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Opiniones

Cuba, República y 20 de mayo

La bandera cubana es arriada en el Morro de La Habana el 20 de Mayo de 1902, a las doce del mediodía.

¿Qué pasó con la República? Pasó que no estábamos preparados para gobernarnos, como los hechos posteriores demostraron hasta la saciedad...

Al 20 de mayo de 1902 se arriba tras treinta años de guerra por la independencia, un fuerte cabildeo, para usar un término del presente, de los cubanos ante las autoridades norteamericanas, y una propaganda de los medios de prensa estadounidenses que precipitó la intervención de EEUU en 1898, luego de la explosión del Maine, dando pie a la Guerra hispano-estadounidense.

Estamos así ante la primera guerra de la historia desencadenada por la prensa y, me atrevería a decir, ante la primera manifestación de lo que después se conoció como la posmodernidad.

Vale la pena detenernos en don Tomás Estrada Palma, el primer presidente de la República. Estrada Palma viene desde la Guerra de los diez años, fue presidente de la República en Armas, del 29 de marzo de 1876 al 19 de octubre de 1877, y después de la firma del Pacto del Zanjón y el posterior fin de las hostilidades fue uno de los organizadores, junto a José Martí, del movimiento de emigrados cubanos en Estados Unidos y del Partido Revolucionario Cubano. Hombre de confianza de Martí, tras su muerte el 19 de mayo en los inicios de la Guerra de 1895,don Tomás asume el mando del Partido y tuvo a su cargo la organización de los envíos de avituallamientos y armas a las tropas insurrectas en la isla. De modo que al ser elegido presidente, con el apoyo entusiasta de Máximo Gómez, no era ningún advenedizo ni alguien ajeno al ideario de los independentistas como se ha pretendido.

Sin dudas, el hombre ha tenido muy mala prensa, pero realmente no fue un mal gobernante, fue sobre todo el más honesto de nuestros mandatarios. En nuestra historia los peores, los de más mala prensa, suelen ser los mejores, y los mejores, los de mejor prensa, suelen ser los peores. En el primer caso tenemos a Estrada Palma y en el segundo a Fidel Castro que ha tenido, y tiene aún, la mejor prensa del mundo.

¿Qué pasó con la República? Pasó que no estábamos preparados para gobernarnos, como los hechos posteriores demostraron hasta la saciedad, que lo ideal para Cuba hubiese sido un régimen autonómico, que las guerras por la independencia fueron en alguna medida guerras civiles, que nunca hubo más de tres mil hombres sobre las armas en esas contiendas, por lo que no era en verdad un anhelo popular sino un anhelo de las elites criollas imbuidas del ideal emanado de la Revolución francesa.

Pasó también que esas elites fueron escabechinadas en la primera guerra, 1868-1878, y que en la segunda (entre la una y la otra no dejó de haber hombres sobre las armas, aunque fueran bandoleros como Matagás y Manuel García que finalmente murieron como oficiales del Ejército Libertador), gracias al ideario martiano, prevaleció junto a lo independentista una visión acentuadamente social del conflicto y, en consecuencia, populista del devenir nacional que marcaría la República que nace el 20 de mayo de 1902, tras dos años de ocupación norteamericana.

Paradójicamente, la modernidad nos mata. Nunca fuimos una nación atrasada como se ha querido vender. Dar acceso al voto a grandes masas de analfabetos, desposeídos y ex esclavos no ayudó mucho a la estabilidad de la República que surge más como democracia social que como régimen constitucionalista que velara efectivamente, no por la mayorías como erróneamente se asume, sino por las minorías.

Tenemos que una gran parte de la masa electoral saltó en el tiempo, barco negrero y Atlántico mediante, de los estadios tribales, sin sentido de la propiedad, a una sociedad supramoderna regida por la propiedad, de lo poligámico a lo monogámico, del politeísmo, y el polidemonismo en muchos casos, al monoteísmo. El catolicismo y el imperio español supieron acomodar mucho mejor, dado que ambos eran sistemas tradicionalistas, tan jerárquicos como los sistemas subsaharianos, con la fragmentación y la ruptura psico-religioso-social que significó para aquellos individuos la migración forzada, brutal sin duda alguna, de un mundo al otro, de un tiempo mítico a un tiempo histórico; de la ancestralidad a la modernidad.

