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Opiniones

Los verdaderos ladrones del patrimonio nacional

Varadero, aeropuerto.

Los peores traficantes, aunque la prensa oficialista señale a los turistas extranjeros, habitan el palacio de la Revolución.

Bajo el sugerente título “Espejitos por oro”, acaba de ser publicado un extenso reportaje a dos planas completas en la edición dominical del periódico oficial Juventud Rebelde (Hugo García, 20 de noviembre de 2016), donde se aborda el siempre interesante tema del tráfico de “objetos y documentos patrimoniales”de la Isla, y del trabajo conjunto de agentes de la Aduana y especialistas del Registro de Bienes Culturales (RBC) para impedir que “nuestras propiedades espirituales más valiosas sufran la expoliación internacional”.

Todo sugiere que el incremento del turismo extranjero, que se ha estado verificando en los últimos años, ha aumentado el comercio ilícito de objetos que son considerados bienes patrimoniales.

En el caso del reportaje de referencia, el aeropuerto internacional de Varadero, en la provincia de Matanzas, fue elegido por el autor para documentarse sobre el tráfico del patrimonio. Allí fue informado que gracias al celo de los especialistas en los controles de la frontera en esa terminal aérea “durante más de 20 años se han rescatado miles de piezas, con valor cultural y profesional”, que turistas extranjeros han tratado de extraer del país. La lista de objetos que suelen decomisarse a los traficantes y que son considerados como patrimonio cultural mueble incluye “documentos, fotografías, artes decorativas, pinturas, dibujos, esculturas”.

Varias fotografías que ilustran el trabajo periodístico muestran varios de esos objetos incautados a los pasajeros: una colección de relojes de bolsillo, un juego de tocador de plata del siglo XIX, una colección de armas antiguas, una placa conmemorativa, una tosca imagen en bronce de la Virgen de la Caridad, un libro antiguo, una colección de carteles de propaganda nazi de la Segunda Guerra Mundial y una colección de fotografías donde aparece el ex Invicto, difícilmente digna de ser considerada Patrimonio de la nación.

Un comentario desprejuiciadosobre el tema obligaría a aceptar el legítimo derecho que asiste a cada nación de proteger y conservar su patrimonio cultural. Sin embargo, el Decreto 118/83 (Reglamento para la Ejecución de la Ley de Protección al Patrimonio), que define en Cuba el patrimonio de la nación, resulta extremadamente ambiguo, parcializado y anacrónico.

Según refiere una funcionaria del RBC, citada en el reportaje, dicho Decreto establece que el patrimonio “está integrado por aquellos bienes, muebles e inmuebles, que constituyen la expresión o el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, y que tienen especial relevancia en relación con la arqueología, la prehistoria, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la cultura en general”.

Sin embargo, es sabido que las instituciones estatales encargadas de determinar la naturaleza y valor del “patrimonio de la nación” en una sociedad bajo un gobierno autocrático representan los intereses del Poder, y es éste en última instancia quien se reserva el derecho de decidir a voluntad sobre el uso y destino de ese patrimonio. De esta forma, los términos patrimonio de la nación y propiedad del Estado que definen de jure propiedades públicas, en el régimen castrista se funden en uno solo para definir lo que de facto es heredad particular del clan Castro.

Es por eso que reconocer acríticamente los derechos patrimoniales de los que ufana la prensa oficial equivaldría a consentir la arbitrariedad de ese Poder autocrático, representado en las instituciones a su servicio, en detrimento de los derechos de los cubanos sobre el patrimonio de la nación y el suyo personal.

Así, pongamos por ejemplo, mientras a un cubano común no se le permite el legítimo derecho de disponer libremente de bienes familiares, dígase un reloj de bolsillo de oro heredado de un abuelo –que no puede vender a un coleccionista extranjero so pretexto de que pertenece al “patrimonio de la nación”– o de otros de su propiedad particular, las instituciones del Estado se arrogan el derecho de disponer inconsultamente de los bienes patrimoniales de la nación, ya sea para medrar a su costa, para ocultarlos o para destruirlos.

