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Opiniones

Los cruceros que pasan por Maisí tocan el claxon

El faro de Maisí visto desde el mar.

Los enormes buques blancos pasan tan despacio, y tan cerca, que casi se pueden tocar. Son apariciones en medio de la nada, porque esa zona de Cuba es tan pobre que apenas se pueden contar casas.

Si hay cubanos que de toda la vida han visto de cerca los cruceros, esos son los de Maisí. Los enormes buques blancos pasan tan despacio, y tan cerca, que casi se pueden tocar con las manos. Son apariciones en medio de la nada, porque esa zona del oriente del país es tan pobre que apenas se pueden contar casas, solo unas pocas chozas increíblemente sujetadas a la tierra.

Por donde pasan los cruceros hay un escenario sobrecogedor, muy cerca, que es un cementerio de náufragos haitianos; pero como los cruceros generalmente pasan de noche, solo se ven las luces del hotel flotante; se escucha la música tropical de las fiestas a bordo, el leve sonido procedente del cuarto de máquinas, las olas rompiendo suavemente en el casco de la nave, y se observan curiosos en la cubierta que dicen adiós. Solo quien sabe que debajo de todo esto hay un cementerio de náufragos –sin nombres, solo números y cruces de cabillas- es capaz de sentir en lo más hondo los contrastes de la vida.

La Cruzada Teatral de Guantánamo llega cada año a las llamadas "zonas de silencio" (foto Jorge Ignacio Pérez)
La Cruzada Teatral de Guantánamo llega cada año a las llamadas "zonas de silencio" (foto Jorge Ignacio Pérez)

Dicen los lugareños que, cuando se avisa naufragio, se activan los pocos agentes de Defensa Civil, a toda prisa, porque a veces se pueden salvar vidas. Y también acude la gente común a ayudar con lo que puede. Generalmente los cayucos llegan con los muertos, y es por eso que se producen los enterramientos masivos, para evitar epidemias.

Muy cerca está el Faro de Maisí, donde un torrero anónimo y solitario observa el tráfico del Paso de los Vientos, el canal peligroso de la zona por donde se desplazan los haitianos que quieren llegar a Estados Unidos. Sin embargo, su destino final, tristemente y en contra de su voluntad, está en Cuba.

El cementerio de haitianos redobla la pobreza. Maisí es un pueblo que si no tuviera el faro ni se conociera. En el mapa de la isla representa la cabeza del caimán, aunque hay quien lo ve al revés. Lo que sí es imposible que alguien que amanezca allí se olvide de esa bola de fuego que rompe el horizonte. Es uno de los amaneceres más bellos del mundo, en medio de la desolación y el olvido. Porque sí, los cruceros pasan, tocan el claxon y siguen hasta República Dominicana o Puerto Rico. Tocan el claxon por cortesía con unos habitantes que hasta hace muy poco tiempo eran –todavía muchos lo son- de los más aislados del planeta.

No hay muelle, ni derecho a atracar

Los guantanameros siempre han tenido una doble vida, la real y la soñada por esa proximidad a la Base Naval americana. No pocos escuchaban historias de otros que conocían a alguien cuyo vecino tenía un amigo viejo que todavía trabajaba en el campamento militar yanqui, o recibía pensión de allí.

Caimanera, el pueblo prohibido de Guantánamo, tiene un hotel cuyo paquete turístico ofrece prismáticos para mirar la Base. Los televisores y radios que comercializa el gobierno en la zona están trucados. Dicen que les quitan una pieza para que no capten las ondas “americanas”, pero aun así entran las emisoras “del enemigo”.

Los inmensos cruceros que pasan tan cerca de Cuba por esa costa vienen a reafirmar el sueño, que consiste en imaginar un más allá grandioso, lleno de luces y de música tropical. Pero los barcos no paran porque está prohibido, a no ser que ahora, con las licencias especiales emitidas por el gobierno de Estados Unidos, decidan amarrar en algún lugar de Maisí para hacer escala. Un lugar que habría que construir.

