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Opiniones

El otro Raúl

Tienda de venta estatal en Cuba / Cortesía de Gil Castillo

El viaje a Cuba de una estudiante cubanoamericana y su encuentro con los familiares y la realidad del sistema.

Salí del avión todavía con mi chaqueta de invierno puesta, lo que me hizo darme cuenta casi inmediatamente que el calor y la humedad que me rodeaban eran evidencia de que ya no estaba en la escuela, sino en un lugar que resonaba mucho más con lo que yo llamo mi casa. Reprimí las lágrimas mientras caminaba por la terminal, mil pensamientos pasaron por mi cabeza a la vez; pero no pude procesar ninguno de ellos. Si cerraba los ojos, estaba en casa: la gente hablaba como mi gente, el clima era mi clima. ¿Pero cuando los abría? El brillo era tenue, los bombillos gastados, rotos y desatendidos, los pisos estaban rajados, la misma loza familiar del piso en las casas de todas las tías abuelas en Hialeah. ¿Esta gente era mi gente? ¿Eran representaciones de lo que podría haber sido de mí en un universo alternativo? Fui extranjera en lo que crecí creyendo que era mi país de origen.

La Habana oscura / Cortesía de Gia Castillo
La Habana oscura / Cortesía de Gia Castillo

Al principio, la experiencia parecía ser una película, especialmente la primera vez que nos subimos al ómnibus. En nuestro camino para registrarnos en el hotel vi la cara de Fidel y la cara del Che pegadas en cada esquina, en cualquier pared que pudiera pintarse, allí estaban. Y luego, junto a ellos, encontraría las frases insondables, "Fidel siempre vivirá en nosotros", "socialismo o muerte", entre otras. Una cosa es que me digan lo que estaba a punto de ver, y una cosa completamente diferente es verlo con mis propios ojos, presenciar el culto a la personalidad por mí misma. Recuerdo no poder controlar el aumento de mis ojos, y buscando a otro par que pensaran lo mismo, pero solo descubrí que nadie estaba tan sorprendido. Y lo triste fue que, en la segunda semana, me había acostumbrado a ver estas caras en todas partes, sin pensarlo dos veces. Mientras el bus pasaba por el Coliseo de la Ciudad Deportiva, no pude evitar sentirme como si estuviera en el tour de safari en Disney World: el guía hablando sobre el mundo que nos rodeaba, un mundo en el que nunca estaríamos inmersos. Estábamos literalmente en un autobús donde los asientos nos elevaron a un nivel físicamente superior al mundo del que estábamos aprendiendo debajo de nosotros. Nunca me sentiría más extraña en mi país que en esos momentos, los momentos metida en la burbuja aire-acondicionada.

al encender la televisión en el hotel, comprobé que solo que había dos canales, y ambos eran estatales. Los límites del acceso a la información en la isla son asombrosos.

En otra nota, aparte de "José Martí, nuestro héroe nacional", una de las cosas que escuché repetidas veces antes, durante y después de nuestro viaje dentro y fuera de clase fueron variaciones de la idea que Cuba era un utópico "sin raza" y una sociedad "sin clases". Esto era desconcertante teniendo en cuenta que la evidencia más grande que probaba la falsedad de la igualdad que se había publicitado en todas partes estaba justo frente a nosotros: las dos monedas existentes en circulación. Además, la inaccesibilidad de la información al público también era extremadamente evidente; el salario mensual promedio es un poco más que 600 pesos y una tarjeta de conexión wifi de una hora cuesta 25 pesos, lo cual es más de lo que gana el cubano medio en un día. ¿Cómo pueden las personas permitirse este lujo cuando la cantidad mensual de alimentos que están racionados es extremadamente limitada (i.e. dos huevos por mes)? Aparte de ser un producto increíblemente inaccesible para la mayoría de la población, algunas partes de Google estaban completamente bloqueadas (en particular, compartimiento en grupos en Google Drive). Por otra parte, al encender la televisión en el hotel, comprobé que solo que había dos canales, y ambos eran estatales. Los límites del acceso a la información en la isla son asombrosos.

