Enlaces de accesibilidad

Arte y Cultura

Sonia Díaz Corrales: "Mi Patria está dentro de mí, ahí he vivido lo mejor de mi vida, y ahí seguro moriré, esté donde esté"

Sonia Díaz Corrales, poeta y escritora cubana residente en Santa Cruz de Tenerife

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Pensar ahora en lo que me impulsó a marcharme de Cuba, me resulta arduo.

No hubo un detonante, me saltaban muchas cosas por los aires en esa época, en todos los ámbitos de la vida. Trabajaba, pero lo que ganaba no era suficiente, así que tuve que hacer trueques, vender de contrabando, tuve que sobornar a algunos, y callarme lo que pensaba más veces de las que hubiera querido. Vivir escondiéndome para hacer aquellas cosas generaba un gran desasosiego. Y me gustaría decir que ese fue el único motivo, pero no es así.

Intento recordar, porque son incontables las veces que le he pasado el corrector del olvido a aquellos sucesos, de modo que ahora recuerdo menos los hechos que las sensaciones, y hay una que fue esencial: el temor. No era sólo temor a que no te dieran un trabajo o no te publicaran un libro por dejar claro que te negabas a participar, o a dejar participar a tu hijo en actos de repudio contra gente que sólo se iba del país, o que te dieran una paliza por pensar diferente —por suerte nunca me dieron una paliza, aunque estuve cerca—, era un temor más básico, a que se acabara la leche… o a que cortaran la electricidad, porque el congelador estaba lleno de lo que vendía para poder comprar la leche del mes siguiente; de que cuando saliera a la calle me encontraran con todo “aquello”.

Esos eran los hechos, la sensación de temor era constante, y se convertía muchas veces en angustia, que exacerbada se volvía impotencia. Ya sé que la mayoría se resignaba y no entendía por qué no me resignaba también, creo que visto desde ahora tampoco entiendo muy bien por qué no me resignaba, la resignación es como la gripe, se contagia con facilidad, más en un lugar cerrado como una isla, pero por alguna razón me había vuelto inmune. No sentía ninguna compensación en carnavales, fiestas populares, o cualquier otro lance de aquellos que hacían que los resignados olvidaran por un día, por un rato, la carencia general en que se vivía.

Había descubierto que la poesía te puede salvar de casi todo y leía y escribía sin parar, sin filtros. Vivía en un pueblo de campo, dicen que un pueblo con suerte, porque allí “se daban” muy bien los escritores, el tabaco y las malangas, luego empezaron a irse. A veces me invitaban a algún evento en la capital o en provincia, me costaba entender la dinámica de aquellos encuentros, sin embargo, los poetas que conocí en aquellos años 80, me abrieron un horizonte que traspasaba los límites del pueblo, de la isla, incluso del mundo exterior.

La verdad es que, a pesar de todo, para mí no se trataba de política. Era algo más visceral y desgastante, era un sentido de la justicia que me decía que hay ciertas cartas que no se pueden firmar, ciertos actos en los que no se puede participar, ni siquiera por miedo. Nunca he entendido que se tenga que odiar u ofender a los demás porque piensen distinto, no les importe no tener leche, o les guste la “humareda militante” de la caldosa. Pero yo no quería celebrar, sin ganas ni motivos, fechas que no tenían ningún significado para mí, y si lo tenían, se relacionaba más bien con la vergüenza.

Nunca acepté militar en nada, no votaba, ni cuando me venían a buscar a casa, porque me parecía inútil y cobarde depositar mi responsabilidad cívica en un dogma que sólo servía a algunos para imponer por la fuerza una ideología —y eso lo pensaba yo, que vivía llena de temores.

Detonante fundamental fue que empecé a sentir un miedo por venir; no quería que mi hijo tuviera que hacer un Servicio Militar Obligatorio. Si mi hijo hubiera elegido una carrera militar, le hubiera intentado disuadir en cualquier forma, pero habría sido su elección, nunca una imposición. Las imposiciones siempre me han dado grima.

Como seguro supondrás, no soy nada patriota, soy una mujer de campo, una poeta y una madre que entendió que no quedaba —¿no había, nunca la hubo? —ninguna oportunidad, excepto irse de Ella, para escapar de todo eso, en detrimento de familia, amigos, bienes —escasos—, y sobre todo de cierta falsa seguridad que suele producir el entorno que conoces, los rincones que has domesticado: los de llorar —yo tenía un par de ellos—, y los de compartir la última vela y la última tisana de hojas de limón, porque siempre se compartía hasta lo último que quedaba.

Hay algo que hacía en los meses finales en los que viví allá; como un ejercicio quizás, puede que una pedantería, o quizás como preparación para el futuro negro que me auguraban algunos al saber que me iba —dejaría de escribir, mi hijo no podría estudiar, ¿y si enfermábamos o si nunca podíamos volver…? —, recuerdo que aunque hubiera electricidad solía bañarme a oscuras, saber el sitio exacto donde estaba cada cosa en la oscuridad del baño, y entender que la oscuridad en el plano físico, en casi todos los casos, es el menor de los obstáculos, me sirvió de mucho, me sigue sirviendo ahora.

Me fui porque no podía hacer otra cosa, no tenía más opciones y llegado un punto lo supe. Recuerdo que escribí “El rey pide las manzanas de las Hespérides” en aquellos días, y cada cosa, cada gesto era una despedida, dolía hasta las lágrimas:

Estoy en medio de la calle / he sido despojada / literalmente apuñalada / de un modo intrascendente y vulgar / y mis heridas son heridas vulgares / absolutamente oscuras y no sangran. / He sido acusada de insomne / de inferior y nacional / de algo que para siempre está fuera del juego. / He sido acusada por / no comprender / no aceptar / no asirme. / No hay orden de arresto contra mí / saben que tengo un hijo / saben que estoy sosteniendo la impotencia / saben que no puedo ir ahora a ningún sitio / como Hércules el cielo / solo por un rato.

