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Colaboración global para combatir el COVID-19

Ventiladores para combatir el COVID-19

El Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, pidió apoyo para la colaboración global para acelerar el desarrollo, producción y acceso equitativo a las nuevas herramientas para combatir el COVID-19.

"Un mundo libre de COVID-19 requiere el mayor esfuerzo de salud pública en la historia global: se deben compartir los datos, movilizar recursos y dejar de lado la política. Estamos en la lucha de nuestras vidas. Estamos en eso juntos. Y saldremos más fuertes, juntos", escribió el secretario en su cuenta de Twitter.

La ONU instó a varios países ha trabajar juntos para desarrollar de manera conjunta, rápida y eficaz una vacuna para luchar contra el coronavirus.

Este llamado a líderes mundiales, científicos, agentes del sector privado y gestores humanitarios busca promover la salud y mantener el mundo a salvo.

"La salud humana es el bien público mundial por excelencia, y hoy nos enfrentamos a un enemigo público global como ningún otro" subraya el comunicado.

El director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, presentó en conferencia de prensa esta colaboración para acelerar el desarrollo de una vacuna y su distribución y dijo que el principal compromiso es que las personas tengan acceso a todas las herramientas para combatir el virus.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que el objetivo de un compromiso global sería conseguir 7.500 millones de euros (8.100 millones de dólares) a principios de mayo, para acelerar el trabajo de prevención, diagnóstico y tratamiento.

Guterres declaró por su parte que la vacuna es para todo el mundo, no solo para algunos países, y que se necesita crear "un tratamiento que sea asequible, seguro, efectivo, fácil de administrar y disponible universalmente, para todos, en todas partes".

El funcionario recordó que durante demasiado tiempo la humanidad ha subvalorado a los bienes públicos globales como el medioambiente, la ciberseguridad y la paz.

Guterres ve la actual pandemia como una lección vital que demuestra "la urgencia para apoyar los bienes públicos mundiales y la cobertura universal de salud".

"Estamos en la lucha de nuestras vidas. Estamos en eso juntos. Y saldremos más fuertes, juntos", dijo Guterres.



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EEUU, China, Taiwán y la salud mundial

Un examen de Covid en Taipei, Taiwán. (Reuters/Ann Wang).

Las amenazas para la salud sin precedentes de la actualidad exigen una estrecha cooperación internacional, precisó el Departamento de Estado de Estados Unidos en un comunicado de prensa que pide la inclusión de Taiwán en la cita anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La Asamblea Mundial de la Salud es el órgano de toma de decisiones de la OMS, y su reunión anual del 22 de mayo es una oportunidad para impulsar la cooperación para poner fin a la fase aguda de la pandemia de COVID-19 y promover la salud mundial, señaló el gobierno estadounidense.

“Abogamos firmemente para que la OMS invite a Taiwán a participar como observador y a prestar su experiencia en los debates de búsqueda de soluciones en la 75.ª Asamblea”, indicó el comunicado.


Invitar a Taiwán a asistir como observador "ejemplificaría el compromiso de la OMS" con un enfoque inclusivo para la cooperación internacional en salud y la "salud para todos".

“Taiwán es un miembro muy capaz, comprometido y responsable de la comunidad mundial de la salud, y ha sido invitado a participar como observador en reuniones anteriores”, añadió. “Taiwán y sus distintas capacidades y enfoques, incluida su importante experiencia en salud pública, gobernabilidad democrática, resiliencia al COVID-19 y economía sólida, ofrecen un valor considerable para informar las deliberaciones”.

Según el gobierno de Estados Unidos, no hay justificación razonable para excluir su participación.

El gobierno de China, en cambio, ha criticado el esfuerzos de la administración Biden de promover la asistencia de Taiwán. Es un asunto interno chino la presencia de Taiwán en foros internacionales, precisó la Cancillería china.

Profesor universitario uigur detenido en la región china de Xinjiang

Dos niños uigures caminan por una calle en Yarkand, Región Autónoma Uigur de Xinjiang, China.

Un profesor uigur de una universidad en la región de Xinjiang, en el noroeste de China, fue sentenciado a prisión por “ignorar el idioma nacional”, al no enseñar en chino mandarín, dijo a Radio Asia Libre, RFA, una fuente en la ciudad de Ghulja y funcionarios locales.

