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Opiniones

Cuba: Brzezinski, Castro, perestroika y cabezas pensantes

Brzezinski con Lech Walesa.

LUCERNA, Suiza - Cuando el 2 de junio en Martí Noticias leí Cuba en la órbita de la eminencia gris que fue Zbginiew Brzezinski, de Armando de Armas y Álvaro Alba, a mi memoria vino aquella etapa de los años 80, cuando la perestroika y la glasnost hacían furor en la Unión Soviética y... en Cuba. También recordé algunas de las acusaciones públicas que Fidel Castro le hizo al polaco Brzezinski, fallecido el 26 de mayo a la edad de 89 años, en Virginia, Estados Unidos.

Gracias a internet, en El País localicé una de esas acusaciones. El 14 de junio de 1978, el diario español publicaba Castro, dispuesto a entrevistarse con el presidente Carter y debajo, en un recuadro titulado Castro acusa a Brzezinski de querer provocar un 'incidente de Tonkín' en África, se leía: "Todas las críticas del líder cubano se centraron en el consejero de Carter para asuntos de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski al que Castro acusó de estar conectado con círculos que desean buscar un incidente similar al del golfo de Tonkín, que permita una intervención norteamericana en África. El incidente del golfo de Tonkín tuvo lugar en 1964, cuando el ataque a varios destructores norteamericanos en esas aguas, permitió al presidente Johnson obtener del Congreso autorización para intervenir militarmente en la guerra de Vietnam".

En El País también encontré dos informaciones que me llamaron la atención. El 1 de mayo de 1979, el ex ministro español Rodolfo Martín Villa y el embajador de España, Enrique Suárez de Puga, fueron recibidos por Fidel Castro en La Habana. Unos días después, Martín Villa se reunió con Brzezinski en Washington. El ex ministro aclararía en ABC que su viaje a Cuba fue "estrictamente privado".

Martín Villa, uno de los protagonistas de la transición española y en ese momento uno de los políticos mejor informados de España, viajó nuevamente a Cuba en junio de 1998, en esta ocasión como presidente de ENDESA, compañía eléctrica estatal. Le acompañó el ministro de Industrias, Josep Piqué y una delegación empresarial. En aquella ocasión, ENDESA pretendía invertir 500 millones de dólares en la planta de Santa Cruz del Norte, que gestionaba un consorcio canadiense. No sé si por desconocimiento o exprofeso, ninguno de los dos viajes de Rodolfo Martín Villa a Cuba es mencionado en Los mil tentáculos del Grupo Prisa, publicado en 2008.

Quien sí ha mencionado a Brzezinski en sus artículos es el historiador oficialista Elier Ramírez Cañedo. En septiembre de 2009, en La crisis de la brigada soviética y en 2014, en la serie de tres relatos sobre los encuentros de Paul Austin, presidente de Coca Cola, con Fidel Castro: en el primero, el segundo y el tercero y último.

A propósito de Ramírez Cañedo: el pasado mes de febrero, la periodista Tania Díaz Castro respondió en Cubanet "las mentiras sobre la ruptura de Estados Unidos con el castrismo" vertidas en Granma por el historiador.

Elier Ramírez Cañedo nació en 1982 y de algunas cosas se enterará por este escrito. Pero lo cierto es que en la década de 1980-1990, a mucha gente en Cuba no solamente le interesaba lo que dijera o hiciera Brzezinski, también le interesaba lo que dijeran o hicieran otros políticos y asesores o periodistas, académicos, intelectuales y empresarios influyentes de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. Era el caso de los funcionarios que con Carlos Aldana al frente, dirigían el DOR, el departamento de orientación revolucionaria del comité central del partido comunista, entre ellos Víctor Manuel González, Raúl Castellanos y Enrique Román.

