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Opiniones

Médicos cubanos en Brasil: ¡El camino Cimarrón!

la médica cubana Ramona Matos Rodríguez hablando con periodistas.

La médica cubana supo que otros médicos extranjeros contratados como ella en Brasil, recibían nada menos que 10.000 Reales por mes (algo en torno de 4.100 dólares por mes, al cambio actual) Ella se sintió disminuida ante sus colegas extranjeros.

Finalmente en Brasil ocurrió lo esperado. Una médica cubana, Ramona Matos Rodríguez, huyó de su confinamiento esclavista en lo más apartado de la selva amazónica brasileña, para finalmente ganar su libertad. La doctora no adujo consideraciones abstractas de democracia o gobierno inadecuado, ella habló de haber sido engañada por la dictadura castrista, que le hizo suscribir un contrato (no fue bajo presión, fue voluntario, pero engañada) donde se lee que le pagarían 1000 dólares mensuales, distribuidos de la siguiente manera: recibiría 400 dólares mensuales en Brasil (comparado con los 30 dólares mensuales que recibía en Cuba, era un progreso) y los 600 dólares adicionales no los vería, sino al regresar a Cuba tres años después, porque serían depositados en un banco cubano para rescatarlos a su regreso --probablemente en espacies-- por ejemplo, comprando un carro a los precios draconianos que ya sabemos.

La médica cubana vino muy dispuesta al Brasil para enfrentar tres años de contrato; pero al llegar, y con la libertad limitada que le restringe la “brigada médica cubana” --organizada como si fuera un ejército-- supo de otros médicos extranjeros en el Gigante Sudamericano contratados como ella, dentro del mismo plan llamado “Mais Médicos” y que todos ellos recibían nada menos que 10.000 Reales por mes (algo en torno de 4.100 dólares por mes, al cambio actual) que en Brasil es un buen salario. Ella se sintió disminuida antes sus colegas extranjeros.

La Dra. Matos expresó ante la prensa brasileña que “había sido engañada por la Habana” que nunca le habló de los 10 mil Reales por mes que en realidad Brasil le paga a cada médico del plan en que ella trabajaría y mucho menos le dijeron que este plan le daría a la dictadura cubana la diferencia que ella no recibiría, es decir, 3 mil ochocientos dólares por mes producto de su esforzado trabajo. Ella adujo además que el resto de los médicos extranjeros del plan han traído con ellos lógicamente a sus familiares y que Cuba hasta ahora no lo había permitido.

La Dra. Ramona Matos, temerosa por la anterior promesa del gobierno del Partido de los Trabajadores de Brasil, PT --en el poder actualmente-- que ya había expresado diversas veces que “Brasil no le daría asilo a ningún médico cubano” lo primero que hizo al escapar de su confinamiento fue ir a la embajada norteamericana a tratar de obtener en EUA lo que Brasil supuestamente le negaría, pero en la embajada de EUA supo que el trámite de ella demoraría varios meses, durante los cuales debería “esconderse” hasta obtener el resultado de su pedido, que incluso podía ser negado. En vista a lo anterior, la médica cubana fue aconsejada a contactar con el diputado federal Ronaldo Cayado, líder del Partido Demócrata brasileño en el Congreso y allí recibió inmediata acogida y respaldo legal para su refugio oficial en Brasil.

El diputado Cayado llevó a la Dra. Matos ante el Parlamento, donde contó su historia, la que fue ripostada por parlamentares del PT al servicio de la Habana, que en lugar de contestar los argumentos de la médica cubana y sus razones para abandonar el fraude del cual era cómplice, la atacaron personalmente, usando el conocido método fascista (creado por Goebbels) de atacar la persona, desprestigiándola, en lugar de ripostar sus argumentos. Esa cobarde actitud provocó que el diputado Caiado entrara con pedido de entrevista con la ministra de Derechos Humanos en Brasil y con la ministra de Asuntos de la Mujer, ambas militantes del PT, que no se pronunciaron ante las bajezas y ataques personales que la médica sufrió públicamente.

El ministro de salud por su parte, probablemente usando el guión de la embajada cubana en Brasilia, atacó la médica lamentando “el abandono que la doctora había hecho de sus pacientes” con el mismo tono autoritario que los antiguos negreros acusaban a los esclavos que huían de las plantaciones de cañeras hacia su libertad “internándose en el monte”, llorando por “el volumen de caña que no había sido cortada debido a la huida del esclavo”. ¡Una canallada!