Dilmurat Awut, de 65 años, era profesor principal de literatura en la Universidad Pedagógica de Ili en Ghulja (en chino, Yining) y fue subsecretario del Instituto de Marxismo de la escuela del Partido Comunista Chino.

Awut se encuentra entre un grupo de más de 20 educadores de la universidad que, según un informe anterior de RFA, han sido detenidos. No todos los nombres de los educadores se han hecho públicos.

Awut ocupó puestos administrativos en los institutos de educación política y filología de la escuela hasta su secuestro en 2017. Era muy respetado, pero a veces chocaba con los administradores chinos de la escuela, dijo la fuente, que se negó a ser nombrada por razones de seguridad.

Cuando las autoridades gubernamentales prohibieron el uso del idioma uigur en la universidad, Awut a veces continuó usando su lengua materna cuando sus estudiantes tenían dificultades para dominar el material del curso cuando se presentaba en chino mandarín, el idioma oficial.

En 2017, Awut fue investigado por acusaciones de que enseñaba en el idioma uigur, y al año siguiente fue sentenciado a prisión por la transgresión, dijeron funcionarios locales de educación.

Cuando RFA llamó a la universidad para preguntar sobre los "crímenes" de los maestros allí, incluido Awut, un funcionario del Departamento de Educación dijo que no podía proporcionar información porque era un "secreto de estado".

Sin embargo, un oficial disciplinario de la universidad confirmó que Awut se encontraba entre los profesores detenidos. El oficial no sabía la duración de la sentencia de Awut.

“Escuché que Dilmurat fue secuestrado; eso es lo que sé”, dijo. “El resto no tengo la autoridad para saberlo. No sé a cuántos años [fue sentenciado]. No conozco esta información ya que no soy miembro de las fuerzas del orden”.

Behtiyar Nasir, alumno de Awut en la década de 1980 que ahora vive en los Países Bajos, recordó a su antiguo maestro como una persona franca, alegre y activa.

“Dilmurat nos enseñó filología”, dijo Behtiyar Nasir, quien ahora es inspector general adjunto del Congreso Mundial Uigur. “Era de mediana estatura y cara blanca. Un profesor amable.”

Un ex educador de Ghulja llamado Yasinjan, que ahora vive en Turquía, recordó que Awut había sido interrogado varias veces bajo sospecha de “oponerse al idioma nacional”.

“Dilmurat Awut fue investigado varias veces por las autoridades chinas por no hablar chino en la escuela”, dijo.

Uno de los exalumnos de Awut que ahora vive en el extranjero le dijo a RFA que el profesor universitario tiene dos hijos y que su hijo, Dilyar, vive en los Estados Unidos. RFA no ha podido localizar al hijo.

Antes de 2017, las autoridades chinas intentaron arrestar a los uigures en Xinjiang que se sabía que tenían sentimientos contra China, dijo la fuente en Ghulja.

Sin embargo, desde entonces, los funcionarios han secuestrado a uigures considerados simplemente como “probables de resistir”, incluidos los profesores universitarios, debido a su influencia social y carácter personal, incluso si no han mostrado resistencia activamente a las políticas represivas de China, dijo la fuente.

Algunos de los detenidos terminaron en prisión, mientras que otros fueron internados en la vasta red de campos de “reeducación” de China en Xinjiang, dijo.

Traducido por el Servicio Uyghur de RFA. Escrito en inglés por Roseanne Gerin.

Rusia: Despido de docentes, adoctrinamiento de estudiantes

Soldados rusos observan a combatientes ucranianos evacuados de la acería Azovstal en Mariúpol, Ucrania. (Servicio de Prensa del Ministerio de Defensa de Rusia via AP).

Las autoridades rusas deben poner fin de inmediato a sus ataques contra la libertad académica y el derecho a la libertad de expresión. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional, mientras va en aumento una campaña para purgar a escuelas y universidades de opiniones discrepantes sobre la agresión contra Ucrania.

