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Cuba: un afligido museo para excluir la libertad

Museo de la Disidencia en Cuba.

Vale agregar que el Museo de la Disidencia tiene como espacio anexo el Museo del Arte Políticamente Incómodo (MAPI).

Días atrás, en una humilde casa de la Habana Vieja, en la capital cubana, pretendía realizarse un encuentro literario titulado Palabras excluidas. Ya de por sí el nombre constituye una afrenta para el totalitarismo caribeño, y aún más si esta casa es sede del Museo de la Disidencia en Cuba (MDC).

Es de aplaudir el hecho de que la disidencia cubana, aunque sus actores sean una ínfima parte de la población, tenga un museo, y que a pesar de la represión sus creadores traten de articular foros encaminados a promover la existencia de personas y grupos disidentes en la isla, sean artistas, escritores, defensores de los derechos humanos, o leves simpatizantes con la necesidad de rebelarse en contra del régimen. De cualquier modo, lo importante es que los cubanos se enteren de que es posible disentir, aunque sus riesgos tengan.

Quienes se atrevan a decir que en Cuba no hay libertad, serán reprimidos. Y a quien le guste, bien, y al que no, pues sencillamente calabozo, terror, vigilancia

Por supuesto que los gendarmes de la dictadura abortaron el evento. Santa palabra de la dictadura. Quienes se atrevan a decir que en Cuba no hay libertad, serán reprimidos. Y a quien le guste, bien, y al que no, pues sencillamente calabozo, terror, vigilancia. Una vida mucho más embarazosa que el resto -que de por sí ya la tiene bastante dura-, o el exilio, manso o incómodo. Da igual. O casi. Y que siga el aquelarre de la libertad y la esperanza, la miseria y el olvido.

Según declaraciones de Yania Suárez, coordinadora de este evento, la policía política “ejerció diversos grados de presión sobre los escritores que participarían e incluso detuvo a algunos de ellos”. Una práctica habitual en una sociedad donde la palabra libertad ha perdido su verdadero significado para transformarse, cuando más o cuando menos, en una pobre consigna “revolucionaria” en contra de la propia libertad. Una imagen nebulosa, áspera, repulsiva. O una triste expresión de miedo.

Quizás deba aclarar (para quienes olviden o desconozcan que en Cuba impera una dictadura comunista) que el MDC no es una institución reconocida por el gobierno antidemocrático de los Castro. Eso ni soñarlo. Todo lo contrario: es un objetivo a expiar y atacar permanentemente como ocurre con cualquier organización o persona que represente una amenaza para la cotidiana impunidad política y social.

Muy válido es que sus fundadores entiendan el valor, y el poder, de la confluencia de arte y disidencia,

No es casual que al siguiente día -suelen ser así los domingos en Cuba, aunque pocos medios lo reporten- fueran golpeadas y arrestadas, una vez más, medio centenar de Damas de Blanco (grupo de mujeres opositoras que desfilan llevando gladiolos en sus manos y pidiendo libertad para todos los cubanos), a cuyas marchas se suman de vez en vez algunos artistas e intelectuales. Todos terminan siendo apaleados y automáticamente segregados. Así ha funcionado siempre el castrismo. Así se mantiene.

Con sede en el domicilio del artista visual disidente Luis Manuel Otero Alcántara, quien ha sido detenido en varias ocasiones, el MDC se creó con “el objetivo de ofrecer espacios de diálogos y de creación artística, exposiciones, programas públicos o publicaciones que transgredan los límites de la sociedad cubana”, según se detalla en el blog museo.

Este proyecto partió de una obra de arte creada en 2016 por Otero Alcántara y la curadora e historiadora del arte Yanelys Núñez Leyva. Muy válido es que sus fundadores entiendan el valor, y el poder, de la confluencia de arte y disidencia, sobre todo en un país, y en una época, en que la guerra cultural de la izquierda -no sólo de esa que llaman radical- es un axioma. Un cáncer social que se continúa subestimando.

