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D'Letras

Fallece en Reino Unido Vladimir Bukovsky, famoso escritor y disidente soviético

El escritor Vladímir Bukovsky, uno de los primeros intelectuales disidentes de la era soviética

El escritor y disidente soviético Vladímir Bukovsky ha fallecido a los 76 años en Cambridge (Reino Unido) a causa de un ataque cardíaco, informó este lunes la página web oficial del literato.

La muerte de Bukovsky, quien pasó años en prisiones y clínicas psiquiátricas soviéticas, se produjo el domingo en un hospital de la ciudad británica, adonde llegó en 1976 tras ser canjeado por el entonces secretario del Partido Comunista de Chile, Luis Corvalán, prisionero de la dictadura militar de Augusto Pinochet.

Bukovsky fue uno de los primeros disidentes soviéticos condenados a reclusión en hospitales psiquiátricos por motivos políticos.

Con un compañero de prisión, el psiquiatra Semión Gluzman, escribió un manual de psiquiatría para disidentes, para ayudar a luchar contra los abusos de las autoridades.

Tras 14 años de exilio forzoso, Bukovsky regresó a Moscú en abril de 1991, en la postrimerías de la Unión Soviética para llamar a una huelga nacional para acabar con el régimen comunista.

Nunca creyó en la "Perestroika", el proceso de apertura impulsado por el líder soviético Mijaíl Gorbachov.

"Solo huelgas generales y una campaña nacional de desobediencia civil pueden acabar con un sistema que nació y se consolidó mediante la violencia y la represión", dijo en sus primeras declaraciones en Moscú.

Regresó a Cambridge y desde allí, en 2002, cuando el actual
presidente de Rusia, Vladímir Putin, llevaba poco más de dos años en
el Kremlin, advirtió de una deriva hacia el totalitarismo en el país.

"La única posibilidad de salvar a Rusia del totalitarismo que se esta incubando, de dar la oportunidad de que la nueva generación tenga un vida normal, es crear una oposición democrática poderosa al actual régimen", declaró en abril de ese año.

En 2007, Bukovsky aceptó ser candidato presidencial de la oposición liberal para los comicios del año siguiente, pero la Comisión Electoral Central (CEC) de Rusia rechazó la inscripción de su candidatura.

La CEC argumentó su decisión con el hecho de que el escritor había vivido fuera del país en los últimos diez años y de la ausencia de documentos que acreditasen el carácter de sus actividades.

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“Mitos del antiexilio”, de Armando de Armas, reeditado en España y Miami

En Profundidad con el escritor Armando de Armas

El libro “Mitos del antiexilio”, del escritor de origen cubano y periodista de Radio TV Martí, Armando de Armas, vuelve a ser editado por The Ramblas Proyecst, de Barcelona, España y por Ediciones Exodus, de Ego de Kaska Foundation, radicada en la ciudad de Miami, USA, tras haberse agotado la edición realizada en 2007.

Armando de Armas ha sentado una cátedra de referencia imprescindible para quienes se interesen en comprender cómo y por qué, Cuba se encuentra, todavía, bajo el yugo de la dictadura de los Castro

“Mitos del antiexilio” , un libro dedicado a la deconstrucción de la nebulosa ideológica construida alrededor del masivo éxodo de los cubanos, que dio inicio desde los primeros días de enero de 1959, desmonta, pieza a pieza, la leyenda negra fabricada por el régimen castrista acerca de quienes se han visto obligados a huir en las diferentes oleadas de éxodos, en pequeños grupos o, incluso, individualmente, para ir conformando, a lo largo de 61 años, los más de 2 millones de cubanos redistribuidos en los cuatro puntos cardinales del planeta.

Un marine de EEUU ayuda a desembarcar a un niño cubano tras su llegada a las costas de Florida en el éxodo del Mariel. AP Photo/Fernando Yovera)
Un marine de EEUU ayuda a desembarcar a un niño cubano tras su llegada a las costas de Florida en el éxodo del Mariel. AP Photo/Fernando Yovera)

El exilo y el “antiexilio” son analizados por De Armas como lo que realmente son: las dos caras de una misma moneda, mitificadas tanto la una como la otra, a base de equívocos, indefiniciones e intereses creados pero, sobre todo, los mitos de un “antiexilio” que son el resultado de una feroz campaña llevada a su máxima expresión por un régimen que aspiraba a vender la idea de aceptación homogénea por parte de los ciudadanos isleños a quienes, se supone, la revolución había regalado la libertad.

En el prólogo a esta segunda edición de “Mitos…” la reconocida escritora y activista por la libertad de Cuba radicada en París, Zoé Valdés, dice, respecto a la reacción psicológica y emocional de importantes sectores del exilio cubano, que es

“[…] una tragedia exclusiva de los cubanos, que a mi juicio es mayor que vivir bajo aquella tiranía; pues resultó ser el drama extraordinario de no ser reconocidos como víctimas por la inmensa mayoría. Y, sobre todo, de forma increíble o absurda, no llegar a serlo por nosotros mismos, los principales sacrificados de esa tragedia, los protagonistas amordazados o avergonzados. Esencialmente, debido al mero hecho de vivir lejos y totalmente excluidos del acontecer diario de nuestro país, sin siquiera poseer el derecho de representar digna y soberanamente nuestras raíces, cultura, e idiosincrasia, fuera de él. Negarnos y auto negarnos han sido las peores de las imposiciones. Heridas cuyas cicatrices serán imborrables. Cierto, sin patria pero sin amo —escribió José Martí—, poderosamente cierto, aunque aferrados al asidero eterno de la cadena, sin alcanzar a zafarnos emocional ni racionalmente de su extrema posesión y tensión”.

