y espiritual, sin olvidar la siempre necesaria justicia social, la asistencia y promoción de los sectores más vulnerables, pero sin que el Estado siga administrando la vida, la mesa, el sacrificio y la felicidad de todo un pueblo.

Estoy seguro que nosotros los cubanos, todos, vivamos donde vivamos, pensemos como pensemos, podemos lograrlo. Solo hace falta que quienes pueden y deben abran la puerta o no impidan más que los cubanos todos, sin banderías ni exclusiones, ejerzamos la soberanía ciudadana con la que hemos nacido, fuente y origen de todas las demás soberanías,. incluida la soberanía alimentaria. Esto lo lograremos en paz si enrumbamos entre todos los caminos de la libertad, el trabajo digno, la justicia social y la solidaridad cívica.

[Artículo publicado en la sección Lunes de Dagoberto de la Revista Convivencia]

Arnaldo Socorro: un joven cubano asesinado por su fe 

Arnaldo Socorro (1944-1961). Foto Archivo Cuba

Aunque la Revolución comandada por Fidel Castro pretendió darle al triunfo un ligero cariz religioso, muy pronto la creencia en un ser superior se convirtió en el enemigo más temido de la insurrección triunfante.

Los ataques verbales contra la Iglesia en general y la Católica en particular se incrementaron, los feligreses empezaron a ser acosados y aquellos que no tenían una profunda fe cedieron ante la presión. Sin embargo, un número importante de fieles, a pesar de que la represión aumentaba y la discriminación se acentuaba, mantuvieron su compromiso religioso siendo uno de ellos el joven Arnaldo Socorro.

Socorro era natural de Unión de Reyes, Matanzas, pero en su adolescencia la familia se trasladó para la capital de la Isla. Una beca le dio la oportunidad de estudiar en el Colegio de Belén donde se incorporó a la Juventud Obrera Católica, en la que militaba cuando el 10 de septiembre de 1961 fue convocada una procesión con la imagen de la Patrona de Cuba Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

La procesión partiría desde la iglesia de La Caridad, bajo la guía del entonces Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana, Monseñor Eduardo Boza Masvidal, uno de los más valientes críticos del régimen castrista, quien fuera expulsado de Cuba una semana después con otros 130 sacerdotes.

Arnaldo fue hasta la iglesia para participar en una procesión religiosa que indudablemente era una expresión de rechazo al gobierno. En el lugar supo que las autoridades habían prohibido el evento, sin embargo, al igual que miles de personas, permaneció frente a la Iglesia para exigir que sus derechos fueran respetados, cobijado con una imagen de la Virgen marchó a la cabeza de los centenares de personas que decidieron seguirle, dando vivas a Cristo Rey, a la Virgen y a la libertad, tal como en ese momento muchos de los jóvenes fusilados por la dictadura lo gritaban frente al paredón de fusilamiento.

El coraje de Socorro no sería respetado por el régimen y sus sicarios. Un esbirro, consciente de su impunidad, descargó su metralleta checa en su contra, el joven cayó al suelo mortalmente herido.

Tenía 17 años cuando fue asesinado, pero a la falta se sumó como bien afirma el periodista Julio Estorino, “el crimen y el ultraje”, al régimen proclamar que el joven asesinado era un revolucionario que había ido al lugar de los sucesos para impedir un acto de "los esbirros con sotana", como identificaba el castrismo a los sacerdotes católicos.

Católicos cubanos recuerdan el asesinato de activista de la Juventud Obrera Católica
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El asesinato le fue achacado al sacerdote Agnelio Blanco quien en el momento de los hechos estaba en la Isla de Pinos, otra cruel mentira en la amplia campaña de difamación del castrismo en contra de sus críticos.

Ahí no terminó la maldad. Oficiales de la Seguridad del Estado fueron a la casa de Arnaldo Socorro, amenazaron a la familia y lo enterraron como un combatiente asesinado por la contrarrevolución, sin duda alguna, la dictadura invistió a otro cubano con su crimen, como mártir de la Patria.

