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Opiniones

Las bienales del castrismo

Fidel Castro saluda a la artista Setsuko Ono en la 8va Bienal de La Habana, en 2003.

El cinismo de la dictadura totalitaria cubana no conoce límites, pero la abyección de sus secuaces, particularmente los que se desempeñan en el sector intelectual, es una profunda muestra de cómo se descompone el creador cuando sirve al poder.

El castrismo, una herramienta represiva cuyo único objetivo es el control, siempre gustó tinturarse de creadores que le sirvieran incondicionalmente, de ahí la consigna de Fidel Castro, un hombre talentoso y brillante que nunca creo nada a excepción de un régimen despiadado e ineficiente y un folleto, “La Historia me absolverá” que los cubanos evidentemente nunca leímos con atención porque nos hubiéramos percatado que el sujeto prometía un mundo a su exclusiva conveniencia.

Fidel no fue capaz de teorizar sobre su única obra, el “castrismo”, pero si fue preciso en su consigna a los intelectuales, un parte aguas que los creadores de la época debieron asumir que presagiaba el fin de sus derechos creativos y hasta de su libertad de conciencia, “Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada”.

El régimen impuso el control cultural, de ahí la otra frase: “inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país”, que debió alarmar a los creadores cubanos, “lo primero es la Revolución misma. Y después, entonces, preocuparnos por las demás cuestiones”.

Y luego apuntar de forma demoledora: “Es decir, que el campo de la duda no queda ya para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios; el campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sientan tampoco revolucionarios”.

Después de esta afirmación numerosos creadores cubanos siguieron sirviendo al régimen por un miedo que invalidó su conciencia o peor, por un plato de lentejas que algunos terminaron comiendo en la cárcel.

Ante estos conceptos expresados por el dictador en jefe y por la obra destructiva de su régimen de 60 años a ningún observador o víctima del castrismo debe sorprenderle el reciente Decreto 349 y otros que le precedieron, ni la encarcelación de los intelectuales libres que se oponen al control del pensamiento y de la obra, como tampoco la exclusión de artistas críticos de lo que acontece en la isla.

Las bienales castristas, así como los congresos culturales de cualquier tipo celebrados bajo el auspicio del régimen, no pueden ser genuinos foros de la creación. Un evento que se realiza en el marco de la censura y la amenaza de prisión como les ocurrió a la creadora y activista Tania Bruguera y a Luis Manuel Otero Alcántara, es un fracaso, porque sin libertad, condición que se perdió en 1959 en Cuba, no es posible al arte.

Esta penosa realidad es la que determinó que varios artistas cubanos dirigieran una carta abierta a sus pares invitados a la Bienal de La Habana demandándoles solidaridad con los creadores que se oponen al Decreto 349, especificando que los firmantes son artistas vulnerables por haberse opuesto a la ley que criminaliza la producción artística. También piden a los participantes de la Bienal invitar a artistas independientes que fueron perjudicados por el decreto y a compartir con ellos los espacios o escenarios de exhibición del evento.

Es fundamental que los intelectuales libres, los creadores que solo responden a su conciencia, al igual que organizaciones como el Pen Club Internacional se manifiesten categóricamente contra estos fraudes del castrismo, de ahí la importancia de la reciente declaración del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio que preside José Antonio Albertini, que afirma que“el castrismo en su condición de depredador del pensamiento libre no cesa en sus ofensivas contra la libertad, y en brindarle al mundo, una imagen en la que los cubanos hacen dejación hasta de su propia vocación artística por la Revolución, tal y como exigiera Fidel Castro en las reuniones que sostuvo en 1961 con intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional de Cuba”.

Hay una realidad incontrastable, todos los eventos que se celebran en Cuba tienen que ceñirse al pensamiento oficial, responder a los intereses del régimen, en particular los relacionados con actividades creativas, en consecuencia los artistas que participan en estos eventos deben tener mucho cuidado de no convertirse en víctimas o victimarios del totalitarismo.

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Cubano de la Generación Y muere en huelga de hambre, el primero bajo Díaz-Canel

Yosvany Aróstegui.

