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Dile que pienso en ella

Orlando González Esteva: Soy alguien que también murió cuando el avión se elevó sobre La Habana

Orlando González Esteva. Foto de Roberto Koltún, Radio TV Martí

Orlando González Esteva es el poeta por excelencia; para quien, cada segundo, es un acto, una revelación poética. Conductor de la revista radial Entre Nosotros, que emite Radio y Televisión Martí, este comunicador incansable comparte esta semana con los lectores de Dile que pienso en Ella...

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

La realidad es que no me marché de Cuba, que me fui con mis padres, mi hermano y mi abuela paterna a los 12 años de edad, de manera que la decisión fue de mis mayores, aunque yo estaba al tanto de lo que sucedía en la isla y comprendía la preocupación de los míos ante la posibilidad de que mi hermano y yo creciéramos en un país tan distinto al que ellos habían soñado para nosotros.

Vivíamos en la planta alta del hogar de mis abuelos maternos. Mi abuelo, Mariano Esteva Lora, pertenecía a una familia enamorada del destino de Cuba desde los días de la Guerra de Independencia: era sobrino de los hermanos Lora, protagonistas del Grito de Baire. Había luchado contra Gerardo Machado, Fulgencio Batista y, apenas regresó de la Sierra Maestra el 1 de enero de 1959, advirtió a la familia que los nuevos líderes nada tenían que ver con las ilusiones que la mayoría de los cubanos se había hecho.

No tardó en conspirar contra el nuevo gobierno. Fue arrestado, juzgado y condenado a 12 años de prisión. El hogar fue identificado como "contrarrevolucionario", mi padre expresó su deseo de abandonar el país y perdió su trabajo en el central azucarero vecino del pueblo. Luego de tres años de inquietudes, trámites y contratiempos abandonamos Cuba rumbo a México y, después de cuatro meses de estancia en ese país, nos trasladamos a Estados Unidos.

El detonante al que te refieres fue la catástrofe en curso, aunque por entonces no eran pocos los que aún perjuraban -renuentes a admitir que se habían equivocado o maleables hasta el envilecimiento- que habitaban un paraíso en ciernes.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

El país de los vaqueros y los pieles rojas que había admirado en los cines de mi pueblo y el televisor de mis abuelos. El país de más de un héroe de ficción como Superman y El Llanero Solitario; de algunos muñequitos: el conejo de la Suerte, el perro Pluto, el gato Silvestre, Mickey Mouse, Super Ratón y Popeye, además de los paisajes del viejo Oeste y Las aventuras de Tom Sawyer y de Huckleberry Finn. La idea del viaje no me inquietó demasiado, hasta emprenderlo.

¿Qué encontraste?

Encontré al adolescente que había comenzado a ser apenas me vi obligado a despedirme de la familia y los amigos que habían quedado en Palma Soriano. Un adolescente que no tardó en llenarse de nostalgia por la infancia perdida y por el mundo donde ésta había transcurrido. Un adolescente triste. Nunca me había visto rodeado de tantas personas que se abrazaran y me abrazaran llorando y balbuceando que, quizás, ésa sería la última vez que nos veríamos. Estamos en la calle Maceo, número 159.

Pocos días antes de partir, mi madre y yo habíamos vuelto a la Cárcel de Boniato a ver mi abuelo. Fui muchas veces a visitarlo con ella, mi abuela Cheché y mi tía Mercy --yo era el hombrecito de la casa--, pero mi madre me advirtió, cariñosamente, que no podíamos hablar del viaje porque ella no tenía valor para despedirse.

De vuelta a la calle: tan pronto el automóvil que debía llevarnos al aeropuerto de Santiago de Cuba se detuvo ante la casa corrí a meterme en él y esconderme detrás de los asientos delanteros para no tener que decirle adiós a mi abuela. Ahora era yo quien no se sentía capaz de despedirse de alguien. No tuve suerte. La escuché preguntar por mí desde el portal, llamarme insistentemente; la vi buscarme entre la gente que se agitaba alrededor de ella y en la acera, y no me quedó más remedio que abandonar mi escondite y correr a abrazarla. Fue un desgarrón del que jamás sané.

