Enlaces de accesibilidad

Opiniones

La tercera intervención

Fotografía de archivo. Militares cubanos vigilan el malecón habanero. EFE/Alejandro Ernesto

Los medios de producción cubanos seguirán en manos del Estado, el grueso de la población continuará sumida en una economía de subsistencia, permanecerá proscrito el pluralismo político y una casta militar se perpetuará en el poder.

Los argumentos sobre las probables consecuencias de la nueva política de Estados Unidos con relación a Cuba se han agotado, queda muy poco o nada que advertir a los cartógrafos de la política exterior norteamericana.

Los medios de producción cubanos seguirán en manos del Estado, el grueso de la población continuará sumida en una economía de subsistencia, permanecerá proscrito el pluralismo político y una casta militar se perpetuará en el poder.

Apelando a una trillada pero afortunada analogía para estos casos, un país que se las agenció para llegar a la luna debe conocer los entresijos de la sociedad cubana. De modo que si la caja no le cuadra a la virtud criolla,no se pierde nada con averiguar cómo le puede cuadrar la caja a la razón ajena. Este ejercicio requiere dejar de pensar como exiliado o disidente cubano y adoptar temporalmente la lógica de Washington. La exposición discurriría más o menos así.

Nos encontramos ante una situación muy seria sin solución a corto o mediano plazo. Cuba produce muy poco, se ve obligada a importar casi todo lo que consume, no cuenta con suficientes divisas ni recursos para solucionar sus necesidades energéticas.

Sus logros militares, deportivos y de salud pública son artificiales, no por falta de talento propio, que lo tienen, pero más bien porque esas conquistas dependen de un subsidio foráneo ya inexistente. En tales circunstancias, el régimen presidido por Raúl Castro se enfrenta a una creciente desintegración nacional, un descontento popular agudizado por una disparidad demográfica reflejada en la población carcelaria de la isla y en una sociedad empobrecida por la cultura de la miseria.

Es cierto que hemos cometido muchos errores, pero en 1898 nuestra primera intervención en Cuba (bien recibida por los patriotas cubanos), fue para inclinar la balanza en favor de la independencia de la isla. La segunda, en 1906, fue forzada por los mismos cubanos que provocaron la caída de la primera República, a pesar de las exhortaciones del presidente Theodore Roosevelt para evitar la intervención. Ahora, lamentablemente, ya que Raúl Castro da indicios de quererlo así, nos vemos obligados a intervenir portercera vez en Cuba para subsidiar la continuidad del presente régimen cubano a fin de evitar su quiebra total y no vernos arrastrado por alguna crisis futura que roce la seguridad nacional de Estados Unidos.

Nos repugna apuntalar a la dictadura pero las fuerzas armadas cubanas constituyen la única institución capaz de mantener el control del país. Salvando distancias, ya vimos lo que nos sucedió en Irak por debilitar lacohesión interna del gobierno. En cualquier caso, se nota cierta esperanza popular en Cuba por lo que interpretan como un rescate económico, una suerte de Plan Marshall avizorado por un cantautor cubano nombrado Pablo Milanés.

Sin embargo, nuestra prioridad es controlar la inmigración ilegal, formalizarla e incluso estimular su flujo para fortalecer la economía doméstica de la isla, aliviar la presión poblacional que encara el régimen y pasar de vecinos a familia en nuestras relaciones convencionales. Miami será para los cubanos lo que Nueva York para los puertorriqueños. En el plano macroeconómico, nuestros hombres de negocios proveerán a Cuba con toda suerte desuministros sin temor a recuperar sus inversiones (eso estaba previsto al retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores de terrorismo), porque las instituciones financieras internaciones podrán colaborar en la recuperación económica de la isla.

Somos conscientes de que el grueso de la población cubana no se va a beneficiar directamente de las inversiones extranjeras, pero estamos pensando en el futuro. Si no podemos utilizar la fuerza para cambiar el gobierno ni podemos persuadir a la cúpula gobernante para que lo cambien ellos, entonces hemos de comenzar a tender puentes mientras esperamos por la solución biológica. No es una salida gloriosa pero es la única que nos queda.

Vea todas las noticias de hoy

“El aparato” cubano está ganando tiempo

Nicolás Maduro y Raúl Castro en La Habana.

Cúcuta, Norte de Santander, Colombia, parece un lugar adecuado para lo que hasta ahora se vislumbra como un choque de voluntades entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el procónsul de Cuba en Venezuela, Nicolás Maduro.

