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Arte y Cultura

José Martí: retratos de Santa Claus

"el que echaba por la ventana, a escondidas, la dote de las doncellas pobres", José Martí

El autor rescata unas crónicas navideñas que arrojan nueva luz sobre el poeta desterrado

Las pascuas vienen, con sus estrellas de mirto y de laurel para las vidrieras de las tiendas; sus vagonadas de libros suntuosos, cajas de música y presentes de la más varia especie; su legendario Santa Claus que galopa sobre los techos de las casas en su trineo arrastrado por renos de mucha cornamenta, y de los hilos de la barba, de los bolsones de las mangas, de debajo del gabán de pieles, saca a millares chucherías y maravillas, y deja los renos al borde de la chimenea de cada casa, y baja por la chimenea cuando ya es muy de noche, y en la media nueva que la madre cuidadosa ha colgado a la cabecera de la cama de sus niños, deja --¡oh buen Santa Claus que todo lo sabe!— el juguete aquel que los niños desean.

Nada más ajeno a la persona de José Martí que el personaje de Santa Claus. Se diría que ante el segundo, el primero habría reaccionado con fastidio o hubiera seguido de largo. Nada más contrario a él que la banalización y comercialización de unas celebraciones cuya trascendencia no pasó por alto. El carácter jocoso del personaje y hasta su vestimenta color grana deberían haber irritado al extranjero de rostro pálido, levita oscura, zapatos viejos, salud precaria y pensamientos graves que iba y venía por Nueva York llamando a la muerte, según sus apuntes, o sabiendo que ésta le aguardaba cada tarde, de pie sobre las hojas amarillas, ante la puerta de su casa, según sus versos.

Pero Martí sabía desprenderse de sí mismo, adoptar puntos de vista inesperados y comprender, en el sentido más hondo de la palabra, una dimensión de la Navidad norteamericana que aún hoy es blanco de críticas de los más austeros: el despilfarro material, incluso entre aquéllos cuyas finanzas distan mucho de disculparlo. En diciembre de 1887, el cubano advierte la alegría de los neoyorquinos, la forma irresponsable en que algunos, pobres como él, dilapidan sus ahorros para satisfacer los caprichos de sus hijos, y lejos de condenarlos llama a la Navidad el día de generosidad y olvido a que, una vez al año por lo menos, tiene derecho el hombre. Y aconseja: que los niños tengan lo que han pedido. Porque: El hombre se ve vil tantas veces, que se comprende que goce, hasta llorar, de verse, una vez al menos, desinteresado.

Seis años antes, no conforme con justificar el derroche, había retratado a Santa Claus con una abundancia de detalles capaz de descolocar a sus lectores más severos: Las Christmas son las fiestas de los padres que ven, como nidal de tórtolas gozosas, agruparse en torno a la mesa de los regalos, la niña esbelta, el varón apresurado, la crianza balbuciente, y olvidan las desventuras de la tierra en aquel gozo ingenuo y celeste compañía. Las Christmas son la fiesta amada de los pequeñuelos, cuyos deseos de todo el año van siendo encomendados a este día solemnísimo, en que se entrará el buen viejo Santa Claus por la chimenea de la casa, se calentará del frío del viaje junto a las brasas rojas que se consumen en la estufa, y dejará en el calcetín maravilloso que cada niño pone a la cabecera de su cama, su caja de presentes. Y luego, subirá chimenea arriba, se calará su turbante recio, se mesará la barba blanca, se echará sobre el rostro la capucha para ampararse de la nieve, tomará la rienda de los ligeros venados que arrastran su trineo, y echará a andar por los aires, a los alegres sones de las colleras de campanillas, hasta la chimenea del niño vecino.

A Santa Claus, que es el buen San Nicolás, ruegan los niños todo el mes de diciembre; y le prometen conducirse bien; y le escriben cartas, y le incluyen la lista de los presentes que desean; y piden a sus padres que le envíen un telegrama, para que la respuesta venga pronto. Y Santa Claus es muy bueno, ¡y siempre responde! ¡Oh, tiempos de dulce engaño, en que los padres próvidos cuidan, a costa de ahogar los suyos, de la satisfacción de nuestros deseos!

Martí volverá a reseñar la Navidad estadounidense, a encomiar la fiesta multitudinaria y el intercambio de regalos, a destacar el personaje de Santa Claus y a señalar, con frase preciosa, la razón por la cual los niños rehúsan dudar de la existencia de éste, razón que permanecerá viva en el adulto y que, en cierto sentido, no sólo está en la raíz de dos vocaciones, la religiosa y la artística, sino en toda búsqueda humana: necesidad de la maravilla. El niño, como el hombre, ama lo extraordinario, tiene sed de asombro, y si para calmar esa sed debe pasar por ingenuo, pasa por ingenuo.

