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Opiniones

Oposición y reforma migratoria

De izquierda a derecha, la hija de la fallecida líder de las "Damas de Blanco" Laura Pollán, Laura Labrada Pollán; la líder de las "Damas de Blanco", Berta Soler y la integrante de las "Damas de Blanco en Oriente", Belkis Cantillo participan en un acto or

Muchos opositores cubanos han logrado salir al exterior tras recorrer su propio infierno, amparados en una reforma migratoria decretada por un régimen desgastado...

Hay algo en el proceso cubano que hace recordar La Divina Comedia. En el Canto I,
Dante se extravía "en una selva oscura" porque ha perdido el buen camino. Se siente confundido pero decide seguir adelante con el fin de purificarse y dejar atrás la "selva del error", pero se tropieza con tres bestias que le cierran el paso. Cuando mayor era su desesperación aparece el alma del poeta Virgilio que lo tranquiliza y aconseja, "es menester que sigas otra ruta... si quieres irte del lugar salvaje". En el Canto XXXIV, Dante concluye su recorrido del infierno cuando, "por un agujero vuelve al claro mundo a contemplar de nuevo las estrellas".

A similitud de Dante, muchos opositores cubanos han logrado salir al exterior tras recorrer su propio infierno, amparados en una reforma migratoria decretada por un régimen desgastado, demasiado cerca del abismo, sin otra alternativa estratégica que aliviar la tensión social, la incertidumbre política y la angustia económica. Acaban de descubrir un nuevo mundo donde la ley es aliada del ciudadano, donde el debate público no conduce al martirio, donde la fe no es motivo de condena al ostracismo.

Se sienten impresionados por el fraternal recibimiento del exilio cubano, las invitaciones de centros académicos y la cordial bienvenida de líderes políticos. Les complace confirmar que salvo Cuba y Corea del Norte hay un alto número de pueblos que no comulga con el absolutismo político. Pero en particular les produce una grata sensación compartir con otros, a lo largo de su gira, la oportunidad de "pensar y hablar sin hipocresía". Saben que se trata de una experiencia transitoria, pero están dispuestos a recuperar con entusiasmo el tiempo perdido.

Durante sus giras por el exterior autorizadas astutamente por la cúpula del gobierno, los opositores cubanos estrenan ideas, sugieren opciones, lanzan consignas, pero no esperan una movilización interna en contra del gobierno. Saben, por experiencia propia, que las fuerzas represivas del régimen no van a tolerar nada que se parezca a la protesta del "Maleconazo" en 1994. Lo de ellos es la lucha pacífica y la denuncia de la creciente represión del gobierno como prueba indiscutible de que el régimen no desea una verdadera apertura política.

Las giras de estos opositores son un paso de avance en el lento pero constante fortalecimiento de la sociedad civil cubana, donde se va ensayando el gobierno propio y la toma de decisiones. De hecho, a pesar de su largo aislamiento, marginación, opresión y castigo, la oposición ha elaborado un marco teórico que abarca varias propuestas cruciales en torno a los problemas fundamentales de la nación cubana. Propuestas anunciadas desde hace décadas sin que el gobierno les conceda un espacio, como advierte un artículo del recientemente fallecido economista y ex preso político, Oscar Espinosa Chepe, publicado por el programa de Información Internacional del Departamento de Estado norteamericano, en el que éste denuncia que "Las décadas de opresión a manos de un gobierno centralizado han destrozado la economía cubana. Sin libertad, el pueblo cubano jamás podrá competir en la economía global". Esa libertad económica planteada por Chepe es la misma proclamada en el plano social por Oswaldo Payá Sardiñas a través del Proyecto Varela y el programa "Todos Cubanos" con el fin de llevar a Cuba hacia la reconciliación y el pluralismo político con "una reforma constitucional y una nueva ley electoral".

