Enlaces de accesibilidad

Opiniones

Entre la Hoz y la Esvástica

Cartel promoviendo el comunismo en Cuba.

Algunas personas tienden a decir cuando un individuo incurre en malas acciones de forma continuada y aun así goza de cierto favor popular y los medios de información tampoco le arremeten, que el sujeto está cubierto de teflón, una protección que palpablemente se extiende a propuestas políticas e ideológicas de carácter y conducta criminal como son el marxismo y sus muchas derivaciones, todas tan horrendas como el original.

Las evidencias que demuestran la crueldad de las propuestas comunistas deberían ser suficientes para que la sociedad las execrara con igual devoción y compromiso que como se hace mayoritariamente con los planteamientos y actuaciones del nazi-fascismo.

Desgraciadamente no es así. Sobrevive una doble moral que exculpa injustificadamente a los comunistas de sus depredaciones y culpa merecidamente a los nazis de las suyas. Es edificante que los partidos políticos que reflejan ideológicamente propuestas similares a las de Adolfo Hitler y Benito Mussolini estén prohibidos en varios países, decisión que debería ser universal y extendida a las formaciones que respondan al marxismo leninismo y al socialismo real.

Es muy satisfactorio y estimulante que una empresa comercial haya decidido retirar los símbolos nazis y aquellos relacionados con los supremacistas blancos porque representan odio e intolerancia, sin embargo, siguen ofreciendo insignias comunistas que representan los mismos valores mezquinos que los nazis o el supremacismo de cualquier raza.

Esta incomprensible situación se presenta constantemente en el mundo real. Las dictaduras que se originan en los cuarteles o parten de propuestas conservadoras, son rápidamente repudiadas por la mayoría de los medios e instituciones comprometidas con la defensa de la libertad y los derechos ciudadanos, pero desgraciadamente esas reacciones no suelen ser las mismas cuando la dictadura se suscita en sectores populistas, particularmente los identificados con el marxismo.

Aún más lamentable es lo que acontece con las víctimas de las autocracias de corte marxista. Estas personas suelen ser olvidadas, echadas a un lado de la historia en aras de la reconciliación y el perdón, si insisten en sus reclamos serán acusadas de extremistas y de favorecer el odio y la venganza, lo que no ocurre con las víctimas de las dictaduras castrenses.

Esos individuos tienden a ser venerados y admirados. Se generan condiciones para que reclamen justicia y para que sus victimarios reciban el castigo merecido por los abusos en que incurrieron. El severo correctivo a los verdugos es auspiciado en muchas ocasiones por quienes también recurrieron a la violencia contra los cuarteles, solo que ahora las siglas de los grupos irregulares mutan a flamantes Comisiones de Verdad y Justicia, entes que no concurren cuando son los “progres” los depredadores.

Es indiscutible que amplios sectores de la sociedad, particularmente en el ámbito cultural, consideran que las propuestas populista ceñidas al marxismo son justas y beneficiosas, tal y como dice una amiga de la familia, la señora Consuelo, que afirma "lo que es bonito es bonito y no hace falta más explicación".

Esa miopía por elección que practican muchos bonzos de la cultura con particular vehemencia, se manifiesta ampliamente en numerosos medios de prensa y en los altos centros de estudios donde muchos profesores imparten a los educandos su ideología más que la materia académica que deberían enseñar.

Esos individuos que afirman estar identificados con el pluralismo y el dialogo, dicen ser partidarios de la tolerancia y la conciliación de las diferencias, recurren a propuestas sectarias y discriminatorias, a la vez que promueven el odio de clase como fórmula para el progreso social.

La rotunda realidad es que frecuentemente se aprecia más sentido común, una visión más seria de la vida, en sectores más desfavorecidos económica y culturalmente. Muchos profesionales se inclinan a creer en utopías que prometen una justicia social masiva y un igualitarismo contrario a la naturaleza humana. Creen absurdamente en promesas de magias sociales sin viabilidad alguna, y en la conquista de esa quimera se convierten en verdugos de lo que dicen defender. Se transforman en policías del pensamiento ajeno a pesar que se formaron en un ambiente permisivo en el que cada quien era dueño de sus sueños y voluntad.

