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Arte y Cultura

Ernesto Lecuona contra Fidel Castro y otras curiosidades

Ernesto Lecuona

Radio Martí, Televisión Martí y Martí Noticias celebran el CXXIII aniversario del nacimiento del compositor cubano más célebre de todos los tiempos

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Ernesto Lecuona fue el autor secreto de la música del Himno del A.B.C., movimiento revolucionario que a principios de los años treinta se propuso derrocar a Gerardo Machado diseminando propaganda contra el gobierno y recurriendo a actos de violencia. El compositor no era indiferente a la realidad política de su patria. Tampoco lo sería después: en 1959 ofreció sus últimas presentaciones en la isla y el 6 de enero de 1960 abordó un barco que lo alejaría definitivamente de ella. Rehusó contribuir con su presencia a la legitimidad del nuevo régimen: supo que sería fatal para Cuba.

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Ernesto Lecuona, cuyo genio para el piano y la composición podía haberlo alejado de toda afición al deporte, fue un fanático del béisbol. Seguía los juegos a través de la radio y la televisión, y el campeonato nacional le interesaba tanto como la Serie Mundial. En Cuba era "almendarista" pero en las Grandes Ligas pasó de los Gigantes de Nueva York a los Dodgers de Brooklyn (hoy de Los Ángeles), y finalmente a los Medias Blancas de Chicago. El periodista Arturo Ramírez lo recuerda censurando "apasionadamente la mala estrategia del manager o la ceguera incorregible del umpire" y observa que hasta en eso fue cubano.*

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El tercer párrafo del testamento de Ernesto Lecuona revela su deseo de que sus restos mortales no sean devueltos a Cuba en el caso de que el gobierno responsable de su ausencia de la isla continúe en el poder. Este deseo, por sí solo, constituía una afrenta a ese gobierno, siendo Lecuona el compositor cubano de mayor renombre dentro y fuera del país.

No satisfecho con ello, tan seguro de la mala cepa de ese gobierno como de que su deseo se haría público, y contribuyendo así al descrédito de la farsa victoriosa, Lecuona señala por su nombre y apellido al principal culpable de la calamidad en curso, como asestándole el golpe más contundente de que es capaz, seguro también de que la posteridad sabrá juzgar a ambos por sus frutos:

"deseo que mi entierro tenga lugar en Nueva York en el caso de que Fidel Castro o cualquier otro gobernante de Cuba sea comunista o represente alguna facción, grupo o clase que sea gobernada, dominada o inspirada por doctrinas extrañas provenientes del extranjero. Por otra parte, en el caso de que Cuba sea libre al momento de mi muerte, deseo ser enterrado allí..."

No debe pasarse por alto la precaución de Lecuona al referirse a la posibilidad de que un gobernante posterior al susodicho prorrogue, lejos de ponerles fin, los desmanes al uso. Las sucesiones recientes confirman su clarividencia.

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La música de Ernesto Lecuona no tardó en llegar al cine norteamericano, se escucha en varias películas filmadas en los años treinta, cuarenta y cincuenta; entre ellas, "Susan Lennox", estrenada en 1931 y protagonizada Greta Garbo y Clark Gable. La famosa actriz sueca encarna un personaje de vida turbulenta que huye de su casa, se enamora de Gable, se separa de él, vuelve a buscarlo desesperadamente y viaja a un puerto de Sudamérica donde tiene que ganarse la vida en una sala de baile de dudosa reputación. Y allí lo ve llegar un día mientras se escucha, de fondo, la música de la romanza de "María la O": "Mulata infeliz, tu vida acabó; / de risa y guaracha / se ha roto el bongó". La sueca se mestizaba.

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Ernesto Lecuona, Agustín Lara y otros en la finca La Comparsa, de Lecuona.
Ernesto Lecuona, Agustín Lara y otros en la finca La Comparsa, de Lecuona.

