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Opiniones

Régimen cubano: un Estado peligroso

Una patrulla de la policía política vigila la sede de las Damas de Blanco. (Archivo)

PUERTO PADRE, Las Tunas - Sucedió el 14 de mayo de 2002. Fue en presencia de Fidel Castro y de un variopinto auditorio en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Comenzando su discurso en español, y, llegado al punto de la falta de democracia en Cuba, el expresidente Jimmy Carter dijo:

“Su Constitución reconoce la libertad de expresión y de asociación, pero otras leyes niegan estas libertades a aquellos que están en desacuerdo con el gobierno”.

Y, antes de cumplirse un año del visitante amigo pronunciar esas palabras, torpe y brutal, el régimen castrista mostraba la certeza de lo dicho por Jimmy Carter, enviando a la cárcel a 74 hombres y a una mujer en marzo de 2003.

El artículo 53 de la Constitución castrista de 1976, como también ahora los artículos 54 y 55 de la Constitución de 2019, reconocen a los cubanos libertad de “palabra y prensa” así como “libertad de pensamiento, conciencia y expresión”.

Pero esos postulados del constitucionalismo castrista, agarrados por una coletilla, “conforme a los fines de la sociedad socialista”, están viciados de origen, su nulidad es imprescriptible, siempre impugnable; inmoviliza derechos nacidos con el ser humano, no otorgados; el precepto universal es que, “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948 expresa: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Para orgullo de nuestra nación, ocho años antes de las naciones civilizadas del mundo rubricar ese concepto de derecho universal, el artículo 33 de la Constitución de 1940 ya reconocía a los cubanos esos derechos expresando:

“Toda persona podrá, sin sujeción a censura previa, emitir libremente su pensamiento de palabra, por escrito o por cualquier otro medio gráfico u oral de expresión, utilizando para ello cualesquiera o todos los procedimientos de difusión disponibles”.

Tales derechos sólo eran punibles, mediante resolución fundada por autoridad judicial competente, cuando atentaran contra la honra de las personas, el orden social o la paz pública.

Y dejaba claro el último párrafo del artículo 33 de la Constitución de 1940 que, “no se podrá ocupar ni impedir el uso y disfrute de los locales, equipos, o instrumentos que utilice el órgano de publicidad de que se trate, salvo por responsabilidad civil”.

Quiere decir esto que, salvo por daños y perjuicios a resarcir, la propiedad de los medios de difusión era intocable.

¡Cuánta diferencia con los robos y expropiaciones que hoy día vemos cometidos en Cuba contra comunicadores y activistas opositores al castrismo!

¡Y, qué diferencia con los abusos cometidos ahora mismo contra periodistas y medios de prensa en países latinoamericanos cuyos regímenes fueron construidos por el castrismo!

En Cuba hubo censura en los años 30 durante la dictadura del general Gerardo Machado, y luego en los años 50 en la dictadura del general Fulgencio Batista, pero nunca, en Cuba hubo la censura y la autocensura que ya se prolonga por más de medio siglo, criminalizando no sólo la libertad de prensa, sino también, la libre expresión toda, toda voz discordante del coro castrista.

Cabría preguntarse, cuándo, cómo, en qué momento, los cubanos perdieron sus derechos, abrogándoselos de un tirón el castrismo.

En La Habana, el 30 de junio de 1961, en el último de tres encuentros de fines de semana sostenidos por Fidel Castro con escritores y artistas en la Biblioteca Nacional, el entonces primer ministro, dirigiéndose a su auditorio preguntó:

“¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios?”

Y, respondiendo a los presentes, Fidel Castró dijo: “Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho. Y esto no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos. Es un principio fundamental de la Revolución”.

Parecería, y a ello han contribuido quienes han citado de forma fragmentada y sin análisis previo las llamadas Palabras a los intelectuales, que fueron aquellas una advertencia gremial.

Pero Fidel Castro, erigiéndose en poder constituyente, en referéndum constitucional y en Constitución él mismo, aquel día de junio de 1961 y hasta hoy día, implantó, de hecho, la segregación que este 24 de febrero el castrismo pretende que los cubanos legitimen de derecho: “contra la Revolución ningún derecho”, y esto no es “ley de excepción” para artistas y escritores, este es un principio “para todos los ciudadanos”.