¿Quién no regala en estos días, únicos en que no es triste la nieve? Se hablan los que no se conocen: las almas, siempre aquí encogidas e hirsutas, salen riendo a los rostros; los padres, cargados de regalos para sus hijos, aman en el propio al hijo ajeno, y reconocen, en la alegría de amar, la fraternidad del hombre… “¿Qué falta?” se pregunta la madre afanosa, que hoy no quiere fiar al mandadero de la tienda sus compras; “¡el libro, para la niña!“, “¡el estuche de afeitar para el tío!” “¡el juego de tocador para la abuela!”. ¡Y el Santa Claus, el San Nicolás de yeso, el obispo de Myra, de la barba blanca, para que presida el árbol pascual, que es de pino oloroso, colgado de juguetes, de cajillas de talco lleno de confites, de candelabros, de talón con velas de colorear, de bombas irisadas y muñecos de azúcar, de guirnaldas de papel rojo y azul polvoreadas de plata y de oro!

Martí no sólo celebra los festejos, que traen a la superficie lo mejor de una colectividad huraña y vencen la melancolía que provoca el invierno, sino la existencia del árbol de Navidad, cuya decoración describe puntualmente, como si al hacerlo, él también, frase a frase, confeccionara el suyo.

Y así vuelven los padres, ya a la medianoche --cuando los novios salen en parejas de los teatros que lucen estos días sus piezas famosas--, cuál halando un trineo, cuál cargando un caballo; en un bolsillo una linterna mágica, un Robinson Crusoe en otro bolsillo, y saliéndole por el del pecho, la punta dorada del cartucho de bombones, el cartucho que San Nicolás, el obispo de Myra, el que echaba por las ventanas a escondidas la dote de las doncellas pobres, pone siempre callandito, a eso de la madrugada, en el fondo de la media clásica que cada pimpín cuelga lleno de fe en la repisa de la chimenea.

Porque es tal en el alma del hombre la necesidad de la maravilla --y en la del niño más, recién venido de ella-- que aunque el padre que quiere educarlo en razón le explique el mito viejo, y cómo Santa Claus fue un excelente señor, patrono de pobres, doncellas y marineros, dice el niño que sí, que lo entiende muy bien, que no hay Santa Claus,- ¡y cuelga la media!

Nótese que Martí sitúa la maravilla necesaria en un tiempo prenatal, del que el niño guarda una nostalgia más fresca; tiempo que tan pronto puede situarse en un ámbito inaccesible a los sentidos y a la memoria consciente, como en el claustro materno. Esta posibilidad la sugiere otro apunte suyo: Toda madre debiera llamarse Maravilla.

También los adultos vivimos, aunque rara vez lo confesemos, con una media colgada, esperando que cualquier mañana nos conceda una nueva Navidad.

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María Ares Marrero: Es imprescindible llegar al fondo de ti mismo. Limpiar tu historia y sanar las heridas

María Ares Marero, cineasta cubana residente en Berlín

María Ares Marrero es como esas tormentas tropicales que no dejan indiferentes a nadie. Puede ser una tormenta de experiencias, de conocimiento o, puede ella, en sí misma, con su manera de instalarse en el mundo, de vivenciar con todos los sentidos el Aquí y Ahora, un perfecto pájaro que con sus propias alas quebró las rejas de su jaula para volar bien alto. Herida, pero libre.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

La isla siempre me resultó pequeña, pero mi expulsión “deshonrosa” del sistema ocurrió estando ya en Moscú. Era estudiante del emblemático Instituto de Cine “VGIK”. Corría la época en que Europa del Este reescribía su historia, así que no me cohibí de hacer declaraciones a la prensa y la TV rusa sobre la represión a intelectuales en Cuba, la censura, la desinformación sobre lo que ocurría de este lado. Ese año, Jorge Ulla estrenó allí su documental Nadie escuchaba.

Nos sumamos. Dimos el testimonio de una generación que sí quería ser escuchada. A eso súmale mis escapadas por Europa, desoír las normas. La lapidaria sentencia decía Emigrante por tiempo indefinido. Entonces creía que la dictadura no sería indefinida. Subestimé la maldita circunstancia del agua por todas partes. Hoy los estudiantes del VGIK, vivimos en el exilio.

Echando una ojeada a mis antecedentes: fui “camilita”, un antro de militarismo, extralimitación y despotismo. En el ISA, estuve rodeada de artistas de alto vuelo que ocultaban su modo de pensar y docentes geniales que se plegaban a las prescripciones de los exégetas del sistema.