Es posible que nadie haya descrito mejor la música de Ernesto Lecuona que Agustín Lara. Hay una foto de ambos vestidos de guayabera en la finca La Comparsa, en Cuba. Lara declaró, refiriéndose a Lecuona: "Cuba es su música. Cuba es Lecuona. O mejor dicho: la música de Lecuona es una síntesis de su patria". En 1931, un diario de su país había señalado: "El maestro Lecuona está en México. Es decir, está en su casa. Porque este excelso artista es de los nuestros, de nuestra raza, de nuestro espíritu; un hombre que ha llevado a los Estados Unidos y Europa, con su música netamente cubana, la señal inequívoca del genio hispanoamericano".

Tengo ante mí una copia fotostática de la página número 7 de la edición del periódico "Revolución", correspondiente al 30 de noviembre de 1963, donde se lee la noticia de la muerte de Ernesto Lecuona: la noticia aparece en la parte inferior de la página y su texto consta de nueve líneas a una sola columna. Ésa es la importancia que el gobierno cubano dio al fallecimiento de Ernesto Lecuona: el compositor cubano más admirado y célebre de todos los tiempos mereció nueve líneas en la página número 7 de la prensa de su país. Había hecho algo imperdonable: morir en el exilio. No prestigiar, con su cadáver, una dictadura.

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Hay más de un dato curioso relacionado con las canciones de Ernesto Lecuona. No son pocos los cubanos que pueden cantar de memoria "Como arrullo de palmas". La grabación de Benny Moré la convirtió en una predilecta de varias generaciones. Pero hay una frase de su letra que nadie dice como debería decirse: "Eres tú flor carnal / de mi jardín ideal, / trigueña y hermosa..." ¿Cuál qué? Hay quienes dicen cual rosa; otros, cual moza: "cual moza gentil de cálida tierra tropical". Pero no es rosa ni moza sino musa, una de esas deidades que, según la mitología griega --no taína ni siboney-- inspiran a los poetas.

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Ernesto Lecuona compuso una "Plegaria a la Virgen de la Caridad del Cobre" donde, además de llamarla "morena y mambí" y de hablarle de sus propios desvelos, le pide que la libertad reine en Cuba. En 1952, la parroquia de Santa Fe carecía de órgano. El compositor residía allí y no sólo decidió donar a la iglesia ese instrumento sino componer esa plegaria para estrenarlo. Era tan devoto de la Virgen que cuando el gobierno de Málaga le rindió homenaje, declarándolo hijo adoptivo y obsequiándole una casa, Lecuona, en reciprocidad, le regaló a la ciudad una imagen de la Virgen cubana.

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Si una obra musical recrea el espíritu de Estados Unidos es la "Rapsodia en azul" de George Gershwin, estrenada en Nueva York el 12 de febrero de 1924. La iniciativa de estrenarla en Cuba, cuatro años después, fue de Ernesto Lecuona. Volvería a tocarla en California en 1931, en presencia del propio Gershwin, que en medio de una ovación fue al escenario a felicitarlo.

El diario Los Ángeles Times señaló: "Lecuona es un prodigioso técnico del piano. Favorece la música moderna, con su don de ejecutante, interpretando la "Rapsodia en azul" de Gershwin, que nadie puede tocar como él". No es poca cosa que un diario norteamericano considerara a un extranjero el máximo intérprete de esa obra. Lecuona vino a bailar en casa del trompo y bailó mejor que él.

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Entre los poemas musicalizados por Ernesto Lecuona se encuentran varios escritos por dos hombres que sufrieron prisión política, destierro y murieron buscando un destino mejor para Cuba: Juan Clemente Zenea y José Martí. Zenea fue fusilado en el Foso de los Laureles de La Cabaña en 1871; Martí murió baleado en plena campiña cubana en 1895.

El poema de Zenea musicalizado por Lecuona fue escrito en la cárcel, en el umbral de la muerte, como el propio autor reconoce; los poemas de Martí fueron escritos en las afueras de Nueva York, ciudad donde Lecuona, desterrado, está sepultado.

Versos, canciones, cárceles, destierro, muerte... Así se ha escrito la historia de Cuba.

