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En opinión de Rafael García-Toledo

¿Están involucionando los cerradores?

El cerrador de los Seattle Mariners Hunter Strickland.

Cuando vemos cómo ha cambiado el concepto y desarrollo de los lanzadores que concluyen los juegos de béisbol de Grandes Ligas, desde la década de 1950 a nuestros días, podemos pensar que el rol de cerrador pudiera estar dando un salto al pasado.

El célebre título cinematográfico “Back to the Future” (o de vuelta al futuro) pudiera estarse dando, porque pareciera que el futuro del trabajo de cerrador apunta a la década de los 50 y si sigue por ese camino, tiene tendencia a desaparecer, ya que un poco antes de esas ya lejanas fechas, nadie hablaba de cerradores.

La temporada pasada los Rays de Tampa usaron sus relevos para abrir una cantidad apreciable de juegos y lanzaron esos juegos “por comité” así que prácticamente no hubo abridores ni cerradores en esos partidos.

En lo que va de esta temporada Tampa ha usado hasta ahora 5 relevistas distintos para terminar los juegos.

Los campeones, los Medias Rojas de Boston, comenzaron la campaña sin relevista designado y hasta el momento no han nombrado uno.

Los Mellizos dijeron que “tenían reservas en nombrar un cerrador para este año” y los Bravos de Atlanta ya declararon que usarían un comité para hacer el trabajo.

Pero quizás los más determinantes en ese aspecto sean los equipos de los Orioles, los Reales y los maltrechos Marlins que declararon que no tenían planes de designar un cerrador para esta campaña.

El trabajo de cerrador fue emergiendo poco a poco con los años, primero esporádicamente, sin llamarlo con ese sexy nombre. De ahí surgieron algunos lanzadores relevo que fueron especializándose en ese rol y con el tiempo surgió el nombre de cerrador, la estadística de juegos salvados comenzó a adquirir relevancia y algunos lanzadores comenzaron una carrera en esa ocupación.

Antes de esa etapa los abridores estaban supuestos a terminar el juego que comenzaban. Abrían y cerraban. Al lanzador que enviaban a trabajar en el bullpen era generalmente un atleta al cual sus mejores días ya le habían pasado o que simplemente nunca llegó a alcanzar “mejores días”.
Evidentemente estos lanzadores no eran a los que el mánager le iba a entregar la bola para que salvara el juego para su equipo.

Los primeros lanzadores que cerraron partidos lo hacían lanzando 2 o más innings, no se veía mucho a pitchers de solo un inning y los de un solo bateador generaban comentarios en el periódico el día siguiente. Hoy los cerradores lanzan casi siempre un solo inning y cuando lo hacen por más de 3 outs muchas veces su efectividad sufre. Están mentalmente especializados (o atrofiados) para lanzar solo un inning.

Para acreditarse un “juego salvado” el equipo del nombrado cerrador, debe tener una ventaja de no más de 3 carreras. Puede tener una ventaja mayor si se le descuenta el número de corredores que estén en base cuando el cerrador haga el primer lanzamiento. También se le puede descontar el bateador de turno y hasta el que espera on deck para batear. Todo para incrementar los chances de que nuestro cerrador estrella se anote otro juego salvado.

Vamos a analizar a tres cerradores de tres décadas diferentes. Ellos encarnan, bastante bien, la evolución del trabajo de cerrador y nos pueden iluminar, si lo miramos al reverso, sobre cuál puede ser la involución de la profesión de cerrador.

Mariano Rivera.
Mariano Rivera.

Estos tres señores del montículo y de la conclusión del espectáculo son Hoyt Wilhelm, Bruce Sutter y Mariano Rivera. Los tres son distinguidos miembros del Salón de la Fama en Cooperstown.

En uno de mis programas del suspendido Deportes y Más dediqué el espacio en tratar de encontrar al mejor cerrador de todos los tiempos. Basado en sus números llegué a la conclusión que Hoyt Wilhelm fue el mejor de todos. Eso generó alguna controversia entre mis oyentes y mis colegas pero, en materia de números yo soy un profesional (no en radio) y además, ese era mi programa. Así que el que tenga otra teoría que la exprese pero con números no con historias anecdóticas.

Hoyt Wilhelm jugó de 1952 a 1972. 21 temporadas. Por cierto fue un lanzador estrella de los Leones de La Habana en Cuba, pero eso no lo contamos para esto.