Este artículo que el lector tiene a la vista, escrito sin intervenir remuneración económica y sin más interés que el bien público, como está publicado en un órgano de prensa del gobierno de los Estados Unidos, según el artículo 91 del Código Penal cubano, el autor incurre en delito de “Actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado”.

Según el legislador castrista un texto así va contra “la independencia del Estado cubano”, y, en consecuencia, si el autor es acusado por este “delito”, puede esperar una sanción de “privación de libertad de diez a veinte años o muerte”.

En marzo de 2003, algo así como una docena de cubanos fueron sancionados con prolongadas condenas de cárcel por “infringir” el artículo 91 del Código Penal que, por cierto, no es la única herramienta de las que tiene a mano el régimen castrista para amordazar a sus opositores y al pueblo todo.

Quien “incite contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista mediante la propaganda oral o escrita o en cualquier otra forma”, según el artículo 103 del Código Penal, incurre en delito de “Propaganda enemiga”, por el que se sanciona de “uno a ocho años” de cárcel.

Como si no fueran suficientes esas y otras muchas figuras “delictivas” y “predelictivas” previstas en el Código Penal, entre las que sobresalen la llamada “difusión de noticias falsas”, “desacato”, “resistencia” y “atentado”, cualquier persona, por el sólo hecho de verbalizar o mostrar públicamente sus opiniones sociopolíticas, y recuérdese al “Hombre de la Bandera” estadounidense delante de la tribuna del general Raúl Castro, puede ir a la cárcel o ser encerrado en un hospital para dementes por un periodo de entre uno y cuatro años por “estado peligroso”.

Estado peligroso es el régimen castrista, y este 24 de febrero, de una vez y por todas, los cubanos debían decir NO. Marcando NO los cubanos pueden recuperar los derechos con que nacieron y el castrismo les usurpó. Es la hora del mensaje y si no lo envían, que nadie se lamente de su isla desierta.

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Cuba, Venezuela y el socialismo derrotado

Nicolás Maduro condecora a Miguel Díaz-Canel en Miraflores el 30 de mayo de 2018.

Se respira en Latinoamérica un aire de libertad, mezclado con un fuerte olor de derrota del socialismo en sus dos manifestaciones más nocivas para Nuestra América: el socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez y el socialismo castrista del Siglo XX. Sucesivas victorias de la derecha en Argentina, Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, constituyen el telón de fondo de la debacle en Venezuela, la casi rendición de Nicaragua y el desastre socio-económico cubano.

Es sabido que el castrismo ha sido el origen de la fracasada ofensiva socializante, la que en un momento dado consiguió asentarse en los gobiernos de numerosas naciones latinoamericanas, con diversos grados de sumisión al castrismo, apoyado siempre en el dinero chavista. Hoy queda muy poco de esa época, derrotada en cada país por la propia ineficiencia socialista en unos casos, la corrupción rampante en otro y el matrerismo político izquierdista en los restantes.

En la Cuba castrista queda sólo una caricatura, donde el rey está cada vez más desnudo. El sucesor de la dinastía de los hermanos Castro, Miguel Díaz-Canel, se manifiesta cada vez más como enterrador del cadáver socialista, que como sucesor efectivo. En reciente reunión con el sector estatal gastronómico, les pidió a los administradores estatales que “copiaran los métodos de los restaurantes privados”, admitiendo sumariamente el fracaso socialista del castrismo.

Me cuesta trabajo imaginar a un Fidel Castro pidiéndoles a los administradores del INIT de su época, que copiaran los métodos de los restaurantes privados, como forma de ser eficientes cumplidores de la economía socialista. La admisión de Díaz-Canel es reflejo del profundo convencimiento subliminar de que sólo la iniciativa privada es capaz de trabajar con eficiencia.