La República que nace en 1902 es mayormente masónica, laica y, en algunos casos atea, hija degenerada del iluminismo y la razón. Más apegada a Juan Jacobo Rousseau que a John Locke. Imbuida del romanticismo revolucionario que la muy desconocida Constitución de 1901 logró por un tiempo mantener refrenado.

Pero, no nos confundamos. Esa fecha de mayo vale celebrarla como nuestra gran fecha porque, dado el devenir de los acontecimientos, ya no había otra opción que la independencia por la que habían peleado, muerto y matado una buena parte de la población cubana y porque, para colmo de fortuna, la República que nace el 20 de mayo de 1902, nace bajo el ala protectora del águila imperial norteamericana. Esa fecha, contrario a lo que se ha dicho, es la realización del sueño de Martí, aunque, ya sabemos, los sueños no suelen ser la realidad, sino su anticipación aproximada.

El problema no era la Constitución, que nos dimos en 1901 la mejor de todas nuestras constituciones; influida sin dudas por la carta norteamericana. El deseo de legislar, de apegarnos a una carta magna, no nos faltó. Tenemos así, en la Guerra de los diez años, probablemente el único y patético caso en la historia de un Senado y un Congreso moviéndose con las tropas a lomo de mula, de sesiones legislativas que se daban literalmente bajo las balas, de un poder militar maniatado ante un poder civil que retardaba o hacia fracasar las acciones guerreras. ¡Se imaginan, exagerando un poco, una tropa mambisa que decide la conveniencia de emboscar una fuerza española con la Cámara detrás decidiendo si se debe atacar o no, mientras un legislador mambí suelta a viva voz un apasionado discurso dilatorio, en tanto, como era de esperar, la fuerza española se ha percatado y carga contra los mambises, y los legisladores que huyen con sus carpetas de papeles o los dejan esparcidos entre la maleza, con información clasificada sobre planes de ofensivas y envío de expediciones con hombres y pertrechos detallando fecha y lugar de desembarco!

Tenemos el caso de la destitución del presidente de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes, 27 de octubre de 1873, protagonizado principalmente por la Cámara de Representantes, y que fue uno de los hechos de mayor trascendencia y consecuencias negativas para la lucha por la independencia de Cuba.

Es decir, no nos faltó nunca un deseo y una voluntad legislativa, a veces a costa del ridículo, pero nos faltó la cultura que sostuviera ese deseo y esa voluntad. El intelectual e historiador Manuel Moreno Fraginals definió la cultura cubana como una cultura militar y marinera. El desarrollo de La Habana como importante ciudad en este hemisferio se debió más que nada a las expediciones guerreras que fueron a la conquista del continente primero y contra las huestes independentistas sudamericanas después, y a que el asentamiento urbano fue la base de operaciones del avituallamiento del sistema de flotas, creado para proteger los galeones españoles, que navegaban atestados de tesoros para la Corona, de los asaltos de los temibles corsarios y piratas, dando así lugar a una economía de servicios y a una sociedad que se manejaba como un barco o un campamento. Martí se lo advirtió a Gómez: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”.

Luego, debido al monopolio español, el resto del país pudo desarrollarse gracias al comercio de rescate y contrabando que las poblaciones del interior, incluyendo sus autoridades, mantenían con los corsarios y piratas.

Nuestra primera obra literaria, el poema Espejo de paciencia, escrito en 1608 por el canario Silvestre de Balboa y Troya de Quesada, escribano del cabildo de Santa María del Puerto del Príncipe, es un reflejo de esa realidad. Si se lee detenidamente el poema uno se percata de que el Obispo Altamirano en poder del pirata francés Gilberto Girón, muerto por el asalto de los lugareños que acuden en su rescate, específicamente a manos del negro Salvador Golomón quien le parte pecho y corazón de un lanzazo, había estado previamente en tratos no santos con el bandolero del mar.

