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Arte y Cultura

Sé, por un instante, José Martí

Carmen Dauset Moreno en Nueva York (1894)
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Carmen Dauset Moreno en Nueva York (1894).

El autor invita a ver bailar a una artista a quien el escritor cubano aplaudió en 1890.

Esto no es un artículo sino un pretexto para compartir el cortometraje de menos de un minuto de duración que lo acompaña, filmado en 1894 por William Heise, en Nueva York, para la compañía de Thomas Alva Edison, el gran inventor norteamericano. El cine vestía pañales y las imágenes en movimiento deslumbraban al más indolente.

"La Carmencita", obra del gran retratista norteamericano John Singer Sargent (1856-1925).
"La Carmencita", obra del gran retratista norteamericano John Singer Sargent (1856-1925).

El valor del corto radica, según los historiadores del cinematógrafo, en mostrar a la primera mujer que actuó ante una cámara del célebre inventor y, quizás a la primera, también, en protagonizar una película en Estados Unidos. El escritor e investigador cubano Carlos Ripoll discrepa: El valor del corto radica en situar ante sus compatriotas a una de las bailarinas que José Martí vio y celebró públicamente en Nueva York, y en mostrarla ejecutando un fragmento de la misma rutina que Martí pudo verla ejecutar en 1890.

La labor desarrollada por Ripoll en torno a la vida y la obra de José Martí no ha culminado: Lo hará el día que una editorial cubana recoja en varios tomos el resultado de esa labor minuciosa y diversa que el autor publicó en libros y folletos que no siempre alcanzaron las librerías: Ripoll costeaba cada una de sus ediciones con dinero de su peculio y, asimismo, distribuía el número de ejemplares que ese peculio le permitía.

Algunos folletos acababan reunidos en libros; otros, no, y jamás estuvieron a la venta: Sus ejemplares eran enviados personalmente a un grupo de amigos al que sabía pendiente de su trabajo, capaz de disfrutarlo y hallar en él razones para iniciar nuevas pesquisas o difundir, más allá de las posibilidades del investigador, sus hallazgos.

De la diversidad de su legado dan cuenta los títulos de algunos de esos folletos: Enfermedades y médicos de José Martí incluye descripciones de los padecimientos del poeta y fotografías de los galenos en cuestión; José Martí: viaje y domicilios secretos ofrece una lista de direcciones neoyorquinas a las que éste tuvo que acogerse para eludir a los espías contratados por España; La niña de Guatemala no murió de amor demuestra cómo la leyenda de aquel romance (la niña tenía 17 años; Martí, 24) echó alas a partir de la publicación del poema de Martí, como si sus estrofas representaran una fuente de datos más fidedigna que la documentación que ponía al descubierto la historia verdadera. La gente, como bien señala Ripoll, prefirió la versión del poeta y, a partir de ella, como si lejos de tratarse de un poema se tratara de una narración puntual de los hechos, reelaboró el flirteo.

"Carmencita", en otro retrato pintado por John Singer Sargent.
"Carmencita", en otro retrato pintado por John Singer Sargent.

Entre los folletos que no tuvieron carácter venal se encuentra "Martí y las bailarinas de España", donde Ripoll examina la relación de Martí con el baile y reseña su admiración por tres artistas específicas: Antonia, una gitana a quien vio bailar en Madrid en 1880; Agustina Otero o "la bella Otero", musa del poema X de Versos sencillos, a quien admiró una década después, en Nueva York, y Carmen Dauset Moreno o Carmencita, a quien vio bailar a principios de aquel año (1890) en esa misma ciudad y a quien puede verse bailar en este cortometraje filmado cuatro años después. Que la rutina filmada es la misma que reseñó Martí lo sugieren los biógrafos de la artista y los historiadores del cine: In the film she is recorded going through a routine she had been performing at Koster and Bial's Music Hall in New York City since February 1890.

Aunque fue "la bella Otero", y no Carmencita, quien inspiró el famoso poema de Versos sencillos, Blanca Baralt, amiga de Martí, anotó a partir de la primera: Aunque nada despreciable, su arte era inferior en la técnica y en la gracia a la célebre bailarina andaluza Carmencita, que había arrebatado al público en general y a Martí en particular algún tiempo antes.