La inminente caída de Maduro en Venezuela, las consecuencias políticas y económicas que ese derrumbe tendrán en Cuba --acelerando el ya deteriorado panorama interno en la isla-- aunado a la derrota ideológica mental de los nuevos dirigentes cubanos --como Díaz-Canel-- junto a la presión de la administración actual de EUA, son el marco apropiado para un viraje definitivo en la política interna cubana, que ya no podrá continuar como hasta hoy con los caprichos de Raúl, la herencia de su hermano Fidel, o el mandato del partido comunista.

La posición de derrota virtual del chavismo-madurismo en Venezuela tiene muchos componentes asociados a la lucha de los demócratas venezolanos dentro del país, organizados en torno al Parlamento opositor democráticamente electo, que ha permitido un apoyo internacional, liderado por Estados Unidos. Dentro de Cuba no hay nada parecido; no sólo carecemos de Parlamento electo, ni siquiera hay una voz opositora única a la cual respaldar.

No hay dudas que la coalición encabezada por EUA que hoy rechaza a Maduro, potencialmente también rechace a Díaz-Canel. Además, es conocido que el ejército cubano ha sufrido fuerte deterioro en su parque de armas, por lo cual no representa un peligro militar para EUA. Sin embargo, los norteamericanos valoran esta fuerza para controlar a traficantes de drogas y para no permitir una grave desestabilización social al interior de la isla, que les haga temer una estampida balsera hacia la Florida, miedo permanente de la administración de EUA. Todo eso aunado a que en el caso Cuba, EUA tendrá una influencia mayor en las decisiones internas con vistas a una transición a la democracia, es difícil predecir qué papel jugará la oposición política cubana en un potencial colapso del castrismo, aspecto sin embargo muy claro en Venezuela.

Tres lecciones de la lucha venezolana para la oposición cubana

Enfrentamientos entre manifestantes opositores y Guardia Nacional Bolivariana

Nadie dentro de Venezuela rechaza el apoyo internacional y mucho menos rechaza la colaboración de Estados Unidos contra Maduro. Los cubanos debemos aprender esa lección.

La lucha del pueblo venezolano para liberarse del yugo castro-comunista ha tomado el rumbo definitivo de la victoria. La secuencia de acontecimientos que ha llegado hasta hoy encierra lecciones importantes para la lucha del pueblo cubano, por la razón fundamental de ser los castristas los principales asesores políticos de la dictadura venezolana, y los que la dirigen.

Tres lecciones importantes --entre otras-- pueden extraerse como experiencia para la oposición política cubana enfrascada en similar lucha que la del pueblo venezolano por su libertad.

Una primera lección está relacionada con el peso que ha tenido en esta lucha el respaldo internacional para reconocer, apoyar e incentivar a los demócratas venezolanos en su empeño, sobre todo, el apoyo casi total e incondicional que ha brindado Estados Unidos de América. Para la lucha del pueblo cubano esto es muy importante, porque sectores opositores cubanos insisten en guardar distancias del apoyo de EUA, para evitar la inevitable y manida propaganda comunista contra la oposición cubana. Ser apoyado por EUA no significa ser títeres de EUA.

La segunda lección que los cubanos debemos aprender es la importancia del exilio en la lucha por la libertad. Se sabe que la dictadura castrista siempre ha sembrado la cizaña de la división entre “cubanos de dentro y cubanos de fuera”, cizaña que ha sido asimilada en parte por sectores opositores de dentro de la isla. Si en el caso de la Venezuela chavista hay un monolítico apoyo externo, es en buena medida resultado del trabajo del exilio venezolano.

Hay una tercera lección que se aplica al caso cubano, cada vez más clara en el caso venezolano. A pesar de que toda Latinoamérica insiste en descartar una solución militar externa, los cubanos sabemos que Maduro no entregará el poder si no es forzado a hacerlo por la vía de la fuerza. Fidel Castro en vida acunó una frase que es válida también en Venezuela: “lo que obtuvimos por la fuerza, por la fuerza tienen que quitárnoslo”. En Venezuela se trata que la fuerza sea el propio ejército venezolano, pero de no ser posible, será fuerza externa.

