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Opiniones

Cuba: Brzezinski, Castro, perestroika y cabezas pensantes

Brzezinski con Lech Walesa.

LUCERNA, Suiza - Cuando el 2 de junio en Martí Noticias leí Cuba en la órbita de la eminencia gris que fue Zbginiew Brzezinski, de Armando de Armas y Álvaro Alba, a mi memoria vino aquella etapa de los años 80, cuando la perestroika y la glasnost hacían furor en la Unión Soviética y... en Cuba. También recordé algunas de las acusaciones públicas que Fidel Castro le hizo al polaco Brzezinski, fallecido el 26 de mayo a la edad de 89 años, en Virginia, Estados Unidos.

Gracias a internet, en El País localicé una de esas acusaciones. El 14 de junio de 1978, el diario español publicaba Castro, dispuesto a entrevistarse con el presidente Carter y debajo, en un recuadro titulado Castro acusa a Brzezinski de querer provocar un 'incidente de Tonkín' en África, se leía: "Todas las críticas del líder cubano se centraron en el consejero de Carter para asuntos de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski al que Castro acusó de estar conectado con círculos que desean buscar un incidente similar al del golfo de Tonkín, que permita una intervención norteamericana en África. El incidente del golfo de Tonkín tuvo lugar en 1964, cuando el ataque a varios destructores norteamericanos en esas aguas, permitió al presidente Johnson obtener del Congreso autorización para intervenir militarmente en la guerra de Vietnam".

En El País también encontré dos informaciones que me llamaron la atención. El 1 de mayo de 1979, el ex ministro español Rodolfo Martín Villa y el embajador de España, Enrique Suárez de Puga, fueron recibidos por Fidel Castro en La Habana. Unos días después, Martín Villa se reunió con Brzezinski en Washington. El ex ministro aclararía en ABC que su viaje a Cuba fue "estrictamente privado".

Martín Villa, uno de los protagonistas de la transición española y en ese momento uno de los políticos mejor informados de España, viajó nuevamente a Cuba en junio de 1998, en esta ocasión como presidente de ENDESA, compañía eléctrica estatal. Le acompañó el ministro de Industrias, Josep Piqué y una delegación empresarial. En aquella ocasión, ENDESA pretendía invertir 500 millones de dólares en la planta de Santa Cruz del Norte, que gestionaba un consorcio canadiense. No sé si por desconocimiento o exprofeso, ninguno de los dos viajes de Rodolfo Martín Villa a Cuba es mencionado en Los mil tentáculos del Grupo Prisa, publicado en 2008.

Quien sí ha mencionado a Brzezinski en sus artículos es el historiador oficialista Elier Ramírez Cañedo. En septiembre de 2009, en La crisis de la brigada soviética y en 2014, en la serie de tres relatos sobre los encuentros de Paul Austin, presidente de Coca Cola, con Fidel Castro: en el primero, el segundo y el tercero y último.

A propósito de Ramírez Cañedo: el pasado mes de febrero, la periodista Tania Díaz Castro respondió en Cubanet "las mentiras sobre la ruptura de Estados Unidos con el castrismo" vertidas en Granma por el historiador.

Elier Ramírez Cañedo nació en 1982 y de algunas cosas se enterará por este escrito. Pero lo cierto es que en la década de 1980-1990, a mucha gente en Cuba no solamente le interesaba lo que dijera o hiciera Brzezinski, también le interesaba lo que dijeran o hicieran otros políticos y asesores o periodistas, académicos, intelectuales y empresarios influyentes de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. Era el caso de los funcionarios que con Carlos Aldana al frente, dirigían el DOR, el departamento de orientación revolucionaria del comité central del partido comunista, entre ellos Víctor Manuel González, Raúl Castellanos y Enrique Román.

Un poco antes o después, pero por la misma época, con cargos o sin cargos dentro del partido o el gobierno, unos más especializados en un tema que en otro, me gustaría añadir, entre otros, los nombres de Humberto Pérez, Alcibíades Hidalgo, Norberto Fuentes, Eduardo López Morales y el equipo fundador de EICISOFT, presidido por Armando 'Mandy' Rodríguez (recomiendo leer su libro Los robots de Castro) y que tuvo montones de cabezas pensantes, como los ingenieros José Ramón López, Marco Antonio Pérez López y Humberto Lista, fallecido en 2016.