El folleto de Ripoll recoge los comentarios entusiastas que Martí dedicó a Carmen Dauset Moreno y subraya cómo, en más de un momento, esos comentarios recuerdan el poema que más tarde inspiraría el recuerdo de "la bella Otero", como si ambas artistas se fundieran en una sola. Martí describe a Carmencita con un jazmín al pelo, guiñando, revoloteando, taconeando, ofreciéndose y hurtando el cuerpo, jugando con la penumbra y la luz, y apunta: El teatro, ávido, aplaude, las mujeres se muerden los labios, los hombres se echan sobre el espaldar del vecino... Terminada la actuación, la describirá sentada a una mesa bromeando y lamentando que no la entiendan cuando baila triste, que sólo la alegría entusiasme a los espectadores, y luego, regresando a su casa, por las aceras de Nueva York, arrebujada en una manta roja, con los ojos como ascuas, y la nariz de muerta, y el talle abierto, para poderse palpar, del lado izquierdo, "el bulto por donde, de las puras contorsiones, se le está saliendo el corazón".

Lector, si algo de lo que aquí se cuenta te ha interesado, agradécelo a Carlos Ripoll. Nada he hecho que no sea escoger una mínima porción de su obra y trasladarla a un ámbito menos restringido que la página de uno de sus folletos. Tanto le entusiasmó la posibilidad de compartir su hallazgo fílmico, de que sus lectores vieran lo que vio Martí, que incluyó al final del folleto las instrucciones para que los internautas menos duchos tuvieran acceso fácil al cortometraje de Edison; fueran, por un instante, Martí.


Nota: Hay nombres propios que parecen empeñados en perseguir a algunas personas, como si buscaran algo que éstas rehúsan concederles y esa renuencia los forzara a adoptar más de un rostro. Carmen Zayas Bazán se llamó la esposa de Martí; Carmen Miyares de Mantilla, la mujer que lo acogió en su casa de huéspedes y acompañó en sus años más difíciles; Carmen Dauset Moreno, la bailarina española que más admiró. De las primeras sólo se conservan fotos sobre las que el tiempo se ensaña; de la última, esas imágenes vivas, prueba de que no hay antídoto más eficaz contra la enfermedad del tiempo que el arte.

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Rescatan colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en EEUU

Fragmento del manual sobre telenovelas de la colección de la Biblioteca Latinoamericana de Tulane. Tomado de digitallibrary.tulane.edu.

La Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, en la ciudad de Nueva Orleans, atesora en formato digital una importante colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en Estados Unidos.

La Colección de Radionovelas Cubanoamericanas Louis J. Boeri y Minín Bujones Boeri abarca producciones creadas entre 1963 y 1970 en un estudio ubicado en el emblemático edificio miamense "Freedom Tower" y el manual ¿Qué es y cómo se produce una Radionovela?, ahora en formato PDF.

La mayoría son novelas radiales pero también incluye comedias, programas de consejos y autoayuda, dramas bíblicos, misterios, historias de espías, y espectáculos de variedades.

Entre los títulos disponibles en formato digital están “Amarga espera”, “Carmiña”, “El Camino infinito”, “El látigo blanco”, “La hora del Misterio”, "La hora trece" y “Se soltó el loco con Pototo”.

La productora America's Productions, Inc. (API) logró colocar sus programas en emisoras del gobierno estadounidense, en cientos de estaciones de América Latina y España, y en emisoras en español en EEUU, informa la biblioteca.

Para el centro de estudios, la colección representa "un recurso único para el estudio de la historia de los nexos políticos, culturales y comerciales entre Estados Unidos y Cuba a través de la radiodifusión pública durante de un momento crítico del siglo XX."

[Con información de la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane]

20 de Mayo de 1902: avances del descalabro

La bandera cubana el 20 de mayo de 1902.

El autor rescata y comenta algunos incidentes callejeros que tuvieron lugar ese día en La Habana.

A Lesbia de Varona, bibliotecaria ejemplar

Nada para un cubano exiliado, amante de las cosas de su país, como una visita al Archivo Cubano de la Biblioteca de la Universidad de Miami, donde entre documentos, libros y colecciones de periódicos y revistas publicados en la isla a lo largo de los siglos XIX y XX, el visitante acaba por sentirse no sólo contemporáneo de todos los suyos --José María Heredia, Félix Varela, José Martí y otros incluidos-- sino repatriado.

Hay papeles que huelen a Cuba y un polvillo que se levanta de ellos y se adhiere a las yemas de los dedos al punto de confundirse con la piel, ávido de mezclarse con el nuestro que, aunque no lo advirtamos, también se adhiere a las publicaciones. Hay tintas que parecen haber goteado de la noche de la isla y páginas que al ser hojeadas susurran algo y exhiben manchas idénticas a las que cubren las manos de nuestras ancianas.

