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Cuba

La letra y los pronósticos cubanos

Se ofrendó todo un gallinero; aun así las dificultades continuaron e incluso se incrementaron. Marcado por contradicciones inmorales e ilegales, el gobierno cubano mantuvo el poder realizando esfuerzos increíbles.

Si mal no recuerdo, el Consejo Cubano De Sacerdotes Mayores De Ifá profetizó para el 2011 la letra con signo Odí Osa, que quiere decir Ire Achegunota lowo Orunmila, eyelbale adie meyi a Orunmila (Vencimiento de dificultades gracias a Orunmila, dar 2 gallinas en sacrificio a Orunmila) Gobernó el año Ogún, le acompañó Yemayá.

Se ofrendó todo un gallinero; aun así las dificultades continuaron e incluso se incrementaron. Marcado por contradicciones inmorales e ilegales, el gobierno cubano mantuvo el poder realizando esfuerzos increíbles.

En el Sexto Congreso del Partido Comunista se intentaron responder urgencias económicas, políticas y sociales, con burdas manipulaciones de interesantes criterios que de manera obsoleta tratan de poner en marcha.

Desde el punto institucional, buscan regular o reajustar los principales cargos de gobierno y el aparato estatal, con una precisa tendencia a la militarización. Mientras, y como complemento, se prepara la Primera Conferencia Nacional del PCC, a realizarse en enero del 2012. El colofón de la actividad institucional durante el año 2011, fue el octavo período de sesiones de la Asamblea General del Poder Popular, donde se dio a conocer que el Producto Interno Bruto cubano quedo por debajo del por ciento planificado, debido al incumplimiento en las inversiones y los atrasos en la esfera productiva; se exhortó, como novísimo descubrimiento, a cultivar la unidad de los cubanos en torno a la Revolución; se destacó la necesidad, obligada más bien, de un enfrentamiento decidido a las manifestaciones delictivas y de corrupción jugando con la cadena pero nunca con el mono; y como remate de burla, se anunció la excarcelación de casi tres mil reclusos, de los cuales solamente 7 estaban realmente detenidos por claras razones políticas.

Los días previos a la reunión parlamentaria, los medios aseguraron que el General Raúl Castro anunciaría la nueva política migratoria; pero este desvariado Presidente sólo le dedicó al tema un párrafo diminuto en el que dejó anunciada una reformulación “efectiva y lenta”.

Según cifras oficiales, Cuba registró en el 2011 un crecimiento del 7,6% el número de viajeros que visitaron la isla; “turistas” son todas aquellas personas que pasan por el aeropuerto, sean enfermos atendidos por bondades de palacio, doctores que cumplen misiones, artistas que viajan en funciones gubernamentales o intercambios culturales, diplomáticos, funcionarios, delegaciones oficiales, aparato de seguridad, cubanos residentes en Cuba o en el exterior, y por supuesto los turistas reales, conforme su clara y cierta acepción.

El INDER dio a conocer la lista de quienes considera los mejores atletas del año y, como de costumbre, margina de ella a los deportistas encumbrados que residen fuera de Cuba. Por su parte, y pese a los viajes, necedad y gastos de la doctora Mariela Castro, quedó otra vez postergado el nuevo código familiar que empodera con derechos a la comunidad LGBT.

La temporada ciclónica del recién concluido 2011, no tuvo gran trascendencia. De poca actividad, y sin impetuosos huracanes.

La ansiada conexión a Internet, continua siendo un sueño inalcanzable; y el acceso a la tecnología y la información, una falacia.

Por detrás del telón me indican que el consumo de alcohol en la población, creció a niveles alarmantes (obvio, con un presidente con esa proclividad malsana). La cultura sin embargo mantuvo su ritmo acelerado, estimulando la agresividad y la vulgaridad; como ejemplo tenemos que el top de los musicales y el premio de la popularidad, lo obtuviese el contagioso Chupi chupi.

La peregrinación de nuestra santísima virgen, nos mostró que creer en Dios y vivir en Cuba, sigue siendo irresoluto. El gobierno y la santa iglesia parecen ser como un león y un hipopótamo intentándose aparear.

Según estas evidencias, y pese a todos los pronósticos, el General Raúl Castro es un hombre muy “sensible” que padece discapacidad e indiferencia por los problemas del pueblo; pero al igual que su hermano es incapaz de resolverlos.