En vista de la “guerra” personal que el PT entabló contra la médica cubana una vez libre, probablemente a instancias de la embajada cubana en Brasilia, la Dra. Matos ripostó con una demanda judicial doble: primero una demanda laboral para recuperar el dinero que ella había ganado y que Brasil había desviado a Cuba ilegalmente; y segundo, para que el Tribunal General del Trabajo diera el mismo derecho a todos los médicos cubanos presentes en Brasil al momento de ejecutarse la acción. Como en Brasil hay independencia de poderes y el contrato que la médica cubana mostró públicamente es ilegal (el gobierno había dicho que los médicos ganarían una “beca” en dinero) porque iban a hacer “investigaciones y estudios de posgrado”, cosa totalmente falsa, como lo demostró la existencia del contrato mostrado por la Dra. Matos.

Así las cosas, la Dra. Matos acaba de desmontar ante la opinión pública brasileña la mentira del gobierno brasileño en contubernio con la dictadura cubana, para el tratamiento esclavista que la dictadura castrista acostumbra a dar a sus profesionales, aceptado de manera inhumana por un gobierno de izquierda, que siempre se ha dicho defensor de los derechos de los trabajadores (incluso se hace llamar “Partido de los Trabajadores”, PT, ¿!) aceptando oficialmente un trabajo configuradamente esclavo, según la leyes del propio Brasil. ¡Una verdadera vergüenza!

Ahora está en manos del poder judicial brasileño el destino, no sólo de la estafa cometida contra la Dra. Matos, como el futuro mismo de un plan netamente electorero, con visos de suministrar atención médica primaria en rincones apartados de la geografía brasileña, lo que en realidad quiere es situar “cabos electorales” entre la población más carente, y al mismo tiempo, explotar los médicos cubanos pagándoles una miseria en Brasil, para que Cuba pudiera hacer “caja” con el dinero no pago a los médicos y financiar así el dinero brasileño del Puerto de Mariel. Con esta canallada, Cuba tendría fondos para pagarle a las grandes empresas brasileñas el trabajo previamente financiado por el gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Por suerte para los cubanos amantes de la democracia y que ven con muy malos ojos la explotación esclavista que los hermanos Castro hacen con profesionales cubanos honestos, como demostró la Dra. Ramona Matos, seguiremos denunciando las canalladas mutuas de ambos gobierno cómplices en la explotación, y estaremos pendientes para los futuros casos de otros médicos que seguirán el camino cimarrón trazado por esta valiente médica cubana.

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¿Referendo para qué?

Proyecto de Constitución. Cuba

El régimen cubano se institucionalizó falazmente en 1976 cuando convocó a la población a participar en un referendo en el que debería aprobar fervorosamente un engendro constitucional elaborado a imagen y semejanza de un déspota que se consideraba a sí mismo la encarnación de la Patria y señor de sus feudatarios, no ciudadanos.

Aquello, fue un espectáculo circense en el que la democracia fue trágicamente mutilada desde el primer día de discusión pública del proyecto, pero en realidad, las esperanzas de la población fueron amputadas cuando las autoridades informaron que el 97 por ciento había aprobado una Carta Magna que violaba sus derechos sistemáticamente. El cubano, según el régimen, había decidido por mayoría aplastante transferir sus prerrogativas de ciudadanos a la familia Castro.

Después de aquel aparatoso circo que se presentó en todos los rincones de la Isla, la dictadura ha convocado a varias muestras en las mismas condiciones. En estos sesenta años, nunca ha habido elecciones, son simples avisos en los que el potencial votante, no elector, es intimidado por funcionarios y miembros del aparato represor. Se les presiona de todas las maneras imaginables para impedir que la abstención sea importante y que el voto responda mayoritariamente a los intereses de la dictadura, con independencia de que el resultado final siempre puede ser manipulado por funcionarios del aparato de gobierno, característica fundamental de todo régimen totalitario.

El sistema electoral cubano está completamente controlado por el único partido político que existe en el país y el padrón electoral es uno de los tantos secretos de estado que la nomenclatura maneja diligentemente. Cierto que las votaciones son una falsa, no obstante, para el régimen, es muy importante mostrar que la población respalda con amplia mayoría su gestión.

Estas votaciones para refrendar o rechazar una nueva propuesta constitucional que limitaría aún más los derechos ciudadanos tienen lugar en un ambiente sin precedentes porque el régimen está absolutamente agotado, como dijera Fidel Castro hace nueve años atrás, septiembre 2010, al expresar “el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros,” después negó haberlo dicho sin que eso tenga importancia, porque el ciudadano de la calle y la jefatura del poder, constatan esa realidad día a día.