Vea todas las noticias de hoy

La Nación Cubana y la Cuba de los hermanos Castro

Turistas pasean por el Malecón de La Habana en un auto clásico americano.

Cuando el actual y voluminoso noticiero mundial habla sobre “Cuba”, se sobrentiende que está hablando sobre “la Cuba de los hermanos Castro”. Esto, desde luego, para la cuarta parte de la población cubana –aquella que vive en el extranjero-- es una generalización inexacta. La Cuba real, aquella que está conformada por todos sus hijos, es la suma de dos mundos separados: la isla gobernada por el castrismo, más los cubanos que viven esparcidos por el resto del Mundo.

En realidad, “La Nación Cubana” es una dicotomía: la Cuba que sobrevive dentro de la isla, cuya aspiración básica es irse al extranjero para liberarse de una dictadura empobrecedora y la Cuba que ha renacido lejos de su Patria, en otras latitudes, que la añoran y veneran. En realidad son dos “Cubas”: una sometida y pobre y otra pujante y rica, como era la isla antes y lo será en el futuro. De alguna manera, Miami es lo que la Habana hubiera sido sin Fidel Castro.

Es importante decir que la Cuba anterior a la dictadura castrista tenía los mayores índices de desarrollo económico y social de toda la América Latina: el segundo mayor PIB por habitante; el mayor consumo de electricidad por habitante; la menor tasa de analfabetismo; el mayor volumen de periódicos diarios publicados; el mayor índice de autos por habitante; la mayor tasa de consumo de proteínas; el mayor salario medio; el mayor índice de reses por habitante; más cines que Paris y un largo etcétera que incluye haberle hecho la música al Mundo de entonces.

Es verdad que antes de la dictadura castrista actual existió otra dictadura, pero esta se circunscribió a limitar las libertades políticas, permitiendo un desarrollo económico, social y humano típico de los padrones del Primer Mundo. Como lo anterior implicaba una fuerte contradicción, el pueblo de Cuba luchó contra la anterior dictadura, pero nunca para implantar una sociedad empobrecedora y totalitaria como el absurdo impuesto por los hermanos Castro.

Hay que decir por otra parte que una buena parte de “lo mejor” de la sociedad cubana esta fuera de la isla. Es una verdadera vergüenza reconocer que la parte mayoritaria de los mejores deportistas, artistas, literatos, ingenieros, arquitectos, intelectuales, periodistas, comediantes, músicos, profesores, políticos, entre otros profesionales --o simples trabajadores-- viven fuera de la isla, no por ser elitistas, sino porque fueron obligados a emigrar por el mandato obligatorio de obediencia y castración que se ha implantado militarmente dentro de Cuba por el castrato.

Ante semejante realidad, es improcedente pretender resolver “el problema cubano” sin contar con el esfuerzo, el capital, la capacidad emprendedora y de liderazgo de la cuarta parte de la población cubana, que vive en el exterior. No importa el esfuerzo para tratar de inyectar el virus emprendedor y/o democrático dentro de la isla, si una buena parte de la población cubana le es impedido participar, invertir, liderar e incluso gobernar, la Nación Cubana hoy y del futuro.

No nos llamemos a engaño, ninguna Nación se levanta del estatus de “haitianización” a que está sometida la Cuba actual sin el concurso de sus mejores hijos, de dentro y fuera de la isla. La intelectualidad cubana insistirá en sus valores patrios, quiéralo o no la dictadura y su aliados. El reconocimiento de cada cubano es la única fórmula para formar la Nación Cubana del futuro.

Cuba, Venezuela y el socialismo derrotado

Nicolás Maduro condecora a Miguel Díaz-Canel en Miraflores el 30 de mayo de 2018.

Se respira en Latinoamérica un aire de libertad, mezclado con un fuerte olor de derrota del socialismo en sus dos manifestaciones más nocivas para Nuestra América: el socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez y el socialismo castrista del Siglo XX. Sucesivas victorias de la derecha en Argentina, Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, constituyen el telón de fondo de la debacle en Venezuela, la casi rendición de Nicaragua y el desastre socio-económico cubano.