Adicionalmente, el apoyo a la lucha actual del pueblo venezolano democrático se debe en buena medida al trabajo de congresistas norteamericanos de origen cubano, como Marco Rubio y Miguel Díaz Balart, entre otros funcionarios cubano-americanos, que han aportado elementos de decisión a la presidencia de los Estados Unidos, conminándola a tomar acciones decisivas en favor de la democracia y la libertad de la Venezuela oprimida y necesitada, incluso de ayuda humanitaria. Los luchadores venezolanos dentro del país, sienten agradecimiento a sus hermanos latinoamericanos en posiciones claves dentro de la administración estadounidense, sin sentirse acomplejados por semejante apoyo, desinteresado y solidario por ser latinos.

En el caso cubano ha habido bastante división por estos tres temas, puestos ahora sobre la mesa de discusiones y resaltados en la lucha del pueblo venezolano.

La dictadura de Maduro, al igual que la dictadura castrista, insiste en colocar la dicotomía del contradictorio entre el chavismo y EUA, copiando el esquema castrista, el cual repite que el contradictorio cubano no es entre el pueblo oprimido de la isla y la dictadura opresora, sino entre “La revolución (jinetera) y EUA”.

Nadie dentro de Venezuela rechaza el apoyo internacional y mucho menos rechaza la colaboración de Estados Unidos contra Maduro. Los cubanos debemos aprender esa lección.

La nueva constitución vulnera los derechos civiles y políticos de los cubanos

Una miembro de las Damas de Blanco es arrestada en una calle de La Habana por manifestarse pacíficamente. (Archivo)

El artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos -en adelante PDCP- establece que todos los pueblos tienen derecho de libre determinación.

Aunque el artículo 3 de la nueva Constitución cubana afirma que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, el artículo 4 establece que el sistema socialista es irrevocable, una imposición extendida a las futuras generaciones de cubanos. En tales condiciones no puede hablarse de libre determinación ni de soberanía.

El artículo 2 del PDCP afirma que los derechos reconocidos en él deben ser garantizados a todos los ciudadanos sin discriminación alguna, pero la carta magna, en su artículo 42, no incluye la discriminación política como lesiva a la dignidad humana, por tanto, el principio de igualdad es vulnerado, pues los cubanos que no respaldan la ideología impuesta ni el sistema de partido único son discriminados y no pueden establecer un recurso jurídico efectivo contra eso.

El artículo 7 del PDCP establece que ninguna persona será sometida a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Tiene su semejante en el artículo 51 de la Constitución, pero a escasos días del referendo continúa violándose, algo demostrado con la represión, detenciones arbitrarias y malos tratos sufridos por los opositores pacíficos y periodistas independientes.

En cuanto a la libertad y seguridad de cada persona, regulados en el artículo 7 del PDCP, aparece en el 46 de la Constitución, pero también se viola cotidianamente, pues aquí se detiene y sanciona arbitrariamente a quienes disienten públicamente de la ideología comunista. Igualmente se viola el artículo 10 del PDCP, pues los procesados no están separados de los condenados.

El artículo 12 del PDCP reconoce la libertad de movimiento de los ciudadanos en el interior y hacia el exterior del país. La Constitución lo regula en el artículo 52, pero ese derecho se viola sistemáticamente, pues los disidentes son limitados en su ejercicio, acción ejecutada por el castrismo sin apoyo legal en su ordenamiento jurídico, mientras muchos cubanos no pueden entrar al país por razones ideológicas.

El principio de igualdad ante la administración de justicia -artículo 14 del PDCP- está relacionado con los artículos 42, 46, 92 y 94 (a) de la Constitución. Es vulnerado por las razones expuestas anteriormente. Añado que en Cuba los tribunales no son independientes ni imparciales, tampoco están sometidos al control del pueblo ni son elegidos por él.

El artículo 17 del PDCP establece que nadie será objeto de injerencias arbitrarias e ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación. Se relaciona con los artículos 46, 48,49 y 50 de la Constitución, pero la policía política cubanas lo viola, pues efectúa registros domiciliarios ilegales, ocupa bienes que contienen información personal sin amparo legal y no entrega acta de su ocupación. En el caso de los opositores y periodistas independientes, no son devueltos, sin que conste un pronunciamiento judicial que ampare la ocupación, amén de que esas personas son objeto de calumnias en los medios oficiales.