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El acierto de mezclar algunas estrofas del libro "Versos sencillos" de José Martí con música campesina no fue de aquéllos a quienes suele atribuírseles sino de Ernesto Lecuona, que el 28 de enero de 1935 estrenó en el Lyceum de La Habana un álbum de poemas de ese libro musicalizados por él en ritmo de guajira y dedicados a Esther Borja, la primera en cantarlos. Entre ellos se encontraban "Una rosa blanca" y "De cara al sol".

Basta de equívocos: la "Guantanamera" no es una guajira sino una canción de tema guajiro, que es algo muy distinto. Guajiras son las canciones de Ernesto Lecuona basadas en los "Versos sencillos" de José Martí. Un crédito que hay que devolverle.

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Si prescindiéramos de todas las canciones populares de Ernesto Lecuona bastaría su música para piano para situarlo en un lugar aparte del resto de los compositores cubanos. Si, por el contrario, prescindiéramos de toda su música para piano, bastarían sus canciones para que sucediera lo mismo. Si prescindiéramos de todas esas canciones y de su música para piano aún quedaría su teatro lírico: "María la O", "Rosa la China", "El cafetal", "Lola Cruz", etc., y ese teatro le garantizaría a Lecuona un lugar destacado en la música cubana del siglo XX.

No exageró quien dijo que Lecuona no era un autor sino una sociedad de ellos. Ocupa el lugar que ocupa porque nadie como él supo quintaesenciar a Cuba de tantas maneras.

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Entre las composiciones más populares de Ernesto Lecuona se encuentra el vals "Damisela encantadora". Su popularidad en la Argentina fue tal que surgieron, según el periodista Arturo Ramírez, además de una tienda y un modelo de zapatos de mujer llamados "Damisela encantadora", un establecimiento de artículos para damas y hasta muñecas y adornos con ese nombre. No me extrañaría que a algún argentino le hubiera tentado convertirlo en tango.

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Los Festivales Ernesto Lecuona que se presentaron en Miami durante las dos últimas décadas del siglo XX y la primera del actual concluían con una canción cuya letra intentaba reflejar el sentir de los creadores de esos eventos y de los asistentes, exiliados como ellos:

"Quiero darle las gracias, maestro Lecuona,
por estar con nosotros dondequiera que estemos.
Porque pasan los años, es decir las hojas,
es decir los hombres, es decir los sueños,
y usted no se marcha, usted es la roca
donde se hacen trizas las olas del tiempo.
Queremos darle las gracias
por llevarnos siempre a Cuba,
que más que un trozo de tierra,
más que la paz y la guerra,
es su música".

Por donde quiera que vamos
hay un arrullo de palmas,
y las noches son azules,
y se escucha "La comparsa".
Gracias, maestro Lecuona,
porque, pensándolo bien,
nadie está lejos de Cuba
esté uno donde esté.
Cuba, maestro, es su música.
Cuba es usted.

*Algunos de los datos recogidos en estas anotaciones figuran en un extenso reportaje biográfico escrito por Arturo Ramírez, sobrino político de Ernesto Lecuona. El reportaje permanece inédito. Debía haberse publicado con un caudal de fotos extraídas de los archivos del propio compositor, que estuvo muy al tanto de la labor de Ramírez y conservaba una copia encuadernada del documento.

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Sentado en la sala de mi casa

El cantante cubano Barbarito Diez (Foto: Archivo).

Por ALFREDO RODRIGUEZ

Este miércoles fue un día tocado por emociones… bueno, para decir verdad, las emociones viven en mí como la Pascua vive en diciembre. Fue el día de la Santa Bárbara, portadora de espada, invocadora contra las tempestades, asociada al rayo, al rojo, a la corona y a las plumas; mezcla de resurrección e inmortalidad. “Changó ta vení/ tierra va a temblá/ sin zarabanda malongo mundo ta acabá”.

Fue 4 de diciembre, y un 4 de diciembre vio la luz Consuelo Vidal, consoladora de televidentes cautivados y tocados por su magia entretenedora, espontánea, y popular, esa que me hace arrastrar para bien, el mote de “salvador de veranos”.

Alfredo Rodríguez.
Alfredo Rodríguez.

El miércoles no aparté un momento de mí la imagen del “Rey del danzón”, sagitariano, nacido un día 4 de diciembre, y que se fue un domingo 7 de mayo, para infortunio de la música, de los hombres de bien, y de los que practican la decencia.

