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Opiniones

El presidente George H. W. Bush, Cuba y los nietos descalzos

El presidente George H. W. Bush mira hacia la izquierda mientras Fidel Castro pasa frente a él, durante la Cumbre Mundial de la Tierra, en Río de Janeiro, en junio de 1992.

George H. W. Bush, el expresidente norteamericano que acaba de morir, jugó un papel importante en las transiciones a las democracias de Europa Oriental. El colapso del comunismo europeo no hubiera ocurrido sin el liderazgo de Ronald Reagan y del Papa Juan Pablo II, quienes al igual que el Presidente Bush, ayudaron a esos pueblos a liberarse del control soviético. Tanto a Reagan, como a Bush y a Su Santidad Juan Pablo II, les preocupaba también la dictadura comunista en Cuba.

Cuando el imperio soviético comenzó a desmoronarse, los Estados Unidos apoyaron la reunificación alemana y la retirada de los ejércitos rusos de la región. El Presidente Bush quería además que la nueva Alemania fuera parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Pero los “minimalistas” en el Departamento de Estado, como lo explica Condoleeza Rice en su libro "Una Alemania unida y una Europa transformada", le dijeron a la Casa Blanca que esa meta era "imposible". Los minimalistas afirmaban que Washington tenía que escoger entre una Alemania reunificada y la retirada de los rusos. Y que la incorporación alemana a la OTAN no tenía la más mínima posibilidad de ocurrir. Pero George H.W. Bush se mantuvo en sus trece y no sólo los rusos se retiraron, sino que Alemania se reunificó y se unió a la OTAN.

La vida de Bush tiene características de leyenda. Estudió en la Universidad de Yale, pero dejó su carrera a medias para unirse a la marina norteamericana y pelear como piloto en la Segunda Guerra Mundial. Después se mudó del estado de Maine, en la frontera con Canadá, al estado de Texas, que limita con México, y allí fue electo a la Cámara de Representantes. Tuve el honor de conocerlo cuando era vicepresidente y pude visitarlo en el despacho presidencial. A pesar de haber sido el líder del Partido Republicano, lo que hoy en Estados Unidos la izquierda radical intenta convertir en un estigma, Bush debería ser considerado entre los más importantes presidentes estadounidenses.

En los artículos que sobre Bush se publican por estos días es difícil encontrar referencias a algunos aspectos importantes de su vida, a su personalidad y sus prioridades: a Bush como abuelo, a su sentido del humor, y a su apoyo político al derecho de los cubanos a ser libres. Permítanme explicarme.

Hace años, vivía yo en Washington y sonó mi teléfono. Era mi amigo Jeb Bush para invitarme a una reunión informal esa noche en el segundo piso de la Casa Blanca, en el apartamento de la familia Bush en la mansión ejecutiva. Cuando llegué, lo primero que vi fue a varios niños, quizás de seis o siete años, sin zapatos, retozando por todo el salón. No estaban allí para congraciarse con los dignatarios: simplemente acompañaban a su abuelo, mientras la abuela estaba en Maine ocupándose de los preparativos de un almuerzo con el por entonces presidente francés Nicolás Sarkozy, de visita en esa región.

El Presidente Bush parecía feliz. Nos deleitó con varios chistes que nos hicieron reír a carcajadas. Según él, los políticos tenían una idea exagerada de su importancia. Un visitante había querido besarle la mano. Otros lo saludaban con exageradas reverencias, casi postrándose ante él. Pero un día, nos dijo, por fin volvió a poner los pies en la tierra cuando, al salir al jardín de la Casa Blanca, lo vieron unos turistas tejanos desde el otro lado de la cerca, y uno muy campechanamente le gritó al Presidente: “Ey, Jorge, ¿dónde está tu mujer?”.

Bush nunca dejó de apoyar la causa de la libertad de Cuba. A pesar de las presiones de los que todavía hoy quieren poner sus negocios por encima de los principios, el Presidente siempre insistió en que la política hacia Cuba tenía que hacerse dentro de la ley, la cual condiciona el levantamiento del embargo a que el régimen primero tome medidas como la libertad de los presos políticos y la realización de elecciones multipartidistas democráticas.

