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Opiniones

Los ‘gays’ dan el ejemplo a los machazos

Activistas LGBTI participan en la Marcha Alternativa contra la Homofobia y la Transfobia en Cuba, sábado 11 de mayo de 2019. (Reuters)

El pasado sábado 11 tuvo lugar, en el centro histórico de La Habana, una Marcha Alternativa contra la Homofobia en Cuba. Desafiando el imponente despliegue represivo, centenares de activistas LGBTI, acompañados de numerosos simpatizantes, desfilaron valientemente por el Paseo del Prado, desde el Parque Central hasta el Malecón. Al llegar a esta última avenida, la policía puso fin al evento. ¿Teme el régimen un nuevo “Maleconazo”?

Se trató de la primera manifestación independiente realizada en la capital cubana desde la que semanas atrás escenificaron los adversarios del maltrato animal. Por esta única vez, la marcha sabatina no fue organizada por la doctora Mariela Castro Espín y sus paniaguados del gubernamental Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Las razones esgrimidas por la 'Sexóloga en Jefa' para no escenificar este año su habitual conga provocan sorpresa. Las dificultades económicas, el entorno político internacional y la actitud hostil de Washington parecen más bien pretextos. Al parecer, se decidió no convocar el desfile para evitar cualquier expresión “políticamente incorrecta” que, en medio del masivo descontento popular con el actual incremento de las carencias de todo tipo, pudieran hacer personas nada ortodoxas que, por definición, no suelen actuar como otros esperan de ellas.

Por consiguiente, lo que en las marchas convocadas por el CENESEX era acatamiento del poder y conformismo político se transformó por esta vez en desafío a las mismas autoridades que, como nos enseña la Historia, si por algo se han caracterizado ha sido por su rechazo y su represión a cualquier expresión de homosexualismo.

Ahí están, para recordárnoslo, los bochornosos campos de concentración de las llamadas “Unidades Militares de Ayuda a la Producción” (las tristemente célebres UMAP) y los encendidos discursos del “Máximo Líder”. En éstos —muy difundidos por cadenas de radio y televisión y reproducidos después en los periódicos nacionales— se vio el espectáculo lamentable de un jefe de estado que arremetía, con expresiones peyorativas de todo tipo, contra una categoría de conciudadanos, por el solo hecho de tener preferencias sexuales diferentes.

La conversión de la conga obediente organizada por la hija predilecta de su papá en un desafío cívico representa un buen ejemplo de la forma en que las cosas, respondiendo a sus propias realidades y esencias, se transforman de manera dialéctica (como dirían Hegel y también -¿por qué no mencionarlo?- Marx).

La marcha contestataria explica asimismo la mucha razón que tuvo en su momento el otrora 'Represor en Jefe', comandante Ramiro Valdés Menéndez, al hablar del “potro salvaje del internet”. Fue a través de las redes sociales que se arribó al necesario consenso para realizar la marcha, a pesar de las reticencias de Doña Mariela y los burócratas que la rodean.

La reacción de la aludida señora ante lo ocurrido no deja de resultar sorprendente. Según el diario El Nuevo Herald, ella manifestó que se trató simplemente de “un show organizado desde Miami y Matanzas”. A esto sólo cabría comentar: ¿Y qué? ¿Acaso los cubanos de esas dos ciudades no son compatriotas nuestros?

El corajudo desafío planteado al gobierno castrista por la comunidad LGBTI y sus amigos recuerda al ejemplo dado cada semana, durante años, por las dignas Damas de Blanco. Al menos hasta que alguien tuvo la ocurrencia de enarbolar el lema “Todos Marchamos”, con lo cual se desvirtuó el carácter puramente femenino de esa ejemplar protesta.

Las representantes del “sexo débil”, con sus actos, les demostraban a los “machazos”, domingo tras domingo, que ellos estaban sometidos a los abusos del régimen y soportaban como carneros todos los atropellos de éste. De manera análoga, ahora también las “locas”, “chernas”, “patos”, “gansos”, “maricas” (o cualquier otra expresión despectiva que quiera dárseles), con su valiente actitud, han hecho ese mismo llamado cívico a esos “hombres varones y masculinos”.

Razón tiene Diario de Cuba cuando, en su más reciente editorial, califica la marcha del pasado sábado como “un hito en la lucha por los derechos humanos en Cuba”.

René Gómez Manzano es abogado y periodista independiente.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.

