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Opiniones

Habemus Presidente (o marioneta)

Díaz-Canel asume el puesto de Raúl Castro.

Sin la solemnidad de un cónclave en el Vaticano para elegir un Papa ni la fumata blanca anunciando al nuevo Santo Padre, el jueves 19 de abril en el Palacio de Convenciones, al oeste de La Habana, se anunciaba el nuevo Consejo de Estado y su presidente, quien regirá los destinos de Cuba en los próximos cinco años.

No hubo sorpresas. La jugada estaba cantada. Miguel Díaz-Canel (MD-C) un ingeniero electrónico nacido el 20 de abril de 1960 en el caserío de Falcón, municipio rural de Placetas, provincia Villa Clara, a unos 320 kilómetros de la capital cubana, fue premiado por Raúl Castro con el cargo de presidente del Consejo Estado y de Ministros.

Se abre un compás de espera para ver el desempeño de MD-C. En la historia de la dictadura castrista, camuflado como país en perenne revolución, hubo dos presidentes: Manuel Urrutia y Osvaldo Dorticós, auténticos peleles manejados por Fidel Castro.

La novedad en esta obra de teatro bufo es que habrá una especie de cohabitación. Un presidente de la nación junto al primer secretario del partido comunista.

¿Quién tendrá mayor poder? Según la estrafalaria Constitución cubana, blindada en el verano de 2002 por Castro I con un socialismo marxista perpetuo, el papel rector de la sociedad lo tiene el partido.

Los hermanos de Birán, autócratas de libro, desempeñaron ambas funciones cuando gobernaron. Pero ahora MD-C tiene las manos atadas. Una especie de Gran Hermano lo fiscalizará desde la sede del Comité Central.

En la práctica, lo que ha sucedido, es una repartición de poderes. Un anciano amante del vodka con jugo naranja como Raúl Castro, simplemente se aburrió de controlar las finanzas internas, el trabajo por cuenta propia y el desquiciante sistema de doble moneda con sus siete tipos de tasas cambiarias que distorsionan la economía nacional.

Ese desastroso rompecabezas ahora queda en manos de MD-C. Para sacar adelante la economía en modo talibán, habrá que ser un mago o un suicida. Si los cambios alebrestaran al sector más conservador del partido, a MD-C le pasan factura. Es un político desechable. No es intocable.

Pero si dentro de cinco o diez años la situación económica y social de Cuba sigue por los mismos senderos o empeorará aún más, habrá un tiro al blanco, un culpable, que puede pagar los platos rotos.

Con el relevo presidencial, a Raúl Castro, eterno conspirador, se le acabaron los dioses revolucionarios. MD-C y la mayoría del actual Consejo de Estado, excepto Ramiro Valdés, Leopoldo Cintra Frías y Guillermo García, son prescindibles.

La misión que tiene MD-C se antoja imposible, siempre y cuando se mantenga el actual modelo económico. Pasada las nueve de la mañana, cuando irrumpió en el plenario del Palacio de Convecciones, junto a su manager político Raúl Castro, vestidos con trajes grises y corbatas rojas, el nuevo presidente parecía un conejo asustado en medio de la autopista cuando es sorprendido por las luces de un auto.

La ratificación de los cargos, seleccionados por una misteriosa comisión, era pan comido en una nación como Cuba, donde el parlamento vota por unanimidad, o casi, cualquier elección o proyecto de ley que le pongan delante.

El primer discurso de MD-C fue pésimo. Citas de Fidel Castro y el cantautor Silvio Rodríguez. Pronunciación monocorde, en un tono desabrido, sin entusiasmo. Por suerte, no tiene los problemas de dicción del primitivo Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional, ni comete errores al leer.

Miguel Díaz-Canel dejó a muchos cubanos boquiabiertos, como al niño que le prometieron un helado y luego lo engañan dándole un purgante. A Elier, taxista, sus primeras palabras lo desilusionaron. “Dijo que no venía a prometer nada y que iba a mantener la misma línea de trabajo. Vaya, que todo se mantiene igual. Esperaba que hiciera anuncios importantes, o al menos se refiriera qué va a pasar con las licencias paradas en el trabajo por cuenta propia. Pero nada, el tipo no habló de eso, como si la economía que es un desastre no fuera importante. El robot de cocina este debiera ser actor de novela, no presidente de un país que está en bancarrota”.