El Presidente tampoco se olvidaba del contexto internacional. Cuando el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, que enfrentaba una gran crisis, le pidió millones de dólares para estabilizar la economía rusa, Bush le respondió que consideraría hacerlo siempre y cuando Moscú dejase de subsidiar a La Habana. Seguramente que a Fidel Castro no le hizo mucha gracia esa digna respuesta.

Después de la disolución de la Unión Soviética, la ONG Freedom House (Casa de la Libertad) me envió a Ginebra en Suiza para asistir a unas audiencias de la Comisión de Derechos Humanos. Los checos, y otros pueblos recién liberados del comunismo, apoyaban una resolución condenando al régimen cubano por la violación sistemática de los derechos humanos en la Isla.

Al reunirme con diplomáticos y organizaciones de derechos humanos en el Palacio de las Naciones, descubrí que La Habana y una coalición de los peores violadores de derechos humanos trabajaban intensamente para derrotar dicha resolución. Caracas, por ejemplo, le había informado a por lo menos un país que recibía petróleo venezolano a descuento, que si no se oponía a la resolución no se le podría garantizar más dicho abastecimiento de petróleo. Los gobiernos democráticos le informaron a la delegación de Freedom House que simplemente nunca obtendríamos los votos, e incluso algunos diplomáticos norteamericanos me aconsejaron que dejase el asunto en manos de los profesionales, pues ante una causa perdida era preferible no dar la batalla (otra vez el fantasma del criterio condicionado de los “minimalistas”).

Al no ocurrírseme otra cosa que hacer, llamé a Tallahassee y pude hablar con el entonces Gobernador de La Florida Jeb Bush, quien me pidió que lo llamase de nuevo esa misma noche. Cuando así lo hice, me enteré de que el Consejo Nacional de Seguridad ya se ocupaba del asunto. Y, después de que la resolución sí fuera aprobada por votación internacional en Ginebra, a pesar de los pesares y de los pesimistas, supe entonces que el Presidente Bush en persona se había comunicado con varios jefes de gobierno para recabar su apoyo a tan importante resolución para la causa democrática cubana.

El Presidente George H. W. Bush ha muerto. Honor a quien honor merece. Millones de sus conciudadanos hoy recuerdan su patriotismo, su honestidad y liderazgo. También millones de ciudadanos del mundo que hoy son libres gracias en parte a sus gestiones a favor de la democracia. Yo, sin embargo, recuerdo además a aquel abuelo luminoso y feliz, rodeado de unos nietos sin zapatos en la Casa Blanca, cuyos ojitos, como la picardía irradiante en la mirada de Bush, rebosaban pura paz y confianza para el futuro, así como un inclaudicable sentido del humor. Acaso en muy pocas crónicas sobre su muerte se mencionará el apoyo de Bush al derecho de los cubanos a ser libres, pero los cubanos y los cubanoamericanos nunca olvidaremos ese apoyo desinteresado, basado en los principios democráticos internacionales. Gracias, Presidente. Que en paz descanse.

Frank Calzon es un politólogo cubano, director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre.

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Cuba, Venezuela y Nicaragua 2019: Libertad y Democracia a la vista

Daniel Ortega, Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro.

Las heroicas luchas populares y callejeras que han protagonizado los pueblos de Venezuela y Nicaragua en los últimos dos años han puesto de manifiesto, no sólo es espíritu democrático de ambos países, también han mostrado a todos la eficiente coordinación para la represión de los gobiernos autoritarios mencionados, teleguiados y dirigidos de manera eficaz desde la Habana.

En una Latinoamérica que se libera del yugo totalitario de la izquierda carnívora que la oprimió en los últimos 20 años, es cada vez más evidente el papel del castrismo en este proceso opresor. Ya nadie duda que la asesoría represiva desde la Habana es la que mantiene en pie la dictadura de Maduro en Venezuela e incentiva la cruenta represión en la Nicaragua de Ortega.

Latinoamérica democrática agrupada en el “Grupo de Lima” encabeza en enfrentamiento a la izquierda carnívora continental, identificando nítidamente a la Habana como la “cabeza de la serpiente”. Estados Unidos por su parte, también ha despertado del sueño “obamista” de pactar con el castrismo, en el convencimiento de que la dictadura cubana es el enemigo a derrotar.