Uno de los más refrescantes trabajos contra la grave falta de sentido común existente en círculos supuestamente intelectuales

Durante la presentación en Miami de la primera edición, que estuvo a cargo del abogado y político cubano americano Lincoln Díaz-Balart, quien fuera, durante varias décadas, miembro del Congreso de los Estados Unidos, dice que este es “Uno de los más refrescantes trabajos contra la grave falta de sentido común existente en círculos supuestamente intelectuales, es el ensayo de Armando de Armas titulado, Mitos del Antiexilio. Desafortunadamente, pocos temas se prestan más a la confusión y a la tergiversación en esos círculos, que el exilio cubano”.

Muchas cosas que nunca antes se habían dicho, o fueron dichas en voz muy baja a lo largo de estas seis décadas, se dicen en las páginas de este intenso e interesante libro que, sin juicios y desbordante de comprensión hacia un fenómeno sobre el cual, quizá sin proponérselo, Armando de Armas ha sentado una cátedra de referencia imprescindible para quienes se interesen en comprender cómo y por qué, Cuba se encuentra, todavía, bajo el yugo de la dictadura de los Castro. Como muestra, bastará con este párrafo :

Portada del libro Mitos del Antiexilio en su segunda edición
Portada del libro Mitos del Antiexilio en su segunda edición

“Paradójicamente no existe una derecha en el exilio”, dice De Armas en su libro, “al menos, no lo que pudiéramos llamar un pensamiento de derecha representativo de la masa desterrada. Hay, sí, expresiones, procedimientos o actitudes de derecha, o que la izquierda procura enmarcar dentro de la derecha en su afán descalificador del anticastrismo. Lo primero que sorprendería al observador no avisado que llegase a Miami, es que la mayoría de las organizaciones y personalidades del anticastrismo más militante han sido, o se han definido como revolucionarias. Muchos han llegado al punto de disputar el revolucionarismo (sic) a Castro: ¡Son ellos y no Castro los auténticos revolucionarios! De ahí que, por ejemplo, dos de las organizaciones más duras del exilio en el enfrentamiento armado al régimen de La Habana se nombrasen orgullosamente Movimiento de Recuperación Revolucionaria y Rescate Revolucionario, de Manuel Artime y Antonio (Tony) Varona, respectivamente. De ahí la tesis de la revolución traicionada que sostienen figuras tan respetables como el Comandante Huber Matos”.

Martí o Metafísica de la Guerra en el Diario de Campaña

José Martí y la muerte en Dos Ríos.

Artículo de Análisis

A 125 años del Diario de Campaña de José Martí y de su muerte en Dos Ríos, una relectura del texto lo confirma entre las obras más innovadoras de la literatura en castellano de los últimos dos siglos y ofrece pistas de la dimensión metafísica de su autor al tiempo que lo muestra como un hombre de guerra.

El asomo y el asombro de la muerte

"Voy bien cargado, mi María, con mi rifle, al hombro, mi machete y revólver a la cintura, a un hombro una cartera de cien cápsulas, al otro en un gran tubo, los mapas de Cuba, y a la espalda mi mochila, con sus dos arrobas de medicina y ropa y hamaca y frazada y libros, y al pecho tu retrato". Escribe José Martí a Carmen Miyares de Mantilla y sus hijos en carta incluida en su Diario de Campaña y firmada en la Jurisdicción de Baracoa el 16 de abril de 1895; camino a la muerte.

Grabado del cadáver de José Martí al inhumar sus restos en el Cementerio General de Santiago de Cuba, 1895.
Grabado del cadáver de José Martí al inhumar sus restos en el Cementerio General de Santiago de Cuba, 1895.

Si en una reseña anterior sobre Las puertas de la percepción y Cielo e infierno, del autor inglés Aldous Huxley, apreciamos a los paraísos artificiales producto de los alucinógenos no sólo como sucedáneos sino como medios de acceso a los paraísos espirituales, en esta apreciamos los estados alterados de la conciencia a consecuencia de la guerra permitir al poeta, patriota y perfeccionador del idioma español de su tiempo, José Martí, acceder a la visión de una realidad otra o metarrealidad.

Ir así a la raíz de la realidad, obtener una visión vedada al observador positivista, ramplón a rajatabla, pero ofrecida al ojo entrenado por la técnica ritualística de las ancestrales tradiciones religiosas o al ojo que naturalmente se abre a lo sobrenatural; como sería el caso de Martí ante el asomo y el asombro (el asombro no como sorpresa sino como viaje iniciático interior) del misterio de la muerte, no como posibilidad futura sino como acontecer presente que se impone por todas partes. Aunque quizá no tan naturalmente, pues Martí, como masón del Grado 30 o Gran Elegido Caballero Kadosh del Águila Blanca o Negra, debió poseer el requerido entrenamiento ritualístico para ello.

La guerra, un ejercicio espiritual

La experiencia de la guerra que abre las puertas de la percepción, del cielo y del infierno, nunca mejor dicho, pues para hombres de la casta de Martí, la más alta, la guerra sería sobre todo, más allá de la carnicería al uso, un ejercicio espiritual, de realización sobrenatural sui generis, sangriento; de apostolado.

En Martí el epíteto de Apóstol encontraría su verdadero significado no como propagador o propagandista de una doctrina exógena para la salvación patria sino como detonador del sí mismo para la salvación del alma. No como doctrina de salvación sino como acto de salvación; salvarse, salvar matando; salvarse, salvar muriendo. De modo que Martí, el Héroe, accede a la añorada inmortalización por vía de las armas, matadoras de cuerpos y restauradoras de almas; guerra santa en suma.

Revólver original Colt Frontier, Six Shooter, calibre 44, que fuera un regalo hecho a Martí por su amigo mexicano Manuel Mercado. El revólver que cargaba en Cuba el día de su muerte era otro.
Revólver original Colt Frontier, Six Shooter, calibre 44, que fuera un regalo hecho a Martí por su amigo mexicano Manuel Mercado. El revólver que cargaba en Cuba el día de su muerte era otro.