Por otra parte, se ha dicho que la derogación de la Enmienda Platt marcó la mayoría de edad de la República, pero como ya preguntaba en mi libro de ensayo Mitos del antiexilio: ¿Qué clase de uso dieron los cubanos a los deberes y derechos que se adquieren con la mayoría de edad? ¿Es que fueron los cubanos unos adultos irresponsables, puesto que los hechos históricos muestran que a poco de ser mayores perdieron o entregaron alegremente la República? ¿Fue por consiguiente tan negativa para Cuba la Enmieda Platt como pretenden tirios y troyanos? ¿No ayudaría la Enmieda Platt más bien a preservar, a trancas y barrancas es cierto, pero a preservar en definitiva, a esa República? ¿De haber existido la Enmienda Platt en 1959 habría llegado al poder un Fidel Castro? ¿Se hubiese implantado un régimen comunista en la isla?

Tras el Tratado de París en 1899, y mientras Cuba elaboraba su Constitución en 1901, el Senado de Estados Unidos vota una enmienda que será incluida en la carta cubana: la Enmienda Platt. La misma tenía tres puntos importantes: la cesión de terrenos para el establecimiento de bases militares estadounidenses en suelo cubano, la prohibición al Gobierno de Cuba para firmar tratados o contraer préstamos con poderes extranjeros que pudieran menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna obtener por colonización o para propósitos militares asiento o control sobre ninguna porción de la isla, y el derecho que daba a Estados Unidos para intervenir con sus Fuerzas Armadas en Cuba con vista a proteger "las vidas, las propiedades o las libertades individuales".

Era la enmienda que nos garantizaba la protección bajo el ala del águila imperial de que hablaba más arriba, un valladar contra el romanticismo revolucionario, las dictaduras y los poderes extranjeros que terminarían finalmente devorándonos una vez derogada la misma.

Lo negativo es que los grupos cubanos de poder terminaron manejando el águila mediante la enmienda acorde a sus intereses de turno, águila como papalote artillado, planeando sobre las cabezas de los adversarios políticos del patio, lo que dio pie a numerosas e innecesarias intervenciones militares norteamericanas en Cuba.

Denominar la República como seudorepública es una manera pedestre de denigrar el pasado, de crear la falacia de que todo empieza con Fidel Castro cuando, en verdad, sería al revés, todo termina con Fidel Castro y el nuevo poder inaugurado en 1959.

Lo cierto es que, a pesar de la Enmienda Platt, no estábamos más supeditados a EEUU que lo que ahora mismo están Canadá y el resto de naciones del Commonwealth a Gran Bretaña, cuyos habitantes son y se consideran sin complejos, y a mucha honra, súbditos de la Corona inglesa. Pero, parece que eso era mucho para el exaltado y patriótico corazoncito de los cubanos que patalearon y patalearon hasta que, ay, se la quitaron. Ese sentimiento infantiloide es el que aprovecha el aparato de propaganda antimperialista para definir impunemente a la República como seudorepública.

Cuando los norteamericanos intervienen en la guerra en 1898 la economía cubana estaba arruinada y la población diezmada, por la ferocidad del conflicto. Recordemos la estrategia de tea incendiaria ejecutada por el generalísimo Máximo Gómez, política de tierra arrasada. Escasas regiones escaparon a eso, entre ellas Cienfuegos, el resto de los campos de Cuba era un páramo de desolación. Mi abuela materna María Quintana, que estuvo de niña entre los reconcentrados, me contaba que almorzarse una rata en aquellos tiempos era un lujo.

Pero, la administración militar del norteamericano Leonardo Wood, en el breve período de tiempo que va de 1899 a 1902, dejó instalado en la isla un eficaz sistema de educación pública; construyó una amplia red de ferrocarriles, carreteras y puentes, hizo mejoras en los puertos, edificó faros, modernizó la ciudad de La Habana y estableció planes para su alcantarillado y pavimentación; además de reorganizar el obsoleto sistema carcelario, formar una Guardia Rural profesional compuesta fundamentalmente de ex oficiales y soldados del Ejército Libertador, y estructurar una salud pública capaz de desarrollar una gigantesca campaña sanitaria en la que participaron los más prestigiosos epidemiólogos cubanos de la época como los doctores Carlos J. Finlay y Juan Guiteras Gener, entre otros, que dio lugar a la supresión del azote de la fiebre amarilla. No se explican de otra manera los extraordinarios índices de desarrollo que ya exhibía la isla en fecha tan temprana como 1910; recién salida de una guerra devastadora en vidas y haciendas.

