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Arte y Cultura

Festival Habanarte: la nueva estrella del turismo cultural en Cuba

Cartel de Habanarte.

Por un promedio de 400 dólares el visitante extranjero amante de las artes podrá dar una probadita a la cultura cubana, puestas de sol y almuerzos incluidos.

El turismo histórico-cultural cubano tiene una nueva estrella: el festival Habanarte. Las autoridades del Ministerio de Cultura lo inauguran este viernes 12 de septiembre con un concierto del retornado artista Issac Delgado, en el Centro Cultural El Sauce.

Por un promedio de 400 dólares, además del costo del pasaje de avión y el hospedaje, el visitante extranjero podrá dar una probadita a la cultura cubana, puestas de sol, charlas y algunas cenas incluidas. Estos paquetes de excursiones artísticas cubren cinco o seis días de los 10 que dura el festival.

El deterioro de los cines cubanos no ha impedido que la primera propuesta invite a conocer el séptimo arte de la isla. Ni falta que hace. Por 385 dólares, los participantes disfrutarán de unos cuantos cortometrajes en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, una película en la Fundación del Nuevo Cine y un corto animado en los Estudios de Animación del ICAIC.

El primer día, por ejemplo, se encontrarán con cineastas y jóvenes realizadores en los jardines del Hotel Nacional, además de un “recorrido y observación de la puesta de sol con el disfrute de un cóctel,” según detalla el programa.

El resto serán paseos por la ciudad, charlas con cineastas y críticos, y visitas a Instituto Superior de Arte y la Casa del Festival del Cine Latinoamericano.

El Gran Festival de la Cultura Cubana, como han dado en llamarle, también tiene un espacio para quienes prefieren la pintura: “Cuba, el arte de los colores”. Este ofrece más el espectador y los organizadores lo saben: cuesta 445 dólares.

Los participantes podrán visitar más de 18 galerías y talleres de artistas cubanos, incluidos los de Eduardo Roca Salazar (Choco), Zaida del Río, Nelson Domínguez y Ernesto Rancaño. El Museo de Bellas Artes, el Centro Wifredo Lam y la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro se cuentan entre los sitios a visitar.

Bailar le costará más al visitante foráneo: 466 dólares por talleres diarios de bailes populares cubanos con “profesores calificados”, advierten en el programa. Y después de bajar unas cuantas calorías con las clases de baile mañaneras: a subirlas, con almuerzos en los restaurantes “El Baco” del Museo Nacional de Bellas Artes, “Rancho Palco”, “Casa Española”, Café Taberna, El Aljibe y Habana Café del Hotel Meliá Cohíba.

Este paquete no prevé mucha charla. Salvo una visita al Instituto Superior de Arte y el intercambio con bailarines la compañía Danza Abierta, luego de ver su ensayo, solo quedará tiempo para descargas de música bailable en la Casa del Músico de la EGREM y algunos barrios habaneros.

Quienes disfrutan más admirando la danza que bailándola con 445 dólares están servidos. El paquete “La danza eterna” les llevará a los ensayos de las compañías Retazos, Habana Compás Dance y el Ballet Nacional de Cuba.

Otros “encuentros” tendrán lugar en el Museo de la Danza, la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, el Centro Nacional de la Danza y el Teatro Nacional, sede de Danza Contemporánea de Cuba.

Además de las anteriores, el programa contiene otras excursiones diarias a precios más discretos. Las visitas a conocidos destinos turísticos de la región occidental cuestan 19 y 58 dólares. Habanarte pretende dar a los participantes la oportunidad de apreciar lo mejor del arte cubano, ya sea en música, literatura, artes visuales, danza, cine, teatro, patrimonio o circo.

Más de un millar de extranjeros, en su mayoría venezolanos, se han anotado para el evento, asegura la agencia Paradiso, citada por medios de prensa oficiales de Cuba. Parece que ya no este, pero el próximo año los organizadores prometen agotar con los participantes e invitados del exterior hasta la última de las vacantes en los hoteles habaneros.