Una brigada de albañiles que se encuentran reparando un apartamento en la barriada de La Víbora escucharon por radio la alocución del nuevo presidente. “Se esperaba otra cosa. Por lo que escuché, el hombre no tiene nada en la bola. Su primer discurso fue pura baba a Fidel y a su compadre Raúl, a quien tiene que agradecerle que le regaló el cargo sin que ni siquiera hubiera habido hubiera una rifa”, comenta Manuel, albañil.

En un recorrido por 10 de Octubre, el municipio habanero más poblado, en busca de impresiones de la gente de a pie, un carnicero, que con un hacha cortaba trozos de pollo congelado e iba guardando en una nevera confiesa que no tuvo tiempo de ver el discurso. “¿Qué dijo?", pregunta. Y al conocer que no manifestó nada novedoso, responde: "Me lo imaginaba. Esto no tiene arreglo. El tipo tenía fama de buena gente y liberal en Villa Clara, pero luego lo cogió la rueda del partido y ahora ni se ríe. Un camaján más. Que aproveche, pues las oportunidades se pintan calvas”.

A Carlos, sociólogo, no le sorprende la designación de Díaz-Canel ni su grisácea intervención inaugural. “No se le pueden pedir peras al olmo. El egocentrismo de Fidel Castro cortó las alas a la clase política en Cuba. MD-C no es creativo y está más acostumbrado a escuchar y cumplir orientaciones de ‘arriba’ que tener autonomía propia. Me sorprendería que él fuera diferente, es un satélite privado de Raúl Castro. Su misil es de bolsillo. No hará lo que él quiera. Si se sale del guión, el primer rebote lo da en el Combinado del Este”.

Todas los entrevistados consideran que MD-C es una marioneta. Para Douglas, vendedor de tarjetas de navegación en internet, “el socio no se manda solo, recibe órdenes del Padrino. Esta gente (el régimen) es como la mafia”.

Luisa, dependienta de una cafetería en divisas, cree que “hay que darle el beneficio de la duda. A lo mejor el hombre hace las cosas bien. Lo que sí se puede decir que tenemos al presidente mejor parecido de toda América”.

Idania, santera, recuerda que una tarde de 2013, “en la sede de la Asociación Yoruba, MD-C tiró hasta un pasillo de baile de nuestra religión. El hombre puede ser fao a la malla o sacar al país adelante. Eso sí, tendrá que cambiar muchas cosas y luchar con un ejército de burócratas cargados de prejuicios”.

Elvira, profesora, fue la única de las personas consultadas que mencionó la palabra democracia. “Mientras Díaz-Canel en el gobierno o Raúl Castro en el partido, no implementen un sistema abiertamente democrático, real, no simulado, Cuba estará empantanada en la misma ciénaga. El problema cubano es económico, pero también político”.

Al actual presidente designado le esperan tiempos difíciles. Una economía a la deriva, envejecimiento poblacional, baja productividad, apatía generalizada entre los ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, y aspiraciones de emigrar de un sector importante de la sociedad.

Los reclamos son múltiples. Desde que bajen los precios de los alimentos y artículos que venden en las tiendas por divisas, salarios que puedan cubrir la inflación actual, mejorar el transporte público, ampliar el trabajo privado y la pequeña empresa, a dejar de extorsionar a los cubanos residentes en el extranjero con impuestos carísimos al pasaporte y permitirles que participen activamente en la vida política y económica nacional.

En términos beisboleros, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, viene de pitcher relevo con las bases llenas sin out y en turno el mejor bateador de la liga. No lo tiene fácil.

El 20 de abril, día de su 58 cumpleaños, en su alcoba, al lado de su esposa Lis Cuesta Peraza, la primera dama, podrá analizar fríamente la dimensión del encargo que le ha dejado Raúl Castro.

Cualquier error puede sepultar el frágil sistema que sus antecesores insisten en llamar revolución. Hay regalos que pueden estar envenenados.

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Ernesto Borges envejece en prisión por defender su dignidad

Ernesto Borges Pérez (centro). (Foto tomada de Facebook de Mario Félix Lleonart)

El capitán de la contrainteligencia castrista Ernesto Borges Pérez fue arrestado en 1998 por intentar pasar información sobre 26 espías que la dictadura preparaba para infiltrar en suelo estadounidense. Está tras las rejas desde hace 22 años. Era un hombre libre, que como otros muchos ciudadanos cubanos, hombres y mujeres han perdido la salud y han envejecido en la cárcel por defender sus convicciones.

