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Opiniones

Cuba: un afligido museo para excluir la libertad

Museo de la Disidencia en Cuba.

Vale agregar que el Museo de la Disidencia tiene como espacio anexo el Museo del Arte Políticamente Incómodo (MAPI).

Días atrás, en una humilde casa de la Habana Vieja, en la capital cubana, pretendía realizarse un encuentro literario titulado Palabras excluidas. Ya de por sí el nombre constituye una afrenta para el totalitarismo caribeño, y aún más si esta casa es sede del Museo de la Disidencia en Cuba (MDC).

Es de aplaudir el hecho de que la disidencia cubana, aunque sus actores sean una ínfima parte de la población, tenga un museo, y que a pesar de la represión sus creadores traten de articular foros encaminados a promover la existencia de personas y grupos disidentes en la isla, sean artistas, escritores, defensores de los derechos humanos, o leves simpatizantes con la necesidad de rebelarse en contra del régimen. De cualquier modo, lo importante es que los cubanos se enteren de que es posible disentir, aunque sus riesgos tengan.

Quienes se atrevan a decir que en Cuba no hay libertad, serán reprimidos. Y a quien le guste, bien, y al que no, pues sencillamente calabozo, terror, vigilancia

Por supuesto que los gendarmes de la dictadura abortaron el evento. Santa palabra de la dictadura. Quienes se atrevan a decir que en Cuba no hay libertad, serán reprimidos. Y a quien le guste, bien, y al que no, pues sencillamente calabozo, terror, vigilancia. Una vida mucho más embarazosa que el resto -que de por sí ya la tiene bastante dura-, o el exilio, manso o incómodo. Da igual. O casi. Y que siga el aquelarre de la libertad y la esperanza, la miseria y el olvido.

Según declaraciones de Yania Suárez, coordinadora de este evento, la policía política “ejerció diversos grados de presión sobre los escritores que participarían e incluso detuvo a algunos de ellos”. Una práctica habitual en una sociedad donde la palabra libertad ha perdido su verdadero significado para transformarse, cuando más o cuando menos, en una pobre consigna “revolucionaria” en contra de la propia libertad. Una imagen nebulosa, áspera, repulsiva. O una triste expresión de miedo.

Quizás deba aclarar (para quienes olviden o desconozcan que en Cuba impera una dictadura comunista) que el MDC no es una institución reconocida por el gobierno antidemocrático de los Castro. Eso ni soñarlo. Todo lo contrario: es un objetivo a expiar y atacar permanentemente como ocurre con cualquier organización o persona que represente una amenaza para la cotidiana impunidad política y social.

Muy válido es que sus fundadores entiendan el valor, y el poder, de la confluencia de arte y disidencia,

No es casual que al siguiente día -suelen ser así los domingos en Cuba, aunque pocos medios lo reporten- fueran golpeadas y arrestadas, una vez más, medio centenar de Damas de Blanco (grupo de mujeres opositoras que desfilan llevando gladiolos en sus manos y pidiendo libertad para todos los cubanos), a cuyas marchas se suman de vez en vez algunos artistas e intelectuales. Todos terminan siendo apaleados y automáticamente segregados. Así ha funcionado siempre el castrismo. Así se mantiene.

Con sede en el domicilio del artista visual disidente Luis Manuel Otero Alcántara, quien ha sido detenido en varias ocasiones, el MDC se creó con “el objetivo de ofrecer espacios de diálogos y de creación artística, exposiciones, programas públicos o publicaciones que transgredan los límites de la sociedad cubana”, según se detalla en el blog museo.

Este proyecto partió de una obra de arte creada en 2016 por Otero Alcántara y la curadora e historiadora del arte Yanelys Núñez Leyva. Muy válido es que sus fundadores entiendan el valor, y el poder, de la confluencia de arte y disidencia, sobre todo en un país, y en una época, en que la guerra cultural de la izquierda -no sólo de esa que llaman radical- es un axioma. Un cáncer social que se continúa subestimando.

