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Opiniones

¿Qué cambiará en Cuba en abril? Del cese de Raúl Castro como Presidente

Conmemoración del quinto aniversario de la muerte de Hugo Chávez

Informe Especial Marzo 2018 de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba

Cuba no es un país normal

La percepción generalizada en el mundo de que en abril próximo Raúl Castro dejará el poder al retirarse como Presidente del país es errónea de origen. Cuba no es un país normal.

La comunidad internacional conoce poco de la estructura y funcionamiento del poder político en la Isla. En América Latina, el Jefe de Estado y de gobierno es la máxima autoridad ejecutiva de la nación. En Cuba el artículo 5 de la Constitución precisa que el PCC “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.

O sea, la máxima representación política y ejecutiva en la Isla no es el Presidente,sino el Buró Político (BP) del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su Primer Secretario. Y ese cargo lo tendrá Castro II hasta 2021, o se muera, o le dé la gana. Por tanto, el nuevo Presidente será un administrador, no unpolítico con mando real.

Incluso no cambiaría nada si antes del relevo de Castro II como presidente del país se modifica la Constitución y se separa el cargo de Presidente del Consejo de Estado y el de Presidente del Consejo de Ministros, y se crean dos jefaturas independientes. Por encima de ambos presidentes, las decisiones importantes las seguirá tomando el dictador –aunque se mude para Santiago de Cuba como dicen algunos–. Raúl Castro seguirá como la máxima instancia del poder político, y también militar, por ser el jefe de la Junta Militar.

Carácter castrense, los militares mandan

Pero hay más, aunque “de jure” la Constitución así lo establece, en la práctica (“de facto”), la máxima instancia de poder en Cuba no es el Buró Político del PCC y su Primer Secretario, sino el Comandante en Jefe de las fuerzas armadas y jefe de la Junta Militar, junto a una élite de generales, coroneles y comandantes que rodean al dictador, la mayoría de los cuales no integra el Buró Político. La Junta Militar, que no da la cara y opera tras bambalinas, es la que manda en Cuba.

Fidel y Raúl Castro han sido los “hombres fuertes” no tanto por ser los jefes del PCC, sino los jefes militares desde 1959. Siempre ambas posiciones han sido ostentadas por una sola persona, hasta abril próximo.Y esa será una incongruencia institucional que se presentará por primera vez. Según la Constitución al Presidente del Consejo de Estado le corresponde "desempeñar la Jefatura Suprema de todas las instituciones armadas”.

El origen de tal desfase fue que cuando en febrero de 1976 se promulgó la Constitución comunista Fidel tenía 49 años y Raúl 44. Ambos sabían que por décadas uno de ellos dos ocuparía simultáneamente la jefatura del PCC, del Estado, de las FAR y de la Junta Militar."Después ya veremos", pensaron. Ese después ya llegó.

Ahora el comandante en jefe de las FAR no será también el Primer Secretario del PCC, ni el Presidente del país. De no hacerse antes una enmienda a la Constitución el general Castro dejará de ser el Comandante Supremo de las FAR. Claro, seguirá siendo el jefe de la Junta Militar y eso es lo que cuenta.

Fidel Castro nunca aceptó —como en la URSS y otros países socialistas— que el Partido Comunista estuviera por encima de los militares. Su vocación autoritaria chocaba con ese principio marxista-leninista. Su hermano, que en casi todo sigue a Fidel, tampoco lo acepta. Por eso el poder político real radica en las fuerzas armadas y no en el Estado, el gobierno, o el PCC. Este último como institución solo cuenta como apéndice administrativo, ideológico, de control y propaganda, y de represión política.
Sea quien sea el nuevo Jefe de Estado recibirá órdenes del dictador, el vice-dictador José R. Machado Ventura (segundo secretario del PCC), y de la Junta Militar. Y eso difícilmente cambiará mientras viva la gerontocracia “histórica”.

Como dijo José Martí que no se debía hacer

Cuba es el único país del mundo con un régimen militar que se presenta como civil y es aceptado por todos. En verdad el país es dirigido como le advirtió José Martí al generalísimo Máximo Gómez, en una carta fechada el 20 de octubre de 1884, que no se debe hacer: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento” . La consigna de los años sesenta en apoyo incondicional a Fidel Castro: “Para lo que sea, Comandante en Jefe ordene”, más antimartiana no podía ser.