Se ha configurado una trilogía “del mal” triangulando a Cuba, Venezuela y Nicaragua como los países donde es necesario actuar democráticamente. El heroísmo de los pueblos nicaragüense y venezolano contrasta sin embargo con la relativa pasividad opositora cubana. Es que el mecanismo de control represivo totalitario tiene dos grandes etapas: la etapa de las revueltas y la represión dura y cruda, hasta que sobreviene la segunda etapa, de control represivo y terror.

En Cuba ya se sobrepasó la primera etapa. Son ya sesenta años de represión contra los cubanos, donde de inicio --en los primeros veinte años de la dictadura-- el pueblo de la isla demostró su heroísmo, resultando en más de siete mil fusilados y cientos de miles de presos condenados a largos años de prisión, lo que repercute en un reino de control por el terror.

Esta ausencia de rebeldía, junto a la nociva atomización y fragilidad de la oposición política cubana --carente hoy de un cuerpo identificable-- son los obstáculos a vencer en la isla. ¿Renacerá el espíritu de combate cubano, perdido por el mecanismo represivo totalitario? ¿La falta de un cuerpo opositor de consenso hará que Cuba pierda la oportunidad de derrotar al castrismo en su madriguera, con el apoyo de todos los factores políticos externos existentes? ¿Hay una representación opositora cubana capaz de negociar con el Grupo de Lima y EEUU?

La segura libertad de Venezuela y el advenimiento de la democracia en Nicaragua, son nítidas. En Cuba, sólo el futuro --y la dispersa y refractaria oposición política cubana-- podrían definirlo.

Las bienales del castrismo

Fidel Castro saluda a la artista Setsuko Ono en la 8va Bienal de La Habana, en 2003.

El cinismo de la dictadura totalitaria cubana no conoce límites, pero la abyección de sus secuaces, particularmente los que se desempeñan en el sector intelectual, es una profunda muestra de cómo se descompone el creador cuando sirve al poder.

El castrismo, una herramienta represiva cuyo único objetivo es el control, siempre gustó tinturarse de creadores que le sirvieran incondicionalmente, de ahí la consigna de Fidel Castro, un hombre talentoso y brillante que nunca creo nada a excepción de un régimen despiadado e ineficiente y un folleto, “La Historia me absolverá” que los cubanos evidentemente nunca leímos con atención porque nos hubiéramos percatado que el sujeto prometía un mundo a su exclusiva conveniencia.

Fidel no fue capaz de teorizar sobre su única obra, el “castrismo”, pero si fue preciso en su consigna a los intelectuales, un parte aguas que los creadores de la época debieron asumir que presagiaba el fin de sus derechos creativos y hasta de su libertad de conciencia, “Dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada”.

El régimen impuso el control cultural, de ahí la otra frase: “inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país”, que debió alarmar a los creadores cubanos, “lo primero es la Revolución misma. Y después, entonces, preocuparnos por las demás cuestiones”.

Y luego apuntar de forma demoledora: “Es decir, que el campo de la duda no queda ya para los escritores y artistas verdaderamente revolucionarios; el campo de la duda queda para los escritores y artistas que sin ser contrarrevolucionarios no se sientan tampoco revolucionarios”.

Después de esta afirmación numerosos creadores cubanos siguieron sirviendo al régimen por un miedo que invalidó su conciencia o peor, por un plato de lentejas que algunos terminaron comiendo en la cárcel.

Ante estos conceptos expresados por el dictador en jefe y por la obra destructiva de su régimen de 60 años a ningún observador o víctima del castrismo debe sorprenderle el reciente Decreto 349 y otros que le precedieron, ni la encarcelación de los intelectuales libres que se oponen al control del pensamiento y de la obra, como tampoco la exclusión de artistas críticos de lo que acontece en la isla.

Las bienales castristas, así como los congresos culturales de cualquier tipo celebrados bajo el auspicio del régimen, no pueden ser genuinos foros de la creación. Un evento que se realiza en el marco de la censura y la amenaza de prisión como les ocurrió a la creadora y activista Tania Bruguera y a Luis Manuel Otero Alcántara, es un fracaso, porque sin libertad, condición que se perdió en 1959 en Cuba, no es posible al arte.