La línea entre el patrimonio privado y el “nacional” se desdibuja cuando entran en juego los intereses del Gobierno, hasta tal punto que, si bien en la legislación abundan los términos que engloban al segundo, no se establecen definiciones para el patrimonio personal (patrimonio privado). Y esto es así porque patrimonio es sinónimo de propiedad, un término excomulgado del diccionario comunista. Por tanto, puede afirmarse que en Cuba el patrimonio privado mueble y comerciable no existe.

Pero, volviendo al reportaje del libelo oficial, ¿acaso las fronteras del país son el escenario principal de la depredación del patrimonio de la nación debido al auge del turismo y a los manejos de los traficantes internacionales? Afirmar esto sería ignorar que las mayores pérdidas patrimoniales se han producido desde y en el interior del país a lo largo de casi seis décadas, responsabilidad de la desidia de la cúpula de gobierno y de sus funcionarios. Los peores traficantes del patrimonio habitan el palacio de la Revolución.

Una parte de ese patrimonio ha salido al exterior justamente con el objetivo de alimentar las insaciables arcas del gobierno. Es el caso de ciertas pinturas de autores famosos, pertenecientes a los fondos del Museo de Bellas Artes, que han sido subastadas o vendidas a museos y coleccionistas privados extranjeros.

Otro hecho repetido ha sido la apropiación de piezas únicas y valiosas del Patrimonio para decorar espacios cerrados del Poder, como es el caso de la pieza arqueológica de arte aborigen taíno conocida como “Ídolo del Tabaco”, que adorna un salón de la sede del Consejo de Estado, muy lejos de las miradas de los legítimos dueños del patrimonio nacional.

También han desaparecido muchos de los carísimos muebles y adornos que decoraban los espacios interiores del Capitolio desde los años en que estuvo ocupado por la Academia de Ciencias. La feroz rapiña fue obra tanto de ciertos altos funcionarios y directivos de la Academia de Ciencias –como el muy respetable Antonio Núñez Jiménez, entre otros acreditados revolucionarios– como de decenas de investigadores y subalternos que dispusieron impunemente del patrimonio público.

Podría extenderse el listado del patrimonio fantasmal con el misterioso destino del diamante del Capitolio, o del desaparecido clavo de oro a los pies de la estatua de José Martí, en el Parque Central de La Habana. O habría que incluir entre los daños patrimoniales irreversibles la brutal destrucción de la Biblioteca del Senado, cuando en 1987 el Magno Orate concibió el (también) fallido proyecto de fundar en el mayestático edificio insignia de la República la mayor biblioteca de ciencia y tecnología de Latinoamérica.

El sistemático saqueo de los más antiguos y valiosos fondos de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, la primera de Cuba y una de las más ricas colecciones bibliográficas del país, hoy casi aniquilada, fue otro daño infligido impunemente al patrimonio histórico y cultural de la nación.

Podríamos abundar en ejemplos sobre la pérdida de otros muchos exponentes de nuestro patrimonio nacional, o añadir otros tantos comentarios sobre el laudatorio reportaje del periodista de Juventud Rebelde, pero sería tan inútil como redundante. El evidente (des)enfoque que exhibe en el tratamiento del tema demuestra que no tiene la menor intención de comprometerse a fondo.

Baste cerrar estas reflexiones con una breve consideración sobre el párrafo que inicia su trabajo y que, en referencia al comercio ilícito de bienes patrimoniales y los bajos precios en los que supuestamente los nacionales los venden a los turistas– reza textualmente: “Aquella práctica de cambiar espejitos por oro a inicios de la conquista española, cuando los aborígenes se deslumbraban ante las bisuterías, parece regresar en esta época”.

No, García, no ofendas la memoria colectiva de los cubanos. En realidad “aquella práctica” no está regresando “en esta época”, sino que data de unas tres décadas atrás, cuando a finales de los años 80 y principios de los 90, en el lapso breve de la agonía y muerte de la URSS y sus satélites, la amenaza real de un futuro sombrío comenzó a proyectarse sobre la Isla y desató una desesperada búsqueda de divisas, protagonizada por el llamado “Departamento MC”, de triste recordación, perteneciente al Ministerio del Interior.

