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Opiniones

¿Por qué tanto Venezuela?

¿Por qué, tanto Venezuela?, me preguntan muchos. Cuba tiene necesidades también, me dicen otros.

La respuesta es simple:

Porque los venezolanos están sufriendo más, ya que no conocían el hambre y otras necesidades.

Porque están sufriendo los niños, quienes no tienen culpa que sus padres hayan creído las promesas de un "Vende Patria" como Hugo Chávez, que condujo a la perdición y la ruina de lo que es hoy día Venezuela

Porque si cae la actual dictadura de Nicolás Maduro y sus secuaces, se tambalea el régimen de Cuba, que como sanguijela vive de lo que le queda de riqueza a la nación bolivariana.

Como en una hilera de fichas de dominó, la caída de la corrupta dictadura de Venezuela conllevaría el prolapso de los castristas, donde ni la ayuda de Rusia y China podrían sostener el derrumbe del imperio de los hermanos Castro y sus derivados.

El espanto de lo que ocurre en Venezuela es gran ejemplo para otras naciones, que a cambio de su buena suerte, deberían comprometerse a socorrer a la nación caída y ayudarla a zafarse de las fauces de hierro de la actual dictadura.

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La peligrosa chispa del Movimiento San Isidro

Integrantes del Movimiento San Isidro se enfrentan a las autoridades con poesía. (Facebook/San Isidro)

'Los sin techo pueden organizar un movimiento okupa para ingresar a locales vacíos; los campesinos pueden producir solo para su autoconsumo si el Estado se niega a sus demandas; los emigrados pueden retener una parte de sus remesas.'

Con lecturas de poemas como novedoso método de protesta por el encarcelamiento de uno de los suyos, el Movimiento San Isidro (MSI), un grupo heterogéneo de jóvenes poco conocido hasta ahora, ha asestado un duro golpe al Estado totalitario cubano cuyo principal pilar de sustento es el derrotismo ciudadano.

La elite de poder calculó mal sus posibilidades. Creyeron haber controlado la situación en el recinto de Damas 955 del barrio San Isidro. Supusieron haber liquidado la situación manteniendo a Denis Solís en prisión, mientras que Luis Manuel Otero Alcántara y Maikel Osorbo —todavía en huelga de hambre— y las tres mujeres más destacadas del grupo, Omara Ruiz, Anamely Ramos e Iliana Hernández quedaban bajo control policial.

Cuando todo parecía haber concluido, fue entonces que primero 50 personas y luego una suma de alrededor de 300, en su mayoría jóvenes artistas, se congregaron espontáneamente frente al Ministerio de Cultura. Eran portadores de un manifiesto que se solidarizaba con los integrantes del Movimiento San Isidro. Apuntaban a reclamos gremiales sobre la libertad de creación artística, pero también reclamaban libertades ciudadanas de expresión y pensamiento que son la negación de un régimen totalitario. El manifiesto era una suerte de declaración de independencia ciudadana del Estado totalitario cubano. Iba contra el apotegma fidelista "dentro de la revolución todo". Visto del modo que se quiera, el MSI se anotó una importante victoria como galvanizador de la conciencia nacional.

Los sistemas de partido único pueden coexistir con el mercado, pero no con las libertades políticas y civiles.

La Seguridad del Estado creó un perímetro alrededor de la protesta para impedir el paso a nuevos manifestantes y llegó a emplear —algo novedoso en Cuba— gases lacrimógenos a ese fin. También concentró fuerzas policiales y paramilitares en las cercanías para lanzarlos contra los manifestantes cuando se diese la orden. Pero esta vez ya algunos miembros de la prensa extranjera estaban presentes y no pudieron segregarlos a palos, como ya habían hecho poco antes en una protesta en el Parque Central.

Entran en juego los operadores políticos del Estado represivo

Con esa limitación mediática sobre el uso de la fuerza, el peso de la gestión para manejar el conflicto recayó en el brazo político del Estado totalitario: esta vez, el viceministro de Cultura y un reducido grupo de operativos políticos. Pero el MSI y la manifestación frente al Ministerio de Cultura ya habían saltado a la primera plana de los principales medios y agencias de prensa internacionales.