Como dirigente de la FEU sufrí los refinados métodos de dominación al estudiantado. Y por si fuera poco, mi Tesis de Graduación fue una obra de teatro sobre los pilotos de caza MiG, que narraba conflictos humanos de hombres que se sentían dioses y cuyo epicentro era el vuelo, dominar máquinas sofisticadas, máquinas de matar. Sobrevivientes de la guerra de Angola y Etiopía que sabían que cada vuelo podía ser el último. En la obra no decían consignas apologéticas. Eso indignó al jurado. Me salvó la palabra de mi tutor, el gran dramaturgo cubano Nicolás Dorr.

Mi vida profesional nacía marcada por el estigma. Me colgaron todo tipo de cartelitos, como se cuelga una campana a una res. Sólo podía filmar temas patriótico-militares. Aunque no se me diera mal convertir un avión en obra de arte (hasta recibí un “premio” de la UPEC) luchar contra tanta represión, agota. La alternativa fue Moscú. Mi último documental “Homenaje al Futuro” también tuvo su mensaje subliminal irreverente.

Pero ya no importaba. Dejaba atrás una vida que me había infligido una marca indeleble en el alma, me despojaba del hierro ardiendo al rojo vivo. A veces se abre la herida, arde en el tiempo. Pero aquel día de mi expulsión, experimenté la sensación de libertad más grata sentida hasta entonces en mi corta vida.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

No esperaba, sabía que había una vida excitante. Leía Novedades de Moscú, Sputnik, conversaba con gente que narraba películas como Pakayanie (Arrepentimiento) y sobre el proceso de reforma de Gorbachov. Quería vivir de cerca el revuelo que producía la crítica al Stalinismo y al marxismo-leninismo, ver a la gente leyendo a Pasternak, Bulgakov o Solschenitzen, sin esconderse.

Ver cómo hasta los más recalcitrantes admitían que el régimen impuesto por los Bolcheviques y extendido en Europa se apoyaba en el terror y la ineficiencia. Por eso colapsó en 1989. Fue un privilegio cantar al ritmo de Tsoi, el rockero que compuso Peremieni (Cambios) el himno del momento: "!Queremos cambios, lo pide nuestro corazón, lo piden nuestros ojos!" Fui testigo de esos momentos.

¿Qué encontraste?

La seducción de ciudades del viejo continente que te poseen, te devoran, te salvan de la vanidad de creer que la isla es el ombligo del mundo. Sentía un grato anonimato al recorrerlas. Moscú es un maremágnum de dimensiones descomunales, salpicada con la rareza del alfabeto cirílico y el almizcle de la molotera de millones de personas cuya vertiginosidad contrasta con la majestad de la arquitectura y los viales. Me sentía dentro de un museo pantagruélico.

El ISA, el haber dirigido cortometrajes, me permitió degustar hasta la saciedad el plato fuerte que ofrecía la cultura rusa. Viví experiencias que hasta hoy son una excelente carta de presentación, pero enseguida supe que transitaba por una estación provisoria de mi vida.

Fue un privilegio recorrer los pasillos que escucharon al joven Tarkovski, rodar en Mosfilm, visitar el Teatro de Arte de Moscú, La Taganka, refugio contra la censura soviética, recitar de memoria a Pushkin y a Lermontov, protagonizar figuras de Gogol y Chejov en lengua rusa, ir de la mano del gran Master Albert Filosov, ver a Batalov enseñar a sus alumnos, disfrutar de una conferencia de Nikita Mijalkov, de una clase magistral del mismísimo Tonino Guerra y escuchar sus anécdotas como guionista de Antonioni, Fellini, De Sica

Ver a Pink Floyd en primera fila! Era descorrer las cortinas de hierro desde el proscenio, sentir el latido del mundo a mi lado. Confiar. Vivir en éxtasis, casi sin saberlo. ¿Hay mayor consumación de la belleza?

Hay anécdotas muy curiosas que debo reescribir y publicar. El día que intenté cruzar el muro de Berlín, en el Tränenpalast uno de sus puntos de vigilancia más férreo, levantaron los controles que quedaban. El semáforo desprendía una ola de luz verde. Estuve en Bucarest cuando ajusticiaron a los Ceaucescu.

Era escandaloso presenciar su palacio enchapado en oro, no lejos del cual se erigían edificios construidos sin calefacción! Atravesé cuanta frontera se había liberado. Fue como caminar entre ruinas. Tenía algo de distópico. Las ciudades del interior no se acercaban a lo que había en las capitales.

Y no estoy hablando de comparar el Este con el Occidente. Por cierto, visité Brünn, la ciudad natal de Cundera. Fue un viaje inolvidable. Con un pasaporte rojo aún, un desafío. No sabía lo que ocurriría. Nadie lo supo, pero al regresar a Moscú no me esperaban flores, sino funcionarios de la embajada con la presión para que regresara a La Habana a pagar por mi desobediencia.

