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Arte y Cultura

Cundo Bermúdez, músico del silencio

"Los músicos", por Cundo Bermúdez

El autor celebra el centenario del gran pintor y da testimonio de su generosidad. Vea las imágenes al final del artículo.

Una mujer sentada sobre una escalera de tres patas, cuyos peldaños pudieran ser las teclas entreabiertas y suspendidas de un piano, sostiene una piña sobre la palma de una mano y posa la punta de su único pie sobre un reloj cuyos números aparecen trastocados e incluyen uno extraño al mecanismo convencional: el número 15 ocupa el lugar del 6; el 9, el del 12; el 7, el del 3.

El reloj, que cuelga entre el plano superior y el inferior del espacio donde esta mujer reina, no amenaza derretirse pero traiciona toda presunción de esfera y ensaya contornos de tubérculo o fruta. Frente a ella, otra mujer con aspecto de mazorca apunta con el dedo índice de su única mano visible al reloj chueco. Se diría que ambas se comunican por señas: no tienen boca.

Una tercera mujer, de cuyo cráneo brotan gajos y hojas, se asoma a un espejo que a veces la refleja y a veces no. La blusa transparenta un pecho, y el pecho no oculta un pezón mínimo pero erecto, acaso por el roce involuntario de la tela o la sospecha de que es contemplado. Espejo y mujer son parte de una mampara cuyo tercer bastidor muestra otra imagen de la susodicha, pero ahora brotando de su propia frente, entre dos hojas o pinceles cuyas cerdas dibujan el torso de su doble mental. Su mutismo es idéntico al de las mujeres anteriores.

Una cuarta mujer, a quien un pezón logra asomársele entre los pliegues de la blusa, exhibe, entre el cabello volcado hacia atrás y tirado hacia arriba, un ave que contempla a otra con las patas sumergidas en la taza de una fuente que semeja un cáliz. El ave nacida del cuero cabelludo de la mujer es poco menos que idéntica al ave bañista, pero ninguna de las tres parece ansiosa de emitir sonido: lo suyo es mirarse.

Una quinta mujer, de toca despampanante y perfil idéntico al de las anteriores, se acoda en una baranda de barrotes cuyas puntas enroscadas recuerdan parejas de novios que juntan las frentes, y contempla una ventana vecina, con dintel de medio punto y motivo floral. Dos grandes botellas depositadas sobre el alféizar revelan su contenido: hojas, pétalos y frutas, mientras una doble puerta inferior reproduce, como si la madera pujara por retoñar, grabados vegetales. Esta mujer apunta con un dedo a las botellas y, como las demás, no sólo parece haberse tragado la lengua sino la boca.

Ninguna de estas mujeres es otra, todas son la misma, y todas, también, me acompañan desde hace más de tres décadas, intercambiando silencios e invitándome a permitir que la cabeza se me llene de hojas, que los pájaros se posen en ella, y que de mi frente aflore el otro que también soy y que no siempre refleja el espejo. Invitándome a propiciar que los relojes se sacudan algunos números y adopten otros, que el teclado de los pianos no se extienda horizontalmente sino de arriba a abajo (o viceversa) e invite a subir por él; a que una sola fruta resuma a Cuba, y a que la delicadeza o maña del roce de la tela que empina el pezón rija mi relación con la poesía.

Estas mujeres son regalo de Cundo Bermúdez y representan una de las mayores muestras de generosidad de que he sido objeto. Llegaron a mi casa, procedentes de Puerto Rico, meticulosamente embaladas, y me extendieron una nota donde el pintor me manifestaba, con humildad pasmosa, su deseo de que el envío estuviera acorde con mis expectativas y me pareciera adecuado para acompañar la edición de un cuaderno de versos. La perplejidad y la alegría no fueron mayores que la gratitud, pero la perplejidad ya había hecho de las suyas.