Niños observan a un actor del Guiñol de Guantánamo, en Maisí (foto Jorge Ignacio Pérez)
Niños observan a un actor del Guiñol de Guantánamo, en Maisí (foto Jorge Ignacio Pérez)

El Dominguero

En enero del año 2000, un grupo del Guiñol de Guantánamo se encontraba en plena representación teatral cuando observó que el público mermaba. Como era de noche, la oscuridad favorecía un escape progresivo por los laterales. Hasta que detuvieron la función y preguntaron qué pasaba.

“Es que a esta hora pasa El Dominguero”, contestó un vecino respetuoso que, junto a su hijo, permaneció estoicamente en la improvisada “sala” de teatro, un descampado lleno de piedras que habían chapeado por la mañana y luego cercado con 15 o 20 bombillas, acopladas a una planta generadora de luz.

El Dominguero era un inmenso barco que se había hecho familiar, sobre todo por su manera de saludar. Como no había cine, ni nada en qué entretenerse, la tradición de ese “consejo popular” de Maisí, donde estábamos, marcaba el sagrado momento como uno de los atractivos de la zona. Era como ir a misa, pero de noche. Varias generaciones crecieron con esa ilusión, dijeron naturales de allí como si se tratara de algo que hay que comprender.

Una playa de Maisí.
Una playa de Maisí.

El subtexto que dejaba esa situación era sumamente triste. Unos actores que se desplazan una vez al año, pasando vicisitudes, miedo a los caminos, a los conductores borrachos, frío, lejanía, se veían obligados no solo a detener la función, sino a compartir un barco que no era de ellos ni de nadie cercano.

Cierto, el barco pasaba, casi se podía tocar con las manos, pero era remoto al mismo tiempo.

El actor y director de escena Ury Rodríguez, uno de los fundadores de la Cruzada Teatral de Guantánamo, con el tiempo se acostumbró a El Dominguero. “Una cosa que podemos hacer es cambiar los horarios, nunca el itinerario”, comentó con un poco de lástima. “Esta gente no se merece que dejemos de venir. En definitiva ellos no tienen la culpa”, argumentó el artista convencido más que todo de la grandeza del cielo, de esas estrellas que se veían tan claras en medio de la fiesta que supone el paso del barco.

Turismo en el “lejano” mundo

El mundo al revés sería suponer lo que estarían pensado los turistas que dicen adiós. Otra perspectiva del asunto. “Pobre gente”, pudieran creer, pero no tienen en cuenta que el marco de referencia, cuando es estrecho, provee de una vida feliz. Una vida sencilla, para no meternos en política. El mundo puede circunscribirse a unos cuantos árboles frutales, piedras, arrecifes, el cementerio de unos náufragos, el faro, un tractor sin combustible, los actores que llegan una vez al año. Ah, y El Dominguero, que no nos lo quite nadie.

Otra cosa sería que bajen los turistas alguna vez. Entonces todo cambiaría. Los locales podrían conversar, aunque sea con un traductor, y se enterarían de cómo va el mundo más allá de la línea del horizonte.

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Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

Raúl, al igual que Fidel Castro "podría morir sin rendir cuentas por crímenes y errores de los últimos 62 años", alerta The Washington Post

Fidel Castro y Raúl Castro el 7 de diciembre de 1996, cuando juraron llevar el sistema comunista en la isla hasta el próximo siglo.

Raúl Castro, al igual que su hermano Fidel Castro puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo, alerta un columnista en el diario estadounidense The Washington Post.

Las sentencias definitivas para ellos requerirían una investigación similares a las realizadas durante las transiciones democráticas de Chile, El Salvador, Sudáfrica y Europa del Este pero "la salida cuidadosamente organizada de Raúl hace que tal ejercicio de justicia retrospectiva para Cuba sea poco probable durante su vida", indica Charles Lane, redactor editorial del Post.