El MDC precisa que su razón de ser no responde “a ningún programa político diseñado por alguno de los grupos que subsisten silenciosamente en la isla” y que sus intenciones son “generar un diálogo nacional e internacional sobre la comprensión del concepto; explorar cómo la disidencia puede generar el desarrollo de proyectos de nación; y crear una forma artística híbrida que utilice la dinámica de las nuevas tecnologías, con una percepción tradicional del concepto de museo, y a la misma vez que ofrezca la posibilidad de transitar del mundo virtual al mundo real a través de la programación del museo”.

Evidentemente se trata de objetivos que jamás serán del agrado de la autocracia habanera, para quienes no existen opositores sino enemigos del sistema. Y eso que aquí estamos hablando básicamente de palabras. Pero claro, de palabras excluidas. Ahí está el detalle. En fin, que este evento, paralelo a la oficialista Feria Internacional del Libro de La Habana, tenía como prioridad resaltar a autores suprimidos del sistema editorial cubano que viven en la isla. Se esperaba la presencia de escritores de renombre que han sido marginados o encarcelados por pronunciarse en contra el despotismo imperante en la isla como son Ángel Santiesteban, Rafael Alcides y Rafael Vilches. Pero no pudieron llegar. Es decir, la policía política no los dejó.

Yania Suárez lo ha descrito perfectamente desde La Habana: “Una vez más la Seguridad del Estado actuó para impedir que las cosas estén mejor. En esta ocasión reforzando el cerco sobre las palabras, saboteando y por tanto justificando un evento como este, dedicado precisamente a escritores marginados”. Aquí hay un hecho que es importante recordar: la Seguridad del Estado y demás fuerzas represivas existen precisamente para eso, para que en Cuba las cosas nunca estén mejor. Es decir, para mantener la dictadura. Nunca lo olvidemos.

Según relató la también escritora independiente, “una patrulla policial fue ubicada frente a la puerta de Ángel Santiesteban “para que no se le ocurriera salir y cuando intentó hacerlo lo detuvieron”. El novelista y disidente permaneció varias horas en la estación policial ubicada en las intersecciones de las calles Zapata y C, en el barrio de El Vedado, en la capital del país, donde tiene una base estratégica la policía política, cuya función es perseguir, interrogar y atemorizar a cualquiera que se atreva a disentir.

Entre los paneles programados en Palabras excluidas figuraban: “Esto no es un homenaje” (una charla con el poeta Rafael Alcides), “Fuera de Feria” (donde varios escritores independientes leerían sus textos) y la presentación de Neo Club Ediciones. Esta editorial, fundada y dirigida en Miami por el escritor, editor y activista por los derechos humanos Armando Añel, es una pieza clave en el proyecto Puente a la Vista, destinado precisamente a divulgar la obra de los creadores marginados en Cuba.

Vale agregar que el Museo de la Disidencia tiene como espacio anexo el Museo del Arte Políticamente Incómodo (MAPI), que se propone un recorrido histórico “desde la época colonial hasta la actualidad por todas aquellas obras, creadores, procesos artísticos, que sin haber sido necesariamente censurados, ni ser considerados dentro de la categoría de arte político, tuvieron una postura de enfrentamiento con respecto al Poder gubernamental o al propio Sistema Arte”.

Debo acotar que en una sociedad aplastada bajo la bota del totalitarismo, proyectos como estos no son sólo atrevidos, sino que también (si se logra advertir a los cubanos de su existencia e importancia, y si la comunidad internacional los apoyara al menos rompiendo el silencio) pudieran convertirse en móviles de cambio para Cuba (desde donde se regentan las llamadas dictaduras del siglo XXI que tanto afectan a las Américas y que intentan penetrar en otras partes como España, con los neocomunistas de Podemos). Moscas, como suele decirse, con este pequeño gran detalle.