Aquello de que a Martí lo matan a la primera y como de novatón parecería un interesado mito, miren si no en su Diario este otro fragmento de carta a Carmen Miyares de Mantilla y sus hijos firmada en Guantánamo el 26 de abril de 1895:

"Por el momento veníamos muy seguidos ya por tropa española y contentos y a pie, con la custodia de cuatro tiradores y un negro magnífico, padre de su pueblo y hombre rico y puro, Luis González, que se nos unió con diecisiete parientes, y trae a su hijo; veníamos y estalló a pocos pasos el gran tiroteo de las dos horas: allí cruzaron por nuestras cabezas las primeras balas; momentos después rechazado el enemigo, caímos en brazos de nuestra gente: allí caballos, júbilo, y seguimos la marcha admirable, a la luz de hachas del monte y árboles encendidos; la marcha de ocho horas a pie, después de dos de combate y de cuatro de camino, de la noche entera, sin descanso para comer de día ni de noche. Yo me acosté a las tres de la mañana, curando los heridos. A las cinco en pie, todos alegres; luego duermen, hablan en grupos, pasan cargados de viandas y reses, me traen mi caballo y mi montura nueva; ¿pelearemos hoy? Organizamos y seguimos rumbo; el alma es una: algunas armas cogidas al enemigo".

Diario de Campaña: un texto aún no superado en la literatura española

Un Martí que presencia fusilamientos y los narra de manera fría, directa, cortante, innovadora, renovadora del moribundo idioma español de su tiempo; renovado, remojado en sangre.

El Diario de Campaña es de un estilo, y una estirpe, no superada por ningún escritor en la historia de la literatura española de los últimos dos siglos. Posee la visión desapegada del que está en este mundo pero no es de este mundo, desapego no desprovisto de sensibilidad, sensibilidad que se aleja espantada de la sensiblería de los poetas al uso; del pedestre positivismo. Escritura acometida con la impasibilidad de los superiores seres del septentrión; así leemos:

"Se va Bryson. Poco después, el consejo de guerra de Masabó. Violó y robó. Rafael preside, y Mariano acusa. Masabó, sombrío, niega: rostro brutal.

Su defensor invoca nuestra llegada, y pide merced. A muerte. Cuando leían la sentencia, al fondo, del gentío, un hombre pela una caña. Gómez arenga: “Este hombre no es nuestro compañero: es un vil gusano”, Masabó, que no se ha temblado, alza con odio los ojos hacia él. Las fuerzas, en gran silencio, oyen y aplauden: “¡Qué viva!” Y mientras ordenan la marcha, en pie queda Masabó; sin que se le caigan los ojos ni en la caja del cuerpo se vea miedo: los pantalones, anchos y ligeros, le vuelan sin cesar, como a un viento rápido. Al fin van, la caballería, el reo, la fuerza entera, a un bajo cercano; al sol. Grave momento, el de la fuerza callada, apiñada. Suenan los tiros, y otro más, y otro de remate. Masabó ha muerto valiente. “¿Cómo me pongo, Coronel? ¿De frente o de espalda?”. “De frente”. En la pelea era bravo".

Y sigue la saga en sangre, en ciega, la saga como soga al cuello con nudo corredizo, y cuenta Martí otro fusilamiento:

“Tocan marcha otra vez, y las filas siguen, de dos en fondo. Con el reo, que implora, Chacón y cuatro rifles, empujándolos. Detrás, solo, sin sus polainas, saco azul y sombrero pequeño, Gómez… que no va al reo, ya en el lugar de muerte, llamando desolado, sacándose el reloj, que Chacón le arrebata, y tira en la yerbas. [...] manda Gómez, con el rostro demudado y empuña su revólver, a pocos pasos del reo. Lo arrodillan, al hombre espantado, que aún, en aquella rapidez, tiene tiempo, sombrero en mano, para volver la cara dos o tres veces. A dos varas de él los rifles bajos, “¡Apunten!” dice Gómez: ¡Fuego! Y cae sobre la yerba, muerto.”

Avanza Martí un relámpago en la muerte y narra otro fusilamiento más, este ocurrido en la pasada guerra, y lo entrevera con una visión que escapa al ojo no entrenado para lo mítico:

"Salimos del campamento, de Vuelta Corta. Allí fue donde Policarpo Pineda, el Rustán, el Polilla, hizo abrir en pedazos a Francisco Pérez, el de las escuadras. Polilla, un día, fusiló a Jesús: llevaba al pecho un gran crucifijo, una bala le metió todo un brazo de la cruz en la carne: y a la cruz, luego, le descargó los cuatro tiros. De eso íbamos hablando por la mañana, cuando salió el camino, ya en la región florida de los cafetales, con plátano y cacao, a una mágica hoya, que llaman la Tontina, y en lo hondo del vasto verdor enseña apenas el techo de guano, y al lado, con su flor morada, el árbol del caracolillo".

Con mano dura

Martí no sólo narra fusilamientos, sino que junto a Máximo Gómez, firma proclamas que facilitarán el fusilamiento por la infracción de permitir el paso de alimentos a las ciudades sitiadas -con lo que muestra saber que tan importante es la presión de las armas como la presión económica para derrotar al enemigo-. Como esta del 12 de mayo de 1895 en la localidad de la Jatía:

"Es el deber indestinable del Ejército Libertador de Cuba, y el derecho reconocido de toda guerra civilizada, privar al enemigo de toda especie de recursos con que nos pueda hacer la guerra. Y ese derecho debe ejercerlo lo mismo el primero de los jefes que el último de los soldados. —No se ha de dar alimentos hoy a la ciudad, que con los alimentos que le demos sostiene a los soldados que nos combaten, y se pertrecha para resistir el sitio que le tengamos que poner mañana. Mientras dure la guerra, todas las ciudades enemigas están en sitio, y forzar el sitio, enviando al enemigo provisiones de boca, es una de las formas del delito de traición a la Patria. Se dispone, pues, en tanto que el general Rabí renueve esta orden: 1º que se impida en absoluto el paso de reses, y de cualesquiera otras provisiones de boca, a los poblados, ciudades, o campamentos enemigos. 2º que se prenda, y lleve a la presencia del general Jesús Rabí para juicio a quienquiera que presente o pretexte autorización de él, o de cualesquiera en abuso de su nombre, para el paso de reses o cualesquiera otras provisiones de boca".