La misión encargada por el poder militar a esos burócratas fue apaciguar a los manifestantes sin alcanzar compromisos y así lograr —como quien desactiva una bomba— que se disolviera la multitud y regresaran a casa, al menos por una semana.

Ese plazo le permitiría al G2 actualizar sus perfiles para dedicarse a dividir grupos y personalidades, mediante el empleo de su arsenal de medidas activas, para echar a pelear a unos contra otros, además de llevar a todos esos disidentes ante "el otro paredón" del asesinato público de su reputación.

El brazo político del aparato represivo, en este caso operado por la burocracia cultural, ya se apresta a poner en marcha un dispositivo disuasivo de mediano plazo: encaminar el proceso en conversaciones que no constituyan genuinos diálogos ni negociaciones para que no lleguen a desembocar en algo productivo. Conversaciones sin terceros independientes que puedan actuar de mediadores, en recintos oficiales y con un representante del Estado controlando los micrófonos y la lista de oradores. Conversaciones sin transparencia ni grabaciones o actas, en que los anuncios públicos, si los hubiese, son dados por el Estado. Conversaciones bajo la dominación y hegemonía del Estado opresor.

Esa estrategia les ha resultado exitosa en ocasiones anteriores. Pero, ¿podrán serlo en las actuales circunstancias? ¿Serían aceptables esas condiciones para los representantes del "Estado llano" en la Cuba de 2020?

El modo en que terminó la jornada de protesta multitudinaria frente al Ministerio de Cultura indicaría que el régimen logró sacar algún partido inicial. En ello probablemente pesó la espontaneidad y rapidez de los acontecimientos, así como la ausencia de un liderazgo colectivo en el grupo de personas que se sentaron con los operarios políticos del Estado policial.

Cruzar el umbral de la verja ministerial sin adecuada preparación facilitó que el Gobierno alcanzara su objetivo inmediato: ganar tiempo. También logró disolver a los manifestantes sin usar la fuerza, y obtuvo un plazo de preparación para enfrentarlos en mejores condiciones.

Sin duda habría sido aconsejable establecer precondiciones que, por obvias y razonables, hubiesen puesto en desventaja a sus potenciales interlocutores frente a la opinión pública. Era el momento de mayor debilidad del Estado para reclamar la liberación de Denis Solís, el levantamiento del control policial sobre los miembros del MSI y el cese de la ocupación policial del domicilio de Otero que sirve de sede al Movimiento. No se trataba de alguna cosa que no pudiera satisfacer de inmediato o que resultase extraordinaria. Todo el conflicto se había iniciado con la detención arbitraria y sanción sumaria de Denis. Y la opinión pública habría comprendido que no es posible iniciar ningún intercambio serio con aquellos que se resisten a liberar rehenes en estado de precaria salud. Era la señal de buena fe que tenían que haber aportado los operarios políticos del Estado policial.

"El juego no se ha acabado hasta que termina"

Pero lo ocurrido no es definitivo. Por lo que utilizar la descalificación prematura de los jugadores, en lugar de criticar jugadas cuestionables, quizás no sea lo más útil en este momento. Las inevitables improvisaciones, discrepancias y errores que se dan en estos procesos, sean superficiales o de fondo, son manejables. Y como decía un famoso receptor de Grandes Ligas: "el juego no se ha acabado hasta que termina".

Lo más importante de lo ocurrido en la noche del sábado no fueron los eventuales errores que alguien pudiera señalar —con más o menos razón— a algún interlocutor, sino el nacimiento de algo de mucha mayor magnitud que marca un antes y después en la actual coyuntura. Algo más trascendental que el propio MSI y el gremio de creadores en su conjunto.

La resignación y desconexión que alimentan la apatía cívica han sido sacudidas. Y la noticia de ese insólito hecho, en un país donde se supone que todo está bajo control, trascendió mucho más allá del muro del malecón habanero. Nada será igual después de esta jornada. La apatía, principal pilar del régimen, ha sido perforada.

