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Arte y Cultura

José Milián: “Sufrí mucho con aquellos disparates; ahora puedo reírme”

El amigo dialéctico de Virgilio Piñera conversa desde La Habana con martinoticias.com. A sus casi 70 años mira el pasado sin rencor. Su clave está en la creación teatral y en mantener, contra viento y marea, la escuela que ha creado.

José Milián es de los pocos dramaturgos que dirige sus obras; o, mejor dicho, sus obras se estrenan primeramente por él. Conjugar dramaturgia y puesta en escena bajo una sola firma es una especie de género, un tipo de teatro de autor que consume todo el tiempo del mundo. Si exagerar.

Milián, como casi todos lo llaman (hay quien le dice, simplemente, Pepe), está de vuelta de una extensa vida dedicada a las tablas. Escribió su primera obra, Vade retro, con tan solo 15 años, pero no la estrenó hasta los 21 “porque a nadie le interesaba montarla…y tuve que esperar”, dice desde La Habana vía Facebook. Incansable en eso que se denomina “relaciones públicas”, ahora trata de enlazar recuerdos con medio mundo desde las redes sociales, a una velocidad lenta por culpa de la bajísima conectividad de internet en la isla. Una hora de “navegación” cuesta “un ojo de la cara”.

Milián conoció a Virgilio Piñera, el gran dramaturgo cubano. Más que eso, tuvo una intensa amistad con el autor que mejor retrató el absurdo cubano, que mejor trabajó la ironía y nuestra idiosincrasia. Pero Milián tardó 20 años en escribir sus memorias de Piñera –lógicamente, lo resolvió en una piza teatral- porque, según confiesa, fue una relación difícil y debía distanciarse el tiempo necesario.

Si vas a comer espera por Virgilio se estrenó en 1998 y tuvo una temporada a teatro lleno (en la sala donde radica su grupo Pequeño Teatro de La Habana, la “Bertolt Brecht” de El Vedado). Memorable la actuación de Waldo Franco en el papel de Piñera. Era una deuda de las artes escénicas con el gran dramaturgo censurado y maltratado por la “revolución”. Luego, en 2013, esta obra fue lleva al cine en Cuba bajo la dirección de Tomás Piard. Así que Milián no se puede quejar. Y si se queja está en todo su derecho.

También tuvo la suerte (¿se llama así la constancia?) de estrenar un musical grandísimo en pleno “Período Especial”. Todo el mundo sabe que los 90 fueron los peores años para vivir en Cuba, y él tuvo la osadía de estrenar por aquellos años su versión de Grease, que tituló Vaselina y subió a escena en el Teatro Mella, de los de más aforo en la capital, en el mismo 1998. ¿Qué pasó ese año que las tablas nacionales fueron el eje del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz y, como se ve, solamente Milián estrenó dos importantes obras?

Hablemos, pues, con un maestro de varias generaciones de actores y parte de la creación cubana para las tablas de al menos cinco décadas. Hablemos con uno de los grandes que ha quedado en la isla. Eso sí, trabajando todavía.

Tu obra Las mariposas saltan al vacío, de 1994, fue restrenada por séptima vez en agosto último, con otro elenco. También este título acaba de subir a escena en Bogotá. Esperabas que se exhibiera en el Festival Internacional de Teatro de La Habana que acaba de finalizar el sábado 31 y no fue así. ¿Qué sucedió?

Pues la respuesta es categórica: no sé. A mí nadie se me ha acercado a darme una explicación. No he escuchado comentario alguno. Sólo se me acercan o me llaman las personas que están asombradas de que un texto con tanta vigencia y con un teatro repleto toda la temporada, no haya sido invitado. Esto realmente no me asombra del todo, porque se viene repitiendo desde hace ya unos años. Al parecer no gozo de la preferencia de ciertas personas que integran el comité seleccionador, que por cierto es el mismo año tras año y no sólo para este Festival, sino para el de Camagüey. Han uniformado el panorama teatral a partir de una línea estética que es del gusto de ellos y donde casi todas las puestas se parecen y se reciclan entre sí. Por ejemplo, en Camagüey deben pensar que estoy muerto, porque a pesar de los numerosos premios recibidos allá, no he vuelto con otra obra y eso que Pequeño Teatro de La Habana nunca ha estado un año sin estrenar o reponer un título.