Los salvados de Wilhelm fueron mayormente de 3 innings, por eso llegó en su carrera a 2,254 innings actuando en 1,070 juegos. Salvó 52 juegos pero “a la mala”. Aparte de los salvados ganó 143 juegos y perdió 122 con un ERA de 2.52 en sus 21 temporadas. De los juegos que abrió, aparte de los salvados, completó 20.

Bruce Sutter jugó de 1976 a 1986, 12 temporadas. El primer cerrador puro que entró en Cooperstown indicando la filosofía contemporánea de la profesión. Salvó 300 juegos y lanzó 1,042 innings, el 54% menos que Wilhelm y lanzó en 661 juegos, el 49% menos que Wilhelm. Sutter no completó ningún juego porque tampoco abrió ninguno, ganó 68 y perdió 71 con 2.83 de ERA.

Mariano Rivera jugó de 1995 a 2013 por 19 años, salvó 652 juegos, trabajó en 1,115 juegos y lanzó en 1,283 innings, 44% menos que Wilhelm. Rivera ha sido el único miembro del Salón de la Fama elegido unánimemente, ganó 82 juegos y perdió 60 con 2.21 de efectividad. En su Carrera no completó ningún partido.

Bueno, creemos que esos tres individuos en un mini análisis, encarnan la evolución del carácter del cerrador de juegos en el béisbol Quizás, mirando al pasado, podamos tomarlos como plantilla para vislumbrar la posible involución del cerrador.

Albert y Migui

Albert Pujols (izq.) y Miguel Cabrera.

En el año 2008 Miguel Cabrera comenzó a jugar para los Tigres de Detroit después de haberse estrenado con los Marlins, de Florida. En aquella época, habiendo debutado con un jonrón frente a Rogers Clement y haber pasado 5 años jugando en Miami, Miguel todavía no había sido líder en ningún departamento pero ya se hacía sentir. Tenía entonces 25 años.

Ese mismo año, Alberto Pujols estaba con los Cardenales de San Luis, equipo en el que militó durante 11 años. Ya había liderado la liga una vez en promedio al bate, un año en hits conectados, otro año en dobles y en carreras anotadas en tres ocasiones. Alberto había cumplido los 28 años.

Ese año, en el programa Deportes y Más que por muchos años hicimos en Radio Martí, dedicamos uno a estos dos atletas y el tema del programa, aún tan temprano, era sobre quienes creíamos que irían al Salón de la Fama en Cooperstown. Llegamos a la conclusión que Adrián Beltré y estos dos caballeros eran los que mejores posibilidades tenían de entrar en el templo de inmortales del béisbol.

Bueno, estamos en el 2019 y ya nadie duda que esos tres caballeros vayan a estar pronunciando un discurso en el Salón de la Fama unos 5 años después de retirarse.

Ya Beltré, como dice el cliché, colgó los spikes y con 3.000 hits conectados y otros vagones del tren que lleva a Cooperstown cargados de impresionantes guarismos, tiene el boleto para el Salón, si no es en la primera boleta, no habrá que esperar mucho.

Son Albert y Migui los que están aún activos y sumando numeritos. A Pujols le faltan dos años en su contrato con los Angelinos y a Cabrera le faltan cuatro con los Tigres. Ambos ya están gateando, no corriendo, subiendo la cuesta que lleva al Salón pero sumando y sumando.

Pujols tiene menos tiempo y más edad pero ya está en las alturas donde solo llegan las águilas y le quedan pocas águilas por superar.

En carreras impulsadas ya pasó a esas dos luminarias que bateaban uno detrás del otro, Babe Ruth y Lou Gehrig. El Babe con 1,992 y Columbia Lou con 1,994. Además, superó la mancillada marca de 1,996 de Barry Bonds.

En hits tenía 3,105 cuando escribí este artículo y le faltaban 61 para superar a Beltré como el iberoamericano con más hits e instalarse en el puesto número 16 de todos los tiempos.

Los 638 jonrones de Pujols lo colocan a 22 de alcanzar los 660 de Willie Mays y el quinto lugar en jonrones de la historia. Pujols terminará su carrera entre los primeros en carreras anotadas y dobles.

Súmenle a lo anterior el título de Novato del Año, dos Guantes de Oro, seis Bates de Plata, dos premios de Jugador más Valioso y diez Juegos de Estrellas.