“La Habana en el primer día de la independencia”, un artículo publicado por Vicente del Olmo en un número de la revista “Carteles” correspondiente a mayo de 1952 y preservado en el Archivo Cuba de esa biblioteca, no sólo ofrece una idea exacta de los hechos que tuvieron lugar cincuenta años atrás sino del espíritu de celebración callejera que embargó al país, espíritu que algunos cubanos posteriores, con agenda propia e intereses ambiguos, borrachos de consideraciones extemporáneas, han pretendido y logrado emborronar.

Vicente del Olmo describe el ritual del cambio de poderes, la multitud jubilosa, las decoraciones azules, blancas y rojas, los arcos triunfales que se levantaron en diversas calles, los discursos, el momento en que el general Leonardo Wood y sus tropas abandonaron Cuba, los fuegos artificiales y el banquete ofrecido a Tomás Estrada Palma en el Teatro Nacional. Condénese lo que hay que condenar, pero no se amargue demasiado la fiesta:

A las 12 y 8 minutos, saludada por salvas de artillería y enormes aclamaciones del público estacionado en la Plaza de Armas, en el asta del Palacio Presidencial izose la bandera cubana. Las fuerzas norteamericanas y cubanas, tocando himnos, presentaron sus armas. Los generales Máximo Gómez, el caudillo de la Revolución, y Leonardo Wood, jefe de las fuerzas de ocupación –la intervención militar duró desde 1899 a 1902— después de arriado el pabellón de las estrellas del Norte, levantaron al aire la gloriosa enseña nacional de Cuba. El estampido del cañón, las bandas de música, las patrióticas aclamaciones del pueblo y las campanas de los templos que se echaron al vuelo, uniéronse en el saludo. La emoción patriótica hacía presa en todas las almas.

En medio de ese panorama exaltado, Vicente del Olmo registra un par de incidentes que 117 años después, a pesar del drama que supone el primero de ellos, invitan a esbozar una sonrisa y, si se les presta mayor atención, a meditar.

El cronista recuerda que el primer “20 de Mayo” tuvo lugar un crimen en la Plaza del Polvorín y describe el motivo: el guardia Urbano Collazo Hernández, al suspender un baile, fue asesinado por uno de los adoradores de Terpsicore... Si matar a un hombre por la razón expuesta es una barbaridad, la existencia en La Habana de un supuesto devoto de la musa griega del canto coral y la danza no sorprende menos. ¿Cómo puede reconciliarse la significación de los hechos que tenían lugar ese día con la furia de ese bailador y la evocación, en la prensa capitalina de mediados del siglo XX, de una hija de Apolo?

Nada hay que reconciliar: el disparate es consustancial a Cuba desde sus albores como nación. Quien lo dude debe buscar las décimas de Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846) escritas, según título y subtítulo, Con motivo de cierta reunión de sujetos de buen humor el día 1 de enero de 1811 (mes y día no deben pasarse por alto). Transcribo la primera de ellas:

Yo vi por mis propios ojos
(Dicen muchos en confianza)
En una escuela de danza
Bailar por alto los cojos.
Hubo ciegos con anteojos
Que saltaban sobre zancos.
Y sentados en los bancos
Para dar más lucimiento
Tocaban los instrumentos
Los tullidos y los mancos.

Vicente del Olmo da fe de otro hecho curioso: la caída desde un árbol que sufrió José Pazo y Álvarez, en el Parque Central, al entusiasmarse y aplaudir, perdiendo el equilibrio por la falta de apoyo, a la bandera cubana que pasaba. El teatro español abunda en personajes cuya caída del caballo presagia lo peor: el predominio de las pasiones sobre la razón, la perdición del jinete. La mitología griega y la Biblia advierten sobre la fatalidad de caer. No puedo leer la noticia del suceso sin adivinar en el percance del patriota entusiasta un augurio del descalabro que sufriría la República.

Entre las muchas actividades que tuvieron lugar aquel día destaco una función gratuita ofrecida por el Circo Pubillones para los vecinos más humildes de La Habana. Un afiche de la compañía muestra a una joven domadora, armada de látigo, entre seis leones. Ni un elefante, un chimpancé, un caballo, un perro, animales inofensivos; ni siquiera un payaso o acróbata: cinco fieras que rugen, muestran los colmillos, y una sexta que además de secundarlas salta impetuosa a través de un aro de fuego. Mirándolas fijamente me ha parecido verlas encarnar las seis provincias en que estuvo dividida la isla desde 1878 hasta 1976, y ver en la joven domadora inexperta, una representación de la República misma poco antes de ser devorada.

¿Fue Kandinsky el pionero del arte abstracto?

Obra de la pintora sueca, Hilma af Klint. Foto VBermúdez

Hasta ahora, todos los tratados, manuales y libros de Historia del Arte han reseñado e impartido en las universidades que la primera pintura abstracta la realizó el artista plástico ruso Vasili Kandinsky en 1911.