En todos los ministerios e instituciones había personas fuera de serie, como la ingeniera Mariana Badell Iturriaga en el CECE; el profesor Félix Bonne Carcassés en la CUJAE y los ministros Marcos Lage, de la industria azucarera, y Marcos Portal, de la industria básica. También en el ICRT, ICAIC y UNEAC. O entre militares del MINFAR y el MININT, quienes al margen de obediencias y reglamentos, a puertas cerradas eran ciudadanos que objetivamente analizaban las situaciones y no tenían prejuicios para hablar con disidentes y leer libros del 'enemigo imperialista'.

Esa etapa existió en Cuba y tuve la suerte de haberla vivido y poderla contar. Pero fue el propio Fidel Castro el encargado de desbaratar aquel entusiasmo, aquella sed de información, de autosuperación, de cambio. Y trató de que en la isla los cubanos no pensaran con su propia cabeza, no hablaran en grupo, no debatieran, no dieran sus puntos de vista en reuniones del sindicato o del partido. Sus análisis y desacuerdos tenían que limitarse a la soledad de sus cuartos. O de sus celdas, pues muchas cabezas pensantes cubanas fueron enviadas a prisión como Martha Frayde, Mario Chanes de Armas, Adolfo Rivero Caro, Ricardo Boffill, Samuel Martínez Lara y los hermanos Sebastián y Gustavo Arcos Bergnes, entre otros cientos de hombres y mujeres que desde el mismo año 1959 descubrieron que Fidel Castro no era el demócrata que decía ser, si no un verdadero autócrata. Y los que no fueron fusilados, su oposición al castrismo la pagaron con la cárcel, el martirio y el destierro.

Fidel Castro siempre fue enemigo de los librepensadores, de las personas que por su cuenta se informaban y les gustaba investigar, emprender, crear. Uno de sus 'legados' es esa retahíla de papagayos y talibanes que el país tiene hoy en la prensa y en instituciones académicas y culturales. Pese al intento fidelista por apagar voces y secuestrar el pensamiento, el periodismo independiente surgido hace más de veinte años echó raíces y actualmente una generación de cubanos jóvenes, escriben y opinan en incontables sitios webs y blogs personales.

Volviendo a la década de 1980-1990. Entonces, casi nadie podía viajar al extranjero, a no ser por cuestiones de trabajo, estudio o una hazaña laboral. De esos viajes, solían traerse materiales y vivencias que se trasmitían oralmente, por teléfono, fax, postales o cartas, las vías de comunicación de entonces. Otros, como yo, de libros enviados por amigos brasileños, traducía fragmentos, los mecanografiaba y con papel carbón sacaba numerosas copias. Lo hice con tres libros 'prohibidos' en Cuba, los tres publicados en 1986: Fidel, un retrato crítico, de Tad Szulc; Made in Japan, de Akio Morita and Sony, y Una autobiografía, de Lee Lacocca y William Novak.

Esas hojas circulaban de mano en mano. Un vecino que trabajaba en el Ministerio del Azúcar, en la fotocopiadora sacaba varias copias y se las hacía llegar a colegas y amigos. Otro vecino, militar de una unidad en las afueras de la ciudad, hacía lo mismo. En una ocasión, este vecino, que era militante del partido, me pidió que le ayudara a redactar y después le mecanografiara, con tres copias, un informe sobre problemas en su unidad. Amigos y conocidos de organismos hacían lo mismo y se encargaban de que decenas de personas las leyeran.

Ojalá hubiera tenido una máquina de escribir eléctrica. La que tenía era mecánica, fabricada en la empresa Robotron de la ex RDA, pero en ella podía sacar hasta 10 copias con papel carbón, si estaba nuevo y era de la marca Pelikan. El original con papel bond y las copias con papel cebolla. Opciones mejores eran el ditto y el stencil, que podías tirar cien copias o más. En las oficinas donde había trabajado, utilizaban ditto, con aquella tinta morada que todo lo manchaba, o stencil para imprimir en mimeográfo, pero no conocía a nadie que tuviera uno u otro en su casa.