El rectorado del Instituto me protegió. Los rusos pagaron mis estudios. Yo, repito, confiaba en que el efecto dominó alcanzaría la isla. En el lugar de la cicatriz que me propinó la vida floreció el híbrido que soy.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Tras no pocos avatares, me establecí en Berlín, mi Patria adoptiva. Ciudad que ha devenido mito, por su intensa actividad, llena de extremos sublimes y contrastes. Aquí no yacen mis muertos, pero sí pasean mis vivos: los dos hijos que parí. Aquí seguí estudiando. Aprendí la complejísima lengua de Schiller, Goethe, Rilke, Mann, Hesse, Brecht, Süskind, Müller, Handke. A través de ellos he superado una rara relación de amor y odio. Tal vez lo más difícil de mi exilio es vivir en esta lengua. Soy hija del idioma. Esa es mi verdadera Patria.

Aprendí que las emociones del individuo están lideradas por su subconsciente. Los humanos, más allá de culturas, latitudes, somos más similares de lo que nos conviene admitir. Aprendí a entrenar mi equilibrio con la creación. A soltar amarras. A veces lo logro. Mi santuario es el Berliner Ensemble, los museos. Escribir. Enseñar. He llorado a moco tendido ante los desgarradores trazos de Otto Dix. He sentido asfixia dentro del Museo Judío, (vivo a pocos metros) y rozado con los dedos la similitud entre un campo de concentración nazi y las cárceles de la STASI.

Tengo cincuenta y siete años. De ellos, treinta y dos en esta orilla. Cada día me encuentro conmigo. Con todas las Marías que hay debajo del sombrero. La leona, la gata llena de miedos. La madre madura de dos hijos maravillosos que no conocen Cuba ni a su familia, pero que me mostraron que la isla es un punto geográfico del que puedo prescindir.

A través de ellos aprendí a amar mi Patria adoptiva que se abrió como un abanico y nos dio seguridades y lujos. Me acogí feliz a la nacionalidad alemana. No pude decidir dónde nacer, pero sí dónde y cómo vivir. Subrayo que aquí también tengo una posición social crítica, porque se trata del mejoramiento del Hombre. Ese es el sentido de la vida. Aprender, mejorarse. Luego morir en paz.

Aprendí que puedes merodear todos los caminos, pero es imprescindible llegar al fondo de ti mismo. Limpiar tu historia y sanar las heridas. Las ideologías son un barniz. Aprendí que vivir en la Autoconsciencia es un proceso permanente y no se enseña en la escuela.

Definí lo que es el Amor y el Miedo. Aprendí a ser escéptica ante quien promete una vida sin esfuerzo. Nuestra Naturaleza no va a cambiarse porque somos simples mortales. El individuo crea ideologías, religiones, tecnologías infalibles, como refugio, canalización de su necesidad de poder, porque es débil. No puede vivir sin esclavitud. La Humanidad está condenada a repetir historias apocalípticas, cíclicamente. Tal vez hasta su completa destrucción?

Aprendí que el mejor regalo que uno puede hacerse es convertirse en sí mismo, a pesar de sí mismo. La gran paradoja es que, es lo más difícil.

¿Qué es para ti la libertad?

Libertad es una palabra como otra cualquiera. Volvemos a la paradoja. En estado absoluto, no existe. En mi delgado diccionario, figura únicamente como un estado de satisfacción interior, dada la disposición de la mente para decidir y del cuerpo para experimentar sensaciones. Por mucho que la humanidad se ocupe con el debate, es un problema insoluble.

El individuo anhela la ilusión de la “libertad”. Uno puede liberarse de un régimen, de creencias, de obstáculos que impiden prosperar, de un mal hábito, de una relación fallida, de un objeto, pero no hay libertad absoluta que abarque todas las esferas de lo humano. Cualquier tipo de libertad es frágil en las manos del Hombre. Nuestra naturaleza determina esa inclinación intrínseca por la falta de libertad. La interrogante para mí es: ¿cuál es la diferencia entre ser libre y creerse libre?

Quiero pensar que yo decido cuán libre soy. Como en esa cadena de acciones dramáticas que tienes que aprender para actuar o dirigir actores por el método de Stanislavski.

En el permanente proceso de crecimiento espiritual, la libertad, como el amor, es una actitud que asumes ante la vida.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Si te refieres a ese fatuo concepto manipulador con el que nos adoctrinaron, sí. Tengo un poema titulado La Patria se fue y termina con la frase La patria soy yo

Otero Alcántara: "Descemer Bueno es un elitista"

El artista independiente cubano Luis Manuel Otero Alcántara (izquierda) y el compositor y cantante Descemer Bueno, en imagenes tomadas de redes sociales.