“Las organizaciones de la sociedad civil rusa, que en su mayoría se oponen a la invasión de Ucrania por Rusia, no son las únicas víctimas de una represión nacional de las actividades contra la guerra. También se están eliminando las libertades académicas: se obliga al personal docente a difundir propaganda contra Ucrania y glorificar la ‘operación especial’ de Rusia en Ucrania; de lo contrario, pierde su empleo”, ha manifestado Bruce Millar, director en funciones de Amnistía Internacional para Europa Oriental y Asia Central.

“Hemos recibido inquietantes informes de despidos de docentes por sus comentarios contra la guerra, y de niños, niñas y jóvenes a quienes se ha obligado a participar en ‘flashmobs’ en favor de la guerra o asistir a conferencias que promueven el discurso del Kremlin”, precisó la organización.

Decenas de docentes de escuela y universidad han sufrido duras represalias por pronunciarse contra la guerra en Ucrania. A algunos los han metido entre rejas para cumplir la denominada detención administrativa o les han hecho pagar multas exorbitantes simplemente por expresar sus opiniones públicamente o en el aula. A otros los han despedido o sometido a otro tipo de amonestación.

Roman Melnichenko, profesor asociado de la Universidad Estatal de Volgogrado, fue despedido el 19 de abril por un “delito disciplinario inmoral” que “violaba las normas éticas y morales” cuando compartió un mensaje contra la guerra en VKontakte, una popular red social rusa. Fue despedido después de que la fiscalía local informara a la universidad de que había sido sometido a procedimientos administrativos.

Ha habido docentes a quienes sus propios estudiantes o colegas han denunciado a la policía. Elena Baybekova, profesora de matemáticas de Astracán, en el sur de Rusia, fue despedida el 1 de abril. Un miembro de su alumnado había protestado por las “conversaciones políticas” durante sus clases, y después de eso Baybekova fue acusada de “ausentarse sin permiso” y fue despedida. Anteriormente había participado en una protesta contra la guerra en Ucrania, a consecuencia de la cual fue condenada a cinco días de privación de libertad. Niega haber hablado de política durante sus clases.

Marina Dubrova, profesora de inglés de Korsakov, en la isla de Sajalín, fue despedida el 5 de abril. Menos de una semana antes, en una charla con estudiantes durante un descanso, había dicho que la guerra era “un error”. Un estudiante grabó la conversación en vídeo. La madre de uno de los estudiantes vio el vídeo y denunció a Dubrova a la policía. Tres días después, Dubrova fue citada a comparecer ante el tribunal y fue multada con 30.000 rublos por “desacreditar a las Fuerzas Armadas”.

Irina Gen, profesora de inglés de Penza, en el centro de Rusia, se enfrenta a una pena de prisión en virtud del nuevo delito penal de difundir “noticias falsas” sobre el ejército ruso. El 30 de marzo fue acusada de criticar la invasión y calificar a Rusia de “Estado totalitario” en el que “cualquier disidencia se considera un delito de pensamiento”. Había sido denunciada a la policía por sus estudiantes de octavo curso.

‘Lecciones’ de propaganda de guerra

Amnistía Internacional dice que también se ha sometido a escolares a propaganda de guerra, que parece constituir adoctrinamiento, en contra de los objetivos de su derecho a la educación en virtud del derecho internacional, que Rusia está obligada a cumplir. Según Kommersant, periódico ruso independiente, en una fecha tan temprana como el 28 de febrero, el alumnado de entre 7º y 11º curso recibió lecciones sobre la “operación militar especial”, el término que el gobierno obliga a utilizar para evitar llamarlo “guerra”.

Según la información publicada en los medios de comunicación, basada en filtraciones proporcionadas por docentes, se enseña al alumnado que la guerra en Ucrania “no es una guerra, sino una operación especial de mantenimiento de la paz” cuyo objetivo es “proteger a la población de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk”. También se enseña a los niños y niñas que las “sanciones contra Rusia” pueden tener un efecto positivo en la economía nacional. Al parecer, esas lecciones habían sido encomendadas enérgicamente por las más altas instancias, pero no son obligatorias.

Sin embargo, el 20 de abril el ministro de Educación, Sergei Kravtsov, anunció que, desde el 1 de septiembre, todas las escuelas rusas impartirán lecciones sobre las metas y los objetivos de la “operación especial de mantenimiento de la paz” en Ucrania.