El hábito de leer informaciones, recortarlas y guardarlas lo adquirí desde niña (nací en 1942). A fines de los años 40 y principios de los 50, cuando Blas Roca, de quien mi padre era escolta estaba en su oficina, en la sede del Partido Socialista Popular en la avenida Carlos III, en vez de estar conversando o durmiendo en el auto, mi padre se sentaba a ayudar a Lucrecia, entonces una joven archivera del PSP (aún vive, tiene 94 años). Era fácil: recortar informaciones, previamente marcadas de los periódicos del día, pegarlas en hojas de papel gaceta, ponerles la fecha y archivarlas en files según la temática. En mis días libres, mi padre me llevaba y me dejaban recortar y pegar, algo que me encantaba. Algunas vivencias las conté en Una experiencia personal.

Cuando no existían computadoras ni internet, muchos profesionales en Cuba también tenían ese hábito, de leer, marcar, recortar y archivar. Los que tenían condiciones en sus casas, guardaban completos los periódicos y revistas, debidamente clasificados y separados de sus estantes con libros y enciclopedias. Un sistema rústico y a expensas de que se te mojaran o fueran pasto de polillas y cucarachas, pero que a maestros y periodistas nos era útil.

Cuando se quiere se puede, dice el refrán. Y el hecho de no contar con suficientes recursos materiales ni tecnológicos, no impidió que miles de cubanos, de la capital y de provincias, estuviéramos al tanto de Zbigniew Brzezinski, Herny Kissinger, Madeleine Allbright, Colin Powell, Condoleezza Rice, Cyrus Vance, Mijaíl Gorbachov, Boris Yeltsin, Eduard Shevardnadze, Lech Walesa, Karol Wojtyla, Václav Havel, Deng Xiaoping y otros cuyos nombres saltaban a los medios internacionales y con más o menos demora eran conocidos en la isla.

Igualmente de mano en mano circulaban los libros 1984 y Rebelión en la Granja, del inglés George Orwell, La Gran Estafa, del peruano Eudocio Ravines, Archipiélago Gulag, del ruso Alexander Solzhenitzyn y El Libro Negro del Comunismo, de varios autores. O folletos donde se profundizaba sobre la invasión soviética a Hungría en 1956, las revueltas estudiantiles de Mayo de 1968 en Francia o la Primavera de Praga, de enero a agosto de 1968.

En mi blog, en el post titulado Del 'políticamente correcto' 1968, menciono un documento de la embajada checa que circuló clandestinamente en La Habana. Por Radio Bemba uno se enteraba de lo que pasaba en las UMAP o de la Microfracción, la primera gran purga política de los Castro. Y quienes teníamos radio de onda corta, las noticias escuchadas por la Voz de los Estados Unidos, BBC, Radio Nederland, Radio Exterior de España o Radio Francia Internacional, luego se las contábamos a familiares, amigos y vecinos. Cuando el 20 de mayo de 1985 salió al aire Radio Martí, los cubanos ávidos de información nos pusimos las botas.

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“¿Qué República era aquella?”

De esa manera interpelaba Fidel Castro en los primeros meses del año 1959 -cobijado por la sombra del monumento a José Martí, en aquella plaza que ya había perdido su nombre- a la multitud cautiva por el efecto hipnótico de su verborrea:

“¿Qué República era aquella?”

Hubiera sido fácil responderle que, “aquella”, era la República que él se había cargado sin, al menos personalmente, disparar un tiro, la República imperfecta que le perdonó la vida, condenándolo a sólo dos años de presidio por el asalto al Cuartel Moncada, esa acción terrorista que él organizó, enviando a los asaltantes a una carnicería, no sin antes planificar, muy bien, cómo no arriesgar su personal pellejo. Pero no, las cosas nunca suelen ser tan sencillas.