Sobre esta obra, que toca el tema del VIH, ¿está relacionada de alguna manera con el reclusorio que hubo en La Habana para enfermos de Sida?

Totalmente. Tuve la oportunidad de visitar ese lugar varias veces. Tenía amigos allí que iba a visitar. Conocía sus historias, cómo vivían, sus ansiedades, sus miedos. La angustia de saberse condenados a muerte. En aquel entonces, la enfermedad parecía algo sin esperanza. Era como entrar allí para morir. No todos querían estar allí, aunque se les atendiera o se les facilitaran las medicinas. Como no soy periodista, sino dramaturgo, por estar muy impresionado con esta situación decidí escribir esta obra. Aunque es ficción, me baso en casos y personas reales. Pero decidí acentuar la opresión, el estar encerrado en un lugar contra su voluntad, la espera del final, la esperanza de una solución… y aunque los hechos ocurren allí, se está hablando de cualquier situación en la que el ser humano se encuentre al límite. O simplemente estar condenado por una situación involuntaria.

¿Por qué decides fundar la compañía Pequeño Teatro de La Habana en los años 90, un grupo que hizo mucho teatro musical de pequeño formato? ¿En qué situación estaba el teatro musical cubano en ese momento?

Director y dramaturgo cubano José Milián, Premio Nacional de Teatro 2008.
Director y dramaturgo cubano José Milián, Premio Nacional de Teatro 2008.

Yo venía de la experiencia en los diez años que pasé en el Teatro Musical de La Habana. Siempre intenté renovar un poco el género. De hecho, hacía casi siempre mis experimentos musicales en el Salón Alhambra, que era la salita pequeña del teatro. Pero no quería encasillarme en una sola forma de hacer teatro. Recuerda que soy dramaturgo y no todas mis obras se representaban, ni son musicales. Quería tener la opción de enfrentar lo dramático y lo musical… y en un final, hasta fusionar estas dos vertientes, como puede verse claramente en mi obra Lo que pasó a la cantante de baladas. También he experimentado convirtiendo la banda sonora en un personaje para que dialogue junto a los actores, lo que ellos no dicen o lo que sugiere el texto la música lo narra como en Si vas a comer espera por Virgilio. Muchos actores me siguieron porque creían en mí y estaban dispuestos a correr estos riesgos, para renovarse.

Pero al no haber un Teatro Musical de La Habana funcionando, se acabó el género. Los que se quedaron al irse Héctor Quintero, no supieron mantenerlo. De no haber un grupo especializado, formador de intérpretes y manteniendo una programación constante… ¿De qué teatro musical podemos hablar? Eso sí, en los diez años que existió el de Consulado y Virtudes con Héctor al frente, Nelson Dorr y yo, sí puedo decirte que teníamos un teatro musical con un futuro brillante. Pero desapareció.

¿Qué opinión tienes del denominado “Boom Teatral de los 90”, la peor época de crisis económica en Cuba?

No sabía que le decían así. Para mí el verdadero “Boom Teatral” fueron los años 60.

En el 90 comenzaba con mi grupo. Hice muchos estrenos. Teníamos el impulso de la creación. La fuerza de lo nuevo. Las carencias no me afectaban tanto, porque siempre hice un teatro pobre. No como el de Grotowsky. Pobre de elementos, porque para mí el centro de toda representación es el actor porque es el portador de la voz del dramaturgo. Mis puestas siempre están centradas en el actor. Y los elementos son mínimos o en función de lo estrictamente necesario. Claro que hice espectáculos grandes, superproducciones como Vaselina, por ejemplo, que se salía de mis propósitos como director. Pero en la línea o poética del grupo se ejemplifica lo que te he dicho anteriormente.

Aparecieron obras y autores en los 90. Algunos con su estilo abigarrado de enormes escenografías, pasando múltiples dificultades para lograr la calidad, pero lo hacían. Pero es que también aparecieron autores y directores en los 80.

Probablemente la expresión se deba a que fueron aprobados los llamados proyectos teatrales, se rompieron las ataduras burocráticas que regían en el panorama teatral y los artistas pudieron asociarse libremente en función de sus intereses artísticos y de determinadas poéticas o líneas estéticas, (que por cierto eran bien estrictas y no como ahora que los proyectos se los aprueban a cualquiera). Esto dio lugar a la proliferación de grupos y de obras y por lo tanto surgieron muchos autores, directores, etc., como es lógico, parecía un Boom. Pero la prueba está en que no todos se mantuvieron estables, ni todo lo que se hacía tenía suficiente calidad. El tiempo, mi estimado, el tiempo va poniendo las cosas en su sitio.