Hasta entonces, solo unos pocos elegidos –funcionarios oficiales, técnicos y estudiantes extranjeros, y marineros– podían comprar algo en las “diplotiendas” y “tecnitiendas”, así que, aprovechando la miseria de casi la totalidad de la población de la Isla, se abrió en la avenida 31 del municipio Playa, en la capital, la famosa “casa del oro y la plata”, popularmente rebautizada como “casa de Diego Velázquez”, en las que “a precio de animal enfermo” el Estado usurero tasaba las joyas y objetos de oro y plata de miles de infelices que así perdieron lo más valioso de su patrimonio familiar, a cambio de “certificados” que les permitieran comprar unos pocos bienes de consumo imprescindibles, como ropas, zapatos o algún efecto electrodoméstico, a los que de otra manera no hubiesen podido acceder.

Señor García, no se pueden lanzar esas piedras cuando el tejado propio es de vidrio. Al parecer usted padece de una grave amnesia selectiva, pero con seguridad los cubanos jamás olvidarán la humillación y la pena de aquel abusivo trueque en que el más ladrón de los gobiernos que haya fustigado jamás a esta Isla se apropió del oro de los infelices “aborígenes”a cambio de algunos deslumbrantes “espejitos”.

Publicado originalmente en Cubanet el 23 de noviembre.

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Con 'Plantados', Granma también miente

La gorra que promociona el filme Plantados en La Habana Facebook del realizador Lilo VIlaplana

El periódico oficial del régimen castrista Granma, como en su momento lo fuera Revolución, son simples órganos de propaganda que procuran tener desinformada a la población al mejor estilo nazi de Joseph Goebbels, de que una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.

Hace unos días un periodista de ese medio cumpliendo la política del régimen, atacó la película Plantados, que recoge algunos de los episodios más trágicos del presidio político cubano, con una existencia paralela a la de la dictadura, de 62 años.

El columnista afirma que el odio y el arte nunca han ligado, olvidando que las películas filmadas bajo el castrismo han sido propuestas que promueven el odio, como El Hombre de Maisinicú y Río Negro, dos bazofias que se destacan en una filmografía que ha servido sustancialmente a la división, sectarismo, miedo y la pugnacidad, realidades que han primado en Cuba desde que el totalitarismo se entronizó en el país.

En Plantados no hay odio sino un sincero interés por la justicia, de no ser así, el esbirro desertor habría sido ajusticiado.

He sido testigo en numerosas ocasiones del compromiso de la mayoría del exilio y de la casi totalidad de los ex prisioneros políticos cubanos por alcanzar la justicia, por eso la exclamación constante de muchos de ellos de “Justicia Si, Impunidad No, Venganza, tampoco”.

En cuanto el escritor José Antonio Albertini me envió el enlace del artículo de Granma bajo el subtítulo, “Por qué ladran los perros”, sentí que tantas mentiras y mala intención merecían una respuesta, no a la persona que lo escribió, porque si trabaja en Granma es de suponer que sea un siervo de la dictadura, aunque en honor a la verdad bajo un gobierno tan falso es difícil distinguir quienes practican la doble moral de defender el infierno sin dejar de querer disfrutar los “males” de una sociedad abierta y libre.

Plantados recoge testimonios de personas que conozco, plasmados en documentales y libros publicados en el exilio contrarrevolucionario como lo califica el autor de la columna, una de las pocas verdades recogidas en la misma.

El articulista a la vez, elogia la película la Red Avispa, una trama cargada de falsedades en la que los protagonistas son los asesinos de cuatro jóvenes que volaban en avionetas desarmadas en aguas internacionales que buscaban a compatriotas perdidos en el mar por huir del régimen que el autor elogia.

Los héroes falsos son los de la red Avispa. Ellos han servido a un régimen de oprobio que ha conducido a la cárcel por motivos políticos a más de medio millón de personas, algunas recluidas hasta 30 años, como fue el caso de Mario Chanes de Armas, uno de los participantes del ataque al Cuartel Moncada y expedicionario del Granma, nombre que identifica al principal instrumento de propaganda de la tiranía.

Las escenas que se ven en Plantados son reales. Por ejemplo, los fusilamientos.

El autor de artículo no puede negar que en Cuba se fusilaron a miles de hombres, cientos en la Fortaleza de La Cabaña y muchos más en el resto del país.