Otro opositor al castrismo, también en la cárcel, muere por la desidia de una dictadura de más de sesenta años. Es difícil entender cómo en Cuba, en pleno Siglo XXI, en tiempos de globalización y de redes sociales, sigan muriendo en huelga de hambre personas que solo reclaman que sus derechos sean respetados.

Tampoco es comprensible que ese mismo régimen tenga en prisión a más de un centenar de hombres y mujeres, en su mayoría nacidos después de la llegada al poder de los hermanos Fidel y Raúl Castro, que sin haber conocido y nunca disfrutado sus derechos fundamentales, estén en la cárcel por luchar por ellos.

Yosvany Aróstegui Armenteros, conocido como “El Cochero”, murió tras más de 40 días en huelga de hambre en la ciudad de Camagüey, había estado recluido en la cárcel Kilo 7 de esa localidad por su posición antigubernamental.

Yosvani era un cubano negro que apenas había cumplido los 41 años. Un hombre de carácter, porque su amigo Faustino Colás Rodríguez dice que desde su ingreso a prisión, la que siempre calificó de injusta, plantó en varias ocasiones, incluidas huelgas de hambre, si apreciaba que sus derechos le eran negados.

El régimen cubano tiene un récord inigualable en el número de prisioneros que se han visto obligados a recurrir al peligroso extremo de una huelga de hambre. Algunas han sido masivas, en las que han participado cientos de presos políticos, como recoge José Antonio Albertini en “Cuba y castrismo: Huelgas de hambre en el presidio político”, libro único, que recoge testimonios de sobrevivientes de huelgas de hambre.

El primer prisionero muerto en huelga de hambre bajo la mandancia de Miguel Díaz-Canel (término que se usa en las cárceles cubanas para identificar al preso de mayor autoridad y al ser Cuba una gran prisión es el vocablo que mejor se ajusta al jefe de gobierno) fue Yosvany Aróstegui Armenteros.

Así que es de esperar que la Comisión Internacional Justicia Cuba, que componen juristas y profesionales de varios países y que dirige el mexicano René Bolio, agregue este nuevo crimen al sucio prontuario del castrismo y lo cargue directamente al folio del dictador designado.

Es importante repetir que la dictadura castrista tiene el infame récord de haber encarcelado por motivos políticos a más de medio millón de personas de 1959 a la fecha y el no menos bochornoso privilegio de que en sus cárceles hayan muerto hasta el presente al menos 14 prisioneros políticos, incluido Arostegui Armenteros, por participar en huelgas de hambre individuales y colectivas.

Es indignante la indiferencia de tantas personas con lo que acontece en Cuba, apatía que incomprensiblemente también ha contagiado a numerosos cubanos, incluso propias víctimas de la dictadura, que actúan a favor de ese régimen con devoción masoquista.

Es difícil comprender a los políticos y dirigentes sociales que en países democráticos defienden el régimen de La Habana y muestran interés en tener con el totalitarismo castrista mejores relaciones y hasta asistirle como ha prometido más de un político.

José Martí, escribió, “La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar a la ignorancia”, afirmación que en los tiempos de mayor ilustración de la humanidad sería innecesaria sino sobraran los idiotas útiles, siempre prestos a hacerle el trabajo sucio a los demagogos y populistas.

Es difícil entender qué motiva a jóvenes y a otros muchos no tan jóvenes, formados en una sociedad abierta como la estadounidense, a impulsar modelos políticos y económicos fracasados y que hasta crean que puedan ser recuperados y beneficiosos para la humanidad.

Raidel Aróstegui Armenteros, hermano de Yosvani dijo: “En Camagüey él era una piedra en el zapato de la policía política por sus acciones”, una actitud que las dictaduras no pueden soportar y buscan acallarla practicando sus habilidades más notables, la represión y el asesinato.

Ernesto Borges envejece en prisión por defender su dignidad

Ernesto Borges Pérez (centro). (Foto tomada de Facebook de Mario Félix Lleonart)

El capitán de la contrainteligencia castrista Ernesto Borges Pérez fue arrestado en 1998 por intentar pasar información sobre 26 espías que la dictadura preparaba para infiltrar en suelo estadounidense. Está tras las rejas desde hace 22 años. Era un hombre libre, que como otros muchos ciudadanos cubanos, hombres y mujeres han perdido la salud y han envejecido en la cárcel por defender sus convicciones.