Durante mucho tiempo conservé una foto del parque José Martí de Cienfuegos, en 1910, lleno de lujosos autos aparcados a su alrededor, bueno, todos esos autos eran del año, es decir, de 1910.

Por no hablar de la influencia en el terreno de las ideas políticas y las relaciones comerciales que eran más importantes y fluidas con Estados Unidos que con España; al menos desde la segunda mitad del Siglo XIX y hasta un punto en que mucho antes del año 1898, según el historiador Manuel Moreno Fraginals, el 90 por ciento de las transacciones comerciales isleñas se hacían con la vecina nación del norte.

Contrariamente a lo que se nos ha venido diciendo por parte de la historiografía en ambas orillas, y coincidiendo con Lydia Cabrera, Gastón Baquero y Orestes Ferrara, la Revolución del 33 es un desastre de tal magnitud que, con la caída del general Gerardo Machado, se desencadenan los problemas sin solución para la República, hasta recalar en las miasmas de 1959 y la peor tiranía padecida por pueblo alguno en el Hemisferio Occidental. La Revolución del 33 es un antecedente directo de la revolución castrista. Por ahí oyes el lugar común, repetido hasta la saciedad, de que sin Batista no hay Fidel. Yo te diría que sin el 33 no hay Batista, ni tampoco Fidel. Hasta el 33 prevaleció la República de los hombres de la independencia, la soñada por Martí, Maceo, Gómez, Céspedes, Agramonte, Francisco Vicente Aguilera y tantos otros. Es el periodo en que Cuba empieza a entrar plenamente en la modernidad, de grandes obras arquitectónicas como el Capitolio Nacional y la Carretera Central.

Pero a partir del 33 empieza la República de los revolucionarios, sin apego a la ley y con la voluntad de gobernar a punta de metralleta. A partir de ese momento sí tenemos efectivamente una República que se aleja de lo constitucional y apuesta decididamente por lo social; por una democracia social. La misma Constitución que nos dimos en 1940, tan cantada aún, es un ejemplo de cuán hondo habían calado en el imaginario nacional las reivindicaciones revolucionarias y sociales. Es un periodo de mucha inestabilidad política, de mucha violencia, de grupos gansteriles dirimiendo las querellas revolucionarias a tiro limpio en las calles, de la inauguración del terrorismo en la isla, del terrorismo a gran escala como método de lucha válido para alcanzar el poder.

Estos grupos parecen estar convencidos de que la República no era la de Martí y de que ellos, por decreto histórico, eran los elegidos para cumplirle el sueño a Martí. Por eso la sociedad no se alarma cuando Fidel Castro y su grupo asaltan el Moncada en 1953 y luego este, tan campante, le echa la culpa a Martí. Ellos sólo cumplían el mandato martiano.

Y de un Ejército y una Policía profesionales en la primera República, pasamos a un Ejército y a una Policía compuesta por revolucionarios en la segunda. Lo que ocurre a finales de los cincuenta en Cuba no es más que una revuelta de revolucionarios que querían el poder contra revolucionarios establecidos en el poder. Batista mismo no es otra cosa que un revolucionario. Castro y sus guerrilleros jamás hubiesen vencido al Ejército profesional de la primera República, uno que había peleado y se había fogueado, formado en una guerra real, no en escaramuzas como las libradas en la Sierra comparables, si acaso, al asalto de un bar en Chicago en los tiempos de Al Capone. El folclor y el furor de los barbudos castristas no hubiesen aguantado un raund a las eficaces y letales tropas del general José Miguel Gómez, más prusiano que cubano en cuanto a su formación militar.

Contaba el poeta Baquero que con la caída de Machado la Universidad de la Habana cae al punto de no recuperase nunca más, pues las cátedras no fueron ocupadas teniendo en cuenta el aval académico sino el aval revolucionario. Así que la degradación de la enseñanza universitaria en Cuba no la empieza Castro sino los revolucionarios del 33, Castro es más bien un producto de esa degradación. En consecuencia, el hombre nuevo en Cuba es bastante viejo, no lo inventa Castro, Castro mismo es un espécimen de hombre nuevo.