La muerte se enseñorea, ahora de la boca del generalísimo Gómez que le cuenta a Martí un hecho de la Guerra Grande:

“Aquí, me dijo Gómez, nació el cólera, cuando yo vine con doscientas armas y 4 000 libertos, para que no se los llevasen los españoles, y estaba esto cerrado de reses, y mataron tantas que del hedor se empezó a morir la gente, y fui regando la marcha con cadáveres: 500 cadáveres dejé en el camino a Tacajó.”

Martí inmerso en un mundo de fuego y fantasmagoría

El 25 de abril escribe en una especie de estado de posesión mediúmnica, como si viese el paisaje, las personas y la violencia extrema del combate desde las brumas de luz de un mundo mítico. Escribe despersonalizado, divinizado, con palabras que marcan muerte, daño y sacrificio: tajaban, ahorcaban, azotaban; redondo tiroteo:

"Jornada de guerra. —A monte puro vamos acercándonos, ya en las garras de Guantánamo, hostil en la primera guerra, hacia Arroyo Hondo. Perdíamos el rumbo. Las espinas nos tajaban. Los bejucos nos ahorcaban y azotaban. Pasamos por un bosque de jigüeras, verdes, pegadas al tronco desnudo, o al ramo ralo. La gente va vaciando jigüeras, y emparejándoles la boca. A las once, redondo tiroteo. Tiro graneado, que retumba; contra tiros velados y secos. Como a nuestros mismos pies es el combate: entran, pesadas, tres balas, que dan en los troncos"… "Siguiendo nuestro camino subimos a la margen del arroyo. El tiroteo se espesa... —A poco, las noticias: dos vienen del pueblo. Y ya han visto entrar un muerto, y 25 heridos: Maceo vino a buscarnos, y espera en los alrededores"…

Y como en toda elevada experiencia psicodélica, acá la pólvora y la sangre cual sustitutos de la mescalina, como en los sueños lúcidos, es consciente el poeta de su despersonalización, divinización, y se pregunta:

"¿Cómo no me inspira horror, la mancha de sangre que vi en el camino? ¿Ni la sangre a medio secar, de una cabeza que ya está enterrada, con la cartera que le puso de descanso un jinete nuestro? Y al sol de la tarde emprendimos la marcha de victoria, de vuelta al campamento. A las 12 de la noche habían salido, por ríos y cañaverales y espinares, a salvarnos: acababan de llegar; ya cerca, cuando les cae encima el español: sin almuerzo pelearon las 2 horas, y con galletas engañaron el hambre del triunfo: y emprendían el viaje de 8 leguas, con tarde primero alegre y clara, y luego, por bóvedas de púas, en la noche oscura. En fila de a uno iba la columna larga. Los ayudantes pasan, corriendo y voceando. Nos revolvemos, caballos y de a pie en los altos ligeros"… “Párese la columna, que hay un herido atrás. Uno hala su pierna atravesada, y Gómez lo monta a su grupa. Otro herido no quiere: “No, amigo: yo no estoy muerto:” y con la bala en el hombro sigue andando. ¡Los pobres pies, tan cansados! Se sientan, rifle al lado, al borde del camino: y nos sonríen gloriosos. Se oye algún ay, y más risas, y el habla contenta".

Va Martí así inmerso en un mundo de fuego y fantasmagoría, un mundo metarreal que determina sobre el mundo real; de acá abajo:

“Abran camino”, y llega montado el recio Cartagena, Teniente Coronel que lo ganó en la guerra grande, con un hachón prendido de cardona, clavado como una lanza, al estribo de cuero. Y otros hachones, de tramos en tramos. O encienden los árboles secos, que escaldan y chisporrotean, y echan al cielo su fuste de llama y una pluma de humo. El río nos corta"…

El sanador

Y más fuego, y más muerte, y Martí que hace de enfermero, medicineman de las arcaicas eras, que cura a los heridos porque antes se ha curado a sí mismo, cura con lo que hay a mano, agua, iodoformo, algodón fenicado, pero cura sobre todo con el alma y además nos narra.

Presenta la paradoja de un héroe que no sólo ha sido herido de bala sino de sífilis; el héroe Amfortas, flechado por la afición fálica, afición como aflicción del gran señor del ciclo de las leyendas artúricas del Santo Grial que se manifiesta en la manigua cubana:

"A las 5, abiertos los ojos, Coli al costado, machete al cinto, espuela a la alpargata, y a caballo”. — Murió Alcil Duvergié, el valiente: de cada fogonazo, su hombre: le entró la muerte por la frente: a otro, tirador, le vaciaron una descarga encima: otro cayó, cruzando temerario el puente. —¿Y a dónde, al acampar, estaban los heridos? Con trabajo los agrupo, al pie del más grave, que creen pasmado, y viene a andas en una hamaca, colgando de un palo. Del jugo del tabaco, apretado a un cabo de la boca, se le han desclavado los dientes. Bebe descontento un sorbo de Marrasquino. ¿Y el agua, que no viene, el agua de las heridas, que al fin traen en un cubo turbio? La trae fresca el servicial Evaristo Zayas, de Ti Arriba. ¿Y el practicante, dónde está el practicante, que no viene a sus heridos?— Los otros tres se quejan, en sus capotes de goma. Al fin llega, arrebujado en una colcha, alegando calentura. Y entre todos, con Paquito Borrero de tierna ayuda, curamos la herida de la hamaca, una herida narigona, que entró y salió por la espalda: en una boca cabe un dedal, y una avellana en la otra: lavamos, iodoformo, algodón fenicado. Al otro, en la cabeza del muslo: entró y salió. Al otro, que se vuelve de bruces, no le salió la bala de la espalda: allí está, al salir, en el manchón rojo e hinchado: de la sífilis tiene el hombre comida la nariz y la boca: al último, boca y orificio, también en la espalda: tiraban, rodilla en tierra, y el balazo bajo les atravesó las espaldas membrudas, A Antonio Suárez, de Colombia, primo de Lucila Cortés, la mujer de Merchan, la misma herida".

Después la noche, la luz, el misterio, el lenguaje acompasado, música mítica, para el trance, para abrir la visión, para facilitar los estados alterados de la conciencia, como antes en el combate los facilitaron el fuego y el estertor de los heridos: "Hamacas, candelas, calderadas, el campamento ya duerme: al pie de un árbol grande iré luego a dormir junto al machete y el revólver y de almohada mi capa de hule: ahora hurgo el jolongo, y saco de él la medicina para los heridos. Cariñosas las estrellas, a las 3 de la madrugada".

Martí muestra su revólver Colt y mata al surrealismo antes de nacer

En Haití a punto de partir para la guerra, se manifiesta ya la experiencia metafísica propia de la guerra. En una frase que parece anticiparse al movimiento surrealista -como ciertamente la obra martiana es precursora del movimiento modernista- y anular la propuesta de André Breton en 1916, cuando suelta la siguiente frase en su Diario que describe un ademán que pareciera disuadir al práctico haitiano que lo conduce en la noche por un intrincado paraje de la peregrina idea de asaltarle:

"En un claro, al salir, le enseño al hombre mi revólver Colt, que reluce a la luna: y él, muy de pronto, y como chupándose la voz, dice: “¡Bon, papá!”

Metafísica de la guerra en Martí

Que la escritura del Diario de Campaña no haya sido superada por ningún autor en la historia de la literatura española de los últimos dos siglos, no resulta de pura suerte, sino porque conecta con la fuente, fuerza primordial. El Diario es un texto sacral, religioso en el auténtico sentido del término pues religa al taumaturgo, al autor en tanto hierofante, con la potencia de lo divino.

De ahí podemos entender al Homagno generoso de su poema Yugo y estrella -la estrella como sempiterno símbolo en Martí-, donde afirma: "De mí y de la Creación suma y reflejo, Pez que en ave y corcel y hombre se torna"​, hombre que se diviniza en la relación con lo divino; se hace co-creador con Dios.

Luego acá nos topamos con el mismísimo origen de la literatura, con el tropel de bisontes en el cielo no como metáfora artificiosa o surrealista sino como realidad de lo mágico velado al hombre masa; al apagado bruto de su citado poema.

En el Diario de Campaña nos atrevemos a entrever características de las antiguas tradiciones indoeuropeas en las que, como escribe el filósofo italiano Julius Evola en su obra Metafísica de la guerra, "aparecen una y otra vez los temas de la sacralidad de la guerra y del héroe que no muere realmente, sino que se convierte en soldado del ejército místico en una lucha cósmica" para acto seguido apuntar que estos serían elementos a encontrar en el cristianismo, "al menos en aquel cristianismo que pudo adoptar la divisa de Vita este militia super terran y reconocer que no sólo con la humildad, la caridad, la esperanza y todo lo demás, sino también con un tipo de violencia -la afirmación heroica aquí- es posible acceder al Reino de los Cielos".

Sólo así, mediante la idea de la metafísica de la guerra, nos sería dado el poder aprehender el enigma de Martí el Apóstol, el Homagno, el Hombre-Nación, y por consiguiente, entender su muerte allá en un polvoriento potrero de Dos Ríos el 19 de mayo de 1895 -hace ahora 125 años- no como sacrificio suicida sino como acto consciente de quien entrega el cuerpo para salvar el alma, la suya y la de los suyos; en salto a la eternidad.

De ahí pues la sacralidad de los sangrientos, apretados y apresurados párrafos de su Diario de Campaña.

Caso Padilla: Fin del romance de intelectuales con el régimen de Castro

Heberto Padilla, poeta y periodista cubano

Primera Escena

Sala Martínez Villena de la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC) en el pódium, José Antonio Portuondo, “maestro de ceremonia” por sustitución, se dirige al público que, expectante, abarrota la sala.

“Por esa razón él no está esta noche aquí -dice Portuondo, refiriéndose al presidente de la Institución, el poeta Nicolás Guillén, quien, acotación al margen, padecía, cuentan, de la rara virtud de enfermarse oportunamente- nosotros no hemos querido que él salga de su casa, y yo lo sustituyo. Pero el compañero Nicolás está enterado de todo lo que estamos haciendo aquí y de todo lo que aquí se va a decir”.

Esta última frase merece toda la atención del lector; “está enterado […] de todo lo que aquí se va a decir”. Esa es, quizá, la única verdad, el único rastro de honestidad respecto a lo que allí sucedió esa noche del 27 de abril de 1971.

La noche en que el poeta Heberto Padilla, liberado apenas 24 horas antes de las ergástulas de Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado, era obligado a, “voluntariamente”, “cantar” su Palinodia frente a los miembros de la UNEAC.

Padilla, quien públicamente nunca fue acusado, debió retractarse en público, debió acusar, culpar, en fin, detractar a colegas, amigos y conocidos ...