Volvamos atrás, a la época de tu consolidación como dramaturgo y director de escena, los años 70. ¿Qué sentimiento te produjo que tu obra La toma de La Habana por los ingleses (cito al crítico de arte Norge Espinosa) fuera tildada de pornográfica por funcionarios de Cultura? ¿Fue censurada esa obra? ¿Fuiste castigado por la oficialidad con aquello que llamaron la parametración?

Aunque parezca increíble, era mi mejor momento en todos los sentidos. Tenía 20 años o un poco más y gozaba de la mal llamada fama y era casi un fenómeno por mi juventud. Sí, es cierto. Tuve un juicio en el Tribunal Supremo. Lo perdí. El funcionario al frente del Consejo Nacional de Cultura me dio baja del organismo acusándome de pornográfico y obsceno. El fallo del tribunal fue en mi contra. Como tenía que vivir y mantenerme fui a parar de pintor de brocha gorda. Allí creé un grupo de aficionados y estrené una obrita con ellos, Si Colón nos viera, que curiosamente comenzó a representarse en muchos festivales. Lo más triste es que cuando los “parametrados” comenzaron a regresar a sus lugares de origen yo no figuraba en ninguna lista como tal. Tuve que demostrar, con más juicios, que sí me habían acusado de esa forma, porque parecía que me había ido voluntariamente para la construcción. ¡Qué locura! Ahora puedo reírme de estos disparates, pero sufrí mucho.

A tus casi 70 años (el dato de la edad tomado de la enciclopedia oficial Ecured) continúas haciendo teatro, renovando elenco y repertorio, participando del presente y de los recuerdos en las redes sociales de internet. ¿Cómo se consigue esa actividad? Danos la fórmula.

El 17 de marzo de 2016 cumplo 70 años. Yo no me los siento, aunque he tenido algunos sustos cardiacos. Mantengo el grupo con el mismo entusiasmo de siempre. Pero los actores van y vienen. Hemos devenido escuela, porque mantenemos clases de voz, de movimiento corporal, de actuación. Pero el elenco constantemente se está renovando y hay que formarlos, para mantener el estilo de trabajo del grupo. Además, hace rato que la palabra “reposición” salió del vocabulario teatral. Cuando retomo un título del repertorio, todo el elenco es nuevo. Acabo de llevar a escena La toma de La Habana por los ingleses cuarenta y cinco años después. Como comprenderás, el único joven que queda de ese elenco… soy yo. No tengo una fórmula para eso que llamas mi actividad, que es bastante. Los recuerdos los acumulas porque has vivido bastante. Y entonces no quiero olvidar y trato de que la gente recuerde conmigo. He amado mucho al teatro. He amado mucho a mis amigos, como si fuéramos una gran familia. A los que se mueren y a los que no viven cerca. Y mi amor por ellos me da fuerzas para seguir y que sigan a mi lado. ¡Ojalá que mi amor no se agote! Ese sí sería el final.

En qué proyectos estás enfrascado ahora. ¿Pudieras adelantar si estás escribiendo o remontando algo de tu extensísimo repertorio?

Te adelanto que sí estoy escribiendo una nueva obra, haciendo tiempo a veces ni sé cómo.. Y como Director estoy preparando un homenaje a Shakespeare por el 400 Aniversario de su muerte y ensayando para reestrenar con un nuevo elenco, claro está, Si vas a comer espera por Virgilio, programada para principios del año. Yo quiero regalarme ese estreno por mi cumpleaños. Porque pienso que esa obra no habla solo de mi amistad con Virgilio Piñera, habla de nosotros los artistas. Lo que sufrimos, lo que luchamos, los sueños que tenemos… en fin, de nuestra pasión transitoria por la vida. ¡Eso quiero que sea mi regalo! Quiero ese día estar allí junto a los actores que digan esos textos. Lo necesito para seguir adelante… hasta que llegue el momento de la partida. ¿Qué te parece mi idea?