Aun así, la alegría de saber que escapábamos, era compensatoria. La lealtad y la generosidad de los amigos, incluso de algunos que no entendían qué hacía y que defendían aquel modo de vivir y gobernar, me ayudó a pasar a ese “otro lado” con algo de tranquilidad.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Puede que no pensara en aquí como “otro lado”, sino como un lado donde acabara el sobresalto continuo. Siempre desee ver lados distintos, cosas de gente de pueblo.

Lo cierto es que cuando estás ocupada sobreviviendo te queda poco tiempo y energía para pensar en lo que encontrarás después. Pero esperaba que si no estaba yo a tiempo para recuperar la quietud, al menos mi hijo pudiera hacerlo. Esperaba encontrar transporte público, esperaba poder escribir sin autocensurarme, sin pensar: “ahora si me van a crujir”, esperaba poder traer a mi lado al resto de mi familia, que se había quedado allá.

Nunca había comido melocotones, esperaba saber cómo eran en la boca.

¿Qué encontraste?

Soy una persona curiosa, me tomaría mucho tiempo decir todo lo que encontré. Incluso cosas más apetecibles que los melocotones.

Aquella quietud que deseaba, quizás no todo el tiempo, sino el justo para sentir que los apremios me los podía pautar yo misma, encontré la posibilidad de elegir, lo cerca que puedo estar de los que están lejos, porque tengo acceso a la tecnología, unas playas distintas, unas montañas que nunca hubiera logrado imaginar, encontré amigos, gente generosa para la que “imperialismo yanqui” era sólo una forma de llamar a las actuaciones económicas y políticas de un país, y que hoy en día prácticamente solo se encuentra en libros de pensamiento de izquierda. He encontrado —lo he sabido desde que vivía en aquel lado—, que hay otros imperios más terribles: la ideología, las apariencias, las modas, la superficialidad, el consumismo, el egoísmo, las supremacías, el poder.

Encontré que mi hijo podía estudiar, con becas estupendas, lo que quisiera, y que además, de aquella inquietud que a veces compartíamos, ni se acuerda.

Encontré, que contrariamente a lo que auguraban los que veían oscuro mi futuro de este lado, he seguido escribiendo sin parar, con sosiego, hace casi 10 años que estoy escribiendo una novela y un libro de décimas con los que me divierto, reescribo, enredo y desenredo las historias con una parsimonia sorprendente. Aunque he escrito más narrativa y mucha poesía, no he publicado tanto, he encontrado calma también a esa parte de mi vida. He encontrado que, una vez conseguido lo necesario para comprar melocotones, el resto del tiempo es mío y de Dios, encontré música que ahuyenta la locura que siempre me ha rondado, encontré que puedo perder el tiempo si quiero, porque me lo puedo permitir, pensando, sentada al sol “en una plaza pública / o la cocina de mi casa”.

Encontré o reencontré de frente, en ese sosiego, a Bach, en un Glenn Gould insuperable, a Puccini, en el Turandot donde Leona Mitchell hace la Liu más perfecta que se puede escuchar, al mejor Pessoa, y la grandeza de Marguerite Durás en muchos actos de Fe, y museos, arquitectura, cine, pensamiento… y encontré una yo más, que me complace mucho. Sigo teniendo temores, pero casi todos son cosa mía, “rezagos del pasado”, río —escribiría aquí un amigo muy lúcido.

Encontré emociones, aprendizajes, sabores, sonidos, formas diferentes de ver el mundo. También encontré límites —no limitaciones —, que me dan perspectiva, me ayudan a crear y me permiten apreciar lo que hago con ecuanimidad y alegría.

¿Qué es para ti La libertad?

Creo que mi idea de La libertad ha cambiado con las circunstancias y la madurez. La libertad no es lo mismo para quien está en opresión, o para quien puede incluso optar. Esta reflexión ya la he hecho en “Discurso de la hoja”: Este es el precio de la libertad / y no sería tan alto si la libertad fuera lo que dicen, / si no hubiera una traición espantosa / detrás de cada libertad nuestra / a la libertad del otro.

Hay una especie de despotismo culto, que hace de La libertad un paradigma. Para mí La libertad no es algo rígido, se va adaptando a mis necesidades, a mis sueños, intento que no vaya en detrimento de la libertad de los demás.

Un amigo escultor me invitó a hacer una reflexión sobre este poema, que utilicé para un proyecto suyo de plástica que se exhibe por estos días en su espacio de artista, y esto escribí:

No tenía idea de qué era la libertad cuando empecé a desearla, recuerdo aquel prurito, no bastaba decir pájaro, era necesario el vuelo, el canto, el colorido, y aquella sensación de cosa efímera, pero poderosa.

Leí, primero como simple tema de clase, después como descubrimiento, lo que sabía era solo el principio, una puerta entornada que precisaba abrir sin límite, estas explicaciones de Don Quijote a Sancho:

"—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Lo que no entendía se hizo más oscuro aun, necesite muchas oscuridades, muchas medias luces y claroscuros, mucha experiencia vital, para entender que la libertad es una parcela individual, un manotazo en el vacío, un incomprensible acto de fe. Hay tantas libertades como mundo, tantos vendiéndote su idea de la libertad…

Le creí a Fernando Pessoa: “… porque solo en la ilusión de la libertad, la libertad existe...”, a pesar de saber que estaba loco, y que vivía en una especie de lucidez amarga y realista. No hay ninguna libertad inamovible, que no exija una comprensión veraz de todo lo que te falta para llegar a la siguiente libertad.

No estoy segura de haber comprendido por qué si digo pájaro, y no hay vuelo, no hay pájaro de verdad. Sin embargo, yo sigo esa ilusión, la alimento, duermo con ella, le cuento cosas, la destripo, la acuno, la interrogo, y me cuido de no ponerla de rasero a otros.

Cuál es el límite de la ilusión, me pregunto cuando llego a la presente libertad… y no lo sé".