Esa fecha quedará inscrita para siempre en la Historia Nacional de la Infamia (HNI) como la del primer juicio estalinista organizado por el régimen de Fidel Castro y la primera quiebra en el noviazgo de apariencia monolítica entre la intelectualidad mundial y la, hasta ahí, mítica figura del guerrillero barbado de la Sierra Maestra.

Heberto Padilla, quien públicamente nunca fue acusado, debió retractarse en público, debió acusar, culpar, en fin, detractar a colegas, amigos y conocidos allí presentes. Nada que no hubiera sucedido en la Unión Soviética de Iosip Vissarionovich Dzhugashvili, alias, Joseph Stalin. Esa noche del 27 de abril, sobre el escenario de la Sala Martínez Villena, la UNEAC en pleno, claro que exceptuando a su presidente, asistía al último acto de un drama del realismo socialista cubano, cuya trama se venía representando desde tres años antes. Un duelo a muerte entre Fidel Castro Ruz y la libertad de creación y pensamiento.

Segunda Escena

Caliente todavía la sangre por lo que supuso una “victoria” contra la "explotación del hombre por el hombre", Cuba abría sus puertas, casi con desesperación, al turismo político como parte de su estrategia de propaganda, venta de imagen y proselitismo sin tapujos. El mundo, sobre todo el Viejo Mundo, aburrido por la estabilidad y la falta de “héroes”, volcó su entusiasmo en la construcción de la leyenda caribeña y a la cabeza, la intelectualidad, urgida de pretextos y motivaciones no dudó en hacer la fila para la foto con el nuevo Mesías.

Desde Francia, Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, por sólo citar dos nombres, fueron de los primeros en poner un pie en la isla realizando un performance de “neo-descubrimiento” saturado de elogios y bendiciones y, la puerta quedaría abierta, después de semejante espaldarazo por parte de la icónica pareja de la naciente postmodernidad intelectual europea. A partir de ahí, no cesaron el desfile ni el cortejo.

Ya en 1968, convocado el Premio de Poesía Julián del Casal de la UNEAC, se constituyó un jurado de lujo: José Lezama Lima, José Zacarías Tallet, el joven Manuel Díaz Martínez y del extranjero, J. M. Cohen, inglés y César Calvo, peruano.

Desde el principio, según cuenta Manuel Díaz Martínez en su artículo El Caso Padilla: Crimen y castigo (recuerdos de un condenado) todos sintieron interés por el libro número 31 que aparecía bajo el lema: “Vivir la vida no es cruzar un campo”, un verso del escritor y poeta soviético Boris Pasternak y de este libro, titulado Fuera de juego, el autor era otro poeta joven, de la llamada Generación del los 50" su nombre, Heberto Padilla.

Heberto Padilla, el magnífico poeta, nunca pudo superar la traumática experiencia de su paso por la Sede del Terror Revolucionario y la retractación frente a quienes habían sido, quizá, sus amigos ...


Padilla había regresado a su Cuba natal después de 1959, incorporándose al proceso revolucionario, que no dudó en aprovechar sus amplios conocimientos adquiridos en el extranjero, utilizándolo como funcionario de Comercio Exterior destinado a la sensible Europa y también, como corresponsal de algunas publicaciones todavía en pie dentro de la isla.

Fuera de juego logró imponerse en el gusto del jurado y resultó ser el libro ganador en el certamen de 1968 y, de ahí en adelante, Pandora desató las cintas de su caja y todos los males aprendidos de Lenin, Beria, Stalin, etc., fueron esparcidos por la pequeña Cuba, aquella que alguna vez fuera la Perla del Caribe.

Tercera Escena

El “Affaire Padilla”, que comenzara con el escándalo alrededor de la premiación de Fuera de Juego, su retirada de las librerías y el secuestro de las matrices en la imprenta por parte del G-2 cubano, tendría su punto culminante con las consecuencias que trajo para el régimen, aún henchido de confianza basada en la atracción de su carismático líder.

Consecuencia de lo ocurrido en los jardines de la UNEAC aquel 27 de abril de 1971, la misma intelectualidad enamorada que visitaba la isla escribió no una, sino dos cartas, condenando lo que ellos mismos, militantesde la izquierda “progre” de Europa y América Latina, confesaron que les “recuerda los momentos más sórdidos de la época estalinista, sus juicios prefabricados y sus cacerías de brujas”.

El verdadero rostro del Proceso Revolucionario quedaba al descubierto, señalado y nombrado por voces con suficiente credibilidad como para poner al descubierto la verdadera identidad de la Revolución cubana. A partir de ahí, las relaciones de los intelectuales extranjeros con el régimen de Castro ha pasado por varias etapas, pero ya nunca fue el cándido romance de los primeros años.

Heberto Padilla, el magnífico poeta, nunca pudo superar la traumática experiencia de su paso por la Sede del Terror Revolucionario y la retractación frente a quienes habían sido, quizá, sus amigos. urante años, para aumentar la dosis de castigo, se le impidió abandonar el país y fue, prácticamente, obligado a deambular por las calles de La Habana como un muerto viviente, sin apenas amigos. No fue hasta 1980 que Padilla pudo salir de la isla y establecerse en Estados Unidos, donde moriría el 25 de septiembre del año 2000.

Coda

Lista de Intelectuales firmantes de la Segunda Carta de protesta por juicio a Heberto Padilla.