“Cada quien puede tener la posición que quiera, pero responder por ella también”, declara el artista independiente cubano Luis Manuel Otero Alcántara en un video difundido recientemente en Facebook.

Además de insertarse en una acalorada polémica sobre el papel de los artistas cubanos en el debate político, su declaración va más allá y expone las secuelas que el deterioro social ha tenido en la educación en general en Cuba, y en la educación artística en particular.

Esas secuelas las sufre especialmente un sector de la población sin acceso a recursos para pagar desde “10 dólares al mes” hasta un instrumento musical, argumenta el artista independiente.

Otero Alcántara dice haberse involucrado en la polémica –“si se puede llamar polémica”-- después que vio un video en el cual el afamado compositor y cantante Descemer Bueno critica a los raperos Aldo Rodríguez Baquero, ex integrante del dúo Los Aldeanos, y a Silvio Liam Rodríguez Varona, Silvito “El Libre”, ambos –como Bueno-- residentes en Estados Unidos.

Bueno llama a Silvio Rodríguez “el Dios de la letra”, y censura a Silvito el Libre. “La inactividad lo ha hecho ponerse parte de los haters” (los que odian), dice Bueno refiriéndose a Aldo.

“Usted es el rapero más malo que existe en el planeta Tierra”, opina dirigiéndose a Silvito el Libre. “No hay un rapero más malo que… Usted no tiene absolutamente ningún tipo de talento, yo no sé cómo se le ocurre intentar, verdaderamente…”

Silvito El Libre y Aldo el Aldeano, en Panamá (Foto de Archivo/Alvaro Alba)
Silvito El Libre y Aldo el Aldeano, en Panamá (Foto de Archivo/Alvaro Alba)

Bueno es uno de los músicos cubanos con mayor proyección internacional. Su música alcanza a millones de personas en todo el planeta, principalmente sus colaboraciones con artistas como Marco Antonio Solís, Juan Luis Guerra, Luis Enrique, Ricky Martin, Gilberto Santa Rosa, Pitbull, Wisin, Yandel, Romeo Santos y Enrique Iglesias. Su trabajo ha sido reconocido con importantes premios como el Latin Grammy, Latin Billboard, Premios Lo Nuestro y Premios Juventud.

Otero Alcántara empieza por hacer notar que interviene a pesar de que Bueno nunca se refirió a él directamente.

“Llevo días pensando en cómo enfrentar esto porque me molestó, me molestó mucho el video de Descemer Bueno a nivel personal, aun cuando no mencionaba mi nombre”, explica Otero Alcántara, que vive y trabaja en La Habana y ha sido detenido en múltiples ocasiones, acosado y vigilado por la Seguridad del Estado. “Tú dirás: ‘Eh, ¿qué tiene que ver Luis Manuel con todo esto, si al final eso es cosa de músicos?”

Y es un detallito importante, subraya.

Al consultarlo el lunes para esta nota, el audio del video de Bueno disponible en internet se interrumpía en la que parece ser esa parte de sus comentarios.

Fragmento de audio del video de Otero Alcántara en Facebook
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Me insultó”, afirma Otero Alcántara. “Me insultó por dos puntos importantes. Uno: Descemer Bueno se está portando como el viceministro [de Cultura Fernando] Rojas, que define quién es artista y quién no [y] me dice a mí que no tengo calidad artística ninguna. Se comporta como la élite de los que se hacen llamar ‘la intelectualidad cubana’ y son los que supuestamente definen quién es artista y quién no”.

Confiesa no conocer la historia personal de Bueno, pero comenta que, a diferencia de quienes como el compositor tuvieron alguien dentro o fuera de su familia que les garantizara disponer de un instrumento musical –“que es carísimo”—para completar su formación académica, hubo muchos que tuvieron que ponerse a trabajar y debieron abandonar su sueño de ser artista.

“Descemer Bueno es un elitista, Descemer Bueno es un abusador”, manifiesta Otero Alcántara; “primero que todo exhibiendo su casa, con la miseria que hay en este país, que hay gente que viven 30 y pico personas en una casa donde deberían vivir simplemente dos o tres personas, y él con toda la arrogancia, exhibiendo dónde es que vive”.

Claro, así no se habla de política, sentencia Otero Alcántara.

“Porque sabes que si hablas de política se te acaban todas las prebendas que te brinda el régimen”, dice. “Los artistas ahora mismo en Cuba, los musiquitos sobre todo, no hablan de política”.