Los cubanos en general, los de mi generación en particular, tienen la dolorosa distinción de haber perdido amigos y conocidos frente al paredón de fusilamiento y la penosa particularidad de saber y conocer que un número apabullante de compatriotas han estado en prisión, no un año o dos, sino decenas, como han sido los casos de Amado Rodríguez, Roberto Jiménez, Ángel de Fana, Ernesto Díaz Rodríguez y muchos más, que ingresaron a prisión en sus veinte y salieron rondando los cincuenta.

Ejemplarmente, esos extensos años de presidio no concluyeron con el patrón de personas acusadas de contrarrevolucionarios cuando en realidad lo que trataron de hacer, desde Huber Matos a Mario Chanes de Armas, pasando por Armando Sosa Fortuny, fue impedir que el siempre amenazante marxismo se apropiara de un proceso en el que todos habían cifrado sus esperanzas de una Cuba mejor.

La realidad de que cada cubano puede luchar por los derechos de todos la sustenta el caso de Ernesto Borges Pérez, nacido en 1966. Borges, al igual que muchos de los que nacieron en los 60, creyó en la utopía castrista, sumándose a las huestes del flautista de Birán en la certeza de que estaban construyendo una patria justa. El castrismo los manipuló, los usó, a veces, como carne de cañón, enviándolos a guerras imperiales al servicio de una potencia extranjera, la Unión Soviética, o convirtiéndolos en despiadados verdugos de sus conciudadanos.

Los esbirros de la dictadura se han ensañado con un joven que asumió a plenitud su prerrogativa de pensar libremente. Borges cumple 22 años tras las rejas, de los cuales, al menos 10, han sido en celdas de aislamiento, sin ventilación y en la oscuridad. Está casi ciego y tiene otros muchos serios quebrantos de salud.

Por suerte para su dignidad personal, por desgracia para su humanidad, Borges Pérez se percató de la naturaleza criminal de la utopía y la enfrentó con gran coraje. El decoro lo ha conducido a envejecer en prisión y a enfrentar el riesgo permanente de perder la vida en la cárcel por haber combatido una dictadura.

Sobre la prisión han escrito y hablado numerosos autores que se han percatado de que las cárceles demandan ser atendidas por un espécimen animal con una clara inclinación a la crueldad, razón por la cual el novelista y ex preso político, José Antonio Albertini, escribió que “los represores y carceleros pertenecen a una raza, carente de Dios, filosofía y humanismo”.

Una personalidad de mucho coraje, físico y moral, un político que actuaba en base a sus convicciones y no por corrección política, Nelson Mandela, escribió que “un hombre que le quita la libertad a otro hombre es prisionero del odio, está encerrado tras las rejas de los prejuicios y la incapacidad de ver más allá... a los oprimidos y a los opresores se les priva de su humanidad por igual".

Una frase que entalla perfectamente al régimen totalitario castrista que incomprensiblemente Mandela nunca condenó. El régimen cubano ha encarcelado en estos sesenta años a más de medio millón de sus ciudadanos por motivos políticos.

La prisión política en Cuba es algo muy común; delitos como el “crimental” que figurara el novelista George Orwell en su libro de ficción política que amenaza en convertirse en realidad, “1984”, es frecuente. Ir a prisión por solo pensar escribir un libro donde no existe la posibilidad más remota de publicarlo, es una regla que los sicarios de la dictadura cumplen celosamente.

El régimen cubano ha sido por oficio motivador de odio y exclusión, como consecuencia de su naturaleza represiva. En la isla hay decenas de miles de personas en prisión por actos que en cualquier otra sociedad son legítimos y seis décadas después de haberse inaugurado la tiranía hay 134 personas condenadas por reivindicar su derecho a pensar y actuar libremente, según la ONG Prisoners Defenders.