Claribel Alegría, Simone de Beauvoir, Fernando Benítez, Jacques-Laurent Bost, Italo Calvino, Josep María Castellet, Fernando Claudín, Tamara Deutscher, Roger Dosse, Marguerite Duras, Giulio Einaudi, Hans Magnus Enzensberger, Francisco Fernández Santos, Darwin Flakoll, Jean Michel Fossey, Carlos Franqui, Carlos Fuentes, Ángel González, Adriano González León, André Gorz, José Agustín Goytisolo, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Rodolfo Hinostroza, Mervin Jones, Monty Johnstone, Monique Lange, Michel Leiris, Mario Vargas Llosa, Lucio Magri, Joyce Mansour, Daci Maraini, Juan Marsé, Dionys Mascolo, Plinio Mendoza, István Mészáros, Ralph Miliband, Carlos Monsiváis, Marco Antonio Montes de Oca, Alberto Moravia, Maurice Nadeau, José Emilio Pacheco, Pier Paolo Pasolini, Ricardo Porro, Jean Pronteau, Paul Rebeyrolle, Alain Resnais, José Revueltas, Rossana Rossanda, Vicente Rojo, Claude Roy, Juan Rulfo, Nathalie Sarraute, Jean-Paul Sartre, Jorge Semprún, Jean Schuster, Susan Sontag, Lorenzo Tornabuoni, José-Miguel Ullán, José Ángel Valente.

Una Habana Difunta para Infante

Guillermo Cabrera Infante. Discurso de aceptación. Premio Cervantes de Literatura, 1997

Un 22 de abril, pero del año 1547, moría en Madrid el Ingenioso Hidalgo de las Letras, don Miguel de Cervantes Saavedra y mucho hubo de cabalgar el caballero a lomos de Rocinante para que, el 23 de abril, esta vez del año 1997, las fanfarrias de los heraldos se dejaran escuchar para informar al mundo que, ese año, el prestigioso Premio Cervantes de Literatura estaba destinado a Guillermo Cabrera Infante, nacido en Gibara, Cuba, también un 22 de abril, pero, ahora, de 1929.

El escritor que, en 1968, había dejado tras de sí los apuntes de lo que, ya en el Siglo XXI será, definitivamente, Una Habana Difunta para Infante, se vio forzado a convertir al cubano “reyoyo” que era en un ciudadano londinense cuando, tras el primer linchamiento cultural patrocinado por Fidel Castro, tan pronto como en 1961 con sus Palabras a los Intelectuales, rubricadas a punta de pistola, era “Sabá” Cabrera Infante, hermano de Guillermo, uno de los dos culturalmente asesinados en la refriega, junto a otro cineasta, Orlando Jiménez Leal, autores ambos del documental PM.

Hay, no podemos negarlo, muchas verdades en la biografía de Guillermo Cabrera Infante. Es verdad que apoyó la gesta castrense, antes incluso de 1959. Es verdad que se entregó de lleno a la tarea de hacer Revolución desde el principio. Es verdad que, desde las páginas de Lunes de Revolución, que además dirigía, escribió cosas de las que, de seguro, se arrepintió bien pronto. Pero, por sobre esas verdades, hay una verdad que está muy por encima de las otras:

El autor de Tres Tristes Tigres, La Habana para un Infante difunto, Mea Cuba, Vista del amanecer en el Trópico, entre otros libros, fue, hasta su muerte, ocurrida en 2005, un luchador acérrimo, un denunciante incansable en contra del horror contraído por la isla como una enfermedad incurable.

Pero, por si el lector no lo sabe, el enfrentamiento de Cabrera Infante con el régimen cubano empezó allí mismo, dentro de las páginas de Lunes de Revolución, desde donde arremetió de manera frontal, criticando abiertamente la censura a PM y el alegato intimidatorio del Comandante en la Biblioteca Nacional con su sentencia de “Con la Revolución, todo. Contra la Revolución, nada”, que cercenaba de un tajo cualquier intento de participación crítica por parte de artistas e intelectuales, así como de cualquier otro sector del pueblo llano.

Ese enfrentamiento le costó ser expulsado del periódico y, como castigo adicional, un “exilio blando” en la Embajada de Cuba en Bruselas, para rematar, cuando el escritor regresa a la isla para asistir al sepelio de su madre, fue detenido durante cuatro meses, hasta que pudo abandonar definitivamente Cuba.

De cualquier manera, otra verdad que nadie puede pasar por alto en el caso de Cabrera Infante, es que, el mejor retrato de la Cuba anterior a 1959, ya sea el de la sociología urbana, el humor y la picaresca típicos de esa época, el color, el sabor y los olores que no pudimos disfrutar los que llegamos tarde, no los podremos encontrar en la historia o la antropología nacional, sino en la literatura del inclaudicable Guillermo Cabrera Infante.

"Pájaro lindo de la madrugá": una novela de Zoé Valdés sobre Fulgencio Batista

Fulgencio Batista en 1933.

La novelística supera a la historiografía

Así como es posible afirmar que en la novelística europea del siglo XIX se aprende más de historia y economía que de todos los áridos estudios dedicados al respecto, podríamos decir otro tanto de la novela Pájaro lindo de la madrugá de la escritora cubana exiliada en París Zoé Valdés y del periodo histórico que va de 1934 a 1959 en Cuba.

En unos casos por estar la historiografía cubana de ese periodo preñada de un enrevesamiento de citas constantes, como de quien teme responsabilizarse con lo planteado y pone en boca de otro sus presunciones, y en otros por sus apasionados posicionamientos en los bandos de batistianos y antibatistianos. Sean estos castristas o anticastristas porque, va de suyo, castristas y anticastristas han competido, casi combatido, por ver quiénes resultan más antibatistianos.

Del mismo modo que podemos saber más de la personalidad de Napoleón y de su inconmensurable fracaso militar en las níveas estepas rusas mediante la lectura de La guerra y la paz, del León Tolstói, que mediante la lectura de los múltiples tratados escritos con el fin de explicar al personaje en su derrota eslava, podemos así mismo saber más de la personalidad de Batista en su devenir y derrota, a través de la lectura del libro de Valdés que a través de la lectura de los sesgados y sesudos, nunca sosegados, análisis que se han hecho y se hacen sobre el hombre fuerte, su obra, sus circunstancias y el posterior advenimiento de la noche en la isla.