¿Cómo va al Migui? El muchacho del Barrio La Pedrera, en Maracay, le sigue los pasos a Albert. Cabrera tiene más tiempo en su contrato y menos edad que Pujols, aunque su salud está en veremos.

Cabrera ha sido líder en dobles 2 veces, en jonrones 2 veces, también 2 veces en impulsadas, en promedio al bate 4 veces, ha Ganado 7 Bates de Plata, 2 títulos de Jugador Más Valioso, 11 Juegos de Estrellas y ostenta uno de los galardones más escasos y apreciados del béisbol, una Triple Corona de bateo.

El hacer predicciones en el deporte es bastante arriesgado, pero en este caso creemos que la de que Albert y Migui estarán en Cooperstown es una apuesta segura.

¿Qué tiempo tiene un pelotero para entrar en la agencia libre?

El jardinero venezolano Ronald Acuña Jr. (13) y los Bravos de Atlanta pactaron un contrato de 100 millones de dólares. (Brett Davis-USA TODAY Sports)

Esta pregunta nos la hacen cada rato nuestros oyentes. ¿Qué tiempo tiene que estar un jugador con un equipo, después de su debut, para optar por la agencia libre? La periodista de ESPN, Christina Kahrl, hace una explicación del tema pero se enreda en ejemplos y en pretensiones de hacer literatura.

Voy a tratar de explicar en criollo como es la mecánica.

Una campaña de Grandes Ligas dura, de acuerdo al reglamento de la institución, 187 días. Los jugadores ganan una temporada si permanecen 172 días o más en la lista de jugadores activos que tiene 25 peloteros por equipo.

Después de 6 temporadas completas con el equipo el jugador tiene derecho a declararse agente libre y optar por ofrecer sus talentos a cualquier equipo. Ahora bien, fíjense que digo completas, y eso es importante porque el equipo puede, antes que se agoten los 172 días, dividir esos 172 días en varias temporadas y hacer que el jugador tarde en completar el tiempo requerido para “liberarse”.

Por eso es importante calcular cuando pasan esos 172 días.

Hay otra situación que se presenta a menudo y los equipos se pueden valer de ella aunque en honor a la verdad no siempre lo hacen.

De acuerdo al reglamento de Grandes Ligas, un pelotero prospecto de ligas menores, se debe agregar a la lista de 40 jugadores si está firmado por el equipo cuando tenía 19 años o más y lleva 4 años o más en la organización y 5 años o más si es menor de 18 años.

Si el equipo no cumple con esas reglas, pudiera perder ese jugador en la llamada Regla 5 que celebra un sorteo cada diciembre y otros equipos pueden ganar el derecho de firmar ese jugador por una mínima cantidad y “robarse” el prospecto con muy bajo costo de inversión.

La Regla 5 también tiene sus requerimientos y protocolo y el equipo que adquiere el jugador puede perderlo sino sigue esos pasos. Pero ese tema es para otro día.

Los mejores prospectos son los más afectados por la manipulación de los “172 días” por los equipos porque estos usualmente son los que están listos para subir al club grande pero los equipos pueden dilatar el tiempo de que esto ocurra y así prolongar el tiempo del jugador antes de que pueda optar por la agencia libre.

Chistina Kahrl nos pone varios ejemplos de prospectos cuyo tiempo de debut en Grandes Ligas fue manipulado por sus equipos. Les mostraré 5 ejemplos. Vale decir que de esos 5 muchachos que señalo, cuando al fin debutaron, 4 ganaron el título de novato del año.

Los 5 jugadores son:

  • Evan Longoria. Podía haber sido la tercera base de Tampa el día inaugural de la temporada de 2008.
  • Bry Harper. Le pasó algo por el estilo con los Nacionales en 2012.
  • George Springer. Lo mismo en 2014.
  • Kris Bryant. Con los Cachorros en 2015. Muchas protestas del jugador y de su agente.
  • Ronald Acuña. También lo “empujaron” para atrás en 2018. Acaba de firmar un contrato de $100 millones a largo plazo con los Bravos.

¿Por qué los equipos hacen esto?

Los análisis nos dicen que en el período de 24 a 30 años el jugador de béisbol tiene sus mejores años. Si un jugador debuta con el equipo a los 24 años, el equipo lo puede mantener bajo su control por 7 años y ese jugador no podrá entrar en la agencia libre hasta sus 30 años habiendo agotado, en promedio, los años más productivos de su carrera atlética y el equipo habrá obtenido, como en el título de la novela cursi “los mejores años de su vida”.