Aquella República, que naciera el 20 de Mayo de 1902, tras 410 años de colonialismo español, fue gestada en dos cruentas Guerras de Independencia; incubada en los vientres de los campos de concentración creados por el feroz Valeriano Weyler; moldeada con el filo de los machetes de negros descalzos y aristócratas masones, liberales, patriotas, que habían empeñado hasta la cubertería familiar para costear sus sueños de independencia; tatuada con innumerables cicatrices en el cuerpo moreno de Antonio Maceo, el Titán de Bronce, cuya voz proclamaba con orgullo el 15 de marzo de 1878 en Los Mangos de Baraguá, enojado por el indecoroso Pacto del Zanjón, frente al representante de España, General Arsenio Martínez Campos:

“No, no nos entendemos, General.” “¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!!!”

La primera bandera cubana que envolvió a la recién nacida República, ondeó de la manos del General Máximo Gómez, viejísimo y enfermo, a las 12: 08 minutos del 20 de mayo de 1902, frente a una población emocionada.

No queremos cerrar los ojos, ignorar realidades. Como cualquier criatura, la República daba bandazos, tropezaba, caía, volvía a levantarse pero, en 1940 era ya la orgullosa propietaria de la Constitución más avanzada de la época, según expertos.

De 1902 a 1959 tuvo 20 presidentes, entre ellos, al menos dos considerados dictadores; apenas otros dos lograron alcanzar un segundo mandato; tuvimos presidentes de un mes, de tres días y hasta otros dos que apenas sobrevivieron 24 horas en el poder y un golpe militar -o cuartelazo- asestado el 10 de Marzo de 1952, por el General Fulgencio Batista, sí, el mismo que amnistió a los que sobrevivieron del ya mencionado asalto al Cuartel Guillermón Moncada y, a pesar de que esos polvos trajeron estos lodos…

“¿Qué República era aquella?”

No, después de ser colonia durante casi medio siglo, no podía ser otra República que aquélla. Era la anhelada intención de una República. Cuba era sólo un pequeño país en transición, porque la democracia no es un título en propiedad, sino un arduo aprendizaje y, aunque eran los primeros, torpes pasos, la isla tuvo logros memorables, sí, memorables, que el Señor Castro, ese que hablaba más que un loro bajo la sombra del monumento a un avergonzado José Martí, se dedicó, sistemáticamente, a desenterrar de la memoria de los cubanos. En otro mundo, este fanático de la perorata podía ser acusado de infanticidio al asesinar, aún en su cuna, a la pequeña República que otros cubanos, mucho mejores, habían soñado y que él, el Asesino en Jefe, enterró hace ya 60 largos, duros, hambrientos, ensangrentados años.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.

Los ‘gays’ dan el ejemplo a los machazos

Activistas LGBTI participan en la Marcha Alternativa contra la Homofobia y la Transfobia en Cuba, sábado 11 de mayo de 2019. (Reuters)

El pasado sábado 11 tuvo lugar, en el centro histórico de La Habana, una Marcha Alternativa contra la Homofobia en Cuba. Desafiando el imponente despliegue represivo, centenares de activistas LGBTI, acompañados de numerosos simpatizantes, desfilaron valientemente por el Paseo del Prado, desde el Parque Central hasta el Malecón. Al llegar a esta última avenida, la policía puso fin al evento. ¿Teme el régimen un nuevo “Maleconazo”?

Se trató de la primera manifestación independiente realizada en la capital cubana desde la que semanas atrás escenificaron los adversarios del maltrato animal. Por esta única vez, la marcha sabatina no fue organizada por la doctora Mariela Castro Espín y sus paniaguados del gubernamental Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).

Las razones esgrimidas por la 'Sexóloga en Jefa' para no escenificar este año su habitual conga provocan sorpresa. Las dificultades económicas, el entorno político internacional y la actitud hostil de Washington parecen más bien pretextos. Al parecer, se decidió no convocar el desfile para evitar cualquier expresión “políticamente incorrecta” que, en medio del masivo descontento popular con el actual incremento de las carencias de todo tipo, pudieran hacer personas nada ortodoxas que, por definición, no suelen actuar como otros esperan de ellas.