El MDC precisa que su razón de ser no responde “a ningún programa político diseñado por alguno de los grupos que subsisten silenciosamente en la isla” y que sus intenciones son “generar un diálogo nacional e internacional sobre la comprensión del concepto; explorar cómo la disidencia puede generar el desarrollo de proyectos de nación; y crear una forma artística híbrida que utilice la dinámica de las nuevas tecnologías, con una percepción tradicional del concepto de museo, y a la misma vez que ofrezca la posibilidad de transitar del mundo virtual al mundo real a través de la programación del museo”.

Evidentemente se trata de objetivos que jamás serán del agrado de la autocracia habanera, para quienes no existen opositores sino enemigos del sistema. Y eso que aquí estamos hablando básicamente de palabras. Pero claro, de palabras excluidas. Ahí está el detalle. En fin, que este evento, paralelo a la oficialista Feria Internacional del Libro de La Habana, tenía como prioridad resaltar a autores suprimidos del sistema editorial cubano que viven en la isla. Se esperaba la presencia de escritores de renombre que han sido marginados o encarcelados por pronunciarse en contra el despotismo imperante en la isla como son Ángel Santiesteban, Rafael Alcides y Rafael Vilches. Pero no pudieron llegar. Es decir, la policía política no los dejó.

Yania Suárez lo ha descrito perfectamente desde La Habana: “Una vez más la Seguridad del Estado actuó para impedir que las cosas estén mejor. En esta ocasión reforzando el cerco sobre las palabras, saboteando y por tanto justificando un evento como este, dedicado precisamente a escritores marginados”. Aquí hay un hecho que es importante recordar: la Seguridad del Estado y demás fuerzas represivas existen precisamente para eso, para que en Cuba las cosas nunca estén mejor. Es decir, para mantener la dictadura. Nunca lo olvidemos.

Según relató la también escritora independiente, “una patrulla policial fue ubicada frente a la puerta de Ángel Santiesteban “para que no se le ocurriera salir y cuando intentó hacerlo lo detuvieron”. El novelista y disidente permaneció varias horas en la estación policial ubicada en las intersecciones de las calles Zapata y C, en el barrio de El Vedado, en la capital del país, donde tiene una base estratégica la policía política, cuya función es perseguir, interrogar y atemorizar a cualquiera que se atreva a disentir.

Entre los paneles programados en Palabras excluidas figuraban: “Esto no es un homenaje” (una charla con el poeta Rafael Alcides), “Fuera de Feria” (donde varios escritores independientes leerían sus textos) y la presentación de Neo Club Ediciones. Esta editorial, fundada y dirigida en Miami por el escritor, editor y activista por los derechos humanos Armando Añel, es una pieza clave en el proyecto Puente a la Vista, destinado precisamente a divulgar la obra de los creadores marginados en Cuba.

Vale agregar que el Museo de la Disidencia tiene como espacio anexo el Museo del Arte Políticamente Incómodo (MAPI), que se propone un recorrido histórico “desde la época colonial hasta la actualidad por todas aquellas obras, creadores, procesos artísticos, que sin haber sido necesariamente censurados, ni ser considerados dentro de la categoría de arte político, tuvieron una postura de enfrentamiento con respecto al Poder gubernamental o al propio Sistema Arte”.

Debo acotar que en una sociedad aplastada bajo la bota del totalitarismo, proyectos como estos no son sólo atrevidos, sino que también (si se logra advertir a los cubanos de su existencia e importancia, y si la comunidad internacional los apoyara al menos rompiendo el silencio) pudieran convertirse en móviles de cambio para Cuba (desde donde se regentan las llamadas dictaduras del siglo XXI que tanto afectan a las Américas y que intentan penetrar en otras partes como España, con los neocomunistas de Podemos). Moscas, como suele decirse, con este pequeño gran detalle.

Insisto finalmente en dos de los elementos a los que el castrismo -como cualquier totalitarismo- más le teme, pues pueden transformarse en acciones que desencadenen su final: que a los ciudadanos les llegue información real y que exista una verdadera solidaridad internacional (con las víctimas, no con los victimarios). Cosas que tanta falta hacen. Y con urgencia. Bueno, desde hace seis décadas. Así va la isla: ese afligido museo donde cada día se excluyen la libertad y sus sueños. Y así también va el mundo.