Kandinsky, además, escribió libros como “De lo Espiritual en el Arte”, y “Punto y Línea Sobre el Plano”, en los que explicaba sus teorías sobre su informalismo, donde la figura antropomórfica había desaparecido de sus cuadros.

A partir de esa fecha, el abstraccionismo se convirtió en una tendencia muy en boga en la pintura que ha llegado hasta nuestros días, convirtiéndose en la modalidad central que desarrollaron a lo largo de su vida artistas como Piet Mondrián, Kasimir Malevich, Jackson Pollock y De Kooning, por mencionar sólo a unos pocos.

Pero ahora el conocimiento de que corresponde a Kandinsky la primera obra abstracta, va a cambiar. El Guggenheim de New York acaba de presentar una exposición de la pintora sueca, Hilma af Klint, que presenta obras de esta artista que en 1906, cinco años antes de la acuarela de Kandinski, ya trabajaba la abstracción.

Las pinturas de Klint estuvieron guardadas hasta 1986, veinte años después de su muerte, porque ella consideraba que su época no estaba preparada para el arte abstracto.

Por último, hay que destacar que Klint nunca participó en exposiciones ni movimientos artísticos.

"Dos espías en Caracas", una novela sobre la ocupación cubana en Venezuela

Fidel Castro recibió a Chávez en el Aeropuerto Internacional José Martí el 13 de diciembre de 1994.

El escritor y periodista venezolano Moisés Naím se ha liberado del "yugo de la no ficción" para revelar en una novela cómo Hugo Chávez construyó el Socialismo del siglo XXI "bajo la tutoría, la guía y el control del régimen de La Habana".

"Dos espías en Caracas", que saldrá a la venta en Estados Unidos el próximo 21 de mayo, tiene como protagonistas a Eva, agente de la CIA, y Mauricio, agente de la inteligencia cubana, que viven su amor en medio de las intrigas, crisis y constantes cambios que se suceden a la par que avanza la revolución de Chávez en Venezuela.

Naím, de 66 años, señala en una entrevista con Efe que la novela es producto de la "frustración" por no poder comprobar cosas que sabía que estaban sucediendo en Venezuela y que, por tanto, se le quedaban en el tintero de sus artículos, columnas y programas de televisión.

"Decidí que me iba a liberar del yugo de la no ficción y que iba a contarlo como una novela", explica por teléfono este periodista galardonado con el Premio Ortega y Gasset y tres Premios a la Excelencia de la Sociedad Americana de Editores de Revistas.

Naím lleva más de veinte años viviendo fuera de Venezuela, aunque ha seguido investigando, analizando e informando fehacientemente sobre una realidad que es el sustento de su primera pero no última novela, pues, según dice, ya va "por el quinto capítulo" de la próxima, que "no tiene nada que ver con Venezuela".

Era ministro de Fomento de Carlos Andrés Pérez cuando el 4 de febrero de 1992 un grupo de militares, entre ellos el teniente coronel Hugo Chávez Frías, intentó apoderarse del poder, un episodio con el que comienza "Dos espías en Caracas", que finaliza con la muerte de Chávez en 2013.

Según dice, fue uno de los primeros en avisar de la "ocupación de Cuba en Venezuela, una ocupación furtiva, clandestina y secreta, pero determinante", que no se puede negar "porque sería como pretender tapar la luna con un dedo".

Aunque alentó a sus colegas periodistas, corresponsales extranjeros y académicos a investigar cómo "el gobierno de otro país había tomado el control", todos los intentos fracasaban, porque era una ocupación "invisible", porque "por definición era secreta".

"Mi liberación fue decir, bueno, voy a escribirlo como si fuera una ficción, aunque yo creo que realmente ocurrió en la realidad", subraya este ensayista, escritor y periodista, que ha publicado previamente una decena de libros de no ficción.

Naím se preocupó de que "Dos espías en Caracas" fuera una novela por más que estuviera sustentada en la realidad y que en la trama aparecieran personajes reales con nombres y apellidos verdaderos.

No quería hacer un tratado académico ni un texto didáctico o pedagógico. Tampoco un manifiesto. Lo que quería era crear una obra de ficción "accesible, interesante y divertida para una gran audiencia", subraya.

"La intención" es dar a conocer lo que sucedió en mi país a través de una historia divertida de leer", en la que se "entremezcla la gran Historia con la pequeña historia", dice en respuesta a una pregunta de Efe.