Un poco antes o después, pero por la misma época, con cargos o sin cargos dentro del partido o el gobierno, unos más especializados en un tema que en otro, me gustaría añadir, entre otros, los nombres de Humberto Pérez, Alcibíades Hidalgo, Norberto Fuentes, Eduardo López Morales y el equipo fundador de EICISOFT, presidido por Armando 'Mandy' Rodríguez (recomiendo leer su libro Los robots de Castro) y que tuvo montones de cabezas pensantes, como los ingenieros José Ramón López, Marco Antonio Pérez López y Humberto Lista, fallecido en 2016.

En todos los ministerios e instituciones había personas fuera de serie, como la ingeniera Mariana Badell Iturriaga en el CECE; el profesor Félix Bonne Carcassés en la CUJAE y los ministros Marcos Lage, de la industria azucarera, y Marcos Portal, de la industria básica. También en el ICRT, ICAIC y UNEAC. O entre militares del MINFAR y el MININT, quienes al margen de obediencias y reglamentos, a puertas cerradas eran ciudadanos que objetivamente analizaban las situaciones y no tenían prejuicios para hablar con disidentes y leer libros del 'enemigo imperialista'.

Esa etapa existió en Cuba y tuve la suerte de haberla vivido y poderla contar. Pero fue el propio Fidel Castro el encargado de desbaratar aquel entusiasmo, aquella sed de información, de autosuperación, de cambio. Y trató de que en la isla los cubanos no pensaran con su propia cabeza, no hablaran en grupo, no debatieran, no dieran sus puntos de vista en reuniones del sindicato o del partido. Sus análisis y desacuerdos tenían que limitarse a la soledad de sus cuartos. O de sus celdas, pues muchas cabezas pensantes cubanas fueron enviadas a prisión como Martha Frayde, Mario Chanes de Armas, Adolfo Rivero Caro, Ricardo Boffill, Samuel Martínez Lara y los hermanos Sebastián y Gustavo Arcos Bergnes, entre otros cientos de hombres y mujeres que desde el mismo año 1959 descubrieron que Fidel Castro no era el demócrata que decía ser, si no un verdadero autócrata. Y los que no fueron fusilados, su oposición al castrismo la pagaron con la cárcel, el martirio y el destierro.

Fidel Castro siempre fue enemigo de los librepensadores, de las personas que por su cuenta se informaban y les gustaba investigar, emprender, crear. Uno de sus 'legados' es esa retahíla de papagayos y talibanes que el país tiene hoy en la prensa y en instituciones académicas y culturales. Pese al intento fidelista por apagar voces y secuestrar el pensamiento, el periodismo independiente surgido hace más de veinte años echó raíces y actualmente una generación de cubanos jóvenes, escriben y opinan en incontables sitios webs y blogs personales.

Volviendo a la década de 1980-1990. Entonces, casi nadie podía viajar al extranjero, a no ser por cuestiones de trabajo, estudio o una hazaña laboral. De esos viajes, solían traerse materiales y vivencias que se trasmitían oralmente, por teléfono, fax, postales o cartas, las vías de comunicación de entonces. Otros, como yo, de libros enviados por amigos brasileños, traducía fragmentos, los mecanografiaba y con papel carbón sacaba numerosas copias. Lo hice con tres libros 'prohibidos' en Cuba, los tres publicados en 1986: Fidel, un retrato crítico, de Tad Szulc; Made in Japan, de Akio Morita and Sony, y Una autobiografía, de Lee Lacocca y William Novak.

Esas hojas circulaban de mano en mano. Un vecino que trabajaba en el Ministerio del Azúcar, en la fotocopiadora sacaba varias copias y se las hacía llegar a colegas y amigos. Otro vecino, militar de una unidad en las afueras de la ciudad, hacía lo mismo. En una ocasión, este vecino, que era militante del partido, me pidió que le ayudara a redactar y después le mecanografiara, con tres copias, un informe sobre problemas en su unidad. Amigos y conocidos de organismos hacían lo mismo y se encargaban de que decenas de personas las leyeran.