Es sabido que el castrismo ha sido el origen de la fracasada ofensiva socializante, la que en un momento dado consiguió asentarse en los gobiernos de numerosas naciones latinoamericanas, con diversos grados de sumisión al castrismo, apoyado siempre en el dinero chavista. Hoy queda muy poco de esa época, derrotada en cada país por la propia ineficiencia socialista en unos casos, la corrupción rampante en otro y el matrerismo político izquierdista en los restantes.

En la Cuba castrista queda sólo una caricatura, donde el rey está cada vez más desnudo. El sucesor de la dinastía de los hermanos Castro, Miguel Díaz-Canel, se manifiesta cada vez más como enterrador del cadáver socialista, que como sucesor efectivo. En reciente reunión con el sector estatal gastronómico, les pidió a los administradores estatales que “copiaran los métodos de los restaurantes privados”, admitiendo sumariamente el fracaso socialista del castrismo.

Me cuesta trabajo imaginar a un Fidel Castro pidiéndoles a los administradores del INIT de su época, que copiaran los métodos de los restaurantes privados, como forma de ser eficientes cumplidores de la economía socialista. La admisión de Díaz-Canel es reflejo del profundo convencimiento subliminar de que sólo la iniciativa privada es capaz de trabajar con eficiencia.

La inminente caída de Maduro en Venezuela, las consecuencias políticas y económicas que ese derrumbe tendrán en Cuba --acelerando el ya deteriorado panorama interno en la isla-- aunado a la derrota ideológica mental de los nuevos dirigentes cubanos --como Díaz-Canel-- junto a la presión de la administración actual de EUA, son el marco apropiado para un viraje definitivo en la política interna cubana, que ya no podrá continuar como hasta hoy con los caprichos de Raúl, la herencia de su hermano Fidel, o el mandato del partido comunista.

La posición de derrota virtual del chavismo-madurismo en Venezuela tiene muchos componentes asociados a la lucha de los demócratas venezolanos dentro del país, organizados en torno al Parlamento opositor democráticamente electo, que ha permitido un apoyo internacional, liderado por Estados Unidos. Dentro de Cuba no hay nada parecido; no sólo carecemos de Parlamento electo, ni siquiera hay una voz opositora única a la cual respaldar.

No hay dudas que la coalición encabezada por EUA que hoy rechaza a Maduro, potencialmente también rechace a Díaz-Canel. Además, es conocido que el ejército cubano ha sufrido fuerte deterioro en su parque de armas, por lo cual no representa un peligro militar para EUA. Sin embargo, los norteamericanos valoran esta fuerza para controlar a traficantes de drogas y para no permitir una grave desestabilización social al interior de la isla, que les haga temer una estampida balsera hacia la Florida, miedo permanente de la administración de EUA. Todo eso aunado a que en el caso Cuba, EUA tendrá una influencia mayor en las decisiones internas con vistas a una transición a la democracia, es difícil predecir qué papel jugará la oposición política cubana en un potencial colapso del castrismo, aspecto sin embargo muy claro en Venezuela.

Tres lecciones de la lucha venezolana para la oposición cubana

Enfrentamientos entre manifestantes opositores y Guardia Nacional Bolivariana

Nadie dentro de Venezuela rechaza el apoyo internacional y mucho menos rechaza la colaboración de Estados Unidos contra Maduro. Los cubanos debemos aprender esa lección.

La lucha del pueblo venezolano para liberarse del yugo castro-comunista ha tomado el rumbo definitivo de la victoria. La secuencia de acontecimientos que ha llegado hasta hoy encierra lecciones importantes para la lucha del pueblo cubano, por la razón fundamental de ser los castristas los principales asesores políticos de la dictadura venezolana, y los que la dirigen.

Tres lecciones importantes --entre otras-- pueden extraerse como experiencia para la oposición política cubana enfrascada en similar lucha que la del pueblo venezolano por su libertad.