Havel y el peligroso lenguaje de los comunistas

El descubrimiento de Havel, respecto a la esencia enmascarada del lenguaje de los marxistas en el poder, cobra inusitada luz ante el hecho de que la manipulación linguística por parte de los camaradas ha llegado al punto de que al presente se le buscan sustitutos a la palabra comunismo, para no nombrarla

Ha muerto Václav Havel, el intelectual, ex disidente y ex presidente checo, el hombre lúcido, comprometido no ya con las letras sino con la libertad quien, acertadamente, dijera en referencia al especial lenguaje de los comunistas que es uno de los instrumentos más diabólicos del avasallamiento de los unos y del embelesamiento de los otros.

Más allá de que el disidente y dramaturgo, encarcelado por los comunistas y muerto a los 75 años de edad, encabezará la pacífica Revolución de Terciopelo, en 1989, para convertirse en presidente de la ahora ex Checoslovaquia, es importante reconocer que su aporte posterior y esencial estuvo en descubrir que lo verdaderamente peligroso del comunismo no era tanto la fuerza bruta como el lenguaje con que se le disfrazaba, por tanto, un lenguaje peligroso no tanto porque se haya impuesto, y se imponga en lugares como Cuba y Corea del Norte, a punta de pistola a millones de seres bajo el llamado comunismo real; sino que haya extrapolado su contexto e invadido al Occidente todo, envilecido a los hacedores de opinión y a las multitudes que los sufren debido al desarrollo desmesurado de los medios audiovisuales en la era globalizada.

Es quizá en ese sentido donde en el futuro se valorará y ahondará en el pensamiento del autor de El Poder de los Sin Poder, al punto que ahora mismo el ministro de Relaciones Exteriores de Suecia, Carl Bildt, ha dicho al saber del deceso del intelectual checo: "Vaclav Havel fue uno de los grandes europeos de nuestra era. Su voz de libertad allanó el camino para una Europa libre y unida".

El descubrimiento de Havel, respecto a la esencia enmascarada del lenguaje de los marxistas en el poder, cobra inusitada luz ante el hecho de que la manipulación linguística por parte de los camaradas ha llegado al punto de que al presente se le buscan sustitutos a la palabra comunismo, para no nombrarla. Se habla de los crímenes del stalinismo, del maoismo y, últimamente, hasta de los crímenes del castrismo; pero casi nunca de los crímenes del comunismo como sistema. No hay nada inocente en el asunto. Es un intento deliberado de sembrar en el inconsciente de las gentes que el comunismo en sí no es malo, que malos son ciertos personajes que se desvían de las doctrinas originales. Los hombres mueren, pero el Partido es inmortal.

Los hombres fallan, pero el marxismo es infalible. Cuando la realidad es todo lo contrario, los dirigentes comunistas serán dictadores ineptos y sanguinarios, no por casualidad, no porque erraron el camino y se corrompieron, sino porque precisamente lo esencialmente malo aquí no son los individuos, sino el sistema que está diseñado de manera que sean las peores personas las que puedan subir y sostenerse en el poder. Los jefes de la mafia no son delincuentes por azar, llegan a jefes de la mafia por ser los más delincuentes.

El doctor Ricardo Bofill Pagés, pionero del movimiento de Derechos Humanos en Cuba, y quien conociera personalmente al ex presidente checo, dijo en exclusiva para martinoticias.com que Havel le causó “una impresión extraordinaria, calmado, pero muy duro en sus opiniones contra el comunismo, lo que es lógico desde luego”, para agregar después que “su advertencia de lo peligroso del lenguaje de los comunistas no era tanto para los checos, un pueblo apasionadamente anticomunista, como para el resto del mundo occidental, por la doblez y la capacidad de manipulación que dicho lenguaje posee”.

Pero Havel no sólo poseía el encanto del intelectual mundano, del activista y del político ponderado, sino que encarnó el arquetipo crístico expresado en el apotegma de que los últimos serán los primeros, expresado también en los cuentos de hadas, esos donde el mendigo termina transmutado en príncipe, pues, apenas un año después de completar su última sentencia en prisión, Havel encabezó una revuelta pacífica que terminó con el régimen apoyado por la Unión Soviética en Praga y que lo llevó directamente a la presidencia del país. Esa encarnación cabal del arquetipo transmutativo, de lo más bajo en lo más alto, hará que Havel perviva, más allá de su activismo y de su pensamiento, en el inconsciente colectivo de los pueblos dispuestos a pasar de la abyecta condición de los esclavos a la sublime condición de los hombres libres.