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¿Qué opción falta sobre la mesa?

El mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, habla al público durante un mitin en Caracas, el 20 de mayo de 2019. (Reuters).

Frederick Hulse, profesor de Antropología Física (Arizona, 1963), gustaba de ilustrar con anécdotas el método científico. A todos nos gustan las soluciones ingeniosas, advertía, pero su elegancia sola no las hace creíbles. Se cuenta que un hombre cuya tribu jamás había oído hablar del alcohol observó en su país el comportamiento de algunos europeos. Algunos bebían whisky y soda; otros, aguardiente y soda; y otros, hasta ginebra y soda. Cualquier cosa que bebieran mezclada con soda los emborrachaba. El hombre dedujo, con toda lógica, que beber soda emborrachaba.

Era la explicación más sencilla; pero las cosas pueden ser más complicadas de lo que parecen. En el caso de Venezuela, por ejemplo, uno podría deducir con toda lógica, que Fidel Castro y Hugo Chávez son los únicos esponsables por el desquiciado experimento político que ha hundido a ese país en la desesperación, o interpretar el caos social incrementado por el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, como un fenómeno cíclico provocado por la desigualdad social e inestabilidad política en la región. Desde luego que es necesario tomar en cuenta el papel que jugaron o juegan estos sujetos en el descalabro del país, pero no suficiente para evitar que se nos escape la clave menos visible del problema: la mezcla con el alcohol.

Así entendido, me parece suficiente sugerir que el desorden ya citado se revela como consecuencia o residuo de la conquista española, no germen o principio de las guerras de independencia, el caudillismo o el sinuoso proceso republicano de Hispanoamérica. Se trata, a mi juicio de un mal crónico en la formación de la sociedad peninsular heredado por sus descendientes en el Nuevo Mundo. Absolutismo político, dogmatismo religioso, anarquía colectiva, militarismo, economía vulnerable y volátil, ahogan los esporádicos brotes democráticos. La democracia no acaba de echar raíces en Hispanoamérica y el precedente histórico no ofrece pruebas de lo contrario.

Una cronología mínima del proceso que refiero podría elaborarse a partir del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar en 1826 para sentar las bases definitivas de la Gran Colombia, la Patria Grande. Numerosos recuentos históricos suscriben, con diversos matices, que ahí se malogró el embrión de una comunidad federal perfectible. Como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, el padre de la independencia o salvador de la patria no logra adoptar más tarde el papel de líder cívico. Algunos, muy pocos por cierto, son modelos de virtud ciudadana. Lucio Quincio Cincinato en Roma; George Washington en Estados Unidos; Máximo Gómez en Cuba; José de San Martín en Argentina. Bolívar, sin embargo, sucumbe al embrujo del poder, como César y Napoleón.

Pedro Juan Navarro (Colombia, 1936), se refiere a Bolívar como un hombre valiente, sabio y profundo, pero seducido por el sueño de una dictadura imperial, tendencia que siembra la desconfianza y lleva al fracaso del Congreso de Panamá. Perú rechaza la Constitución boliviana; Bolivia, que había adoptado el nombre de Bolívar, la rechaza también. José Antonio Páez, jefe militar de Venezuela, cierra filas con la oposición. Ahí se inicia su camino hacia la muerte. Navarro observa que a pesar de sus declaraciones republicanas Bolívar se refería a la democracia como “Una cosa tan débil que el mayor obstáculo la derrumba y la arruina”. Desconfiaba del proceso democrático porque, “No debe dejarse todo al azar y a la aventura de las elecciones”. Y finalmente creía que, “El gobierno democrático absoluto es tan tiránico como el despotismo”. Teología política que aprovecha el chavismo para invocar a Bolívar como precursor de un régimen absolutista en Venezuela, de la misma manera que en Cuba se invoca a José Martí como autor intelectual del castrismo.

Identidad quebrada con la que tropieza Estados Unidos y el grupo de Lima, negociadores punteros envueltos en unas enmarañadas negociaciones de signo provechoso para Caracas y La Habana. Duchos en prolongar el diálogo hasta consolidar su propósito, negociar una solución convencional de cambio pacífico de

gobierno con un adversario al margen de la ley pone de entrada en desventaja al que acata la voluntad del pueblo. Formados para reprimir y matar en nombre del Estado, los sicarios del Partido sortean las presiones políticas y económicas con drogas o negocios turbios, indiferentes a la escasez de alimentos o medicinas. Persisten, hasta que los americanos se cansan de perder el tiempo ante un daño irreparable, como ocurrió en Cuba.