Un día de 1978 me sorprendí balbuceando unos versos que procedí a anotar. No hice más que releerlos para comprender que había “improvisado” una décima, estrofa por la que nunca había sentido gran interés. El texto era tan insensato que debo de haberlo guardado entre las páginas de un libro o en la gaveta de mi escritorio: la irrupción había tenido lugar en mi centro de trabajo y me reprochaba que tan poca cosa me hubiera apartado de mis deberes. No pasó mucho rato sin que una segunda décima se me dictara con la misma naturalidad y predisposición al disparate. Ni pasaron muchos días antes de que otras me abordaran en los lugares más insospechados: desde la autopista hasta la bañera y la sala de cine. Era un asalto de personajes oriundos del folclor cubano, dicharachos, fragmentos de canciones, frutas, animales, personificaciones de la poesía y vislumbres de su naturaleza caprichosa, humor y melancolía; una amalgama sin pies ni cabeza cuyo verdadero autor no era yo sino mi abandono a los caprichos del ritmo y la rima.

La experiencia resultó tan avasalladora que me animé a compartir una fotocopia de aquellos versos con algunos amigos escritores que, lejos de ver en ellos un divertimento de pacotilla, me manifestaron su entusiasmo, adivinaron en la mezcolanza y el sinsentido criollos una trastienda noble, lo situaron en una corriente de la poesía cubana que se remonta a Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846) y me instaron a publicarlos. A esa segunda sorpresa se sumó una tercera: el poeta Justo Rodríguez Santos, exiliado en Nueva York, comentó que el cuaderno le recordaba la pintura de Cundo Bermúdez, un artista cuyo nombre había oído mencionar o leído en los diarios pero cuya obra me era desconocida. La sorpresa se tradujo en estupor cuando, semanas después, Concepción T. Alzola, narradora, lexicógrafa y folklorista exiliada en Miami, quien también había leído las décimas, me espetó: me recuerdan la pintura de Cundo Bermúdez. No demoré en buscar reproducciones de aquella obra con la que mis desvaríos parecían guardar un parentesco.

El cuaderno se publicaría tres años más tarde y en edición de autor: no fue fácil reunir los recursos para financiarlo. Joven aún, y lleno de ilusiones, le escribí a Rodríguez Santos preguntándole si sería una impertinencia dirigirme a Cundo Bermúdez y pedirle un pequeño dibujo para adornar la portada, un guiño gráfico. Rodríguez Santos, haciendo derroche de amabilidad, me facilitó las señas postales del artista, me instó a enviarle mis versos, a adjuntar una nota explicándole el origen de mi interés y se ofreció, él mismo, a escribirle, como preámbulo de mi gestión.

La respuesta del pintor no fue un dibujo sino cuatro, enormes, protagonizados por esas cinco mujeres que, por ser una sola y estar rodeadas de espejos, frutas, hojas, pianos, fuentes, escaleras, aves, mostrar un seno y no decir esta boca es mía, ilustraban, maravillosamente, el título del cuaderno: Mañas de la poesía.

El silencio de las mujeres de Cundo Bermúdez es proporcional a la musicalidad de sus cuadros, una musicalidad que excedió su afición a pintar flautistas, trompetistas, arpistas, guitarristas, contrabajistas, bongoseros y bailadores, y abarcó desde la gestualidad armoniosa de las demás figuras hasta el juego de planos: la musicalidad del silencio.

Las agujas inocentes
equivocaron la hora
a los pies de la señora
de los diálogos pendientes.
Los números, impacientes,
cambiaron de posición;
el piano dio un escalón;
la escalinata, un acorde.
Pero la dama, discorde,
rehusó la conversación.

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Testimonios de "jineteras" cobran vida en teatro de República Dominicana

Detalle del cartel de la obra "La noche parió una jinetera"

Una obra de teatro con historias de cinco "jineteras" cubanas se estrena este jueves 20 en Santo Domingo, República Dominicana. El título es el mismo del libro de testimonios que le sirvió de trampolín: La noche parió una jinetera.

La autora del libro y de la versión teatral es la cubana Olga Consuegra, que desde 2001 vive en ese país, y en La Habana fue guionista de telenovelas como Sin perder la ternura (1991) y La otra cara (2000).

“En 2006 le pregunté a un amigo mío cubano: ¿tú crees que en República Dominicana haya jineteras? Me dijo: no sé, pero podemos averiguarlo”, cuenta Consuegra. “Empezó a llamar a casas de citas y a casas de masajes --que no responden llamadas de mujeres--, hasta que encontró una [prostituta], que era de La Habana, y ella me dio la primera entrevista”.