El artículo 18 del PDCP, acerca de la libertad de pensamiento, conciencia y religión, tiene semejanzas con el 15 y el 54 de la Constitución, pero su ejercicio está limitado en Cuba porque no se permite que los padres escojan la educación de sus hijos, un derecho humano violado sistemáticamente. pues el Estado controla absolutamente el sistema educacional para ejercer su influencia ideológica sobre los niños, adolescentes y jóvenes. Tampoco se permite a ninguna religión poseer medios de comunicación, ni mecanismos que faciliten su interrelación con el pueblo.

El artículo 19 del PDCP afirma que nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones. Carece de equivalente en la Constitución cubana si tenemos en cuenta que incluye el derecho a la libertad de expresión y el de poder buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, por cualquier forma. Se viola constantemente en Cuba, donde la represión que sufren por esta causa muchos cubanos está harto demostrada.

El derecho de reunión pacífica -artículo 21 del PDCP- tiene semejanza con el artículo 56 de la Constitución, pero en este se establece que debe ejercitarse con fines lícitos, sin que se precisen cuáles son estos. Si tenemos en cuenta que el artículo 4 de la carta magna incita a la violencia contra quienes defienden un proyecto político diferente al impuesto por los comunistas, es obvio que este artículo sólo beneficia a las organizaciones sociales y de masas reconocidas por el Estado-Partido, y que se les subordinan, nunca a la verdadera sociedad civil. El mismo razonamiento puede aplicarse con respecto a los derechos de asociación pacífica -artículo 22 del PDCP- y manifestación, relacionados con el 56 de la Constitución.

Y si el artículo 23 del PDCP proclama que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y el Estado y tiene derecho a su protección, en la nueva Constitución se pretende descolocar el papel que la familia ha tenido y tiene dentro de la cultura cubana. Puede afirmarse que ha sido precisamente la familia la institución más atacada y que más intromisiones estatales ha recibido en estos sesenta años de dictadura. La consecuencia inobjetable de esos ataques es la crisis de valores y eclosión de vulgaridad presentes en Cuba, algo que no ha podido contrarrestar el Estado a pesar del monopolio que ejerce sobre la educación y los medios.

Por último, el artículo 25 del PDCP, referido al derecho de los ciudadanos a participar en la dirección del país, tiene presencia formal en el mencionado artículo 3 de la Constitución, porque los únicos cubanos que pueden ejercitarlo son los que apoyan al régimen. Los demás quedan excluidos, pues los cargos públicos están controlados por el Partido Comunista.

Por vivir en un sistema totalitario, los cubanos no participamos en elecciones auténticas, de ahí que este derecho civil y político no se ejercita en Cuba, en igualdad de condiciones, por todos los ciudadanos.

Brasil: ¿Por qué no apoya con más fuerza la democratización de Venezuela?

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Las complicadas circunstancias con las que este jueves Jair Bolsonaro recibe a Juan Guaidó.

Jair Bolsonaro, durante su campaña electoral a la presidencia de Brasil, se mostró mucho más agresivo contra la dictadura venezolana que lo demostrado una vez en el gobierno. Eso tiene una causa, que trataré de exponer en adelante, basado en informaciones directas desde Brasil.

El gobierno de Bolsonaro tiene una base ideológica fuerte, basada en los preceptos de un filósofo brasileño, Olavo de Carvalho, muy relacionado con tres de los hijos de Bolsonaro, los cuales son políticos recién elegidos a sus cargos de senador, diputado federal y vereador (consejal).

Ellos han ejercido fuerte influencia dentro del gobierno, ya que el presidente electo estuvo fuera del comando por razones de salud poco después de la toma de posesión. Esta influencia no ha sido bien vista por el ala militar del gobierno, que es muy fuerte, tiene varios ministros, ni tampoco por el vicepresidente, lo que ha provocado la división del equipo de gobierno.