En Miami y Caracas se ha escuchado ruido de sables y tambores de guerra, mientras discretamente los subalternos de ambos contendientes sostienen conversaciones en Miraflores y La Habana, en busca de una salida negociada.

Cúcuta es veterana en trajines de guerra. Fue por estos días que El Libertador, Simón Bolívar, derrotó al invasor español en lo que hoy se conoce como “La Batalla de Cúcuta” (28 de febrero de 1813), histórico destino de los hados a la espera de una nueva página potencialmente belicosa en las próximas setenta y dos horas.

Sin embargo, el primer tanteo no será a tiros y cañonazos. El empresario británico, Richard Branson, ha organizado un concierto del lado colombiano de la frontera con decenas de conocidos artistas, mientras que el ministro de información de Venezuela, Jorge Rodríguez, anunciaba un contraconcierto bajo el sospechoso lema de “Por la Paz y la Vida”.

Siento decirles que “el aparato” cubano está ganando tiempo.

Si la oposición organiza un concierto en la frontera, ellos organizan un concierto del otro lado del puente Tienditas. Si la oposición almacena alimentos y medicinas en Cúcuta, ellos traen de Cuba, Moscú, China o cualquier otro país amigo, toneladas de medicinas y alimentos. Si la oposición moviliza manifestantes, ellos obligan a los suyos a manifestar. Si el presidente Trump los fustiga como se merecen, ellos adoptan en Caracas y La Habana el papel de víctimas del imperialismo norteamericano, dispuesto a desatar una guerra que causaría muchas bajas entre la población civil.

Por eso no han detenido a Juan Guaidó ni disuelto la Asamblea Nacional. Andan ocupados movilizando los cuadros subversivos en países vecinos; los amigos que han cultivado durante años en África, insignificantes, pero con voz y voto en la ONU; los representantes demócratas que ya promueven abiertamente el socialismo rojillo en el Congreso de EE.UU.

Imitando a los comunistas de la Guerra Civil Española, enviaron oro venezolano a Rusia para asegurarse el suministro de armas en caso de que estalle una confrontación convencional que no pueden ganar, pero sí contrarrestar abriendo frentes guerrilleros junto a las FARC y el ELN en distintos puntos de Suramérica.

Conociendo cómo operan estos canallas disfrazados de comunistas, me preocupa que las buenas intenciones de Trump se vean difuminadas por presiones de grupos socialistas y de derechos humanos, proclives a contraer el síndrome del primer ministro británico, Neville Chamberlain. Parafraseando el comentario que Winston Churchill hiciera de su colega apaciguador, podríamos decir que “a nuestra patria se le ofreció elegir la guerra para impedir la ocupación cubana de Venezuela, pero no lo hicimos a tiempo y ahora, de todas maneras, estamos a punto de tener la guerra”.

Con esta gente no hay arreglo; hay que sacarlos por la fuerza.

Mito-Engaño-Ficción: Reforma constitucional en Cuba

Cubanos leen proyecto de reforma constitucional.

Para entender en su propio desarrollo y naturaleza el mal llamado marco constitucional cubano de estas seis décadas de ausencia de libertades individuales, que desencadena la migración de aproximadamente dos millones de cubanos viviendo allende los mares, por huir del comunismo imperante en la isla cubana, tenemos que retrotraernos al discurso del dictador Fidel Castro en la Reunión con los Intelectuales en 1961 cuando sentenció con dramatismo singular y criterio discriminatorio, “dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, nada, o fuera de la Revolución ningún derecho”.

Algunos estudiosos arguyen que tanto Raúl Castro, como su alter-ego Miguel Díaz-Canel, máximos dirigentes del gobierno comunista cubano, vienen considerando que ha llegado el momento de mejorar la fachada legal del Gobierno.

Pero ante esta apreciación de algunos definitivamente discutible, debemos decir, que si el Gobierno cubano fuese consecuente en materia constitucional, que no lo ha sido, tendría que haber hecho la revisión de la Constitución de 1976 cuando el Proyecto Varela, lidereado por Oswaldo Payá, reunió las firmas requeridas para consultar al pueblo por cambios constitucionales en elaño 2003. Y no lo hizo.

Ante ese reto inolvidable de proteger derechos y libertades del Proyecto Varela, el régimen comunista cubano respondió con la sentencia abrumadora y aniquilante, “que el socialismo era irrevocable”, contradiciendo la dinámica cambiante, creativa y renovadora de la vida humana. Todo un barbarismo de orden jurídico, que convertía al sistema comunista cubano en una especie de Dios todopoderoso, intocable e inmutable.