Muchos años después, ya adulto, en Miami, continué eludiendo la posibilidad de despedirme de mis padres y mi hermano cuando me iba de vacaciones, aunque sólo fuera por un fin de semana, y me acompañara Mara (mi esposa), y nuestro destino no fuera sino otra ciudad de Estados Unidos, incluso una playa de la costa oeste de La Florida. El primer adiós había sido tan devastador que la sola posibilidad de exponerme a otro, por sencillo que fuera, era más alarmante que todo razonamiento.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Que mi abuelo tuvo razón. Que mis padres hicieron lo correcto. Que nunca me fui de Cuba, aunque físicamente haya permanecido 54 años lejos de ella. Que alguien, que fui yo también, murió el 7 de julio de 1965, cuando el avión se elevó sobre La Habana, y que el otro que soy, el que ahora escribe estas líneas, nació aquel día, pero con una suerte de memoria prenatal de la que no ha logrado desprenderse. Soy más, en lo esencial, el que murió que el que sobrevive.

¿Qué es para ti La libertad?

Cualquier definición que ensaye va a parecerme insuficiente o estar en peligro de ser una paráfrasis de una de las tantas definiciones, hermosas y justas, que han encontrado otros. Digamos, aunque sólo sea para inquietar a alguno, que la libertad es la razón por la cual José Martí, que tantas cosas objetó a Estados Unidos, decidió establecerse aquí y no en otros países de Hispanoamérica y Europa durante los últimos 15 años de su vida.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

No lo han cambiado: en mi caso específico dieron a luz ese concepto. De no haber vivido esas experiencias es muy probable que mi relación con Cuba no fuera la que es.

Si miro hacia atrás y repaso lo que ha sido mi vida, en todos y cada uno de los aspectos que mejor la definen, que más me recuerdan a mí, pudiera concluir --no sin temor de que se me malinterprete: no es una cuestión de patriotismo, en el sentido más común del término, sino de algo más sutil-- que en nada he pensado ni pienso más que en ella.

Armando Lucas Correa: "Mi patriotismo se manifiesta en vivir rodeado de agua"

Armando Lucas Correa, escritor de origen cubano

Armando Lucas Correa es un exitoso escritor nacido en la isla de Cuba y que ahora vive en la isla de Manhattan. Es uno de los dos padres de tres hijos que, afortunadamente, no tendrán que salir huyendo de su hogar rodeado de agua. Este hombre, certero en sus opiniones, es nuestro inquilino esta semana en "Dile que pienso en Ella".

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

No hay nada más claustrofóbico que vivir en una isla, bajo una revolución, bajo el comunismo. Soy de la generación que padeció el "síndrome de Marco Polo": todos queríamos irnos, todos estábamos sofocados. Y ya Milán Kundera lo dijo, "la vida está en otra parte". Mi agobio era mental, no económico, a pesar de todas las crisis económicas que pasamos. Pero si tuviera que encontrar un detonante diría que me cansé de pertenecer a la masa, quería ser un individuo.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

La individualidad, el derecho propio, construir mi historia, mi futuro. No depender del estado para nada y a su vez no tener que responder a las exigencias del estado por todo lo que me daba "gratis".

¿Qué encontraste?

Un mar de oportunidades. Aprendí un idioma, me reiventé, de crítico de teatro y danza me convertí en periodista. Hice una carrera. Trabajé y sigo trabajando incansablemente. Tuve la oportunidad de crear una familia con dos papás. Me convertí en novelista. Mis libros han sido traducidos a más de 14 idiomas. Soy dueño de mí mismo y de mi futuro. ¿Qué más puedo pedir?

Portada del más reciente libro de Armando Lucas Correa
Portada del más reciente libro de Armando Lucas Correa

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Olvídate del pasado. La añoranza te estanca y hay que aprovechar todas las oportunidades que se te presenten. Mi abuela siempre decía "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy". No hay carreras que paguen más o menos. Puedes ser y dedicarte a lo que quieras. Lo único que necesitas es perseverancia, paciencia y lo más importante, ser el mejor. Uno se labra su propio destino.

¿Qué es para ti la libertad?