Esto escribí para la exposición de mi amigo, a propósito de “Discurso de la hoja”, convertido en un libro objeto, o lo que ahora se suele llamar poesía visual, pero una vez liberada de las opresiones esenciales, se aviene a mi idea general de La Libertad.

No quiero pedir perdón por mi libertad a los que no han conseguido la suya, tampoco quiero que les resulte ofensiva, solo les digo lo que Ibsen: Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad. Pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija a una o a otra.

Para mí, ahora la libertad es una sensación, un estado de cosas que despierta la creatividad y genera equilibrio.

Todo es belleza en la hoja que cae: / la belleza es la única y definitiva libertad, / un instante sobre la nada del aire / —que sigue agitando banderas de rendición— / aunque la hoja que soy repita libre / libre / libre.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Que todo aprendizaje puede, pero no tiene, que ser doloroso.

Que me habría resultado muchísimo más doloroso estar aquí si no estuviera también mi familia.

Que una vez aprendes ciertas cosas, es imprescindible que las desaprendas.

Que aprender, muchas veces está sobrevalorado, y que lo que realmente importa es aprehender.

He aprendido que lo más importante que ya aprendiste, no es tan importante como “saber nadar”, como en la fábula El barquero y el sabio, lo que te falta por aprender. Y que no sirve de nada lo que aprendes si no lo usas para ser mejor persona.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Hace 20 años que no voy a Cuba y 22 que me fui definitivamente. No sé si volveré alguna vez, no me abruma no poder o no querer volver, casi todo lo que amo está conmigo. Te dije que no soy una patriota.

Cuando pienso en Ella, en verdad me pienso abrazando a mi abuela cuando aun vivía, me pienso frente a mi amigo el poeta Reynaldo García Blanco, escuchándolo leer sus poemas, en alguna noche cálida. Me pienso compartiendo “ungüentos” con mi amiga la poeta Rosa María García, o en una reunión de amigos en la casa de ladrillos desnudos y orquídea en la ventana, cuando todavía mi hijo era pequeño y albergábamos esperanzas. Soy una mujer muy sencilla, mi patria es la belleza, la noche, más que Cuba. Sé que muchos se llevarán las manos a la cabeza y pensarán que soy tibia en esto, puede, y no me importa porque no me siento ejemplo para nadie.

No pienso en Ella como Patria. Mi patria siempre fue mi mundo interior, desde muy pequeña me mudé adentro de mí misma, y ahí planté el famoso árbol, escribí mis libros y tuve a mi hijo. No me emociono hasta las lágrimas con guantanameras ni imágenes de La Habana, nunca he escrito poemas evocadores de palmas reales, orishas, bongoes, nunca he escrito poemas a Lezama o a la música salsa, aunque disfruto de todo ello. El mundo afuera es mi extranjero, regresar a mi patria personal es fácil, barato, entrañable, todo lo que no resulta de regresar a Ella.

¿Ya he dicho que no soy una patriota? Me defino en el sentido estricto de patria como sin patria, pero… sin amo. Encuentro que casi todo el que asume que tiene Patria, lo hace dándole también a esa Patria —o su representación— la categoría de Amo. Y esa me parece una elección correcta, respetable, pero que llegada a esta edad, y entendiendo que lo aprendido me sirve de algo, yo he decidido no asumir.

Mi Patria está dentro de mí, ahí he vivido lo mejor de mi vida, y ahí seguro moriré, esté donde esté.

Vea todas las noticias de hoy

Juan David Ferrer: "Amamos lo que amamos porque nos hace eco, porque resonamos en ello"

Juan David Ferrer, reconocido actor cubano residente en Miami.

Este es Juan David Ferrer, talentoso y por ello reconocido actor nacido en Cuba. Juanda, para los amigos, es mucho, muchísimo más de lo que pueda escribir en cuatro líneas. Su vida, su trayectoria toda, es la prueba de lo que Cuba, esa, la inventada por el poder, ha ido perdiendo durante sesenta y un años y de que, definitivamente, cuando ellos sean sólo un dato molesto en las Enciclopedias, los que le han dado Luz dentro y fuera, continuarán brillando.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

El miedo; miedo a hablar, miedo a callar, miedo a que se notara lo que pensaba mientras callaba; miedo a hacerme notar por mi silencio. Logré hacerme, técnicamente, invisible, o eso creía yo. Estaba muy lejos de serlo, y me tocó enterarme de muy ingrata manera. A mí me salvó el Teatro; y me salvaron Marcia y Rodrigo; ellos dieron un sentido a mi vida en medio de aquel desastre.

Al final, mi hijo era lo único que me ataba a mi país y también tenía miedo por él, por su futuro. Ya todas las utopías se habían venido abajo, sabía que lo que yo no fuera capaz de darle, nadie se lo daría. La mejor herencia que un padre puede dejar a su hijo es su ejemplo de vida, y yo no estaba muy seguro de la mía.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Estaba en México, trabajando en un un proyecto del Instituto Nacional de Bellas Artes. Mi estancia allá coincidió con el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo y El Maleconazo, vi toda la cobertura a través de la prensa, estaba muy mal con todo eso y sentí, por primera vez, que no podía volver a Cuba, que no quería volver.

En esas circunstancias, ¿qué esperar? Nada. No esperaba nada. Ni siquiera tenía una idea exacta sobre mis opciones. No fue un escape premeditado. Yo estaba avergonzado, desesperado. En México no me permitieron quedarme, y no sabía qué iba a encontrar del otro lado.

Yo sólo dije: "Sí, lo hago", y me fui a Ciudad Juarez, crucé a nado el Río Bravo y salté hacia El Paso, Texas. Dejé atrás a mi hijo de nueve años. Volví a verlo, en una visita que hizo a Miami cuando ya había cumplido veintiuno. Sueño con él, lo sueño mucho, y siempre tiene nueve años. Aunque estemos hablando de las elecciones presidenciales del 2020 él, siempre, tiene nueve años. Nunca he estado orgulloso de esa historia; sólo he aprendido a vivir con ella.