Por ese camino será cada vez más difícil frenar la expansión cubano-venezolana en Suramérica. He conocido académicos, libros de texto, políticos, simpatizantes de Castro, muertos de risa por el presunto peligro del régimen castrista. La víspera de la invasión de Bahía de Cochinos, el Senador J. William Fulbright llegó a decir que “El régimen de Castro es una espina en la piel, no una daga en el corazón” (Hugh Thomas, 1971). Muchos años después, la analista del Pentágono, Ana Belén Montes, llegaría más lejos al afirmar que Cuba no era un peligro para Estados Unidos. Ladina afirmación de una dama cautiva. Escuálida isla, no era peligro por si sola, pero dejó de serlo cuando los soviéticos instalaron misiles nucleares en su territorio. Esa engañifa está en el manual de operativos que saben como envenenar las aguas o engatusar a un ayatollah iraní, con la misma cuerda que intentaron meter a Nikita Kruschev en un conflicto nuclear con Estados Unidos.

Esto se está pareciendo un poco al hombre cuya tribu confundió la soda con el alcohol. Todas las opciones están sobre la mesa, pero las amenazas parecen cosa de amateurs; guapería coloquial criolla manoteando y amenazando al rival sin entrar a fondo, hasta que cada cual se vaya a casa sin que corra la sangre. Si George F.

Kennan viviera se moriría de vergüenza. Aquí queda poco por hacer. Cometeré el atrevimiento de predecir que las sanciones económicas no inducirán el cambio que algunos desean; el régimen venezolano se consolidará con Maduro u otro operativo designado por Cuba como parte de las negociaciones. Repoblarán Venezuela con una población clonada culturalmente. No puedo predecir que sucederá después, pero la consumación de la Patria Grande de Bolívar incluye Colombia, Bolivia y Ecuador, sinónimo de un poderío petrolero significativo. Toda comunidad humana tiene derecho a crecer, pero no a poner en peligro la seguridad del vecino. Canadá, por ejemplo, no representa un peligro para Estados Unidos, ¿se podrá decir lo mismo de una Gran Colombia inspirada en la revancha de Cuba por le derrota de España en 1898? Si ante un enemigo potencial todas las opciones han de estar sobre la mesa, ¿por qué no han armado a la oposición? Quizá no es buena idea, pero más tarde o más temprano tendrán que apagar el fuego.

I. M. Pei, el arquitecto que perdurará en el tiempo

Ieoh Ming Pei en una foto tomada en 1985 con la maqueta de su proyecto de pirámide en El Louvre.

Las personas peripatéticas como yo siempre tienen lugares que ejercen un encanto para ellas y a los cuales regresan cada vez que pueden.

Uno de esos lugares para mi es el “East Building”, anexo a la Galería Nacional de Arte en Washington D. C. y que constituye su ala este. De ahí su nombre de East Building.

El edificio, inaugurado por el Presidente Jimmy Carter en 1978, está construido con el mismo mármol blanco de Tennessee que se utilizó en 1941 para el edificio principal de la Galería Nacional. Tiene una planta triangular que contiene un gran atrio transparente donde se exhiben una serie de pinturas icónicas y otros trabajos que se hicieron expresamente para este edificio o, mejor dicho, el edificio se hizo en función de alojar las piezas que irían en el mismo.

Un guardia custodia el atrio del East Building of the National Gallery of Art.
Un guardia custodia el atrio del East Building of the National Gallery of Art.

Entre las obras hechas antes que el edificio se encuentra “La familia de saltimbanquis” del período azul de Pablo Picasso y entre las posteriores a la construcción está un tapiz monumental de Joan Miró y la última obra de Alexander Calder, un móvil de 76 pies que cuelga del techo del ático. Otras colecciones permanentes se han añadido a esta galería y exhibiciones temporales se muestran cada año. Pero eso es para otro día.

El arquitecto que diseñó el East Building es Ieoh Ming Pei, conocido en todo el mundo como I. M. Pei, quien acaba de morir en estos días a los 102 años de edad.

Ieoh Ming Pei nació el 26 de abril de 1917 en la ciudad de Cantón, hoy llamada Guangzhou, su padre fue Tsuyee Pei uno de los principales banqueros de China en aquellos tiempos pre comunismo.