El libro "La noche parió una jinetera".
El libro "La noche parió una jinetera".

Después se pasaban su contacto entre amigas y pudo conversar con santiagueras y con algunas del centro de la isla y de distintos puntos del país, explica la autora. Al final reunió 23 testimonios: 22 de jineteras cubanas y uno de un dominicano, “al que irónicamente le puse El Príncipe Encantado, dueño de una de esas casas de citas, para que el lector tuviera una idea de cómo se maneja el negocio aquí [en Dominicana] y cuál era el marco donde se desenvolvían muchas de estas mujeres”.

​Dos de las testimoniantes estaban de paso en Dominicana, pero conocían a una de las que vivían allí. Consuegra fue al centro turístico donde se hospedaban y también aceptaron la entrevista.

“De alguna manera todas empezaron a practicar la prostitución en Cuba, por motivos muy diferentes y diversos, excepto la primera, que empezó aquí” indica la escritora desde Santo Domingo. Cuando hablaron con ella, algunas ya habían dejado el oficio, “pero todas fueron muy honestas al contarme sus historias”.

Habla Olga Consuegra
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Una fue a Dominicana con una promesa de trabajo que nunca se cumplió, relata Consuegra, y de pronto se vio en la calle sin poder regresar a Cuba.

“Incluso la sacaron del lugar donde estaba viviendo y se fue a un bodegón --aquí a las bodegas las llaman “colmados”—y se sentó ahí, sin saber qué hacer, con sus bultos, no tenía dinero, no podía pagar un alquiler en ninguna parte, y una señora que la veía con frecuencia en el colmado le dijo: ven conmigo, a mi casa”, cuenta la autora. “Al día siguiente le habla que su comadre tenía un negocio… y así es como tuvo que empezar”.

En Monologo de una p…, uno de los testimonios del libro llevados a la versión escénica que se estrena el jueves, y de hecho el que cierra la obra, la mujer da, según lo califica Consuegra, “su filosofía de la vida”.

“Ponía de ejemplo que hay tipos bien preparados, inteligentes, con talento, que trabajan para un jefe mediocre, y sin embargo comprometen toda su preparación delante de ese hombre diciéndole: “Qué bien le va a usted, jefe, usted si sabe lo que está haciendo, ahora si vamos a tener éxito…”, recuerda la escritora, y continúa citando a la mujer: “Siguen el mismo juego que seguimos nosotras con un cliente, hacerle creer cosas que él sabe que no son ciertas. Mira, hay cosas que se quitan con agua y jabón, y es más difícil prostituir tu mente que prostituir tu cuerpo”.

Elenco de "La noche parió una jinetera".
Elenco de "La noche parió una jinetera".

​Son historias diversas, insiste Consuegra.

“Por ejemplo, hay una que se dedica a hacer sadomasoquismo aquí, o se dedicaba entonces, porque el libro lo escribí en 2006”, explica. “Nació producto de una violación; decía que la engendraron a golpes y que no sentía el dolor. Para la madre, ella era el recordatorio de lo que no debía haberle pasado, y la golpeaba. Desarrolló un umbral de dolor alto porque aseguraba que su mayor venganza cuando la madre la maltrataba era no llorar; transpirando, ahogada, pero sin una sola lágrima”.

¿Hay algún denominador común entre todas estas cubanas que te dieron su testimonio?

El denominador común de las 22 fue el periodo especial, “la forma más elegante de decir que nos íbamos a comer un cable”, responde Consuegra. “Entonces cada quien buscó una salida, y ellas encontraron ese camino”.

¿De dónde sale el titulo?

“Estaba hablando con una de ellas y me dice: “Aunque tú no lo creas, esa noche de sábado nació una jinetera”. Al oír la grabación me detengo ahí y digo: nació… parió...”

El volumen ha tenido cinco ediciones, una de ellas por la Editorial Aduana Vieja de Valencia, en España, subraya la autora. Ahora está disponible en Amazon.

Olga Consuegra y Joyce Roy, el director de la versión teatral.
Olga Consuegra y Joyce Roy, el director de la versión teatral.