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Literatura y libertad en la vida y el legado de Laura Pollán

Laura Pollán

Hace nueve años que Laura Pollán murió, la asesinó el régimen de La Habana. Su delito fue simplemente organizar un grupo de mujeres cubanas para ir a Misa los domingos vestidas de blanco. Ya desde antes del surgimiento de las Damas de Blanco, un grupo de mujeres, familiares de prisioneros políticos, asistían a Misa en la Iglesia de Santa Rita, en La Habana, para orar por sus seres queridos. Laura tuvo la osadía de lanzar la idea fuera del recinto religioso, le dio unicidad a aquel esfuerzo y una imagen que creció en reconocimiento y visibilidad ante los cubanos y el mundo.

Laura tenía la voz dulce y el acento del oriente del país, había sido profesora de literatura, e intuyo, que su conocimiento literario la hizo identificar la belleza de la causa de la libertad de Cuba. Su esposo, dedicado a labores de oposicón política, la puso en la encrucijada, como a muchos otros familiares de prisioneros políticos en la Cuba de principios del milenio.

Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror

Laura tomó el reto y creyó en su misión. Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror. Lo hizo sin perder la dulzura, pero con un aplomo y un sentido común que le ganó el liderazgo entre las demás mujeres.

Usualmente hablaba con ella para conocer situaciones específicas de represión o para brindar la ayuda solidaria del exilio cubano. Con el tiempo, comenzamos a hablar del futuro, de su visión del cambio, de las condiciones para la libertad. Siempre tenía una palabra optimista con relación a las posibilidades de triunfo del movimiento cívico. “Aquí ya estoy poniendo en el fogón el café, para que cuando llegues, que es pronto, podamos tomarlo juntas”. Laura siempre era luz y era esperanza, levantaba el corazón con su plática.

Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería

Cuando la madre de Orlando Zapata Tamayo se encontraba en La Habana con su hijo en huelga de hambre y sin saber exactamente dónde lo tenían, Laura brindó su casa para realizar una conferencia de prensa. Fue en ese instante que llegaron los agentes de la Seguridad del Estado y le avisaron a Reina Tamayo que tenía que acompañarlos. Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería, provocándole un daño irreparable en los riñones. Laura estaba allí, abierta y solidaria.

Luego del asesinato de Zapata vino la prueba de fuego para Laura y las Damas de Blanco. La Seguridad del Estado utilizando el miedo trató de impedir las marchas hacia la Iglesia. Los ánimos estaban caldeados y los mismos prisioneros políticos en distintas prisiones y provincias se encontraban realizando protestas por el asesinato de aquel valiente opositor.

Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

La policía política trató de convencer a las Damas de que no salieran a la calle. Utilizaron primero métodos de persuasión y luego violencia directa contra las mujeres pacíficas. Laura Pollán se dio cuenta de que, si retrocedían ante estas amenazas y represalias, serían presa fácil para la maquinaria represiva, y decidió salir, caminar, ampliar incluso los caminos de las Damas a otras calles de la capital cubana. Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

Estaba condenada

El monstruo totalitario la puso a prueba y sabía que no había vuelta atrás. Le temían a su carisma, a su liderazgo y a su voluntad de lucha.

Unas pocas semanas antes de su muerte, sufrió un terrible acto de repudio y fue agredida directamente, algunos sospechan que le inocularon un virus o alguna sustancia. Todo es posible y no sería la primera vez que los castristas utilizan estos métodos para eliminar sus enemigos.

El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal

El caso es que Laura enfermó y tuvo que ser hospitalizada y todo lo que ocurrió después de ese momento se desconoce. El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal.

Los médicos que anunciaron su muerte llevaban botas militares y junto a ellos estaban los reconocidos agentes de la policía política que tantas veces la reprimieron.

El legado de Laura es hermoso: la fe, la esperanza, la voluntad de ser libre. Con sus manos delicadas ayudó a levantar un movimiento que aún hoy permanece. Con su inteligencia hizo avanzar en el camino de la libertad, que está en las calles de Cuba. Con su voz despertó conciencias e inspiró a un pueblo.