Eva y Mauricio son personajes de ficción, pero hay otros de los que intervienen en la historia que son composiciones de distintos personajes reales que Moisés Naím conoció o de los que supo por su trabajo periodístico.

No hay nada autobiográfico en "Dos espías en Caracas", dice y al respecto precisa que le hubiera parecido "muy narcisista" insertarse en una "historia tan importante" por el hecho de que él fuera parte del Gobierno venezolano en la época en que arranca la trama.

Naim se muestra reacio a hablar de la situación actual de Venezuela, pero sí es claro en señalar que la "tragedia" actual fue "creada y sembrada" durante la Presidencia de Chávez.

Nicolás Maduro, el presidente a quien no reconocen como tal más de medio centenar de gobiernos, el de Estados Unidos incluido, los cuales apoyan a Juan Guaidó, titular de la Asamblea Nacional, no ha "alterado de manera significativa las políticas que Chávez impuso en Venezuela, ni la forma de hacer política, ni las relaciones internacionales".

Lo que sí ha cambiado es que Maduro es "menos talentoso y carismático" que Chávez, y "más importante" aún, "no tiene su misma chequera".

Chávez tenía "una infinita cantidad de dinero", producto de la venta de petróleo a precios elevados, y del "endeudamiento del país", pues pese a esa abundancia, "pedía prestado".

Naím, que presentará "Dos espías en Caracas" el 21 de mayo en una
librería de Miami, anunció que en octubre saldrá la edición en inglés y ya se han vendido los derechos para la traducción a otros idiomas.

En América Latina y España ha tenido la "gratísima sorpresa" de que la novela está teniendo éxito, dice el escritor, al que le encantaría que llegara a su país, pero la situación económica no lo hace posible.

“Aquí lo que hay es que irse”, una novela sobre el síndrome cubano de la estampida

Un cubano en el Malecón observa la llegada de un buque español a la Bahía de La Habana.

La escritora Verónica Vega, quien estrenó este sábado el libro “Aquí lo que hay es que irse” (Neo Club Ediciones) en el Café Demetrio de Miami, conversó con nuestros oyentes sobre el significado de la frase que da título a su primera novela.

Invitada al programa de Radio Martí “Entre Nosotros”, conducido por el escritor Orlando González Esteva, la autora comentó sus impresiones del exilio cubano de Miami, ciudad que visita por primera vez, el desarraigo de los cubanos y lo que ella denomina el síndrome de la estampida.

“Me siento como parte del síndrome de la estampida que existe en Cuba, lamentablemente. Uno vive en Cuba tratando de fundar algo y estás como fundado algo y todo el tiempo ves cómo se deshace. Es un trabajo que nunca termina y es la lucha contra la desesperanza”, dijo en su entrevista con González Esteva.

Sobre el título de su primera novela, la escritora residente en la isla explicó la dureza de vivir en Cuba, un país donde “todo el mundo te maltrata” y los cubanos se sienten como intrusos o extraños y a la misma vez sienten un profundo amor por su tierra.

La autora reflexiona sobre la frase “Aquí lo que hay es que irse”, unas palabras, que a su juicio están cargadas de dolor porque una vez que los cubanos abandonan la isla, mantienen una “relación dolorosa y entrañable” con Cuba, que los mantiene atados por un cordón umbilical.

“Es un sentimiento que arrastras a donde quiera que vayas”, dijo.

Vega es parte del grupo de artistas que ha protestado contra el Decreto 349, por considerarlo como una herramienta para ejercer la censura.

Hoy dice que vive como muchos cubanos en un “insilio” donde no pertenece a nada y no tiene ningún vínculo con el Estado.

“Fui parte del proyecto Omni Zona Franca y del Festival Poesía sin Fin y había instituciones que, aunque con cierta suspicacia, podían ayudarnos.Ahora no pasa así. Y todo lo tenemos que hacer desde nuestras casas, con el Decreto 349 ni siquiera puede hacerse desde la casa”, apuntó.

Nacida en La Habana en 1965 y con un padre que emigró a Estados Unidos en 1968, la autora cuenta que vivió el dolor de la separación familiar y la frustración de no poder abandonar el país en 1980, cuando con el éxodo del Mariel su familia se quedó esperando un barco que nunca llegó.

“Siempre viví con la idea de que íbamos a vivir en Estados Unidos”.

Vega ha transitado por varias manifestaciones artísticas como el teatro, la pintura y finalmente la literatura donde ha publicado libros de cuentos, de literatura infantil y tiene dos novelas en progreso. Es colaboradora de sitios digitales como Havana Times y Diario de Cuba.

[A partir del Programa Entre Nosotros, conducido por Orlando González Esteva]

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