Su madre fue flautista, experta en caligrafía, un arte chino que perdura hasta nuestros días. Su artística madre instruyó a su hijo en una educación de las artes unidas, una disciplina que incluyó retiros en monasterios budistas. La madre murió cuando el hijo tenía 13 años pero la huella maternal perduró.

En 1935 Pei vino a EE UU y se matriculó en la Universidad de Pennsylvania para estudiar arquitectura pero pronto llegó a la conclusión que la arquitectura clásica y un tanto arcaica que enseñaban en Penn no era para él y se transfirió al Massachusetts Institute of Technology, M.I.T., donde se graduó con una licenciatura en Arquitectura en 1940.

Pei pensaba entonces regresar a China para ejercer su carrera pero su padre, preocupado por el creciente peligro del movimiento comunista, lo disuadió de volver y Pei decidió entonces matricularse en la escuela de diseño de la Universidad de Harvard. Allí fue alumno de Walter Gropius fundador de Bauhaus y gurú del estilo internacional.

La arquitectura de Pei siempre mostró la influencia de Gropius y de ese estilo que está muy patente en el East Building que reseño aquí.

Cuando estaba en M.I.T., Pei conoció a una estudiante china que había llegado en 1938 para estudiar arte y diseño. Su nombre era Eileen Loo y como Pei, pertenecía a una distinguida familia china. Ambos se casaron cuando ella se graduó en 1942. Eileen comenzó estudios de post grado en Harvard mientras su esposo estudiaba para terminar su carrera de Arquitectura avanzada la cual terminó en 1946.

Cuando la revolución comunista arruinó a su familia y a la sociedad china, el regreso a su país de nacimiento se suspendió y en 1954 adoptó la ciudadanía de EEUU. Después de eso su carrera profesional siguió en ascenso. Había sido profesor de Harvard de 1945 a 1948 y dirigió la empresa Webb & Knapp de 1948 a 1955 antes de abrir su firma, I. M. Pei y Asociados. Su primer trabajo grande fue en Colorado, el Mile High Center en Denver.
El diseño del East Building le trajo a Pei dos de sus más celebrados trabajos, la Biblioteca J. F. Kennedy en honor del Presidente y la pirámide de cristal para la entrada al Louvre en París.

La pirámide de El Louvre.
La pirámide de El Louvre.

La Biblioteca Kennedy la consiguió por decisión de Jackeline Kennedy (más tarde Onassis) a quien le gustó el estilo del joven arquitecto que había nacido el mismo mes que el presidente. Su selección para este trabajo, escogido sobre uno de sus mentores Paul Rudolph así como otros ya famosos como Philip Johnson, Gordon Bunshaft y Louis Kahn, mostraba que lo veían como alguien en el tope de su profesión.

La pirámide del Louvre la obtuvo por la decisión del presidente de Francia François Mitterrand. El proyecto de la una enorme pirámide de vidrio y estructura de acero de 21 metros de altura, desencadenó una avalancha de opiniones a favor y muchas más en contra, algunas de corte definitivamente xenófobas que lo acusaban de profanar un monumento nacional. Al fin la voluntad de Mitterrand se impuso.

Con los años la polémica se esfumó y hoy la pirámide es aceptada, admirada y vista como uno de los grandes logros de Pei y Mitterrand, un símbolo de la nueva París. Por la escalera debajo de esa pirámide descienden ocho millones de visitantes al Louvre cada año.

La extensión del German Historical Museum de Berlín, diseñada por Ieoh Ming Pei.
La extensión del German Historical Museum de Berlín, diseñada por Ieoh Ming Pei.

Los primeros trabajos grandes de Pei los obtuvo del poderoso desarrollador urbano William Zeckendorf, su mecenas durante años.

Sin embargo, Zeckendorf era un constructor comercial y Pei no quería emplear el resto de su vida diseñando condominios, edificios de oficinas y centros comerciales. Decidió buscar otros horizontes y con la bendición de Zeckendorf que lo animó, consiguió la Capilla Luce Memorial en Taiwán y el edificio de M.I.T. de Ciencias de Tierra Verde.

Como parte de un viaje de intercambio cultural del Instituto Americano de Arquitectos, Pei al fin retornó a China en 1974. Estando allí, no titubeó en criticar la arquitectura trivial influenciada por los soviéticos que él vio y ofreció una charla urgiendo a los chinos a regresar a sus propias tradiciones en lugar de seguir esas “tendencias eslavistas de los patrones de Europa del Este”.