Los cubanos en general, los de mi generación en particular, tienen la dolorosa distinción de haber perdido amigos y conocidos frente al paredón de fusilamiento y la penosa particularidad de saber y conocer que un número apabullante de compatriotas han estado en prisión, no un año o dos, sino decenas, como han sido los casos de Amado Rodríguez, Roberto Jiménez, Ángel de Fana, Ernesto Díaz Rodríguez y muchos más, que ingresaron a prisión en sus veinte y salieron rondando los cincuenta.

Ejemplarmente, esos extensos años de presidio no concluyeron con el patrón de personas acusadas de contrarrevolucionarios cuando en realidad lo que trataron de hacer, desde Huber Matos a Mario Chanes de Armas, pasando por Armando Sosa Fortuny, fue impedir que el siempre amenazante marxismo se apropiara de un proceso en el que todos habían cifrado sus esperanzas de una Cuba mejor.

La realidad de que cada cubano puede luchar por los derechos de todos la sustenta el caso de Ernesto Borges Pérez, nacido en 1966. Borges, al igual que muchos de los que nacieron en los 60, creyó en la utopía castrista, sumándose a las huestes del flautista de Birán en la certeza de que estaban construyendo una patria justa. El castrismo los manipuló, los usó, a veces, como carne de cañón, enviándolos a guerras imperiales al servicio de una potencia extranjera, la Unión Soviética, o convirtiéndolos en despiadados verdugos de sus conciudadanos.

Los esbirros de la dictadura se han ensañado con un joven que asumió a plenitud su prerrogativa de pensar libremente. Borges cumple 22 años tras las rejas, de los cuales, al menos 10, han sido en celdas de aislamiento, sin ventilación y en la oscuridad. Está casi ciego y tiene otros muchos serios quebrantos de salud.

Por suerte para su dignidad personal, por desgracia para su humanidad, Borges Pérez se percató de la naturaleza criminal de la utopía y la enfrentó con gran coraje. El decoro lo ha conducido a envejecer en prisión y a enfrentar el riesgo permanente de perder la vida en la cárcel por haber combatido una dictadura.

Sobre la prisión han escrito y hablado numerosos autores que se han percatado de que las cárceles demandan ser atendidas por un espécimen animal con una clara inclinación a la crueldad, razón por la cual el novelista y ex preso político, José Antonio Albertini, escribió que “los represores y carceleros pertenecen a una raza, carente de Dios, filosofía y humanismo”.

Una personalidad de mucho coraje, físico y moral, un político que actuaba en base a sus convicciones y no por corrección política, Nelson Mandela, escribió que “un hombre que le quita la libertad a otro hombre es prisionero del odio, está encerrado tras las rejas de los prejuicios y la incapacidad de ver más allá... a los oprimidos y a los opresores se les priva de su humanidad por igual".

Una frase que entalla perfectamente al régimen totalitario castrista que incomprensiblemente Mandela nunca condenó. El régimen cubano ha encarcelado en estos sesenta años a más de medio millón de sus ciudadanos por motivos políticos.

La prisión política en Cuba es algo muy común; delitos como el “crimental” que figurara el novelista George Orwell en su libro de ficción política que amenaza en convertirse en realidad, “1984”, es frecuente. Ir a prisión por solo pensar escribir un libro donde no existe la posibilidad más remota de publicarlo, es una regla que los sicarios de la dictadura cumplen celosamente.

El régimen cubano ha sido por oficio motivador de odio y exclusión, como consecuencia de su naturaleza represiva. En la isla hay decenas de miles de personas en prisión por actos que en cualquier otra sociedad son legítimos y seis décadas después de haberse inaugurado la tiranía hay 134 personas condenadas por reivindicar su derecho a pensar y actuar libremente, según la ONG Prisoners Defenders.

(Las opiniones expresadas en comentarios en esta página web provienen de sus autores, y no tienen necesariamente que coincidir con la posición editorial de Radio y Televisión Martí)

Cuba y el eje del mal en Ginebra

A pesar del boicot Ariel Ruiz Urquiola expuso la realidad de Cuba en las Naciones Unidas

El sabotaje cometido contra un ciudadano cubano por la representación del régimen de La Habana en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra,ha sido calificado como deleznable por no pocos especialistas.