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Lam, Amelia, Mendieta y Bruguera en diálogo con Lydia Cabrera y Édouard Glissant

Cartel de "Where de Oceans Meet".

El Museo de Arte y Diseño de Miami Dade College presenta la exhibición Where the Oceans Meet (Donde se encuentran los océanos) inspirada en el pensamiento de dos reconocidos intelectuales caribeños Lydia Cabrera y Édouard Glissant.

Las ideas de Lydia Cabrera (Cuba 1899 –Miami 1991) y Édouard Glissant (Martinica 1928 – París 2011) dialogan con decenas de artistas contemporáneos, muchos de ellos cubanos, sobre diáspora, raza, género, memoria, historia, ritual, violencia y hospitalidad.

Además de una selección de materiales de archivo relacionados con Cabrera y Glissant, Where the Oceans Meet incluye obras de Niv Acosta y Fannie Sosa, Etel Adnan, Carlos Alfonzo, Kader Attia, Belkis Ayón, Yto Barrada, Daniel Boyd, Tania Bruguera, Sebastián Calfuqueo Aliste, Agustín Cárdenas, Maya Deren, Manthia Diawara, Melvin Edwards, Juan Francisco Elso, Öyvind Fahlström, Simone Fattal, Theaster Gates, Andrea Geyer, Sylvie Glissant, Dominique González-Foerster, Félix González-Torres, Koo Jeong A, Wifredo Lam, Glenn Ligon, Lani Maestro, Roberto Matta, Julie Mehretu, Ana Mendieta, The Otolith Group, Amelia Peláez, André Pierre, Walid Raad, Raqs Media Collective, Anri Sala, Antonio Seguí, Elena Tejada-Herrera, Pierre Verger, Jack Whitten, y Andros Zins-Browne.

El Museo de Arte y Diseño de Miami Dade College se encuentra en la Torre de la Libertad de Miami y la exhibición estará abierta del 26 de mayo al 29 de septiembre.

[a partir de un comunicado del Museo de Arte y Diseño de Miami Dade College]

Rescatan colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en EEUU

Fragmento del manual sobre telenovelas de la colección de la Biblioteca Latinoamericana de Tulane. Tomado de digitallibrary.tulane.edu.

La Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane, en la ciudad de Nueva Orleans, atesora en formato digital una importante colección de radionovelas hechas por exiliados cubanos en Estados Unidos.

La Colección de Radionovelas Cubanoamericanas Louis J. Boeri y Minín Bujones Boeri abarca producciones creadas entre 1963 y 1970 en un estudio ubicado en el emblemático edificio miamense "Freedom Tower" y el manual ¿Qué es y cómo se produce una Radionovela?, ahora en formato PDF.

La mayoría son novelas radiales pero también incluye comedias, programas de consejos y autoayuda, dramas bíblicos, misterios, historias de espías, y espectáculos de variedades.

Entre los títulos disponibles en formato digital están “Amarga espera”, “Carmiña”, “El Camino infinito”, “El látigo blanco”, “La hora del Misterio”, "La hora trece" y “Se soltó el loco con Pototo”.

La productora America's Productions, Inc. (API) logró colocar sus programas en emisoras del gobierno estadounidense, en cientos de estaciones de América Latina y España, y en emisoras en español en EEUU, informa la biblioteca.

Para el centro de estudios, la colección representa "un recurso único para el estudio de la historia de los nexos políticos, culturales y comerciales entre Estados Unidos y Cuba a través de la radiodifusión pública durante de un momento crítico del siglo XX."

[Con información de la Biblioteca Latinoamericana de la Universidad de Tulane]

20 de Mayo de 1902: avances del descalabro

La bandera cubana el 20 de mayo de 1902.

El autor rescata y comenta algunos incidentes callejeros que tuvieron lugar ese día en La Habana.