Por consiguiente, lo que en las marchas convocadas por el CENESEX era acatamiento del poder y conformismo político se transformó por esta vez en desafío a las mismas autoridades que, como nos enseña la Historia, si por algo se han caracterizado ha sido por su rechazo y su represión a cualquier expresión de homosexualismo.

Ahí están, para recordárnoslo, los bochornosos campos de concentración de las llamadas “Unidades Militares de Ayuda a la Producción” (las tristemente célebres UMAP) y los encendidos discursos del “Máximo Líder”. En éstos —muy difundidos por cadenas de radio y televisión y reproducidos después en los periódicos nacionales— se vio el espectáculo lamentable de un jefe de estado que arremetía, con expresiones peyorativas de todo tipo, contra una categoría de conciudadanos, por el solo hecho de tener preferencias sexuales diferentes.

La conversión de la conga obediente organizada por la hija predilecta de su papá en un desafío cívico representa un buen ejemplo de la forma en que las cosas, respondiendo a sus propias realidades y esencias, se transforman de manera dialéctica (como dirían Hegel y también -¿por qué no mencionarlo?- Marx).

La marcha contestataria explica asimismo la mucha razón que tuvo en su momento el otrora 'Represor en Jefe', comandante Ramiro Valdés Menéndez, al hablar del “potro salvaje del internet”. Fue a través de las redes sociales que se arribó al necesario consenso para realizar la marcha, a pesar de las reticencias de Doña Mariela y los burócratas que la rodean.

La reacción de la aludida señora ante lo ocurrido no deja de resultar sorprendente. Según el diario El Nuevo Herald, ella manifestó que se trató simplemente de “un show organizado desde Miami y Matanzas”. A esto sólo cabría comentar: ¿Y qué? ¿Acaso los cubanos de esas dos ciudades no son compatriotas nuestros?

El corajudo desafío planteado al gobierno castrista por la comunidad LGBTI y sus amigos recuerda al ejemplo dado cada semana, durante años, por las dignas Damas de Blanco. Al menos hasta que alguien tuvo la ocurrencia de enarbolar el lema “Todos Marchamos”, con lo cual se desvirtuó el carácter puramente femenino de esa ejemplar protesta.

Las representantes del “sexo débil”, con sus actos, les demostraban a los “machazos”, domingo tras domingo, que ellos estaban sometidos a los abusos del régimen y soportaban como carneros todos los atropellos de éste. De manera análoga, ahora también las “locas”, “chernas”, “patos”, “gansos”, “maricas” (o cualquier otra expresión despectiva que quiera dárseles), con su valiente actitud, han hecho ese mismo llamado cívico a esos “hombres varones y masculinos”.

Razón tiene Diario de Cuba cuando, en su más reciente editorial, califica la marcha del pasado sábado como “un hito en la lucha por los derechos humanos en Cuba”.

René Gómez Manzano es abogado y periodista independiente.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.

La mano de Cuba en las conversaciones venezolanas de Oslo

El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, habla a sus seguidores el 1ero de Mayo de 2019 en Caracas, Venezuela. (AFP).

Después de brillantes demostraciones como opositor atinado, Juan Guaidó ha caído en la trampa que siempre dijo rechazar: autorizar conversaciones con Maduro. La razón: hay un nuevo factor jugando ahora en la ecuación: la Cuba castrista. Según los reportes de prensa, las conversaciones de Oslo fueron inicialmente sugeridas por La Habana. De ahí el peligro de haberse planeado en la isla una solución afín a sus intereses, aunque para ello tenga que entregar alguna pieza del complejo ajedrez que se juega en Caracas. Maduro sería sacrificado.

Desde las fallidas negociaciones de la oposición venezolana con altos mandos de la dictadura madurista, ya se vio más o menos claro que los planes de La Habana podrían implicar el cambio de Maduro por el general Padrino. Cuando este general puso como condición encabezar el gobierno de transición, detrás estaba la inteligencia cubana intentando controlar el proceso y colocando uno de sus mejores hombres, el general Padrino, encabezando los cambios hacia “la democracia”, la cual sería, ir a un esquema ya probado antes por el castrismo en Nicaragua.