Cinco interrupciones de la representación castrista, secundadas por cuatro aliados, enfilaron hacia la persona del Ariel Ruiz Urquiola, biólogo cubano que en nombre de una organización no gubernamental denunciaba ante ese foro el sistema de esclavitud que aplica el régimen en susmisiones médicas internacionales.

Además, crímenes de lesa humanidad como la negativa a brindar atención médica oncológica a su hermana y aún peor, que el régimen le inoculó el virus de inmuno deficiencia adquirida, VIH.

Pero ya días antes en ese mismo ruedo, la delegación del régimen había hecho de las suyas cuando presentó una resolución a favor de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong, aprobada por el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular de China y que busca criminalizar la secesión, subversión y colusión con fuerzas extranjeras. Asimismo, restringe el derecho a disentir y fulmina la libertad de expresión. En fin, el objetivo es acabar con la oposición al gobernante Partido Comunista.

53 países, incluidos Cuba y China, firmaron la resolución mientras que otros 23 emitieron una declaración, presentada por Reino Unido, que condena las violaciones del gobierno de China en materia de derechos humanos en Hong Kong.

Mientras existan dictaduras en el Consejo de Derechos Humanos van a seguir ocurriendo actos de este tipo, de ahí la necesidad de renovar el organismo internacional que no debe ceder espacios a Cuba, China, Venezuela y otras naciones que ya tienen un lugar en un eje malévolo responsable de estos bochornosos sucesos.

¿Publicidad en "Granma"?: diario oficialista promueve “facilidad de pago” para turismo nacional

Especial "para los clientes nacionales", la plataforma Transfermóvil vende sus servicios en el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

El eslogan es bueno: “Tu móvil de siempre nos une como nunca”. Pero la idea es, cuando menos, un insulto.

Que aparezca publicidad en la portada digital del periódico Granma es sorprendente. Que ocurra en medio de la crisis económica que vive Cuba a raíz de la pandemia del COVID-19, y que la invitación sea para que “ahora desde Transfermóvil” los cubanos de la isla reserven habitaciones en una cadena hotelera cuyos precios hay que multiplicar por 25 para pagarlos con la moneda nacional, es una verdadera grosería.

“La cadena hotelera Gran Caribe anunció una nueva facilidad de pago de las reservaciones hechas por los clientes nacionales, a través de la plataforma de la telefonía celular Transfermóvil”, dice la nota del órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Por alguna razón ese partido, declarado enemigo del capitalismo, siente una extraña afinidad con los recursos del sistema capitalista cuando se trata de cobrar y de sacarle dinero a la gente. Sin embargo, a la hora de permitir que esas mismas personas puedan fundar empresas independientes para ganarse el dinero, el entusiasmo partidista desaparece.

“Esta nueva facilidad de pago está disponible para todas aquellas instalaciones de Gran Caribe ubicadas en todas las provincias del país que ya se encuentran en la primera fase de la etapa de recuperación pos-COVID-19, según publica la cadena en su perfil oficial en Facebook”, continúa diciendo la nota de Granma.

Obsérvese que el término “facilidad de pago” aparece una y otra vez como si fuera el resultado de una ardua gestión empresarial, casi como un sacrificio digno de aplausos, cuando en realidad es una mano tendida tratando de meterse en el bolsillo de los que se han quedado con casi nada por la crisis del coronavirus.

“Ahora desde Transfermóvil”, vende Granma.
“Ahora desde Transfermóvil”, vende Granma.

Inexplicablemente, la convocatoria les habla a los cubanos como si fueran extranjeros.

La cadena hotelera, dice, “cuenta con alojamientos patrimoniales en diferentes ciudades, que propician el contacto directo con la historia y costumbres de los cubanos, además de estar presente en los principales polos turísticos del país como Cayo Largo del Sur”.

Conmueve la decencia de algunas preguntas al pie de la nota, en la sección de comentarios de la página digital de Granma, sobre aspectos que delatan el apartheid al cual están sujetos los cubanos y que esta “oferta” no logra soslayar.