A Lesbia de Varona, bibliotecaria ejemplar

Nada para un cubano exiliado, amante de las cosas de su país, como una visita al Archivo Cubano de la Biblioteca de la Universidad de Miami, donde entre documentos, libros y colecciones de periódicos y revistas publicados en la isla a lo largo de los siglos XIX y XX, el visitante acaba por sentirse no sólo contemporáneo de todos los suyos --José María Heredia, Félix Varela, José Martí y otros incluidos-- sino repatriado.

Hay papeles que huelen a Cuba y un polvillo que se levanta de ellos y se adhiere a las yemas de los dedos al punto de confundirse con la piel, ávido de mezclarse con el nuestro que, aunque no lo advirtamos, también se adhiere a las publicaciones. Hay tintas que parecen haber goteado de la noche de la isla y páginas que al ser hojeadas susurran algo y exhiben manchas idénticas a las que cubren las manos de nuestras ancianas.

“La Habana en el primer día de la independencia”, un artículo publicado por Vicente del Olmo en un número de la revista “Carteles” correspondiente a mayo de 1952 y preservado en el Archivo Cuba de esa biblioteca, no sólo ofrece una idea exacta de los hechos que tuvieron lugar cincuenta años atrás sino del espíritu de celebración callejera que embargó al país, espíritu que algunos cubanos posteriores, con agenda propia e intereses ambiguos, borrachos de consideraciones extemporáneas, han pretendido y logrado emborronar.

Vicente del Olmo describe el ritual del cambio de poderes, la multitud jubilosa, las decoraciones azules, blancas y rojas, los arcos triunfales que se levantaron en diversas calles, los discursos, el momento en que el general Leonardo Wood y sus tropas abandonaron Cuba, los fuegos artificiales y el banquete ofrecido a Tomás Estrada Palma en el Teatro Nacional. Condénese lo que hay que condenar, pero no se amargue demasiado la fiesta:

A las 12 y 8 minutos, saludada por salvas de artillería y enormes aclamaciones del público estacionado en la Plaza de Armas, en el asta del Palacio Presidencial izose la bandera cubana. Las fuerzas norteamericanas y cubanas, tocando himnos, presentaron sus armas. Los generales Máximo Gómez, el caudillo de la Revolución, y Leonardo Wood, jefe de las fuerzas de ocupación –la intervención militar duró desde 1899 a 1902— después de arriado el pabellón de las estrellas del Norte, levantaron al aire la gloriosa enseña nacional de Cuba. El estampido del cañón, las bandas de música, las patrióticas aclamaciones del pueblo y las campanas de los templos que se echaron al vuelo, uniéronse en el saludo. La emoción patriótica hacía presa en todas las almas.

En medio de ese panorama exaltado, Vicente del Olmo registra un par de incidentes que 117 años después, a pesar del drama que supone el primero de ellos, invitan a esbozar una sonrisa y, si se les presta mayor atención, a meditar.

El cronista recuerda que el primer “20 de Mayo” tuvo lugar un crimen en la Plaza del Polvorín y describe el motivo: el guardia Urbano Collazo Hernández, al suspender un baile, fue asesinado por uno de los adoradores de Terpsicore... Si matar a un hombre por la razón expuesta es una barbaridad, la existencia en La Habana de un supuesto devoto de la musa griega del canto coral y la danza no sorprende menos. ¿Cómo puede reconciliarse la significación de los hechos que tenían lugar ese día con la furia de ese bailador y la evocación, en la prensa capitalina de mediados del siglo XX, de una hija de Apolo?

Nada hay que reconciliar: el disparate es consustancial a Cuba desde sus albores como nación. Quien lo dude debe buscar las décimas de Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846) escritas, según título y subtítulo, Con motivo de cierta reunión de sujetos de buen humor el día 1 de enero de 1811 (mes y día no deben pasarse por alto). Transcribo la primera de ellas:

Yo vi por mis propios ojos
(Dicen muchos en confianza)
En una escuela de danza
Bailar por alto los cojos.
Hubo ciegos con anteojos
Que saltaban sobre zancos.
Y sentados en los bancos
Para dar más lucimiento
Tocaban los instrumentos
Los tullidos y los mancos.