Esa simplonería de que sin Batista no hay Fidel

Como también queda claro en la novela la falsedad de esa simplonería de que sin Batista no hay Fidel. Fíjense que dicen Fidel y no Castro, lo cual obviamente supone una cercanía y hasta una familiaridad con el nefasto. Porque lo cierto es que sólo suele llamarse por el nombre a alguien con quien se ha sido afín o se ha compartido cierta relación. Eso del apellido sería para los extraños o los enemigos, así a Batista no le dicen Fulgencio. Y es que muchos de los más duros anticastristas fueron primero castristas.

Miami misma fue primero castrista y después, sólo mucho después, anticastrista. Así, la familia Díaz-Balart estuvo por treinta años al menos exiliada de Miami, exilio dentro del mismo exilio. Porque Miami era dominada no ya por el odio a Batista sino más bien por el odio a todo lo que en algún sentido se supusiera próximo a Batista. En realidad Miami sentía más odio por Batista que por Castro, aún cuando ya era al fin, anticastrista; porque al ser humano le resulta más fácil odiar que reconocer los errores que lo han llevado a la derrota y la desgracia.

Pero la verdad acá es que sin el embargo de armas al general Batista por parte del Gobierno estadounidense de Eisenhower y sin la apuesta a todo trance y hasta en trance del Departamento de Estado a favor del hombre de la Sierra -ver si no el libro El Cuarto Piso del embajador estadounidense de la época en Cuba, Earl E.T. Smith- no habría Fidel Castro en el poder en la isla ni de lejos. De modo que más les vale que proclamasen que sin Gobierno americano no hay Fidel, o Castro si es que prefieren enmendar la funesta familiaridad.

Bastista sería a lo sumo un socialdemócrata radical

En el libro queda claro por demás que no era Batista ese obcecado ogro de la derecha cubana sino que era a lo sumo un socialdemócrata radical, y que aún menos era el típico dictador inculto que ha campeado por sus respetos e irrespetos al sur del Río Bravo, ¡veintidós ministros comunistas hubo en su Gobierno! (el de 1940), página 31, creció como un lector empedernido, anhelando leer siempre todavía más. Su adolescencia fue la de un muchacho apresurado con un libro debajo el brazo, contento de poseer libros manoseados y releídos… A la luz de una vela o la de un quinqué leía lo más que podía… Prefería la historia y la geografía a andar correteando o mataperreando con el resto de los adolescentes del pueblo, página 63.

Batista se supo asesorar en su Gobierno de personas de gran valía intelectual. La novela recoge como tras el 10 de marzo de 1952 el militar disuelve el Senado y la Cámara de Representantes para sustituirlos por un Consejo Consultivo integrado por 80 miembros que serían lo más granado de los gremios nacionales -donde por cierto a lo que más importancia se le daba era a la educación y a la cultura-, en que descollaban figuras del pensamiento, las artes, la literatura y el periodismo a la altura de Gastón Baquero, José Manuel Carbonell, Ramón Vasconcelos, Rafael Sténger y Alicia Alonso. Un tipo de asamblea corporativa que ha mostrado su eficacia como modelo de Gobierno en el mundo occidental y que, por cierto, acorde con los cambios epocales que se avecinan pudiera estar de regreso ante la degradación de las democracias liberales en los últimos tiempos.

Una novela que se va construyendo de versiones encontradas

Pájaro lindo de la madrugá -cuyo título es el de una canción del compositor José Curbelo dedicada al general- no es tampoco un canto ditirámbico a Batista sino que se va construyendo de versiones encontradas de personajes que le conocieron, como los protagonistas octogenarios, Elbio y Arsenio, quien ha viajado a la isla desde su exilio para junto al amigo reconstruir la historia, con objeto de contribuir a la tesis que escribe su nieta Ada. De manera que de su lectura va emergiendo como desde un ocultamiento tras tapias y tapices el hombre que durante décadas marcó los destinos de Cuba en sus luces y en sus sombras; cosa que el lector alerta agradecerá. "Entonces estás de acuerdo conmigo en que lo que he leído constituye un ejemplo de lo que precisamente divulgaría una imagen desleal de la verdad, acerca del personaje tan controversial que es Batista. En cierto modo debido a la chicharronería que se vende como estilo de pensamiento y ahí se manifiesta"; dice Elbio en la página 48 a su amigo.

El general que hablaba con una muñeca

Tampoco el libro es una acumulación de áridos datos históricos sino que se adentra en el Batista íntimo, el niño pobre, el obrero, el hombre que de la nada se levanta para regir sobre un país, despreciado por la alta clase, amado y abandonado por las masas, traicionado por todos; especialmente por sus generales. Intimidad acerca de la que uno se queda con deseos de saber más, pero que se manifiesta como un logro fundamental de la novela al final de la vida del general cuando la autora lo pone a dialogar en la soledad de su destierro con una muñeca llamada Yeya. Muñeca que uno imagina apertrechada con la carga mágica de los numens de lo mayomberos del oriente cubano o de alguna otra de las reglas religiosas arribadas a la isla con la trata negrera. Reglas que han regido -para bien y mal- la metafísica de la historia nacional. Aquel hombre fuerte que hablaba de tú a tú con los que mandaban en el mundo, tiene ahora como confidente de confianza a una muñeca, imagen de los vaivenes de la vida, de la vanidad de vanidades del Eclesiastés que lejos de mostrar al personaje en su debilidad lo muestra en su hombradía; en la tragedia de su hombradía.

Pájaro lindo de la madrugá se enmarca entre los libros que aun en minoría cuentan no obstante la versión otra, la valiente, la de los vencidos, la de los malditos, la de los malos que en la historia de Cuba y en todas las historias son al final los que manifiestan el imprescindible pacto con la sombra cuando la luz del mediodía mata en los potreros y encandila en la mente.

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