Ojalá hubiera tenido una máquina de escribir eléctrica. La que tenía era mecánica, fabricada en la empresa Robotron de la ex RDA, pero en ella podía sacar hasta 10 copias con papel carbón, si estaba nuevo y era de la marca Pelikan. El original con papel bond y las copias con papel cebolla. Opciones mejores eran el ditto y el stencil, que podías tirar cien copias o más. En las oficinas donde había trabajado, utilizaban ditto, con aquella tinta morada que todo lo manchaba, o stencil para imprimir en mimeográfo, pero no conocía a nadie que tuviera uno u otro en su casa.

El hábito de leer informaciones, recortarlas y guardarlas lo adquirí desde niña (nací en 1942). A fines de los años 40 y principios de los 50, cuando Blas Roca, de quien mi padre era escolta estaba en su oficina, en la sede del Partido Socialista Popular en la avenida Carlos III, en vez de estar conversando o durmiendo en el auto, mi padre se sentaba a ayudar a Lucrecia, entonces una joven archivera del PSP (aún vive, tiene 94 años). Era fácil: recortar informaciones, previamente marcadas de los periódicos del día, pegarlas en hojas de papel gaceta, ponerles la fecha y archivarlas en files según la temática. En mis días libres, mi padre me llevaba y me dejaban recortar y pegar, algo que me encantaba. Algunas vivencias las conté en Una experiencia personal.

Cuando no existían computadoras ni internet, muchos profesionales en Cuba también tenían ese hábito, de leer, marcar, recortar y archivar. Los que tenían condiciones en sus casas, guardaban completos los periódicos y revistas, debidamente clasificados y separados de sus estantes con libros y enciclopedias. Un sistema rústico y a expensas de que se te mojaran o fueran pasto de polillas y cucarachas, pero que a maestros y periodistas nos era útil.

Cuando se quiere se puede, dice el refrán. Y el hecho de no contar con suficientes recursos materiales ni tecnológicos, no impidió que miles de cubanos, de la capital y de provincias, estuviéramos al tanto de Zbigniew Brzezinski, Herny Kissinger, Madeleine Allbright, Colin Powell, Condoleezza Rice, Cyrus Vance, Mijaíl Gorbachov, Boris Yeltsin, Eduard Shevardnadze, Lech Walesa, Karol Wojtyla, Václav Havel, Deng Xiaoping y otros cuyos nombres saltaban a los medios internacionales y con más o menos demora eran conocidos en la isla.

Igualmente de mano en mano circulaban los libros 1984 y Rebelión en la Granja, del inglés George Orwell, La Gran Estafa, del peruano Eudocio Ravines, Archipiélago Gulag, del ruso Alexander Solzhenitzyn y El Libro Negro del Comunismo, de varios autores. O folletos donde se profundizaba sobre la invasión soviética a Hungría en 1956, las revueltas estudiantiles de Mayo de 1968 en Francia o la Primavera de Praga, de enero a agosto de 1968.

En mi blog, en el post titulado Del 'políticamente correcto' 1968, menciono un documento de la embajada checa que circuló clandestinamente en La Habana. Por Radio Bemba uno se enteraba de lo que pasaba en las UMAP o de la Microfracción, la primera gran purga política de los Castro. Y quienes teníamos radio de onda corta, las noticias escuchadas por la Voz de los Estados Unidos, BBC, Radio Nederland, Radio Exterior de España o Radio Francia Internacional, luego se las contábamos a familiares, amigos y vecinos. Cuando el 20 de mayo de 1985 salió al aire Radio Martí, los cubanos ávidos de información nos pusimos las botas.

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Cuba: La cúpula mafiosa se equivoca de época

Vista de la sede de GAESA, el emporio militar cubano.

Después de caer el muro de Berlín y desaparecer más tarde la Unión Soviética el castrismo incrementó aceleradamente las medidas de preparación para reprimir con violencia toda manifestación contra el régimen estalinista. Fidel Castro estaba decidido a ahogar en sangre cualquier intento de derrocarlo.