Según Kommersant, el Kremlin ha “recomendado encarecidamente” que las instituciones educativas pongan el símbolo “Z” (que demuestra el apoyo a la guerra rusa en Ucrania) en las fachadas de los edificios y en las aulas. Muchas escuelas y guarderías han sido reclutadas en “flashmobs” sobre la guerra organizados por el gobierno en apoyo a la “operación especial de mantenimiento de la paz”, y se ha obligado a niños y niñas a participar en esas asambleas, lo cual constituye una violación del derecho internacional de los derechos humanos.

“Habida cuenta de la actual represión de todas las formas de disidencia, resulta imposible saber el número de docentes o estudiantes a quienes se ha expulsado de instituciones educativas simplemente por expresar opiniones contrarias a la guerra. Quizá nunca sepamos la cifra total de niños y niñas sometidos a adoctrinamiento coordinado por el Estado”, ha manifestado Bruce Millar.

Los rusos han bombardeado más de mil escuelas en Ucrania

Portada de "Polinka", libro ucraniano para niños en edad escolar

Enterrada debajo de los escombros, con fracturas en las dos piernas, sin poder ver por la sangre que corría por sus ojos y por nubes de polvo, Inna Levchenko escuchaba los gritos. Eran las 12.15 del mediodía del 3 de marzo y poco antes una explosión había destrozado la escuela donde enseñó por 30 años.

En medio del incesante bombardeo, había abierto la Escuela 21 de Cherníhiv para que fuese usada como refugio por aterrorizadas familias. En las ventanas pintaron con letras grandes la palabra “niños”, en la esperanza de que las fuerzas invasoras rusas no atacasen la escuela. Sin embargo, lo hicieron.

No lo sabía todavía, pero 70 niños que ella había mandado al sótano sobrevivieron a la explosión. Al menos nueve, incluido uno de su alumnos --un niño de 13 años--, fallecieron.

“¿Por qué atacan las escuelas?”, preguntó la maestra. “Es doloroso ver todos los amigos que murieron. Cuántos niños perdieron a sus padres y están traumatizados. Se acordarán de esto toda la vida y le contarán lo sucedido a la próxima generación”.

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Este despacho es parte de una investigación en marcha de la Associated Press y el programa “Frontline” de PBS, que incluye la experiencia interactiva War Crimes Watch Ukraine y un documental de próxima presentación.

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El gobierno ucraniano dice que los rusos bombardearon más de mil escuelas y destruyeron 95. El 8 de mayo, una bomba destruyó una escuela de Zaporiyia que, igual que la Nro. 21 de Cherníhiv, estaba siendo usada como refugio antibombas. Se cree que unas 60 personas habrían muerto en ese ataque.


Los ataques intencionales a escuelas y otras estructuras civiles constituyen un crimen de guerra. Expertos dicen que la destrucción en gran escala puede servir como evidencia de que los ataques rusos fueron intencionales, restando peso al argumento ruso de que son daños colaterales.

El impacto de la destrucción de cientos de escuelas va más allá que la pérdida de vidas y de edificios, según expertos, maestros y otros que sobrevivieron a los conflictos de la antigua Yugoslavia, Siria y otros sitios. Afecta la capacidad de una nación de salir adelante cuando concluyen los combates, causando perjuicios a generaciones enteras y limitando las esperanzas de un país respecto al futuro.

En los casi tres meses que pasaron desde el inicio de la invasión de Rusia, la Associated Press y la serie de PBS “Frontline” verificaron en forma independiente la destrucción o daños serios de 57 escuelas de una forma que podría constituir un crimen de guerra. Es posible que haya muchas más.

Tan solo en Cherníhiv, el concejo municipal dijo que solo siete de sus 35 escuelas no sufrieron daños. De tres de ellas solo quedan escombros.

La Corte Penal Internacional, fiscales de todo el mundo y el procurador general de Ucrania están investigando más de 8.000 denuncias de posibles crímenes de guerra en Ucrania, que involucran a 500 sospechosos. Muchos de ellos son acusados de atacar deliberadamente estructuras civiles, como hospitales, refugios y barrios residenciales.