La sociedad cubana está tan militarizada que presenta rasgos fascistas, a diferencia de los países ex comunistas europeos, cuyafisonomía castrense era menos marcada. Un dato sugerente: a Fidel Castro le gustaba que le dijesen “Jefe”. Así lo llamaban los altos jerarcas. Dicho en alemán, Fidel era el “Fuhrer”.

Desde siempre las principales posiciones castristas son ocupadas por militares. Hoy, 5 de los 7vicepresidentes del Consejo de Ministros son generales y comandantes. Fulgencio Batista en su afán por presentarse como un civil demócrata nunca se vestía de general.Fidel Castro jamás se quitaba el uniforme y su hermano solo va de civil cuando lo obliga el protocolo.

Otro dato complementario: Cuba es la nación de Occidente que lleva más tiempo sin realizar comicios democráticos: 70 años, desde 1948. Y es el único país en las Américas que ha tenido como dictadores militares a dos hermanos,por 59 años consecutivos.

Pirámide del poder político castrista

La democracia se afinca en la independencia de los tres poderes públicos (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), algo que retomando a Platón y Aristóteles formuló el barón de Montesquieu hace 270 años (“El espíritu de las leyes”, 1748).
En Cuba no hay tres poderes sino seis, sin independencia alguna, todos controlados por Castro II, que es una versión tropical de Luis XIV de Francia, el exponente por excelencia de monarca absoluto.

El dictador gobierna auxiliado por una Junta Militar y a diferencia de su narcisista hermano, Raúl Castro sí escucha y consulta. Por eso la JM es ahora más poderosa que nunca.

Según la cuantía de poder real, la estructura totalitaria de Cuba se observa así:

  • Dictador(Comandante en Jefe, Jefe de la Junta Militar, Primer Secretario del PCC, Jefe de Estado y Jefe de Gobierno)
  • Junta Militar
  • Buró Político del PCC
  • Comité Central del PCC
  • Consejos de Estado y de Ministros
  • Asamblea Nacional del Poder Popular

En los tiempos de Fidel Castro existía un séptimo estamento que gubernamentalmente era el más importante:el “Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe”. Ese era el verdadero gobierno del país. Ya no existe.
Dictador

La condición de dictador en Cuba no la confiere la jefatura del Estado, sino la jefatura militar y del PCC.Castro II controla todos los poderes públicos, incluido el Poder Judicial. Y sin ser presidente del Parlamento lo domina con mano de hierro.

Junta Militar, la ‘creme de la creme’

La Junta Militar (JM) castrista no existe formalmente. Trabaja en las sombras. Parece un grupo ocasional de consulta y asesoría del general Castro. Nada de eso, es el verdadero poder.Por encima de ese grupo no hay nada.
De hecho la JM es la guardia pretoriana de Raúl Castro, integrada exclusivamente por raulistas. En la JM solo Ramiro Valdés no es un raulista, sino un remanente fidelista. Pero está ahí como “número dos” de la máxima jerarquía histórica de la Sierra Maestra desde 1959, detrás de Castro II (los otros cuatro murieron: Fidel, Camilo, el Che y Almeida)

La creme de la creme del castrismo la encabezan el dictador, su hijoAlejandro Castro Espín y el comandante José R. Machado Ventura. Luego siguen, además de Ramiro Valdés, los generales Leopoldo Cintras Frías, ministro de las FAR; Álvaro López Miera, viceministro primero de las FAR y Jefe del Estado Mayor; Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, zar de las empresas militares, y Julio Cesar Gandarilla, ministro del Interior.

También la integran los generales Ramón Espinosa y Joaquín Quintas Solá, viceministros de las FAR; Onelio Aguilera Bermúdez, jefe del Ejército Occidental; Raúl Rodríguez Lobaina, jefe del Ejército Central; Rafael Hernández Delgado, jefe del Ejército Oriental; y Leonardo Andollo, segundo Jefe de la Comisión Permanente para la “actualización” del modelo económico socialista.

De esos 14 jefes militares, 8 no integran Buró Político del PCC. No lo necesitan.