En Cuba cuyas últimas elecciones plurales, no democráticas, ocurrieron en 1958, no se efectúa una verdadera campaña electoral con propagandas y debates, no obstante, tal vez como parte del desgate del régimen, se aprecia que los gobernantes están promoviendo como nunca antes este referendo constitucional. Las campañas oficiales a favor del proyecto no tienen precedentes, porque sin relación con el resultado final, todos sabemos cuál será, la dictadura necesita tener una aproximación de cómo piensa realmente la población para tomar las disposiciones necesarias para conservar el control.

Por su parte lo opositores dentro de la isla están conscientes de esta situación. Ellos en base a la pluralidad y contradicciones que se generan en un contexto de libertades, derechos y de opiniones libres promueven estrategias diferentes, unos aprueban participar en la votación y colocar en la boleta un rotundo NO, otros estiman que la abstención en los más prudente para la causa democrática, ambos con diferentes consigna expresan su rechazo al continuismo constitucional, que ignora los derechos de todos los cubanos.

La dictadura siempre ha recurrido al garrote para aplastar a los que se le oponen. Las propuestas del No y de la Abstención retan sus privilegios, razón por la cual el Observatorio Cubano de Derechos Humanos reportó que en enero se produjeron 179 detenciones contra activistas que promueven el NO. Numerosos militantes han sido golpeados y cerca de un centenar se encuentran en huelga de hambre en protestas por la represión y el espurio referendo.

La situación es compleja. Seis décadas sin esperanzas y frustraciones. La falta de libertades y derechos es crónica, y numerosas personas solo vegetan a la espera de oportunidades que cambien la situación, no obstante, este referendo es una oportunidad única para la reconvención moral de quienes han acatado por miedo o convicción al régimen, una oportunidad de emancipación personal, aunque sea in pectore, cuando en la soledad de la conciencia el individuo decida abstenerse o rechazar con un rotundo No a esta ignominia de seis décadas.

“El aparato” cubano está ganando tiempo

Nicolás Maduro y Raúl Castro en La Habana.

Cúcuta, Norte de Santander, Colombia, parece un lugar adecuado para lo que hasta ahora se vislumbra como un choque de voluntades entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el procónsul de Cuba en Venezuela, Nicolás Maduro.

En Miami y Caracas se ha escuchado ruido de sables y tambores de guerra, mientras discretamente los subalternos de ambos contendientes sostienen conversaciones en Miraflores y La Habana, en busca de una salida negociada.

Cúcuta es veterana en trajines de guerra. Fue por estos días que El Libertador, Simón Bolívar, derrotó al invasor español en lo que hoy se conoce como “La Batalla de Cúcuta” (28 de febrero de 1813), histórico destino de los hados a la espera de una nueva página potencialmente belicosa en las próximas setenta y dos horas.

Sin embargo, el primer tanteo no será a tiros y cañonazos. El empresario británico, Richard Branson, ha organizado un concierto del lado colombiano de la frontera con decenas de conocidos artistas, mientras que el ministro de información de Venezuela, Jorge Rodríguez, anunciaba un contraconcierto bajo el sospechoso lema de “Por la Paz y la Vida”.

Siento decirles que “el aparato” cubano está ganando tiempo.

Si la oposición organiza un concierto en la frontera, ellos organizan un concierto del otro lado del puente Tienditas. Si la oposición almacena alimentos y medicinas en Cúcuta, ellos traen de Cuba, Moscú, China o cualquier otro país amigo, toneladas de medicinas y alimentos. Si la oposición moviliza manifestantes, ellos obligan a los suyos a manifestar. Si el presidente Trump los fustiga como se merecen, ellos adoptan en Caracas y La Habana el papel de víctimas del imperialismo norteamericano, dispuesto a desatar una guerra que causaría muchas bajas entre la población civil.

Por eso no han detenido a Juan Guaidó ni disuelto la Asamblea Nacional. Andan ocupados movilizando los cuadros subversivos en países vecinos; los amigos que han cultivado durante años en África, insignificantes, pero con voz y voto en la ONU; los representantes demócratas que ya promueven abiertamente el socialismo rojillo en el Congreso de EE.UU.

Imitando a los comunistas de la Guerra Civil Española, enviaron oro venezolano a Rusia para asegurarse el suministro de armas en caso de que estalle una confrontación convencional que no pueden ganar, pero sí contrarrestar abriendo frentes guerrilleros junto a las FARC y el ELN en distintos puntos de Suramérica.