Hace muchos años debía darle una nota que uno de sus hijos me entregó en Venezuela para él, y llegando a La Habana tuve el placer de encontrármelo sentado en la sala de mi casa.

Mirándolo pensé en Bolondrón, en Manatí, y en la isla que toda era, y es. En la escuelita del batey donde vivió y donde fue líder de muchacho, cuando entonaba el himno de nuestra patria: no en balde, Barbarito, eres Cuba todo, y para toda la vida.

Viste rendidos tus sueños de ser sastre, pero, pensándolo bien, le hiciste un traje a la medida a la música cubana, como el mejor costurero. Apenas te movías entonando una canción, falta no hizo: podías asumir cualquier postura escénica y te adjudicaste la mejor, la de la sinceridad.

Graciano, Antonio María, Matamoros, Sindo, Roig, y muchos más te veneraron “negro lindo”, porque así también te decían. Nadie entonará jamás como tú Longina, Olvido, La Mora, La perla del Edén y tantas canciones que te brotaban tan fáciles, como difíciles resultaban y resultan para otros.

Venezuela se rindió a tus pies: todavía El Tamanaco retumba con la ovación que recibiste, y que se sucedió en El Poliedro y en El Ateneo. Siempre dijiste que cantarías hasta que fuerzas tuvieras. De tal manera, el tributo de los que estamos es querer, difundir y a amamantar tu música, hasta que de igual forma tengamos fuerzas.

Bárbaro Diez Junco, querido Barbarito: tú si eres identidad. Tengo la fe, y la vista alegre, como aquel Café Vista Alegre de La Habana donde tanto entonaste, que siempre habrá una mano que se alce para defender nuestro baile nacional, para tributar a los grandes como tú, y para saber de donde venimos, que no es más que tener conciencia de hacia donde debemos ir.

Barbarito tú, hombre limpio, decente, cantor, cubano, eterno. Te me quedas para siempre, sentado en la sala de mi casa.

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Fotografías de Capa y Bosshard sobre guerra expuestas por primera vez en Pekín

Robert Capa, considerado el mejor fotógrafo de guerra de todos los tiempos

El fotoperiodista húngaro Robert Capa llega al país asiático tras una larga travesía en barco para trabajar como técnico en un rodaje, aunque su objetivo es otro: tomar instantáneas de la guerra sino-japonesa que ha estallado un año antes, y que ahora se exhiben en Pekín por primera vez.

Capa realizó este periplo antes de regresar a España para presenciar el fin de la Guerra Civil, tomando cientos de imágenes durante agotadores viajes diarios que le llevan por diez ciudades de una China rural, empobrecida, que trata de resistir a una invasión mientras se cierne una revolución comunista en su retaguardia.

Es en la ciudad de Yan'an (noreste) donde se reagrupan las tropas del revolucionario Mao Zedong, y es allí donde llega otro fotógrafo, el suizo Walter Bosshard, coprotagonista de la muestra 'La carrera por China' organizada por el Museo de Arte de la Universidad de Tsinghua, quien conseguirá retratar al líder comunista.

"Estas imágenes conforman un material único que contextualiza China durante una época en la que la mayoría de los fotógrafos tenían una mirada parcial", cuenta a Efe el comisario de la muestra, el suizo Peter Pfrunder, sobre las 140 fotografías expuestas.

La muestra se acompaña de documentos históricos y recortes de periódicos como ese reportaje de Life, que considera a Mao "el Lenin chino" e ilustra con fotos la guarida comunista, donde las paredes de sus dormitorios están custodiadas por fusiles y cuya puerta de entrada aparece fuertemente vigilada y rodeada de la nieve.

"Entrevistar a Mao fue la gran exclusiva de Bosshard. Fue el primer periodista europeo que lo logró. La publicación de sus fotos en la revista Life causó furor en la época", evoca.