(Las opiniones expresadas en comentarios en esta página web provienen de sus autores, y no tienen necesariamente que coincidir con la posición editorial de Radio y Televisión Martí)

Cuba y el eje del mal en Ginebra

A pesar del boicot Ariel Ruiz Urquiola expuso la realidad de Cuba en las Naciones Unidas

El sabotaje cometido contra un ciudadano cubano por la representación del régimen de La Habana en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra,ha sido calificado como deleznable por no pocos especialistas.

Cinco interrupciones de la representación castrista, secundadas por cuatro aliados, enfilaron hacia la persona del Ariel Ruiz Urquiola, biólogo cubano que en nombre de una organización no gubernamental denunciaba ante ese foro el sistema de esclavitud que aplica el régimen en susmisiones médicas internacionales.

Además, crímenes de lesa humanidad como la negativa a brindar atención médica oncológica a su hermana y aún peor, que el régimen le inoculó el virus de inmuno deficiencia adquirida, VIH.

Pero ya días antes en ese mismo ruedo, la delegación del régimen había hecho de las suyas cuando presentó una resolución a favor de la Ley de Seguridad Nacional de Hong Kong, aprobada por el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular de China y que busca criminalizar la secesión, subversión y colusión con fuerzas extranjeras. Asimismo, restringe el derecho a disentir y fulmina la libertad de expresión. En fin, el objetivo es acabar con la oposición al gobernante Partido Comunista.

53 países, incluidos Cuba y China, firmaron la resolución mientras que otros 23 emitieron una declaración, presentada por Reino Unido, que condena las violaciones del gobierno de China en materia de derechos humanos en Hong Kong.

Mientras existan dictaduras en el Consejo de Derechos Humanos van a seguir ocurriendo actos de este tipo, de ahí la necesidad de renovar el organismo internacional que no debe ceder espacios a Cuba, China, Venezuela y otras naciones que ya tienen un lugar en un eje malévolo responsable de estos bochornosos sucesos.

¿Publicidad en "Granma"?: diario oficialista promueve “facilidad de pago” para turismo nacional

Especial "para los clientes nacionales", la plataforma Transfermóvil vende sus servicios en el órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

El eslogan es bueno: “Tu móvil de siempre nos une como nunca”. Pero la idea es, cuando menos, un insulto.

Que aparezca publicidad en la portada digital del periódico Granma es sorprendente. Que ocurra en medio de la crisis económica que vive Cuba a raíz de la pandemia del COVID-19, y que la invitación sea para que “ahora desde Transfermóvil” los cubanos de la isla reserven habitaciones en una cadena hotelera cuyos precios hay que multiplicar por 25 para pagarlos con la moneda nacional, es una verdadera grosería.

“La cadena hotelera Gran Caribe anunció una nueva facilidad de pago de las reservaciones hechas por los clientes nacionales, a través de la plataforma de la telefonía celular Transfermóvil”, dice la nota del órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Por alguna razón ese partido, declarado enemigo del capitalismo, siente una extraña afinidad con los recursos del sistema capitalista cuando se trata de cobrar y de sacarle dinero a la gente. Sin embargo, a la hora de permitir que esas mismas personas puedan fundar empresas independientes para ganarse el dinero, el entusiasmo partidista desaparece.

“Esta nueva facilidad de pago está disponible para todas aquellas instalaciones de Gran Caribe ubicadas en todas las provincias del país que ya se encuentran en la primera fase de la etapa de recuperación pos-COVID-19, según publica la cadena en su perfil oficial en Facebook”, continúa diciendo la nota de Granma.

Obsérvese que el término “facilidad de pago” aparece una y otra vez como si fuera el resultado de una ardua gestión empresarial, casi como un sacrificio digno de aplausos, cuando en realidad es una mano tendida tratando de meterse en el bolsillo de los que se han quedado con casi nada por la crisis del coronavirus.

“Ahora desde Transfermóvil”, vende Granma.
“Ahora desde Transfermóvil”, vende Granma.

Inexplicablemente, la convocatoria les habla a los cubanos como si fueran extranjeros.

La cadena hotelera, dice, “cuenta con alojamientos patrimoniales en diferentes ciudades, que propician el contacto directo con la historia y costumbres de los cubanos, además de estar presente en los principales polos turísticos del país como Cayo Largo del Sur”.

Conmueve la decencia de algunas preguntas al pie de la nota, en la sección de comentarios de la página digital de Granma, sobre aspectos que delatan el apartheid al cual están sujetos los cubanos y que esta “oferta” no logra soslayar.