La cobertura de los medios se ha centrado en lo que podría significar su retiro para el futuro de la isla, cuando en realidad "se debe prestar más atención a las implicaciones para el pasado de Cuba, específicamente, los crímenes y errores de los últimos 62 años del gobierno de Castro", considera el periodista.

"La transición de Cuba acerca a Raúl Castro, de 89 años, al día en que él, al igual que su hermano Fidel, quien le entregó a Raúl el control político total en 2011 y falleció a los 90 en 2016, puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo. en poder", dice Lane, especializado en política económica y fiscal.

En su columna semanal, destaca que Castro, a pesar de la imagen de abuelo y reformista que ha cultivado en los últimos años, "tiene más que un poco de sangre en las manos" y enumera varios hechos desde sus días en la Sierra Maestra, cuando fotografías muestran a Raúl vendar los ojos a un supuesto traidor momentos antes de que un pelotón de fusilamiento le quitara la vida; la supervisión de las ejecuciones sumarias de unos 70 presuntos ex policías y soldados de Batista, cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja; y la creación de los campos de trabajo forzado UMAP, dirigidos por las fuerzas armadas, bajo su mando.

"No existía tal justificación para los campos de trabajos forzados en los que 35.000 cubanos, en su mayoría hombres homosexuales, testigos de Jehová y otras personas consideradas necesitadas de reeducación por el trabajo, fueron internados entre 1965 y 1968. Las condiciones eran brutales; unos 70 murieron por tortura y 180 se suicidaron", recuerda Lane.

"Raúl todavía era ministro de Defensa en la década de 1970, cuando las tropas cubanas intervinieron para proteger la dictadura marxista de Etiopía. Apoyaron al régimen en Addis Abeba mientras su líder, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, masacró a 10,000 oponentes durante el "Terror Rojo" de 1976 a 1978, y mientras cientos de miles murieron de hambre debido a la colectivización forzosa de la agricultura en Mengistu a mediados de la década de 1980", indica el artículo.

El columnista recuerda la participación de Castro en la Causa 1 de 1989 cuando fueron fusilados Arnaldo Ochoa, el General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez, de las FAR; y el mayor Amado Padrón, del MININT.

"Fidel y Raúl ejecutaron a cuatro de sus más allegados por cargos falsos de traición y tráfico de drogas, cuando el verdadero delito fue desafiar la autoridad de los hermanos Castro", apunta.

Lane menciona también que el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que perdieron la vida cuatro cubanoamericanos, estuvo a cargo de aviones militares cubanos bajo el mando de Raúl.

"No hay suficiente espacio en esta columna para los miles de cubanos (y otros) que murieron, enfrentaron encarcelamiento o sufrieron de otras formas, incluido Walterio Carbonell, un intelectual marxista negro encarcelado en 1968 por insistir en que la revolución haga más para combatir el racismo. Tampoco es posible desenredar la culpabilidad de Raúl de la de Fidel, su hermano mayor, dominante, que solía tomar las decisiones, pero que se apoyó en todo momento en la firme complicidad de Raúl", reconoce el columnista.

"La memoria y la verdad pueden impedir que Raúl Castro y sus sucesores dinásticos escriban su página en la historia sin oposición", escribe Lane quien llama la atención sobre el hecho de que el general de 89 años no parece preocupado y que su expresión al aceptar la medalla Orden de Lenin hace un par de años en la Embajada de Rusia en La Habana era "relajada y encantada".

"Era la mirada de un ganador", concluye.

Bahía de Cochinos: 60 años de historia

Luis González Lalondry, durante un evento en la Brigada 2506. (Roberto Koltun OCB/Archivo)

Hace unos pocos días acabo de cumplir 87 años y desde muy jovencito he estado luchando contra el comunismo, y ya en la Escuela Superior, contra el castrismo y lo que sabía que venía para el pueblo de Cuba: hambre, destrucción y muerte. Y, lamentablemente, así fue.