​Joyce Roy dirige la versión escénica de La noche parió una jinetera en Studio Theater, del Acrópolis Center de Santo Domingo, y el elenco está integrado por Lumy Lizardo, Beba Rojas, Gabi Desangles, Mavel Paulino, el cubano Orestes Amador en el papel del transexual Rose, y Luis Minervino. Este último interpreta a un hombre que conversa con las prostitutas y es el hilo conductor de la trama.

“Creé la figura de un periodista que hace el mismo trabajo que hice yo cuando fui a escribir el libro”, explica Consuegra. “En la práctica no fue así, porque cada una me daba la entrevista en un lugar diferente, pero ahora, cuando el espectador entra a la sala, es como si entrara a una casa de citas, y este periodista que supuestamente va interesado en la vida de ellas, en el fondo lo que está buscando son respuestas a su propia vida”.

Muere Zeffirelli, uno de los últimos grandes maestros del cine italiano

El director italiano de cine, Franco Zeffirelli, falleció a los 96 años el 15 de junio de 2019. En la foto en un acto en su honor en la embajada británica en Roma, 2004. (REUTERS).

Franco Zeffirelli, quien dirigió a uno de los mayores cantantes de ópera y llevó a Shakespeare a las masas que gustan del cine, murió a los 96 años.

En un comunicado, su fundación dijo que murió el sábado en Roma. "Ciao Maestro", dijo el anuncio.

Más apreciado por el público que por los críticos, Zeffirelli fue el último de la generación de gigantes del cine italiano que maduró después de la Segunda Guerra Mundial, como Federico Fellini, Luchino Visconti y Vittorio De Sica, indicó hoy la agencia Reuters.

Dirigió más de dos decenas de películas y trabajó con estrellas como Elizabeth Taylor, Richard Burton, Laurence Olivier, Alec Guinness, Faye Dunaway y Jon Voight.

"Franco Zeffirelli se fue esta mañana. Uno de los hombres más grandes de la cultura mundial", dijo en Twitter Dario Nardella, alcalde de Florencia, donde nació el director el 12 de febrero de 1923. "Adiós querido Maestro, Florencia nunca te olvidará", agregó.

El viceprimer ministro Luigi Di Maio dijo que Zeffirelli" seguirá en los corazones y la historia de este país".

Las producciones de ópera de Zeffirelli en el escenario incluyeron a cantantes como Maria Callas, Plácido Domingo, Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Renata Scotto y José Carreras.

En una entrevista de 2013 para celebrar su cumpleaños 90, dijo que el público general lo recordaría por su película "Romeo y Julieta" de 1968, por la miniserie de televisión "Jesús de Nazaret" de 1977 y por "Hermano Sol, hermana Luna" de 1972, su tributo a San Francisco de Asís.

"Romeo y Julieta", una de las varias obras de Shakespeare que Zeffirelli llevó a la pantalla, fue nominada al Óscar a Mejor Película y Mejor Director. Su "Hamlet" de 1990 fue protagonizada por Mel Gibson.

En 1994 Zeffirelli, quien dirigió varias producciones en el Covent Garden de Londres, fue nombrado caballero por la Reina Isabel II por sus "valiosos servicios a las artes británica".

Un católico devoto y homosexual, reveló en su autobiografía que fue seducido por un sacerdote cuando era adolescente. Pero dijo que no fue abusado, porque no hubo violencia. Zeffirelli odiaba la palabra "gay", afirmando que era "indecorosa".

"¿Cómo pueden decir que Miguel Ángel y Leonardo da Vinci eran 'gays'?", preguntó al diario italiano Corriere della Sera. "Ser homosexual conlleva un gran peso de responsabilidad y difíciles elecciones sociales, humanas y culturales.

[Co información de la agencia Reuters y redes sociales].

Francia premia al jazzista cubano Roberto Fonseca

El jazzista cubano Roberto Fonseca, durante una actuación en el Museo de Bellas Artes, La Habana, 2011. (AFP).

El pianista cubano Roberto Fonseca recibió este jueves la Orden Oficial de las Artes y las Letras”, otorgada por la Embajada de Francia en Cuba.