Conociendo cómo operan estos canallas disfrazados de comunistas, me preocupa que las buenas intenciones de Trump se vean difuminadas por presiones de grupos socialistas y de derechos humanos, proclives a contraer el síndrome del primer ministro británico, Neville Chamberlain. Parafraseando el comentario que Winston Churchill hiciera de su colega apaciguador, podríamos decir que “a nuestra patria se le ofreció elegir la guerra para impedir la ocupación cubana de Venezuela, pero no lo hicimos a tiempo y ahora, de todas maneras, estamos a punto de tener la guerra”.

Con esta gente no hay arreglo; hay que sacarlos por la fuerza.

Mito-Engaño-Ficción: Reforma constitucional en Cuba

Cubanos leen proyecto de reforma constitucional.

Para entender en su propio desarrollo y naturaleza el mal llamado marco constitucional cubano de estas seis décadas de ausencia de libertades individuales, que desencadena la migración de aproximadamente dos millones de cubanos viviendo allende los mares, por huir del comunismo imperante en la isla cubana, tenemos que retrotraernos al discurso del dictador Fidel Castro en la Reunión con los Intelectuales en 1961 cuando sentenció con dramatismo singular y criterio discriminatorio, “dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, nada, o fuera de la Revolución ningún derecho”.

Algunos estudiosos arguyen que tanto Raúl Castro, como su alter-ego Miguel Díaz-Canel, máximos dirigentes del gobierno comunista cubano, vienen considerando que ha llegado el momento de mejorar la fachada legal del Gobierno.

Pero ante esta apreciación de algunos definitivamente discutible, debemos decir, que si el Gobierno cubano fuese consecuente en materia constitucional, que no lo ha sido, tendría que haber hecho la revisión de la Constitución de 1976 cuando el Proyecto Varela, lidereado por Oswaldo Payá, reunió las firmas requeridas para consultar al pueblo por cambios constitucionales en elaño 2003. Y no lo hizo.

Ante ese reto inolvidable de proteger derechos y libertades del Proyecto Varela, el régimen comunista cubano respondió con la sentencia abrumadora y aniquilante, “que el socialismo era irrevocable”, contradiciendo la dinámica cambiante, creativa y renovadora de la vida humana. Todo un barbarismo de orden jurídico, que convertía al sistema comunista cubano en una especie de Dios todopoderoso, intocable e inmutable.

La Iglesia católica cubana, siguiendo las directrices de esa diplomacia Vaticana con sabiduría en ocasiones en el manejo de sus tiempos, hizo un reclamo de garantía a la diversidad política, porque sencillamente una Constitución civilizada, que por principios tiene que ser la representación máxima de todos los ciudadanos de un país, no puede estar supeditada a un partido político, a un grupo religioso o a una ideología determinada, porque eso anularía el principio de igualdad.

Tendría que ser todo a la inversa, una constitución debe normar y garantizar la pluralidad de ideas que conviven en una sociedad libre, porque eso es lo que la hace soberana. Lo otro es totalitarismo o lo que algunos llaman el instrumento del encierro.

También las iglesias protestantes en la isla, que paciente e inteligentemente buscan una evolución positiva en el marco de la justicia cubana, han expresado opiniones críticas a esa falta de diversidad.

El premio Novel de Literatura, Mario Vargas Llosa y un grupo de políticos denunciaron en Madrid, “que la nueva Constitución en Cuba no responde a los principios democráticos ni a la pluralidad política de la sociedad cubana".

Hay que concluir que la política constitucional cubana de la dictadura castrista, durante más de seis décadas, ha sido un instrumento de opresión, de falta de derechos y de crear el estigma de la traición, más que un texto normativo de principios y regulaciones.

Solamente con el Artículo 5 del Proyecto Constitucional Cubano que se intenta aprobar, que da supra poderes al Partido Comunista sobre la sociedad y sobre la persona humana (individuo), bastaría para deslegitimizar todo el esfuerzo engañoso de la reforma constitucional cubana.

Mientras la Constitución cubana siga supeditada a la autoridad del Partido Comunista en Cuba, seguirá rigiendo el totalitarismo estalinista del “socialismo irrevocable” y de la sentencia absolutista de “dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, nada”.

Por eso al final, la versión estalinista, engañosa y totalitaria de la Nueva Constitución cubana, es un mito, un engaño y una ficción…

Entre #CubaBoicot y el estalinismo

A través de bocinas, Antonio Rodiles expone a los vecinos de Lawton las ideas de la oposición.