Sin embargo, alguna que otra alma confinada al Círculo 9 del Infierno de Dante intenta restarle importancia a las giras de los opositores aduciendo que son agitadores o cómplices del exilio histórico en lo relacionado con el embargo económico y la inclusión de Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo. Por tal motivo se acusa de "plattista" y "anexionista" (linduras tradicionalmente utilizadas por los analistas de la seguridad del estado) a los opositores Antonio Rodiles, Yoani Sánchez, Jorge Luis García Pérez "Antúnez", Berta Soler y cualquier otro que se atreva a emitir una opinión independiente. El exilio histórico y la oposición interna no forman un bloque monolítico, algunos apoyan el embargo y otros no sin que ello constituya un riesgo personal, muy distinto a Cuba, donde disentir puede costar muy caro.

Hasta ahora, la oposición interna no ha tenido oportunidad de dialogar con las autoridades cubanas. El propio gobernante Raúl Castro ha reiterado que a él no lo eligieron para restaurar el capitalismo y que las calles son de los revolucionarios, lo cual veta de plano la participación de los opositores en la vida pública nacional por presunta complicidad con Washington. Por consiguiente, resulta muy difícil que los
opositores puedan tener como resultado de sus giras por el exterior un impacto significativo en Cuba, pero si pueden informar a figuras relevantes de la política estadounidense y europea la verdad de lo que ocurre en la isla. Por el momento eso puede parecer muy poca cosa, como pareció en 1983 que Ricardo Bofill y Gustavo Arcos Bergnes, presos en la cárcel del Combinado del Este, en La Habana, decidieran llevar adelante el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, precursor de la lucha actual por una sociedad próspera y feliz. Si, hay algo en el proceso cubano que hace recordar La Divina Comedia: el anhelo de un pueblo por salir del infierno.

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El Castrismo no es Cuba

Un hombre es arrestado durante el levantamiento popular, en La Habana, el 11 de julio de 2021.

Desgraciadamente, la mayoría de los cubanos ha conocido un solo gobierno, un único liderazgo, y ha sido formada en una sociedad autoritaria, en la que la represión y la discriminación, en todas sus variantes, es padecida por la población en general, en un ambiente de uniforme indefensión que, al manifestarse con distintos síntomas, impide al individuo percibir las señales de la profunda dependencia que sufre.

Esta subordinación al Proyecto Totalitario ha conducido a un amplio sector de la población a confundir a la nación, la bandera, el himno y a Cuba como país, con la revolución y el castrismo, lo que no es cierto. Cuba y la Revolución no son lo mismo. Nunca lo han sido, se ha dicho y escrito innumerables veces, pero evidentemente no ha sido suficiente, porque no faltan quienes siguen creyendo que los Castro son Cuba y el castrismo, la cubanía.

Esa idea responde a una creencia falsa, eficientemente difundida, de que el proceso iniciado en 1959, y los caudillos que lo condujeron, salvaron a la nación de los depredadores que la destruían, una concepción que solo refleja ignorancia, en el mejor de los casos, y una innegable mala fe entre los que han montado un entramado de falsedades e iniquidad que solo acumula mentiras e injusticias, sin que estas afirmaciones pretendan presentar una Cuba pre revolucionaria como la antesala del paraíso.

La difusión y perpetuación de esta espuria realidad ha sido particularmente favorecida por el control absoluto de la educación y la información, dos disciplinas ampliamente usadas en la propaganda oficial y en el adoctrinamiento de los gobernados. Por otra parte, la segregación política e ideológica favorece la competencia extrema y la abyección de los contendientes, demoliendo los valores fundamentales del individuo.

Los que han detentado el Poder en Cuba desde 1959 han implantado un método patriarcal que ha generado una exagerada dependencia de los siervos de la Autoridad, la que ha inducido, aun entre muchos de aquellos que no son devotos del sistema, a la creencia de que el Estado, los Lideres y la Revolución son una trinidad sintetizada en la Nación, en una palabra, todo es lo mismo, y quien ataque a uno intenta destruir el conjunto.