A la vez, la "falta de raza" de Cuba es inaudita en el contacto de persona a persona, al menos en la mayoría de las interacciones que tuve donde la raza estaba incluida de alguna manera. Antes de visitar el país, sabía que ciertas tendencias "racistas", por la definición a la que estamos acostumbrados en los Estados Unidos, estaban intrínsecamente ligadas a los chistes y las burlas rutinas cubanas; sin embargo, el nivel de racismo en algunas de estas conversaciones era ridículo. Oía algo casi todos los días, de Yociel amenazando decirle a mi padre que me había escapado con "un negro con trenzas largas," a escuchar en múltiples ocasiones que yo era "demasiada blanca" para ser cubana. Pero el peor caso de racismo interpersonal del que fui testigo fue hacia mi primo Raúl, que es blanco, de la ex esposa de mi tío, que también es blanca. Mi tío Medina, que vive en Miami ahora y se fue de Cuba hace más de 25 años, es mulato, y su hija y su nieta, Ive e Ida, que siguen en Cuba y que también son mulatas, estaban en la sala en el momento del intercambio. Estaba visitando a Ive e Ida con Raúl en Centro Habana cuando la madre de Ive entró para contarle algo, sin darse cuenta de que estábamos allí. La madre de Ive nunca antes había visto a Raúl. Sin ni siquiera preguntarle su nombre, señaló a un anillo que tenía Raul en la esquina de su boca y dijo: "chico tu eres tan bonito como te vas a poner esa cosa de negros en la cara... dale quítatelo que eso es cosa de africano, tú no tienes nada que ver con eso... está muy, muy feo, dale quítatelo, que no eres negro, eso es cosa de baja clase ". Ive e Ida no reaccionaron a los comentarios de su propia madre y abuela, respectivamente, como si esto fuera cosa normal. Continuaron su conversación conmigo, a pesar de que Raúl parecía incómodo mientras la mujer le seguía hablando. Ive hizo un intento a medias de detener a su madre, pero ella continuó. Me quedé sin palabras, no podía creer lo que estaba sucediendo ante mis ojos. No solo el aspecto increíblemente racista de sus comentarios era impactante (y el hecho de que se dijeron sin pensarlo dos veces frente a su hija y su nieta mulatas), sino también el nivel de falta de respeto que mostraba a una persona que ni siquiera conocía. Cuando pude ordenar mis pensamientos, miré a Raúl y a la mujer y les dije que me gustaba el anillo. Ella me miró, cambió el tema a por lo que había venido originalmente, y se fue.

Almacenes en La Habana / Cortesía de Gia Castillo
Almacenes en La Habana / Cortesía de Gia Castillo

Un aspecto diferente de la vida cubana, la idea del socialismo a lo mejor funciona en papel, pero en realidad, al menos en Cuba, no es factible. Los servicios estatales son terribles. ¿Por qué las casas particulares eran mucho mejores que el Hotel Vedado? ¿Por qué los 500,000 empleados en el sector privado representan el 12% de la fuerza laboral, pero el 15% del PIB del país? La galleta más grande en la cara, y un momento muy frustrante, fue tener que asistir a una conferencia sobre cuán asombroso era el sistema de salud universal cubano cuando todo lo que escuchaba de mis parientes era lo contrario. No hay ventanas y las sábanas solo se hierven entre los pacientes, las jeringuillas se vuelven a usar y el nivel de negligencia es astronómico, los estudiantes se usan como médicos, “acaban contigo.” Una tía bromeó diciendo que básicamente tienes que llevar tu propio medicamento para que te traten, y que hay más posibilidades de que se te pegue algo peor de lo que entraste que de haberlo curado. Todo puede ser gratis, pero si desea un mejor tratamiento y tiene el dinero para pagarlo, entonces lo obtiene. ¿Pero si no? ¿Qué obtienes? ¿Por qué la información que hemos estado recibiendo, especialmente en el viaje, ha sido tan unilateral? ¿Por qué hay tantos hombres sentados al costado de la calle todo el día? No hay ambición porque no hay oportunidad. Cuando las personas ven que su futuro es sombrío, cuando las personas ven que su futuro no es diferente de lo que viven hoy, se sientan afuera y le chiflan y le piropean a las mujeres de aspecto extranjero que pasan caminando.

Los servicios estatales son terribles. ¿Por qué las casas particulares eran mucho mejores que el Hotel Vedado?