Una primera lección está relacionada con el peso que ha tenido en esta lucha el respaldo internacional para reconocer, apoyar e incentivar a los demócratas venezolanos en su empeño, sobre todo, el apoyo casi total e incondicional que ha brindado Estados Unidos de América. Para la lucha del pueblo cubano esto es muy importante, porque sectores opositores cubanos insisten en guardar distancias del apoyo de EUA, para evitar la inevitable y manida propaganda comunista contra la oposición cubana. Ser apoyado por EUA no significa ser títeres de EUA.

La segunda lección que los cubanos debemos aprender es la importancia del exilio en la lucha por la libertad. Se sabe que la dictadura castrista siempre ha sembrado la cizaña de la división entre “cubanos de dentro y cubanos de fuera”, cizaña que ha sido asimilada en parte por sectores opositores de dentro de la isla. Si en el caso de la Venezuela chavista hay un monolítico apoyo externo, es en buena medida resultado del trabajo del exilio venezolano.

Hay una tercera lección que se aplica al caso cubano, cada vez más clara en el caso venezolano. A pesar de que toda Latinoamérica insiste en descartar una solución militar externa, los cubanos sabemos que Maduro no entregará el poder si no es forzado a hacerlo por la vía de la fuerza. Fidel Castro en vida acunó una frase que es válida también en Venezuela: “lo que obtuvimos por la fuerza, por la fuerza tienen que quitárnoslo”. En Venezuela se trata que la fuerza sea el propio ejército venezolano, pero de no ser posible, será fuerza externa.

Adicionalmente, el apoyo a la lucha actual del pueblo venezolano democrático se debe en buena medida al trabajo de congresistas norteamericanos de origen cubano, como Marco Rubio y Miguel Díaz Balart, entre otros funcionarios cubano-americanos, que han aportado elementos de decisión a la presidencia de los Estados Unidos, conminándola a tomar acciones decisivas en favor de la democracia y la libertad de la Venezuela oprimida y necesitada, incluso de ayuda humanitaria. Los luchadores venezolanos dentro del país, sienten agradecimiento a sus hermanos latinoamericanos en posiciones claves dentro de la administración estadounidense, sin sentirse acomplejados por semejante apoyo, desinteresado y solidario por ser latinos.

En el caso cubano ha habido bastante división por estos tres temas, puestos ahora sobre la mesa de discusiones y resaltados en la lucha del pueblo venezolano.

La dictadura de Maduro, al igual que la dictadura castrista, insiste en colocar la dicotomía del contradictorio entre el chavismo y EUA, copiando el esquema castrista, el cual repite que el contradictorio cubano no es entre el pueblo oprimido de la isla y la dictadura opresora, sino entre “La revolución (jinetera) y EUA”.

Nadie dentro de Venezuela rechaza el apoyo internacional y mucho menos rechaza la colaboración de Estados Unidos contra Maduro. Los cubanos debemos aprender esa lección.

La nueva constitución vulnera los derechos civiles y políticos de los cubanos

Una miembro de las Damas de Blanco es arrestada en una calle de La Habana por manifestarse pacíficamente. (Archivo)

El artículo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos -en adelante PDCP- establece que todos los pueblos tienen derecho de libre determinación.

Aunque el artículo 3 de la nueva Constitución cubana afirma que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, el artículo 4 establece que el sistema socialista es irrevocable, una imposición extendida a las futuras generaciones de cubanos. En tales condiciones no puede hablarse de libre determinación ni de soberanía.

El artículo 2 del PDCP afirma que los derechos reconocidos en él deben ser garantizados a todos los ciudadanos sin discriminación alguna, pero la carta magna, en su artículo 42, no incluye la discriminación política como lesiva a la dignidad humana, por tanto, el principio de igualdad es vulnerado, pues los cubanos que no respaldan la ideología impuesta ni el sistema de partido único son discriminados y no pueden establecer un recurso jurídico efectivo contra eso.