Buró Político

El Buró Político del PCCtiene 17 miembros pero sólo cuentan los 6 militares y no por casualidad todos miembros de la JM (Castro II, Machado, Ramiro, Cintras Frías, Espinosa y López Miera). Esos militares deciden. Los otros 11 miembros escuchan, opinan si los dejan, y aprueban lo que deciden los militares. Los civiles en realidad están allí para darles nivel político ante los organismos que dirigen, y para proyectar una imagen de integración racial en la cúpula del poder.

Comité Central del PCC

El Comité Central (CC) del Partido, con más de un centenar de miembros,aprueba todo lo decidido “arriba”.Su misión es controlar el país mediante un aparato burocrático ejecutivo multifacético.Sus jefes de Departamento y de Sección dirigen a los ministros, a los organismos centrales y a las instancias de dirección del PCC en las provincias, municipios y los núcleos de base, donde los militantes reciben amenazas constantemente. La política exterior no se traza en el MINREX, sino en el Departamento de Relaciones Internacionales del CC.
Muchos cubanos desconocen el nombre del presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular (gobernador) en su provincia o municipio, pero saben bien el delPrimer Secretario del PCC. El gobernador no tiene poder y el jefe partidista lo puede todo.

Jerarquía subalterna: Presidencia, Gobierno y Parlamento

El Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y la Asamblea Nacional del Poder Popular no deciden nada importante. Están subordinadosa la cúpula político-militar-partidista y constituyen la jerarquía subalterna.
Con 31 miembros, el Consejo de Estado actúa en nombre del Poder Legislativo (cada legislatura tiene un mandato de 5 años) durante los 359 días en que la Asamblea Nacional no sesiona. Y ostenta la representación del Estado.
El Consejo de Estado no significa absolutamente nada en la vida cotidiana de los cubanos. Elrégimen ventila sus asuntos más importantes con EE.UU, no con los cubanos, a los que ignora olímpicamente. A una delegación de senadores y congresistas de Washington le rinde cuentas y le hace propuestas, cosa que no hace con el pueblo cubano. Por eso el tan cacareado relevo presidencial en la isla no le interesa al pueblo de Cuba, que es el soberano de la nación.

Del Consejo de Ministros vale decir que solo tiene funciones burocráticas y administrativas, nada estratégicas. Es dirigido de hecho por el CC del PCC. Sus vicepresidentes son casi todos militares.
La Asamblea Nacional del Poder Popular es una caricatura de parlamento vacío de contenido real. Tanto, que sesiona sólo seis días al año (récord en Occidente). Sus 612“diputados” escuchany levantan la manopara aprobar por unanimidad lo ya cocinado por el dictador y su claque. Nunca en 42 años de existencia un diputado de la Asamblea Nacional ha cuestionado nada proveniente de la cúspide castrista, o ha propuesto algo por iniciativa propia. Es la más fiel expresión de la granja orwelliana estalinista.

¿Qué cambios habrá?

Que el general Castro II deje de ser Presidente del Consejo de Estado y de Ministros será algode poco calado en las entrañas del totalitarismo cubano, incluso si antes se hiciesen enmiendas a la Constitución y se crease la figura de Primer Ministro al frente del gobierno, separado del cargo de Presidente y Jefe de Estado.

En cualquier caso, el Presidente, y un eventual Primer Ministro estarán subordinados al dictador, que seguirá siendo Raúl Castro, oficialmente hasta 2021.Es probable que,contrariamente a lo que muchos creen, Castro IIconcentre más que nunca su poder militar desde el Partido Comunista, para evitar posibles “tentaciones” del nuevo Jefe de Estado y se crea que lo es de verdad.Todas las apuestas apuntan hasta ahora que el nuevo “mandatario” será Miguel Díaz-Canel,que podría ser una figura tan decorativa y protocolar como lo fue Osvaldo Dorticós de 1959 a 1976.

Muchos opositores políticos en la Isla piensan que la vieja guardia estalinista más troglodita, la que aún con arteroesclerosis toma las decisiones, podría incrementar la represión política para dejar claro que mientras viva no habrá “perestroika” en Cuba. Ya lo hizo cuando Barack Obamapropició el “deshielo”.