El régimen está presto a realizar un nuevo acto circense con el que busca legitimar a sus herederos de cara al interior y exterior de la Isla. Intenta que una masiva asistencia a las urnas del fraude, afinque al grupo de relevo, que ya no forma parte de la mitología castrista.

Muchos abogamos por el boicot, pero inexplicablemente se ha logrado colocar también la idea de que asistir a la farsa y votar No sería la acción primaria de rebeldía. Comprendo que algunos cubanos se muestren confundidos en ese sentido, pero no tengo dudas de que el régimen trabaja fuerte en promover la opción de asistir a sabiendas que es el paso inicial para validar su engaño.

El secretario del llamado Consejo de Estado Homero Acosta, lo decía muy claro hace unos días: La principal tarea es que vayan todos los cubanos a votar.

Si bien hay un grupo de elementos técnicos que se pueden aludir para boicotear esta farsa constituyente, las razones políticas y éticas son las que muestran mayor peso:

Raúl Castro y su círculo cercano están enfocados en legitimar ante el mundo la transferencia de poder a sus herederos después de 60 años de abusos y violaciones.

El castrismo no posee el mandato ni la legitimidad para convocar a ningún proceso electivo. Mucho menos a una constituyente.

No ha existido un proceso constituyente con la participación de distintas fuerzas políticas. El texto final no puede ser llamado una Constitución pues no constituye un pacto social que abarca a toda la sociedad. El documento viola en letra los derechos y libertades fundamentales.

Escoger la fecha del 24 de febrero, marcada por el asesinato de los jóvenes de Hermanos al Rescate, constituye un acto deliberado de cinismo que busca enmascarar sus múltiples asesinatos y crímenes.

La legitimación del fraude tiene que venir acompañada de una asistencia masiva. Cierto porcentaje de votos "No" le daría un toque de credibilidad y alegarían que es reflejo de un ejercicio democrático.

El voto No, técnicamente no representa un rechazo al sistema sino a la "nueva Constitución". Si ganara el No, dejaría todo lo vigente incluyendo el texto de 1976, el cual resulta más estalinista e impresentable que el que buscan imponer.

No existen mecanismos de monitoreo que permitan denunciar un fraude representativo en el conteo. Para un total de más de 25 000 mesas y más de 120 000 agentes del régimen se necesitarían mínimo 50 000 activistas con la posibilidad de operar con total libertad. Hablar de uno o dos centenares de observadores independientes implican menos del 1% de la cifra necesaria.

No existe posibilidad de monitoreo en los conteos a nivel provincial y nacional. En esas instancias solo son la Comisión Electoral Nacional y las comisiones electorales provinciales las que tienen acceso. Comisiones que en su totalidad son designadas por el régimen.

Solo el castrismo ha desarrollado una brutal campaña en todos los medios de comunicaciones y espacios públicos. Quienes invitan a asistir y votar No o quienes impulsamos el boicot no solo no hemos tenido ninguna vía para lanzar nuestro mensaje, sino que su divulgación es penada.

La llamada ley electoral no solo viola en letra las normas básicas de una democracia, también es violada en la práctica dada la infinita necesidad del régimen de imponer su voluntad. El castrismo juega ambos papeles, juez y parte. No hay observancia de actores independientes locales ni foráneos.

Participar en la farsa sin poder mostrar pruebas significativas del fraude lo obligará a asumir las "leyes y normas complementarias" por estar en consonancia con el "espíritu" del nuevo texto. Es decir, la Ley 88 conocida como Ley Mordaza; la Ley Electoral; el Código Penal con las correspondientes figuras de propaganda enemiga, la peligrosidad social predelictiva entre otras; Decreto 349; por solo citar algunos ejemplos.

La experiencia previa de participación en una farsa electoral del régimen, apenas hace un año, debería ser conclusiva. No se permitió ni las candidaturas, ni el mínimo monitoreo no oficial. Los activistas fueron amenazados, violentados e incluso arrestados.

Los cubanos hemos mencionado en múltiples ocasiones que los venezolanos no escucharon nuestras advertencias. Debemos mirar a Venezuela para comprender lo que conlleva intentar jugar con herramientas democráticas con un régimen de corte totalitario. El desespero de algunos actores políticos no oficialistas por ser tomados en cuenta por el régimen constituye una gran debilidad y la inteligencia del castrismo lo sabe.