En un comunicado en la página de Facebook, la embajada felicitó al compositor, arreglista, intérprete y multi-instrumentista de jazz: “¡Felicidades a Roberto Fonseca! En el nombre del Ministerio de la cultura francés, el embajador de Francia en Cuba, Patrice Paoli”.

La legación diplomática informó de la entrega de la condecoración de “Officier dans l’ordre des Arts et des Lettres” (…) en reconocimiento de su magistral obra musical”.

Roberto Fonseca, (La Habana, 1975), proviene de una familia de músicos: es hijo del percusionista cubano Roberto Fonseca y la cantante Mercedes Cortés Alfaro y sus hermanos son Emilio Valdés (batería) y Jesús «Chuchito» Valdés Jr. (piano).

Fonseca es autor de casi una decena de álbumes de jazz entre los que destacan Roberto Fonseca: “Tiene Que Ver”, (1999); “Temperamento: En el Comienzo”,(1999); “Roberto Fonseca: No Limit”, (2001); “Roberto Fonseca: Elengo”, (2001) y “Roberto Fonseca: Zamazu”, (2007), entre otros.

Un tema del pianista fue seleccionado a “The Playlist: 21 canciones del recién terminado 2016”, la selección que hacen los críticos musicales del diario The New York Times cada viernes, y que recogen los temas más significativos que encuentran a su paso.

El track fue “Family”, recogida en su disco, ABUC, de 2016.

Entre los ‘Officier’ premiados por Francia, desde 1963 a la fecha, aparecen artistas de renombre en el mundo de la música como Dexter Gordon, (1986); Elton John, (1993); Van Morrison, (1996) y Marion Cotillard, (2016).

La resurrección de Massaguer

Cartel de Massaguer en la Revista Life

Ochenta años han pasado desde la última vez que la obra del legendario caricaturista, ilustrador y editor Conrado Massaguer (Cárdenas, 1889, La Habana, 1965) fuera exhibida en los Estados Unidos, para ser más exactos, en la ciudad de Nueva York. Ahora, 54 años después de su desaparición física y gracias a la generosidad de la coleccionista Vicky Gold Levi, quien ha donado unas cien piezas del icónico artista, por primera vez, el Estado de La Florida acoge su obra que, desde el 7 de junio de 2019 hasta febrero de 2020 se expone en la sala museo The Wolfsonian-FIU, 1001 Washington Ave., en Miami Beach con el código postal 33139.

Por primera vez también, por lo menos tres generaciones de cubanos podrán conocer su obra, asistiendo a la resurrección de uno de los hijos pródigos de una isla que, a pesar de todo, nunca ha dejado de ser pródiga ella misma a la hora de dar talentos al mundo.

Cuenta el periodista Luis Felipe Rojas que alguien a su vez le contó que cierta habanera noche, sentado a la barra del Floridita, un hombre alto y delgado se afanaba con un lápiz sobre un pedazo de cartulina mientras, a distancia, otro hombre lo observaba discreta y atentamente. Una vez el del- gado señor terminó su faena, el observador se le acercó, pidiéndole que le mostrara el trabajo. Esa cálida noche, entre vapores de alcohol y hierba- buena, nacía la primera de una larga lista de ilustraciones que Conrado Massaguer realizaría para la revista Life.

Pero no fue sólo Life. A finales de 1920, Massaguer, tuvo que abandonar la isla de Cuba y refugiarse en México, huyendo de la dictadura de Gerardo Machado. De México pasó a Nueva York, donde su horizonte se amplió considerablemente, llegando a colaborar con revistas de tiradas nacionales como Vanity Fair, Cosmopolitan, The New Yorker, entre otras.

Se codeó con lo que más valía y brillaba de su época, desde el Rey de España hasta el presidente Roosevelt, pasando por Albert Einstein y Walt Disney, entre otros, cautivados por la agudeza de sus sátiras políticas, además de la calidad irrefutable te Social y la mítica Carteles, revistas creadas, dirigidas y mayoritariamente ilustradas por él.