Esa crítica no evitó que el gobierno chino invitara de nuevo a Pei, en ese momento el arquitecto más famoso nacido en China (todavía lo es), para que diseñara un grupo de rascacielos para hoteles en el centro de Beijing. Pei no quiso y dijo que esos edificios irían en contra de su entorno. El régimen no se dio por vencido y le ofreció a Pei un terreno fuera de la ciudad. Ahí Pei produjo Fragrant Hill un edificio donde Pei combinó el estilo geométrico internacional con la estructura tradicional China.

Pei recibió muchas comisiones en China pero hizo más edificios en EEUU y en el resto del mundo, en gran parte museos y edificios públicos, ya mencioné algunos. Enumero unos cuantos más: National Center for Atmospheric Research in Boulder, Colorado; Everson Museum of Art en Syracuse y el Des Moines Art Center; Rock & Roll Hall of Fame y Museum en Cleveland, Ohio; John Hancock Tower en Copley Square en Boston; National Airlines terminal en aeropuerto JFK en New York; Newhouse School of Communications en la Universidad de Siracuse; Cleo Rogers Memorial Library en Columbus, Indiana; el Herbert F. Johnson Museum en la Universidad de Cornell; el Christian Science Center en Boston y su último proyecto, el Museo de Arte Islámico en Doha, Catar.

Pei tiene un edificio en Miami, es el singular rascacielos de 47 pisos Centrust Savings Bank, aunque ha cambiado varias veces de nombre. Muchos no lo reconocerán hasta que le digan que es el edificio que se ilumina con los colores de las banderas de distintos países los días de sus fechas patrias. Ese edificio añade a Miami otra obra de arquitectos ganadores del premio Pritzker, entre los que están también obras de Norman Foster, Frei Otto, Zaha Hadid, Frank Gehry y Philip Johnson.

Por cierto, el cliché dice que el Pritzker es el “Nobel de Arquitectura”. Viendo a los ganadores del Nobel en algunas categorías yo creo que esos Nobeles son los Pritzkers de los inmerecidos.

Aparte del Pritzker, Pei ganó el Premio Imperial Japonés, Medallas de Oro del Royal Institute of British Architects y del Instituto Americano de Arquitectos y la Medalla Presidencial de la Libertad de EE UU.

Pei vivió mucho y por mucho tiempo, le preguntaron que si no temía que su obra pasara de moda. Él dijo que no y que lo que más valoraba en una obra de arquitectura es que “perdurará en el paso del tiempo”.

“¿Qué República era aquella?”

De esa manera interpelaba Fidel Castro en los primeros meses del año 1959 -cobijado por la sombra del monumento a José Martí, en aquella plaza que ya había perdido su nombre- a la multitud cautiva por el efecto hipnótico de su verborrea:

“¿Qué República era aquella?”

Hubiera sido fácil responderle que, “aquella”, era la República que él se había cargado sin, al menos personalmente, disparar un tiro, la República imperfecta que le perdonó la vida, condenándolo a sólo dos años de presidio por el asalto al Cuartel Moncada, esa acción terrorista que él organizó, enviando a los asaltantes a una carnicería, no sin antes planificar, muy bien, cómo no arriesgar su personal pellejo. Pero no, las cosas nunca suelen ser tan sencillas.

Aquella República, que naciera el 20 de Mayo de 1902, tras 410 años de colonialismo español, fue gestada en dos cruentas Guerras de Independencia; incubada en los vientres de los campos de concentración creados por el feroz Valeriano Weyler; moldeada con el filo de los machetes de negros descalzos y aristócratas masones, liberales, patriotas, que habían empeñado hasta la cubertería familiar para costear sus sueños de independencia; tatuada con innumerables cicatrices en el cuerpo moreno de Antonio Maceo, el Titán de Bronce, cuya voz proclamaba con orgullo el 15 de marzo de 1878 en Los Mangos de Baraguá, enojado por el indecoroso Pacto del Zanjón, frente al representante de España, General Arsenio Martínez Campos:

“No, no nos entendemos, General.” “¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!!!”

La primera bandera cubana que envolvió a la recién nacida República, ondeó de la manos del General Máximo Gómez, viejísimo y enfermo, a las 12: 08 minutos del 20 de mayo de 1902, frente a una población emocionada.