El joven Mao Zedong fotografiado por Walter Booshard
El joven Mao Zedong fotografiado por Walter Booshard

Destaca otra fotografía suya que muestra a una risueña estudiante de la "Academia Roja", o una charla instructiva en la que los aldeanos, sentados sobre una explanada, toman notas improvisadas durante una charla de los dirigentes.

Casas ardiendo, ciudades arrasadas.

Entretanto, Capa se topa con el calor y las miserias de la China rural, y retrata con su característica nitidez a campesinos y pescadores que ofrecen provisiones a los soldados antes de que estos caigan en Tai'erzhuang (este) ante las tropas japonesas.

"Capa llega con una visión más idealista. Veía la resistencia china en paralelo a la lucha contra el fascismo en Europa", apunta el comisario.

En Hankou, hoy día Wuhan (centro), Capa fotografía una ciudad arrasada durante los ataques aéreos y logra impactantes instantáneas de casas de madera arrasadas, civiles extinguiendo fuegos, supervivientes aturdidos y familias que huyen a los refugios al oírse las alarmas que anuncian los bombardeos.

"Un civil yace en el campo víctima de la batalla", precisa la descripción de una de las tomas menos conocidas del considerado mejor fotógrafo de guerra del mundo.

Otros Capas muestran a dos hombres ante carteles de propaganda sobre las atrocidades japonesas, y en otra retrata a un individuo que pinta la Estatua de la Libertad sobre un mural con la bandera de la República de China al fondo.

Bosshard, por su parte, narra una vida diaria -los tuk tuks, los niños que juegan con cometas, las marionetas en el teatro- que colapsa con la invasión nipona, y entonces las escenas devienen en trabajadores que reciben las instrucciones de los expertos japoneses, mujeres trabajando en una tabacalera, o dos hombres ejecutados a los que se había acusado de bandidaje.

Histórica foto de Robert Capa a los pies de su amigo y rival Walter Bosshard
Histórica foto de Robert Capa a los pies de su amigo y rival Walter Bosshard

"Usaron armas biológicas... estas fotografías muestran muy bien lo que hicieron los diablos japoneses", comenta una mujer a otra mientras visitan y rememoran uno de los episodios más delicados de la historia de China: la invasión japonesa (1931-45) y los 35 millones de chinos que, según Pekín, murieron durante aquellos años.

Fotografías censuradas

Algunas tomas no están presentes en la exposición para no herir sensibilidades y para no contradecir la versión oficial del Partido Comunista de China (PCCh) de que, aunque no era el gobernante durante la guerra con Japón, fue el actor "imprescindible" para la victoria en el campo de batalla.

El comisario suizo confirma que hay siete fotografías censuradas:
"Algunas muestran a ciudadanos chinos dando la bienvenida a las tropas japonesas. Otra, es un retrato de un líder del movimiento de independencia mongol. En otras se ve a los militares japoneses mostrando actitudes humillantes", sintetiza.

"Lo importante era que la exposición fuera accesible. Los visitantes se van a encontrar con una manera de mirar muy diferente.

En Occidente, estamos acostumbrados a que la Historia tenga una parte que se interpreta. Esto es algo que el público chino puede descubrir ahora, espero que provoque debate", agrega.

Sí están presentes los retratos que Capa le hizo a Soong May-lin, la tercera mujer de Chiang Kai-Shek, el líder del bando nacionalista, quien tras su derrota la Guerra civil china, en 1949, se refugió en la isla de Taiwán.

"Capa no pudo hacer todo lo que quiso porque estaba permanentemente observado por los nacionalistas. Sentía que no pudo mostrar su talento, pero hizo un trabajo admirable", concluye el comisario.

Bosshard se retiró de la fotografía en 1953 tras concluir sus viajes por Asia, mientras que Capa, cuyo verdadero nombre era Endre Friedmann (Budapest, 1913-Thai Binh, Vietnam, 1954), cubrió numerosos conflictos, entre los que destacan la Guerra Civil española, el desembarco de Normandía y la Guerra de Indochina, en la que murió al pisar una mina.