El Movimiento San Isidro, usando como medio de protesta la lectura pública de poemas, y su disposición a morir ha obligado al Estado cubano a mostrar su naturaleza represora ante el mundo. Mala cosa para la elite de poder en este momento. El contexto no puede serle más adverso. Hay una vasta pradera seca esperando una chispa que la incendie.

Inepta, la elite de poder espera que la Administración Biden y la Unión Europea vayan a su rescate ante el vacío de subsidios que ahora padecen por la crisis venezolana. Necesitan, una vez más, maquillar el sistema totalitario para facilitar la obtención de créditos —que no pagarán— con los que financiar la represión en medio de la más grave crisis del país desde la década de los 90.

Medidas aisladas como la supuesta privatización de restaurantes estatales pueden fabricar titulares de prensa, pero no les van a lavar la cara. Mucho menos si la población sacude su docilidad en medio de esta crisis.

La insumisión que la chispa del MSI ha inspirado en el sector creativo puede extenderse a otros grupos de población: los sin techo pueden organizar un movimiento okupa como el de otros países para ingresar a locales vacíos; los campesinos pueden producir solo para su autoconsumo si el Estado se niega a las demandas de su propuesta "Sin Campo no hay País"; los emigrados pueden retener una parte de sus remesas hasta que el Gobierno acepte la plenitud de sus derechos nacionales y las entregue directamente en dólares a sus familiares, y así sucesivamente.

La demanda más subversiva del MSI en medio de su huelga de hambre fue la de que cerraran las tiendas en dólares. Esa exigencia corrió como pólvora en las largas colas para comprar comida de gente que no tienen internet, pero a quienes les llegó, boca a boca, que alguien estaba dispuesto a inmolarse por ellos. La situación se le puede complicar muchísimo más a un Gobierno que no acaba de entender que está en territorio nuevo donde sus viejas tretas pueden ser un bumerán.

Como diría Yogi Berra: "Este juego se acaba cuando termine".

Iliana, la de San Isidro

Iliana Hernández, durante la huelga de hambre en la sede del MSI. (Foto: Katherine Bisquet)

Recientemente, al abrir la página web de Radio Televisión Martí, como hago varias veces en el día, me conmoví profundamente. Una mujer joven, periodista, retaba al totalitarismo castrista de igual manera que lo hizo el hombre que detuvo una columna de tanques chinos en la Plaza de Tiananmen en junio de 1989.

Un hombre solo, una mujer sola, la misma dignidad, enfrentando unas dictaduras gestadas por los mismos progenitores, sustentadas en la doble moral de sus respectivos pueblos y nutrida por la cobardía cómplice de quienes claman tolerancia y comprensión para verdugos que no conocen la clemencia, mientras, ellos, disfrutan de las prerrogativas que le otorgan las sociedades libres.

Iliana Hernández reclama a la Seguridad del Estado por el arresto de su madre cuando iba a visitarla a sede del Movimiento San Isidro. (Facebook)
Iliana Hernández reclama a la Seguridad del Estado por el arresto de su madre cuando iba a visitarla a sede del Movimiento San Isidro. (Facebook)

Iliana Hernández, una conocida comunicadora y activista pro democracia, arrestada en varias ocasiones, en absoluta indefensión, solo protegida con el coraje que les falta a tantos, se hallaba parada en medio de una calle habanera con los brazos abiertos como diciendo, “vengan, aplastarán mi cuerpo, pero mis ideas seguirán en pie”, cumpliendo, al parecer, la máxima martiana, trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras.

La joven de pie, en la calle, frente a los represores, cómplices y vecinos, cobardes todos, le grito a la dictadura todas sus culpas. Dijo sus verdades y denuncio los incontables atropellos de un régimen que goza de la connivencia de un amplio sector de la población, de un número importante de ciudadanos que solo se dan cuenta de la maldad que callan cuando ellos son atropellados.

Iliana, la de San Isidro, forma parte de un grupo de jóvenes hartos del totalitarismo. Empachados de la persecución, la represión infinita, la miseria que no termina, la discriminación, mentiras, las violaciones a sus derechos de manera amplia y permanente, el abuso de poder de las autoridades y la falta de esperanzas. Dolidos todos ante un régimen que ha humillado y degradado moralmente a la población a instancias inimaginables, lo que determinó que algunos iniciaran una huelga de hambre y sed.