Los ataques a las escuelas -espacios pensados para que los niños aprendan, crezcan y tengan amigos- son particularmente dañinos: Transforman espacios para la niñez en algo violento y peligroso, que mete miedo.

Una maestra de geografía, Elena Kudrik, yacía muerta en el piso de la escuela 50 en Gorlovka, al este de Ucrania. Entre los escombros que la rodeaban había libros y papeles manchados de sangre. En un rincón, otro cadáver -el de Elena Ivanova, la subdirectora- estaba todavía en su silla, con una gran herida en un costado.

“Es una tragedia para nosotros y para los niños”, dijo el director de la escuela Sergey But mientras observaba la destrucción poco después del ataque.

A pocos kilómetros, en el jardín de infantes Sonechko de Okhtyrka, una bomba de racimo destruyó el edificio y mató a un niño. Frente a la entrada principal había dos cadáveres en un mar de sangre.

Valentina Grusha enseña desde hace 35 años en la provincia de Kiev. Era administradora de un distrito y maestra de literatura extranjeras. Fuerzas rusas irrumpieron en su pueblo, Ivankiv, cuando se preparaban para la guerra. El 24 de febrero, unidades que se dirigían a Kiev mataron a tiros a un niño y a su padre en la escuela, según relató.

“Se suspendió la enseñanza por la guerra”, expresó. “Estuvimos ocupados 35 días”.

Los rusos también destruyeron escuelas en varias localidades vecinas, señaló.

A pesar de los destrozos generalizados y de la destrucción de la infraestructura educativa, expertos en crímenes de guerra dicen que será difícil demostrar que los ataques fueron intencionales. Los rusos niegan atacar estructuras civiles y en el caso de Gorlovka, hoy bajo control ruso, la prensa dice que el ataque en el que murieron las dos maestras fue perpetrado por fuerzas ucranianas que trataban de retomar la ciudad.

El impacto de la destrucción, en todo caso, es innegable.

El director de comunicaciones de la UNICEF Toby Fricker, quien se encuentra en Ucrania, dice que “la escuela es a menudo el corazón de una comunidad, un componente básico de la vida diaria”.

Maestros y alumnos que sobrevivieron a otros conflictos dicen que la destrucción de escuelas afecta a toda una generación.

El maestro sirio Abdulkafi Alhamdo todavía recuerda los dibujos de los niños manchados con sangre en una escuela de Alepo (Siria) que fue atacada en el 2014, en plena guerra civil. Maestros y alumnos se habían estado preparando para una exhibición de dibujos de los chicos acerca de la vida en tiempos de guerra.

El ataque mató a 19 personas, incluidos al menos diez niños, según informó la AP en su momento. Lo que más traumatiza a Alhamdo son los sobrevivientes.

“Ves en sus ojos que no quieren volver a la escuela”, expresó. “No solo afecta a los chicos que salieron corriendo y quedaron conmocionados y traumatizados. Afecta a todos los chicos que oyen hablar de la matanza. ¿Cómo les vas a pedir que vuelvan a la escuela? La escuela no es el único blanco. Le apuntan a toda una generación”.

Jasminko Halilovic tenía apenas seis años cuando Sarajevo, hoy parte de Bosnia-Herzegovina, fue sitiada y bombardeada. Hoy, 30 años después del fin de la guerra de Bosnia, él y sus amigos todavía tratan de rehacer sus vidas.

Halilovic se refugió en el sótano de la escuela, como hacen tantos niños ucranianos hoy. Usaban pizarrones apoyados en sillas y no colgando de la pared.

Halilovic, quien hoy tiene 34 años, fundó el Museo de la Niñez en Guerra, con relatos y objetos de niños que participaron en conflictos en todo el mundo. Trabajaba en Ucrania con chicos desplazados por la invasión rusa a la región de Donbás en el 2014 cuando comenzó la actual guerra. Tuvo que evacuar a su personal e irse de Ucrania.

“Cuando termine la guerra, empezará una nueva batalla. La reconstrucción de las ciudades, de las escuelas y de la infraestructura. De la sociedad entera. Y habrá que cicatrizar las heridas. Eso es lo más difícil”, manifestó.