Vivir en la verdad: un reto para el juego totalitario

Havel: “Imaginemos que un día algo le explota por dentro a nuestro verdulero, y deja de colgar consignas para congraciarse; y de votar en elecciones que son una farsa; y comienza a decir lo que realmente piensa en las reuniones políticas”.

Dice Jesús en el Nuevo Testamento (Juan 8:32) que la verdad nos hará libres. Hace años allá en Cuba, un amigo, Alejandro, al que conocí en la antigua prisión de La Cabaña, preso por “lanchero”, a veces me pedía que le acompañara a buscar la leche de los niños. Cuando llegaba al “punto’e leche” Alejandro invariablemente tiraba la libreta de racionamiento sobre el mostrador y le decía en voz alta al dependiente: “Dame el agua”. Salvo algunos días cuando en vez de leche vendían por la libreta yogurt de soya. Entonces, le tiraba la libreta y le decía: “Dame el agua pesada”.

Sin saberlo, Alejandro estaba respondiendo a la sublevación espiritual contra la mentira totalitaria a que convocaba en su ensayo de 1978 El poder de los sin poder el escritor y dramaturgo disidente, y luego presidente de la República Checa, Vaslav Havel.

Havel señala en su ensayo que la vida en los sistemas post totalitarios es una especie de religión secular, y que está completamente impregnada de hipocresía y mentiras: al gobierno de la burocracia se le llama gobierno popular, a la farsa electoral, la forma más elevada de la democracia, etcétera. Y apunta que para legitimar estos sistemas ni siquiera es necesario creerse estas mentiras, basta con simular que se creen y que se acepta la vida con y en ese sistema. Como un vendedor de verduras que, dice, colgaba en su establecimiento, para sentirse seguro, un cartelito con el lema comunista: “Proletarios de todos los países, uníos”

Más adelante, dice Havel: “Imaginemos ahora que un día algo le explota por dentro a nuestro verdulero, y deja de colgar consignas sólo para congraciarse; y deja de votar en elecciones que él sabe son una farsa; y comienza a decir lo que realmente piensa en las reuniones políticas”.

Con esta revuelta suya, el verdulero deja de vivir en la mentira. Su rebelión –dice Havel-- es un intento por vivir en la verdad. Redescubre su identidad anulada y su dignidad. Rechaza el ritual, y rompe así las reglas del juego totalitario.

En Cuba hay una legión de hombres y mujeres que han decidido, pagando un alto precio, vivir en la verdad. Como Ivonne Malleza, que denunció en el Parque de Fraternidad de La Habana el arroz a cinco pesos y muchos otros abusos que la mayoría simula desconocer.

Una crónica de Alberto Méndez Castelló publicada en Cubanet bajo el título “El poder del sin poder”, trata sobre uno de estos cubanos dignos: Alexis Guerrero Cruz.

Hace unos días Alexis descubrió que se habían llevado el letrero pintado sobre un cartón que había fijado en la azotea de su casa. Y le dijo a María, su mujer: “Ahora tú verás”.

Cuenta el periodista de Cubanet que para volver a escribir su mensaje, esta vez desechó el cartón y eligió un trozo de hojalata de un viejo bidón de combustible.

Se trepó de noche a la azotea y a martillazos fue agujereando la pieza de hojalata, que después ataría con alambre al asta de la antena del televisor. Mientras trabajaba allá arriba, María se quejaba abajo del ruido en la azotea que no la dejaba ver la telenovela. No sabía que era él, creyó que eran los gatos.

El siguiente día es sábado, 10 de diciembre de 2011. Apenas han transcurrido unos minutos desde el amanecer, y el cartel que fuera robado en la noche ya ha sido repuesto. Después de echarse hacia atrás para comprobar la eficacia de su obra, Alexis Guerrero Cruz, un tunero de corta estatura y rasgos eslavos, sube a su Bicitaxi y sale a trabajar.

Alexis es en Puerto Padre el hombre de los carteles exigiendo derechos: Cuando en el barrio no tenían qué beber escribió: “Tenemos derecho al agua”. Puso el cartel en la bicicleta y fue a estacionarse frente a la mismísima sede del Partido Comunista.

Amigos y detractores lo han calificado a su gusto. Unos lo llaman patriota; otros, mercenario. Y hay hasta quien le llama ladrón. Pero eso no le preocupa –agrega el autor--. Él continúa sudando la camiseta para ganarse el pan. Y de vez en vez, escribe lo que piensa, y exhibe sus carteles a la luz del día.