¿Qué encontraste?

Un espacio vasto, vastísimo; inasible al principio y, por momentos, aplastante. Nadie me había preparado para esto. Bancos, créditos, declaraciones de impuestos, seguros, responsabilidades económicas, archivos personales, cuentas. Encontré un estado de derecho, algo hasta entonces desconocido para mí, y sentí que tenía delante una tarea dura: aprender a aprender. Era, por primera vez, responsable de escoger entre múltiples opciones, qué caminos tomar.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Todavía aprendo; creo que nunca voy a dejar de aprender. He cometido errores y seguro me faltan otros por cometer pero, hasta eso tiene su polo positivo cuando sabes que tus derechos fundamentales están a salvo. Perder el miedo a equivocarte puede resultar muy liberador. Aprendí a vivir en un Estado de Derecho, donde no sólo cuenta hacer respetar los míos sino el respeto por los ajenos.

Reconocer la presencia del otro, sus diferencias, sus derechos, es muy importante para coexistir y a nosotros no nos enseñaron eso, no nos educaron así. Aprendí que, un poco más arriba, el cielo sigue siendo tan azul como mi cielo; que la luna es tan brillante como aquella, y se filtra, igual, en la dulzura de la caña; que amamos lo que amamos porque nos hace eco, porque resonamos en ello, no porque sea mejor o perfecto...

Aprendí a redefinirme, a reconocerme, a perdonarme y a perdonar, dejando atrás la rabia, el rencor. La vida me estaba dando una segunda oportunidad y yo debía tomarla en limpio, o nunca sería un hombre libre, verdaderamente libre.

¿Qué es para ti La libertad?

La libertad. Palabra grande esa! Ser libre es vivir sin miedo. La libertad tiene que ver con el estado de derecho; derecho a la autonomía, derecho a decidir sobre tu vida sin negociaciones o presiones externas. La autonomía no es sólo un derecho sino un deber del hombre libre; no puede ser libre quien no logra ser, económicamente, independiente. La libertad es, también, un ejercicio que implica respeto, compasión, y responsabilidad. Libertad sin responsabilidad no es libertad, es caos. Somos muchos habitando el mismo espacio, somos diferentes, y todos tenemos el mismo derecho a ser, a existir sin miedo.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Radicalmente! La palabra Patria ni siquiera podía pronunciarla antes. A mí, Patria me sonaba a "Cara al sol con mi camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer..." Yo nací en Enero de 1959. Pertenezco a esa generación que, al crecer, iba a ser como el Ché, la generación del Hombre Nuevo.

Desde los siete años crecí en un internado, marchando cada santo día hacia la escuela; "Un, Dos, Tres, Cuatro!!! Un, Dos, Tres; Cuatro!!!" vociferando consignas y cadencias militares, consejos disciplinarios, manchas al expediente, reuniones de crítica y autocrítica... y yo, !tan poco combativo siempre!

Lecturas de materiales políticos, tabloides interminables e inútiles, mi padre "movilizado" en el quinto infierno porque venían los americanos y la Patria "llamaba". Mi madre, en "Juntas con las Federadas" por la Patria; y "Somos socialistas pa'lante y pa'lante, y al que no le guste, que espante, que espante"; y a "Hundirse todo el mundo en el mar, y "Si retrocedo, mátame"! Eso era para mí la Patria; esa es mi historia.

Sabes? Oía la palabra "Patria" y me agarraba un dolor de cabeza en todo el cuerpo, que no me dejaba ni mover el cuello. Fuera de Cuba me he reconciliado con Ella, que es mucho más grande que la isla donde nací. Creo que no se puede hablar de Cuba sin su exilio. Siento que la nación siguió creciendo fuera de la isla; estuvo creciendo mientras yo estaba allá, como isla dentro de otra Isla.

Toda esa información ma faltaba, me la arrebataron. La Patria ha seguido creciendo, dentro y fuera de la Isla, antes y después de mi salida. Yo he crecido fuera de la Isla y me considero un híbrido, no renunciaría a ninguna de mis dos mitades. La sensación de pertenencia que hoy me une a ella no la voy a ceder a nadie, porque me pertenece sólo a mí, me la gané.

El camino fue largo y dolió, es mi camino. Gobierno no es Patria, ni es eterno, va a pasar, y será un capítulo más, sólo un capítulo, sombrío, de una historia grande; y luminosa. Yo, además, emigré solo, y quedé sólo de este lado. Allá tengo a mis muertos y tengo a mis imprescindibles. Allá están las calles donde me enamoré, donde fui feliz, o desgraciado. Mis calles y todos los rincones donde aprendí a ser, donde pasé la primera mitad de mi vida. Claro que pienso en Ella, y sé, que Ella también piensa en mí!

El rap del momento: "Cubanos, reaccionen: dejemos las calles vacías" (VIDEO)

Osvaldo Navarro, del dúo de hip hop La Alianza.

El artista de hip-hop Osvaldo Navarro Veloz, conocido como NavyPro, compuso y difundió en su cuenta de Facebook un tema para promover en Cuba la campaña #QuedateEnCasa, convocada internacionalmente como la mejor vía para frenar los contagios por coronavirus.

“Me pareció una buena iniciativa, porque creo que lo más importante es preservar la vida y preservar a tu familia, a tu gente”, le dijo el jueves Navarro Veloz desde La Habana a la reportera de Radio Martí Ivette Pacheco. También le daba cierta impotencia, dijo, ver que a través de la televisión cubana el gobierno incentivaba la entrada de turistas a la isla al principio de la epidemia.