Respirar cada día en la ciudad, el país o el continente que me venga en gana. Adorar o rechazar al Dios que quiera. Tener derecho al voto, saber que mi voz cuenta. En unas elecciones me sentiré perdedor, en otras ganador, pero en libertad no hay mal que dure más de ocho años. Poder levantarme en la mañana y en las redes sociales criticar al presidente, decir mi opinión sin que me voten del trabajo o termine preso. Respirar a todo pulmón cada mañana y ver a mis hijos crecer, y convertirse en lo que quieran. Tener mi casa, mis inversiones, mi retiro que he construido poco a poco. Depender de mí, no de otros, eso es la libertad.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Soy hijo de la revolución, nací en una Cuba bajo el comunismo. ¿Qué es Cuba para mí entonces? Soy de la generación donde todo lo de "afuera" era mejor, donde los niños soñaban en ser marinos mercantes o aeromozos para poder viajar. Crecí oyendo la "w", la música americana sin saber inglés.

No hay nada más anquilosado y mojigato que una revolución. Todo se detiene, todo circula alrededor de una idea obsoleta. Entonces, crecí pensando que la patria era la revolución. No bailaba casino ni tomaba cerveza ni ron, no me gustaba la música cubana (la descubrí en el exilio, la valoré con Almodóvar), ni los postres cubanos (aún siguen sin gustarme el arroz con leche, el flan, la natilla). Asocié patria al calor, al verano, al sol sofocante (sigo venerando el invierno, el cambio de las estaciones), a las colas, a las guaguas llenas, a la chusmería, a la gritería. Patria eran los discursos eternos, las marchas, los himnos, los mítines de repudio. Patria era ideología. La ideología era sumisión.

No pienso en la patria, la patria para mí es una tortura. Soy un escritor cubano que vive en Nueva York y escribo sin límites patrióticos. Mis historias suceden en Alemania, en Francia, en Nueva York y en algunas hay referencias a Cuba.

Cuando tenía veinte años escribí una novela (que no pienso publicar) que titulé "Nunca más viviré en una isla". Al final terminé viviendo en Manhattan, otra isla. Pero Manhattan es más que una isla, aquí fluyen todos los continentes. Tal vez mi patriotismo se manifieste por la necesidad de vivir rodeado de agua.

Lo que sí tengo claro es que la patria no es un pedazo de tierra, ni una palma, ni un trozo de mar, ni un cielo azul, ni un plato de arroz con frijoles. La patria eres tú, donde quieras que estés.

Luis Felipe Rojas: "Me fui de Cuba para rescatar la sonrisa de mi mujer"

Luis Felipe Rojas, poeta y periodista de Radio Televisión Martí, durante una cobertura en Washington D.C. (Archivo)

Luis Felipe Rojas es, además de poeta y periodista, es una de esas personas puestas en el mundo para alegrarnos la existencia con esa "alegría de porque sí", uno de los dones que le ha tocado repartir entre sus semejantes. Esta semana, Rojas responde las preguntas de "Dile que pienso en Ella..." de la misma manera en que se instaló en la vida: para ser "Él mismo" en cada circunstancia.

Desde que llegó a Miami, Rojas se desempeña como periodista en Radio Televisión Martí.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

La asfixia: personal y familiar. Ver a mis hijos vivos, pero sin vida; a mi madre sufriendo por la persecución policial contra mí. Me fui en 2012. Diez años antes había comenzado en el periodismo independiente en Encuentro en la Red, que luego continué en Diario de Cuba. La imposibilidad de mantener mi propio ritmo, de hacer mi periodismo en un lugar tan hostil y ya impropio como el oriente de Cuba. Por eso me fui.

La primera luz la vi en un pueblo de nombre tan lindo como San Germán y lamentaré toda la vida que allí empezó mi huida final de Cuba.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Todo. Cuando me fui rompí todos los lazos. Me fui con una venda en los ojos, me fui de Cuba con una mordaza (casi literalmente) contra mi pensamiento libre, y siempre esperé respirar aires de libertad. Sabía que venía a Miami, a encontrarme con el mito y a mezclarme en él. Quería encontrar la música, la comida y las voces que sonaban siempre en las conversaciones prohibidas. Cuando llegué a Estados Unidos recuperé decenas de libros que había perdido en un registro policial que hicieron en mi casa. Aquí me regalaron discos que durante mi primera juventud veía pasar de mano en mano. Aquí descubrí que muchas cosas pueden oler a “nuevo” todos los días.

Yo quería que mi mujer, Exilda Arjona, volviera a reír como el día en que la conocí. Miami me dio lo que la represión me había quitado: la sonrisa de mi mujer.

Luís Felipe Rojas y su esposa, la periodista Exilda Arjona
Luís Felipe Rojas y su esposa, la periodista Exilda Arjona

¿Qué encontraste?