Nicolás Águila: "La Patria es esencia y genoma. Y si no la asumes, la somatizas"

Nicolás Águila, intelectual cubano residente en Madrid

Nicolás Águila, "El profe" para quienes, aunque sea a distancia, siempre estamos aprendiendo con él, es un hombre sabio, tanto, que carece de ínfulas y desconoce la pedantería. Sus expresiones, libres y sazonadas con la fina ironía de quien viene de regreso de casi, casi todo, se adueñan de este espacio de cubanos para cubanos, aliñadas con el gracejo isleño y el salero castizo de los balseros emocionales que hemos ayudado a pulir las aceras de La Gran Vía madrileña.

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Fue una tarde en el agromercado de Santos Suárez, esperando la papa. Éramos una multitud. En su mayoría amas de casa o abuelitas ansiosas que ese día quizá no tuviesen nada que poner en la mesa. Al cabo de unos veinte minutos llenaron aquellos depósitos que parecían abrevaderos de vacas y retiraron la soga que impedía la entrada. Fue como un toque a rebato. La jauría humana se abalanzó en estampida. Y yo me quedé inmóvil, como estupefacto, mirando a distancia crítica aquellas papas con pegotes de fango que daban tanta grima como la "molotera". Aunque me sangrara la úlcera, me negué a abrirme paso y competir con aquellas señoras que luchaban a codazos la comida de sus hijos y nietos. Daba tristeza y rabia a la vez ver a un pueblo degradado por un sistema ineficiente e inhumano. Me di la vuelta, salí del agro, me fui a la casa y me tomé un vaso de agua con azúcar para aliviar ese dolor que llaman “prepandrial”, tan bien conocido por los ulcerosos. Ese día decidí dedicarme "fulltime" al forrajeo intensivo y largarme de Cuba tan pronto me fuera posible. Esta experiencia en el agro tal vez haya sido una metáfora, una especie de resumen o síntesis vivencial, de la sordidez del paisaje urbano tras los primeros embates del periodo especial. La vida se nos hizo totalmente insoportable en la Isla del Marabú, una vez perdidas las esperanzas de lograr un mínimo de aperturismo tras el atrincheramiento numantino en la clausura de lV Congreso del PCC, a fines de 1991. A esas alturas, no me cabía la menor duda de que aquello iba para largo. Un médico amigo mío, que se suicidó de tanto esperar y no aguantar más, lo formulaba en su jerga clínica: “Cuando se entra en fase aguda, existen tres vías de resolución: la recuperación, el fallecimiento o la cronificación. Esto no se recupera ni perece a corto o medio plazo; se vuelve crónico”. Y, en efecto, la cronicidad dura ya 30 años contando desde el año memorable de 1989.

Pude largarme de Cuba en 1993. Ya por entonces autorizaban los viajes al extranjero con carta de invitación. Pero irme era un viejo anhelo que se remontaba a la adolescencia. Fui reclamado por un familiar en Estados Unidos a raíz del éxodo de Camarioca en 1965. Presenté los papeles, como se decía en la época. Saqué pasaporte y hasta me hice un traje a la medida, pues en los Vuelos de la Libertad el régimen exigía ir vestido formal y presentable. Mas enseguida tendieron la trampa de la edad militar. De modo que, como tantos varones de mi edad, quedé atrapado en Cuba y marcado como desafecto. Con lo cual no pretendo ni mucho menos presentarme como la gran víctima. Yo padecí, más o menos, los mismos maltratos, las mismas humillaciones y prohibiciones absurdas, la misma represión política, que el resto de mi generación. Tuve amigos y hasta compañeros de la secundaria que contaron con mucha menos suerte y sufrieron cárcel por “intento de salida ilegal” y por pintadas anticastristas. Yo hasta pude librarme del servicio militar.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Tras mi salida de Cuba, encontré la libertad, que era lo que buscaba y fue lo que encontré. He vivido sucesivamente en Brasil, España, Estados Unidos y de nuevo en España, donde me he afincado finalmente con mi familia. Descontando los apuros iniciales del emigrante y las angustias inevitables del exiliado, en estos tres países me he sentido respetado como nunca lo fui en Cuba. Aprendí a “viver e não ter a vergonha de ser feliz”, o sea, a vivir sin avergonzarme de ser feliz, como propone el emblemático samba de Gonzaguinha. A lo que cabría agregar: y vivir sin miedo de vivir.