El artículo 7 del PDCP establece que ninguna persona será sometida a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Tiene su semejante en el artículo 51 de la Constitución, pero a escasos días del referendo continúa violándose, algo demostrado con la represión, detenciones arbitrarias y malos tratos sufridos por los opositores pacíficos y periodistas independientes.

En cuanto a la libertad y seguridad de cada persona, regulados en el artículo 7 del PDCP, aparece en el 46 de la Constitución, pero también se viola cotidianamente, pues aquí se detiene y sanciona arbitrariamente a quienes disienten públicamente de la ideología comunista. Igualmente se viola el artículo 10 del PDCP, pues los procesados no están separados de los condenados.

El artículo 12 del PDCP reconoce la libertad de movimiento de los ciudadanos en el interior y hacia el exterior del país. La Constitución lo regula en el artículo 52, pero ese derecho se viola sistemáticamente, pues los disidentes son limitados en su ejercicio, acción ejecutada por el castrismo sin apoyo legal en su ordenamiento jurídico, mientras muchos cubanos no pueden entrar al país por razones ideológicas.

El principio de igualdad ante la administración de justicia -artículo 14 del PDCP- está relacionado con los artículos 42, 46, 92 y 94 (a) de la Constitución. Es vulnerado por las razones expuestas anteriormente. Añado que en Cuba los tribunales no son independientes ni imparciales, tampoco están sometidos al control del pueblo ni son elegidos por él.

El artículo 17 del PDCP establece que nadie será objeto de injerencias arbitrarias e ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación. Se relaciona con los artículos 46, 48,49 y 50 de la Constitución, pero la policía política cubanas lo viola, pues efectúa registros domiciliarios ilegales, ocupa bienes que contienen información personal sin amparo legal y no entrega acta de su ocupación. En el caso de los opositores y periodistas independientes, no son devueltos, sin que conste un pronunciamiento judicial que ampare la ocupación, amén de que esas personas son objeto de calumnias en los medios oficiales.

El artículo 18 del PDCP, acerca de la libertad de pensamiento, conciencia y religión, tiene semejanzas con el 15 y el 54 de la Constitución, pero su ejercicio está limitado en Cuba porque no se permite que los padres escojan la educación de sus hijos, un derecho humano violado sistemáticamente. pues el Estado controla absolutamente el sistema educacional para ejercer su influencia ideológica sobre los niños, adolescentes y jóvenes. Tampoco se permite a ninguna religión poseer medios de comunicación, ni mecanismos que faciliten su interrelación con el pueblo.

El artículo 19 del PDCP afirma que nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones. Carece de equivalente en la Constitución cubana si tenemos en cuenta que incluye el derecho a la libertad de expresión y el de poder buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, por cualquier forma. Se viola constantemente en Cuba, donde la represión que sufren por esta causa muchos cubanos está harto demostrada.

El derecho de reunión pacífica -artículo 21 del PDCP- tiene semejanza con el artículo 56 de la Constitución, pero en este se establece que debe ejercitarse con fines lícitos, sin que se precisen cuáles son estos. Si tenemos en cuenta que el artículo 4 de la carta magna incita a la violencia contra quienes defienden un proyecto político diferente al impuesto por los comunistas, es obvio que este artículo sólo beneficia a las organizaciones sociales y de masas reconocidas por el Estado-Partido, y que se les subordinan, nunca a la verdadera sociedad civil. El mismo razonamiento puede aplicarse con respecto a los derechos de asociación pacífica -artículo 22 del PDCP- y manifestación, relacionados con el 56 de la Constitución.

Y si el artículo 23 del PDCP proclama que la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y el Estado y tiene derecho a su protección, en la nueva Constitución se pretende descolocar el papel que la familia ha tenido y tiene dentro de la cultura cubana. Puede afirmarse que ha sido precisamente la familia la institución más atacada y que más intromisiones estatales ha recibido en estos sesenta años de dictadura. La consecuencia inobjetable de esos ataques es la crisis de valores y eclosión de vulgaridad presentes en Cuba, algo que no ha podido contrarrestar el Estado a pesar del monopolio que ejerce sobre la educación y los medios.