La joven activista, fundadora del movimiento opositor Somos+, es un trofeo a destruir por la dictadura desde que instituyó hace más de cuatro años la agrupación Lente Cubano, su afirmación a la publicación 14ymedio, “los jóvenes quieren cambios y el régimen tiene miedo” retrata una situación en la que todo parece indicar la represión se recrudecerá porque la masa está en proceso de convertirse en ciudadano al romper el cordón umbilical que la ata al patronazgo del estado todopoderoso.

La dictadura totalitaria siempre ha sido peligrosa, pero mientras más amenazada se sienta, más indefensos están los que se le oponen. Recordemos que fueron muchos de estos jóvenes lo que se opusieron al decreto 349, dando origen al Movimiento San Isidro, en rechazo a quienes conculcaba crudamente los derechos de los creadores, su activismo les ganó un destacado lugar en el odio que sienten los esclavistas hacia los libres.

El Movimiento San Isidro adquiere el nombre de un barrio humilde, marginal. Un barrio que no existe en la perspectiva de los que abogan a favor de la dictadura castrista desde el exterior, como tampoco perciben que en la Isla es necesario crear estos movimientos para reclamar derechos a la creación libre, el pensamiento libre y respeto al espacio social al que cada individuo tiene derechos.

En honor a la verdad estas son personas genuinamente libres. Ellos no están comprometidos con una ideología sino con un derecho inalienable y natural, el privilegio de pensar en la dimensión martiana de que “la libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresías”. Con independencia del mañana, cada uno de ellos se ha labrado un presente continuo en la lucha por la libertad de los cubanos.

Cierto que la dictadura está agotada, en una agonía que desgraciadamente puede durar muchos años, pero los jóvenes como Iliana Hernández, Luis Manuel Otero Alcántara y otros muchos, que iniciaron esta protesta para reclamar la excarcelación de Denis Solís, están indigestados de castrismo, no pueden más, y han llegado a otro convencimiento de José Martí, “la libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

Estos artistas están comprando la libertad por su precio y la dictadura, consecuentes con su naturaleza depredadora, entró a la fuerza en la sede del Movimiento y arrestaron a varios activistas, entre ellos a Otero Alcántara y Anamely Ramos. El castrismo es cruel y despiadado, la solidaridad con estos hombres y mujeres es más que necesaria.

Fidel Castro y el ego desmesurado de los cubanos

A woman walks along a street in Havana on April 18, 2018 as the National Assembly holds a session that will select Cuba's Council of State ahead of the naming of a new president. - Cuban President Raul Castro steps down Thursday, passing the baton to a ne

Artículo de Opinión

LA HABANA, Cuba. – Hay muchos que dicen agradecer a Fidel Castro por haber conseguido protagonismo para Cuba y que se hable de ella en el mundo.

Esos atorrantes, para que se conozca a Cuba en el mundo, no se conforman con Varadero, Viñales, el son o el tabaco de Vuelta Abajo; con haber tenido a Martí, Finlay, Capablanca, Lezama Lima, Lecuona, Benny Moré, Cabrera Infante, Celia Cruz, Dulce María Loynaz, Alicia Alonso, Bola de Nieve, Chano Pozo, Ignacio Piñeiro, Compay Segundo y un largo etcétera de ilustres.

durante casi quince años tuvo a decenas de miles de cubanos peleando en un país africano once veces mayor que Cuba...


No les era suficiente. Ellos, desmesurados, precisaban, para que se conociera a Cuba en el mundo, de un megalómano que desafió a los Estados Unidos e implantó una dictadura comunista 90 millas al sur de Key West; que estuvo a punto de provocar una hecatombe nuclear en octubre de 1962; que cundió de guerrillas las selvas y montañas de América Latina; que durante casi quince años tuvo a decenas de miles de cubanos peleando en un país africano once veces mayor que Cuba; que se solidarizó con cuanto tirano canalla hubo en el orbe; que provocó el éxodo de dos millones de compatriotas; que queriendo ser original y hacer más innovaciones al marxismo que Lenin, se pasó la vida dando bandazos, haciendo promesas que no pudo cumplir e ideando planes delirantes que destruyeron la economía nacional y nos condujeron al actual desastre del cual sus herederos y continuadores no saben cómo rayos salir.