“He intentado acceder a las reservaciones de hoteles de gran Caribe a través de su página web y no poseen disponibilidad en ninguno de sus hoteles en Varadero”, escribe Luis. “Me pregunto si realmente podrán ofertar esta variante de pago online a los cubanos que vivimos en Cuba????

Incluso, la “oferta” se permite un elogio al perfeccionamiento de la capacidad de Transfermóvil para cobrar.

“La plataforma Transfermóvil ha consolidado sus servicios durante el aislamiento social a causa de la COVID-19, facilitando el pago de servicios, la transferencia monetaria, así como las compras online en todo el país”, apunta Granma, que cita a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) como fuente de la información.

CUBA-CIDH, un informe necesario

Un policía organiza una de las colas en La Habana. REUTERS/Alexandre Meneghini

Desde que se implantó en Cuba el totalitarismo castrista la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo autónomo de la entidad hemisférica, han emitido enjundiosos documentos sobre la realidad cubana, centrados siempre en la situación de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos de la Isla.

No obstante, desde 1983, hace 37 años, la CIDH no presentaba un informe país sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, conducta que cesó en este 2020 al mostrar un reporte que incluye el período 2017-2019, en el que resume varios aspectos del escenario cubano.

Históricamente los documentos de la OEA, como los de la CIDH, han sido invariablemente muy críticos con la dictadura insular. Más severos que los pronunciamientos del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en los que se aprecia que primero está la corrección política y los compromisos ideológicos, que los padecimientos de los pueblos oprimidos por sus gobiernos.

Esta diferencia tal vez radique en que mientras la CIDH está integrada por siete miembros independientes que se desempeñan en forma personal, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un organismo intergubernamental compuesto por 47 estados supuestamente responsables de la promoción y protección de los derechos humanos, razón por la cual los informes de Naciones Unidas, salvo contadas excepciones, reflejan los intereses de los gobiernos que conducen esos estados y la convivencia entre los mismos.

El informe del CIDH sobre Cuba expone sus conclusiones sobre varios aspectos, entre ellos “el embargo económico de Estados Unidos de América, la Constitución de 2019, la democracia representativa y los derechos políticos, la situación de personas defensoras de derechos humanos, la libertad de expresión y los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales”.

No está de más comentar que la dictadura no permitió la visita de los especialistas de la CIDH. Históricamente el régimen ha rechazado el ingreso al país de relatores de organismo internacionales, lo que motiva, así lo explica el documento final, que los análisis sean el resultado de investigaciones y reportajes periodísticos presentados en diversos medios de prensa, tanto oficialistas como independientes, así como de organizaciones internacionales y de la sociedad civil, además de entrevistas directa con las personas afectadas o con defensores de los derechos humanos.

El resultado del informe es demoledor para la dictadura insular. Destaca que continúan ausentes los elementos esenciales de una democracia representativa; que la existencia de un partido único, Partido Comunista Cubano, afecta los derechos políticos de los ciudadanos, y expresa su preocupación por las restricciones democráticas que implica la ausencia de pluralismo político y representatividad, además de manifestar inquietud por la falta de imparcialidad en la administración de la Justicia.

El documento dice que “Cuba sigue siendo el único país del Hemisferio en el cual no existe ningún tipo de garantías para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión” que se mantiene el patrón de monopolio del estado sobre los medios de comunicación y la prohibición de fundar medios privados, lo cual es incompatible con los estándares internacionales sobre libertad de expresión.

El reporte señala que las disposiciones legales en asuntos relacionados con la Internet son sumamente restrictivas y ambiguas, y destaca la limitada conectividad de la población cubana. “Además, el bloqueo y censura de medios críticos, impiden seriamente el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, privacidad e intimidad en la red. En general, en materia de libertad de expresión, se observa una grave discriminación por motivos políticos en el ejercicio de los derechos humanos a todo aquel que piense o quiera expresarse distinto al régimen socialista”.

Por supuesto que no falta la petición del cese del embargo económico a Cuba por parte del congreso de Estados Unidos. El documento dice bloqueo, en lugar de embargo, pero aclara que este no exime al estado cubano de cumplir con sus obligaciones internacionales, ni justifica sus violaciones a la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

Concluye el documento haciendo referencia a las condiciones de las cárceles cubanas y reclama que se garantice “el trato digno a las personas bajo custodia del Estado”.