La Iglesia católica cubana, siguiendo las directrices de esa diplomacia Vaticana con sabiduría en ocasiones en el manejo de sus tiempos, hizo un reclamo de garantía a la diversidad política, porque sencillamente una Constitución civilizada, que por principios tiene que ser la representación máxima de todos los ciudadanos de un país, no puede estar supeditada a un partido político, a un grupo religioso o a una ideología determinada, porque eso anularía el principio de igualdad.

Tendría que ser todo a la inversa, una constitución debe normar y garantizar la pluralidad de ideas que conviven en una sociedad libre, porque eso es lo que la hace soberana. Lo otro es totalitarismo o lo que algunos llaman el instrumento del encierro.

También las iglesias protestantes en la isla, que paciente e inteligentemente buscan una evolución positiva en el marco de la justicia cubana, han expresado opiniones críticas a esa falta de diversidad.

El premio Novel de Literatura, Mario Vargas Llosa y un grupo de políticos denunciaron en Madrid, “que la nueva Constitución en Cuba no responde a los principios democráticos ni a la pluralidad política de la sociedad cubana".

Hay que concluir que la política constitucional cubana de la dictadura castrista, durante más de seis décadas, ha sido un instrumento de opresión, de falta de derechos y de crear el estigma de la traición, más que un texto normativo de principios y regulaciones.

Solamente con el Artículo 5 del Proyecto Constitucional Cubano que se intenta aprobar, que da supra poderes al Partido Comunista sobre la sociedad y sobre la persona humana (individuo), bastaría para deslegitimizar todo el esfuerzo engañoso de la reforma constitucional cubana.

Mientras la Constitución cubana siga supeditada a la autoridad del Partido Comunista en Cuba, seguirá rigiendo el totalitarismo estalinista del “socialismo irrevocable” y de la sentencia absolutista de “dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, nada”.

Por eso al final, la versión estalinista, engañosa y totalitaria de la Nueva Constitución cubana, es un mito, un engaño y una ficción…

Entre #CubaBoicot y el estalinismo

A través de bocinas, Antonio Rodiles expone a los vecinos de Lawton las ideas de la oposición.

El régimen está presto a realizar un nuevo acto circense con el que busca legitimar a sus herederos de cara al interior y exterior de la Isla. Intenta que una masiva asistencia a las urnas del fraude, afinque al grupo de relevo, que ya no forma parte de la mitología castrista.

Muchos abogamos por el boicot, pero inexplicablemente se ha logrado colocar también la idea de que asistir a la farsa y votar No sería la acción primaria de rebeldía. Comprendo que algunos cubanos se muestren confundidos en ese sentido, pero no tengo dudas de que el régimen trabaja fuerte en promover la opción de asistir a sabiendas que es el paso inicial para validar su engaño.

El secretario del llamado Consejo de Estado Homero Acosta, lo decía muy claro hace unos días: La principal tarea es que vayan todos los cubanos a votar.

Si bien hay un grupo de elementos técnicos que se pueden aludir para boicotear esta farsa constituyente, las razones políticas y éticas son las que muestran mayor peso:

Raúl Castro y su círculo cercano están enfocados en legitimar ante el mundo la transferencia de poder a sus herederos después de 60 años de abusos y violaciones.

El castrismo no posee el mandato ni la legitimidad para convocar a ningún proceso electivo. Mucho menos a una constituyente.

No ha existido un proceso constituyente con la participación de distintas fuerzas políticas. El texto final no puede ser llamado una Constitución pues no constituye un pacto social que abarca a toda la sociedad. El documento viola en letra los derechos y libertades fundamentales.

Escoger la fecha del 24 de febrero, marcada por el asesinato de los jóvenes de Hermanos al Rescate, constituye un acto deliberado de cinismo que busca enmascarar sus múltiples asesinatos y crímenes.

La legitimación del fraude tiene que venir acompañada de una asistencia masiva. Cierto porcentaje de votos "No" le daría un toque de credibilidad y alegarían que es reflejo de un ejercicio democrático.

El voto No, técnicamente no representa un rechazo al sistema sino a la "nueva Constitución". Si ganara el No, dejaría todo lo vigente incluyendo el texto de 1976, el cual resulta más estalinista e impresentable que el que buscan imponer.

No existen mecanismos de monitoreo que permitan denunciar un fraude representativo en el conteo. Para un total de más de 25 000 mesas y más de 120 000 agentes del régimen se necesitarían mínimo 50 000 activistas con la posibilidad de operar con total libertad. Hablar de uno o dos centenares de observadores independientes implican menos del 1% de la cifra necesaria.