Insisto finalmente en dos de los elementos a los que el castrismo -como cualquier totalitarismo- más le teme, pues pueden transformarse en acciones que desencadenen su final: que a los ciudadanos les llegue información real y que exista una verdadera solidaridad internacional (con las víctimas, no con los victimarios). Cosas que tanta falta hacen. Y con urgencia. Bueno, desde hace seis décadas. Así va la isla: ese afligido museo donde cada día se excluyen la libertad y sus sueños. Y así también va el mundo.

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2021, el año en que Otero Alcántara se convirtió en una de las personas más influyentes del mundo y pasó su cumpleaños en prisión

Luis Manuel Otero Alcántara Tomado de su perfil de Facebook

Luis Manuel Otero Alcántara, una de las cien personalidades más influyentes del mundo en 2021, cumple hoy 34 años y dentro de pocos días, cumplirá cinco meses en prisión sin haber sido juzgado y, lo que es peor, sin la esperanza de tener un juicio justo, con todas las garantías procesales a las que, se supone, tienen derecho todos los seres humanos en la segunda década del siglo XXI.

Otero Alcántara, nació el 2 de diciembre de 1987, veintiocho años después que el Ejército Rebelde hiciera su entrada triunfal a la capital cubana sin disparar un tiro y de ello, dan fe los billetes de un peso que, sin apenas valor, todavía circulan por la isla.

Luis Manuel, Luisma o LMOA, para los amigos cercanos, nació y creció con la revolución, marginado como la mayoría de los afrocubanos, como los que no pertenecen a la élite en el poder. Creció siendo testigo de cómo el sarcoma revolucionario fue devorando las paredes de su casa, en la calle Damas Nº 955, en uno de los barrios más humildes de la ciudad intramuros, el barrio de San Isidro.

Su obra, su casa y su barrio salieron del anonimato cuando, a golpe de decretos, el régimen cubano se propuso tapiar los pocos orificios legales para las iniciativas de los creadores con los decretos 349, 370 y algunos números más.

Se levantó junto a otros jóvenes artistas para fundar, a grandes rasgos, el Movimiento San Isidro (MSI) que en poco tiempo ganaría las simpatías y la admiración de nacionales y extranjeros.

La casa de Otero Alcántara se convirtió en la sede del Movimiento y Luis Manuel Otero Alcántara en su punta de lanza. Desde entonces, el incansable artista ha sufrido detenciones, vigilancia, huelgas de hambre, allanamientos, confiscación de sus obras, la reclusión forzada en la sala de un hospital y la cárcel.

El Movimiento San Isidro y Luis Manuel Otero Alcántara fueron, quizá sin proponérselo, la dinamita al final de una mecha que arde por más de sesenta y dos años.

El 27 de noviembre, por primera vez, más de quinientos artistas protestaron frente al Ministerio de Cultura indignados por el secuestro de Otero Alcántara y otros activistas que permanecían en huelga de hambre. De esa solidaridad con "los Acuartelados de San Isidro" surge luego el 27N.

Otero Alcántara también inspiró la protesta ocurrida el 30 de abril en la Calle Obispo, donde un grupo de jóvenes protagonizó una histórica sentada cuando la policía les impidió llegar a la casa donde el artista estaba en huelga de hambre.

Se le vió por última vez en vivo, el 11 de julio, en La Habana, cuando hizo un llamado a sumarse al levantamiento nacional por el fin del régimen comunista.

"Toda Cuba está en la pista. Me voy para el Malecón, cuésteme lo que cueste (...) Ya está bueno de dictadura", aseguró en una directa en Facebook en la que pidió a la Unión Patriótica de Cuba y otras organizaciones opositoras que convocaran a los cubanos a unirse a la protesta.

El levantamiento, como ya se sabe, ocurrió masivamente en numerosas ciudades y poblados en la isla, fue reprimido con brutalidad y ha dejado a más de 600 personas en la cárcel, entre ellas Otero Alcántara, quien está recluido en la cárcel de Guanajay, reconocido como Amnistía Internacional como preso de conciencia.