Esta penosa realidad es la que determinó que varios artistas cubanos dirigieran una carta abierta a sus pares invitados a la Bienal de La Habana demandándoles solidaridad con los creadores que se oponen al Decreto 349, especificando que los firmantes son artistas vulnerables por haberse opuesto a la ley que criminaliza la producción artística. También piden a los participantes de la Bienal invitar a artistas independientes que fueron perjudicados por el decreto y a compartir con ellos los espacios o escenarios de exhibición del evento.

Es fundamental que los intelectuales libres, los creadores que solo responden a su conciencia, al igual que organizaciones como el Pen Club Internacional se manifiesten categóricamente contra estos fraudes del castrismo, de ahí la importancia de la reciente declaración del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio que preside José Antonio Albertini, que afirma que“el castrismo en su condición de depredador del pensamiento libre no cesa en sus ofensivas contra la libertad, y en brindarle al mundo, una imagen en la que los cubanos hacen dejación hasta de su propia vocación artística por la Revolución, tal y como exigiera Fidel Castro en las reuniones que sostuvo en 1961 con intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional de Cuba”.

Hay una realidad incontrastable, todos los eventos que se celebran en Cuba tienen que ceñirse al pensamiento oficial, responder a los intereses del régimen, en particular los relacionados con actividades creativas, en consecuencia los artistas que participan en estos eventos deben tener mucho cuidado de no convertirse en víctimas o victimarios del totalitarismo.

Colombia, un foro por la Justicia

Rafael Guarín, alto consejero presidencial para la Seguridad Nacional de Colombia reunido con Comisión JusticiaCuba. A su izquierda el presidente de la Comisión JusticiaCuba, Rene Bolio y el expreso político cubano Luís Zuñiga. A su derecha el asesor de

El esfuerzo que viene realizando el jurista mexicano René Bolio a través de la Comisión Internacional Justicia Cuba para divulgar los crímenes de lesa humanidad del totalitarismo castrista ha cosechado numerosos éxitos, entre los cuales se destacan la Conferencia de los Derechos Humanos en Cuba organizada por la OEA en diciembre pasado y que presidió su secretario general, Luis Almagro y el “Foro Víctimas del Comunismo, Crímenes de Lesa Humanidad y Tribunal Internacional” celebrado en el Senado de Colombia y que rigió la senadora María Fernanda Cabal.

El Foro que se efectuó en el Salón de la Constitución del senado colombiano atrajo la escucha de numerosas personas, pero lo que más llamó la atención fueron los muchos jóvenes que asistieron y el interés que mostraban en los asuntos tratados. Sus preguntas a los ponentes fueron numerosas antes y después del evento.

El programa se desenvolvió en dos sesiones, con representantes de Colombia, Venezuela y Cuba. Cada expositor abordó asuntos específicos de su país, enfatizando la alta criminalidad de los regímenes castrista y chavista, sin dejar de hacer mención a las violaciones intangibles que ambas dictaduras han cometido contra sus respectivos pueblos, al mismo tiempo que han dañado gravemente la economía, destruido el tejido social y violado los derechos fundamentales de sus ciudadanos, situación que desde las perspectivas de algunos de los asistentes puede presentarse en Colombia, donde las facciones narcoterroristas continúan amenazando seriamente a una de las democracia más antigua del continente.

Se enfatizaron los perjuicios que la alianza castro chavista le causa a todos los pueblos de América, no solo a los de Cuba y Venezuela y que la mejor manera de neutralizar esta amenaza seria concertar las fuerzas democráticas del hemisferio para que elaboren estrategias conjuntas que eliminen el discurso populistas y demagógicos, también, las causas y situaciones que las fuerzas contrarias a la libertad y el derecho utilizan para avalar sus propuestas.

Entre las valiosas presentaciones destaca la del historiador colombiano, Fernando Vargas Quemba quien presentó filmaciones y fotografías de los atentados terroristas de las guerrillas, un notable esfuerzo para que no se pierda la memoria de tantos crímenes, por su parte el expreso político cubano Luis Zúñiga hizo un crudo relato de los crímenes del totalitarismo castrista.

Algunos de los jóvenes que conversaron con el autor de esta columna expresaron preocupación por el futuro del país, la aplicación de la Justicia y el conflicto del gobierno con las comunidades indígenas del departamento del Cauca, que en su opinión, estaba siendo manejado por grupos extremistas que buscan desestabilizar el gobierno para que el presidente Iván Duque no termine su mandato constitucional, situación que se comprobó al descubrir la Fiscalía, después del Foro, que grupos ilegales infiltrados entre los indígenas, preparaban un atentado contra el mandatario.