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Tania León, la cubana ganadora del Pulitzer, conversa con Radio Televisión Martí

Tania León, ganadora del Premio Pulitzer de Música 2021.

Tania León, conocida como compositora de origen cubano, educadora y también consejera para organizaciones de arte, fue galardonada recientemente con el Premio Pulitzer de Música 2021. La pianista concedió una entrevista a Radio Televisión Martí donde contó para nuestra audiencia en la isla memorias de sus orígenes en Cuba, su pasión por la música y la inspiración para la obra que le mereció el prestigioso galardón.

Según relata, desde muy pequeñita mostró gran sensibilidad por la música, a lo que se le unió, el cuidado de una abuela que notaba como la niña de unos escasos 4 años, respondía a lo que escuchaba por la radio.

“Pues yo comencé en el mundo de la música inesperadamente. Mi abuelita se dio cuenta de que siendo niña, yo tendría cuatro años de edad y me gustaba mucho ir a la radio y cambiar las emisoras y al cambiar las emisoras, si había música, bailaba al compás de la música, cosa que a ella le llamó mucho la atención. También habían oportunidades donde habían cantos y yo repetía los cantos tal y como los escuchaba. O sea que no cambiaba nada, sino que lo repetía en el mismo tono que lo cantaban y todo. Pues eso la inspiró mucho a ella y pensó que a mí me gustaba la música y me llevó a un conservatorio", relató.

En el conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade en La Habana... “Los maestros allí dijeron que yo era muy muy pequeñita y que no sabía leer ni escribir y que iba a ser muy difícil para mí aprender la teoría de la música. Pero mi abuelita era muy insistente. Ella persistió, persistió. No sé cuánto. Y por supuesto todo esto era porque me lo contaron a mí, porque yo no tenía en ese momento manera de recordar lo que estaba pasando cuando tenía 4 años. Conclusión, que yo creo que en el conservatorio se cansaron de la persistencia de mi abuela y entonces dijeron que iban a aprobarme y las cosas de Teoría, como no podía leer los libros, mi abuela dijo que ella se encargaba de que yo me supiera las cosas de teoría".

Era en medio de las tareas del hogar, cuando su abuela por ejemplo, mientras colgaba la ropa a secar, que e repasaba las asignaturas a aquella niñita que mostraba ya tanta disposición musical. Memorias como esta le han acompañado en las décadas que lleva dedicada a la música.

Consciente del esmero de su abuela, León recuerda también la generosidad de su abuelo: "Él me compró un piano de uso cuando yo tenía cinco años. Cosa que me llama mucho la atención que tengan ese tipo de visión de respaldar a un niño. Nunca pensé que me comprarían un piano de verdad, con tan poca edad. Pero así sucedió. Y por supuesto se sumaron entonces al proyecto se sumó mi madre y mi padre".

“Pensé que iba a ser una pianista de concierto, porque en ese conservatorio, bueno, pues se hicieron muchos recitales en los cuales yo participaba y después llegó el momento en donde empecé a competir concursos para piano y orquesta y gané tres concursos y ya eso fue parte de la armadura con la cual más o menos salí al mundo pensando que yo iba a continuar mis estudios como pianista y viajar al mundo, cosa que yo quería hacer y sobretodo, quería hacer algo que me diera la posibilidad de tener mejor finanzas y de esa manera entonces ayudar a mi familia. Nosotros somos o éramos en aquel momento una familia muy pobre y yo estaba muy consciente del sacrificio que mi familia estaba haciendo por los estudios de mi hermano y míos”.

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La joven cursaba un plan académico en el conservatorio Carlos Alfredo Peyrellade en La Habana, cuando su familia insistió en que además estudiara Contabilidad, un oficio que le sirvió para mantenerse en sus primeros años en Nueva York.

"Hasta cierto punto me ayudó mucho porque el primer trabajo que tuve en Nueva York fue precisamente en la oficina de una factoría de confecciones de señoras. Y como yo sabía manejar las máquinas de sumar y las máquinas contables y hacer estados de cuenta, bueno pues ese fue mi primer trabajo. Hasta el día de hoy todavía tengo la chapa del número mío como empleada de ese lugar", recuerda.