En la tarde del sábado 10 de diciembre Alexis regresa a casa. Durante todo el día la vivienda ha estado bajo el acecho de dos piquetes. Pero al caer la tarde los piqueteros se marchan, y el cartel sigue ahí en la azotea. “Ahí está, míralo”, dice Alexis, contento.

La casa de Alexis y María –precisa Méndez Castelló-- está ubicada en la cúspide de la colina en la que se asienta la ciudad de Puerto Padre. Y aunque la caligrafía deja un poco que desear, el letrero puede leerse desde lejos: “Viva el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos”. Es a eso a lo que Váslav Havel llamó “el poder de los sin poder”.

Un mensaje cifrado para los balseros

Coincidiendo con el acercamiento de la flotilla a las costas cubanas Granma publicó una inusual nota oficial del MININT acerca de un fallido intento de salida ilegal del país por el litoral norte de las provincias habaneras.

El pasado viernes 9 de diciembre el diario Granma publicó una inusual nota oficial del Ministerio del Interior acerca de un fallido intento de salida ilegal del país que transcurrió por varios días en el litoral norte de las provincias habaneras.

Digo inusual porque la política habitual del gobierno y de sus medios ha sido no informar acerca de estos intentos desesperados por salir del país en cualquier cosa, de “montarse en algo”, como suelen decir los jóvenes en los últimos años.

Citando datos de las agencias de seguridad interna de Estados Unidos, el Nuevo Herald informó a principios de octubre que, revirtiendo una tendencia a la baja de tres años, la cifra de cubanos indocumentados que fueron interceptados en el mar o llegaron a las costas estadounidenses se elevó en más del doble en el año fiscal transcurrido de octubre del 2010 a septiembre del 2011, con unos mil 700. En el año fiscal 2010 la cifra había sido de 831.

Las intercepciones de la Guardia Costera estadounidense se elevaron en el mismo período de 422 a MIL y los desembarcos en las costas de Estados Unidos, de 409 a casi 700. Figuras del exilio y la sociedad civil de la isla entrevistadas por El Herald coincidieron entonces en que el incremento se debió al empeoramiento de la situación económica en la isla

Pero, conociendo la política de repatriaciones acordada entre los dos países, la mayoría de las salidas ilegales de Cuba en los últimos años han tenido lugar por la costa sur, buscando llegar a Centroamérica y después a la frontera Estados Unidos-México. Eso lo confirmaba el reportaje del Herald: “Mientras tanto –decía el diario-- las llegadas a los puntos fronterizos estadounidenses –casi todas a la frontera con México– apenas cambiaron, de 6 mil 219, a 6 mil 300.

Esta tendencia de los cubanos a votar con los pies suele ser considerada mala propaganda para el gobierno, y como decía al principio, suele ser ignorada. He aquí que el día 9, víspera del Día Internacional de los Derechos Humanos y coincidiendo con la partida de Cayo Hueso de una flotilla organizada por el Movimiento Democracia y que llegaría tan cerca de las costas de La Habana como para lanzar fuegos artificiales visibles desde el Malecón, Granma se aparece con esta extraña nota del MININT enfocada justamente, en un trágico caso de salida ilegal por el litoral norte de las provincias habaneras.

Los redactores al parecer no se preocuparon demasiado por el rigor de los detalles. Nuestro colega Joan Antoni Guerrero transcribió en su blog Punt de Vista el dantesco relato de una testigo cuya grabación colgó en la web Háblalo sin miedo la líder opositora Martha Beatriz Roque.

Se trata --dice Joan Antoni-- de un testimonio que contradice la nota de Granma, donde se informa de la muerte de cinco balseros que viajaban en una embarcación junto a otras 18 personas.

Según el relato de esta balsera que sobrevivió, la embarcación con 27 personas a bordo salió el jueves 1ro de diciembre con el objetivo de llegar a las costas de Estados Unidos. En el golfo, el GPS con el que se orientaban se bloqueó y emprendieron el viaje de regreso, también porque el bote se viró, pero nadie murió en ese momento.

Una pasajera empezó a sentirse mal. Un veterinario que viajaba en la embarcación le hizo respiración boca a boca, pero no pudo reanimarla y falleció al amanecer, de sábado para domingo. El domingo por la noche, ante el estado de descomposición que presentaba el cadáver, los balseros decidieron lanzarlo al mar.