Por otro lado, mi experiencia fue increíblemente humillante, particularmente durante mis despedidas. Me hizo apreciar lo que tengo mucho más, me hizo apreciar el viaje de mi familia y lo que mis padres han hecho por mí mucho más, y me ayudó a entender y mejor comprender de dónde vengo. Antes de irme a Cuba, me dijeron que no había nada, así que debería traer todo—lo que hice, desde artículos de aseo básicos hasta refrigerios, toallas, sábanas y papel higiénico. Al final, me sobraron algunos de estos artículos y sentí la necesidad de dejárselos a los primos que había conocido por primera vez en este viaje. Les di estas cosas básicas que se pueden encontrar en cualquier esquina de los Estados Unidos a precios razonables, y me miraron como si estuviera loca, justo antes de darme algunos de los abrazos más fuertes y significativos que había recibido en mi vida. Estaban tan agradecidos por estas cosas que yo daba por hecho. Esto es ridículo cuando lo piensas, las cosas no deberían ser así. Pero el abrazo más poderoso y emotivo que recibí fue el de Raúl.

Le di una libreta de apuntes vacía que había traído para tomar notas, un gesto simple que casi lo hizo llorar (es un artista y un estudiante con acceso sumamente limitado al papel). Nunca olvidaré ese abrazo, o la mirada que me dio cuando le di la libreta.

Estas nuevas relaciones complican mis pensamientos sobre Cuba porque me hacen sentir una responsabilidad de compartir la abundancia de cosas que tengo, y que ellos no tienen, con ellos. No quiero visitar la isla y darle mi dinero al gobierno, pero cada vez que pienso en todo lo que sufren siento un impulso a ir y a compartir lo que tengo. Este viaje se quedará conmigo por el resto de mi vida. Algunas cosas me sorprendieron, como el hecho de que podía ser relativamente más abierta con la expresión de mis pensamientos de lo que me habían dicho que podía ser, pero muchas de mis experiencias en el viaje confirmaron y solidificaron muchas de las cosas que me habían contado antes en gran medida. Mi pasión por mi país ha aumentado mucho y siento la responsabilidad de participar en la reconstrucción de su economía y del país en sí.

Decidí dejar el viaje un día antes para poder compartir mis experiencias con mi familia en Miami mientras todavía estaban frescas y vívidas en mi mente, y en mi última noche fui al Habana Libre con Diana y mi primo Raúl.

Mi pasión por mi país ha aumentado mucho y siento la responsabilidad de participar en la reconstrucción de su economía y del país en sí.

Pasamos la noche bailando y riéndonos, con la felicidad que surgió con nuestra nueva amistad tangible en nuestras palabras, nuestros gestos y en el aire que nos rodeaba. Al final de la noche fuimos a la cafetería del hotel para compartir una pizza y un batido, y bromeando le pregunté: ¿Por qué no vienes a visitarme a Miami? a lo que él respondió: “Ojalá, créeme, si pudiera irme, dejaría todo ahora mismo y me quedaría allá.” No podía entender cómo era posible que yo había decidido irme el día antes, y que 48 horas después de ese momento lo podía hacer, cuando él había estado tratando de irse de la isla por más de una década, y todavía no había logrado poder irse de La Habana. Lo miré y expresé ese pensamiento, y después le dije, “no es justo, es una violación de los derechos humanos básicos tenerte aquí como un prisionero.” Sin pensarlo dos veces y con una inmensa seriedad, me miró directamente a los ojos y me respondió:

“aquí, yo no soy humano.”

Esas cinco palabras me seguirán por el resto de mi vida.

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Bolivia, el derecho a la rebelión

Jeanine Añez, presidenta interina de Bolivia, saluda a la cúpula militar durante una ceremonia en La Paz.

La firme embestida de la resistencia boliviana contra la dictadura castrochavista de Evo Morales lo obligó a abandonar el poder. La voluntad del pueblo se impuso a la represión y al fraude. Las fuerzas policiales y los institutos armados simplemente rechazaron usar la violencia contra quienes reclamaban el derecho a ser libres. No hubo golpe militar, ni otra gestión que se aproxime.

El déspota renunció. El vacío de poder que creó con sus acciones no fue llenado con uniformados, sino con una senadora opositora, Jeanine Añez, que ha prometido convocar a nuevos comicios.

Morales está fuera del gobierno. Exiliado en México como otros muchos bolivianos tuvieron que hacer durante su mandato. En realidad merecía la cárcel, sus abusos fueron muchos, incluida esta última manipulación electoral que la OEA condenó con energía.

Afirmar que Morales fue depuesto por un golpe es cambiar la realidad. Los institutos armados bolivianos, incluidas las fuerzas policiales, respaldaron al déspota en todos sus intentos para perpetuarse en el poder. Hubo excepciones, pero no las suficientes.