Cubano de la Generación Y muere en huelga de hambre, el primero bajo Díaz-Canel

Yosvany Aróstegui.

Otro opositor al castrismo, también en la cárcel, muere por la desidia de una dictadura de más de sesenta años. Es difícil entender cómo en Cuba, en pleno Siglo XXI, en tiempos de globalización y de redes sociales, sigan muriendo en huelga de hambre personas que solo reclaman que sus derechos sean respetados.

Tampoco es comprensible que ese mismo régimen tenga en prisión a más de un centenar de hombres y mujeres, en su mayoría nacidos después de la llegada al poder de los hermanos Fidel y Raúl Castro, que sin haber conocido y nunca disfrutado sus derechos fundamentales, estén en la cárcel por luchar por ellos.

Yosvany Aróstegui Armenteros, conocido como “El Cochero”, murió tras más de 40 días en huelga de hambre en la ciudad de Camagüey, había estado recluido en la cárcel Kilo 7 de esa localidad por su posición antigubernamental.

Yosvani era un cubano negro que apenas había cumplido los 41 años. Un hombre de carácter, porque su amigo Faustino Colás Rodríguez dice que desde su ingreso a prisión, la que siempre calificó de injusta, plantó en varias ocasiones, incluidas huelgas de hambre, si apreciaba que sus derechos le eran negados.

El régimen cubano tiene un récord inigualable en el número de prisioneros que se han visto obligados a recurrir al peligroso extremo de una huelga de hambre. Algunas han sido masivas, en las que han participado cientos de presos políticos, como recoge José Antonio Albertini en “Cuba y castrismo: Huelgas de hambre en el presidio político”, libro único, que recoge testimonios de sobrevivientes de huelgas de hambre.

El primer prisionero muerto en huelga de hambre bajo la mandancia de Miguel Díaz-Canel (término que se usa en las cárceles cubanas para identificar al preso de mayor autoridad y al ser Cuba una gran prisión es el vocablo que mejor se ajusta al jefe de gobierno) fue Yosvany Aróstegui Armenteros.

Así que es de esperar que la Comisión Internacional Justicia Cuba, que componen juristas y profesionales de varios países y que dirige el mexicano René Bolio, agregue este nuevo crimen al sucio prontuario del castrismo y lo cargue directamente al folio del dictador designado.

Es importante repetir que la dictadura castrista tiene el infame récord de haber encarcelado por motivos políticos a más de medio millón de personas de 1959 a la fecha y el no menos bochornoso privilegio de que en sus cárceles hayan muerto hasta el presente al menos 14 prisioneros políticos, incluido Arostegui Armenteros, por participar en huelgas de hambre individuales y colectivas.

Es indignante la indiferencia de tantas personas con lo que acontece en Cuba, apatía que incomprensiblemente también ha contagiado a numerosos cubanos, incluso propias víctimas de la dictadura, que actúan a favor de ese régimen con devoción masoquista.

Es difícil comprender a los políticos y dirigentes sociales que en países democráticos defienden el régimen de La Habana y muestran interés en tener con el totalitarismo castrista mejores relaciones y hasta asistirle como ha prometido más de un político.

José Martí, escribió, “La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar a la ignorancia”, afirmación que en los tiempos de mayor ilustración de la humanidad sería innecesaria sino sobraran los idiotas útiles, siempre prestos a hacerle el trabajo sucio a los demagogos y populistas.

Es difícil entender qué motiva a jóvenes y a otros muchos no tan jóvenes, formados en una sociedad abierta como la estadounidense, a impulsar modelos políticos y económicos fracasados y que hasta crean que puedan ser recuperados y beneficiosos para la humanidad.

Raidel Aróstegui Armenteros, hermano de Yosvani dijo: “En Camagüey él era una piedra en el zapato de la policía política por sus acciones”, una actitud que las dictaduras no pueden soportar y buscan acallarla practicando sus habilidades más notables, la represión y el asesinato.

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