Vicente del Olmo da fe de otro hecho curioso: la caída desde un árbol que sufrió José Pazo y Álvarez, en el Parque Central, al entusiasmarse y aplaudir, perdiendo el equilibrio por la falta de apoyo, a la bandera cubana que pasaba. El teatro español abunda en personajes cuya caída del caballo presagia lo peor: el predominio de las pasiones sobre la razón, la perdición del jinete. La mitología griega y la Biblia advierten sobre la fatalidad de caer. No puedo leer la noticia del suceso sin adivinar en el percance del patriota entusiasta un augurio del descalabro que sufriría la República.

Entre las muchas actividades que tuvieron lugar aquel día destaco una función gratuita ofrecida por el Circo Pubillones para los vecinos más humildes de La Habana. Un afiche de la compañía muestra a una joven domadora, armada de látigo, entre seis leones. Ni un elefante, un chimpancé, un caballo, un perro, animales inofensivos; ni siquiera un payaso o acróbata: cinco fieras que rugen, muestran los colmillos, y una sexta que además de secundarlas salta impetuosa a través de un aro de fuego. Mirándolas fijamente me ha parecido verlas encarnar las seis provincias en que estuvo dividida la isla desde 1878 hasta 1976, y ver en la joven domadora inexperta, una representación de la República misma poco antes de ser devorada.

¿Fue Kandinsky el pionero del arte abstracto?

Obra de la pintora sueca, Hilma af Klint. Foto VBermúdez

Hasta ahora, todos los tratados, manuales y libros de Historia del Arte han reseñado e impartido en las universidades que la primera pintura abstracta la realizó el artista plástico ruso Vasili Kandinsky en 1911.

Kandinsky, además, escribió libros como “De lo Espiritual en el Arte”, y “Punto y Línea Sobre el Plano”, en los que explicaba sus teorías sobre su informalismo, donde la figura antropomórfica había desaparecido de sus cuadros.

A partir de esa fecha, el abstraccionismo se convirtió en una tendencia muy en boga en la pintura que ha llegado hasta nuestros días, convirtiéndose en la modalidad central que desarrollaron a lo largo de su vida artistas como Piet Mondrián, Kasimir Malevich, Jackson Pollock y De Kooning, por mencionar sólo a unos pocos.

Pero ahora el conocimiento de que corresponde a Kandinsky la primera obra abstracta, va a cambiar. El Guggenheim de New York acaba de presentar una exposición de la pintora sueca, Hilma af Klint, que presenta obras de esta artista que en 1906, cinco años antes de la acuarela de Kandinski, ya trabajaba la abstracción.

Las pinturas de Klint estuvieron guardadas hasta 1986, veinte años después de su muerte, porque ella consideraba que su época no estaba preparada para el arte abstracto.

Por último, hay que destacar que Klint nunca participó en exposiciones ni movimientos artísticos.

"Dos espías en Caracas", una novela sobre la ocupación cubana en Venezuela

Fidel Castro recibió a Chávez en el Aeropuerto Internacional José Martí el 13 de diciembre de 1994.

El escritor y periodista venezolano Moisés Naím se ha liberado del "yugo de la no ficción" para revelar en una novela cómo Hugo Chávez construyó el Socialismo del siglo XXI "bajo la tutoría, la guía y el control del régimen de La Habana".

"Dos espías en Caracas", que saldrá a la venta en Estados Unidos el próximo 21 de mayo, tiene como protagonistas a Eva, agente de la CIA, y Mauricio, agente de la inteligencia cubana, que viven su amor en medio de las intrigas, crisis y constantes cambios que se suceden a la par que avanza la revolución de Chávez en Venezuela.

Naím, de 66 años, señala en una entrevista con Efe que la novela es producto de la "frustración" por no poder comprobar cosas que sabía que estaban sucediendo en Venezuela y que, por tanto, se le quedaban en el tintero de sus artículos, columnas y programas de televisión.