"Era una excusa para mantener su fuente de ingresos", dice NavyPro.
please wait

No media source currently available

0:00 0:01:10 0:00

“Que no, que todo estaba controlado; que en el trópico no había problemas con el virus, que estábamos preparados”, comenta el rapero. “Realmente, en mi opinión, esa era una excusa para mantener una de las fuentes de ingresos que ellos [los gobernantes] tienen, que es el turismo, obviamente”, añadió.

Me sumo a la iniciativa #quedateencasa y reto a mis hermanos El Radikal, Chico Pro y Bárbaro El Urbano Vargas a que hagan un video y lo suban a sus redes sociales y, a su vez, reten a otros artistas para que se sumen a la iniciativa, escribió Navarro Veloz en su muro al compartir el suyo esta semana.

Una calle de La Habana luce desierta tras el anuncio de medidas para frenar la propagación del coronavirus.
Una calle de La Habana luce desierta tras el anuncio de medidas para frenar la propagación del coronavirus.

“Me dio mucha rabia también ver el crucero que entro acá a La Habana con personas enfermas de este virus; se les facilitó un transporte, se les dio una atención de reyes realmente”, manifestó el rapero cubano. “Y hoy por hoy hay muchas personas paradas en [terminales de] Ómnibus Nacionales esperando llegar a sus casas sin esa atención”.

El video que compartió en Facebook, grabado antes de que el gobierno decretara el cierre de escuelas, empieza por decir que es hora ya de concientizar lo que está pasando en el mundo, “vamos a dejarnos de mareo”, y convoca a todos a quedarse en casa.

“El gobierno te pide que no lo hagas; pero eso es manipulación, ¿hasta cuándo?”, canta NavyPro. “Cubanos, reaccionen: dejemos las calles vacías, en casa chilling con la familia mía, protejo a mi cría y la vida de 11 millones; quiero vivir la alegría de saber que hice lo que se podía; en otros lugares ya se sabía, y no se hizo lo que se debía; no desesperes, asere, seré breve, quédate en casa: yo me quedo en la… mía”.

A principios de este mes, Navarro Veloz y su pareja, la activista Marthadela Tamayo, del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR) --muchas de cuyas campañas promueven la lucha contra la violencia de género en Cuba--, organizaron el Foro Anual “Raza, Género, Cultura y Diversidad”.

En su mas reciente disco, Muñeca Negra, NavyPro habla de las desigualdades sociales, el amor de pareja y el activismo político con temas como “Amor Disidente”, “Arte Independiente” (sobre la libertad de creación en Cuba después del Decreto 349} y “Dictado”.

Este último, dice el cantante en Facebook, habla de "las tensiones políticas en torno al actual contrato social y la necesidad de oxigenar la esfera pública desde la sociedad civil, pero también derribar las barreras políticas en un contexto convulso en el cual desde la diversidad se continúa apostando al cambio”.

Armando Álvarez Bravo y la inconveniencia de la cercanía

Armando Álvarez Bravo,i, y el autor,d, durante una entrevista que este le hiciera al poeta para Radio Martí. Foto Daphne Rosas.

En ocasiones la cercanía impide apreciar las cosas, a las personas, la verdadera dimensión de las cosas y las personas, de las personas y sus obras, la cercanía suele ser mala consejera, por eso en la antigüedad los hombres de poder, los reyes, tomaban distancia de sus súbditos y aún de sus consanguíneos, mirar al rey a la cara era terrible, era tabú, un tabú cuya violación pagaba con la vida el indiscreto y aún el distraído, superado ese tiempo la cercanía empezó a minar, distorsionar las relaciones entre los hombres, rectifico, entre el hombre marcado por la excepcionalidad, del poder o de las musas, dos formas de poder en definitiva, y el resto de los comunes mortales.

Ahora que este 23 de abril arribamos al primer aniversario de la muerte de Armando Álvarez Bravo es que empezaríamos a tener una valoración menos distorsionada por la cercanía del hombre y su obra. Álvarez Bravo fue, es poeta, y un poeta según él mismo dijo alguna vez es un hombre que quiere ser todos los hombres, pero, precisando más, Álvarez Bravo fue, es un poeta coloquial, culto, aristocrático, diáfano, oscuro, reaccionario, pesimista, jubilar y mágico, sobre lo que abunda en su libro Cuaderno de Campo, Ediciones Universal, Miami 2009, y también en una entrevista que una vez me concediera para Radio Martí. En el poema Explicación de dicho libro define, declara:

No hay más a este lado de la eternidad.

Sólo tengo un destino, una misión.

no es otra que asumir esta plenitud

con todos sus peros y todos sus dones.

Lo demás son, como nos enseñó Borges,

unas tiernas imprecisiones.

Portada de Cuaderno de Campo.
Portada de Cuaderno de Campo.

En ese orden definitorio me aseguraba en la mencionada entrevista: La historia militar me fascina desde mi adolescencia y nunca he dejado de estudiarla. Hay una ilustre tradición de poetas y escritores que han sido militares. Un ejemplo al azar: Alfred de Vigny. Al terminar mi bachillerato no seguí la carrera militar, como uno de mis compañeros de estudio, porque no quería tener la menor participación en los institutos armados durante el régimen del general Batista. La toma del poder por el totalitarismo castrista hizo final mi decisión de renunciar a esa carrera. Algunos de los títulos de mis libros de poesía ─Relaciones, Juicio de residencia, Naufragios y comentarios y Cuaderno de campo─ tienen la resonancia de lo militar, sobre todo en lo que concierne a la época de la Conquista. El resto de mi vida no ha dejado de ser una incesante campaña que he sobrellevado y sobrellevo sin el apoyo de las distintas armas. Y sí, sigo creyendo que hubiera sido un buen militar.

No sabríamos si será casualidad pero Armando, que es un nombre de origen germánico, significa duro, valiente, conductor de huestes: el que conduce las huestes al combate. Ese nombre, aseguran, dotaría al portador de una mente de pensamiento impaciente y receptivo, sensitivo y observador, en actividades que requieren de la versatilidad, la novedad y la curiosidad, haciéndolo exitoso en los campos de acción que tocan al sentimiento, al deseo de vivir y al de inquirir, contar sobre lo vivido, destacándose más bien como mente directora que como mano ejecutora, y podría sobresalir en profesiones como vendedor, psicólogo, investigador, detective, militar y escritor.

Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, I conde del Real de Manzanares, XI señor de Mendoza, III señor de Hita y III señor de Buitrago, que además fue gran militar y poeta español del Prerrenacimiento.
Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, I conde del Real de Manzanares, XI señor de Mendoza, III señor de Hita y III señor de Buitrago, que además fue gran militar y poeta español del Prerrenacimiento.

Pero lo cierto es que, eso, esa manera de pararse ante la vida, hace que Armando me recuerde a alguien ya casi olvidado, injustamente por supuesto, me refiero al ibérico del siglo XV Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, poeta y estadista, considerado por el historiador Hugh Thomas como el abuelo de la aristocracia castellana. Eso, esa manera de pararse ante la vida es lo que me ha hecho llamar a Álvarez Bravo como el incorregible incorrecto.

Porque, como decía hace poco a un amigo admirado de la presunta valentía que tuvo el escritor norteamericano Gore Vidal por sus fieros ataques a la Iglesia y a Dios: para ello, querido amigo, en estos tiempos, bajo el espíritu de estos tiempos, no se requiere valentía alguna, incorrección alguna, por esos fieros ataques el señor Vidal no afrontaría ningún riesgo, excepto, claro, el de aumentar desmedidamente sus cuentas bancarias, valentía, incorrección se requiere para pertenecer a la Santa Iglesia Católica, proclamarse siervo de Dios y, sobre todo, para declararse anticastrista, peor, anticomunista, por ello sí se afronta un riesgo real, sobre todo si se es escritor, riesgo por cierto que como lo más natural del mundo, como ha de ser, ha afrontado, afronta Armando Álvarez Bravo.

Pero, nuestro poeta era, es incorrecto dentro de su propia incorrección, y no estaría de acuerdo conmigo en esto, y me refiero a que, como su querido compadre, el escritor José Lezama Lima, no fue, no es precisamente un católico ortodoxo y, más bien, a mi modo de ver, sería una suerte de gnóstico cristiano, inconscientemente quizá, alguien que pretende acercarse a Dios mediante la intuición y el conocimiento, como buen poeta, pero también como buen gnóstico, y me vienen a la mente ahora, allá por los primeros siglos del cristianismo, Simón Mago, Valentín, Basílides, Narcrón, Tertuliano, San Ambrosio, Clemente de Alejandría y Orígenes; pensadores que perciben y manejan en sus escritos la gran paradoja divina de Bien y Mal, de lo numinoso y oscuro como dos brazos del viejo dios Abraxas, Ánima Mundi, laborando en el adelanto del espíritu encerrado, aneblado en la materia. Paradoja que, en el caso de Armando, se maneja si no dentro de la divinidad, al menos sí, seguro, dentro del cosmos configurado, creado por la dicha divinidad. Veamos lo que nos dice en el poema La ética y el color del sombrero, del libro Cuaderno de Campo:

Tengo

Un sobrero blanco

y uno negro

y los alterno

a mi aire.

La selección no me hace

ni bueno ni malo,

aunque quiera,

dependiendo

de cómo vengan

las cosas,

ser lo uno u lo otro

He sido bueno

llevando el sombrero negro

y, sin duda, malo

(quiera Dios que no demasiado)

con el sombrero blanco.

La demonización de ese dualismo magistralmente esbozado en el poema armandiano, estaría probablemente detrás de la gran tragedia de nuestra era. La tragedia de a priori, sin el justo y comedido balance ético, apostar por el dogma de que el fin nunca justifica los medios, pamplinas del buenismo tontorrón, pues la realidad, tan terca y contrarrevolucionaria, se encarga de demostrarnos que Bien es a veces Mal y Mal es a veces Bien. Los antiguos, tan sabios, lo entendían a la perfección. También Santo Tomas de Aquino, el Padre Juan de Mariana y, va de suyo, el poeta Armando Álvarez Bravo.

A nuestro poeta se le ha acusado de pesimista, por este poemario y por otros, bueno se le ha acusado de muchas cosas, pero lo que nombran pesimismo no es más que un canto a la pérdida, a la muerte lenta que es toda vida. Pero también un canto desgarrado al paso del tiempo y, con el tiempo, claro, también la pérdida, el paso del tiempo como pérdida, como resta, como ejercicio eficaz de demolición. Lógico, quiero decir esperado, de un poeta que ha padecido la Historia, la Historia como la máxima de las catástrofes, como la máxima expresión de la modernidad, esa modernidad que hizo exclamar a Reinaldo Arenas recién escapado del mismo paraíso del que un día escapó Armando Álvarez Bravo: nosotros venimos del futuro, la misma modernidad que ha hecho decir a Milan Kundera que la única manera de ser modernos en el presente es ser antimodernos, tres escritores, tres fugitivos de ese parque temático de avanzada, avanzada de tambochas, que es el comunismo: ese subproducto de la modernidad.

Cuaderno de Campo es un libro abarcador de los temas que obsesionaron al poeta durante su existencia, un recuento, legajo notarial de la relación del poeta con su conciencia, con la supraconciencia, con Dios. Un libro donde, deudor de las crónicas de la Conquista, minuciosamente se detalla el adentramiento en la etapa del acabamiento: Es tiempo de tala. Van muriendo los amigos de siempre, cambia tenaz el paisaje y las gentes: hablamos otra lengua y quedamos más solos.

