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Investigan EE.UU. y Nueva York a “bolichicos” venezolanos


Betancourt (foto) y Trabbau se hicieron ricos con contratos otorgados por el .gobierno venezolano para construir plantas eléctricas.

La empresa Derwick Associates, con oficinas en NYC, prosperó construyendo plantas eléctricas para Hugo Chávez. Las pesquisas buscan averiguar si pagó sobornos para obtener los contratos y si violó las leyes bancarias neoyorquinas.

El diario The Wall Street Journal reporta que fiscales federales y de la ciudad de Nueva York iniciaron una investigación preliminar a una compañía venezolana que se convirtió bajo el gobierno de Hugo Chávez en la primera constructora de plantas generadoras de electricidad en el país suramericano.

La empresa Derwick Associates es propiedad de Pedro Alejandro Trebbau y su primo Alejandro Betancourt López, dos de los llamados bolichicos, jóvenes empresarios que se han hecho ricos gracias a contratos otorgados por el Estado venezolano.

Derwick recibió millones de dólares en contratos en el curso de poco más de un año para construir plantas generadoras, poco después de que la red eléctrica del país empezara a fallar en 2009.

La investigación también incluye a Pro Energy, una firma ingeniera de Sedalia, Missouri, que ha vendido decenas de turbinas a Derwick y ayudado a construir las plantas en Venezuela..

Los fiscales del Departamento de Justicia están evaluando la diferencia entre lo que Derwick pagó a Pro Energy y lo que facturó al gobierno de Venezuela, dado que en anteriores violaciones de la ley estadounidense de Prácticas Corruptas en el Extranjero se utilizaron márgenes excesivos en la facturación para apañar sobornos a funcionarios foráneos.

Los procuradores neoyorquinos, mientras tanto, indagan si hubo violaciones de las leyes bancarias del estado en la relación entre Derwick y el grupo financiero JP Morgan, a través de un amigo de la infancia de Trebbau llamado Eduardo Travieso.

Travieso renunció en 2013 a JP Morgan. En un informe publicado por la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera JP Morgan alegó que su ex empleado había cometido violaciones de los requisitos regulatorios, entre ellos utilizar su dirección personal como dirección postal de ciertos clientes.

En Caracas, Betancourt aseguró que su compañía obtuvo los contratos en Venezuela mediante licitaciones competitivas en las que presentó mejores ofertas. También djo que los márgenes de ganancias correspondían a los riesgos asumidos por Derwick al emprender estos proyectos en una época difícil para hacer negocios en Venezuela.

También prometió colaborar en caso de que sean contactados por funcionarios estadounidenses, lo que ─dijo─ hasta ahora no ha ocurrido.

El Journal señala que Trebbau y Betancourt registraron la empresa en 2009 en Venezuela y pronto llamaron la atención de la oposición por los altos volúmenes de negocios que estaban haciendo con el gobierno de Chávez.

El diario neoyorquino recuerda que en 2013 Otto Reich, ex embajador de EE.UU. en Venezuela y ex secretario de Estado adjunto para Asuntos Interamericanos bajo la administración Bush, demandó en Nueva York a Betancourt y Trebbau por afirmar que él trabajaba para ellos como consultor.

En una información sobre el asunto a partir del reportaje del WSJ, el diario madrileño El País reproduce la siguiente cita de la demanda de Reich:

“Desde Estados Unidos Derwick ofrece sobornos multimillonarios a funcionarios públicos venezolanos a cambio de obtener contratos en el sector eléctrico. Una vez que los aseguran (y el dinero es transferido a cuentas en Nueva York) los acusados subcontratan a terceras empresas, una de ellas basada en Missouri, para cumplir con el contrato que ganaron. Ellos manejan ese negocio desde sus casas y oficinas en Nueva York, a través de las sucursales que han establecido en Estados Unidos, y disfrutan de un estilo de vida de extrema riqueza en este país”.

El País aporta asimismo que Betancourt ha sido blanco de la crónica rosa española después de comprar en subasta por 25 millones de euros la finca El Alamín, un coto de caza embargado al empresario español Gerardo Díaz Ferrán, dueño de la quebrada compañía Viajes Marsans.

El lugar también era conocido por asuntos del corazón entre la diseñadora y empresaria venezolana Lilia López, que representó a los compradores, y el torero español Palomo Linares.

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