Leon en 1969 se convirtió en la primera directora musical del Dance Theater of Harlem, el Teatro de la Danza de Harlem, de Arthur Miller, y se volcó en establecer su departamento de música, su escuela de música y su orquesta. Para esta compañía compuso la música del ballet Haiku en 1973, y Bele, ambas con Geoffrey Holder.

Instituyó la serie de conciertos comunitarios de la Filarmónica de Brooklyn en 1978, y en 1994, fue cofundadora de la Orquesta de compositores americanos SONIDOS, de los Festivales de las Américas como consejera latinoamericana de música.

También fue consejera de Nueva Música para Kurt Masur en la Filarmónica de Nueva York, y ha sido directora invitada en las más prestigiosas orquestas del mundo como la Orquesta Beethovenhalle en Bonn, la Gewandhausorchester, en Leipzig, la Orquesta Santa Cecilia en Roma, y la Orquesta Sinfónica Nacional de Sudáfrica.

La reconocida artista siempre recuerda y manifiesta su profundo agradecimiento por sus profesores en La Habana, Edmundo López y Alfredo Diez Nieto.

“Fue un gran milagro el que yo haya entrado dentro de la carrera de Composición y hasta cierto punto, una sorpresa, que la predijo mi maestro Edmundo López. Él fue mi maestro en Cuba, que me enseñó a querer la música contemporánea, a la música moderna", dijo León.

“En unos cursos de posgrado que yo hice, mi maestro de Armonía, el gran compositor Alfredo Diez Nieto me hizo hacer unos ejercicios de armonía y aquellos ejercicios parece que yo los convertí como en unas piezas pequeñas y esas piezas pequeñas, bueno, pues él pensó que tendrían que ver con la composición. O sea que eran, no tanto ejercicios sino como unas composiciones muy pequeñitas. Y es interesante porque en realidad yo escribía canciones con mi hermano. Mi hermano tenía un grupito de músicos. Y yo y él cantábamos juntos siempre. Y a veces yo hacía canciones. Él también hace canciones. Pero no pensamos en el momento en que eso sería algo interesante. Y hubo un par de canciones que fueron cantadas por ejemplo por Elena Burke, quien oyó una canción y le gustó y la cantó en un recital. Pero eso no era una cosa que yo pensaba que tenía que ver con mi mundo, porque mi mundo era el mundo de la música clásica, sobre todo como pianista”, recordó la artista.

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En Nueva York, conoció a Arthur Mitchell, al abrirse puertas y posibilidades para que la artista cubana compusiera, dirigiera por primera vez en Italia, e integrara la academia de New York University, como estudiante.

Su composición Stride, con la que fue galardonada con el Pulitzer 2021, fue estrenada precisamente por la Filarmónica de Nueva York en 2019.

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Una abuela creyó en una niña, y esta ya convertida en una mundialmente reconocida compositora, pianista y directora, se inspiró en otra mujer que hizo avanzar los derechos civiles y políticos de la mujer en Estados Unidos: Susan B. Anthony, quien además fue líder visible en los esfuerzos para abolir la esclavitud en este país. Así surge la obra Stride.

El actor Basil Rathbone escribió que "no debemos lamentar lo que se hace con sincero afecto, porque nada se pierde si nace del corazón". En este caso, el corazón de una abuela y la inspiración del amor de la activista estadounidense Susan B. Anthony, se dieron cita en Tania León, a quien felicitamos por esta trayectoria y su presente.

Cubana Tania León entre los ganadores del Premio Pulitzer 2021 (VIDEO)

Tania León. Tomado de @pulitzerprizes

La compositora cubana Tania León ganó el viernes el Premio Pulitzer de Música por su obra orquestal Stridem inspirada en el movimiento por el sufragio femenino.

La creadora nacida en La Habana y residente en New York, ganó con esta composición de 15 minutos que el jurado de Pulitzer describió como un "viaje musical lleno de sorpresas, con poderosos metales y motivos rítmicos que incorporan las tradiciones musicales negras de los Estados Unidos y el Caribe en un tejido orquestal occidental".

Stride se estrenó con la Filarmónica de Nueva York en el Lincoln Center el 13 de febrero de 2020.

Tras conocer del galardón León dijo en entrevista con National Public Radio que proviene de una familia pobre en la que ella se convirtió en la primer músico por lo que su éxito fue un sueño de su madre y, sobre todo, de su abuela, quien sospechaba que estaba interesada en la música.