Eso significa que muy probablemente la oposición haya recibido garantías de un relevo de Maduro por un gobierno de transición más elecciones, como exige Guaidó, pero dejando intacto el ejército encabezado por Padrino y el partido por Cabello. Habría elecciones que el castrismo estaría dispuesto a perder de inicio (recordemos la victoria de Violeta Chamorro) pero petróleo para Cuba y el esquema chavista continuaría en Venezuela, incubándose y a la espera.

El esquema que el castrismo promueve para Venezuela ahora, podría satisfacer los pedidos de EUA respecto a que “Cuba recoja sus militares”, pudiendo los cubanos sugerirles a los norteamericanos una solución para la isla similar a la venezolana. Retirando sus 20 mil hombres (casi todos médicos) pero dejando intacto el sistema de contrainteligencia sembrado en el ejército que encabezaría Padrino. Dentro de la isla el proceso sería sin cambios políticos y sin elecciones, pero con determinadas garantías capitalistas en la economía. ¿EUA aceptaría?

No habrá solución democrática en Venezuela -ni en Cuba- que no implique extirpar de raíz la ideología castrista, cosa que aparentemente la actual oposición venezolana no es muy consciente, al manifestarse contra una solución militar, única manera de “limpiar” totalmente el panorama marxista venezolano y cubano. Nicaragua es testigo del error de haber permitido una solución a medias, dejando impostado un partido y un ejército marxista, dispuestos a regresar.

Consulte otros artículos de Jorge Hernández en Cubalibredigital.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.​

Una alianza mortal, otra necesaria

En esta imagen de archivo opositores al mandatario Nicolás Maduro protestan en las calles de San Cristóbal, estado de Táchira. (AFP0.

El régimen cubano es la única dictadura con proyección transnacional, con prácticas sistemáticamente injerencistas que ha conocido el continente. Un régimen que ha victimizado a sus ciudadanos, también a otros de muchos países por su naturaleza subversiva e imperialista.

No se ajustaría a la verdad titular al castrismo como el primer y único promotor de la desestabilización política en el hemisferio, pero ha sido el más constante y efectivo en ese propósito, gestión que cobró un segundo aire a partir del momento en que Hugo Chávez llegó al poder.

Chávez y Castro integraron una dupla peligrosa para las democracias y sus defensores. El cubano aportó los conocimientos y experiencias acumuladas en 40 años de dictadura y el venezolano puso a la orden de Castro las riquezas del pueblo venezolano y una renovada propuesta, el Socialismo del Siglo XXI, con la que capturó a muchos tontos útiles y compañeros de viaje, tanto venezolanos como extranjeros.

Esos que siempre están ávidos de un alumbramiento político, que necesitan un Mesías que les cure de envidias y frustraciones, lo recibieron con pasión desbordada al igual que a Fidel Castro décadas antes. La obcecación fue tan grande que ni aun cuando el golpista decidió “conducir a Venezuela al mar de la felicidad cubano”, fueron capaces de romper el encantamiento.

La victoria chavista y su subordinación a Fidel Castro, incentivo el populismo en importantes países del hemisferio, sin que sus partidarios entraran a considerar que el populismo y el populismo marxista en particular, solo han dispensado muerte, miedo, pérdida de derechos y miseria.

Otros seguidores

Venezuela, Nicaragua y Bolivia importaron todos los males implantado en Cuba. Un régimen de carácter unipersonal con leyes y funcionarios que la jerarquía maneja a su antojo, cuyos derivados inmediatos son la intolerancia, el sectarismo y la miseria junto a un empobrecimiento moral del ciudadano que lo transforma en siervo de cualquier burócrata.

Cuba ha sido la víctima más emblemática de propuestas salvadoras que generalizan la indigencia e incrementan las injusticias. La isla ha sido sujeto de todos los males mencionados, razón por la cual sigue padeciendo un régimen de terror desde hace sesenta años, siendo lo más funesto que a pesar de sus fracasos ha contado con una clientela en el continente dispuesta a subvertir el orden político de sus respectivos países para imponer el modelo que propugna.

Venezuela ejemplifica en el presente los horrores de una catástrofe social y lo dificultoso que es superarla, aunque un sinnúmero de ciudadanos lo procure.