Otros dos muchachos de los que iban en la embarcación empezaron luego a delirar, darse golpes y morder a los otros. Uno de ellos viajaba con su tío, que pidió que lo amarraran. El joven, de nombre Dayron, murió el lunes. También fallecieron posteriormente otros dos muchachos, Adrián y Calixto. Los balseros también decidieron lanzar sus cuerpos al mar.

Otro de los hombres, Lazarito, falleció ya cerca de las costas cubanas. Dos jóvenes más estarían desaparecidos después de que se lanzaran al mar para llegar nadando a Cuba cuando estaban cerca de la costa. Finalmente otros dos hombres habrían fallecido al golpearse contra los arrecifes en la costa.

Pero estas tragedias han venido afectando por años a miles de familias cubanas y la prensa oficial nunca lo ha informado. A no ser para enviarlos a prisión, la suerte de aquellos pobres cubanos que prefieren enfrentarse a los tiburones que a la Seguridad del Estado nunca le ha interesado al gobierno de los hermanos Castro, el mismo que en 1994, ante el peligro de una revuelta popular, abrió las costas para que se largaran del país montados en cualquier cosa decenas de miles de descontentos; muchos nunca llegaron a los guardacostas americanos apostados a unos 20 kilómetros de la línea costera cubana.

Mucho menos le ha interesado a este gobierno gastar combustible en la recuperación de los restos humanos. Los de los muertos del remolcador 13 de marzo, por ejemplo, siguen 16 años después en el fondo del mar. Sin embargo, coincidiendo con el acercamiento de la la flotilla a las costas de la isla, el Granma se aparecía con esa nota del MINIINT, que dejaba caer este párrafo clave:

“Grupos combinados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior realizan una intensa búsqueda aérea en el mar y por el litoral costero norte, de posibles sobrevivientes y de los cuerpos de los fallecidos en este lamentable suceso”.

Usted que quizás está acostumbrado a leer el Granma entre líneas, no sé si estará de acuerdo con mi traducción: “Ni te tires, que eres out por regla”. Para los Castro hay cierta diferencia entre que miles se pierdan en el mar y nadie se entere, y que medios internacionales publiquen titulares como éste: “Flotilla exiliada recoge en alta mar a cientos de balseros cubanos”.

Cómo un bloguero cubano logra romper el cerco y publicar su post

Un solo cubano con acceso a la red, de forma clandestina o legal -en su centro de trabajo, por ejemplo- es un distribuidor en potencia.

La pregunta que más veces he debido responder desde mi llegada a los Estados Unidos es muy simple: “¿Cómo actualizan los blogueros independientes de la Isla sus páginas, sin tener acceso a Internet?”. Se trata de un crucigrama indescifrable para quienes asumen la conexión como una necesidad vital, sin la cual ya les sería impensable la existencia.

Y lo primero que respondo es: “Jamás pregunten eso mismo a un bloguero independiente dentro de Cuba, porque no les dirá nada que valga la pena”. Claudia Cadelo, autora de “Octavo Cerco”, tiene lista su frase cada vez que un periodista extranjero le hace la pregunta: “Si te digo las vías que utilizo, automáticamente tendría que buscarme otras”.

Cada cual un escamoteador de oportunidades, un rebelde digital, escurridizo, emplean sus propios métodos sin revelarlos a veces ni al colega más afín, porque en esa revelación podría radicar el paso en falso.

A pesar de ello, algunas tretas sí salen a flote, las hacen públicas por indetenibles: los blogueros saben que declararlas no ponen en peligro el mecanismo, y echan algo de luz sobre el misterio que ellos mismos han edificado.

¿A quién, en el mundo moderno, se le ocurriría imaginar el siguiente procedimiento para mantener una página personal?:

Un bloguero escribe su post, y procura que este no ocupe más de una pantalla en el ordenador. Luego, presiona el “Print Screen” de su teclado, hace una imagen digital que guarda en su celular, y la envía como MMS un colaborador distante que deberá descargar la foto, transcribir el texto y subirlo a la red.

Para otros autores contestatarios con mayor precariedad económica (mantener un celular en Cuba es un acto de fe), el procedimiento es más simple: dictan sus textos telefónicamente a alguien que, lejos de la ciudad o lejos del país, lo publicará a su nombre.

Pero más sorprendente aún es el mecanismo social a través del cual los cubanos consumen y promueven estos materiales proscritos. El viejo apotegma mosquetero se ha convertido en ley: “Uno para todos, y todos para uno”.