Con la Revolución del 33 se rompe el equilibrio entre el pensamiento de izquierdas y el de derechas, y viene a primar el de izquierdas, sin conciencia cabal de ello. Al punto que las lides electorales en la isla a partir del 33 se dan entre la izquierda y la izquierda. El supuesto ogro de la derecha isleña, Fulgencio Batista y Záldivar, no era finalmente más que un socialdemócrata radical. Pienso que ese desbalance, escoramiento ideológico a la izquierda, está entre los elementos que nos llevan directamente a la dictadura de Fidel Castro. Así, no sería descabellado afirmar que la Revolución del 33 culmina exitosamente en 1959 (a pesar del interregno de la Constitución de 1940 y los muy democráticos gobiernos auténticos de Grau y Prío). Es algo que sin dudas merece más estudios, pero me apunto a esa hipótesis. Castro culmina y recoge los frutos de lo que se había iniciado en el 33.

Lo menos que necesitaba Cuba era una revolución, la tesis de la revolución traicionada es falsa de toda falsedad, Castro ha sido el más eficaz y consecuente de nuestros revolucionarios, lo que ha logrado en Cuba es una auténtica revolución, si usted piensa que las revoluciones son buenas, ya es otra cosa, pero todas traen esa innombrable cuota de dolor y muerte, todas traen más problemas de los que supuestamente pretenden resolver, empezando por la madre de todas las revoluciones, la francesa. Excepto, claro, la Revolución norteamericana de 1775, que no sería en puridad una revolución.

En Cuba pasaba que había problemas políticos, que no eran nuevos, que venían del 33, y aún antes, pero esa Cuba, bajo Batista, es la que nos otorga la glamurosa Habana de Hollywood y la novelística de Guillermo Cabrera Infante, quien era, cómo no, radicalmente antibatistiano. Batista se iba mediante la solución electoral, seguramente amañada, pero solución al fin, de Andrés Rivero Agüero en noviembre de 1958. Curiosamente, algunos de los que entonces decían, ¡de solución electoral, nada, solución la Sierra!, no se cansan ahora de pedir elecciones a la familia Castro.

Generaciones de cubanos han sido adoctrinadas acerca de que en Cuba no hubo democracia antes de 1959, pero sí la hubo, ciertamente con interrupciones, conspiraciones, componendas golpes de Estado y revueltas, pero hubo democracia. Ahora, debemos decir que democracia no ha de ser otra cosa que un medio para arribar a un fin, el fin de la libertad, que puede haber democracia sin libertad, y determinadas dictaduras donde hay más libertad que en determinadas democracias. Así, en la Cuba de Batista tras el golpe de Estado de 1952, sin dudas una dictadura, había gran libertad, más que en muchas democracias latinoamericanas del presente. Tanta libertad había que la revolución castrista se hizo más en la revista Bohemia que en la Sierra Maestra.

La democracia, si no cuenta con frenos a las mayorías, degenera en demagogia, y la demagogia degenera en dictadura. Luego, la manera mejor de mantener la libertad sería dentro de un sistema político que se fundamenta en el imperio de la ley y la igualdad ante la misma, como manera de frenar los abusos del Gobierno y las mayorías, es decir, lo que se conoce como República constitucionalista y que ha prevalecido en EEUU, al menos hasta ahora, aunque eso pudiera estar cambiando.

En la República anterior a 1959 no hubo siempre democracia pero hubo siempre, con altibajos, libertad. En la Cuba posterior a 1959 ha habido una simulación de democracia pero nunca ha habido libertad.

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Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

Raúl, al igual que Fidel Castro "podría morir sin rendir cuentas por crímenes y errores de los últimos 62 años", alerta The Washington Post

Fidel Castro y Raúl Castro el 7 de diciembre de 1996, cuando juraron llevar el sistema comunista en la isla hasta el próximo siglo.

Raúl Castro, al igual que su hermano Fidel Castro puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo, alerta un columnista en el diario estadounidense The Washington Post.