Al inicio decía que en ocasiones la cercanía nos impide apreciar las cosas, a las personas, la verdadera dimensión de las cosas y las personas, de las personas y sus obras. Esa cercanía tal vez haya impedido ver, saber, saborear que estuvimos al lado de un hombre especial, de un gran poeta, de un grande de las letras cubanas. Es momento de despejar, descorrer el velo de brumas de la cercanía y reconocer a este hombre que quiso ser todos los hombres en su verdadera valía, pero, sobre todo, el momento de agradecerle el haber estado durante un tiempo, aquí para todos nosotros. Es bueno reconocerlo ahora que el poeta ha entrado escurriéndose sigiloso, con un puñado de versos apretados en el puño, por la puerta de lo que el mismo ha nombrado como el acabamiento final.

Música y músicos para aliviar las tensiones de la Cuarentena

musica

"Cuando la música te alcanza, no sientes dolor". Esas fueron las palabras de Bob Marley, considerado uno de los grandes pioneros del reggae. Dicho refrán podría ser muy relevante en estos momentos. Numerosas personas alrededor del mundo se encuentran en cuarentena, apartados de sus familias, sus amistades, y sus vidas cotidianas, sin saber cuándo podrán regresar a la normalidad.

Varios artistas cubanos han puesto su granito de arena para aliviar la grave situacion por la que atraviesa el mundo entero, ¡y qué mejor medicina que la música, el verdadero lenguaje universal! Ya que las luces se han apagado en las salas de conciertos, con el fin de controlar la propagación del Coronavirus, estas grandes estrellas han acudido a las redes sociales para distraer y alegrar a todos sus fanáticos.

Si hay un pueblo que bien sabe convertir cielos grises en azules, es el pueblo cubano. Quizás por el calor que llevan en su sangre, o por el ritmo de sus melodías en el alma, estos oriundos de la Mayor de las Antillas son expertos en hacer algo de nada.

Acuñado como “el pianista más dotado del planeta”, Gonzalo Rubalcaba se unió al gran cantautor español Alejandro Sanz y al maestro colombiano Juanes, para deleitar a los cibernautas con su inigualable talent dando vida a las teclas de su piano. Juntos con otros músicos, este premiado maestro del jazz, formó parte de un concierto de más de una hora a través de YouTube, denominado LaGiraSeQuedaEnCasa.

Así fue como Sanz presentó al gran pianista cubano: “Estos son unos monstruos…este (Rubalcaba) cuando empiece a tocar el piano ya van a ver…solo una pequeña introducción para ver lo que viene”.

Como otros incontables artistas, Sanz tuvo que posponer su gira, debido a la propagación mundial del Coronavirus. Dicha improvisación llegó a las pantallas de millones de fanáticos, que se unieron cantando populares temas como son: Corazón partío, Señorita, y A Dios le pido, entre otros, mediante un evento de “live streaming” recientemente desde Miami.

“Como ya sabemos que se han suspendido todos los conciertos, se han suspendido todos los eventos deportivos, absolutamente, pues queríamos acompañaros de alguna manera y poner nuestro granito de arena para que sea más llevadero ese tiempo en casa”, recalcó el cantautor español. Esta descarga – que lleva menos de una semana en YouTube - ya cuenta con casi 1,800,000 vistas.

Por su parte, Chucho Valdés brindó su primer concierto en vivo mediante las redes sociales, recientemente desde su casa, en España. El premiado pianista dedicó una presentación de 20 minutos a sus seguidores y así se unió a otros músicos que han encontrado una audiencia global a través del mundo cibernético.

“Se me ocurre, gracias a la tecnología, pues podemos hacer un minirecital que les voy a dedicar a ustedes, modestamente, con mucho cariño y con mucho amor y siempre con la esperanza que todo se va a normalizar con la conexión de la música”, expresó el maestro a través de su página de Facebook.

Sus fanáticos se mostraron entusiasmados ante este show improvisado. Cecilio Curubeto Guerrero declaró: “Gracias por su música, por esta oportunidad, y por esta gran idea que ha tenido. Gracias por la humildad que solo los grandes tienen y por compartir su música. Dios lo bendiga”. En solo unos días, Valdés cuenta con casi de 240,000 vistas.

Pero los famosos no son los únicos que han dicho presente a esta muestra de buena voluntad. Dos cubanas – que residen en Europa – salieron a sus balcones a brindar un toque de alegría con sus vecinos.

Micrófono en mano, Rafaela de la Caridad Santana Rodríguez, conocida como Cachita, compartió su talento desde su terraza en Bilbao, España. Con bandera cubana y un sonido inconfundiblemente criollo, la artista animó a los residentes de su vecindario con su versión de Que suenen los tambores. Cachita se unió a la campaña #QuédateEnCasa, que busca generar conciencia y responsabilidad en las personas ante la pandemia de Coronavirus.

La cienfueguera declaró a CiberCuba que su actuación también está dedicada a los cubanos de la Isla. Añadió que no está de acuerdo con la falta de medidas por parte del gobierno para frenar la propagación del virus en Cuba.

"Principalmente me paré en la terraza de casa a cantar en apoyo a Cuba y de lo que está pasando ahora mismo ahí. Estoy en desacuerdo con que no cierren los aeropuertos", afirmó.

En Italia, la cubana Diana Rosa Cárdenas Alfonso conmovió tanto a sus vecinos, así como a un sin número de cibernautas con su impresionante interpretación de Cecilia Valdés.

También bajo cuarentena, esta joven, que estudió en el Conservatorio Amadeo Roldán, disfrutó de esta ejecución y compartió su luz con aquellos que a sus alrededores, viven una pesadilla que parece no tener fin.

Mientras tanto, en Los Angeles, el reconocido Deejay Warapo ofreció un programa en vivo de música cubana, por espacio de más de dos horas. El joven cubanoamericano puso a todo el mundo de pie, con populares temas de múltiples artístas cubanos. Sus seguidores hasta se animaron y enviaron videos propios de ellos bailando aquella música que sin duda, transporta a la gente lejos de las cuatro paredes en que se encuentran.

En fin, como dijo el filósofo oriental, Lao Tzu, "La música en el alma puede ser escuchada por el universo".