Las ejecuciones en el camión tuvieron lugar en La Ceiba, Escambray. Allí fueron masacrados, julio 13 de 1963, 19 guerrilleros que llevaban más de dos años encarcelados sin juicio en el Reclusorio de Isla de Pinos, donde se produjeron numerosos asesinatos con bayonetas como fue el caso de Ernesto Díaz Madruga, asesinado por el sargento Porfirio González que de inmediato fue ascendido a subteniente, relata Enrique Ruano, testigo del crimen.

Plantados no es una mentira, incluida la dinamita sobre la cual durmieron miles de reclusos, lo menos cruento, la escena del calzoncillo, única vestimenta de centenares de presos, como lo vivió, entre otros cientos, Roberto Perdomo quien de 28 años en la cárcel, estuvo 22 en calzoncillos.

La película no miente. Sus escenas reproducen sucesos ocurridos en diferentes prisiones de la Isla bajo el castrismo, a través de los largos años de condena de quienes prestaron sus vivencias para que fueran recogidas por Lilo Vilaplana, un creador que, junto a su talento, tiene el privilegio de ser un hombre libre porque rompió con las ataduras de un gobierno que ha destruido muchos de los valores fundamentales de la nación cubana.

La Primavera Negra, entre fusilados y lacayos 

El aparatoso arresto del periodista y escritor Raúl Rivero el 20 de marzo de 2003 en su vecindario en Centro Habana.

Artículo de opinión

El castrismo como régimen ha sabido manejar muy bien los tiempos y oportunidades. Los conductores del totalitarismo cubano han demostrado contar con habilidades notables que van más allá de la represión y examen diario en todos los aconteceres de la vida.

Su control es absoluto pero también han manipulado con extrema habilidad a sus perros de presa, dispuestos siempre a morder una carnada como preámbulo de un banquete, y eso fue lo que repitieron en los primeros meses del año 2003. Ese año desplegaron una notable operación represiva de carácter nacional que llevó a la cárcel a 75 ciudadanos que trabajaban a favor de cambios democráticos en la Isla.

Todo parece indicar que a la dictadura le preocupó, particularmente a Fidel y Raúl Castro, que se estaba gestando una sociedad civil plenamente independiente.

Periodistas, maestros, sindicalistas, y otros sectores de la sociedad mostraban estar hartos del control gubernamental, todo esto en un marco de insatisfacción ciudadana en la que los jóvenes estaban cobrando un protagonismo peligroso, un coctel que los represores conocen es muy explosivo y puede conducir al fin del totalitarismo.

Esta compleja situación determinó la ola represiva del 2003 y como los factores contrarios se nutren recíprocamente, la crispación social se hacía más profunda y la disposición a correr riesgo de los ciudadanos se acentuó, de ahí el hecho de que numerosas personas asumieran posiciones contrarias al régimen y que otros tomaran la decisión de abandonar el país como ocurrió con los jóvenes que decidieron secuestrar la lancha “Baraguá” que hacía el recorrido entre La Habana Vieja y Regla.

La dictadura conocía la existencia de opositores y desafectos, muchos en prisión, aunque nunca haya admitido oficialmente que hay prisioneros políticos. Las cárceles siempre han estado sobradas de hombres y mujeres que por sus convicciones son encerrados, realidad que nunca le ha quitado el sueño a los dictadores, pero una sociedad civil ajena a sus propósitos y en expansión, es mucho más complicada, en consecuencia había que retomar el terror de los primeros años en su expresión más brutal, el paredón de fusilamientos.

Castro lo decidió así. No es lo mismo enfrentar opositores por valientes y decididos que fueran, que una sociedad civil alternativa que crecía sin cesar, sumado a un pueblo agotado por promesas incumplidas, una juventud frustrada por las limitaciones y la mediocridad de una clase dirigente cada vez más ambiciosa por disfrutar los privilegios del poder con una generación de relevo, sin la mítica del Moncada y la Sierra, desesperada por recoger los desperdicios que habían roído sus predecesores.

La dirigencia moncadista se convenció de retomar la consigna guevaristas de “fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando”, solo el terror al paredón, a los juicios expeditos con sentencia de muerte que eran revisados por el mismo tribunal que había juzgado en primera instancia detendría a los que querían cambiar el paraíso, o lo que es aún peor para el imaginario fidelista, aceptar que décadas de adoctrinamiento de sembrar odio hacia Estados Unidos no habían convencido al grupo de jóvenes que secuestró la lancha Baraguá.