Osmani García decía “no hablo más de política, me tienen hasta los c… de la política”, evoca Otero Alcántara refiriéndose a un video en el cual el reguetonero califica de “cederistas” a los artistas que hablan de política en Miami.

“Pero Gente de Zona, cuando hizo el concierto en la Ciudad Deportiva, que yo fui, con la gente con el fango por la rodilla, le levantó la mano a Díaz-Canel y decía ‘Mi presidente Díaz-Canel”, recuerda Otero Alcántara. “¿Eso no es política? No, eso no es política. ¿Qué cosa es eso? ¿Agricultura? ¿Sembrar papas? Haila, oliéndole el c… a Fidel Castro, ¿eso no es política?”

Entrevistado en Miami por el presentador radial Enrique Santos, Alexander Delgado, del dúo Gente de Zona, dijo que habría hecho lo mismo “si hubiese estado Donald Trump” en su concierto.

Para Mompié, la gente expresa sus sentimientos en momentos de emociones, “y fueron los sentimientos que yo expresé, entonces son mis sentimientos, nadie me puede juzgar por eso, porque yo no he cometido ningún delito”, según sus declaraciones a Telemundo 51. “Eso no me convierte en terrorista, ni en una criminal”.

Está visto “y requetevisto” que Fidel Castro es un dictador, subraya Otero Alcántara, y quien aplauda a Fidel Castro aplaude al dictador.

Eso significa apoyar el fusilamiento de los jóvenes que intentaron escapar de Cuba en la Lanchita de Regla y la suerte de todos los fusilados, la hambruna, las UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), donde encerraban a los jóvenes por ser gays, por ser artistas, por pensar diferente y por vestirse diferente, manifiesta.

“Ustedes están justificando la dictadura con levantarle la mano a Díaz-Canel, [con] cantarle al dictador”, dice, y recuerda que “el dictador” no ha dejado entrar a Cuba a Celia Cruz, a Willy Chirino, a Alexis Valdés, a un montón de médicos “que si no pasan ocho años fuera de Cuba” no pueden regresar a ver a su mamá ni a su papá, y ni siquiera asistir a sus funerales si mueren.

Que no le digan entonces que esa gente no habla de política, exige el artista independiente.

Iguala lo que dice Descemer Bueno con la censura del Decreto 349, en contra del cual él y el Movimiento San Isidro emprendieron dentro de Cuba una tenaz campaña que al propio Otero Alcántara y a otros integrantes del grupo les ha costado detenciones y el hostigamiento de la policía política.

“El 349 dice lo que tú dices: que si yo no estudié arte, no soy artista”, declara Otero Alcántara, y menciona al funcionario encargado de la promoción pública del Decreto, el viceministro de Cultura Fernando Rojas.

“Te voy a poner Descemer Bueno Rojas”, dice. “Formas parte de toda la oligarquía, de esta gente que define quién es músico, quién no; quién cobra, quién no; quién sale de Cuba, quien entra a Cuba; quien tiene una cuenta en el banco sin pagar impuestos, sin pagar nada, y puede tener una buena vida en cualquier lugar de Europa, cuando hay un pueblo entero pasando tremenda necesidad”.

No está diciendo que Bueno se abstenga de tener lo que quiere si se lo merece, indica Otero Alcántara.

“Pero mira: tu voz la escuchan millones de jóvenes cubanos”, continúa el artista independiente. “Qué orgullo tendría tu hijo si mañana o pasado, cuando se caiga el régimen, dijera: ‘C…, mi papa, en vez de hacerle mover el c… a la gente, aunque sea cogió un micrófono y dijo: ‘Sí, las víctimas, José Daniel Ferrer, todo el abuso que están sufriendo los artistas expulsados’. Y no es mi caso solamente: hay unos cuantos más expulsados de universidades, perseguidos por la Seguridad del Estado”.

Menciona a artistas y músicos censurados y expulsados de agencias artísticas y de la Asociación Hermanos Saíz, y a familias completas perseguidas.

“Entonces, ¿no quieres hablar de política? No hables de política”, le dice Otero Alcántara a Descemer Bueno. “Pero cuando dices que la Aldea no tiene valor estético ninguno porque no estudió arte; no sabe de la corchea, la semicorchea, la negrita, la fusa y la semiconfusa, porque tú lo que estás es semiconfuso, ¿eh?; tú lo que estás es legitimando todo el discurso de Fernando Rojas, de que nos vengan arriba y nos quieran acusar de delincuentes simplemente por decir lo que pensamos”.

Por arriesgar la carrera que tenemos en función de un pueblo que está sufriendo, y sufriendo tremenda miseria, porque lo que pasó en el Mercado de Cuatro Caminos no fue casualidad, añade el promotor de la campaña contra el Decreto 349.