Por último, el artículo 25 del PDCP, referido al derecho de los ciudadanos a participar en la dirección del país, tiene presencia formal en el mencionado artículo 3 de la Constitución, porque los únicos cubanos que pueden ejercitarlo son los que apoyan al régimen. Los demás quedan excluidos, pues los cargos públicos están controlados por el Partido Comunista.

Por vivir en un sistema totalitario, los cubanos no participamos en elecciones auténticas, de ahí que este derecho civil y político no se ejercita en Cuba, en igualdad de condiciones, por todos los ciudadanos.

Brasil: ¿Por qué no apoya con más fuerza la democratización de Venezuela?

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Las complicadas circunstancias con las que este jueves Jair Bolsonaro recibe a Juan Guaidó.

Jair Bolsonaro, durante su campaña electoral a la presidencia de Brasil, se mostró mucho más agresivo contra la dictadura venezolana que lo demostrado una vez en el gobierno. Eso tiene una causa, que trataré de exponer en adelante, basado en informaciones directas desde Brasil.

El gobierno de Bolsonaro tiene una base ideológica fuerte, basada en los preceptos de un filósofo brasileño, Olavo de Carvalho, muy relacionado con tres de los hijos de Bolsonaro, los cuales son políticos recién elegidos a sus cargos de senador, diputado federal y vereador (consejal).

Ellos han ejercido fuerte influencia dentro del gobierno, ya que el presidente electo estuvo fuera del comando por razones de salud poco después de la toma de posesión. Esta influencia no ha sido bien vista por el ala militar del gobierno, que es muy fuerte, tiene varios ministros, ni tampoco por el vicepresidente, lo que ha provocado la división del equipo de gobierno.

Esta división, y errores propios de un partido pequeño, carente de experiencia y recursos, en el seno del cual fue elegido Bolsonaro a la presidencia, cobraron ya la primera gran pérdida, al verse Bolsonaro obligado a sustituir de sus cargos a su segundo hombre al mando, su ministro de la presidencia y expresidente del partido de gobierno.

Esta división ha debilitado el inicio del proceso de gobernar, a lo que se suma un delicado proceso judicial en andamiento relacionado con uno de los tres hijos de Bolsonaro. Todo se suma a la falta de personas con experiencia en el comando del país, a los problemas de salud y a la formación de un equipo que nunca antes había trabajado junto. Estas también son las causas de que la política exterior se haya descuidado.

Adicionalmente, el nuevo canciller de Brasil, Ernesto Araujo, es de la línea dura contra la dictadura de Venezuela, pero los diplomáticos de su cancillería, celosos por el nombramiento de un canciller "indeseado", por estar asociado a la filosofía de Olavo de Carvalho, no ven con buenos ojos una probable intervención militar en Venezuela. Además, el vicepresidente y general, Hamilton Mourón, del ala militar del gobierno, ve con sospechas la presencia de una política agresiva contra Venezuela, donde fue agregado militar.

Esto ha provocado que, en entrevistas a periodistas extranjeros, el vicepresidente se haya pronunciado para aplicar una línea más pacífica en las relaciones con Venezuela. Así las cosas, no ha habido una política coherente con Venezuela. Resultado, no hubo nadie del gobierno en la frontera con Venezuela el día en que debería haber entrado la ayuda humanitaria, donde enfrentamientos dejaron varios muertos.

El problema del presidente Bolsonaro con el proceso no resuelto de su hijo, la ausencia por enfermedad durante un buen tiempo al inicio de su gobierno, el tener que estructurar una filosofía de trabajo en un equipo que no había trabajado junto nunca antes, el rechazo del ala militar al ala de los hijos del presidente (lo cual ha atado las manos del flamante canciller brasileño) y la necesidad de sustituir de inicio al segundo hombre en el comando del gobierno, ha sido motivo más que suficiente para que la importante política de Brasil hacia la Venezuela de Maduro no haya sido ampliamente debatida y aceptada por todos los entes relacionados.

Son estas las complicadas circunstancias con las que Bolsonaro recibe a Juan Guaidó este jueves en Brasilia.

Cargar más

XS
SM
MD
LG