No existe posibilidad de monitoreo en los conteos a nivel provincial y nacional. En esas instancias solo son la Comisión Electoral Nacional y las comisiones electorales provinciales las que tienen acceso. Comisiones que en su totalidad son designadas por el régimen.

Solo el castrismo ha desarrollado una brutal campaña en todos los medios de comunicaciones y espacios públicos. Quienes invitan a asistir y votar No o quienes impulsamos el boicot no solo no hemos tenido ninguna vía para lanzar nuestro mensaje, sino que su divulgación es penada.

La llamada ley electoral no solo viola en letra las normas básicas de una democracia, también es violada en la práctica dada la infinita necesidad del régimen de imponer su voluntad. El castrismo juega ambos papeles, juez y parte. No hay observancia de actores independientes locales ni foráneos.

Participar en la farsa sin poder mostrar pruebas significativas del fraude lo obligará a asumir las "leyes y normas complementarias" por estar en consonancia con el "espíritu" del nuevo texto. Es decir, la Ley 88 conocida como Ley Mordaza; la Ley Electoral; el Código Penal con las correspondientes figuras de propaganda enemiga, la peligrosidad social predelictiva entre otras; Decreto 349; por solo citar algunos ejemplos.

La experiencia previa de participación en una farsa electoral del régimen, apenas hace un año, debería ser conclusiva. No se permitió ni las candidaturas, ni el mínimo monitoreo no oficial. Los activistas fueron amenazados, violentados e incluso arrestados.

Los cubanos hemos mencionado en múltiples ocasiones que los venezolanos no escucharon nuestras advertencias. Debemos mirar a Venezuela para comprender lo que conlleva intentar jugar con herramientas democráticas con un régimen de corte totalitario. El desespero de algunos actores políticos no oficialistas por ser tomados en cuenta por el régimen constituye una gran debilidad y la inteligencia del castrismo lo sabe.

El escenario general es muy desfavorable para la familia Castro y allegados, aprovecharlo dependerá también de frenar las jugadas de su sinuoso sistema de inteligencia y de no dejar que ganen tiempo, variable que han demostrado saber manejar, regalando fantasías y falsas expectativas.

Alianza cubano venezolana en Puerto Rico

Periodista Pedro Corzo.

Los dirigentes políticos y sociales del hemisferio deberían imitar lo que hicieron los cubanos y venezolanos residentes en Puerto Rico, un ejemplo que de extenderse, los regímenes inspirados en el castro chavismo no tendrían lugar en el continente.

Exiliados de estas dos naciones, así como varias organizaciones radicadas en la Isla, han suscrito el Pacto de San Juan, un compromiso democrático en el que se obligan a trabajar en contra de los regímenes totalitarios, así como contra cualquier otra forma de gobierno que oprima a los pueblos, un ejemplo que debería ser imitado por todos los ciudadanos de América

Hombres y mujeres, ciudadanos comunes, conscientes de los peligros que corren sus derechos cuando el comunismo o el populismo ideológico conquista el poder, decidieron aunar fuerzas y voluntades para defenderse de los modelos políticos y económicos que corroen hasta la destrucción, los valores y cimientos de nuestras sociedades.

El compromiso contraído es claro y firme. Una alianza contra cualquier forma de dictadura y a favor de la democracia. Los firmantes declaran, “Unir nuestras fuerzas, trabajar conjunta y coordinadamente, tanto desde el exterior de nuestros respectivos países como desde adentro de ellos, para terminar con las dictaduras de: Nicaragua, Venezuela, Cuba, Bolivia, así como restablecer la Democracia representativa en dichos pueblos, el estado de derecho y respeto por los derechos humanos”.

El segundo párrafo del Pacto dice, “Las oposiciones venezolana, cubana, boliviana, nicaragüense, y cualquier otra oposición democrática, acordamos solemnemente que el primer pueblo que se libere de las cadenas de la Dictadura, continuará ayudando con los recursos que tenga disponible, a la liberación de los otros pueblos sometidos hasta que éstos obtengan su soberanía plena y su libertad total del yugo dictatorial que los oprime”.

Ambos párrafos certifican un compromiso de solidaridad humana, de apoyo mutuo, que trasciende cualquier obligación que no sea con la democracia y la libertad, una alianza transnacional de ciudadanos sin cargos públicos y no de dirigentes, una gestión que de generalizarse sería un indicativo de cuanto han progresado nuestros pueblos después de las traumáticas experiencia que han significado los regímenes inspirados en el castrismo.