Por supuesto, esta certeza donde mayor presencia tiene es entre los jóvenes, porque han sido las victimas más abusadas. De ahí que, aun aquellos que tienen la capacidad de tomar decisiones propias, como independizarse trabajando por su cuenta, o abandonar el país, tienden a repudiar todo lo que Cuba representa, al identificar erróneamente al régimen con la Nación. O, en caso contrario, aprueban y promueven todo lo que sucede en la Isla, sin entrar a considerar cuáles son los progresos naturales de un país con independencia del gobierno que lo dirije.

Por suerte, hay numerosas excepciones, como se aprecia en las prisiones de la dictadura, o en los activistas que favorecen un cambio hacia la democracia en Cuba.

Es válido considerar que aun aquellos que actúen con un mínimo de independencia son en cierta medida fallas del Proyecto. Supuestamente, al ser formados en los estrictos marcos del castrolicismo, su conducta y pensamiento debería ser de absoluta fidelidad, lo que, en realidad, no ocurre, porque la mayoría de los que permanecen fieles al Proyecto lo hacen más por interés que por convicción, como fueron los casos de los cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, o de quienes se desencantan y combaten el régimen, como sucedió con Ernesto Borges, oficial de inteligencia que lleva más de 22 años en prisión.

El gobierno fracasó rotundamente en la creación del hombre nuevo, aunque recurrió a diferentes métodos. Intentaron por todos los medios formar un ser humano incondicional al sistema apelando a una intensa propaganda a favor del trabajo voluntario que debió ser abandonado por improductivo y porque nunca fue voluntario.

Se esforzaron lo indecible por cambiar la naturaleza humana, como se apreciaba en los textos educacionales y en las denominadas Escuelas al Campo, donde el trabajo agrícola era asociado a la instrucción y educación, obteniendo como resultado un profundo rechazo de los estudiantes a esas imposiciones. Sin embargo, hay que reconocer que en algunos pegó el experimento, porque en Cuba, o fuera de ella, no faltan quienes defienden la dictadura, aun cuando hayan sufrido sus tropelías.

Los cien días de Miguel Díaz-Canel

Díaz-Canel y sus acompañantes en San Antonio de los Baños, el pueblo que inició la chispa del estallido nacional contra el régimen comunista.

Tras alentar la salida de la isla hacia Estados Unidos en cualquier tipo de embarcación imaginable para aplacar los disturbios del verano caliente de 1994 que desembocaron en el llamado “Maleconazo” de La Habana, Fidel Castro ordenó de inmediato mejorar en lo posible la vida de los residentes del barrio de Cayo Hueso, en pleno Centro Habana, que habían engrosado por centenares las filas de las protestas populares, inéditas hasta entonces, contra su poder absoluto.

La tarea fue asignada -- bajo la supervisión del secretario ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage--, al General de División Rogelio Acevedo, que presidía el Instituto Cubano de Aeronáutica Civil y podía disponer en consecuencia, con alguna libertad, de las recaudaciones de Cubana de Aviación. Confiando a un militar de experiencia logística se garantizaba el más rápido cumplimiento de la compleja misión de reconstruir inmuebles destartalados, llevar agua a cañerías desahuciadas, reparar calles olvidadas, repartir algunos alimentos en escuelas, evitar apagones, y sobre todo pintar y repintar las viejas fachadas de un vecindario “conflictivo”. Mejor aún, si Cubana de Aviación, con una contabilidad indolente, pagaba los gastos, la “reserva del Comandante” no sufría pérdidas y podía emprender nuevos proyectos revolucionarios. Una operación de apaciguamiento bajo el ojo avizor de la policía política, en el mejor estilo de cómo se administraba la finca de los hermanos Castro.