Fidel Castro vino a redimir el complejo nacional por haber sido, con casi 70 años de retraso, la última colonia española que se independizó en América Latina, y para eso, con la ayuda de los norteamericanos, que a cambio impusieron la Enmienda Platt.

El mismo Fidel Castro —y esa fue la base de su personalidad— era un gran acomplejado. Tenía complejo de haber sido hijo de una sirvienta y de no haber sido reconocido por su padre hasta muchos años después de su nacimiento; complejo por su falta de clase de provinciano con dinero cuando se codeaba con los hijos de la burguesía en el Colegio de Belén y la Universidad de La Habana, lo que compensaría años después, ya como gobernante, codeándose y tratando de tú a tú a innumerables personalidades mundiales.

El mismo Fidel Castro —y esa fue la base de su personalidad— era un gran acomplejado....


El principal acomplejamiento de Fidel Castro fue con los Estados Unidos. Heredó el antinorteamericanismo de su padre, que fue miembro del ejército español derrotado por los estadounidenses en 1898. Tomó como una ofensa, siendo un adolescente, que el presidente Franklin Delano Roosevelt no le respondiera una carta donde le pedía diez dólares. Y en junio de 1958, cuando descubrió que las bombas que arrojaban sobre la Sierra Maestra los aviones del ejército gubernamental llevaban la inscripción “made in USA”, juró en carta a su ayudante Celia Sánchez que el sentido de su vida sería la lucha contra los norteamericanos.

Para ese enfrentamiento —pese a que disfrutaba de asumir el rol de David contra Goliat— y para todas las empresas desmesuradas que emprendió Fidel Castro, siempre tuvo un gran hándicap: el de provenir de un país pequeño y pobre que siempre le quedó estrecho para sus apetencias, y con un pueblo díscolo, poco disciplinado, jodedor, nada dado a la prosopopeya y las solemnidades, y que nunca estuvo a la altura de sus grandiosas expectativas.

Recordemos la perreta del Comandante cuando, en 1962, sin contar con él, Khrushov negoció con Kennedy la retirada de los misiles atómicos, y a los simpatizantes del castrismo, luego de haber estado a punto de perecer en una guerra nuclear, no se les ocurrió nada mejor que corear: “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”.

Recordemos la perreta del Comandante cuando, en 1962, sin contar con él, Khrushov negoció con Kennedy...


Fidel Castro, guapetón, desafiante, manoteando y gritando hasta desgañitarse, haciéndose el que se las sabía todas y las que no se las imaginaba, fue la trágica encarnación del desmesurado ego nacional que en realidad oculta un gran complejo de inferioridad.

Ese complejo explica el por qué de esa manía de los cubanos de querer hacernos notar dondequiera que llegamos; de creernos los más astutos, los más simpáticos, los mejores amantes, los más diestros bailadores, los mejores peloteros.

Tal vez porque Martí dijo que el que se levantara con Cuba se salvaba para todos los tiempos, y lo malinterpretamos, nos seguimos creyendo, independientemente de donde vivamos, que Cuba es el ombligo del mundo, la medida de todo, que el destino de la humanidad se decide aquí. Por eso, los castristas, pese a que solo tienen para exhibir sus fracasos y un paisaje de ruinas y miseria, piensan que la izquierda mundial tiene a Cuba como modelo y referente luminoso. Por eso hay tantos exiliados que piensan que Estados Unidos tiene a Cuba como su principal prioridad en política exterior y nos va a liberar del yugo castrista.

¡Cuánto daño —el peor de todos haber tenido que soportar a Fidel Castro— nos ha hecho, a todo lo largo de nuestra historia nacional, confundir los sueños con la realidad y creernos todas esas monsergas y paparruchadas!