Lo abandonaron cuando se les presentó la alternativa de que para ser leales al verdugo tendrían que reprimir al pueblo con toda la fuerza del Estado. Por suerte primó el sentido de nación en las fuerzas castrenses bolivianas, y dejaron a un lado el “Patria o Muerte, Venceremos”, un lema castrista que Evo Morales impuso en las Fuerzas Armadas en el 2010.

Ningún general golpista le escribe a su jefe de gobierno como lo hizo el jefe del Ejército, Williams Kaliman, horas antes de su dimisión: “Después de analizar la situación conflictiva interna, sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato presidencial, permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”.

La conducta de las Fuerzas Armadas fue consecuencia de la rebelión popular. La toma de conciencia ciudadana fue tan vigorosa que llegó a los cuarteles y estos decidieron retirarle su respaldo a Morales, no lo derrocaron.

No hay dudas de que fue una estrategia costosa en vidas y bienes, empero era la única alternativa a una confrontación armada que sería mucho más traumática para la nación. El pueblo actuó cuando se percató que la vía electoral estaba viciada. Cuando vio el descomunal fraude que buscaba perpetuar un régimen de odio y falsedades.

Lo ocurrido en Bolivia es un claro mensaje a todos los opresores de que el miedo puede ser vencido, y un mandato de esperanza a los avasallados, de que la rebelión es viable cuando se interpreta la voluntad de las mayorías. No en vano la propia declaración universal de los Derechos Humanos reconoce esa prerrogativa ciudadana.

El pueblo boliviano demostró que cuando el ciudadano se dispone a hacer uso de la soberanía, conmueve a las estructuras del poder y puede destruirlo. Además de que la resistencia no debe pautarse, que la espontaneidad popular no debe ser castrada, y que las acciones contra el despotismo, aunque parezcan contradictorias, resultarán exitosas si están orientadas al mismo objetivo.

La gesta de la resistencia boliviana contra Morales marca un precedente exitoso en la confrontación con los regímenes que representan el modelo del Socialismo del Siglo XXI. Evo Morales, de todos los déspotas de esa estirpe, fue el más ortodoxo, cumplió al detalle las instrucciones de sus patrocinadores, en particular las relacionadas con la manipulación de la gestión electoral y la creación de un clientelismo político afín a sus intereses. No obstante, una vez más se comprobó que no hay propuesta política consolidada, bien atada, si el pueblo decide cortarla.

Huelga afirmar que este final feliz de la autocracia de Evo Morales no significa la destrucción de la propuesta que encarnó en su país y que representan Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. Todavía mas, los bolivianos tienen que seguir alertas, estar pendientes de maquinaciones nacionales e internacionales que trataran de revertir los resultados.

Las acusaciones de golpe de Estado tienen como objetivo restarle legitimidad a la revuelta. Buscan contaminar la victoria popular y que el nuevo Gobierno no tenga el reconocimiento que merece.

Evo Morales aseguró a su llegada a México que continuará la lucha, y no es de dudar que cumplirá sus promesas. Aislar a las nuevas autoridades es su objetivo y desestabilizar al país el método.

Los populistas marxistas han demostrado ser capaces de generar caos y crear crisis estructurales para tomar el poder. Saben también que la solidaridad política no es una virtud de los demócratas del hemisferio, y que es fácil que estos abandonen a sus aliados naturales cuando están sometidos a ataque.

Los bolivianos deben estar listos para defender su victoria, e impedir que les escamoteen las esperanzas como le pasó al pueblo venezolano en el 2002.

Sosa Fortuny: El presidio político cubano está de luto

Armando Sosa Fortuny. (Archivo)

Armando Sosa Fortuny fue, para el régimen de los hermanos Castro, un hombre a destruir, objetivo que no alcanzaron porque “Sosita”, como le dirán siempre sus amigos, escogió morir cumpliendo con su deber, que conduce a la inmortalidad.

Sosita” fue un hombre de su tiempo, un individuo de fuertes convicciones, capaz de defenderlas aunque pusiera en riesgo su vida, actitud que asumió numerosas veces durante su existencia. La dictadura, poniendo en práctica su histórica crueldad, lo dejó morir en prisión, sin importar su avanzada edad y sus muchas enfermedades.

Armando actuó como se hacía en el pasado, cuando los gobernantes instauraban dictaduras, controlaban el país y clausuraban las vías democráticas.

Asumió como suyo el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce que el hombre tiene el recurso supremo de la rebelión contra la tiranía y la opresión, parte importante de la Declaración que, al parecer, incomoda a muchos de sus propios defensores.