Además de ser un paso importante para evitar que personalidades que actúan en base a sus intereses y no por los de la comunidad que supuestamente representen, puedan seguir haciendo concesiones en detrimento de los derechos y oportunidades que todos tenemos en las sociedades democráticas.

La hipocresía, la doble moral y la corrección política han sido factores importantes en el desmoronamiento de nuestras colectividades, al igual que la desidia y negligencia ciudadana de amplios sectores de todos nuestros países. Acatar la ley del menor esfuerzo y no hacer uso de nuestros derechos por repugnancia a los que nos rodea, es concederle la victoria a depredadores que solo luchan por su beneficio personal.

Los que inspiraron este acuerdo están defendiendo sus derechos y los nuestros. Han usado las herramientas que ofrece una sociedad abierta, libre, en la que el individuo esta asistido por un estado de derecho. Han decidido no callar y menos permanecer indiferente ante una ola de acciones y propuestas que tienen como fin terminar con nuestras prerrogativas de hombres libres.

Supe de este Pacto de trabajo, durante la Cena Martiana que todos los años celebran cubanos y puertorriqueños en la emblemática Casa Cuba de la Isla. Me comentaron sobre el mismo, Gerardo Morera, Kemel Jamis y Severiano López Sicre, tres notables demócratas cubanos que escogieron a Puerto Rico para vivir, y por la activista venezolana Sonia Cosme que de inmediato me entregó el texto y me señaló donde firmar si estaba de acuerdo con lo expuesto, cosa que hice de inmediato.

Los que han suscrito este acuerdo no son intolerantes, extremistas o intransigentes, simplemente protegen sus derechos, creencias y convicciones, ante quienes quieren cambiarlas para imponer las suyas. Esta es una simple acción de defensa propia, están salvaguardando lo más importante que posee un ser humanos, su identidad y sus valores, un gesto a imitar por quienes estén conscientes que los verdugos de nuestras libertades están al acecho para cercenarlas.

Cuba y Venezuela en la hora del juicio

Banderas de Cuba y Venezuela

Cuanto más nos esforzamos en vivir según la guía de la razón, tanto más nos esforzamos en no depender de la esperanza, librarnos del miedo, tener el mayor imperio posible sobre la fortuna y dirigir nuestras acciones conforme al seguro consejo de la razón, recomendaba el filósofo Baruch Spinoza. Prudente reflexión para todos los tiempos.

Después de sesenta años de batallar con la permanencia en Cuba de un régimen absolutista de túnica y capirote marxista-leninista, era de esperar cierto grado de experiencia o conocimiento empírico en este Hemisferio, cifrado en la fórmula qué, quién, cuándo, dónde, por qué y cómo. Sin embargo, lo que tenemos son muchos comentarios acerca de cuándo Nicolás Maduro se va a caer, pero muy pocos de por qué no se cae.

¿Qué pasó en Cuba?

Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA), por un comportamiento incompatible con los valores democráticos de la región; la Unión Europea condicionó sus relaciones con la isla; Estados Unidos impuso un embargo económico y organizó una fallida invasión armada. El régimen sobrevivió.

¿Que pasa en Venezuela?

La OEA invoca la Carta Democrática Interamericana; el Grupo de Lima condena al régimen de Nicolás Maduro; la Unión Europea sanciona a funcionarios venezolanos; Estados Unidos impone sanciones económicas y amenaza con el uso de la fuerza.El régimen ha sobrevivido.

¿Quién protagonizó la toma del poder el Cuba?

El Partido Comunista de Cuba asesorado por comunistas españoles, secundado por socialistas regionales enemistados con EE.UU, y en particular el suministro de armas y subsidio posterior de la Rusia soviética. Sí, como en España, los socialistas cerraron filas con los rojos de la época.

¿Quién protagonizó la toma del poder en Venezuela?

El Partido Comunista de Venezuela asesorado por sus pares cubanos, socialistas y grupos subversivos regionales y españoles, así como el suministro de armas de la Rusia confederada de ahora. De nuevo, como en el Chile de Allende, los socialistas oyeron cantos de Sirena.

¿Cuándo dio comienzo el proceso de conquistar Cuba?