La fuerza aérea, proporcionando los helicópteros, comenzó la cooperación con las tropas especiales en los ejercicios y maniobras para asegurar la eficiencia de los métodos represivos. Para la realización de estos ejercicios se construyó un pueblecito fantasma al sur Guanabo en la provincia de la Habana. Las tropas hasta nivel de batallón, con trajes antimotines, carros especiales y escudos, eran apoyadas por tropas especiales de desembarco desde helicópteros.

El coronel que estaba al frente de aquello llegó a decirle unas palabras a un amigo común que aquel no pudo olvidar jamás: El día que tenga que utilizar mis tropas para enfrentar una situación como esta, se acabó la revolución. Pero en la Cuba de 2021 todos saben que no existe revolución ni socialismo que defender.

Un grupo de militares mafiosos han monopolizado todas las empresas rentables en GAESA y no rinden cuenta a nadie de sus ganancias ni operaciones mientras el país se hunde en la miseria. El estado se ha desentendido del bienestar e incluso de la subsistencia misma de la población.

El problema que enfrentan hoy esos aparatosos preparativos para una guerra contra el pueblo es que el escenario operativo ha cambiado radicalmente en el siglo XXI.

El desarrollo tecnológico actual unido a la proliferación de las redes sociales ha minado el monopolio de la información que la dictadura totalitaria mantenía sobre la sociedad cubana. Los acontecimientos que se suceden en el país recorren el planeta en cuestión de segundos. Ya no se pueden ocultar los desmanes y abusos de los cuerpos represivos. Solo un suicida intentaría reproducir en Cuba una masacre como la de Tiannamen con miles de celulares filmando y trasmitiendo los sucesos.

Hoy el costo de ejecutar una masacre semejante de forma impune en Hong Kong o Myanmar sería incalculable. ¿Creen que podrían realizarla en Cuba? El mundo entero sería testigo en tiempo real de los sucesos. Además, en el caso de Cuba ocurrirían a 90 millas de la Florida –el estado que decide las elecciones estadunidenses y donde se concentra la mayor parte del exilio cubano. El nuevo escenario operativo es sumamente peligroso para quien ordene desatar esa represión. Quien imparta esa orden sepa que será su último error y deberá atenerse a las consecuencias.

Pero hay otro factor adicional. Los militares cubanos que no participan de las ganancias del estado mafioso de GAESA hoy sufren las mismas necesidades y privaciones que el resto del pueblo. Ya son muchos los que están resueltos a no cumplir órdenes fratricidas contra sus compatriotas. No van a asesinar mujeres, ancianos, jóvenes y niños desesperados por el hambre y la miseria. Saben que ellos no son el enemigo. Ya hay demasiados muertos. Lo que todos queremos, exigimos, es “Patria y Vida”.

En ese complejo contexto, un grupo de cubanos han tomado una decisión inédita: pese a considerarse militares, aun si están en retiro, también se consideran objetores de conciencia para alertar a sus compañeros de armas sobre los peligros que se avecinan. Como tales decidieron publicar un manifiesto que yo también he suscrito.

Los militares cubanos, en activo o retirados, tenemos el deber de brindar todo el apoyo y solidaridad a la población y colaborar con esos valientes jóvenes que protestan a diario en las calles de Cuba demostrando que ya han perdido el miedo. A la elite de poder le aseguramos que si se atreven a recurrir al uso letal de la fuerza tendrán que responder ante tribunales por la sangre inocente que se vierta en las calles y pueblos de Cuba. No es fantasía. Busquen un espiritista y pregunten a Nicolae Ceaușescu si él no se creía también intocable antes de su caída.

Febrero 23, 2021

Zapata, aniversario de un crimen

Orlando Zapata Tamayo - Composición.

Orlando Zapata Tamayo hizo uso del derecho de toda persona a elegir su forma de vivir. Rechazó la doble moral, la hipocresía sistemática y la simulación que solo conduce a la abyección o a morir en cadenas, que no es vivir.

Zapata, después de haber optado por ejercer su soberanía personal en la medida que le dictaban sus ideales, al igual que Pedro Luis Boitel y al menos una decena más de prisioneros políticos cubanos, asumió otro derecho supremo, el de elegir la forma de morir.