Más presión podría forzar el cambio

La experiencia histórica revela que los regímenes comunistas se derrumbaron con cambios desde arriba, pero siempre con fuerte presión desde abajo. Fue la combinación de ambos factores la que hizo implosionar el “socialismo real” en Europa.

En el caso cubano el factor externo también adquiereimportancia vital, pues con la asombrosa improductividad de la economía cubana el país depende totalmente del extranjero. Los subsidios venezolanos (aunque muy menguados), las remesas, paquetes y viajes desde EE.UU. y los turistas de otras latitudes, son los que impiden que haya hambrunas masivas en la Isla.

La crisis social y económica se agrava cada día. Funcionarios del régimen que solo hablan en condición de anonimato aseguran que en 2018 todo será peor que en 2017. El régimen de Caracas podría incluso colapsar. Moscú, Pekín, Teherán, Argel, o la Unión Europea no regalan dinero, ni petróleo. El turismo desde EE.UU baja en picada. La política de la Administración Trump ha descolocado los planes de los militares de instalar un modelo de capitalismo de Estado para beneficio solo de ellos mismos.

Y cabe aquí preguntarse, si la Unión Europea, EE.UU. y muchos países de Latinoamérica y todo el mundo han decidido no reconocer los resultados de las elecciones en Venezuela convocadas por Nicolás Maduro, ¿por qué no hacen lo mismo con la farsa electoral que habrá en Cuba dentro de pocas semanas?

El hecho mismo de que en Cuba haya un nuevo Presidente sin el apellido Castro, en medio de tan lacerante crisis socioeconómica debe generar expectativas en la población, que está perdiendo el miedo a decir las cosas por su nombre.A partir de abril podría elevarse la presión política para que haya cambios sustanciales. El pueblo podría quizás comenzar por demandar más libertad económica, lo que abonaría el terreno para mayores exigencias.

Es sabido que Castro II no tiene la habilidad de Castro I para manejar crisis. Tiende a esconder la cabeza en la tierra como el avestruz, o emborracharse durante días, dicen testigos. Además, el desastre socioeconómico ya presiona fuerte también sobre la “nomenklatura”. Muchosjerarcas perciben que hay que hacer cambios urgentemente.

En resumen,mayor presión desde abajo, el temor arriba de que si no mueven ficha todo puede venirse abajo, una política más fuerte aún de Washington, y menos complacencia europea con el castrismo, serían clave en esta coyuntura decambios cosméticos en la Isla. Es lo que necesita desesperadamente la nación.

Informe especial de FHRC elaborado por Roberto Alvarez Quiñones

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Los cien días de Miguel Díaz-Canel

Díaz-Canel y sus acompañantes en San Antonio de los Baños, el pueblo que inició la chispa del estallido nacional contra el régimen comunista.

Tras alentar la salida de la isla hacia Estados Unidos en cualquier tipo de embarcación imaginable para aplacar los disturbios del verano caliente de 1994 que desembocaron en el llamado “Maleconazo” de La Habana, Fidel Castro ordenó de inmediato mejorar en lo posible la vida de los residentes del barrio de Cayo Hueso, en pleno Centro Habana, que habían engrosado por centenares las filas de las protestas populares, inéditas hasta entonces, contra su poder absoluto.

La tarea fue asignada -- bajo la supervisión del secretario ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage--, al General de División Rogelio Acevedo, que presidía el Instituto Cubano de Aeronáutica Civil y podía disponer en consecuencia, con alguna libertad, de las recaudaciones de Cubana de Aviación. Confiando a un militar de experiencia logística se garantizaba el más rápido cumplimiento de la compleja misión de reconstruir inmuebles destartalados, llevar agua a cañerías desahuciadas, reparar calles olvidadas, repartir algunos alimentos en escuelas, evitar apagones, y sobre todo pintar y repintar las viejas fachadas de un vecindario “conflictivo”. Mejor aún, si Cubana de Aviación, con una contabilidad indolente, pagaba los gastos, la “reserva del Comandante” no sufría pérdidas y podía emprender nuevos proyectos revolucionarios. Una operación de apaciguamiento bajo el ojo avizor de la policía política, en el mejor estilo de cómo se administraba la finca de los hermanos Castro.