"Decidí que me iba a liberar del yugo de la no ficción y que iba a contarlo como una novela", explica por teléfono este periodista galardonado con el Premio Ortega y Gasset y tres Premios a la Excelencia de la Sociedad Americana de Editores de Revistas.

Naím lleva más de veinte años viviendo fuera de Venezuela, aunque ha seguido investigando, analizando e informando fehacientemente sobre una realidad que es el sustento de su primera pero no última novela, pues, según dice, ya va "por el quinto capítulo" de la próxima, que "no tiene nada que ver con Venezuela".

Era ministro de Fomento de Carlos Andrés Pérez cuando el 4 de febrero de 1992 un grupo de militares, entre ellos el teniente coronel Hugo Chávez Frías, intentó apoderarse del poder, un episodio con el que comienza "Dos espías en Caracas", que finaliza con la muerte de Chávez en 2013.

Según dice, fue uno de los primeros en avisar de la "ocupación de Cuba en Venezuela, una ocupación furtiva, clandestina y secreta, pero determinante", que no se puede negar "porque sería como pretender tapar la luna con un dedo".

Aunque alentó a sus colegas periodistas, corresponsales extranjeros y académicos a investigar cómo "el gobierno de otro país había tomado el control", todos los intentos fracasaban, porque era una ocupación "invisible", porque "por definición era secreta".

"Mi liberación fue decir, bueno, voy a escribirlo como si fuera una ficción, aunque yo creo que realmente ocurrió en la realidad", subraya este ensayista, escritor y periodista, que ha publicado previamente una decena de libros de no ficción.

Naím se preocupó de que "Dos espías en Caracas" fuera una novela por más que estuviera sustentada en la realidad y que en la trama aparecieran personajes reales con nombres y apellidos verdaderos.

No quería hacer un tratado académico ni un texto didáctico o pedagógico. Tampoco un manifiesto. Lo que quería era crear una obra de ficción "accesible, interesante y divertida para una gran audiencia", subraya.

"La intención" es dar a conocer lo que sucedió en mi país a través de una historia divertida de leer", en la que se "entremezcla la gran Historia con la pequeña historia", dice en respuesta a una pregunta de Efe.

Eva y Mauricio son personajes de ficción, pero hay otros de los que intervienen en la historia que son composiciones de distintos personajes reales que Moisés Naím conoció o de los que supo por su trabajo periodístico.

No hay nada autobiográfico en "Dos espías en Caracas", dice y al respecto precisa que le hubiera parecido "muy narcisista" insertarse en una "historia tan importante" por el hecho de que él fuera parte del Gobierno venezolano en la época en que arranca la trama.

Naim se muestra reacio a hablar de la situación actual de Venezuela, pero sí es claro en señalar que la "tragedia" actual fue "creada y sembrada" durante la Presidencia de Chávez.

Nicolás Maduro, el presidente a quien no reconocen como tal más de medio centenar de gobiernos, el de Estados Unidos incluido, los cuales apoyan a Juan Guaidó, titular de la Asamblea Nacional, no ha "alterado de manera significativa las políticas que Chávez impuso en Venezuela, ni la forma de hacer política, ni las relaciones internacionales".

Lo que sí ha cambiado es que Maduro es "menos talentoso y carismático" que Chávez, y "más importante" aún, "no tiene su misma chequera".

Chávez tenía "una infinita cantidad de dinero", producto de la venta de petróleo a precios elevados, y del "endeudamiento del país", pues pese a esa abundancia, "pedía prestado".

Naím, que presentará "Dos espías en Caracas" el 21 de mayo en una
librería de Miami, anunció que en octubre saldrá la edición en inglés y ya se han vendido los derechos para la traducción a otros idiomas.

En América Latina y España ha tenido la "gratísima sorpresa" de que la novela está teniendo éxito, dice el escritor, al que le encantaría que llegara a su país, pero la situación económica no lo hace posible.

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