El Movimiento San Isidro, ampliamente reconocido en el mundo entero, no es, ni con mucho, el único grupo, ni el de más valor. Es, como ellos mismos reconocen, el resultado de la acumulación de años de resistencia, de cárceles repletas de prisioneros políticos, de los ecos de los pelotones de fusilamiento y de todos los que hicieron el camino por donde ahora ellos transitan.

Represión, palabra de orden

Guardias vestidos de civil en un camión militar, apostados en una calle de La Habana el 15 de noviembre. ADALBERTO ROQUE / AFP

Opinión

El desafío de la oposición al régimen totalitario y la reacción de este, instrumentando una intensa y extendida campaña represiva, demuestra que el castrismo no está dispuesto a conceder a sus ciudadanos el más insignificante de sus derechos, y que la opinión internacional le sigue importando un bledo.

El 15 de noviembre, aunque no fue una gesta similar en participantes a la del pasado 11 de julio, pasa a ocupar un lugar notable en la historia como proceso a favor de la libertad en más de sesenta y dos años. El 11J ha sido la protesta cívica de mayor magnitud que ha tenido lugar en Cuba después del establecimiento del totalitarismo.

La nomenclatura del castrismo nunca ha estado dispuesta a reconocer los derechos de los otros. La represión ha sido una constante desde el primero de enero de 1959, característica que la dictadura siempre está dispuesta a demostrar, aun a aquellos que se empecinan en ver atisbos de cambio en una estructura mafiosa que se reinventa constantemente.

La represión, actos de repudio y arrestos se produjeron antes del día 15. Había que incentivar la siembra y cosecha del miedo para compensar el que ellos sufren, a pesar de contar con un arsenal más que poderoso. Las dictaduras siempre le temen a los oprimidos porque intuyen que el día que estos rompan sus cadenas no hay fuerza que los contenga.

Uno de los primeros arrestados fue Guillermo Fariñas, premio Andrei Sajarov, 2010. Dicho sea, la dictadura siempre ha sentido por los cubanos reconocidos con el galardón por la Libertad de Conciencia que otorga la Unión Europea un resentimiento muy particular. Recordemos que el régimen, en alguna medida, está involucrado en la muerte de otros dos premios Sajarov, Laura Pollán, 2005, fundadora y líder de las Damas de Blanco y Oswaldo Paya Sardiñas, 2002, promotor de otra iniciativa de gran valor cívico, “El Proyecto Varela”.

La convocatoria para las protestas del 15 de noviembre tiene un protagonista, Yunior García Aguilera. Un joven intelectual que, como otros, pudo haber asumido una falsa militancia para trepar en los engranajes del poder castrista, como si lo hizo el vocero de la tiranía Humberto López, un sujeto que se dedica a amenazar y golpear mujeres como hizo recientemente contra la activista Yeilis Torres Cruz. López, un esbirro en ascenso en el régimen, intenta con su protagonismo depredador, aumentar su poder como lo han hecho otras hienas con posiciones similares.

Las acciones policiales contra la Marcha Cívica por el Cambio aumentaron el número de detenidos por motivos políticos, así como las desapariciones de activistas, pero también se evidenció que esta protesta cívica contó con el apoyo de opositores de otras generaciones de extendido activismo, y de jóvenes, hombres y mujeres que se han incorporado más recientemente en la lucha por la libertad, una evidente muestra de madurez política de la ciudadanía, y una seria amenaza al totalitarismo.

Esta realidad se pudo constatar en un video en el que se aprecia a un grupo de personas que en Santa Clara demandaban a coro la excarcelación del joven Andy García Lorenzo, y hasta entonaban un estribillo con “únete policía por la libertad”.

Los actores principales de las democracias tienden a pasar por alto que el régimen cubano es el principal nutriente de las autocracias nicaragüense, venezolana y boliviana y, por su condición de exportador de la desestabilización, respalda a todo caudillo que se aproxime, en alguna medida, al modelo castrochavista, tan vinculado en la actualidad al crimen organizado.