Laura, sencilla y valiente, sabia y dulce: tu legado permanece hasta que un día amanezca en la patria por la que fuiste capaz de entregar tu vida.

Que así sea.

Plantados y recondenados

La gorra que promociona el filme Plantados en La Habana. (Facebook del realizador Lilo Vilaplana)

El régimen penitenciario castrista es muy severo. Por cualquier nimiedad un recluso es castigado con dureza, incluidas brutales golpizas. La suspensión de la anhelada visita o la remisión a una celda de castigo son prácticas regulares, al igual que enviar al recluso a cientos de kilómetros del lugar donde reside su familia.

Padecer prisión en Cuba es una angustia perenne. Los carceleros actúan en base a sus instintos y gozan cumplir las órdenes de abuso con particular entusiasmo. Ernest Hemingway escribió en una de sus obras que había algo vil en eso de encarcelar seres humanos, una gran verdad en términos generales y muy cierta en lo que respecta a los carceleros cubanos, aunque en justo reconocer que algunos eran particularmente sádicos como “Campeón”, “Brazo de Oro” y “Pedro, la maldad”, una lista interminable.

No obstante, una especie de convivencia entre presos y carceleros es inevitable. Los guardias golpean y los presos resisten. Intercambian frases o insultos y en ese lenguaje, tanto unos como otros inventan vocablos o modifican el significado de las palabras.

Una de esas fue el cambio de significado de "plantado", que de ser una persona de buena presencia o faltar a una cita, mutó en la prisión política, específicamente en el Presidio de Isla de Pinos, a un individuo que por sus convicciones era capaz de enfrentar las acciones más cruentas y abusivas que puedan imaginarse.

El término plantado se convirtió en un símbolo de la resistencia. Todos los que rechazaban el plan de rehabilitación política que prometía una excarcelación temprana fueron calificados de "plantados". Era asumir conciencia plena de que la condena carcelaria, impuesta por los espurios tribunales de la dictadura, se cumpliría en su totalidad sin concesiones a la dictadura.

Esa actitud favoreció que otras palabras cambiaran su significado, al menos, en el ámbito carcelario. Muchos presos cumplieron su sentencia enfrentando año tras año los actos represivos de los esbirros y retando a las autoridades, por lo que cuando llegó el día de su excarcelación no fueron liberados debiendo cumplir más meses y hasta años de cárcel por disposición administrativa del ministerio del Interior o por caprichos de un jerarca, Estos reclusos empezaron a ser conocido como los “recondenados”.

El régimen no podía soportar la conducta rebelde de numerosos hombres y mujeres, así que, irrespetando sus propias leyes, los “recondenaban”.

Cuando se inició el Plan de Trabajo Forzado Camilo Cienfuegos en el reclusorio de Isla de Pinos los presos de las circulares tenían que trabajar a la fuerza. La administración del penal creó bloques de trabajo compuestos por brigadas bajo la custodia de una veintena de sicarios armados con fusiles checos R2 y bayonetas. Estos esbirros cometieron numerosos asesinatos.

Las condiciones de trabajo eran muy duras. Las golpizas y los heridos eran el menú de todos los días, razón por la cual un grupo de hombres de un valor muy superior al del común de los mortales decidió acabar con la agonía y le “plantaron al trabajo forzado”. No sabían qué ocurriría, como responderían los esbirros a su osadía, pero aún así “plantaron”.

El primero fue el periodista Alfredo Izaguirre. Después Emilio Adolfo Rivero Caro y Onirio Nerín Sánchez. Las golpizas, celdas de castigo, incomunicación y abusos se extendieron por varios días. Lo mismo ocurrió con otros prisioneros que tomaron la misma decisión, entre ellos Servando Infante, Ricardo Vázquez e Israel Abreu, a quien un esbirro le clavó una bayoneta en un glúteo y mientras la empujaba la hacía rotar sobre su eje como si fuera un tornillo en una tabla.

Así se forjaron los míticos “plantados”. Del NO a la rehabilitación política, plantaron al trabajo forzado, una síntesis de heroísmo sin límites, de entrega total a las convicciones patria y de compromiso con la libertad.