Un solo cubano con acceso a la red, de forma clandestina o legal -en su centro de trabajo, por ejemplo- es un distribuidor en potencia. Descargar un artículo, almacenarlo en un flash memory, y pasárselo a cuantas personas tenga en su círculo de amistades, es la norma vigente. A veces, incluso, se imprimen sigilosamente con las impresoras del Estado.

La mayor parte de los cubanos tiene hoy acceso a una computadora. Las maneras en que se la procuran son dignas de otra epopeya. Pero lo cierto es que el mercadeo solidario entre desconectados y privilegiados funciona mejor que los métodos coercitivos de los guardianes de la Verdad Única. La Seguridad del Estado necesitaría requisarle a cada cubano su dispositivo USB, su computadora armada a pedazos, su DVD comprado en black market, y, estoy seguro, otra vía surrealista terminaría por aparecer.

De igual forma, los cubanos de hoy casi sin proponérselo han derribado el monopolio informativo de la televisión y la programación audiovisual. Desde hace mucho lo que consumen dejó de tener exclusiva factura nacional.

Recuerdo, por ejemplo, que en el 2005 los capítulos de la exitosa serie de Fox, “Prison Break”, los vi uno por uno en mi Bayamo remoto casi a la misma vez que un amigo residente en Ontario. Tardaban en circular un par de horas: el tiempo que necesitaban mis coterráneos angloparlantes para colocarles el subtítulo. El mismo día que era emitido el capítulo en la televisión americana, una legión de antenas parabólicas ilegales, camuflajeadas lo mismo con una mata de uvas que bajo un alero cómplice, lo capturaban para el mercado cubano.

No existe operativo policial capaz de desarticular una práctica que ya forma parte de la cotidianidad del cubano, de su modus vivendi. Por cada parabólica que descubren y confiscan, se están fabricando otras diez en talleres secretísimos, y hay veinte compradores interesados.

En la capital del país reside un pintoresco personaje que entrega tarjetas con su e-mail y número telefónico a los clientes, y firma con un alias de guerra: “El NETFLIX de Centro Habana”. Desde cualquier parte de Cuba se le puede llamar, encargarle una serie documental, la filmografía de Al Pacino o las últimas grabaciones de Rita Montaner, y el pirata caribeño, por un buen pago, la hará llegar al destino acordado.

Otro tanto sucede con las conexiones clandestinas a Internet.

En ciudades medianamente cosmopolitas del territorio nacional, es un acto de espionaje sostenido encontrar quién te facilite una cuenta de Internet. Nadie confía en nadie. Pero una vez ganada la confianza de los “proveedores”, navegar es cosa de dinero, y de estrategia.

Dinero: por lo general se cotizan entre dos y tres pesos convertibles la hora. Son sumas astronómicas para ciudadanos que ganan como promedio 12 al mes. Estrategia: una bloguera amiga actualizó su página volátil durante algún tiempo, gracias a la cuenta de un periodista oficial de los más recalcitrantes en su proyección política. Como tantos otros, había hecho de la hipocresía un método de subsistencia.

Gracias a su discurso de línea dura, este periodista, trabajador de un mediocre diario provincial, se había “ganado” una cuenta de 50 horas al mes, con la finalidad de hacer activismo en las redes sociales. De esas, vendía la mitad a quien pusiera moneda fuerte en sus manos.

Según mi divertida colega, aquel periodista que le suministraba algunas horas era el primero en colgar encendidos y difamatorios comentarios bajo cada post que ella publicaba. El día del pago, se le excusaba: “Tú sabes que nos conviene. Así tenemos más segura la conexión los dos”.

Por eso comprendo los desvelos del aparato cubano con las nuevas tecnologías, con el desarrollo digital. Por eso comprendo el discurso belicista de aquel lobotomizado que en un video de factura militar -¡filtrado también gracias a Internet!- hacía lo indecible por explicarle a oficiales de muchas estrellas y poco seso, la peligrosidad de la nueva ciberguerra que sin que ellos se dieran cuenta, se les había instaurado en la Isla de su propiedad. Y aunque lo comprendo, sonrío displicente: la tienen perdida esta vez.

Vale la pena celebrar la independencia ganada por los cubanos con respecto a sus mass media, cosa impensable veinte años atrás. Y me pregunto, intrigado, si algún destino caprichoso no habrá escogido el terreno virtual para inaugurar la democratización de mi país, dejando con la boca abierta a todos los pensadores que soñaron alguna vez el camino, pero nunca desde esta dirección.

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