Él extrae como un chupóptero los bienes de esas naciones y, a cambio, comparte con ellos sus amplios conocimientos del control social y político. El régimen de la Isla no solo es un peligro para los cubanos, también para la democracia en general.

Esta jornada fue, además, una campaña de solidaridad internacional a favor de la Democracia y la Libertad en Cuba. Cubanos y extranjeros, ciudadanos comprometidos con esos conceptos, se manifestaron en numerosas ciudades del mundo, lo que evidencia el repudio internacional contra el sistema totalitario y la necesidad de actuar contra el mismo a instancias internacionales para evitar que en la Isla se produzca una catástrofe de proporciones superiores a las que padeció Rumania, cuando fue derrocado el régimen de Nicolás Ceaucescu.

Jiménez Enoa: El terror neutralizó las protestas en Cuba, pero la lucha no ha terminado

Presencia de efectivos en las calles de La Habana el 15 de noviembre. (YAMIL LAGE / AFP).

El autor cubano Abraham Jiménez Enoa escribió este martes en el diario The Washington Post que "el terror neutralizó las protestas en Cuba, pero la lucha no ha terminado".

Dice Enoa sobre la anunciada marcha: “Subo a la azotea de mi edificio y contemplo desde allí la pasmosa tranquilidad que transcurre en el Vedado, barrio de La Habana. Faltan unos minutos para las 3:00 pm, cuando se prevé que comiencen las protestas ciudadanas del 15 de noviembre en contra del régimen cubano”.

El articulista y columnista del Washington Post, al describir su barrio, dice que “parece la escena trillada del cine que anticipa que algo malo está por suceder: nadie camina por las calles, la brisa mueve las hojas de los árboles, el silencio es absoluto".

"Unos aplausos solitarios a lo lejos rompen la calma. Miro el reloj: las 3:00 pm ya. Busco quién aplaude y encuentro, en la ventana de un noveno piso de un edificio que está a tres cuadras del mío, a un colega periodista independiente y su esposa. Ambos me saludan a la distancia. Al colega, al igual que a una cantidad aún no cuantificada de cubanos y a mí, el régimen nos ha puesto en prisión domiciliaria para que no participemos en las protestas pacíficas convocadas por la plataforma Archipiélago”, señala.

Opina Enora que los aplausos son el recurso que les quedó a los ciudadanos que querían participar en las protestas y a quienes el régimen de manera arbitraria se los impidió. "Ciudadanos apresados en sus propias casas porque viven en una nación donde está penado decir lo que se piensa”.

Enoa considera que “el castrismo jugó la carta de la anticipación y puso encima de la mesa todo su arsenal represivo: las semanas previas militarizó las calles con brigadas especiales y de agentes disfrazados de civil, cercó con operativos policiales a los líderes de Archipiélago y de la sociedad civil, citó a interrogatorios a todo aquel que manifestó en las redes sociales su deseo de salir a protestar y los amenazó con la cárcel, además de llevar turbas de partidarios a las puertas de los disidentes para atemorizarlos con actos de repudios”.

No obstante, concluye Abraham Jiménez Enoa en The Washington Post que "el régimen lo único que ha hecho, clausurando el derecho que tienen todos los seres a manifestarse, es echarle más gasolina a las ansias de cambio del pueblo”.

OPINIÓN Nicaragua, elecciones para qué

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, encabezan una manifestación en Managua. (AP/Alfredo Zuniga, Archivo)

Para el electorado es desalentador participar en unas elecciones en las que el resultado esta previamente anunciado como todo parece indicar sucede en Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Cuba, donde la oposición y el votante, están plenamente limitados en sus derechos.