Las imágenes del pasado domingo 11, con cientos de cubanos protestando de nuevo frente al Hotel Deauville en pleno malecón, dejan un falso sabor de deja vu a los iniciados en la realidad cubana. Porque casi tres décadas después de aquel Maleconazo, el estado ruinoso de Cayo Hueso es el común de la capital; Cubana de Aviación, con más deudas y catástrofes que ingresos, es también una ruina; Rogelio Acevedo no ostenta sus dos estrellas de general y se gana la vida como emprendedor autorizado, ofreciendo alojamiento de lujo a través de Aribnb; Carlos Lage evita ser reconocido en las calles de La Habana con una gorra hundida hasta las orejas y Fidel Castro… bueno, ya se sabe…

El mandatario se llama ahora Miguel Díaz-Canel, fue elegido por Raúl Castro por sus méritos como “sobreviviente” en la carrera por la sucesión, y los acontecimientos en curso van confirmado la impresión generalizada de que es el peor error de su herencia.

Las apuestas sobre el futuro del régimen están abiertas. La propuesta de continuidad de los nuevos gobernantes tras la salida en bloque de la “generación histórica” era desde su inicio imposible de aceptar para el común de los cubanos. Al agobio de la vida cotidiana el torpe equipo de reemplazo sumó rápidamente una cadena de errores en nombre del reordenamiento tardío de la economía, el caos monetario y la evidencia de que la cúpula militar reclama para sí, ávidamente, todos los dólares posibles.

La pandemia -- también manejada en términos políticos al punto de rechazar vacunas extranjeras--, y el aplazamiento indefinido por la Administración Biden del siempre esperado arreglo con Estados Unidos completaron la tormenta perfecta.

La magnitud del estallido a menos de cien días de la solemne instalación de Miguel Díaz-Canel en la silla de los Castro, sorprendió al régimen y al mundo y la opción ante este atolladero ha sido la violencia y la represión en lugar de la falsa paz social, habitual en una isla donde nunca pasaba nada.

Pero Miguel Díaz-Canel, el sobreviviente, no tiene necesariamente los días contados pese a un estallido sin precedentes en las últimas seis décadas.

En un país gobernado de hecho por una junta militar – con o sin uniforme, mayoría en el Buró Político del partido único— es difícil imaginar un golpe de estado que sustituya al pusilánime presidente, como algunos vaticinan.

No es casual que dos días antes de abandonar formalmente la escena política Raúl Castro diera su última vuelta de tuerca entregando el mando de las fuerzas armadas al General de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, el más fiel y fanático entre los de mayor rango, que enviaría, sin remordimiento, los tanques a la calle.

Todo para que la caja chica de la República siga a buen resguardo en manos de Luis Alberto Rodríguez-Callejas, general además de pariente, que no parece dispuesto a invertir en planes de apaciguamiento.

Pese a las veladas amenazas de éxodo masivo adelantadas ya por la cancillería cubana, tampoco sería sensato esperar una intervención de Estados Unidos, un país en completa retirada de Afganistán pese al avance del Talibán y con Haití primero en la fila si de invasiones a países vecinos se trata. Y no es cuestión de demócratas o republicanos: hasta Donald Trump dejó sobre la mesa “todas las opciones” conque amenazó a la Venezuela de Nicolás Maduro durante años.

Díaz-Canel y su junta han escogido, sumando lecciones recientes de Bielorrusia, Siria, Corea del Norte, Venezuela o Nicaragua, el camino de mantener el poder a cualquier costo. Temeroso de sus propias palabras culpó como de costumbre a Washington del estallido popular, intentó desacreditar a los manifestantes, llamó a la violencia en las calles “solo de los revolucionarios” y desató una feroz ola represiva, reclamando una insolente legitimidad para un gobernante por el que nadie ha votado.

En el peor de los casos, Washington aplazará por algún tiempo cualquier tímida apertura para la que ya se preparaba, Joseph Borrell reprochará en público a La Habana algunos excesos y los cubanos, hastiados hasta el cansancio, seguirán enfrentados, tras sacudirse el miedo que sostiene el poder, a una dictadura encabezada por un sobreviviente, que definitivamente perdió la mascarilla.

[Artículo publicado por el medio digital chileno X-Ante y publicado en nuestra web con autorización expresa del autor]

Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

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