El escenario general es muy desfavorable para la familia Castro y allegados, aprovecharlo dependerá también de frenar las jugadas de su sinuoso sistema de inteligencia y de no dejar que ganen tiempo, variable que han demostrado saber manejar, regalando fantasías y falsas expectativas.

Alianza cubano venezolana en Puerto Rico

Periodista Pedro Corzo.

Los dirigentes políticos y sociales del hemisferio deberían imitar lo que hicieron los cubanos y venezolanos residentes en Puerto Rico, un ejemplo que de extenderse, los regímenes inspirados en el castro chavismo no tendrían lugar en el continente.

Exiliados de estas dos naciones, así como varias organizaciones radicadas en la Isla, han suscrito el Pacto de San Juan, un compromiso democrático en el que se obligan a trabajar en contra de los regímenes totalitarios, así como contra cualquier otra forma de gobierno que oprima a los pueblos, un ejemplo que debería ser imitado por todos los ciudadanos de América

Hombres y mujeres, ciudadanos comunes, conscientes de los peligros que corren sus derechos cuando el comunismo o el populismo ideológico conquista el poder, decidieron aunar fuerzas y voluntades para defenderse de los modelos políticos y económicos que corroen hasta la destrucción, los valores y cimientos de nuestras sociedades.

El compromiso contraído es claro y firme. Una alianza contra cualquier forma de dictadura y a favor de la democracia. Los firmantes declaran, “Unir nuestras fuerzas, trabajar conjunta y coordinadamente, tanto desde el exterior de nuestros respectivos países como desde adentro de ellos, para terminar con las dictaduras de: Nicaragua, Venezuela, Cuba, Bolivia, así como restablecer la Democracia representativa en dichos pueblos, el estado de derecho y respeto por los derechos humanos”.

El segundo párrafo del Pacto dice, “Las oposiciones venezolana, cubana, boliviana, nicaragüense, y cualquier otra oposición democrática, acordamos solemnemente que el primer pueblo que se libere de las cadenas de la Dictadura, continuará ayudando con los recursos que tenga disponible, a la liberación de los otros pueblos sometidos hasta que éstos obtengan su soberanía plena y su libertad total del yugo dictatorial que los oprime”.

Ambos párrafos certifican un compromiso de solidaridad humana, de apoyo mutuo, que trasciende cualquier obligación que no sea con la democracia y la libertad, una alianza transnacional de ciudadanos sin cargos públicos y no de dirigentes, una gestión que de generalizarse sería un indicativo de cuanto han progresado nuestros pueblos después de las traumáticas experiencia que han significado los regímenes inspirados en el castrismo.

Además de ser un paso importante para evitar que personalidades que actúan en base a sus intereses y no por los de la comunidad que supuestamente representen, puedan seguir haciendo concesiones en detrimento de los derechos y oportunidades que todos tenemos en las sociedades democráticas.

La hipocresía, la doble moral y la corrección política han sido factores importantes en el desmoronamiento de nuestras colectividades, al igual que la desidia y negligencia ciudadana de amplios sectores de todos nuestros países. Acatar la ley del menor esfuerzo y no hacer uso de nuestros derechos por repugnancia a los que nos rodea, es concederle la victoria a depredadores que solo luchan por su beneficio personal.

Los que inspiraron este acuerdo están defendiendo sus derechos y los nuestros. Han usado las herramientas que ofrece una sociedad abierta, libre, en la que el individuo esta asistido por un estado de derecho. Han decidido no callar y menos permanecer indiferente ante una ola de acciones y propuestas que tienen como fin terminar con nuestras prerrogativas de hombres libres.

Supe de este Pacto de trabajo, durante la Cena Martiana que todos los años celebran cubanos y puertorriqueños en la emblemática Casa Cuba de la Isla. Me comentaron sobre el mismo, Gerardo Morera, Kemel Jamis y Severiano López Sicre, tres notables demócratas cubanos que escogieron a Puerto Rico para vivir, y por la activista venezolana Sonia Cosme que de inmediato me entregó el texto y me señaló donde firmar si estaba de acuerdo con lo expuesto, cosa que hice de inmediato.

Los que han suscrito este acuerdo no son intolerantes, extremistas o intransigentes, simplemente protegen sus derechos, creencias y convicciones, ante quienes quieren cambiarlas para imponer las suyas. Esta es una simple acción de defensa propia, están salvaguardando lo más importante que posee un ser humanos, su identidad y sus valores, un gesto a imitar por quienes estén conscientes que los verdugos de nuestras libertades están al acecho para cercenarlas.

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