Fallece en La Habana a los 73 años el dibujante y cineasta Juan Padrón

Juan Padrón, en una foto publicada en Facebook por su hijo Ian Padrón.

Al cabo de 20 días luchando contra una enfermedad respiratoria en la sala de terapia intensiva de un hospital habanero, falleció a los 73 años el gran dibujante y cineasta cubano Juan Padrón, creador de las historietas y las películas de dibujos animados de Elpidio Valdés, Vampiros en La Habana, Filminutos y Quinoscopios, entre otros.

Su hijo, el cineasta Ian Padrón, dio a conocer la noticia en su cuenta de Facebook.

“Nuestro amado padre Juan Padrón acaba de pasar a la posteridad a las 5:20 am de hoy día 24 de marzo de 2020”, dice la nota. “El último mambí batalló durante 20 días y se va lleno de amor y tranquilidad. (…) Te recordaremos siempre como el ser humano más simpático, humilde y genial que conoceremos en nuestras vidas. Gracias por Elpidio Valdés, por los Vampiros en La Habana y por sobre todo ser un padre y esposo tan noble y amoroso”.

Y cierra con la frase “!Hasta la vista, compay!”, la típica despedida de Elpidio Valdés en los dibujos animados. El miércoles de la semana pasada ya Ian Padrón había asegurado que el motivo del ingreso de su padre no era el coronavirus.

“Mi familia me pide que explique que todas las pruebas a virus han dado negativas”, escribió entonces. “Que nadie considera que sea coronavirus. Gracias por los miles de mensajes de aliento y salud”. También lo había descartado en otro mensaje la hija de Juan Padrón, Silvia Padrón.

El dibujante y animador Mario García-Montes, que entre 1973 y 1994 trabajó con Juan Padrón en mas de 20 películas –entre cortos y largometrajes— y dirigió con él La Fiesta de los Hongos (1990), le dijo a Radio Televisión Martí que todavía esta aturdido con la noticia.

“Hoy es un día muy triste”, escribió García-Montes en su cuenta de Facebook. “Padrón era un tipo muy especial: muy ingenioso, excelente cuentista, investigador histórico, excelente dibujante e historietista, muy buen Director de Cine y un excelente pero excelente dialoguista (las frases del largometraje Vampiros en La Habana son tan o más populares que la película). Pero sobre todas esas cosas, como si fuera poco, un gran tipo y un buen amigo”.

García-Montes, que tuvo a su cargo la animación de “los vampiros americanos, la célula revolucionaria y Pepito [el protagonista] y la novia” en ese filme, se refiere a diálogos que poco a poco pasaron a formar parte de la jerga callejera y de la cultura popular cubana. A raíz de su estreno, el humorista Héctor Zumbado calificó Vampiros en La Habana de obra maestra.

Pero el legado de Padrón en la vida de tantos y tantos cubanos empieza con el personaje del ingenioso mambí.

“Hay muchos episodios de Elpidio Valdés que me sé casi de memoria. Y como yo, una parte importante de quienes tuvimos la dicha de crecer mirando a ese marrrdito de Errrpidio Valdés”, escribió en Facebook la periodista Mónica Baró.

"Este episodio, Elpidio Valdés contra el tren militar, me mata de risa cada vez que lo veo. Aquí hay frases tan épicas en el imaginario popular como: “caaaalma Pepe”; “eso me suena, me suena...”; “no puedo más, los caballos están desmoralizados”; “aquí dice: fusilen al gordo en cuanto entregue el mensaje”; “mentiroso, me engañaste”; “solo queda una solución: rendirnos... imbécil!”; “nos hemos salvao... victoria!”, escribe Baró.

“Frases que, entre tantas otras --como “abrid paso, que traigo una velita”, o “tócate María Silvia”, o “a ti qué te duele pelirroja... a mí na, estoy traduciendo”, o “vaya y domine ese rifle”, o “no os dejéis provocar, tratad de dormir!”, o “adelante mis leones hispanos”, o “mambises: bestias, no tiréis con ventanas!”, o qué paízzz”, o “yaaa chico”-- han formado parte de mis conversaciones con las personas con quienes comparto esos referentes”, añade la periodista.

En 1985, Padrón convenció al legendario caricaturista argentino Joaquín Lavado (Quino), autor de Mafalda, para llevar al cine algunas de sus historietas. De allí salieron los Quinoscopios, también producidos por el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC).

Juan Manuel Padrón Blanco nació el 29 de enero de 1947 en el Central Carolina, en la provincia de Matanzas. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, empezó a trabajar como dibujante en la revista Mella, como animador en el entonces Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) y luego en El Sable, el suplemento humorístico del diario Juventud Rebelde que antecedió a Dedeté.

El personaje de Elpidio Valdés apareció por primera vez en 1970 en la revista infantil Pionero. El creador diría después que fue apasionándose tanto con Elpidio que dejó a un lado el que entonces era posiblemente su personaje más conocido: el samurái Kashibashi.

De acuerdo con la revista digital OnCuba, Padrón trabajaba ahora como asesor del Departamento de Animación del ICAIC y, con su hija Silvia, en el proyecto de creación del centro cultural La Manigua en Paseo y la calle 35, en La Habana.

Cosas de genios. Hoy murieron dos grandes: Albert (Astérix y Obélix) Uderzo y Juan (Elpidio y María Silvia) Padrón. Grandes, descansen y gracias”, escribió en Facebook el caricaturista cubano residente en Chile Alen Lauzán. “PD: Vampiros en La Habana, de Juan Padrón, sigue siendo mi película favorita”.

Lo que no saben muchos de sus admiradores es que Padroncito, como le llamaban sus amigos, hacía incontables voces en sus animados. En este video que publica en Facebook el realizador de televisión Alberto Ortiz de Zárate se le ve en el estudio de sonido del ICAIC con un actor mientras graban las voces para una escena de Vampiros en La Habana.

Cargar más

XS
SM
MD
LG