Esa osadía, ese irrespeto a la gesta revolucionaria, fue lo que le costó la vida a Lorenzo Copello, Bárbaro Sevilla y Jorge Martínez. Fueron juzgados y fusilados nueve días después del arresto. Fue un acto ejemplarizante cuya enseñanza definitiva fue, “no puedes soñar con lo que sea ajeno a la Revolución”, un paralelo a aquella expresión, “dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”.

Los familiares nunca fueron notificados de la sentencia, la señora Ramona Copello, madre de uno de los jóvenes, dijo a Martí Noticias, “Un coronel me dijo el jueves que había que esperar que los papeles bajaran del consejo de estado, sin embargo al día siguiente, viernes, amanecieron muertos”.

El régimen siempre ha pretendido justificar sus crímenes alardeando del respaldo de sicarios ligados a la dictadura. Trató de confundir a la población con un documento firmado por incondicionales como Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, Eusebio Leal, Alfredo Guevara, entre otros, un texto que significa complicidad en un crimen de Lesa Humanidad como lo califica la Comisión Internacional Justicia Cuba, que preside el jurista mexicano René Bolio.

Democracia y Libertad

Una mujer cuelga una bandera cubana en su ventana. (JUAN BARRETO / AFP / Archivo)

Cada día hay más información que confirma que la historia es fundamental en la nutrición intelectual de un buen ciudadano. Conocer el pasado impide repetir los errores, siempre y cuando prime el sentido común, ya que más de uno de nosotros tiende a tropezar con la misma piedra, como se aprecia en algunos de mis compatriotas que gustan de los caudillos, aunque todavía estamos padeciendo sus consecuencias.

Reaprendí esa lección cuando leía un trabajo del exprisionero político cubano Emilio Llufrido sobre la Triple A, una organización importante en la lucha contra los regímenes de Fulgencio Batista y Fidel Castro. El ensayo lo publicará el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo.

En el estudio, me reencontré gratamente con un proyecto que auspiciaron demócratas cubanos y venezolanos en los años cincuenta del pasado siglo del cual me habían comentado en términos elogiosos luchadores por la democracia que, en diferentes instancias, habían conocido o participado del mismo, como fueron Rogelio Cisneros, José Ignacio Rasco y Orlando Bosch.

Bajo el mandato de Carlos Prío, 1948-1952, de cuyo gobierno fue canciller Aureliano Sánchez Arango, Cuba adoptó una política exterior de defensa de la democracia hemisférica, de ahí el respaldo al gobierno guatemalteco deJuan José Arévalo y la política condenatoria contra los regímenes de la dinastía Somoza en Nicaragua y de Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo, a lo que se sumó el rechazo al golpe militar de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela y el recibimiento y apoyo en la Isla de figuras notables del Partido Acción Democrática.

La difícil situación que enfrentaba la democracia en el continente determinó que políticos venezolanos y cubanos concluyeran que era necesario fomentar una conciencia de solidaridad ciudadana en el todo el hemisferio para enfrentar con mayores posibilidades de éxito a quienes creían que la fuerza y la subversión eran las herramientas idóneas para alcanzar el poder.

La idea contó con el respaldo de numerosos políticos del hemisferio, aunque sus principales promotores fueron Carlos Prío Socarras, expresidente de Cuba, Sánchez Arango, ministro de gobierno, y Rómulo Betancourt, ex presidente de Venezuela, que a la sazón se encontraba asilado en La Habana como consecuencia del golpe militar de Pérez Jiménez, ignorando, escribe Llufrido, que en muy poco tiempo la sede del evento iba a ser sometida por los militares y que estos serían sustituidos por un régimen totalitario de inspiración comunista.

Se celebró el “"Primer Congreso de la Asociación Pro Democracia y Libertad en América” en la capital cubana con el objetivo, escribe Llufrido, de enfrentar los dos flagelos que asolaban el continente, las dictaduras militares y la infiltración comunista. Al evento concurrieron muchas de las figuras más notables de la época, José Figueres, Luis Alberto Muñoz Marín, Juan Bosch, Carlos Andrés Pérez, Alberto Lleras Camargo, Salvador Allende, no se había radicalizado todavía, Eduardo Freí Montalván, Víctor Paz Estensoro, Juan José Arévalo, Arturo Frondizi y muchos más.