Las sentencias definitivas para ellos requerirían una investigación similares a las realizadas durante las transiciones democráticas de Chile, El Salvador, Sudáfrica y Europa del Este pero "la salida cuidadosamente organizada de Raúl hace que tal ejercicio de justicia retrospectiva para Cuba sea poco probable durante su vida", indica Charles Lane, redactor editorial del Post.

La cobertura de los medios se ha centrado en lo que podría significar su retiro para el futuro de la isla, cuando en realidad "se debe prestar más atención a las implicaciones para el pasado de Cuba, específicamente, los crímenes y errores de los últimos 62 años del gobierno de Castro", considera el periodista.

"La transición de Cuba acerca a Raúl Castro, de 89 años, al día en que él, al igual que su hermano Fidel, quien le entregó a Raúl el control político total en 2011 y falleció a los 90 en 2016, puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo. en poder", dice Lane, especializado en política económica y fiscal.

En su columna semanal, destaca que Castro, a pesar de la imagen de abuelo y reformista que ha cultivado en los últimos años, "tiene más que un poco de sangre en las manos" y enumera varios hechos desde sus días en la Sierra Maestra, cuando fotografías muestran a Raúl vendar los ojos a un supuesto traidor momentos antes de que un pelotón de fusilamiento le quitara la vida; la supervisión de las ejecuciones sumarias de unos 70 presuntos ex policías y soldados de Batista, cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja; y la creación de los campos de trabajo forzado UMAP, dirigidos por las fuerzas armadas, bajo su mando.

"No existía tal justificación para los campos de trabajos forzados en los que 35.000 cubanos, en su mayoría hombres homosexuales, testigos de Jehová y otras personas consideradas necesitadas de reeducación por el trabajo, fueron internados entre 1965 y 1968. Las condiciones eran brutales; unos 70 murieron por tortura y 180 se suicidaron", recuerda Lane.

"Raúl todavía era ministro de Defensa en la década de 1970, cuando las tropas cubanas intervinieron para proteger la dictadura marxista de Etiopía. Apoyaron al régimen en Addis Abeba mientras su líder, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, masacró a 10,000 oponentes durante el "Terror Rojo" de 1976 a 1978, y mientras cientos de miles murieron de hambre debido a la colectivización forzosa de la agricultura en Mengistu a mediados de la década de 1980", indica el artículo.

El columnista recuerda la participación de Castro en la Causa 1 de 1989 cuando fueron fusilados Arnaldo Ochoa, el General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez, de las FAR; y el mayor Amado Padrón, del MININT.

"Fidel y Raúl ejecutaron a cuatro de sus más allegados por cargos falsos de traición y tráfico de drogas, cuando el verdadero delito fue desafiar la autoridad de los hermanos Castro", apunta.

Lane menciona también que el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que perdieron la vida cuatro cubanoamericanos, estuvo a cargo de aviones militares cubanos bajo el mando de Raúl.

"No hay suficiente espacio en esta columna para los miles de cubanos (y otros) que murieron, enfrentaron encarcelamiento o sufrieron de otras formas, incluido Walterio Carbonell, un intelectual marxista negro encarcelado en 1968 por insistir en que la revolución haga más para combatir el racismo. Tampoco es posible desenredar la culpabilidad de Raúl de la de Fidel, su hermano mayor, dominante, que solía tomar las decisiones, pero que se apoyó en todo momento en la firme complicidad de Raúl", reconoce el columnista.

"La memoria y la verdad pueden impedir que Raúl Castro y sus sucesores dinásticos escriban su página en la historia sin oposición", escribe Lane quien llama la atención sobre el hecho de que el general de 89 años no parece preocupado y que su expresión al aceptar la medalla Orden de Lenin hace un par de años en la Embajada de Rusia en La Habana era "relajada y encantada".

"Era la mirada de un ganador", concluye.

Bahía de Cochinos: 60 años de historia

Luis González Lalondry, durante un evento en la Brigada 2506. (Roberto Koltun OCB/Archivo)

Hace unos pocos días acabo de cumplir 87 años y desde muy jovencito he estado luchando contra el comunismo, y ya en la Escuela Superior, contra el castrismo y lo que sabía que venía para el pueblo de Cuba: hambre, destrucción y muerte. Y, lamentablemente, así fue.