Este sistema no lucirá muy tierno pero es muy buen negocio para los equipos. Y en la vida, lo digo siempre, tú no tienes lo que mereces sino, lo que negocias.

Dwyane Wade, el gran embajador de Miami

Dwyane Wade, jugador del equipo Miami Heat

En el pasado, las naciones y ciudades-estados tenían como héroes a caudillos militares que retornaban vencedores de sus campañas bélicas llenos de gloria después de haber derramado a raudales la sangre de los enemigos y de los guerreros propios. Esos personajes eran recibidos con júbilo por la muchedumbre y colmados de honores, convirtiéndose en los paladines de su pueblo.

Hoy somos bastante menos carnívoros escogiendo nuestros héroes y los hemos sustituido, en gran parte, con figuras descollantes del mundo del deporte.

En nuestra semi ciudad-estado de gran Miami hemos tenido varias figuras deportivas importantes que han brillado en nuestra comunidad. Algunas por la calidad y cantidad de su actuación y otros por su simpatía y carisma durante su trayectoria en el deporte local.

En las primeras dos categorías tenemos a Dan Marino en futbol americano con los Dolphins y a Dwyane Wade en basketball con el Heat. En la tercera categoría tenemos un Jeff Conine en béisbol con los Marlins, que si bien no fue una súper estrella como los dos anteriores, con su simpatía se ganó el mítico título de Mr. Marlin con los fanáticos de la península.

Hemos discutido entre nuestros compañeros de Radio Martí, cuál de estos señores es el de más relevancia en la historia de nuestra comunidad y que ocupa el lugar cimero en el olimpo deportivo local.

Mi opinión sin titubeos es que Wade está por encima de los otros, aun reconociendo lo grandes méritos que estos poseen.

Cuando Dwyane Wade terminó su último juego de la temporada regular en el American Airlines Arena contra los 76s de Philadelphia en abril 19 de 2019, concluyó una legendaria carrera de 16 años en la NBA que incluyó 3 campeonatos, 5 finales NBA, 13 apariciones en el All Star team y el liderato en más tiros bloqueados por un escolta en la historia, lo cual denota la determinación con que jugó. Wade está en los primeros lugares en asistencias, puntos y otras categorías.

Dentro del Miami Heat, Wade es dueño de casi todas las categorías ofensivas en la historia del equipo y hay que recordar que cuando jugó junto a Shackille O’Neal primero y LeBrond James y Chris Bosh después llevó a estos magníficos jugadores a ganar sus primeros campeonatos que nunca habían alcanzado en otras latitudes y con otros elencos.

Desde que Wade fue escogido por el Heat, en la promoción del draft de 2003, a la que pertenecen Carmelo Anthony, LeBron James, Chris Bosh y otros grandes de esa promoción, una de las más ricas en talento de la historia y comenzó a jugar en Miami, las otras franquicias locales tuvieron los siguientes resultados:

Los Dolphins han tenido 9 coaches y han alcanzado la victoria en post temporada en un solo partido; los Marlins no han ido nunca a la post temporada y han pasado por 10 managers; los Panthers del Jockey sobre hielo nunca han ganado una serie de post temporada y los antaño élites del equipo de la Universidad de Miami nunca han ganado un evento de su conferencia.

Pero no solo ha brillado Wade dentro del tabloncillo en ese ballet de gigantes que es el baloncesto profesional, también fuera de la cancha ha mostrado su estirpe y compromiso con nuestra comunidad. Wade ha participado en numerosas actividades de promoción de nuestra área y se ha convertido en un embajador del sur de Florida al tiempo que llevaba al Miami Heat a pasar de ser una gris franquicia local a una institución internacional reconocida en cada continente donde entienden algo de baloncesto: todos.

Hay que oír las manifestaciones de sus compañeros de equipo y aún de sus contrincantes en la duela sobre sus vivencias con Dwyane Wade para percatarse del lugar que le reconocen dentro y fuera del deporte. Pensé citar esas vivencias en este artículo, pero el espacio que tomarían sería más extenso que el del artículo en sí.

Wade se retira cuando está en la cima de su deporte, el mismo dijo que puede jugar 2 o 3 años más y su actuación de este año, saliendo del banco, evidencia esa aseveración. Pero se retira a tiempo, en grande, a una edad madura para el básquet, pero a mediados de sus 30s, edad para comenzar a impulsar los negocios que ha ido armando poco a poco mientras hacía un capital serio con sus entradas de la NBA y los patrocinios de productos que promociona.