“He intentado acceder a las reservaciones de hoteles de gran Caribe a través de su página web y no poseen disponibilidad en ninguno de sus hoteles en Varadero”, escribe Luis. “Me pregunto si realmente podrán ofertar esta variante de pago online a los cubanos que vivimos en Cuba????

Incluso, la “oferta” se permite un elogio al perfeccionamiento de la capacidad de Transfermóvil para cobrar.

“La plataforma Transfermóvil ha consolidado sus servicios durante el aislamiento social a causa de la COVID-19, facilitando el pago de servicios, la transferencia monetaria, así como las compras online en todo el país”, apunta Granma, que cita a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) como fuente de la información.

CUBA-CIDH, un informe necesario

Un policía organiza una de las colas en La Habana. REUTERS/Alexandre Meneghini

Desde que se implantó en Cuba el totalitarismo castrista la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo autónomo de la entidad hemisférica, han emitido enjundiosos documentos sobre la realidad cubana, centrados siempre en la situación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos de la Isla.

No obstante, desde 1983, hace 37 años, la CIDH no presentaba un informe país sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, conducta que cesó en este 2020 al mostrar un reporte que incluye el período 2017-2019, en el que resume varios aspectos del escenario cubano.

Históricamente los documentos de la OEA, como los de la CIDH, han sido invariablemente muy críticos con la dictadura insular. Más severos que los pronunciamientos del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en los que se aprecia que primero está la corrección política y los compromisos ideológicos, que los padecimientos de los pueblos oprimidos por sus gobiernos.

Esta diferencia tal vez radique en que mientras la CIDH está integrada por siete miembros independientes que se desempeñan en forma personal, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un organismo intergubernamental compuesto por 47 estados supuestamente responsables de la promoción y protección de los derechos humanos, razón por la cual los informes de Naciones Unidas, salvo contadas excepciones, reflejan los intereses de los gobiernos que conducen esos estados y la convivencia entre los mismos.

El informe del CIDH sobre Cuba expone sus conclusiones sobre varios aspectos, entre ellos “el embargo económico de Estados Unidos de América, la Constitución de 2019, la democracia representativa y los derechos políticos, la situación de personas defensoras de derechos humanos, la libertad de expresión y los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales”.

No está de más comentar que la dictadura no permitió la visita de los especialistas de la CIDH. Históricamente el régimen ha rechazado el ingreso al país de relatores de organismo internacionales, lo que motiva, así lo explica el documento final, que los análisis sean el resultado de investigaciones y reportajes periodísticos presentados en diversos medios de prensa, tanto oficialistas como independientes, así como de organizaciones internacionales y de la sociedad civil, además de entrevistas directa con las personas afectadas o con defensores de los derechos humanos.

El resultado del informe es demoledor para la dictadura insular. Destaca que continúan ausentes los elementos esenciales de una democracia representativa; que la existencia de un partido único, Partido Comunista Cubano, afecta los derechos políticos de los ciudadanos, y expresa su preocupación por las restricciones democráticas que implica la ausencia de pluralismo político y representatividad, además de manifestar inquietud por la falta de imparcialidad en la administración de la Justicia.

El documento dice que “Cuba sigue siendo el único país del Hemisferio en el cual no existe ningún tipo de garantías para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión” que se mantiene el patrón de monopolio del estado sobre los medios de comunicación y la prohibición de fundar medios privados, lo cual es incompatible con los estándares internacionales sobre libertad de expresión.

El reporte señala que las disposiciones legales en asuntos relacionados con la Internet son sumamente restrictivas y ambiguas, y destaca la limitada conectividad de la población cubana. “Además, el bloqueo y censura de medios críticos, impiden seriamente el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, privacidad e intimidad en la red. En general, en materia de libertad de expresión, se observa una grave discriminación por motivos políticos en el ejercicio de los derechos humanos a todo aquel que piense o quiera expresarse distinto al régimen socialista”.

Por supuesto que no falta la petición del cese del embargo económico a Cuba por parte del congreso de Estados Unidos. El documento dice bloqueo, en lugar de embargo, pero aclara que este no exime al estado cubano de cumplir con sus obligaciones internacionales, ni justifica sus violaciones a la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Concluye el documento haciendo referencia a las condiciones de las cárceles cubanas y reclama que se garantice “el trato digno a las personas bajo custodia del Estado”.

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