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Salud

Algodón crece en la Luna

Germinación semilla de algodón

Semillas de algodón, de papa, colza, arabidopsis entres otras, fueron transportadas por la sonda lunar Chang’e 4 de China.

Las semillas de algodón han germinado, según lo confirman las imágenes dadas a conocer por el periódico South China Morning Post el martes, en horas de la mañana.

Según este periódico el profesor Liu Hanlong, jefe del experimento, anunció que las semillas de algodón fueron las primeras en brotar, pero el equipo no dio una hora exacta de ese evento.

“Hemos considerado la supervivencia futura en el espacio. Aprender sobre el crecimiento de estas plantas en un entorno de baja gravedad nos permitiría sentar las bases de nuestro futuro establecimiento de la base espacial", dijo Liu al periódico.

Plantas han crecido en la luna dentro de ecosistemas artificiales, así lo señaló la NASA en 2016, cuando florecieron Zinnias en la Estación Espacial Internacional (ISS), pero nunca en suelo lunar, debido a las condiciones climáticas de la superficie lunar.

​El módulo lunar aterrizó en la cara oculta de la luna el pasado 3 de enero, con el fin de realizar ciertos experimentos y una exploración espacial a largo plazo mirando lejos de la tierra.

(Información tomada del periódico South China Morning Post)

Prueban con éxito en ratones un fármaco para tratar algunos cánceres de mama

Prueban con éxito nuevo medicamento para cáncer de mama

Un estudio preclínico del Vall d'Hebron Instituto de Oncología ha demostrado la eficacia en ratones de un nuevo fármaco, denominado p95HER2-TCB, para tratar algunos cánceres de mama que suponen un 20% de todos los tumores de este tipo.

La investigación, que publica la revista Science Translational Medicine, se ha basado en una proteína descubierta por el VHIO hace 10 años (la p95HER2), que ahora convertida en fármaco forma un puente entre las células del sistema inmune de la paciente y sus células tumorales, lo que permite una respuesta "muy dirigida y controlada" contra ciertos tumors de mama.

Así se puede combatir un tipo de cáncer de mama HER2+ en pacientes que no responden a otros tratamientos y hacerlo con inmunoterapia y de manera dirigida únicamente a las células tumorales.

Este nuevo fármaco funciona como un imán que hace que el sistema inmune de la propia paciente sea atraído por las células tumorales, se dirija directamente a ellas y las ataque, sin que esta respuesta afecte al resto de células sanas.

"Se crea de esta forma una especie de puente muy específico entre el linfocito de la paciente y su célula tumoral que nos permite una respuesta muy dirigida y controlada para tumores de mama HER2+.

Las terapias inmunológicas están demostrando ser cada vez más eficaces en el tratamiento de tumores metastásicos, pero "el problema de la inmunoterapia es que los linfocitos, además de dirigirse a las células tumorales, también atacan a tejidos sanos".

"El valor de este hallazgo es que se evita este efecto secundario; se ha conseguido que los linfocitos vayan directo a las células tumorales en las que p95HER2 está presente".

Estadounidense se convierte en quinta mujer en lograr Nobel de Química

La ingeniera bioquímica estadounidense Frances Arnold.

Frances H. Arnold recibió el premio junto al también estadounidense George Smith y el británico Gregory P. Winter por aplicar "los principios de Darwin en los tubos de ensayo y usado este enfoque para desarrollar nuevos tipos de químicos para el beneficio de la Humanidad".

El Nobel de Química reconoció este miércoles a los estadounidenses Frances H. Arnold y George Smith y el británico Gregory P. Winter por los avances en el desarrollo de proteínas a partir del aprovechamiento del poder de la evolución.

Su trabajo ha revolucionado tanto la química como el desarrollo de nuevos medicamentos y sus métodos han posibilitado una industria más limpia, producir nuevos materiales y biocombustibles, mitigar enfermedades y salvar vidas, destacó en su fallo la Real Academia de las Ciencias Sueca.

El presidente del comité del Química de los Nobel, Claes Gustaffson, indicó en una rueda de prensa que "el premio es este año supone una revolución basada en la evolución".

Los premiados "han aplicado los principios de Darwin en los tubos de ensayo y usado este enfoque para desarrollar nuevos tipos de químicos para el beneficio de la Humanidad".

La Academia distinguió a Arnold por impulsar la primera evolución dirigida de enzimas, mientras que los otros dos galardonados fueron distinguidos por el desarrollo y aplicación del método "phage display ", una técnica de detección de interacción entre moléculas biológicas que permite lograr nuevas proteínas cuando un virus infecta a una bacteria.