La inestabilidad que generan las facciones extremistas es una realidad al igual que el amplio respaldo que la dictadura transnacional cubana les presta, lo que las hace más peligrosas y difícil de combatir, razón por la cual es un deber de todos los amantes de la libertad sumar esfuerzos para garantizar nuestros derechos.

La dupla Cuba y Venezuela con sus asociados de Bolivia y Nicaragua, conforman la retaguardia de los irregulares. Según informaciones el 43 por ciento de los extremistas del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN, está radicado en Venezuela, asentado en el denominado arco minero y Cuba, en su reiterada práctica de ser santuario de los narcoterroristas, protege a líderes del ELN involucrados en el atentado a la Academia de Policía de Bogotá.

Este Foro sobre Victimas del Comunismo es una actividad a repetir porque como refleja un reciente comunicado de apoyo a esa gestión es “necesaria la creación de un Tribunal Internacional para Juzgar los Crímenes de Lesa Humanidad cometidos por el Régimen Comunista de Cuba contra el pueblo cubano y otros pueblos”, una gestión que bajo el liderazgo de René Bolio y la senadora María Fernanda Cabal puede y debe rendir grandes beneficios a la democracia continental, porque la dictadura de los Castro es el cáncer primario de los malignos tumores que desgobiernan en Venezuela, Nicaragua y Bolivia amenazando los derechos de todos nosotros.

Venezuela: peligro de atasco

Soldado colombiano en la frontera con Venezuela. Archivo.

Los numerosos países involucrados en la crisis venezolana pueden afectar la solución de la misma si no asisten materialmente a la oposición y desisten de instrumentar sanciones y medidas que limiten las posibilidades de sobrevivencia del régimen de Nicolás Maduro.

Sin embargo, la oposición venezolana tiene que hacer todo lo posible por controlar la situación y que las alianzas concertadas no limiten su capacidad operativa. Los aliados son esenciales cuando se combate una dictadura ideológica o una pandilla del crimen organizado, como la que detenta el poder en Venezuela, pero nunca se les debe permitir asumir el control de las operaciones o tener veto sobre las mismas, porque la realidad es que los que encarnan un proyecto nacional son los únicos que bregarán hasta el último aliento con independencia de los resultados.

Sobran ejemplos de ‘Aliados Fríos’ que abandonan a sus protegidos con o sin motivos, o se envuelven en una retórica adormecedora, después de crear una sensación de dependencia altamente perjudicial al propósito original. La internacionalización de los conflictos tiende a estancar las soluciones, sea porque los eventuales aliados no actúan con firmeza, o las partes en conflicto pierden el protagonismo.

Los frustrados intentos de cooperantes nacionales e internacionales de hacer ingresar a Venezuela la tan necesitada ayuda humanitaria, ejemplifican las limitaciones de las partes, en particular la de gobiernos extranjeros que tienen compromisos propios.

Los factores foráneos que se involucran en disensos nacionales se convierten en parte del mismo, en consecuencia, las soluciones demandan un consenso más complejo en el que concurren intereses y conveniencias extrañas que enmarañan las posibilidades de la oposición nacional de asumir iniciativas que no cuenten con el respaldo de sus eventuales aliados.

La oposición al contraer compromisos con sus aliados, debe asumir una conducta acorde a los postulados que sus compañeros de viaje defienden públicamente.

En este aspecto la cuadrilla de Maduro y Cabello a pesar de sus compromisos firmes con el Castrismo, Rusia y China, sin pasar por alto los estrechos vínculos con el narcotráfico y el crimen organizado, tiene un mayor espacio operativo porque sus aliados por naturaleza son partidarios de posiciones extremas y favorecen enfoques contrarios a la cesión de los poderes y espacios conquistados.

Ninguno de los regímenes asociados al castro chavismo, particularmente el de Cuba, están sometidos a la presión de una poderosa opinión pública ni a una oposición que pueda poner en peligro el control que ejercen sobre el país.

El régimen castrista es el aliado más incondicional del sindicato del crimen que controla Venezuela porque su propia existencia está estrechamente vinculada a la permanencia de la cuadrilla Madurista en el gobierno.