"Ellos crearon un sueño y yo lo agarré y me fui al mundo, y aquí estoy", dijo León.

Bailarín cubano debutará con el Ballet de Cincinnati (VIDEO)

El bailarín cubano Rafael Quenedit Castro. Tomado de rafael.quenedit.official

El Cincinnati Ballet anunció que el cubano Rafael Quenedit Castro ha sido contratado por la compañía como bailarín principal.

El cubano, egresado de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba en 2014 y con experiencia en el Ballet Nacional de Cuba, debutará en Bold Moves Plus en el Aronoff Center for the Arts, del 16 al 20 de junio.

El bailarín ha trabajado con coreógrafos de renombre internacional como Alicia Alonso, Alexei Ratmansky, Annabelle Lopez Ochoa, Giuliano Peparini, Alberto Mendez.

La compañía danzaria destaca que Quenedit Castro ha sido reconocido con la Medalla de bronce en el Concurso Internacional de Ballet de La Habana, Cuba; Medalla de oro en la competencia internacional de ballet en Ciudad del Cabo, Sudáfrica; Medalla de oro en el XX Concurso Internacional de Ballet en La Habana, Cuba y ha sido
ganador del concurso Amici Word Dance en Italia en 2019.

Quenedit desciende de una talentosa familia de bailarines cubanos: su hermano Carlos es bailarín principal del Miami Ballet y sus tíos Ernesto y Alejandro también hicieron carrera como bailarines en diversas compañías del mundo.

Radio Televisión Martí reportó en 2014 la participación de Rafael Quenedit en un curso intensivo de verano en la Escuela de Ballet Cubano de Sarasota en la que estuvieron alumnos de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba.

El programa de intercambio concluyó con una gala en la que los cubanos, entonces promesas de la danza, mostraron su talento al público estadounidense.

“El último balsero” cubano desembarca en HBO (VIDEO)

Cartel de "El último balsero".

Una mezcla de infortunio y un espíritu de solidaridad infrecuente en la industria cinematográfica ha hecho posible que la película independiente “El último balsero” (2020), de los cubanos Carlos Rafael Betancourt y Oscar Ernesto Ortega, llegue este viernes a la plataforma HBO, según dijeron ambos a Efe.

“Fuimos poco a poco logrando la atención de HBO, sin compañía de distribución. También por la coyuntura de la pandemia, porque ellos estaban mirando qué películas se habían estrenado, tenían tiempo para eso”, dice a Efe Betancourt 15 meses después de un frustrado estreno en el Festival de Cine de Miami.

En marzo de 2020 el debut de este filme de ficción realizado entre Miami y Nueva York “con conceptos de la memoria colectiva cubana”, fue suspendido por la llegada de la covid-19 a Florida y el cierre de las salas de proyección y a partir de ahí, la película comenzó su camino en festivales “online”.

Llegar a HBO con un contrato por dos años en HBO Latino y HBO Max se debe a “una mezcla del infortunio de la pandemia con un espíritu de solidaridad muy raro en esta industria”, según Betancourt.

“Es una plataforma muy grande. Que lo que hicimos tenga un valor como película latina que habla de una experiencia de inmigración trasciende mucho más de lo pensado”, dice.

Ortega, que en 2008 fundó con Betancourt una de las primeras productoras independientes en Cuba, El Central, recuerda haber comenzado esta película sin apenas recursos.

Sin embargo, a la firma del contrato con HBO tuvieron que presentarse con un abogado.

“Fue una recompensa después de tanto trabajo. Teníamos muchas ganas de hacer la peli sin pretensiones. Teníamos claro cuán chiquiticos somos para una plataforma como HBO”, explica Ortega.

Con guión de ambos directores y las actuaciones centrales de Héctor Medina (Ernesto), Chaz Mena (Lenin), Néstor Jiménez jr. (Ale) y Cristina García (Lucy), la película comienza en 2017 con la llegada en balsa a Miami de Ernesto, un graduado de Filosofía que busca a su padre, al que creía muerto en la guerra de Angola.

Ernesto se entera por la televisión de que la administración del hoy expresidente Barack Obama derogó un día antes de él llegar la política “Pies secos-Pies mojados”, que desde 1994 le brindaba protección automática a los cubanos que lograban arribar a Estados Unidos.