Al triunfo de la mal llamada revolución encabezada por el tirano Fidel Castro, me convencí más aún de que no había otra alternativa que continuar luchando dentro de Cuba, y cuando la muerte me rondaba, y la cárcel esperaba por mí a la vuelta de cada esquina, no tuve otra alternativa que tomar el camino del exilio y los muchos sinsabores del destierro en Miami.

En esta bendita ciudad me incorporé a las fuerzas de la Brigada de Asalto 2506, que combatió heroicamente, el 17 de abril de 1961, por la libertad de Cuba en Bahía de Cochinos, hasta la última bala, contra un ejército de 60 mil hombres, sin agua, sin comida, sin refuerzos, sin municiones, sin apoyo aéreo, solo con su patriotismo y sus ideales. Lo demás es historia que conocen, no solo los cubanos, sino el mundo entero, 60 años después.

Los jóvenes, y los que no eran tan jóvenes, que pelearon bravamente en Playa Girón, Playa Larga, Pálpite, Yaguaramas y San Blás, hasta la última bala y el último aliento, lo hicieron como lo están haciendo ahora los cubanos de San Isidro y los seguidores de José Daniel Ferrer en Santiago de Cuba, dándole la batalla a la tiranía en sus propias barbas, y donde más le duele: la opinión pública. Ahora cuentan con un instrumento decisivo: las redes sociales y el poder de la electrónica, que hace 60 años no se conocía. Tomaría tiempo, no sé cuánto, pero están llamados a triunfar.

No obstante, Bahía de Cochinos y su historia es una alternativa para seguirla, para estudiarla y para ponerla en práctica cuando las circunstancias así lo aconsejen, porque las dictaduras y los regímenes comunistas no se caen solos, hace falta tumbarlos, y la dictadura de la mafia que gobierna nuestro país a sangre y fuego hay que sacarla del poder, como los rumanos hicieron con Ceaușescu, los italianos con Mussolini y los alemanes, con la ayuda de los aliados, con Adolfo Hitler.

Le doy Gracias a Dios que quedé vivo en Bahía de Cochinos. Agradecido estoy de haber llegado a estos 87 años, porque muchos compañeros cayeron combatiendo en San Blas, en Playa Larga o en Playa Girón. No sólo lo siento por los hermanos de causa que cayeron combatiendo, lo siento también por los que de regreso al destierro de la cárcel han cerrado sus ojos sin ver ondear la bandera de la patria libre del comunismo y del maldito castrismo.

Yo soy de los que creo que la libertad de Cuba está en camino, sólo depende de los cubanos, si tienen el valor, la entereza y la decisión de conquistarla a golpe de coraje. San Isidro es el primer golpe, pero hacen falta muchos San Isidro, y millares de jóvenes que tomen el camino de los que han puesto esta barriada de La Habana Vieja en el mapa en estos momentos.

San Isidro es el camino, pero en todos los barrios de Cuba, en todas las ciudades de la Isla, en todos los repartos de nuestro país, en todas las provincias, para que el régimen y la mafia que detenta el poder se llene de miedo, ceda, renuncie y se vaya. Si no, han perdido el tiempo los líderes de esta heroica barriada, y los más de 40 huelguistas de Santiago de Cuba y UNPACU, encabezado por José Daniel Ferrer, que se jugaron la vida por lograr el objetivo final, que es la salida del régimen castrocomunista del poder, y la libertad de Cuba.

Para la historia de los pueblos, 60 años no es mucho tiempo, pero para los hombres y las mujeres que participan en la historia misma, es una eternidad. Y la hermosa gesta que comenzó hace años con los hombres de Useppa, luego se trasladó a las selvas de Panamá, y después a las montañas de Guatemala. El tiempo ha transcurrido vertiginosamente y la vida se ha ido acabando sin darnos cuenta.

Pero la historia está ahí. El régimen nefasto está ahí. Sólo hace falta un empujoncito más para acabar con la noche oscura que ha destruido nuestro país, ha separado nuestras familias y ha empobrecido doce millones de compatriotas. Por eso el momento es ahora, no es luego, ni después.

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