El alto número de militares y agentes represivos cubanos asentados en Venezuela son el principal baluarte de ese régimen, mucho más confiable que la cúpula del alto mando de las Fuerzas Armadas de Venezuela, que a pesar de la profunda corrupción denunciada, está sometida a vivir la crisis estructural que sufre la nación.

No obstante y con independencia de cómo se agudiza la crisis o se presente una salida, el mantenimiento del “statu quo” solo favorece a los que detentan el poder real, en este caso a la caterva de Nicolás Maduro. Es una gran verdad que la internacionalización de los conflictos domésticos tiende a postergar las soluciones y que solo se llega a ellas cuando los factores externos involucrados en el diferendo asumen como propia la situación y toman los riesgos que demanden sus intereses, más que los compromisos.

Un ejemplo clásico de esta afirmación fue el resultado de la implicación de Estados Unidos y la extinta Unión Soviética en la situación cubana que cuando derivó a un enfrentamiento de las grandes potencias como consecuencia de la Crisis de los Misiles, octubre 1962, la solución acordada sabiamente fue evitar una confrontación nuclear, aunque los cubanos siguieran siendo esclavos por toda la eternidad.

Es cierto que cuando se enfrenta una dictadura es muy difícil actuar en solitario, pero es muy lamentable y un grave error, que una fuerza política o militar cimente su desarrollo, estrategia y el logro de sus fines, en el compromiso y voluntad cooperativa de componentes extranjeros, una actitud que augura la derrota.

Reglamento Policial en Cuba

Un autobús pasa frente a un edificio con una cartelera de campaña del gobierno que dice "#YoVotoSi" en referencia a la nueva Constitución, en La Habana, el 13 de febrero de 2019

El gobierno cubano dice haber aprobado una Constitución a principios del 2019, pero en realidad lo que han hecho es imponer un reglamento policial que obliga a la población a aceptar el SOCIALISMO IRREVOCABLE, que es toda una aberración jurídica en lo que a teoría política y constitucional se refiere.Vayamos por parte: una Constitución debe ser un documento que establezca la libre determinación de todos los ciudadanos en una Nación. Y ese principio es el que establece la naturaleza soberana de esa Carta Magna, como representante del cuerpo social.

Si en ese territorio, que es el marco físico de cualquier nación, al ciudadano se le obliga a ser socialista y se le persigue o acosa porque su manera de pensar es alternativa o distinta, entonces en esa nación no existe ese sagrado derecho a pensar libremente.

En el caso cubano, obviamente existe esa imposición del SOCIALISMO, que además para el régimen castrista resulta irrevocable, casi un Dios inmutable y agresor.

Y que conste, por esta aberración jurídica de irrevocabilidad, en la Cuba castrista se acosa, se tortura y hasta se encarcela al ciudadano que se atreva a contradecirla.

Para entender en su propia naturaleza y desarrollo el REGLAMENTO POLICIAL que ha estado vigente en la isla cubana estas seis décadas de ausencia de libertades individuales, que desencadena la migración de huir del comunismo imperante, más los cientos o miles de cubanos que han sido maltratados y fusilados en las prisiones políticas del régimen castrista, tenemos que ir atrás al dictamen del dictador Fidel Castro en la Reunión con los Intelectuales en 1961 cuando sentenció con criterio casi imperial: “dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución nada o ningún derecho”.

Todos los pactos y documentos de Derechos Humanos sobre los Derechos Civiles y Políticos del mundo insisten con claridad meridiana “que nadie debe ser molestado ni acosado ni maltratado a causa de sus opiniones”.

En toda Cuba, durante la imposición del Reglamento Policial que se aprobó el 24 de Febrero del año en curso, fuimos testigos de los cientos de cubanos que fueron maltratados y encarcelados por manifestar que votarían NO o NO VOTARIAN ante el susodicho proyecto. Y esto de por sí descalifica el evento aprobatorio y lo anula jurídica y moralmente.

Otro elemento que descalifica el evento eleccionario castrista reciente fue que la acción de votar se realizó con lápiz y lo que pinta el creyón de un lápiz, se borra fácilmente con una simple goma de borrar.

Por lo tanto, el Reglamento Policial de 2019, que ellos califican erróneamente de constitucional, es simplemente un reglamento represor que no valida autoridades ni soberanías…

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