“La diferencia aquí es que nuestro personaje, Ernesto, no llega deslumbrado. Está lleno de contradicciones. Es un filósofo, un personaje lleno de preguntas y con muy pocas respuestas”, añade.

Aunque es un filme de inmigrantes, no está centrado en esa temática y toca otros temas como el de la homofobia y “la masculinidad tóxica”.

Según Betancourt, que al igual que Ortega emigró a Estados Unidos y ambos están “cerca” de cumplir 34 años, el lenguaje de la película “tiene que ver con nosotros mismos, con la generación de (la actriz y músico) Cristina García, que creció en Miami”.

“Ernesto es de nuestra generación, es un universitario que estudió Filosofía y está adaptándose a una nueva sociedad”, señala.

Ambos directores reconocen “una metáfora” en el título de la película. También que en ella existe “una referencia clara” a “Fresa y Chocolate” (1993), la famosa película de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío que estuvo nominada a los Oscar.

También tuvieron muy presente a “Memorias del subdesarrollo” (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, un clásico del cine cubano.

Tras presentarse de manera “online” en el Festival Internacional de Cine Latino de Los Ángeles (LALIFF), “El último balsero” regresó a finales de 2020 a Miami con un recorrido comercial.

Paralelamente, en diciembre de ese año, viajó al Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, convirtiéndose en “una pionera con presentaciones paralelas en ambos países, algo que no había sucedido en los últimos 60 años de tensión política”, según un comunicado de prensa.

“Para mi fue una experiencia muy bonita, no teníamos idea de cómo iba a reaccionar el público de los dos lados. La película le habló a la gente, cada cual tiene su película en su cabeza”, dice Betancourt desde Los Ángeles (California), donde se convirtió en el primer cubano con beca en el programa de Dirección del American Film Institute.

Ortega, quien reside en Miami y todavía cree que “fue un enigma que se proyectara allá", prefiere recordar el abrazo de una señora en La Habana.

“Me dijo que ellos necesitaban una película así. El arte a veces funciona para decir cosas que la agente no sabe decir”, explica.

A su juicio, “la película en Cuba demostró que Miami no es un lugar oscuro. Queríamos mostrar el lado del amor y de la identidad cubana por encima de todo”.

PEN América: Cuba usa técnicas crueles y represivas para silenciar a artistas

El artista Luis Manuel Otero Alcántara durante un arresto en el barrio San Isidro en La Habana Vieja.

“La detención y posterior liberación de Luis Manuel Otero Alcántara marcan la última de una larga serie de tácticas de hostigamiento e intimidación por parte del gobierno cubano”, indicó el PEN América.

“Nos alegra saber que Otero Alcántara finalmente está libre y podrá reunirse con familiares y amigos y continuar con su trabajo artístico, pero su internamiento forzoso nunca debió haber sucedido. Esta es una de las técnicas crueles y represivas que emplea el gobierno cubano para silenciar las voces de los artistas disidentes”, dijo Julie Trébault, directora de Artists at Risk Connection (ARC) en PEN América.

“Debe cesar el constante hostigamiento del gobierno contra Otero Alcántara y otros artistas cubanos. A medida que aumentan las agresiones, ARC, así como nuestras organizaciones asociadas en derechos humanos y las artes, continuarán trabajando para llamar la atención mundial sobre estas tácticas inhumanas e inaceptables”, subrayó Trébault.

También hizo un llamado enfático para que “termine la campaña gubernamental de acoso de Cuba y para que las autoridades cubanas detengan todos los intentos de amordazar a la disidencia y criminalizar a los artistas, escritores y activistas independientes”.

En su comunicado, PEN América recordó que Otero Alcántara ha sido blanco de ataques del Estado unas 31 veces, incluidos arrestos domiciliarios y detenciones arbitrarias, y ha estado bajo vigilancia permanente. También destacó que el artista e impulsor del Movimiento San Isidro participó en el videoclip Patria y Vida, “un llamado explícito a un cambio de gobierno”.

PEN America lidera Artists at Risk Connection (ARC), un programa dedicado a ayudar a artistas en peligro y fortalecer el campo de organizaciones que los apoyan. Su informe, Arte bajo presión, detalla el efecto del Decreto 349, un reglamento que otorga a las autoridades cubanas un amplio mandato para limitar el sector cultural a los artistas y activistas.

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