La represión y el desconocimiento de los reclamos de la mayoría son una constante, y la ignorancia y rechazo a las campañas de solidaridad internacional, salvo que impliquen acciones concretas y no simples denuncias y reclamos, no pasan de ser para estos déspotas simples dolores de cabeza.

El régimen castrista ha sido muy pernicioso para Cuba, pero todo parece indicar que la tragedia venezolana es la más devastadora que ha conocido América.

El castrismo original ejerció en las primeras décadas de su incubación un férreo control social que no dejaba espacio a decisiones individuales por importantes que fueran sus promotores, manejo que sirvió para controlar la corrupción y las contradicciones sociales,

Esta situación ha cambiado drásticamente en los últimos años con las generaciones de relevo en las medias y altas posiciones de gobierno, formadas básicamente por los descendientes de la jerarquía histórica. El relevo generacional castrista disfruta las riquezas como el más hedonista de los boliburgueses chavista.

En Cuba solo los elegidos podían disfrutar de ciertos conocimientos y fortunas, en Venezuela no ha sido así.

Con la ineficiencia del chavismo y sus secuelas Nicolás Maduro y Diosdado Cabello nunca han podido controlar la corrupción, lo que ha convertido a ese régimen en el máximo representante de lo que es el crimen organizado en el poder.

Las jerarquías de ambos regímenes están estrechamente vinculadas, la sobrevivencia de uno es vital para que el otro subsista, así que los hijos de ambos pueblos deben bregar en pareja para alcanzar la libertad, aunque la destrucción causada por Castro y Chávez será un lastre muy difícil de deshacer y por largos años estarán afectando negativamente a Cuba y Venezuela.

NOTA DEL EDITOR: Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de Radio Television Martí.

¿Por qué nos va tan mal?

Jorge Riopedre, escritor y periodista

Las palabras tienen vida; son como manantiales de ideas o ráfagas de luz descolgadas de repente ante una interrogante. Cuando ello ocurre, bien porque uno mismo cuestiona la realidad o escuchó al azar una pregunta de esa naturaleza, se desata en la imaginación la clave de un enigma en desafío del tiempo, como aquel mundo tan reciente de Gabriel García Márquez en el que para mencionar las cosas había que señalarlas con el dedo. Y cuando uno encuentra la palabra indicada, entonces la centrífuga mental se detiene, hace una pausa, traza un rumbo plausible con la
confianza necesaria para empeñar la predicción de un acontecimiento.

Fenómeno habitual en la investigación periodística o las ciencias sociales en busca de pruebas circunstánciales, tan buenas como las pruebas físicas cuando las medidas estadísticas de probabilidad reemplazan el concepto de certeza. Haber escuchado en cierta ocasión esa pregunta sincera y espontánea, ¿por qué nos va tan mal?, revivió en mí el interés por la cantera riquísima de la cultura y el caudillismo, tema muy trillado de escaso interés popular o académico pero de permanente actualidad, a la espera de
una suerte de arqueología histórica de los estratos o capas socio-culturales y políticoeconómicas de las sociedades que dieron vida al hombre fuerte latinoamericano; pero eso lo dejaremos para otra ocasión. Por el momento, en el marco de lo que acontece en Cuba y Venezuela, el concepto antropológico de cultura me parece un buen punto de aproximación a las condiciones que dictan el comportamiento de América Latina, región a la que he de referirme en lo adelante como Hispanoamérica.

Cultura, como lo entienden los antropólogos, no es tocar el violín, citar a Jorge Luis Borges o recitar de memoria los poemas de Pablo Neruda; eso es erudición. Cultos son todos los seres humanos en sus respectivos medioambientes, toda vez que cada cual conoce a fondo su entorno, oficio, profesión o malvivir.

Todos quedan marcados por la cultura donde nacen o se crían, sujetos a los rasgos de la cultura dominante que se fija en el inconsciente colectivo por la tradición y las costumbres.