Las imágenes del pasado domingo 11, con cientos de cubanos protestando de nuevo frente al Hotel Deauville en pleno malecón, dejan un falso sabor de deja vu a los iniciados en la realidad cubana. Porque casi tres décadas después de aquel Maleconazo, el estado ruinoso de Cayo Hueso es el común de la capital; Cubana de Aviación, con más deudas y catástrofes que ingresos, es también una ruina; Rogelio Acevedo no ostenta sus dos estrellas de general y se gana la vida como emprendedor autorizado, ofreciendo alojamiento de lujo a través de Aribnb; Carlos Lage evita ser reconocido en las calles de La Habana con una gorra hundida hasta las orejas y Fidel Castro… bueno, ya se sabe…

El mandatario se llama ahora Miguel Díaz-Canel, fue elegido por Raúl Castro por sus méritos como “sobreviviente” en la carrera por la sucesión, y los acontecimientos en curso van confirmado la impresión generalizada de que es el peor error de su herencia.

Las apuestas sobre el futuro del régimen están abiertas. La propuesta de continuidad de los nuevos gobernantes tras la salida en bloque de la “generación histórica” era desde su inicio imposible de aceptar para el común de los cubanos. Al agobio de la vida cotidiana el torpe equipo de reemplazo sumó rápidamente una cadena de errores en nombre del reordenamiento tardío de la economía, el caos monetario y la evidencia de que la cúpula militar reclama para sí, ávidamente, todos los dólares posibles.

La pandemia -- también manejada en términos políticos al punto de rechazar vacunas extranjeras--, y el aplazamiento indefinido por la Administración Biden del siempre esperado arreglo con Estados Unidos completaron la tormenta perfecta.

La magnitud del estallido a menos de cien días de la solemne instalación de Miguel Díaz-Canel en la silla de los Castro, sorprendió al régimen y al mundo y la opción ante este atolladero ha sido la violencia y la represión en lugar de la falsa paz social, habitual en una isla donde nunca pasaba nada.

Pero Miguel Díaz-Canel, el sobreviviente, no tiene necesariamente los días contados pese a un estallido sin precedentes en las últimas seis décadas.

En un país gobernado de hecho por una junta militar – con o sin uniforme, mayoría en el Buró Político del partido único— es difícil imaginar un golpe de estado que sustituya al pusilánime presidente, como algunos vaticinan.

No es casual que dos días antes de abandonar formalmente la escena política Raúl Castro diera su última vuelta de tuerca entregando el mando de las fuerzas armadas al General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, el más fiel y fanático entre los de mayor rango, que enviaría, sin remordimiento, los tanques a la calle.

Todo para que la caja chica de la República siga a buen resguardo en manos de Luis Alberto Rodríguez-Callejas, general además de pariente, que no parece dispuesto a invertir en planes de apaciguamiento.

Pese a las veladas amenazas de éxodo masivo adelantadas ya por la cancillería cubana, tampoco sería sensato esperar una intervención de Estados Unidos, un país en completa retirada de Afganistán pese al avance del Talibán y con Haití primero en la fila si de invasiones a países vecinos se trata. Y no es cuestión de demócratas o republicanos: hasta Donald Trump dejó sobre la mesa “todas las opciones” conque amenazó a la Venezuela de Nicolás Maduro durante años.

Díaz-Canel y su junta han escogido, sumando lecciones recientes de Bielorrusia, Siria, Corea del Norte, Venezuela o Nicaragua, el camino de mantener el poder a cualquier costo. Temeroso de sus propias palabras culpó como de costumbre a Washington del estallido popular, intentó desacreditar a los manifestantes, llamó a la violencia en las calles “solo de los revolucionarios” y desató una feroz ola represiva, reclamando una insolente legitimidad para un gobernante por el que nadie ha votado.

En el peor de los casos, Washington aplazará por algún tiempo cualquier tímida apertura para la que ya se preparaba, Joseph Borrell reprochará en público a La Habana algunos excesos y los cubanos, hastiados hasta el cansancio, seguirán enfrentados, tras sacudirse el miedo que sostiene el poder, a una dictadura encabezada por un sobreviviente, que definitivamente perdió la mascarilla.