La condena al golpe militar en Venezuela y la decisión de solidarizarse con la reconquista de la democracia en aquel país fue unánime.Sin embargo, lo más valioso, fue el precedente que se estableció de demócratas del continente luchando juntos por la democracia en cualquier punto del hemisferio.

La democracia en América enfrentó un mayor peligro cuando sorpresivamente en Cuba se estableció un régimen totalitario inspirado en el marxismo. Ante esta nueva situación don Rómulo Betancourt retomó la bandera de la libertad hemisférica enarbolada cuando en Cuba había democracia y convocó a un Segundo Congreso Pro Democracia y Libertad en América, en esta ocasion, escribe Llufrido, “usarlo como sombrilla protectora para que los cubanos tuvieran su frente de lucha contra el castro comunismo”.

Una vez más, venezolanos y cubanos compartieron el liderazgo del encuentro. Sánchez Arango fue electo presidente de la Mesa Directiva del Congreso al que asistieron figuras importantes de la lucha contra la incipiente dictadura, entre otros, José Ignacio Rasco, Emilio Adolfo Rivero Caro y Tony Santiago.

Estos Congresos desconocidos por muchos y olvidados por otros, son un ejemplo de que es posible conciliar nuestros intereses a pesar de las diferencias y que es una obligación enfocarnos en la Libertad y la Democracia y demostrar que es posible recuperarlas si juntamos voluntades.

Los capataces criollos en busca del Nobel de la Paz

Cuba envía 230 médicos a Panamá. (Foto: MINSAP)

Con la crisis sanitaria originada por la pandemia del COVID-19, Cuba encontró la oportunidad nuevamente de promover el especulativo negocio de las brigadas médicas del Contingente Henry Reeve, en otros países que enfrentan la falta de profesionales de la salud. Los Estados receptores, deberían conocer el trasfondo de estos gestos solidarios.

En primer lugar, las condiciones abusivas de los más tres mil 700 colaboradores cubanos que laboran en ese Contingente alrededor del mundo.

Estos contingentes médicos incluyen profesionales sanitarios como epidemiólogos, laboratoristas, enfermeros y médicos intensivistas que son solicitados por los distintos países al régimen cubano porque no cuentan con personal calificado suficiente, para enfrentar situaciones de crisis como la actual pandemia y desean reforzar determinadas especialidades o necesitan cubrir la atención médica en lugares intrincados o de peligro, a los que los galenos locales se niegan asistir.

Según el régimen, a lo largo de casi 60 años se han enviado más de 400 000 profesionales de la salud a 164 países de casi todos los continentes para paliar los efectos de crisis epidemiológicas, desastres naturales y, en la actualidad, los provocados por la pandemia del COVID-19.

Los servicios médicos fueron el segundo ingreso más alto del Producto Interno Bruto (PIB) de la Isla en el año 2020. Este monto incluso está por encima de la industria del turismo, que es una de las finanzas más conocidas y fuertes del país pero que cayó estrepitosamente como consecuencia de la pandemia del COVID-19.

Desde marzo del año pasado, varias brigadas han viajado desde la Isla para enfrentar la pandemia en unos 40 países de África, Europa, Asia, América Latina y el Caribe.

Tras el calificativo de héroes dado por los medios de prensa oficialistas se esconde una labor que le reporta al estado-partido enormes sumas de dinero y extraordinarios dividendos políticos.

Los testimonios de decenas de médicos que han escapado de los contingentes, ofrecen claras evidencias de los abusos a los que son sometidos, entre los que resaltan, el impago de sus salarios, la confiscación de los pasaportes, el exceso de horas de trabajo y las humillantes restricciones de movimiento.

Según han explicado, el régimen cubano embarga entre el 75 y el 90 por ciento de los salarios, pero el hecho de que la suma restante sea mucho más de lo que ganan dentro de la Isla determina la aceptación de las condiciones esclavistas que se les impone.