Alhamdo dijo que vio de primera mano cómo el trauma de la guerra afectó el desarrollo de los niños en Alepo. Generar temor, furia y desesperanza es parte de la estrategia del enemigo, expresó. Algunos se hacen más introvertidos, otros más violentos.

“Cuando ven su escuela destruida, ¿tienes idea de cuántos sueños se desvanecen? ¿Piensas que alguien creerá en la paz, el amor y la belleza cuando el sitio donde aprendían acerca de estas cosas es destruido?”, dijo Alhamdo, quien permaneció en Alepo y siguió enseñando en sótanos, departamentos y donde pudiese durante casi diez años.

Continuar enseñando, afirmó, es una forma de resistencia. “No combato en el frente de batalla. Lo hago con mis chicos”, declaró.

Un factor que complica los juicios por crímenes de guerra relacionados con los ataques a edificios civiles es que a veces las escuelas y otras instalaciones son usadas con fines militares durante una guerra. En tal caso, son un blanco legítimo, de acuerdo con David Bosco, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Indiana que ha estudiado los crímenes de guerra y las facultades de la Corte Penal Internacional.

La clave, indicó, será demostrar que hay un patrón de ataques rusos a escuelas y otras estructuras civiles.

“Cuanto más claro sea el patrón, más sólido será el caso”, afirmó.

Levchenko, quien fue a Kiev a principios de mayo para someterse a operaciones por sus heridas, dijo que tal vez nunca se pueda reparar el daño emocional sufrido por los niños cuyas escuelas fueron atacadas.

“Tomará mucho tiempo, a adultos y niños, recuperarse de lo que han vivido”, comentó. Los niños, agregó, “están en sótanos, sin ver el sol, temblando cuando suenan las sirenas, llenos de ansiedad. Esto tiene un impacto muy negative. Es algo que recordarán todas sus vidas”.

La incertidumbre espera a los soldados que dejan Mariúpol

Soldados que defendían Azovstal son registrados por militares prorrusos en la ciudad Mariúpol, Ucrania

Casi 1.000 soldados ucranianos en una enorme planta siderúrgica de Mariúpol se han rendido, según dijo Rusia el miércoles, y abandonaron su enconada defensa de un lugar que se convirtió en símbolo de la resistencia de su país cuando la batalla por la estratégica ciudad portuaria parecía decidida.

Ucrania ordenó a los combatientes que salvaran sus vidas y dijo que su misión de retrasar a las fuerzas rusas se había completado, aunque no ha descrito la columna de soldados que salieron de la planta como una rendición. A los combatientes les espera un futuro incierto. Ucrania dice que aspira a un intercambio de prisioneros, pero Rusia prometió intentar juzgar al menos a algunos de ellos por crímenes de guerra.

No está claro cuántos combatientes siguen dentro de la acería, el último reducto de Ucrania en una ciudad reducida a escombros en su mayor parte. Los dos bandos tratan de armar su narrativa y obtener victorias propagandísticas de la que fue una de las batallas más importantes de la guerra.

El mayor general Igor Konashenkov, vocero del Ministerio ruso de Defensa, dijo el miércoles que 959 soldados ucranianos habían abandonado la planta de Azovstal desde que empezaron a salir el lunes. En un momento dado, las autoridades dijeron que había 2.000 combatientes atrincherados en la red de túneles y refugios subterráneos bajo la planta siderúrgica.

Si se confirman, las cifras apuntan a que Moscú está a punto de poder proclamar que toda Mariúpol ha caído. Eso sería un impulso para el presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una guerra en la que muchos de sus planes se han truncado.

Pero ya había otro revés en el horizonte. Suecia y Finlandia solicitaron oficialmente el miércoles la entrada en la alianza militar OTAN, impulsadas por las preocupaciones de seguridad derivadas de la invasión rusa. Putin lanzó la invasión el 24 de febrero en lo que describió como un esfuerzo por contener la expansión de la OTAN, una estrategia que ha tenido el resultado opuesto.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo recibir de buen grado las peticiones, que ahora serán revisadas por los 30 estados miembros.

Más allá de su importancia simbólica, la caída de Mariúpol permitiría a Rusia desplegar fuerzas en otras zonas del Donbás, el corazón industrial en el este de Ucrania que el Kremlin está ahora decidido a capturar. También establecería una conexión terrestre con la Península de Crimea, que Rusia se anexionó de Ucrania en 2014, y privaría a Ucrania de un puerto crucial.