Armando desafió el totalitarismo cuando los que hoy tienen sesenta años no habían nacido. Lo hizo, aunque nunca fue declarado preso de conciencia, con la dignidad y la entereza que les ha faltado a muchos, remedando a José Martí.

Con solo 18 años salió de Cuba clandestinamente, pero no arribó al exilio para vivir mejor, se preparó para luchar por la democracia y la libertad de su Patria.

Luchó, pero no atacó una escuela. No patrocinó actos violentos contra civiles. No traficó con drogas, no protagonizó episodios terroristas como lo hicieron por décadas los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que, a pesar de sus múltiples crímenes, dialogaron con el gobierno de su país bajo el auspicio del régimen que impulsó la subversión en todo el continente.

Tampoco imitó a Yasser Arafat organizando actos de violencia indiscriminada en los que perecían numerosos inocentes, a pesar de los cuales fue honrado con el Premio Nobel de la Paz.

Sosa Fortuny desembarcó en Cuba en octubre de 1960 con la misión de derrocar el régimen de los hermanos Castro. Uno de sus compañeros murió en combate y diez fueron fusilados, entre ellos, tres norteamericanos.

Permaneció 18 años en prisión. Estuvo en numerosas cárceles. Trabajó forzado en el Plan de Trabajo Camilo Cienfuegos, reclusorio de Isla de Pinos donde, junto con otros compañeros, recuerda Enrique Ruano, fundó la Organización de Juventudes Anticomunista.

La cárcel no le quebró. Su compromiso se fortaleció, y cuando le excarcelaron, de nuevo partió de Cuba para retornar con el objetivo de su vida: derrocar la dictadura.

En 1994, con 52 años, retornó el combate. No por amor a la violencia, sino por convicción. No pensó en la tranquilidad de un hogar, ni en la seguridad económica, simplemente respondió, una vez más, a su compromiso de luchar por sus ideales.

Partió junto a Jesús Rojas, José Ramón Falcón, Miguel Díaz Bouza y Eladio Real Suárez. Los dos primeros ya están en libertad.

Desembarcaron en las proximidades de Caibarién,con la intención de organizar una fuerza irregular para combatir la dictadura en las legendarias montañas del Escambray, donde, en la década del 60, miles de cubanos lucharon contra el comunismo.

Posterior al desembarco, en un enfrentamiento a tiros, murió el ciudadano Arcelio Rodríguez García. Sometidos a juicio, Real Suárez fue condenado a muerte. Posteriormente la sentencia fue conmutada por 30 años.

Sosa Fortuny cumplió, en este segundo encarcelamiento, 25 años de una sanción de 30. Enfermo y sin pedir cuartel, pasó 43 años de prisión, donde envejeció, enfermó y murió cumpliendo a su manera con la Patria.

Su ejemplo puso en evidencia la conducta de muchos gobiernos, organizaciones no gubernamentales, dirigentes políticos y sociales que han practicado una indulgencia criminal a favor del castrismo. Muchos son los que han preferido no escuchar el espantoso retumbar de los fusiles frente a los paredones de fusilamiento o el clamor de silencio de más de medio millón de hombres y mujeres que han pasado por las cárceles estas seis décadas.

Sosita” actuó a su manera y por convicciones. Entregó su vida entera a Cuba, por eso, como escribiera el Apóstol: “Cuando se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe; empieza, al fin, con el morir, la vida”.

20 de Mayo y refundación Castrochavista

El mandatario de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez a su llegada a la segunda toma de posesión de Nicolás Maduro al frente de Venezuela el 10 de enero de 2019. (AFP).

Los cubanos de las tres últimas generaciones tienen muy poco respeto y conocimientos por la historia republicana, porque desde el primero de enero de 1959 se inició una campaña de descrédito contra la República con el objetivo de recrear un pasado del cual todos los insulares se sintieran avergonzados.

Esa gestión fue parte esencial del proyecto castrista de refundación nacional. Era imprescindible presentar un país sin valores ni progresos, tampoco soberanía, para justificar un proyecto contrario al sentir nacional que hiciera posible violentar hasta la raíz las normas y costumbres de la nación.

Lo primero fue restarle trascendencia a las fiestas patrias y relevancia a los patricios de las gestas independentistas. Hubo esfuerzos por cambiar símbolos nacionales como la bandera, pero no avanzaron en ese proyecto. La historia republicana fue editada en su totalidad, solo aquellas figuras y acontecimientos que tenían algún vínculo con el nuevo régimen fueron respetados y magnificada su importancia.