Plantado es hoy también una organización de hombres y mujeres que tienen a Cuba en el punto más alto de sus obligaciones. Plantado es igualmente una película realizada gracias a la profunda cubanía de Leopoldo Fernández Pujals y dirigida por el cineasta Lilo Vilaplana, que recoge el heroísmo del presidio político cubano y en la que han trabajado con devoción Ángel de Fana y Ernesto Díaz Rodríguez, dos hombres que simbolizan la resistencia a la tiranía.

El castrismo tiene un historial de persecución y deportación religiosa

Procesión de la Virgen de la Caridad el 8 de septiembre de 2019. AP Photo/Ismael Francisco

Las religiones tienden a promover la comprensión, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana, contrario a esos principios,ideologías como el marxismo y el fascismo auspician la lucha de clase y la dictadura del proletariado o patrocinan el odio racial y la discriminación, razón por la cual cuando Fidel Castro y sus acólitos llegaron al poder, dispusieron que las religiones fueran perseguidas, imponiendo el odio, sectarismo y represión, factores comunes en el comunismo y el nazi-fascismo, los fundamentos sobre los que reconstruiría a Cuba.

A 59 años del destierro de más de un centenar de religiosos de Cuba
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Castro, consecuente con su naturaleza mesiánica y manipuladora, contradijo la máxima «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».Él, desde su perspectiva, también era un Creador y se esforzó, lo logró en gran medida, en expatriar de la conciencia de muchos de sus conciudadanos toda creencia en un ser supremo ajeno al Comandante en Jefe, y no fue raro que en las casas de familia el cuadro de Jesús fuera sustituido por uno de Fidel, o cualquier otro de sus genízaros. En Cuba se exaltó una nueva religión, el Castrolicismo, como afirmaba el compañero de presidio Gerardo Fundora.

En la Isla, se organizó la persecución de la Iglesia y los creyentes. Se acosó a la feligresía, al igual que abolieron las festividades republicanas y se minimizó la gesta independentista, las fechas claves de las religiones, particularmente las cristianas, como la Semana Santa y Navidad fueron maldecidas, lo que quizás motivó a muchos antes de morir, como Alberto Tapia Ruano y Virgilio Campanería, gritar ante el paredón de fusilamiento “¡Viva Cristo Rey”!

Los extremismos del Castrolicismo han sido padecidos por católicos y no católicos, por todo ciudadano que fue y es capaz de defender sus convicciones y, paradójicamente, hasta por muchos de los que han guardado silencio cómplice ante las tropelías de la dictadura. Es válido decir que aun hoy, después de décadas de fracasos, no faltan quienes tienen una memoria selectiva que les facilita olvidar para lucrar.

Los ataques a las religiones y a los religiosos se agudizaron en 1961. La procesión a la Virgen del Cobre fue prohibida por las autoridades y cuando los feligreses decidieron realizarla, un sicario asesinó a tiros al joven Arnaldo Socorro, portador de una imagen de su Patrona frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en La Habana.

Dos días después fue arrestado el obispo Eduardo Boza Masvidal, figura emblemática de la Iglesia Católica que con argumentos sólidos e irrebatibles criticaba al nuevo régimen. La dictadura no soportó más el reto continuo a sus prerrogativas y decidió aplicar lo que consideró erradamente un golpe mortal a su principal enemigo ideológico, al ordenar la expulsión del país de 136 religiosos, entre ellos 60 sacerdotes españoles, 45 cubanos, cinco canadienses, un hondureño, un venezolano, un húngaro y un italiano. Las autoridades habían detenido a los sacerdotes en sus diferentes iglesias y fueron conducidos directamente al barco Covadonga, que tenía como destino España.

Entre los desterrados se encontraban el obispo Boza Masvidal y Agustín Román, quien fue obispo auxiliar de Miami, dos personalidades excepcionales que desde sus respectivas responsabilidades siempre honraron a Cuba y lo cubano, contrario a lo que han hecho las figuras más destacadas del castrolicismo.

Transcurridos más de sesenta años, la lectura de la realidad cubana es particularmente devastadora. El régimen arrasó con los valores y principios sobre los cuales se sostenía la nación.