Encontré la historia prohibida, abrazos de gente que apenas me conocían por medio de las redes sociales o los escritos en mi blog. Encontré el camino a la civilidad en medio de otros caminos. Aquí he conocido gente que sale todos los días a luchar la vida y regresa a casa sabiendo que si hoy el día no resultó, mañana puede ser. En este país mucha gente está enfocada porque, tarde o temprano, terminan haciéndose con su sueño particular.

Miami tiene un sonido propio y aunque tanta gente denigre la ciudad, desde que puse un pie en el aeropuerto y aspiré los primeros olores, supe que había llegado al lugar que me estaba esperando toda la vida.

El abrazo y la aceptación de viejos exiliados, y la posibilidad de intercambiar y ponerme a tono en un lugar que me sigue enamorando.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

A reencontrarme con la disciplina. El calor, la peste y la bulla terminan relajándote la vida. Estar en el país que es una de las maquinarias que mueve el mundo, te da muy pocas posibilidades de entretenerte.

A respetar al Otro y a esperar porque, tarde o temprano, terminas haciéndote con un espacio. He aprendido que ningún acto mío va a dejar de tener consecuencias para mis hijos y mi esposa, para la gente que me quiere… y para mí.

¿Qué es para ti La libertad?

Dejar, por fin, de mirar al pasado. Soy un hombre libre, he adquirido mi segunda ciudadanía (la cubana no me la quita ningún régimen) y eso me lleva al ‘corpus’ de la legión de hombres y mujeres libres del mundo, eso me hace más responsable porque, aunque muchos lo ignoren, ser acogido como un refugiado político te ata de por vida a cualquier lucha por la libertad, en cualquier país del mundo.

Tenía (y tengo) una patria, pero no es libre; ahora tengo las dos cosas.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Sí, cómo no. Siempre trato de evitar las cursilerías pero termino cayendo en ellas y no dejo de aferrarme a las palabras “quinqué”, “plátano”, “guardarraya”, “héroes” y “Manzanillo”. Me gusta la palabra Manzanillo porque allí siempre voy a dar al mar, al olor a pescado y a la gente fresca.

Cuando era niño me emocionaba con los versos de José Martí, pero no hallaba nunca una explicación para esto… Ahora, cuando veo a los americanos ponerse pétreos ante la música y la letra del himno nacional, lo entiendo mejor. Sigo siendo cursi en estas cosas, pero ya no me avergüenzo, no tengo tiempo ya para eso.

Para mí “Ella” es Cuba y un pueblo oloroso a “melao” una vez al año. Pero es también los libros que nunca me va a devolver la policía. Pienso en la patria y escucho mis pasos, corriendo por los trillos de las maniguas donde me crié. El que no quiera ser cursi, que se aleje de eso que fue amansando como Patria, lo demás es pose y altanería.

Luis Bofill: Morir por la Patria no es vivir

El músico y cantante cubano Luis Bofill en plena actuación.

Abierto y expansivo, sin perder nunca la profunda sonoridad de los metales, Luis Bofill es lo más parecido a su música que conozco. Este repartidor de afectos y melodías se aloja esta semana en nuestro rincón Dile que pienso en "Ella" para dejarnos, como en cualquier otro escenario, lo mejor de sí mismo.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

En realidad, desde mediados de los 80's la situación ya se hacía asfixiante para las personas con criterios diferentes a los dogmas que nos imponía el sistema, sobre todo con la llegada de la Perestroika en la desaparecida URSS, algo en lo que muchos creíamos, y no era muy bien visto por las autoridades. Lo que detonó mi salida fue el hecho de comentar con unos amigos españoles sobre la verdadera situación en la isla. Esa conversación fue monitoreada y me encarcelaron acusándome de propaganda enemiga y difamación de la figura del Comandante en Jefe. Me permitieron salir a la calle por la solidaridad de los españoles y mi exesposa, pero me cerraron todas las puertas, y me dejaron sin trabajo, sin ninguna posibilidad a corto, mediano ni largo plazo.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Para nada me era ajeno lo que podía encontrar del "otro lado". Sabía que el mundo no era en el que vivía dentro de la isla. No era posible vivir con tantas restricciones, tantas angustias, tantas mentiras y que pensar distinto fuera un delito. Mi experiencia en Berlín, Alemania y en Europa en general me dio la razón.

¿Qué encontraste?