Según Antonio Alonso Ávila, el proceso comienza en la Cuba colonial con los anarquistas españoles impulsado por el primer expositor cubano de ideas socialistas, Enrique Roig. Le siguió el poeta Diego Vicente Tejera, fundador del primer partido socialista cubano en 1899. Luego vino un Partido Obrero Socialista en 1905 y otro similar en Manzanillo en 1906. Otro nutrido grupo de anarquistas españoles llegó a Cuba durante el gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913). Más adelante se efectuó un congreso bakunista en el Término Municipal de Cruces, Provincia de Las Villas. En 1923 entra en la literatura cubana el personaje bolchevique en la novela “Los Ciegos” de Carlos Loveira. Ese mismo año se crea la primera Agrupación Comunista cubana en el mes de agosto, y ya en octubre ocurre un enfrentamiento entre socialistas prosoviéticos y católicos en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. En 1925 se celebra el Primer Congreso de las Agrupaciones Comunistas de la Tercera Internacional para fundar el Partido. Este proceso culmina, en fin, con la toma del poder por los comunistas desde hace sesenta años.

¿Cuándo dio comienzo el proceso de conquistar Venezuela?

Según el Gen. Carlos Peñaloza, el Partido Comunista de Venezuela fue fundado en 1931. Por esa época, se da la paradoja de un Rómulo Betancourt comunista, empeñado en promover el sueño de Simón Bolívar, la Gran Colombia, el mismo proyecto inspirado hoy por Cuba y Venezuela. Eudocio Ravines (otro excomunista), ya había advertido sobre las intenciones del Komintern (como se conocía la III Internacional Comunista fundada en 1919 para extender la revolución por el mundo), preparado para fomentar la insurrección en Brasil, un Frente Popular en Chile y un partido de “hombres nuestros” en Cuba. Alonso Ávila apunta que Cuba sería el laboratorio donde se ensayarían la táctica insurreccional de Manuilski y la del Frente Popular de Dimitrov. Fidel Castro se encargaría de conquistar Venezuela, sólo había que esperar a que apareciera un Hugo Chávez.

¿Dónde encontraron el castrismo y el chavismo la materia prima?

Primero, estimular la envidia y la revancha entre los más necesitados. Segundo, desarmar al pueblo y armar al régimen. Tercero, encarcelar, ejecutar o desterrar el estamento cultural dominante. Cuarto, promover el éxodo por cualquier vía con el fin de “repoblar” el país. La población cubana, casi en su totalidad, es hija del castrismo. Si le dan la oportunidad, lo mismo ocurrirá en Venezuela. Quinto, expropiar los medios de producción y literalmente, “comprar” con dádivas a los más pobres. Sexto, crear un enemigo externo, en este caso el imperialismo norteamericano. Séptimo, utilizar el arma migratoria para desestabilizar a sus vecinos. Octavo, convertir Cuba y Venezuela en retaguardia del crimen organizado y la subversión. Noveno, crear una crisis dialéctica internacional. Décimo, alcanzar una síntesis que consolide el sistema.

¿Por qué una vez consolidada la nueva cultura se dificulta un cambio sistémico?

La nueva cultura se caracteriza por empoderar a las masas con una visión cosmogónica inédita para ellos, basada en un precedente filosófico reconocido mundialmente: el marxismo-leninismo. Ahora son “alguien”, representan algo, cuentan en el devenir histórico, aunque más tarde comprueben, con no poco pesar, que el nuevo aliento político-social sabe destruir lo viejo pero no sabe construir lo nuevo. Para entonces será muy tarde.

¿Cómo se sostienen en el poder?

A diferencia del caudillismo decimonónico, el régimen comunista se halla investido de un dogma religioso que instila la teología marxista-leninista en sus seguidores. Sin embargo, los tiempos han cambiado, un nuevo ciclo político se vislumbra en el horizonte con promesas que si bien están por ver, no deben depender por completo de la esperanza. Conforme al seguro consejo de la razón, las Américas deben aprovechar el respiro que se aproxima para subsanar algunas de las causas que propiciaron el ciclo que se aleja. De lo contrario, el ciclo se repetirá. Sin embargo, el juego no termina hasta que termine, y he aquí el dilema. Con unos cien mil efectivos cubanos en Venezuela (N.E. el autor se refiere a declaraciones de Maria Werlau, Directora Ejecutiva de Archivo Cuba, que estima que hay entre 40 mil a 100 mil cubanos en diferentes sectores del gobierno de Venezuela) a una dependencia energética casi absoluta, Cuba se encuentra en un callejón sin salida. Más aún, si la presencia de Irán en Venezuela ha llegado a transformarse en una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, entonces la suerte está echada; ha llegado la hora del juicio.

Cargar más

XS
SM
MD
LG