El régimen inculcó en varias generaciones biológicas normas y conceptos contrarios a la dignidad humana, en consecuencia, la sociedad bajo el castrolicismo se ha caracterizado por la intolerancia, acoso, sectarismo, la delación y falta de respeto a la vida, junto a una ausencia de principios que han afectado profundamente hasta el propiototalitarismo, al deformar a una mayoría desujetos que solo viven pendientes de sus intereses más inmediatos sin aceptar la existencia de los compromisos sociales, vitales para cualquier propuesta.

Una dolorosa realidad que ha dificultado en extremo el retorno a los valores tradicionales de la nación cubana. Cuba afronta una profunda crisis de identidad y objetivos. Los perjuicios causados por el totalitarismo llegan a nuestras raíces como nación. Todos los cubanos debemos extirpar esa mácula.

El Estado y la alimentación del pueblo

La hora de preparar la comida en una casa de La Habana Vieja. REUTERS/Claudia Daut

A partir de una lamentable intervención televisiva del Ministro de la Industria Alimentaria en que intentó presentar las estrategias del Gobierno cubano para alcanzar la llamada “soberanía alimentaria”, en estos días el tema de la alimentación ha estado, aún más, en el centro del debate no solo en las colas, en la mesa de nuestras casas, sino en todas las redes sociales. Han sido innumerables los comentarios, los memes, el humor y el amargor, que ha provocado dicha intervención en que se mencionaron la producción de tripas, croquetas y la utilización del “gallinas decrépitas”. Tal ha sido el impacto de las redes sociales que inmediatamente las autoridades retiraron algunas palabras, cortaron parte de la grabación audiovisual e intentaron echar la culpa fuera del área de su responsabilidad y, como siempre, fuera del país.

No quiero entrar en esos detalles que provocan todo tipo de reacciones, sino que deseo compartir mis consideraciones sobre lo que identifico como el problema de fondo: la alimentación de los cubanos. Aunque el humor puede ser buen antídoto a la inacabable desesperanza, y las críticas a unas frases pueden desahogar energías negativas, es necesario identificar, hacer consciente y solucionar el problema de fondo, la raíz del asunto, la causa original y no quedarnos en solo lamentar las consecuencias, la deficiente forma de plantearlo, el reino del absurdo de las palabras, y los ejemplos cuyo devenir roza ya con lo grotesco y la falta de respeto a la inteligencia de la nación.

En otras latitudes hay también hambre y escasez, y también se deben buscar y encontrar las causas profundas de esa injusticia inaceptable, no es coherente solidarizarnos con los otros sin también, y al mismo tiempo, esforzarnos por resolver lo nuestro. Nosotros debemos resolver nuestros propios problemas sin esperar a que vengan otros a resolverlo o aliviarlo, y sin que nos consolemos con la pobreza de otros, porque como dice el refrán de nuestros abuelos: “mal de muchos consuelo de tontos”. Y para no quedarnos ni en el consuelo de tontos, ni en la queja estéril, proponemos estos cuatro puntos:

Lo primero: Reconocer y educar en que una alimentación suficiente, sana, balanceada y accesible a los bolsillos de todos, es un derecho básico e inalienable. No se puede sostener el respeto a los demás derechos humanos universales e indivisibles si -en Cuba o en cualquier lugar del mundo- no se garantizan las estructuras y los medios para el acceso a la alimentación adecuada. Reconocer este derecho primario y educar para su consecución es tarea de la familia, la escuela, las iglesias, el resto de la sociedad civil y el Estado.