[Artículo publicado por el medio digital chileno X-Ante y publicado en nuestra web con autorización expresa del autor]

Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

Raúl, al igual que Fidel Castro "podría morir sin rendir cuentas por crímenes y errores de los últimos 62 años", alerta The Washington Post

Fidel Castro y Raúl Castro el 7 de diciembre de 1996, cuando juraron llevar el sistema comunista en la isla hasta el próximo siglo.

Raúl Castro, al igual que su hermano Fidel Castro puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo, alerta un columnista en el diario estadounidense The Washington Post.

Las sentencias definitivas para ellos requerirían una investigación similares a las realizadas durante las transiciones democráticas de Chile, El Salvador, Sudáfrica y Europa del Este pero "la salida cuidadosamente organizada de Raúl hace que tal ejercicio de justicia retrospectiva para Cuba sea poco probable durante su vida", indica Charles Lane, redactor editorial del Post.

La cobertura de los medios se ha centrado en lo que podría significar su retiro para el futuro de la isla, cuando en realidad "se debe prestar más atención a las implicaciones para el pasado de Cuba, específicamente, los crímenes y errores de los últimos 62 años del gobierno de Castro", considera el periodista.

"La transición de Cuba acerca a Raúl Castro, de 89 años, al día en que él, al igual que su hermano Fidel, quien le entregó a Raúl el control político total en 2011 y falleció a los 90 en 2016, puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo. en poder", dice Lane, especializado en política económica y fiscal.

En su columna semanal, destaca que Castro, a pesar de la imagen de abuelo y reformista que ha cultivado en los últimos años, "tiene más que un poco de sangre en las manos" y enumera varios hechos desde sus días en la Sierra Maestra, cuando fotografías muestran a Raúl vendar los ojos a un supuesto traidor momentos antes de que un pelotón de fusilamiento le quitara la vida; la supervisión de las ejecuciones sumarias de unos 70 presuntos ex policías y soldados de Batista, cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja; y la creación de los campos de trabajo forzado UMAP, dirigidos por las fuerzas armadas, bajo su mando.

"No existía tal justificación para los campos de trabajos forzados en los que 35.000 cubanos, en su mayoría hombres homosexuales, testigos de Jehová y otras personas consideradas necesitadas de reeducación por el trabajo, fueron internados entre 1965 y 1968. Las condiciones eran brutales; unos 70 murieron por tortura y 180 se suicidaron", recuerda Lane.

"Raúl todavía era ministro de Defensa en la década de 1970, cuando las tropas cubanas intervinieron para proteger la dictadura marxista de Etiopía. Apoyaron al régimen en Addis Abeba mientras su líder, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, masacró a 10,000 oponentes durante el "Terror Rojo" de 1976 a 1978, y mientras cientos de miles murieron de hambre debido a la colectivización forzosa de la agricultura en Mengistu a mediados de la década de 1980", indica el artículo.

El columnista recuerda la participación de Castro en la Causa 1 de 1989 cuando fueron fusilados Arnaldo Ochoa, el General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez, de las FAR; y el mayor Amado Padrón, del MININT.

"Fidel y Raúl ejecutaron a cuatro de sus más allegados por cargos falsos de traición y tráfico de drogas, cuando el verdadero delito fue desafiar la autoridad de los hermanos Castro", apunta.

Lane menciona también que el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que perdieron la vida cuatro cubanoamericanos, estuvo a cargo de aviones militares cubanos bajo el mando de Raúl.

"No hay suficiente espacio en esta columna para los miles de cubanos (y otros) que murieron, enfrentaron encarcelamiento o sufrieron de otras formas, incluido Walterio Carbonell, un intelectual marxista negro encarcelado en 1968 por insistir en que la revolución haga más para combatir el racismo. Tampoco es posible desenredar la culpabilidad de Raúl de la de Fidel, su hermano mayor, dominante, que solía tomar las decisiones, pero que se apoyó en todo momento en la firme complicidad de Raúl", reconoce el columnista.

"La memoria y la verdad pueden impedir que Raúl Castro y sus sucesores dinásticos escriban su página en la historia sin oposición", escribe Lane quien llama la atención sobre el hecho de que el general de 89 años no parece preocupado y que su expresión al aceptar la medalla Orden de Lenin hace un par de años en la Embajada de Rusia en La Habana era "relajada y encantada".

"Era la mirada de un ganador", concluye.

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