“Es que el pueblo está cansado del abuso y los atropellos de la dictadura que tú te haces el de la vista gorda y vienes a cantarle aquí: a moverle el c… a la dictadura”, añade. “Eso no, eso no, claro: eso no es política”.

Dice entonces que él y “un montón de gente” van a seguir en Cuba, trabajando por la libertad de Cuba, por la libertad de la gente, y se confiesa admirador “de la aldea”, de Silvito el Libre, de “los reguetoneros esos que nacen del fango, negros del Cerro, sin esperanza ninguna” que no tienen que estudiar arte para hacerlo.

La democracia genera herramientas digitales con las que pueden cultivar su talento, comenta.

“Tú los aplastas, claro”, sentencia Otero Alcántara. “Si no entran por tu canal, no son artistas, una vez más, como la dictadura: si no entran por donde están ellos, no son artistas”.

Asegura no haber escuchado en Cuba a nadie decir que es “descemerbueniano”, pero sí “aldeano, aldeanista”. Quien quiera estudiar arte en San Alejandro debe pagar 10 dólares al mes “para que un profesor te prepare”, afirma Otero Alcántara; “los materiales son carísimos, no existen en Cuba”, y califica de elitista esos estudios que Bueno pone como requisito.

“No hay pluralidad, no hay acceso a ninguna educación gratuita: ¿Qué educación de arte gratuita de qué?”, pregunta. “Claro: para los hijos de los blancos con dinero que tienen el poder, esos sí. ¿Eso es lo que tú estás defendiendo, ¿no? Tú no estás defendiendo a los negros del Cerro y de San Miguel del Padrón, que tienen mucha sensibilidad, pero no tienen la oportunidad de estudiar en una escuela, porque estudiar en una escuela de arte en Cuba es elitista”.

Instrumentos pagados, clases particulares, “una mamá, un papá que te mantenga” hacen falta, comenta, y esas no están al alcance de “los negros del Cerro y de San Miguel del Padrón”, y lo mismo pasa en las artes visuales, el teatro, la danza.

“Entonces, eres una vergüenza, asere”, le dice Otero Alcántara a Bueno. “¿Qué estudiar arte de qué es lo que define… qué estudiar arte de qué, asere? Le estás faltando el respeto a Beny Moré, le estás faltando el respeto a una pila de gente que son más músicos que tú y van a trascender [más] que tú”.

(Los videos mencionados en la historia no han sido incluidos por el uso de palabras obscenas)

Un festival alternativo al Festival de Cine Latinoamericano

Organizaores del Primer Festival de Cine INSTAR. Tomado de Facebook mailyn.gomezcruz

Tras la exhibición de 22 películas de ocho países, cerró sus puertas el domingo el Primer Festival de Cine INSTAR, auspiciado por el Instituto Internacional de Artivismo "Hannah Arendt", en su sede de La Habana Vieja.

“Nosotros hicimos todo esto en esta fecha por un problema de protección, de que estuviéramos en un momento en que hubiera mucha prensa extranjera en Cuba para que también nos permitieran existir,” explicó la actriz Lynn Cruz, una de las organizadoras del evento, en referencia a que, paralelamente, se está desarrollando en Cuba, el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana en su 41 edición.

“Estamos de acuerdo con que exista el Festival de Cine de La Habana, que tiene ya una tradición y es reconocido a nivel internacional, es decir, nosotros somos una alternativa para las películas que por determinadas circunstancias políticas han sido condenadas al olvido”, puntualizó Cruz.

“Tuvimos películas variadas con temáticas más políticas otras más existenciales o sea hubo gran diversidad”, agregó.

Nace el Festival de Cine INSTAR en Cuba
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La actriz indicó que exhibieron durante el festival el filme “Desarraigo” realizado en 1965 por Fausto Canel “porque la idea es poner películas que en su momento no tuvieron un impacto porque la circunstancia política no se lo permitió, entonces también tenemos un espacio para eso”.

En su último día el Festival INSTAR mostró las obras ya terminadas de los beneficiados a inicios de este año con el Premio de Cine PM, dirigido a realizadores noveles, en las categorías de Ficción, Documental y Nuevos Medios, y dio a conocer a los premiados en su segunda convocatoria, que sumó esta vez el Premio Especial "Nicolás Guillén Landrián" dotado con 5 mil dólares.

El galardón en la categoría Ficción lo ganó el proyecto New Eva, de Nathaly Cardet y Yanisleysi Vázquez y en la categoría Documental, Riomar, de Lester Lejardi y Camila Carballo.

En Animación el premio se lo llevó el proyecto Pirita, de Carlos M. Paifer y Adriana García Pérez y Eliécer Jiménez se llevó el premio en la categoría Transmedia por su proyecto 59 Cuban-Docs.