La realidad de vivir en sociedades diversas, con sus lados buenos y sus lados oscuros, pero siempre con la oportunidad de realizarte como ser humano.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Aprendí que el respeto a lo ajeno es fundamental. Que tienes derechos, pero que también tienes responsabilidades. Que puedes encontrar tus espacios sin demeritar ni denigrar al otro, y puedes crecer sobre la base de tus capacidades. Aprendí a integrarme en la sociedad donde vivo.

¿Qué es para ti La libertad?

Nunca he pensado en eso, pero ser libre conlleva muchas responsabilidades. Saber tus límites te hace libre, eso pienso.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Por supuesto que me cambió, pues se me amplió el concepto. No pienso mucho en eso de la Patria, más bien pienso en mis amigos y el tiempo en que viví en Cuba y mis experiencias. El concepto de Patria se ha convertido en un tema de martirologio, donde siempre muchas personas hablan de morir por la Patria, cuando en realidad pienso que debemos vivir por nuestros semejantes. Me duele lo que pasa, pero de verdad que ya no siento nostalgia alguna por Cuba, no es lo que conocí.

Maya Islas: La Patria como esencia primaria

Maya Islas. Poeta cubana en Nueva York

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Cumplía 12 años cuando triunfó la Revolución. Mi padre estaba en Estados Unidos y yo estaba en Cuba con mi madre, que era la directora de una de las escuelas públicas en mi pueblo. Por razones religiosas fue despedida de su puesto. Mi padre decidió, con la aprobación de mi madre, que había que sacarme de la isla. En la Secundaria Básica ya había comenzado el proyecto de trabajar en el campo. Había que integrarse o ya corrías peligro. Playa Girón fue el detonante para que me sacaran el pasaporte. Salí hacia España una semana antes de cumplir 18 años.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Por la edad podrás imaginar que soñaba con la idea de que me enviaban a Europa. No tuve miedo porque en Madrid y Asturias tenía a mi familia por parte materna.

¿Qué encontraste?

Un mundo maravilloso. El contraste era más allá de lo que me esperaba. España de noche fue inolvidable. Mi familia allá me dio mucho amor y protección. Era una combinación del descubrimiento de Madrid y del calor humano que recibí. Me preocupaba mi madre (el milagro llegó para ella con los vuelos de la libertad que se iniciaron al final del 1965). Yo viví en Madrid tres meses antes de ingresar a los Estados Unidos. Viví en un hostal de familias cubanas que llegaban como exiliados. Todos los papeles legales de entrada a USA se hacían en España.

Portada de Altazora, poemario de Maya Islas
Portada de Altazora, poemario de Maya Islas

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Cumplo 54 años de haber llegado a Estados Unidos el 8 de julio de este año. Como puedes ver, el aprendizaje ha sido largo, si contamos desde que salí. Asimilé todo lo que vi y aprendí. Yo no era de La Habana, era del centro de la isla, así que el salto fue grande, pero no tuve problemas en asimilarme. Estuve tres años sin estudiar en Cuba con eso de esperar la salida. Tenía que terminar el High School en Estados Unidos, aprender el idioma. Pero sí, pensaba en Cuba; Cuba como tierra, como patria, Cuba sola, sin gobiernos, Cuba esencia. La Cuba que se piensa en la memoria. Sé que ya no existe. Eso sí lo he aprendido: todo cambia.

¿Qué es para ti La libertad?

Este fue el tópico principal en mi adolescencia en la isla, durante la Secundaria Básica: la libertad. Cuando comencé a observar todos los elementos que componen la opresión, entendí lo que era la libertad. No me gustó nada la llamada libertad de los comunistas. Yo solita me di cuenta que Cuba no era realmente "territorio libre de América". Para mí la libertad es la capacidad de ser y escoger. Ir y venir sin pedir permiso. Ser libre es hablar diferente, no gesticular como todos. Decidir un futuro es libertad.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Sí, pienso que las experiencias vividas han cambiado el concepto de lo que significa Patria. Es bueno que amemos a toda la tierra, porque la tierra está dividida por una ilusión. No hay división. De esa forma Patria sería el Planeta. Sin embargo, pienso en ella como esencia primaria. Estuvo presente cuando nacimos en ella. Eso la hace diferente. Cuba es mi patria porque nací en ella. De alguna manera mágica nos acordamos la una de la otra, y así es.

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