Esta división, y errores propios de un partido pequeño, carente de experiencia y recursos, en el seno del cual fue elegido Bolsonaro a la presidencia, cobraron ya la primera gran pérdida, al verse Bolsonaro obligado a sustituir de sus cargos a su segundo hombre al mando, su ministro de la presidencia y expresidente del partido de gobierno.

Esta división ha debilitado el inicio del proceso de gobernar, a lo que se suma un delicado proceso judicial en andamiento relacionado con uno de los tres hijos de Bolsonaro. Todo se suma a la falta de personas con experiencia en el comando del país, a los problemas de salud y a la formación de un equipo que nunca antes había trabajado junto. Estas también son las causas de que la política exterior se haya descuidado.

Adicionalmente, el nuevo canciller de Brasil, Ernesto Araujo, es de la línea dura contra la dictadura de Venezuela, pero los diplomáticos de su cancillería, celosos por el nombramiento de un canciller "indeseado", por estar asociado a la filosofía de Olavo de Carvalho, no ven con buenos ojos una probable intervención militar en Venezuela. Además, el vicepresidente y general, Hamilton Mourón, del ala militar del gobierno, ve con sospechas la presencia de una política agresiva contra Venezuela, donde fue agregado militar.

Esto ha provocado que, en entrevistas a periodistas extranjeros, el vicepresidente se haya pronunciado para aplicar una línea más pacífica en las relaciones con Venezuela. Así las cosas, no ha habido una política coherente con Venezuela. Resultado, no hubo nadie del gobierno en la frontera con Venezuela el día en que debería haber entrado la ayuda humanitaria, donde enfrentamientos dejaron varios muertos.

El problema del presidente Bolsonaro con el proceso no resuelto de su hijo, la ausencia por enfermedad durante un buen tiempo al inicio de su gobierno, el tener que estructurar una filosofía de trabajo en un equipo que no había trabajado junto nunca antes, el rechazo del ala militar al ala de los hijos del presidente (lo cual ha atado las manos del flamante canciller brasileño) y la necesidad de sustituir de inicio al segundo hombre en el comando del gobierno, ha sido motivo más que suficiente para que la importante política de Brasil hacia la Venezuela de Maduro no haya sido ampliamente debatida y aceptada por todos los entes relacionados.

Son estas las complicadas circunstancias con las que Bolsonaro recibe a Juan Guaidó este jueves en Brasilia.

La constitución no garantiza un futuro económico de prosperidad para los cubanos

Un campesino trabaja frente a su bohío en el poblado de Jiguaní, en la provincia de Granma.

Una economía sin derechos de propiedad, empresas privadas, mercado como instrumento de asignación de recursos y libertades económicas no puede ir a ningún sitio, de la misma forma que un barco no puede navegar en el océano si no tiene una brújula que le permita orientarse en noches oscuras.

Hay toda una corriente de pensamiento económico, la Escuela Austríaca, que plantea, desde la perspectiva del análisis económico del derecho, que las instituciones que definen las reglas del juego, y de forma particular, los derechos de propiedad, son fundamentales para el orden económico y reducir la incertidumbre inherente al mismo[1].

La constitución que se somete al voto de los cubanos este 24 de febrero mantiene un status quo que no ha servido para que la economía funcione. Al contrario, entierra todas las esperanzas, si es que un día las hubo, de que el régimen comunista de La Habana reflexione sobre la vía emprendida hacia el desastre en que viven todos los cubanos.

Una mujer cocina en la calle en un barrio de La Habana.
Una mujer cocina en la calle en un barrio de La Habana.

Lejos de hacerlo, las medidas y disposiciones contenidas en el Título II profundizan en aspectos nefastos para la economía de un país, como la prohibición de un marco jurídico privado para el desarrollo de la economía, a la vez que dejan atrás las tímidas reformas emprendidas por el “raulismo” a partir de 2006.

Dicho de otro modo, bajo la constitución que se vota hoy en Cuba nunca habrá economía de derechos de propiedad privada, ni mercado libre para la asignación de los recursos, ni libre empresa privada en cualquier sector o actividad, ni libertad para construir planes de ahorro o de pensiones privados, ni libertad de elección para asistir a la educación privada o recibir asistencia sanitaria privada, entre otros.