Las costumbres fueron alteradas o suprimidas como ocurrió con la Semana Santa y las festividades religiosas de fin de año. El nuevo país partía de cero y su advenimiento se celebra el 26 de Julio y no el 20 de Mayo. Hasta el vestir fue censurado y la urbanidad ciudadana un rezago burgués.

La nomenclatura castrista entendió que si no se mostraba un pasado vergonzoso en el que la miseria moral y material estaba generalizada, donde la discriminación, violencia y abusos eran las normas, más una clase dirigente solo interesada en su beneficio propio y al servicio de una nación extranjera, Estados Unidos, maniobra que convertía a ese país de un solo golpe en el enemigo histórico de Cuba, no solo de la Revolución, no sería posible conseguir obreros y capataces que trabajaran para construir el edén que los Castro prometían.

El odio, el sectarismo, la discriminación de todo tipo junto a la destrucción de los patrones de conducta ciudadanos, fueron las recetas que usó el nuevo régimen, siempre aderezada con una fuerte poción de miedo, para exterminar a la Cuba que conocíamos y empezar a construir la de los Castro.

En realidad no fueron Hugo Chávez y sus compañeros de viaje, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa los pioneros en manejar con acierto la estrategia de demonizar el pasado, avergonzar a los connacionales al descubrirle una república execrable y formular pautas que condujeran a legitimar las acciones del gobierno, por medio de otra constitución que instituyera nuevos poderes públicos con funcionarios leales al país supuestamente recién fundado.

Las propuestas chavistas de una constitución originaria y poderes originarios era el fundamento de su plan. Estaban reinventando el país, generando espacios para moldear a su antojo las nuevas instituciones, tal y como si el pasado no hubiera existido.

Paradójicamente en Cuba el término originario no tenía relevancia porque el nuevo régimen no era producto de elecciones, sino consecuencia de una rebelión armada que sustituyó un gobierno militar por otro, que a su vez derivó en una cruenta dictadura que estableció un régimen totalitario.

La implementación de las nuevas normas e instituciones se produjeron muchos años después porque en la Isla la violencia fue fuente de derecho, parafraseando una inexplicable resolución de la Corte Suprema de Justicia de Cuba en la madrugada del primero de enero de 1959.

En Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador los déspotas llegaron al poder por elecciones, lo que demostraba que a pesar de las lacras que denunciaban esos países por vivir en democracia eran perfectibles, había espacios para mejoras y cambios que no tenían que ser precisamente los que ellos prometían. El propio dictador Hugo Chávez dijo que juraba ante una constitución moribunda, un rotundo desmentido a todas las acusaciones que proferían.

El proyecto cubano estaba orientado a crear una nueva historia, un pasado que avergonzara a la ciudadanía, en particular a las nuevas generaciones y en base a ese inventario educar a la medida y conveniencia de la casta del 26 de Julio.

Es cierto que los primeros 31 años la soberanía de Cuba estuvo limitada por un apéndice constitucional impuesto por Estados Unidos, pero a partir de su derogación, en lo que se pudiera llamar la Segunda República, el país asumió todas sus prerrogativas hasta la conversión de la isla en una satrapía soviética, 1959, por conveniencia de los hermanos Fidel y Raúl Castro y los sicarios que les han servido por décadas.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Televisión Martí.​

El fracaso de las conversaciones Maduro-Guaidó en Oslo

Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, sube a una tarima improvisada para hablarle al público en Caracas el 1ro de mayo de 2019. (AFP).

La falta de continuidad en los contactos primarios que representantes de Maduro y de Guaidó sostuvieron en Oslo, tiene su explicación en factores ajenos a ambos líderes. Guaidó había recibido seguridades desde La Habana de poder lograr sus objetivos: eliminar a Maduro (Sic), nombrar un gobierno de transición y organizar elecciones limpias. El llamado “Grupo de Contacto” -que propició el encuentro- tomó como base la oferta de Trump a Cuba para retirar sus hombres de Venezuela a cambio de una “nueva apertura”, lo cual animó a los cubanos para eliminar a Maduro, dejando a Padrino al frente del ejército y a Cabello al frente del partido.

En estos planes se garantizarían los objetivos de Guaidó, pero el chavismo quedaría intacto y los intereses cubanos podrían encaminarse adecuadamente, además de resolver sus graves problemas internos con la ayuda de la prometida “apertura de Trump”. En estos planes había dos perjudicados: Por un lado Nicolás Maduro, que sería sacrificado por La Habana; por otro lado, la oposición política cubana de Miami, que vio con muy malos ojos la oferta de Trump para una nueva apertura con la dictadura castrista. Era como sacrificar a Cuba por Venezuela.