Sólo escapan de estas normas (en cualquier país) quienes emigran u optan por vivir al margen de la sociedad. Nada acontece sin un hilo conductor, sin algún precedente biocultural (naturaleza y crianza) que prolonga la continuidad de la especie. De haberse criado exclusivamente entre los suyos, es casi seguro que Don Martín, el hijo de Hernán Cortés y la Malinche, hubiera sido un cacique maya, pero el vuelco de su crianza lo convirtió en Caballero de Santiago. Ni que decir tiene que en lugar de noble
indígena, la crianza del Inca Garcilaso de la Vega, emparentado con Atahualpa, lo convirtió en prominente cronista e historiador de la colonia.

Hay incontables ejemplos de la mezcla de la nobleza indígena con los colonizadores y curas de la conquista, que también gozaban del favor de las indígenas. Esta relación, a la que he referirme brevemente, dio paso a una sociedad sin concierto, inspirada en el enriquecimiento de los conquistadores como piratas que toman una ciudad y la saquean.

Discrepo de la Leyenda Negra, pero los primeros conquistadores venían sin familia en busca de fortuna. Sus descendientes, los Simón Bolívar, José de San Martín y José Martí, eran hombres modernos para la época, libres en alguna medida del colonialismo, pero en busca de un futuro incierto.

Deseaban la independencia de España inspirados en las revoluciones de Francia y Estados Unidos, pero no sabían que hacer con ella. Así lo deja ver Martí en esta elocuente reflexión. “En las plazas donde se quemaban a
los herejes, hemos levantado bibliotecas. Tantas escuelas tenemos como familiares del Santo Oficio tuvimos antes. Lo que no hemos hecho, es porque no hemos tenido tiempo para hacerlo, por andar ocupados en arrancarnos de la sangre las impurezas que nos legaron nuestros padres.”

Esta reflexión poco citada cala hondo, le sale seguramente de lo más profundo de su alma, la siento yo, aquí, más de un siglo después de su muerte, escribiendo estas cuartillas en busca de respuesta. José Ortega y Gasset tal vez nos dio la clave de nuestra inestabilidad al juzgar la crisis
social peninsular como “la embriogenia defectuosa en la formación de la nacionalidad española”.

Estados Unidos no expulsó a España completamente de América. La dejó intacta en Cuba con el Tratado de París. Era el último reducto peninsular, su Peñón de Gibraltar en el Caribe. Eso es lo que estamos viendo en Venezuela, el último bastión de los descendientes de Fernando VII en América, fenómeno improbable sin la intervención de las Fuerzas Armadas e inteligencia cubanas. ¿Qué se puede esperar?

Por lamentable que sea, Estados Unidos no puede intervenir en cuanta alteración gubernamental ocurra en América y en el mundo a menos que su seguridad nacional se vea amenazada. Hasta ahora no se han dado esas condiciones. Tal vez los asesores de seguridad nacional del presidente Donald Trump no le aconsejaron bien, pero a mi juicio Hispanoamérica no tiene suficiente peso en la política exterior de Estados Unidos. Ellos mismos se lo han buscado.

Yo pude presenciar en la V Cumbre de las Américas en Mar del Plata, Argentina, 2005, como sabotearon todos los esfuerzos del Presidente George W. Bush por lograr una integración económica. Después de aquella vergonzosa reunión en la que maltrataron de palabra a Bush, Estados Unidos renunció a su proyecto de integración hemisférica. Hoy se escuchan
lamentos de los altibajos en las relaciones de Estados Unidos con Hispanoamérica, pero pocos parecen recordar lo que sucedió en la Cumbre de Argentina, cuando se presentó la oportunidad de aprobar el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), saboteado por Lula da Silva, Néstor Kirchner y Hugo Chávez. Ahora, después de veinte años de votar repetidamente por Hugo Chávez y aceptar a Nicolás Maduro, Venezuela quiere que Estados Unidos riegue con su sangre lo que ellos contribuyeron
a crear. No parece posible que tal cosa ocurra. El mundo entero comparte vuestros sufrimientos pero ustedes mismos se lo buscaron.

(NOTA DEL EDITOR. Esta opinión del autor es de su exclusiva responsabilidad y no representa los puntos de vista de RadioTelevisionMarti)

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