Aniversario de la República que perdimos

El General Wood transfiere el gobierno a Tomás Estrada Palma en el Palacio el 20 de Mayo de 1902. Library of Congress.

La república de Cuba se constituyó el 20 de mayo de 1902, de oficio hace 118 años que es una nación independiente y soberana, una cuenta que no se corresponde con la realidad.

Desde hace 61 años en la isla se estableció un régimen totalitario subsidiario de la extinta Unión Soviética que llegó a tener en el preámbulo de uno de sus constituciones una especie de invocación al Kremlin, significando que era una especie de deidad a la cual rendir tributo.

Hasta 1933, los primeros 31 años de su existencia, la soberanía insular fue limitada por un apéndice constitucional impuesto por Estados Unidos que se conoce como Enmienda Platt, fue a partir de su derogación que el país asumió todas sus prerrogativas hasta la conversión de la isla en una satrapía soviética, 1959, por conveniencia de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

La historia de la Cuba republicana no difiere en gran medida de la del resto de sus pares del hemisferio, salvo que alcanzó en menor tiempo importantes progresos sociales y económicos que la situaron entre las naciones más adelantadas del continente.

Cuba padeció los mismos males que las antiguas colonias convertidas en repúblicas: inestabilidad y las ambiciones de caudillos amparados por grupos políticos.

Todos los países del hemisferio en su recorrer republicano han sufrido severas convulsiones de carácter social y político, y la mayor de las Antillas fue una más entre sus iguales.

El país, al igual que los del resto de América, proyectó mucho de su hacer alrededor de figuras notables que en muchas ocasiones eran cabecillas que confundían sus agendas personales con las nacionales, como fueron los casos entre otros, de José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Fulgencio Batista y Gerardo Machado, pero tampoco le faltaron a la nación verdaderos patriotas que hicieron todo lo posible por concretar una sociedad justa y democrática como Aureliano Sánchez Arango, Antonio de Varona y Emilio "Millo" Ochoa, y muchos más que harían la relación muy extensa.

A pesar de la actitud de ciertos políticos, la mayoría del pueblo cubano era nacionalista, convicción que se acentuó durante el segundo gobierno de Gerardo Machado, particularmente en el sector estudiantil, protagonista clave en el fin del mandato del general de la independencia convertido en dictador.

El derrocamiento del general Machado en 1933 trajo a la vida nacional personalidades que continuarían siendo determinantes 25 años después.

Más relevante, quizás, que la influencia de personalidades como Fulgencio Batista, Ramón Grau San Martin, Carlos Prío Socarrás y Eduardo Chivás fueron las complejas consecuencias que generaron en el imaginario colectivo de la nación las frustraciones de un proceso que se supuso reparador y justo, que conduciría a la República por la que se había luchado por más de 30 en las guerras de la Independencia.

Después de tres gobiernos democráticos, elegidos por mayoría popular en los que el país siguió cosechando éxitos aunque no los suficientes, uno de los caciques del 33, Fulgencio Batista, decidió retomar el poder y patrocinó un golpe de militar que resultó en caldo de cultivo para un proceso insurreccional que capitalizó Fidel Castro.

En 1959 Castro instauró en la isla la dictadura más cruenta que ha padecido el hemisferio, internacionalizándola al subvertir el orden político en el continente e iniciar una política hostil contra Estados Unidos.

El padrinazgo de la Unión Soviética a Castro determinó que sectores de la oposición procuraran la ayuda de Estados Unidos, que afectado en sus intereses económicos y políticos, no dudó en prestar su apoyo.

Cuba se transformó en satélite de la URSS y en su plataforma política y militar en el continente americano. Bases de submarinos, espionaje electrónico y de cohetes balísticos con capacidad nuclear. Más de cincuenta mil militares soviéticos estuvieron desplazados en suelo cubano.

Hoy la isla está controlada por una banda criminal que ha impuesto un régimen orientado a la represión, sectarismo e intolerancia y a la creación de una sociedad de víctimas y victimarios.

Estos años han sido duros y crueles para la mayoría de los cubanos, incluidos muchos de los que trabajaron a favor del castrismo que hoy ven sus esperanzas frustradas por los continuos fracasos de la dictadura.

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