Durante meses, los soldados defendieron la planta contra toda probabilidad. Pero el ministro ucraniano de Defensa dijo el martes que había ordenado a los combatientes que "salven sus vidas".

"Ucrania les necesita. Esto es lo más importante", dijo Oleksiy Reznikov.

No está claro qué les ocurrirá ahora. Al menos algunos de ellos han sido trasladados a una antigua colonia penal en territorio bajo control de separatistas con apoyo ruso. Ucrania ha dicho que confía en poder intercambiarlos por prisioneros de guerra rusos y que las negociaciones son delicadas y requieren tiempo.

Pero en Moscú crecen las peticiones de que se juzgue a las tropas ucranianas. El principal organismo investigador ruso dijo que pretende interroga a los soldados para "identificar a los nacionalistas" y determinar si están implicados en crímenes contra civiles. Además, el fiscal jefe de Rusia pidió a la Corte Suprema del país que designara al Regimiento Azov de Ucrania como organización terrorista. El regimiento tiene raíces en la ultraderecha.

El parlamento ruso tenía previsto debatir una resolución el miércoles que impidiera intercambiar a los combatientes del Regimiento Azov, según agencias rusas de noticias.

La viceministra ucraniana de Defensa, Hanna Maliar, dijo que había negociaciones en marcha por la liberación de los combatientes y planes para rescatar a los que siguen en el gran complejo siderúrgico. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, dijo que en los planes participaban "los mediadores internacionales más influyentes".

Mariúpol estaba en el punto de mira ruso desde los primeros días de la invasión. La ciudad quedó en gran parte devastada por bombardeos constantes y Ucrania dijo que unos 20.000 civiles habían muerto. Pero los combatientes en la planta de acero aguantaron mientras el resto de la ciudad caía ante la ocupación rusa.

En su reporte diario de inteligencia, el Ministerio británico de Defensa dijo el miércoles que la defensa ucraniana de Mariúpol "causó costosas pérdidas de personal entre las fuerzas rusas".

Más de 260 combatientes ucranianos —algunos de ellos gravemente heridos y sacados en camilla— abandonaron el lunes las ruinas de la planta de Azovstal y se entregaron a tropas rusas, que los cachearon y se los llevaron en autobuses.

Otros salieron el martes. Siete autobuses con un número desconocido de soldados ucranianos de la planta fueron vistos a su llegada el martes a una antigua colonia penal en la localidad de Olenivka, unos 88 kilómetros (55 millas) al norte de Mariúpol.

Era imposible confirmar el número total de combatientes conducidos a Olenivka o su situación legal. Aunque tanto Mariúpol como Olenivka son oficialmente parte de la región oriental ucraniana de Donestk, Olenivka lleva desde 2014 bajo control de separatistas con apoyo ruso y forma parte de la "República Popular de Donetsk", que no tiene reconocimiento oficial. Antes de la toma rebelde, la colonia penal número 120 era un centro de alta seguridad para reos condenados por delitos graves.

Si la captura se completa, Mariúpol sería la ciudad más grande que toman las fuerzas de Moscú. Durante el asedio, Rusia hizo atacó un hospital de maternidad y un teatro donde se habían refugiado civiles. Cerca de 600 personas podrían haber muerto en el teatro.

El bombardeo ruso en la ciudad portuaria mató a más de 20.000 civiles, según Ucrania, y dejó a los residentes que se quedaron -quizá un cuarto de su población antes de la guerra, 430.000 personas- con escasa comida, agua, calefacción o medicinas.

La defensora del pueblo ucraniana dijo que el ejército ruso también retenía a más de 3.000 civiles de Mariúpol en otra antigua colonia penal cerca de Olenivka. La defensora del pueblo, Lyudmyla Denisova, dijo que la mayoría de los civiles pasan un mes retenidos, pero los designados como "especialmente poco fiables", como exmilitares y policías, pasan dos meses retenidos. Entre los detenidos hay unos 30 voluntarios que llevaron suministros humanitarios a Mariúpol durante el asedio, señaló.

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