Pero el exilio cubano hizo valer la fuerza que actualmente tiene ante la administración Trump, descarrilando los planes de la “nueva apertura” prometida. La isla rápidamente había aceptado sin chistar, promoviendo los contactos en Oslo. Donad Trump sacó sus números de inmediato. No era negocio ganar la voluntad de los venezolanos a costa de perder la de los cubanos en la Florida. En las pasadas elecciones, Trump ganó el estado de la Florida por el voto cubano, porque los cubanos que votaron por Trump fue mayor que la diferencia de votos entre el candidato republicano y la candidata demócrata. Si se “abría a Cuba”, perdería la Florida.

Analizando el panorama que se presentaba, Nicolás Maduro por su parte envió su canciller a La Habana con vistas a recibir seguridades y garantías de apoyo de parte de Raúl Castro. Este, al ver frustrados sus planes de medio plazo en Venezuela, incentivaron al dictador venezolano a “elevar la parada” contra Guaidó, amenazando con adelantar las elecciones legislativas que eliminaría la Asamblea Nacional, tratando así de retomar la iniciativa perdida.

El presidente norteamericano por su parte, aclaró su posición de manera tajante y definitiva el pasado 20 de Mayo, día que se conmemoró un aniversario más de la creación de la República de Cuba, con un mensaje inequívoco de apoyo a la futura incorporación de la isla al concierto de naciones libres, democráticas e independientes, con la ayuda y el apoyo de EE.UUU.

Así las cosas, fracasada la negociación con los altos mandos chavistas por un lado y las conversaciones de Oslo por otro, sólo queda la opción de aplastar el chavismo de raíz, sea por una revuelta interna, o por una intervención militar de la coalición democrática latinoamericana que se opone al chavismo, con respaldo de la OEA y los militares venezolanos exiliados.

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NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Televisión Martí.​

¿Qué opción falta sobre la mesa?

El mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, habla al público durante un mitin en Caracas, el 20 de mayo de 2019. (Reuters).

Frederick Hulse, profesor de Antropología Física (Arizona, 1963), gustaba de ilustrar con anécdotas el método científico. A todos nos gustan las soluciones ingeniosas, advertía, pero su elegancia sola no las hace creíbles. Se cuenta que un hombre cuya tribu jamás había oído hablar del alcohol observó en su país el comportamiento de algunos europeos. Algunos bebían whisky y soda; otros, aguardiente y soda; y otros, hasta ginebra y soda. Cualquier cosa que bebieran mezclada con soda los emborrachaba. El hombre dedujo, con toda lógica, que beber soda emborrachaba.

Era la explicación más sencilla; pero las cosas pueden ser más complicadas de lo que parecen. En el caso de Venezuela, por ejemplo, uno podría deducir con toda lógica, que Fidel Castro y Hugo Chávez son los únicos esponsables por el desquiciado experimento político que ha hundido a ese país en la desesperación, o interpretar el caos social incrementado por el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, como un fenómeno cíclico provocado por la desigualdad social e inestabilidad política en la región. Desde luego que es necesario tomar en cuenta el papel que jugaron o juegan estos sujetos en el descalabro del país, pero no suficiente para evitar que se nos escape la clave menos visible del problema: la mezcla con el alcohol.

Así entendido, me parece suficiente sugerir que el desorden ya citado se revela como consecuencia o residuo de la conquista española, no germen o principio de las guerras de independencia, el caudillismo o el sinuoso proceso republicano de Hispanoamérica. Se trata, a mi juicio de un mal crónico en la formación de la sociedad peninsular heredado por sus descendientes en el Nuevo Mundo. Absolutismo político, dogmatismo religioso, anarquía colectiva, militarismo, economía vulnerable y volátil, ahogan los esporádicos brotes democráticos. La democracia no acaba de echar raíces en Hispanoamérica y el precedente histórico no ofrece pruebas de lo contrario.

Una cronología mínima del proceso que refiero podría elaborarse a partir del Congreso Anfictiónico de Panamá, convocado por Simón Bolívar en 1826 para sentar las bases definitivas de la Gran Colombia, la Patria Grande. Numerosos recuentos históricos suscriben, con diversos matices, que ahí se malogró el embrión de una comunidad federal perfectible. Como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia, el padre de la independencia o salvador de la patria no logra adoptar más tarde el papel de líder cívico. Algunos, muy pocos por cierto, son modelos de virtud ciudadana. Lucio Quincio Cincinato en Roma; George Washington en Estados Unidos; Máximo Gómez en Cuba; José de San Martín en Argentina. Bolívar, sin embargo, sucumbe al embrujo del poder, como César y Napoleón.