Hacer campaña electoral en un plano de igualdad bajo un régimen autoritario o una dictadura es una vana ilusión. Las autoridades electorales, así como las fuerzas armadas, están a la orden del partido gobernante y sobre los derechos de la oposición pende una guillotina, más despiadada que la legendaria espada de Damocles, que da igual que se llame, Movimiento al Socialismo, Frente Sandinista de Liberación Nacional, Partido Socialista Unido de Venezuela o Partido Comunista de Cuba, siempre están listas para la ejecución.

Las oportunidades de la oposición de realizar sus actividades son muy limitadas y las más de las veces si logran que el poder no las criminalice como ocurre bajo los regímenes castro chavista, es por la solidaridad internacional y la disposición a imponer sanciones a los transgresores de los países democráticos y organismos internacionales.

Nicaragua se apresta para una de las farsas electorales más colosales de su historia. Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, señalados de haber cometido numerosos crímenes contra la ciudadanía son los candidatos más visibles, aunque tal vez los más repudiados por el pueblo, ya que la dupla que lleva gobernando más de 25 años, tiene encarcelado a los siete aspirantes a la presidencia con mayores opciones.

Al gobernante nica no se le puede discutir su capacidad para conservar el poder, paralela a la de lograr pasar casi inadvertido para la mayoría de las instituciones defensoras de la democracia, los derechos humanos y prensa internacional.

El caudillo sandinista ha cometido todo tipo de tropelías y manipulados las reglas de la democracia, con particular impunidad. Él ha seguido las pautas de los “salvadores heroicos y sacrificados” que popularizó la revolución cubana a principio de la década del 60 – supuesta defensa de los pobres, aunque socializando la miseria- conducta que le ha beneficiado ampliamente.

Recordemos que llegó al poder a través de la violencia en una épica insurreccional que parecía contar con la mayoría del respaldo popular. La Revolución ya fue otra cosa, con el tiempo muchos de sus compañeros lo abandonaron porque no compartían sus intenciones y un importante sector de la población lo combatió con las armas en las manos y otra parte partió al exilio.

Su mandato entro en crisis porque la resistencia no cesaba, viéndose obligado a convocar a elecciones que perdió ante la señora Violeta Chamorro, una victoria que no habría sido reconocida en la actualidad por el gobernante sandinista, según su conducta presente.

En el gobierno los demócratas nicaragüenses actuaron como tales y no tomaron contra Ortega y sus partidarios las medidas punitivas a las que tenían derechos por los abusos y depredaciones del gobernante saliente y por el alto nivel de corrupción de su mandato.

Además, la estrecha alianza sostenida con la Cuba de Castro y la extinta Unión Soviética, pudo haber sido considerada una traición a la soberanía nacional. Ambos estados favorecieron con su intromisión la extensión del conflicto bélico, aparte de su injerencia constante en los asuntos internos de Nicaragua.

Daniel Ortega, aspirante a gobernante vitalicio del país centroamericano, tal y como lo fue su maestro Fidel Castro en Cuba y aspiró Hugo Chávez, ha sido el discípulo más aventajado del decano de los dictadores del hemisferio. Recurrió a la violencia como medio para conquistar el poder. Después, acudió a propuestas democráticas para continuar gobernando, en un intento por legitimar sus mandatos con farsas electorales.

Aunque algunos podrían comparar su estilo de ordenar, reprimir y matar con el de sus predecesores de la dinastía Somoza, es evidente que su forma de llegar al gobierno y aferrarse al mismo es una copia castro-chavista.

De Ortega y los Somoza se puede decir que son de un pájaro las dos alas, remedando a la poetisa boricua Lola Rodríguez de Tío. También se puede escribir que ambos reciben en el mismo corazón las críticas, vituperios y repudio de sus conciudadanos.

El Castrismo no es Cuba

Un hombre es arrestado durante el levantamiento popular, en La Habana, el 11 de julio de 2021.

Desgraciadamente, la mayoría de los cubanos ha conocido un solo gobierno, un único liderazgo, y ha sido formada en una sociedad autoritaria, en la que la represión y la discriminación, en todas sus variantes, es padecida por la población en general, en un ambiente de uniforme indefensión que, al manifestarse con distintos síntomas, impide al individuo percibir las señales de la profunda dependencia que sufre.