Las obras laureadas con el Premio Especial "Nicolás Guillen Landrián", fueron ¿Cómo educar a un niño?, de Gretel Marín y Maria Elisa Pérez, y el proyecto documental Persona con Persona, de Karel Ducasse, Raúl Escobar y Yanet de Paz.

El festival de INSTAR transcurrió del 6 al 8 de diciembre sin mucho acoso de la Seguridad del Estado, pero tuvo algunos contratiempos lamentó Lynn Cruz.

“Una cineasta extranjera se vio forzada por presiones de funcionarios a retirar su película” dijo Cruz sin ofrecer detalles y “nosotros tuvimos que retirar una película en el último momento porque no teníamos los derechos, fue una película de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños”.

“Llamaron de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, que si no la retirábamos nos demandaban”. Esto sucedió por un error de nosotros porque es verdad que la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños funciona en Cuba como una casa productora, es decir ellos financian las obras, por tanto, éstas les pertenecen”, dijo Cruz.

La artista Tania Bruguera, directora del Instituto Internacional de Artivismo "Hannah Arendt", INSTAR, señaló en una entrevista con DIARIO DE CUBA que este Festival “es una consecuencia natural del ciclo sobre los cineastas independientes” que vienen efectuando “desde mediados de este año y donde el objetivo fundamental es mostrar aquellas películas que no se exhibirán en el Festival Internacional de Cine Latinoamericano de la Habana".

Los auspiciadores del Festival de Cine INSTAR planean que tenga una frecuencia anual en La Habana.

Sentado en la sala de mi casa

El cantante cubano Barbarito Diez (Foto: Archivo).

Por ALFREDO RODRIGUEZ

Este miércoles fue un día tocado por emociones… bueno, para decir verdad, las emociones viven en mí como la Pascua vive en diciembre. Fue el día de la Santa Bárbara, portadora de espada, invocadora contra las tempestades, asociada al rayo, al rojo, a la corona y a las plumas; mezcla de resurrección e inmortalidad. “Changó ta vení/ tierra va a temblá/ sin zarabanda malongo mundo ta acabá”.

Fue 4 de diciembre, y un 4 de diciembre vio la luz Consuelo Vidal, consoladora de televidentes cautivados y tocados por su magia entretenedora, espontánea, y popular, esa que me hace arrastrar para bien, el mote de “salvador de veranos”.

Alfredo Rodríguez.
Alfredo Rodríguez.

El miércoles no aparté un momento de mí la imagen del “Rey del danzón”, sagitariano, nacido un día 4 de diciembre, y que se fue un domingo 7 de mayo, para infortunio de la música, de los hombres de bien, y de los que practican la decencia.

Hace muchos años debía darle una nota que uno de sus hijos me entregó en Venezuela para él, y llegando a La Habana tuve el placer de encontrármelo sentado en la sala de mi casa.

Mirándolo pensé en Bolondrón, en Manatí, y en la isla que toda era, y es. En la escuelita del batey donde vivió y donde fue líder de muchacho, cuando entonaba el himno de nuestra patria: no en balde, Barbarito, eres Cuba todo, y para toda la vida.

Viste rendidos tus sueños de ser sastre, pero, pensándolo bien, le hiciste un traje a la medida a la música cubana, como el mejor costurero. Apenas te movías entonando una canción, falta no hizo: podías asumir cualquier postura escénica y te adjudicaste la mejor, la de la sinceridad.

Graciano, Antonio María, Matamoros, Sindo, Roig, y muchos más te veneraron “negro lindo”, porque así también te decían. Nadie entonará jamás como tú Longina, Olvido, La Mora, La perla del Edén y tantas canciones que te brotaban tan fáciles, como difíciles resultaban y resultan para otros.

Venezuela se rindió a tus pies: todavía El Tamanaco retumba con la ovación que recibiste, y que se sucedió en El Poliedro y en El Ateneo. Siempre dijiste que cantarías hasta que fuerzas tuvieras. De tal manera, el tributo de los que estamos es querer, difundir y a amamantar tu música, hasta que de igual forma tengamos fuerzas.

Bárbaro Diez Junco, querido Barbarito: tú si eres identidad. Tengo la fe, y la vista alegre, como aquel Café Vista Alegre de La Habana donde tanto entonaste, que siempre habrá una mano que se alce para defender nuestro baile nacional, para tributar a los grandes como tú, y para saber de donde venimos, que no es más que tener conciencia de hacia donde debemos ir.

Barbarito tú, hombre limpio, decente, cantor, cubano, eterno. Te me quedas para siempre, sentado en la sala de mi casa.

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