Al triunfo de la mal llamada revolución encabezada por el tirano Fidel Castro, me convencí más aún de que no había otra alternativa que continuar luchando dentro de Cuba, y cuando la muerte me rondaba, y la cárcel esperaba por mí a la vuelta de cada esquina, no tuve otra alternativa que tomar el camino del exilio y los muchos sinsabores del destierro en Miami.

En esta bendita ciudad me incorporé a las fuerzas de la Brigada de Asalto 2506, que combatió heroicamente, el 17 de abril de 1961, por la libertad de Cuba en Bahía de Cochinos, hasta la última bala, contra un ejército de 60 mil hombres, sin agua, sin comida, sin refuerzos, sin municiones, sin apoyo aéreo, solo con su patriotismo y sus ideales. Lo demás es historia que conocen, no solo los cubanos, sino el mundo entero, 60 años después.

Los jóvenes, y los que no eran tan jóvenes, que pelearon bravamente en Playa Girón, Playa Larga, Pálpite, Yaguaramas y San Blás, hasta la última bala y el último aliento, lo hicieron como lo están haciendo ahora los cubanos de San Isidro y los seguidores de José Daniel Ferrer en Santiago de Cuba, dándole la batalla a la tiranía en sus propias barbas, y donde más le duele: la opinión pública. Ahora cuentan con un instrumento decisivo: las redes sociales y el poder de la electrónica, que hace 60 años no se conocía. Tomaría tiempo, no sé cuánto, pero están llamados a triunfar.

No obstante, Bahía de Cochinos y su historia es una alternativa para seguirla, para estudiarla y para ponerla en práctica cuando las circunstancias así lo aconsejen, porque las dictaduras y los regímenes comunistas no se caen solos, hace falta tumbarlos, y la dictadura de la mafia que gobierna nuestro país a sangre y fuego hay que sacarla del poder, como los rumanos hicieron con Ceaușescu, los italianos con Mussolini y los alemanes, con la ayuda de los aliados, con Adolfo Hitler.

Le doy Gracias a Dios que quedé vivo en Bahía de Cochinos. Agradecido estoy de haber llegado a estos 87 años, porque muchos compañeros cayeron combatiendo en San Blas, en Playa Larga o en Playa Girón. No sólo lo siento por los hermanos de causa que cayeron combatiendo, lo siento también por los que de regreso al destierro de la cárcel han cerrado sus ojos sin ver ondear la bandera de la patria libre del comunismo y del maldito castrismo.

Yo soy de los que creo que la libertad de Cuba está en camino, sólo depende de los cubanos, si tienen el valor, la entereza y la decisión de conquistarla a golpe de coraje. San Isidro es el primer golpe, pero hacen falta muchos San Isidro, y millares de jóvenes que tomen el camino de los que han puesto esta barriada de La Habana Vieja en el mapa en estos momentos.

San Isidro es el camino, pero en todos los barrios de Cuba, en todas las ciudades de la Isla, en todos los repartos de nuestro país, en todas las provincias, para que el régimen y la mafia que detenta el poder se llene de miedo, ceda, renuncie y se vaya. Si no, han perdido el tiempo los líderes de esta heroica barriada, y los más de 40 huelguistas de Santiago de Cuba y UNPACU, encabezado por José Daniel Ferrer, que se jugaron la vida por lograr el objetivo final, que es la salida del régimen castrocomunista del poder, y la libertad de Cuba.

Para la historia de los pueblos, 60 años no es mucho tiempo, pero para los hombres y las mujeres que participan en la historia misma, es una eternidad. Y la hermosa gesta que comenzó hace años con los hombres de Useppa, luego se trasladó a las selvas de Panamá, y después a las montañas de Guatemala. El tiempo ha transcurrido vertiginosamente y la vida se ha ido acabando sin darnos cuenta.

Pero la historia está ahí. El régimen nefasto está ahí. Sólo hace falta un empujoncito más para acabar con la noche oscura que ha destruido nuestro país, ha separado nuestras familias y ha empobrecido doce millones de compatriotas. Por eso el momento es ahora, no es luego, ni después.

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