Arnold se interesó a finales de 1970 por el desarrollo de nuevas tecnologías, primero con energía solar y luego con ADN, pero en vez de usar la química tradicional para producir fármacos o plásticos, pensó en recurrir a las herramientas químicas de la vida, las enzimas, que catalizan las reacciones en los organismos vivos.

Tras años intentando reconstruir enzimas para darles nuevas propiedades optó a principios de la década de 1990 por un nuevo enfoque: usar el método de la naturaleza para optimizar la química, la evolución.

Creó cambios aleatorios en el código genético de la subtilisina y los introdujo en bacterias que producían miles de variaciones de esa enzima, algunas de las cuales rendían 256 veces mejor disueltas en dimetilformamida (un disolvente orgánico) que la original.

Demostrando el poder de la selección dirigida Arnold dio "el primer y más importante paso" en la revolución en este área de la química, en palabras de la Academia.

Fue el científico holandés Willem Stemmer (fallecido en 2013) quien introdujo una nueva dimensión al demostrar que recombinar los genes juntos puede dar como resultado una evolución aún más eficiente de las enzimas.

Las herramientas de la tecnología de ADN han evolucionado en las últimas décadas, tarea en la que el laboratorio de Arnold ha sido líder, produciendo enzimas que catalizan sustancias químicas que ni siquiera existen en la naturaleza, medicamentos o biocombustibles, suprimiendo el uso de catalizadores tóxicos en los procesos industriales, agregó Gustaffson.

En la primera mitad de la década de 1980, Smith empezó a usar bacteriófagos (virus que infectan bacterias) para clonar genes.

La simple construcción de los fagos permitiría hallar un gen desconocido para una proteína conocida, luego se podrían juntar los fragmentos en la cápsula del virus y al producirse nuevos fagos, las proteínas del gen desconocido aparecerían en su superficie.

Usando anticuerpos se podrían capturar los bacteriófagos que portasen proteínas conocidas, razonaba Smith, que demostró su teoría en 1985 con los péptidos (proteínas) y sentó así las bases del método conocido como "phage display" (visualización de fagos).

Los avances principales en la aplicación del método no llegaron con la clonación de genes, sino con el desarrollo de biomoléculas.

Gregory Winter usó esta técnica en la búsqueda de nuevos medicamentos: en vez de emplear ratones para producir anticuerpos terapéuticos, prefirió basarse en anticuerpos humanos, que son tolerados por nuestro sistema inmune.

Winter y su equipo desarrollaron siguiendo ese método el adalimumab, un medicamento aprobado en 2002 para tratar la artritis, la psoriasis y enfermedades inflamatorias del intestino.

Otros medicamentos basados en el "phage display" se han utilizado también para curar algunos casos de cáncer con metástasis.

En resumen, explicó Gustaffson, los galardonados "han sido capaces, en sus laboratorios de dirigir la evolución lo que ha llevado a nuevas herramientas químicas".

Arnold se lleva la mitad de la dotación económica del premio, 9 millones de coronas suecas (870.000 euros), mientras que los otros dos galardonados se repartirán la otra.

La científica estadounidense es la quinta mujer en lograr el Nobel de Química, después de Marie Curie (1911), Irène Juliot-Curie (1935), Dorothy Crawfoot Hodgkin (1969) y Ada Yonath (2009).

Arnold, Smith y Winter suceden en el palmarés del premio al suizo suizo Jacques Dubochet, el germano-estadounidense Joachim Frank y el británico Richard Henderson, ganadores por desarrollar la criomicroscopía electrónica para el estudio de las biomoléculas.

La ronda de ganadores de los Nobel de este año continuará el viernes con el premio de la Paz, el único que se otorga y entrega fuera de Suecia, en Noruega, por deseo expreso del creador de los galardones, el magnate sueco Alfred Nobel.

(EFE)

Nobel reconoce innovaciones en campo de la física del láser

Los miembros del comité del premio Nobel (izq-dcha) Olga Botner, Goran K. Hansson y Mats Larsson.

El Nobel de Física premió este martes al estadounidense Arthur Ashkin, la canadiense Donna Strickland y el francés Gérard Mourou por sus innovaciones en el campo de la física del láser, con múltiples aplicaciones en la medicina y la industria.