(Publicado originalmente en Cubanet el 25 de noviembre del 2020)

El totalitarismo sigue en pie

La imagen de Fidel Castro entre banderas y símbolos del comunismo.

El nazismo y el comunismo comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea. El primero cuenta con un récord espantoso, aunque solo tuvo poco más de doce años en el poder. Aterra imaginar si hubiera gobernado más tiempo a qué extremos hubiera llegado el sadismo del holocausto y la crueldad de la Gestapo y las SS, muestras de lo denigrante que puede llegar a ser la condición humana.

Por su parte, el marxismo, con todas sus variantes imaginables, está depredando la humanidad hace más de un siglo y todavía hay países donde esa forma de opresión sigue devastando a sus ciudadanos y amenazando a terceros, sin que esa práctica avergüence a quienes guardan silencio cómplice ante tantas tropelías por tal de obtener beneficios.

Personas que como dice el escritor José Antonio Albertini, optan por callar ante los abusos interminables de una ideología responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos, individuos que favorecen las elites que abusan del poder cuando estas usan como argumento una justicia que son incapaces de aplicar.

El totalitarismo asfixia al pueblo que lo sufre. Destruye las esperanzas de los ciudadanos. Inocula el miedo en la población. Esparce la duda y la desconfianza en la comunidad, entronizando los sentimientos más mezquinos en las familias. El totalitarismo conduce a la miseria intelectual y material, a la inseguridad del creador y a la dependencia moral y económica del estado transformado en mecenas de quienes aporten al mecanismo de trasmisión del control una mayor eficiencia. El totalitarismo es el corruptor por antonomasia. Corroe las instituciones, dañando a la sociedad y a sus protagonistas de manera irreparable la mayoría de las veces.

En otros aspectos el mal está muy generalizado. Por ejemplo: la dictadura de Corea del Norte no cesa de amenazar la paz, alarmando a todos con su disposición de recurrir a la guerra nuclear si no son cumplimentadas sus exigencias. La República Popular China con todo el poderío que ha desarrollado en los últimos años aprieta cada día más la tuerca sobre el cuello de los hongkoneses, incrementa sus amenazas a Taiwán y presiona a países de su entorno con permanentes ejercicios militares que obligan a sus vecinos a participar en una carrera militar muy costosa; mientras, el tercer jinete de esta troika, Cuba, sigue aplastando a sus gobernados y continúa siendo incomprensiblemente una amenaza para la estabilidad del continente, a pesar de que solo ha acumulado fracasos en sus seis décadas de existencia.

El totalitarismo es ineficiente en todos los aspectos, pero de todos los países en los que se ha impuesto donde más ineficaz ha demostrado ser, exceptuando la represión en cualesquiera de sus expresiones y las gestiones subversivas, es Cuba.

El régimen castrista fue en su momento la esperanza de los creyentes del marxismo que repudiaban el socialismo soviético. Muchos estaban desilusionados por lo que pasaba en la URSS y creyeron que en la isla del Caribe sería posible un socialismo bueno endulzado con la azúcar, el tabaco y café que el marxismo en pocos años hizo desaparecer.

Los desilusionados de aquellos tiempos, todavía los hay en manadas, creían que lo que ocurría en la extinta Unión Soviética eran errores de los que movían los hilos del poder, negándose a aceptar que es una propuesta que niega la condición humana y que en consecuencia su construcción destruye los valores del individuo que dice defender.

Fidel Castro ofreció “pan con libertad”, en poco tiempo no había pan y menos libertades y derechos. El país se fue a la ruina y los logros alcanzado en los 57 años previos de la República se extinguieron. En Cuba bajo el totalitarismo sólo se ha conocido el racionamiento, la negación de los derechos, y la muerte y prisión por motivos políticos, por eso cuando en estos días, aún me tiemblan las rodillas, una joven, recién salida de la adolescencia me dijo “el socialismo de Cuba es una aberración, nosotros no queremos ese socialismo, tampoco el de Venezuela, queremos otro socialismo”, me espanté.

