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En manos del ejército la democracia venezolana


15.000 reservistas uniformados y armados.

Si Hugo Chávez pierde los comicios y desacata la decisión del electorado el desenlace puede depender del ejército, dice la revista The Economist.

El presidente Hugo Chávez ha dicho que respetará la decisión de los votantes en los comicios del próximo 7 de octubre pero la oposición teme que trate de afincarse en el poder aunque pierda las elecciones, un escenario ante el que muchos venezolanos se preguntan qué postura asumirían las Fuerzas Armadas del país.

Según un comentario que publica en su edición de esta semana la revista The Economist, si Chávez trata de desacatar el voto popular, el ejército puede determinar cuál sería el desenlace, aunque la Constitución de 1999 les confiere un rol no partidista y “el cuerpo de oficiales en su conjunto no es más chavista que la población en general”, dice.

Sin embargo, agrega, el ministro de Defensa, general Henry Rangel Silva, dijo en 2010 que el ejército estaba “casado” con el proyecto izquierdista del presidente, y Chávez ha dicho que los militares son las dos cosas, socialistas y chavistas.

The Economist no pasa por alto que algunos mandos militares venezolanos podrían encarar amenazas legales en EE.UU. en caso de que triunfe en las urnas el candidato de la oposición Henrique Capriles. Y destaca que el propio Rangel Silva figura en una lista negra del Departamento del Tesoro estadounidense por presuntamente ayudar a narcotraficantes.

La revista apunta que incluso si el ejército abandonara a Chávez, el gobernante podría tratar de aferrarse al poder por otros medios, y menciona la creación en los últimos años en el país de una milicia con la misión de ayudar a construir el socialismo.

El gobierno estima su fuerza en unos 125.000 hombres, lo que según la publicación la hace comparable en tamaño (si no en poder de fuego o entrenamiento) al ejército regular. “Su lealtad es a Chávez y no al Estado venezolano”, subraya.

El comentario apunta que el poder de los militares es tal que hasta el propio Capriles está buscando desactivar esa amenaza y ha prometido a los soldados mejorar sus beneficios de asistencia social, apelar a promociones en base al mérito más que a influencias y acabar con la intromisión extranjera, en alusión a la presencia en sus filas de altos oficiales cubanos.

The Economist añade que para contrarrestar a Capriles el presidente Chávez lo ha acusado de odiar al ejército. “Ambos candidatos parecen estar bien al tanto de que hacer campaña (electoral) en las barracas podría ser tan importante como hacerla en los barrios”, señala.

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