Segundo: Cada ciudadano adulto, dígase padres y madres de familia, hermanos mayores, tíos y abuelos, son y deben ser los primeros responsables de trabajar y sostener a sus familias. Ese trabajo debe ser justamente remunerado con un salario suficiente con el que puedan garantizar la alimentación sana y suficiente para su familia. Ya aquí hay una primera causa profunda: en Cuba no alcanzan los salarios. Todavía peor: se paga en una moneda y la que permite el acceso a la mayoría de los alimentos es la moneda de otros países, ganada y sudada por otras personas. Las tiendas en que se podía usar nuestra moneda han quedado desabastecidas a pesar de las promesas. Depender durante años y años del trabajo ajeno, y de las remesas de un país extranjero, no es solo una injusticia y una violación de los derechos de los trabajadores sino que es una deformación que mal educa, resta valor al trabajo, desestimula el esfuerzo personal y crea vagancia, delincuencia y apatía crónica. Pobre del país y de los ciudadanos, especialmente los jóvenes, que dependen del trabajo y el sacrificio de su familia de afuera por años sin término. Eso no es ético, ni educativo, ni siquiera lógico.

Tercero: El Estado no puede, no ha podido, y no debería, asumir, él solo, la carga de garantizar a cada familia una alimentación adecuada, variada y sana. Entonces, si la alimentación es un derecho, si los salarios no alcanzan, si los alimentos en su mayoría se adquieren en monedas extranjeras y el trabajo propio pierde valor adquisitivo, toca al Estado iniciar con premura y eficacia las transformaciones estructurales para liberar las fuerzas productivas que: restituyan al trabajo su valor; que los frutos del trabajo concretado en los salarios, una moneda única y con el poder adquisitivo que permita que el progreso personal dependa del esfuerzo emprendedor de cada cubano, y no de si tiene familia en el extranjero. El Estado cubano sigue empeñado en intentar ser el padre de una única familia, y decidir con planes y estrategias incumplibles, desde lo más alto de ese paternalismo, qué come cada cubano, qué cantidad necesita, dónde le toca comprarlo y sobre todo cuándo alcanzará lo suficiente. Eso no puede, no debe, seguir así. Esa es la verdadera causa de la escasez, de las colas, de los coleros, de los acaparadores, de la mayoría de las indisciplinas sociales. Todo eso se elimina no con la represión que encona y genera más violencia, sino liberando las fuerzas productivas y dejando que cada cubano desarrolle sus capacidades de emprendedor, y su trabajo le alcance para alimentar a su familia.

Cuarto: Las reformas estructurales no pueden esperar a que la liga se rompa. Debe liberarse, legalizarse y fomentarse el sector privado sin tener que pasar por el “cuello de botella” de una empresa estatal. No se pueden hacer más experimentos de laboratorio con seres humanos. No se puede experimentar un modelo de mercado dentro de los fórceps de un Estado que quiere administrarlo todo. Los productores privados son los únicos que han demostrado, en poco tiempo, que obtienen de forma independiente, resultados rápidos, suficientes y accesibles a los diferentes bolsillos. Todo el mundo sabe en Cuba, por experiencia propia, qué es lo que funciona, quién tiene viandas, quién produce queso y leche, quién produce carne de cerdo o de pollo, quién lleva a la puerta de nuestras casas alimentos frescos, variados y abundantes: el privado. Miremos a nuestro alrededor… ¿Qué es lo que funciona y qué no logra despegar? Son hechos, no promesas. Y todo el mundo sabe en Cuba qué es lo que genera pobreza, hambre, escasez, promesas, planes, burocratismo e inestabilidad: la centralización paternalista de un Estado que quiere controlarlo todo.

No andemos más por las ramas de los planes y las estrategias “gatopardistas”. La paciencia tiene un límite y nadie quiere llegar a esos extremos. Nadie, con cerebro y corazón, quiere provocar una explosión social. Lo que parece que todo el mundo quiere son cambios de verdad, eficaces, profundos, eficientes, rápidos y medibles, evaluables y mejorables. Lo que de verdad evitará esas lamentables presentaciones, las pifias, los memes y las burlas del humor tan típico de los cubanos no es la censura previa, ni la tijera editora a posteriori, ni la descalificación de ambas partes.

Centrarnos en lo esencial, y evitar los ruidos que distraen y entretienen alienándonos de lo esencial, de las causas, de los cambios, de las transformaciones ordenadas, pacíficas, reales y eficientes. Es la única forma civilizada y ética de resolver el acceso de los cubanos a una digna alimentación sana, suficiente y variada, con nuestro propio trabajo libre y responsable, con nuestra propia moneda fuerte y única, para poder realizar nuestros propios proyectos de vida y alcanzar nuestras legítimas aspiraciones de progreso material, moral y espiritual, sin olvidar la siempre necesaria justicia social, la asistencia y promoción de los sectores más vulnerables, pero sin que el Estado siga administrando la vida, la mesa, el sacrificio y la felicidad de todo un pueblo.