La Real Academia de las Ciencias Sueca ha distinguido a Ashkin por inventar las pinzas ópticas, así como la técnica para generar impulsos ópticos ultra cortos y de alta intensidad desarrollada por Mourou y Strickland, la tercera mujer en recibir el Nobel de Física después de Marie Curie (1903) y Maria Goeppert-Mayer (1963).

Justo después de la invención del láser en 1960, Ashkin (1922) empezó a experimentar con el instrumento, pensando en que podía ser perfecto para que rayos de luz moviesen pequeñas partículas.

Pronto logró iluminar esferas transparentes de tamaño micromético y desplazarlas; y añadiendo una lente potente para centrar la luz del láser pudo arrastrar las partículas al punto de mayor intensidad y crear una especie de trampa: habían nacido las pinzas ópticas.

Tras muchos años de intentos consiguió capturar átomos, aunque no fue hasta 1986 que pudo perfeccionar la técnica, combinando las pinzas con otros métodos, y en esa tarea descubrió de forma casual un nuevo campo de aplicación, el estudio de los sistemas biológicos.

En su esfuerzo por captar partículas más pequeñas, usó muestras de distintos tipos de virus de mosaico: después de dejarlas abiertas de noche, descubrió usando un microscopio que estaban llenas de bacterias apresadas en la trampa de luz.

Usando un rayo menos potente que no los matara, Ashkin empezó a centrarse en bacterias, virus y células vivas.

Sus métodos han sido refinados por otros investigadores en los últimos años y las pinzas ópticas se usan ahora para estudiar procesos biológicos como proteínas individuales, motores moleculares, ADN y la vida interior de las células.

Desde la aparición de los primeros láser los científicos han estado interesados en crear pulsos de luz cada vez más intensos sin que ello provocase la destrucción del material amplificado.

La canadiense Donna Strickland, profesora asociada en el a universidad de Waterloo.
La canadiense Donna Strickland, profesora asociada en el a universidad de Waterloo.

Fue esa búsqueda la que inspiró a la estudiante de doctorado en la Universidad de Rochester Donna Strickland (1959) y al director de su trabajo, Gérard Mourou (1944), a desarrollar conjuntamente una nueva técnica, bautizada amplificación de pulso gorjeado (CPA).

La CPA consiste en tomar un pulso de láser ultracorto, alargarlo en el tiempo, amplificarlo y comprimirlo de nuevo, lo que multiplica su intensidad de forma notable.

La técnica fue probada de forma práctica en un artículo publicado en 1985 y se convirtió en la norma para todos los láser de alta intensidad posteriores, además de abrir nuevas áreas y aplicaciones en física, química y medicina, resalta la Academia.

Gracias a la CPA es posible ver interacciones entre moléculas y átomos, cambiar las propiedades de la materia, incluso viva; almacenar datos de forma más eficaz y elaborar férulas quirúrgicas.

Las nuevas técnicas de láser permitirán además en el futuro aumentar la velocidad de la electrónica, células solares más efectivas, mejores catalizadores y aceleradores más potentes.

Arthur Ashkin estudió en el Columbia College y en la Universidad de Corneille (ambos en Estados Unidos), donde se doctoró en 1952 y está vinculado a los Laboratorios Bell.

Mourou estudió en Grenoble y en París, donde se doctoró en 1973, ha trabajado en centros universitarios estadounidenses y actualmente dirige el Laboratorio de Óptica Aplicada de la Escuela Politécnica de París y el Centro Nacional de Investigaciones Científicas.

El físico francés Gérard Mourou.
El físico francés Gérard Mourou.

Donna Strickland estudio primero ingeniería, luego se doctoró en 1989 en física en la Universidad de Rochester y ahora es profesora asociada en la Universidad de Waterloo (Canadá).

Ashkin se lleva la mitad de la dotación económica del premio -9 millones de coronas suecas (1,02 millones de dólares)-, mientras que Mourou y Strickland se repartirán la otra.

Los tres galardonados suceden en el palmarés del Nobel de Física a los estadounidenses Rainer Weiss, Barry C. Barish y Kip S. Thorne, distinguidos el año pasado por su papel en la puesta en marcha del detector LIGO y la detección de las ondas gravitacionales.

La ronda de ganadores de los Nobel continuará el miércoles con el de Química y en los próximos días seguirán los de la Paz y Economía, ya que el de Literatura ha sido aplazado a 2019 por el escándalo sexual y de filtraciones que afecta a la Academia Sueca.

(EFE)

Nobel de Medicina augura inmunoterapia será clave en cáncer

El investigador estadounidense Jim Allison.