No queremos cerrar los ojos, ignorar realidades. Como cualquier criatura, la República daba bandazos, tropezaba, caía, volvía a levantarse pero, en 1940 era ya la orgullosa propietaria de la Constitución más avanzada de la época, según expertos.

De 1902 a 1959 tuvo 20 presidentes, entre ellos, al menos dos considerados dictadores; apenas otros dos lograron alcanzar un segundo mandato; tuvimos presidentes de un mes, de tres días y hasta otros dos que apenas sobrevivieron 24 horas en el poder y un golpe militar -o cuartelazo- asestado el 10 de Marzo de 1952, por el General Fulgencio Batista, sí, el mismo que amnistió a los que sobrevivieron del ya mencionado asalto al Cuartel Guillermón Moncada y, a pesar de que esos polvos trajeron estos lodos…

“¿Qué República era aquella?”

No, después de ser colonia durante casi medio siglo, no podía ser otra República que aquélla. Era la anhelada intención de una República. Cuba era sólo un pequeño país en transición, porque la democracia no es un título en propiedad, sino un arduo aprendizaje y, aunque eran los primeros, torpes pasos, la isla tuvo logros memorables, sí, memorables, que el Señor Castro, ese que hablaba más que un loro bajo la sombra del monumento a un avergonzado José Martí, se dedicó, sistemáticamente, a desenterrar de la memoria de los cubanos. En otro mundo, este fanático de la perorata podía ser acusado de infanticidio al asesinar, aún en su cuna, a la pequeña República que otros cubanos, mucho mejores, habían soñado y que él, el Asesino en Jefe, enterró hace ya 60 largos, duros, hambrientos, ensangrentados años.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.

La mano de Cuba en las conversaciones venezolanas de Oslo

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, habla a sus seguidores el 1ero de Mayo de 2019 en Caracas, Venezuela. (AFP).

Después de brillantes demostraciones como opositor atinado, Juan Guaidó ha caído en la trampa que siempre dijo rechazar: autorizar conversaciones con Maduro. La razón: hay un nuevo factor jugando ahora en la ecuación: la Cuba castrista. Según los reportes de prensa, las conversaciones de Oslo fueron inicialmente sugeridas por La Habana. De ahí el peligro de haberse planeado en la isla una solución afín a sus intereses, aunque para ello tenga que entregar alguna pieza del complejo ajedrez que se juega en Caracas. Maduro sería sacrificado.

Desde las fallidas negociaciones de la oposición venezolana con altos mandos de la dictadura madurista, ya se vio más o menos claro que los planes de La Habana podrían implicar el cambio de Maduro por el general Padrino. Cuando este general puso como condición encabezar el gobierno de transición, detrás estaba la inteligencia cubana intentando controlar el proceso y colocando uno de sus mejores hombres, el general Padrino, encabezando los cambios hacia “la democracia”, la cual sería, ir a un esquema ya probado antes por el castrismo en Nicaragua.

Eso significa que muy probablemente la oposición haya recibido garantías de un relevo de Maduro por un gobierno de transición más elecciones, como exige Guaidó, pero dejando intacto el ejército encabezado por Padrino y el partido por Cabello. Habría elecciones que el castrismo estaría dispuesto a perder de inicio (recordemos la victoria de Violeta Chamorro) pero petróleo para Cuba y el esquema chavista continuaría en Venezuela, incubándose y a la espera.

El esquema que el castrismo promueve para Venezuela ahora, podría satisfacer los pedidos de EUA respecto a que “Cuba recoja sus militares”, pudiendo los cubanos sugerirles a los norteamericanos una solución para la isla similar a la venezolana. Retirando sus 20 mil hombres (casi todos médicos) pero dejando intacto el sistema de contrainteligencia sembrado en el ejército que encabezaría Padrino. Dentro de la isla el proceso sería sin cambios políticos y sin elecciones, pero con determinadas garantías capitalistas en la economía. ¿EUA aceptaría?

No habrá solución democrática en Venezuela -ni en Cuba- que no implique extirpar de raíz la ideología castrista, cosa que aparentemente la actual oposición venezolana no es muy consciente, al manifestarse contra una solución militar, única manera de “limpiar” totalmente el panorama marxista venezolano y cubano. Nicaragua es testigo del error de haber permitido una solución a medias, dejando impostado un partido y un ejército marxista, dispuestos a regresar.

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