Esta subordinación al Proyecto Totalitario ha conducido a un amplio sector de la población a confundir a la nación, la bandera, el himno y a Cuba como país, con la revolución y el castrismo, lo que no es cierto. Cuba y la Revolución no son lo mismo. Nunca lo han sido, se ha dicho y escrito innumerables veces, pero evidentemente no ha sido suficiente, porque no faltan quienes siguen creyendo que los Castro son Cuba y el castrismo, la cubanía.

Esa idea responde a una creencia falsa, eficientemente difundida, de que el proceso iniciado en 1959, y los caudillos que lo condujeron, salvaron a la nación de los depredadores que la destruían, una concepción que solo refleja ignorancia, en el mejor de los casos, y una innegable mala fe entre los que han montado un entramado de falsedades e iniquidad que solo acumula mentiras e injusticias, sin que estas afirmaciones pretendan presentar una Cuba pre revolucionaria como la antesala del paraíso.

La difusión y perpetuación de esta espuria realidad ha sido particularmente favorecida por el control absoluto de la educación y la información, dos disciplinas ampliamente usadas en la propaganda oficial y en el adoctrinamiento de los gobernados. Por otra parte, la segregación política e ideológica favorece la competencia extrema y la abyección de los contendientes, demoliendo los valores fundamentales del individuo.

Los que han detentado el Poder en Cuba desde 1959 han implantado un método patriarcal que ha generado una exagerada dependencia de los siervos de la Autoridad, la que ha inducido, aun entre muchos de aquellos que no son devotos del sistema, a la creencia de que el Estado, los Lideres y la Revolución son una trinidad sintetizada en la Nación, en una palabra, todo es lo mismo, y quien ataque a uno intenta destruir el conjunto.

Por supuesto, esta certeza donde mayor presencia tiene es entre los jóvenes, porque han sido las victimas más abusadas. De ahí que, aun aquellos que tienen la capacidad de tomar decisiones propias, como independizarse trabajando por su cuenta, o abandonar el país, tienden a repudiar todo lo que Cuba representa, al identificar erróneamente al régimen con la Nación. O, en caso contrario, aprueban y promueven todo lo que sucede en la Isla, sin entrar a considerar cuáles son los progresos naturales de un país con independencia del gobierno que lo dirije.

Por suerte, hay numerosas excepciones, como se aprecia en las prisiones de la dictadura, o en los activistas que favorecen un cambio hacia la democracia en Cuba.

Es válido considerar que aun aquellos que actúen con un mínimo de independencia son en cierta medida fallas del Proyecto. Supuestamente, al ser formados en los estrictos marcos del castrolicismo, su conducta y pensamiento debería ser de absoluta fidelidad, lo que, en realidad, no ocurre, porque la mayoría de los que permanecen fieles al Proyecto lo hacen más por interés que por convicción, como fueron los casos de los cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, o de quienes se desencantan y combaten el régimen, como sucedió con Ernesto Borges, oficial de inteligencia que lleva más de 22 años en prisión.

El gobierno fracasó rotundamente en la creación del hombre nuevo, aunque recurrió a diferentes métodos. Intentaron por todos los medios formar un ser humano incondicional al sistema apelando a una intensa propaganda a favor del trabajo voluntario que debió ser abandonado por improductivo y porque nunca fue voluntario.

Se esforzaron lo indecible por cambiar la naturaleza humana, como se apreciaba en los textos educacionales y en las denominadas Escuelas al Campo, donde el trabajo agrícola era asociado a la instrucción y educación, obteniendo como resultado un profundo rechazo de los estudiantes a esas imposiciones. Sin embargo, hay que reconocer que en algunos pegó el experimento, porque en Cuba, o fuera de ella, no faltan quienes defienden la dictadura, aun cuando hayan sufrido sus tropelías.

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