El Castrismo en Consejo de Derechos Humanos: el absurdo de elegir criminales para juzgar a los justos

Vista general del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza. REUTERS/Denis Balibouse/File Photo

Es una aberración, sin otro calificativo, que el régimen que ha sometido a millones de sus ciudadanos por décadas e incursionado violentamente en la política internacional con fines imperialistas, ocupe por quinta vez una posición en el organismo más importante de Naciones Unidas a cargo de defender los derechos humanos.

Que el castrismo y sus funcionarios se esfuercen por integrar esa entidad, o cualquier otra desde la que puedan ejercer influencia o tener control, es comprensible, es parte de su gestión de sobrevivencia, lo que es un enigma es que gobiernos electos democráticamente y que actúan sustancialmente como tales, respalden a regímenes como los de Cuba, Rusia y China para tales posiciones. Es un absurdo elegir criminales para que juzguen a los justos.

Fue desidia o complicidad, que el Grupo de América Latina y el Caribe, Grulac, no se pusiera de acuerdo para presentar más opciones a la elección en el Consejo. Tres candidatos para igual número de posiciones no dejaban alternativas, al parecer, fue la ruta escogida por los mandatarios latinoamericanos para evitar tener conflicto con el régimen injerencista de La Habana y con los partidarios de esa dictadura que operan al interior de sus países.

Nuevamente ha quedado demostrado que América Latina no es consciente de los riesgos que corre al tener de vecino al gobiernos más agresivo del continente, con independencia de que nuevamente puso a un lado su deber de ser solidario con los pueblos que padecen dictaduras, gestión en la que han sido mucho más consecuente los Estados Unidos y Europa, aunque corren menos riesgos de sufrir las agresiones del castrismo que los países del Grulac.

La conducta del hemisferio en relación a la dictadura cubana está fuera de la lógica más elemental. Un país como Perú, quien bautiza al denominado Grupo de Lima, la bandera solidaria con los demócratas venezolanos, a través de su canciller afirmó que votaría en la reunión del Consejo a favor de La Habana, la casa matriz de los horrores que padece Venezuela.

Evidentemente no fue supuestamente Perú el único país del hemisferio que votó a favor del totalitarismo insular. Según las cuentas solo 22 naciones votaron en contra de la presencia de Cuba en el Consejo, el resto 170, votaron a su favor, entre ellos deben estar conocidos satélites del castrismo como Venezuela y Nicaragua y algunos amigos que con justicia condenan a Nicolás Maduro y su satrapía, pero incomprensiblemente respaldan a un régimen que con maldad extrema continúa siendo fiel a los postulados de Fidel Castro.

Quiénes fueron será difícil conocer, aunque los pueblos tienen derecho a estar al tanto de cuáles son los países que se alían con sus verdugos.

Los votos en Naciones Unidas, en cualquier organismo internacional, deberían ser públicos, no secretos, porque eso invalida la transparencia de cualquier proceso democrático, aun más, como afirma el jurista mexicano René Bolio presidente de la Comisión Internacional Justicia Cuba, “se le debería exigir a los países que integren el Consejo de Derechos Humanos que sean genuinas democracias”.

La dictadura cubana está controlada por hábiles gobernantes, eficientes en su gestión que no dudan negociar cuando esperan obtener ventajas.

En los 70 acordaron con la Junta Militar Argentina arreglos que consistieron en guardar silencio ante sucesos que pudieran afectar tanto a Buenos Aires como a La Habana. Ahora lo hicieron con Perú y durante la presidencia de Tabaré Ramón Vázquez Rosas, con Uruguay, además, regímenes de fuerza como los mencionados de Venezuela y Nicaragua y los de África y Asia, entre los que destaca el tirano de Corea del Norte Kim Jong-un, reciben con beneplácito a la vez que favorecen, la presencia de funcionarios del régimen castrista en organismos en los cuales requieren aceptación.

Es penoso que todos los países que votaron a favor de la dictadura están conscientes de que el régimen violenta todos y cada uno de los derechos de sus ciudadanos, que no ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y como colofón, Cuba es uno de los pocos países del mundo que exporta represores y torturadores como refleja un reciente informe sobre Venezuela.

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