Es oportuno recordar que los contratos firmados con los países receptores, violan de manera flagrante los convenios fundamentales e internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sin olvidarse del trabajo político e ideológico que se realiza como parte de una agenda, mucho más amplia.

Por otro lado, vale señalar que, en la totalidad de las naciones, los médicos no reciben copia de su contrato de trabajo, procedimiento que transgrede el Convenio n.º 154 de negociación colectiva. También se vulnera el Convenio n.º 95 sobre la protección del salario lo que evidencia flagrantes violaciones a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, así como a los preceptos contenidos en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Es importante subrayar que los integrantes de las referidas misiones enfrentan condiciones tipificadas como trabajo forzoso, de acuerdo al Convenio n.º 29 y según otros indicadores de la (OIT), donde se certifica que todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente, es en esencia una práctica que constituye una forma de esclavitud laboral.

Del mismo modo, se viola el Convenio n.º 105, sobre la abolición del trabajo forzoso que insta a las naciones a tomar medidas eficaces para su abolición inmediata y completa. Lamentablemente, muchos de los países que reciben tales servicios han firmado y ratificado el compromiso de cumplir tales reglamentaciones.

Los Gobiernos que contratan médicos cubanos deberían documentarse sobre los perjuicios que se ciñen sobre estos últimos, para evitar complicidades en una explotación de naturaleza claramente esclavista.

Estos trabajadores deben recibir un salario digno, que vaya directamente a sus manos y no a las arcas del régimen como ocurre.

El hecho de que hayan sido formados por la revolución, como suelen pregonar los personeros del poder no justifica el trato que reciben, amparado en la ilegalidad y el abuso.

No es mi propósito oponerme al hecho de ayudar a quien lo necesite. El asunto es que las motivaciones están distorsionadas por objetivos políticos que superan el marco de ese gesto filantrópico y establecidas sobre la expoliación de cientos de profesionales de la salud.

Recientemente se ha originado un enorme revuelo con la propuesta del Consejo Mundial por la Paz de nominar de manera formal la candidatura del Contingente Internacional de Médicos cubanos Henry Reeve al prestigioso Premio Nobel de la Paz. Es indignante escuchar esto cuando el propio Alfred Nobel dejó escrito en su testamento que el galardón debería ser adjudicado a personas y organizaciones que hayan hecho grandes contribuciones a la fraternidad entre los países, esfuerzos por la abolición de los ejércitos y en promover las negociaciones de paz en el mundo. El gobierno unipartidista y su contingente médico no encajan en ninguna de estas categorías, si en verdad se procede a un análisis desprejuiciado y exhaustivo no solo de la realidad en torno a estos programas de ayuda solidaria, sino también a otras acciones de corte injerencista y que han atizado los conflictos sociales y de desestabilización al interior de naciones de América Latina, África y Asia.

Sería muy desagradable que el Comité Nobel Noruego concediera este premio a un programa que presenta enormes fallas éticas y dobles raseros. La penetración ideológica es uno de los planes ocultos tras el llamado gesto humanitario.

Estas brigadas médicas nacen en un medio regido por la hipocresía y la mediocridad, donde es común la desatención de las necesidades internas en este ámbito para volcarlo hacia el exterior. Cuba, bajo los dominios del partido único, dista de ser el paradigma que se promociona por el mundo en aras de seguir manteniendo viva las fracasadas banderas del socialismo y el comunismo.

Autor: Iván Hernández Carrillo ( Matanzas, 1971) Preso de conciencia en la Primavera Negra del 2003. Premio Homo Homini de People in Need; Libertad Pedro Luis Boitel; de la Fundación Hispano-Cubana ( FHC); así como Premio Democracia de la National Endowment for Democracy (NED). Actualmente es el secretario general de la Asociación Sindical Independiente de Cuba ( ASIC).

Objetores de conciencia: Perspectiva y nuevos horizontes para la juventud cubana

Miembros del ejército cubano desinfectan una calle en La Habana el 15 de abril del 2020.

La Comisión de Derechos Humanos de la ONU reconoció formalmente por primera vez el derecho a la objeción de conciencia (OC) el 10 de marzo de 1987, e hizo un llamamiento a los Estados miembros para que la respetasen.