El Nobel de Medicina reconoció este lunes los estudios para desarrollar la inmunoterapia contra el cáncer del estadounidense James P. Allison y el japonés Tasuku Honjo, que han establecido nuevos principios en la lucha contra esa enfermedad y en la que, según Allison, será clave en solo en 5 años.

Su trabajo ha revolucionado el tratamiento contra el cáncer de pulmón o el melanoma y varios tipos en fase metastásica, cambiando de manera fundamental la forma de combatir ese mal, señaló en su fallo la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo.

Allison y Honjo demostraron, a partir de diferentes estrategias, cómo el sistema inmunitario puede usarse para luchar contra el cáncer, una idea que ya se empezó a discutir a finales del siglo XIX y principios del XX y ha originado investigaciones durante años, aunque sin que resultasen en nuevas estrategias terapéuticas.

Los descubrimientos de los nuevos nobel "constituyen un hito en la lucha contra el cáncer", dijo tras el anuncio el presidente del Comité Nobel de Medicina, el inmunólogo Klas Kärre.

El inmunólogo molecular y químico japonés Tasuku Honjo.
El inmunólogo molecular y químico japonés Tasuku Honjo.

En la década de 1990, Alisson empezó a estudiar en su laboratorio de la Universidad de California (EE.UU.) la proteína CTLA-4, que funciona como freno de las denominadas células T, claves en el sistema inmunológico.

Otros investigadores habían descubierto esa propiedad de la CTLA-4 y aplicado el mecanismo en enfermedades autoinmunes, pero Alisson tenía una idea diferente.

Tras descubrir un anticuerpo que podía unir a esa proteína e inhibir su función, quiso averiguar si podía liberar el freno de la célula T y provocar que el sistema inmune atacase las células cancerígenas.

Usando esa técnica pudo curar a ratones con cáncer y, después de sus esfuerzos por desarrollar una estrategia para humanos, logró en 2010 efectos sorprendentes en pacientes con melanoma avanzado.

El inmunólogo estadounidense James P. Allison, opinó en Nueva York, tras conocer la distinción, que la inmunoterapia se generalizará como parte del tratamiento contra el cáncer que reciban todos los pacientes de aquí a 5 años.

"Después de muchos años de resistencia, el campo del cáncer comienza a aceptar la inmunoterapia como un cuarto pilar, junto a la radioterapia, la cirugía y la quimioterapia, en las terapias contra el cáncer", dijo el científico en una rueda de prensa.

Allison dijo ansiar que la inmunoterapia se use en combinación con las otras tres, y aseguró que "no va a sustituirlas, sino que va a formar parte de la terapia que todos los pacientes reciban en 5 años aproximadamente, y va a ser curativa en muchos de ellos".

Allison, director ejecutivo de la Plataforma de Inmunoterapia del centro Anderson, de la Universidad de Texas (EE.UU.), explicó que las terapias tradicionales utilizan altas dosis de quimioterapia y radiación para "matar hasta la última célula cancerígena", pero "esa ya no es la meta".

"Puedes moderar su uso (de las terapias tradicionales) y matar solo las células tumorales suficientes para iniciar una cascada inmunológica (...) y activar las células T", desgranó.

Aseguró que ideas como esa, y como la que le llevó a investigar la proteína CTLA-4 de una manera diferente a lo que se estaba haciendo durante años, provienen "no de querer matar el cáncer, sino de intentar entender cómo funciona el cáncer".

En ese sentido, recalcó la necesidad de "seguir financiando la investigación básica, que es de donde vienen esas ideas", ya que "los grandes saltos vienen de la ciencia básica". "No puede estar todo el mundo diciendo que intenta curar la enfermedad, no funciona así", apostilló.

Todavía sorprendido por el premio y optimista de cara al futuro, Allison dijo atreverse a utilizar, pese a ser "peligroso", la palabra "cura", al ser preguntado por el impacto de la inmunoterapia, y puso como ejemplo a un paciente concreto que tuvo su última ronda de tratamiento hace 18 años.

Aplaudió que las terapias para el melanoma ahora comienzan con la inmunoterapia mientras que antes se recurría a ella en etapas avanzadas, pero se mostró consciente de que las "respuestas duraderas" se ven en "una fracción de los pacientes".

"El optimismo viene de que conocemos las reglas básicas, solo tenemos que trabajar duro, conocer más detalles, hacer tratamientos más personalizados... La buena noticia es que hay optimismo al pensar que podemos lograrlo, pero va a llevar un tiempo".

(EFE)

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