El marco de la actividad privada continúa sometido al absoluto predominio del estado castrista, la planificación central de la economía y consignas como orden, control y disciplina como referencia cuartelaria de las autoridades para dirigir las transacciones económicas. Nada nuevo. Un desierto aislado del resto del mundo en el que ningún país, salvo la caduca Corea del Norte, cree actualmente, basado en el modelo económico que se vino abajo con el muro de Berlín hace más de tres décadas.

El régimen castrista se enroca en sus posiciones históricas para defender como eje central del modelo, una entelequia denominada “propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios de producción” gestionada por el estado omnipresente. Nada es de nadie y todos los activos productivos y económicos de la nación pasan al control estatal.

La definición de las formas de propiedad es tan mediocre y anacrónica que difícilmente se puede aceptar con el rigor necesario. Los recursos económicos se detraen de manera directa de la productividad de los trabajadores (que perciben los salarios más bajos del mundo) y de los beneficios empresariales, por un estado que representa más del 80% del PIB generado en la economía, y que año tras año mantiene un déficit estructural, incapaz de cerrar la brecha de gastos e ingresos, financiado con bonos soberanos de un Banco central sin autonomía. Un modelo ingobernable, improductivo, ineficiente que no ofrece garantía alguna ni credibilidad internacional.

Por otra parte, se abren pequeños espacios para el ejercicio de un número reducido, y controlado, de actividades por cuenta propia, a las que se prohíbe expresamente crecer y aumentar la riqueza, que es la lógica de la economía de mercado. Por el contrario, los extranjeros sí que podrán ejercer sus derechos económicos en Cuba, algo que se niega a los nacionales. Pero incluso en este caso, el marco para las operaciones es tan rígido e intervencionista que difícil será que la inversión internacional se pueda sentir atraída por el ordenamiento económico de Cuba.

Una mujer camina frente a Clandestina, una tienda privada en La Habana.
Una mujer camina frente a Clandestina, una tienda privada en La Habana.

La empresa estatal sigue siendo el eje del sistema económico y recibe la máxima protección en el texto constitucional.

Las instituciones económicas no surgen de la nada porque sí, al contrario, se crean y se garantizan por las naciones para asegurar la viabilidad de las transacciones entre los agentes económicos y la sostenibilidad de la economía. Sin ellas, nada puede ir bien, y el ejemplo más cercano lo tenemos los cubanos en los últimos 60 años, y es más que suficiente. Venezuela, otro tanto. La destrucción sistemática de las instituciones jurídicas que rigen el funcionamiento de la economía arrasa con la esencia básica de la misma.

La vía en sentido contrario, como la emprendida por chinos, vietnamitas o europeos del este, tras superar paréntesis totalitarios estalinistas, ha permitido recuperar las economías, crecer, mejorar la prosperidad de sus habitantes y garantizar un marco estable para la actividad económica.

Si la constitución sale aprobada, el futuro de la economía cubana no va a cambiar mucho con respecto a su situación de los últimos 60 años. Empeorará, porque llueve sobre mojado, y nadie otorga credibilidad o confianza a una economía que desdeña las reglas básicas de funcionamiento del sistema económico mundial.

Aislada y autobloqueada del exterior por la decisión de sus dirigentes, la economía cubana no tendrá futuro, ni será sostenible, alargando en el tiempo los procesos destructivos que la atenazan, y lo que es peor, sin encontrar su rumbo.

La alternativa responsable es reclamar para la economía cubana instituciones compatibles con el modelo de economía libre de mercado y de empresa privada que rige en el resto del mundo. Un sistema que Cuba ya disfrutó, y mostró su extraordinaria utilidad para la nación. Basta con comparar los indicadores de 1959 con los países más avanzados del planeta.

Cualquier intento de frenar este proceso, por otra parte lógico, de adaptación a lo que funciona en todas las economías del mundo, no permitirá a los cubanos vivir mejor y disfrutar plenamente de sus vidas, viendo realizados sus sueños.

[1] Para consultar, Vol. 21 número 2, 2018, del Quaterly Hournal of Austrian Economics, dedicado especialmente a ello.

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