Wade no comete el error de aquellos atletas que pretenden seguir cuando ya las facultades no le responden y siguen aferrados a lo que creen que todavía son ya, que la confianza es lo último que se pierde y el espejo es el último que se entera de la triste realidad.

Su gira de despedida ha sido maravillosa, fue recibido en cada última parada de cada ciudad de la NBA con ovaciones y vítores de los fanáticos del equipo contrario y él aceptando con simpatía la gratitud y homenaje de esos fanáticos que reconocen calidad y clase cuando las ven.

En cada cancha de cada una de esas ciudades, Wade siguió siendo el gran embajador de nuestra ciudad. Gracias Dwyane.

Grandes Ligas, un negocio fuera del carril de las leyes económicas

Un juego de Grandes Ligas.

La organización de Grandes Ligas es la única entidad corporativa que funciona en contra del criterio establecido en las reglas de la economía. Veamos.

En ningún otro mercado laboral el salario de los empleados crece en proporción adversa a la calidad y cantidad de su contribución al negocio.

Imagínense que el dinero de los empleados crezca a medida que su capacidad merme. Bueno, eso es exactamente lo que pasa en el caso típico de contratos de larga duración en que el salario es ascendente.

Tomemos, entre otros, el ejemplo de Matt Holiday, el toletero fue siete veces al juego All Stars y en sus años más productivos fue uno de los mejores bateadores. Firmó un contrato grande a largo plazo en su época de esplendor, pero ese brillo se ha ido opacando y ya su actuación ha mermado considerablemente. Sin embargo, Holliday sigue cobrando $17 millones por año de ese contrato garantizado cuando ya su actuación no es, por mucho, acreedora de esa cantidad de dinero.

En esta temporada hemos estado subiendo la cuesta con el tamaño y longitud de los contratos y algunos serán en el futuro los ejemplos más llamativos de lo que estamos escribiendo hoy.

Ascendiendo tenemos el contrato de Manny Machado, el de Nolan Arenado, el de Brice Harper y en la cúspide del Everest el de Mike Trout de $426 millones.

Por cierto, estos contratos generaron las protestas de varios peloteros muy conocidos en relación a que, mientras esos jugadores obtenían esos contratos, otros jugadores, considerados de muy buena calidad, se habían tenido que conformar con contratos a corto plazo y relativa cantidad menor de dinero. Aparte que varios de ellos aún no han firmado.

A estas críticas contestó el Comisionado de Grandes Ligas Robert Manfred diciendo que “eso fue decisión de los dueños que consideraron que jugadores como Harper y Trout brindaban más “value” (valor intrínseco) a sus equipos que todos esos otros atletas”.

Esas declaraciones del comisionado Manfred concuerdan con lo expresado en nuestro artículo “La incidencia de WAR en la agencia libre”.

Esencialmente dice esto es un negocio, que los gerentes generales son los que toman las decisiones y que han descubierto usando el WAR que no es oro todo lo que brilla.

Algunos jugadores ya se han percatado de la nueva realidad de WAR.

El tercera base de los Gigantes de San Francisco, Evan Longoria escribió un Instagram, “cada día alguien desarrolla otra herramienta analítica para devaluar a los jugadores”.

En el año 1970 los jugadores de béisbol de Grandes Ligas obtuvieron una gran conquista, la agencia libre.

La Asociación de Jugadores de Grandes Ligas se convirtió en uno de los sindicatos más poderosos de EE UU y desde entonces los jugadores han ido, poco a poco ganándole terreno a los dueños.

Según el economista de la Universidad de Drexel en Pennsylvania, Joel Maxcy, después de 40 años el balance se ha volcado en contra de los dueños.

El Mercado laboral de Grandes Ligas es distinto al de la NBA, National Basketball Association o NFL, National Football League.

En el béisbol no hay tope salarial, lo cual la hace la única liga en que los dueños licitan los peloteros en el mercado abierto.

Desde 2006, la porción de dinero pagada a los jugadores ha aumentado del 54% al 58% del total de la cantidad generada por las Grandes Ligas.

Es probable que los dueños estén calculando como encarrilar de nuevo para seguir las leyes naturales del mercado y la economía.

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