¿Qué encontraste?

La vida del exiliado puede tener sus momentos amargos, pero en general es enriquecedora. Emigrar a los 41 años, como en mi caso, resulta más duro aún. El proceso de adaptación —los sociólogos le llaman proceso de aculturación-deculturación— es sin dudas más doloroso, especialmente si se tiene que hablar en otra lengua, además de aprender otros usos y costumbres, otros códigos de convivencia. Sin embargo, vale la pena enfrentar el reto. Al final, uno sale enriquecido desde el punto de vista vivencial o cultural e, incluso, lingüístico.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Y lo más importante, en el exilio uno se ha sentido ciudadano por primera vez y ha dejado de ser súbdito del absolutismo de una tiranía con ínfulas monárquicas. Se es libre, sin tener que preocuparse de la vigilancia de un vecino chismoso, sin tener que darle cuentas de tus actos a ningún representante del poder, sin ser presa del terror político. De modo que uno puede trazarse su proyecto de felicidad personal, triunfar o fracasar responsablemente, según toque. Y elegir no sólo a los gobernantes, sino también qué comer, cómo vestir y dónde vivir, de acuerdo con las posibilidades de cada cual. La capacidad de elegir entre distintas opciones da la medida de la libertad que se disfruta. Cuantas menos opciones se tienen, menos libre se es. Si se tiene una sola o ninguna, entonces se es siervo o esclavo, como en Cuba.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

Pudiera decir que he encontrado la patria fuera de mi país, si nos atenemos a aquella máxima de que la Patria está donde uno se siente a gusto (ubi bene, ubi patria). Mas en mi caso no es así. La Patria sigue siendo una pesadilla recurrente. Despojando el término de las connotaciones decimonónicas o demagógicas que tanto asustan a los progres posmodernos, la Patria es el país donde uno nació y se crio, donde empinamos el papalote y jodimos la pita. Más allá del congrí con lechón y yuca con mojo, amén de otros estereotipos, la Patria es esencia y genoma. Y si no la asumes la somatizas.

¿Las experiencias vividas han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella”?

Le podrás llamar isla, nación, ese país, paraíso perdido, tierra del marabú o bayú de Margot. Suma, resta y divide, multiplica, estornuda y sigue siendo Patria, ya no le busques más, que no hay vuelta de hoja ni trampa que te valga. La Patria te persigue como una maldición, no importa que te muestres bacán y papichuli, gallito posmoderno o light posnacional. La Patria es una llaga que nunca se te cura. Es eso y lo demás.

"Anda y dile así: dile que pienso en Ella… aunque Ella, no piense en mí.

Cancelados los conciertos de Carlos Varela en Cuba

La Habana Viñetas "Lo que el tiempo de quitó" (3). En la foto Carlos Varela. Foto tomada de https://www.facebook.com/thepoetofhavana

El cantautor Carlos Varela dijo en Facebook que las autoridades cubanas le cancelaron los cinco conciertos que quería ofrecer al público.

Varela dijo que hace unos días recibió la decisión. Le dijeron que en estos momentos Cuba "no está en condiciones de hacer esta gira".

Varela dijo que tenía mucha ilusión de reencontrarse de nuevo con el público. "Lo siento mucho", dijo el músico en Facebook, tras subrayar que no ha sido su decisión.​

El diario digital 14ymedio reporta que en pocas horas el mensaje de Varela en Facebook recibió cientos de comentarios.

El internauta Hector Alexis Bernal Suárez consideró la cancelación como un acto de censura. Otros, como Ana Rosa Martínez, cuestionaron la actitud del régimen.

El 22 de noviembre, Varela lanzó el video clip de "Why Not?", tema que pide cambios en Cuba. Es una canción de su album "El Grito Mudo".

14ymedio recuerda que recientemente Varela denunció que "cortaron fragmentos de su canción Habáname que fue declamada por una actriz durante la gala del 500 aniversario de la fundación de La Habana".

Varela dijo en ese momento que manipularon sus versos sin su permiso, algo que él jamás hubiera permitido.

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