Pedro Juan Navarro (Colombia, 1936), se refiere a Bolívar como un hombre valiente, sabio y profundo, pero seducido por el sueño de una dictadura imperial, tendencia que siembra la desconfianza y lleva al fracaso del Congreso de Panamá. Perú rechaza la Constitución boliviana; Bolivia, que había adoptado el nombre de Bolívar, la rechaza también. José Antonio Páez, jefe militar de Venezuela, cierra filas con la oposición. Ahí se inicia su camino hacia la muerte. Navarro observa que a pesar de sus declaraciones republicanas Bolívar se refería a la democracia como “Una cosa tan débil que el mayor obstáculo la derrumba y la arruina”. Desconfiaba del proceso democrático porque, “No debe dejarse todo al azar y a la aventura de las elecciones”. Y finalmente creía que, “El gobierno democrático absoluto es tan tiránico como el despotismo”. Teología política que aprovecha el chavismo para invocar a Bolívar como precursor de un régimen absolutista en Venezuela, de la misma manera que en Cuba se invoca a José Martí como autor intelectual del castrismo.

Identidad quebrada con la que tropieza Estados Unidos y el grupo de Lima, negociadores punteros envueltos en unas enmarañadas negociaciones de signo provechoso para Caracas y La Habana. Duchos en prolongar el diálogo hasta consolidar su propósito, negociar una solución convencional de cambio pacífico de

gobierno con un adversario al margen de la ley pone de entrada en desventaja al que acata la voluntad del pueblo. Formados para reprimir y matar en nombre del Estado, los sicarios del Partido sortean las presiones políticas y económicas con drogas o negocios turbios, indiferentes a la escasez de alimentos o medicinas. Persisten, hasta que los americanos se cansan de perder el tiempo ante un daño irreparable, como ocurrió en Cuba.

Por ese camino será cada vez más difícil frenar la expansión cubano-venezolana en Suramérica. He conocido académicos, libros de texto, políticos, simpatizantes de Castro, muertos de risa por el presunto peligro del régimen castrista. La víspera de la invasión de Bahía de Cochinos, el Senador J. William Fulbright llegó a decir que “El régimen de Castro es una espina en la piel, no una daga en el corazón” (Hugh Thomas, 1971). Muchos años después, la analista del Pentágono, Ana Belén Montes, llegaría más lejos al afirmar que Cuba no era un peligro para Estados Unidos. Ladina afirmación de una dama cautiva. Escuálida isla, no era peligro por si sola, pero dejó de serlo cuando los soviéticos instalaron misiles nucleares en su territorio. Esa engañifa está en el manual de operativos que saben como envenenar las aguas o engatusar a un ayatollah iraní, con la misma cuerda que intentaron meter a Nikita Kruschev en un conflicto nuclear con Estados Unidos.

Esto se está pareciendo un poco al hombre cuya tribu confundió la soda con el alcohol. Todas las opciones están sobre la mesa, pero las amenazas parecen cosa de amateurs; guapería coloquial criolla manoteando y amenazando al rival sin entrar a fondo, hasta que cada cual se vaya a casa sin que corra la sangre. Si George F.

Kennan viviera se moriría de vergüenza. Aquí queda poco por hacer. Cometeré el atrevimiento de predecir que las sanciones económicas no inducirán el cambio que algunos desean; el régimen venezolano se consolidará con Maduro u otro operativo designado por Cuba como parte de las negociaciones. Repoblarán Venezuela con una población clonada culturalmente. No puedo predecir que sucederá después, pero la consumación de la Patria Grande de Bolívar incluye Colombia, Bolivia y Ecuador, sinónimo de un poderío petrolero significativo. Toda comunidad humana tiene derecho a crecer, pero no a poner en peligro la seguridad del vecino. Canadá, por ejemplo, no representa un peligro para Estados Unidos, ¿se podrá decir lo mismo de una Gran Colombia inspirada en la revancha de Cuba por le derrota de España en 1898? Si ante un enemigo potencial todas las opciones han de estar sobre la mesa, ¿por qué no han armado a la oposición? Quizá no es buena idea, pero más tarde o más temprano tendrán que apagar el fuego.

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