Se han realizado esfuerzos constantes antes y después para pedir el reconocimiento de la OC y la adopción de disposiciones legales al respecto, a nivel internacional y regional.

En muchos países ―sobre todo europeos, aunque no exclusivamente―, los movimientos contra el servicio militar obligatorio y a favor de la objeción de conciencia han dado sus frutos: fueron parte del proceso que obligó a poner fin o suspender el servicio militar obligatorio (por ejemplo, como ha sucedido en los últimos 20 años en Bulgaria, Bosnia y Herzegovina, Croacia, la República Checa, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Letonia, Macedonia, Montenegro, Polonia, Portugal, Rumanía, Serbia, Eslovaquia, Eslovenia, España y Suecia, Marruecos, Perú y Argentina). Estos son algunos ejemplos claros del antimilitarismo que está acabando con la conscripción (cabe citar también la estrategia de insumisión en España y en Serbia, por ejemplo).

Sin embargo, el rechazo a la idea de tener que alistarse personalmente en el ejército, y la oposición a la violencia armada para todos, se remonta a mucho tiempo antes. Existe constancia de que Maximiliano de Tébessa fue uno de los primeros “objetores de conciencia”, al negarse a formar parte del ejército romano cuando este se encontraba en busca de soldados para engrosar sus filas en Numidia (actual Argelia) en el año 295 de nuestra era. Al manifestar que, como cristiano, no podía utilizar la violencia, fue ejecutado.

En Cuba los primeros objetores de conciencia desde que se inició el servicio militar obligatorio, (nombre que después se cambió a servicio militar general por el régimen para ocultar sus violaciones a los derechos humanos), fueron principalmente los religiosos de Testigos de Jehová, por lo que fueron perseguidos y acosados sin cesar. Pero tan importantes como los motivos religiosos son los motivos personales de los jóvenes, especialmente en estos momentos en que ha tocado fondo la bancarrota económica y social creada por una dictadura férrea e inflexible que ahoga por completo a la ciudadanía. -Tengo que mantener a mi familia, cultivar mi propio sustento y cuidar de mis mayores, por lo tanto, no puedo abandonar mi hogar para prepararme a una guerra que ni deseo ni necesito para defender a aquellos que me explotan y han roto el contrato social por el cual se creen con el poder de regir mis destinos – o simplemente “no quiero matar ni morir” punto - es lo que está ahora en la mente de los jóvenes cubanos.

Estos tipos de oposición al reclutamiento tienen tanta relevancia en las campañas contra la conscripción como las convicciones políticas. En primer lugar, porque representan argumentos convincentes sobre la importancia de la libertad de cada individuo y el poder de decisión sobre la propia vida; en segundo lugar, porque son generalizados; y en tercer lugar, porque ponen de relieve los horrores propios de la guerra y la vida en una máquina de matar jerárquica e itinerante ―o sea, el ejército― de una manera que es menos abstracta que todos los argumentos ideológicos.

Cuando estos derechos individuales son usurpados o abolidos no hay forma posible de determinar la justicia ni a que tenemos derecho. Por lo tanto, retrocedemos al concepto tribal de que nuestros deseos están limitados sólo por el poder de un grupo, secta, pandilla o partido y para poder sobrevivir en ese tipo de ámbito los hombres no tienen otra opción que temer, odiar y destruirse los unos a los otros. Es un sistema de engaños, de conspiraciones secretas, de pactos, favores y traiciones.

Profundizando en este concepto podemos resumir que un derecho no puede ser violado, excepto por la fuerza física. Un hombre no puede prohibirle a otro que busque su felicidad, ni esclavizarlo, ni privarlo de su vida. Cuando se obliga a un hombre a actuar sin su consentimiento libre, personal, individual y voluntario sencillamente se están violando sus derechos. Con esto podemos establecer una clarísima división entre los derechos de un hombre y los de otro. Es una división objetiva, no sujeta a diferencias de opinión, ni a la decisión de la mayoría, ni a un decreto arbitrario de la sociedad. Ningún hombre tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza física contra otro hombre.

Por eso creemos que la Objeción de Conciencia es la perspectiva y los nuevos horizontes para la juventud cubana y venideras generaciones.

MILITARES CUBANOS OBJETORES DE CONCIENCIA

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