Habiendo vivido el exilio durante el “machadato” y sufrido por el “cuartelazo” dado por el general Fulgencio Batista, Massaguer decide apostar cautelo- samente por el nuevo proyecto revolucionario, pero su expectativa pronto se vio frustrada cuando Fidel Castro ordenó cerrar la revista Carteles y Conrado Massaguer se vio, literalmente, enterrado entre los folios del Archivo Nacional, a donde lo enviaron "revolucionariamente" a purgar el pecado de su talento. No soportó mucho tiempo. Este hombre, considerado en el mundo entero un icono de la ilustración, moriría en 1965.

Otra vez, Massaguer se vio obligado a abandonar Cuba, pero ya no iba solo, con él, iba la leyenda que sobre su genialidad creativa se había ido tejiendo alrededor de su obra y de su nombre.

Los nueve récords mundiales de este cubano en un libro

Jorge Mario García, recordista mundial de inmersión en apnea, autor del libro "Profundamente, mi vida". (YOUTUBE).

El campeón del mundo de caza submarina y multirecordista mundial de freediving -o inmersión libre-, Jorge Mario García, es un cubano afincado en Miami, quien luego de más de medio siglo de experiencias en el mar, ha decidido relatar un conjunto de eventos que le han marcado en su vida, en un libro titulado de Profundamente, mi vida.

“Cuento cosas que me han sucedido en mi vida en general, no sólo en el mar, sino sobre todo fuera del agua, que es donde más tiempo he estado. Soy inversionista y pescador submarino. Aunque intento ser un pez soy humano”, dijo, con el humor que le define y que desborda en el libro.

En el programa de Radio y Televisión Martí, Karen a las 8, conducido por la periodista Karen Caballero, García narró algunas de las anécdotas en que se basa Profundamente, mi vida.

El buceo libre es un deporte extremo, con diferentes categorías que han ido aumentando con el paso del tiempo, cuya clave es el dominio de la apnea, la suspensión voluntaria de la respiración bajo el agua, descendiendo a las profundidades y nadando largas distancias.

A partir de 1989, García implantó 9 récords mundiales de inmersión en apnea.

“Siempre he querido compartir mis conocimientos y experiencias. Por eso escribí Profundamente, mi vida”, que el pasado domingo salió a la venta en Amazon.

“Te confieso que yo nunca había escrito nada. Qué lástima que escribir sea tan estático porque la verdad es que he descubierto que me encanta, le he cogido el gusto de una manera increíble”, tanto así que ya está preparando un segundo volumen de sus memorias, “con historias que no conté en el primero”, adelantó.

“Yo creo que he tenido una vida bastante intensa. Soy de la idea de que siempre se aprende, de todo se aprende si uno quiere, y como he tenido la suerte de experimentar muchas vivencias, he contado aquí una buena parte. Unas veces en serio, otras en jarana, unas llorando y otras riendo, el lector puede sacar algún provecho de estas 35 historias que contiene el libro”, manifestó.

En la contraportada, el galerista Juan Sarracino, ha escrito lo siguiente: “Haciendo un cálculo conservador, diría que el autor de este libro, Jorge Mario García, ha pasado bajo el agua más de 2 años y medio sin respirar”.

“La verdad es que he estado bastante tiempo sin respirar. Pero aquí estoy, feliz de la vida, y gustoso de poder seguir haciéndolo”, expresó.

Luego de conquistar numerosos premios, García fundó en Miami la empresa Miami Blue Diving, con la cual se dedica a realizar excursiones marinas y enseñar caza submarina, actividades que antes había desarrollado en más de una docena de países, como Italia, España, Egipto, México, entre otros.

Con este volumen de breves relatos y hallazgos, García, quien sufrió un infarto mientras pescaba submarino y fue inmediatamente operado a corazón abierto, asegura que intenta “compartir conceptos de la vida toda, más allá del mar”.

Aunque García recalca que se trata de “un libro para un público general, no para amantes de la pesca y el freediving como pudiera creerse”, precisa que Profundamente, mi vida, está especialmente dedicado “a todos a todos los que en un momento creen que perdieron la fe y las fuerzas para seguir luchando”.

“Y algo muy importante: me interesa mucho incentivar a la gente a tener una vida sana, a vivir con calidad de vida. A esta altura de mi vida, es una de las cosas me más me motiva, y por eso también publiqué en este libro”, concluyó.

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