Estoy seguro que nosotros los cubanos, todos, vivamos donde vivamos, pensemos como pensemos, podemos lograrlo. Solo hace falta que quienes pueden y deben abran la puerta o no impidan más que los cubanos todos, sin banderías ni exclusiones, ejerzamos la soberanía ciudadana con la que hemos nacido, fuente y origen de todas las demás soberanías,. incluida la soberanía alimentaria. Esto lo lograremos en paz si enrumbamos entre todos los caminos de la libertad, el trabajo digno, la justicia social y la solidaridad cívica.

[Artículo publicado en la sección Lunes de Dagoberto de la Revista Convivencia]

Arnaldo Socorro: un joven cubano asesinado por su fe 

Arnaldo Socorro (1944-1961). Foto Archivo Cuba

Aunque la Revolución comandada por Fidel Castro pretendió darle al triunfo un ligero cariz religioso, muy pronto la creencia en un ser superior se convirtió en el enemigo más temido de la insurrección triunfante.

Los ataques verbales contra la Iglesia en general y la Católica en particular se incrementaron, los feligreses empezaron a ser acosados y aquellos que no tenían una profunda fe cedieron ante la presión. Sin embargo, un número importante de fieles, a pesar de que la represión aumentaba y la discriminación se acentuaba, mantuvieron su compromiso religioso siendo uno de ellos el joven Arnaldo Socorro.

Socorro era natural de Unión de Reyes, Matanzas, pero en su adolescencia la familia se trasladó para la capital de la Isla. Una beca le dio la oportunidad de estudiar en el Colegio de Belén donde se incorporó a la Juventud Obrera Católica, en la que militaba cuando el 10 de septiembre de 1961 fue convocada una procesión con la imagen de la Patrona de Cuba Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

La procesión partiría desde la iglesia de La Caridad, bajo la guía del entonces Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Habana, Monseñor Eduardo Boza Masvidal, uno de los más valientes críticos del régimen castrista, quien fuera expulsado de Cuba una semana después con otros 130 sacerdotes.

Arnaldo fue hasta la iglesia para participar en una procesión religiosa que indudablemente era una expresión de rechazo al gobierno. En el lugar supo que las autoridades habían prohibido el evento, sin embargo, al igual que miles de personas, permaneció frente a la Iglesia para exigir que sus derechos fueran respetados, cobijado con una imagen de la Virgen marchó a la cabeza de los centenares de personas que decidieron seguirle, dando vivas a Cristo Rey, a la Virgen y a la libertad, tal como en ese momento muchos de los jóvenes fusilados por la dictadura lo gritaban frente al paredón de fusilamiento.

El coraje de Socorro no sería respetado por el régimen y sus sicarios. Un esbirro, consciente de su impunidad, descargó su metralleta checa en su contra, el joven cayó al suelo mortalmente herido.

Tenía 17 años cuando fue asesinado, pero a la falta se sumó como bien afirma el periodista Julio Estorino, “el crimen y el ultraje”, al régimen proclamar que el joven asesinado era un revolucionario que había ido al lugar de los sucesos para impedir un acto de "los esbirros con sotana", como identificaba el castrismo a los sacerdotes católicos.

Católicos cubanos recuerdan el asesinato de activista de la Juventud Obrera Católica
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El asesinato le fue achacado al sacerdote Agnelio Blanco quien en el momento de los hechos estaba en la Isla de Pinos, otra cruel mentira en la amplia campaña de difamación del castrismo en contra de sus críticos.

Ahí no terminó la maldad. Oficiales de la Seguridad del Estado fueron a la casa de Arnaldo Socorro, amenazaron a la familia y lo enterraron como un combatiente asesinado por la contrarrevolución, sin duda alguna, la dictadura invistió a otro cubano con su crimen, como mártir de la Patria.

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