Recurrir a una huelga de hambre para demandar derechos es una acción extrema. Muchos se oponen a una práctica que cuando no termina en tragedia, deja huellas irreparables en el individuo. Las lesiones heredadas son demoledoras y pueden arrastrarse por toda la existencia si se sobrevive.

Los motivos que impulsan a un individuo a declararse en huelga de hambre deben ser muy graves y bien estudiadas sus secuelas, tanto en el orden moral como el corporal, porque es una decisión con grandes posibilidades de pasar del drama a la tragedia en menos de un suspiro. Las huelgas de hambre pueden ser funestas, aunque el desenlace no sea fatal.

Cuando Orlando Zapata Tamayo arribó a los 5 años y diez días de haber nacido, no podía imaginar que, en la prisión del Castillo del Príncipe, en La Habana, había fallecido, en mayo de 1972, Pedro Luis Boitel, un joven dirigente estudiantil que por 53 días había realizado una última huelga de hambre, después de otras muchas.

Zapata Tamayo, albañil y plomero, cumplía una sanción de 36 años de cárcel cuando decidió en la prisión de Kilo 8, Camagüey, iniciar una huelga de hambre que terminó con su vida 83 días después. Zapata al igual que Pedro Luis, se negó a recibir alimentos en numerosas ocasiones durante su encarcelamiento. La huelga fue un recurso al que recurrió para reclamar sus derechos y el de sus compañeros de infortunio.

El militante del Movimiento Alternativa Republicana, encarcelado durante la denominada Primavera Negra de Cuba, en marzo de 2003, acumuló en los numerosos procesos a que fue sometido una sanción de 36 años de cárcel, a pesar de que fue condenado en un primer proceso a tres años de prisión.

Zapata Tamayo, al igual que Boitel, recibió severas golpizas y cumplió un doloroso periplo que le llevó a las cárceles castristas de mayor severidad, entre ellas Taco Taco, Kilo 8, la prisión provincial de Holguín, y algunas como Guanajay, que en tiempos diferentes compartió el doloroso espacio con Pedro Luis Boitel.

Al menos una docena de cubanos prisioneros políticos han muerto como consecuencia de las huelgas de hambre realizadas en los calabozos castristas. La cifra exacta tal vez nunca se conozca. Las pesquisas que se han hecho al respecto, a pesar del esfuerzo y la seriedad de los investigadores, no han sido suficientes porque el control sobre la información que ha ejercido la dictadura es mucho más severo en los índices que pueden mostrar la crueldad extrema del sistema.

Hay quienes afirman que la huelga de hambre está en la ruta del suicidio, pero es justo destacar que independientemente a como se enjuicie, es una decisión que demanda fuertes convicciones. Es una vía dolorosa que lleva a una muerte inexorable, aunque sea a plazos.

La huelga de hambre ha sido usada a través de la historia y en diferentes circunstancias como un instrumento de lucha. Con ese tipo de huelga se buscan beneficios, mejores condiciones de vida y también demostrarle al enemigo que, aunque se esté en la celda más oscura y en el rincón más abyecto y olvidado del mundo, la dignidad no se ha perdido y se conserva el derecho supremo de usar el cuerpo como único escudo en la batalla final en que la vida es el único don a entregar.

Orlando Zapata Tamayo se dio por entero a Cuba. Regaló su vida, cuando muchos en la mezquindad de sus miserias callan y rinden culto a la dictadura. Una vez más es válida aquella expresión de José Martí: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra quienes roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”.

Martí, sentimiento y realidad

Monumento a José Martí en Ciudad de Guatemala. (Johan Ordoñez/AFP)

José Martí es una rica fuente de conocimientos. Su vasta obra debería ser estudiada por aquellos que aspiran a ser políticos porque es un reservorio de sabias reflexiones sobre problemas inherentes a la cosa pública.

Fue un hombre excepcional por el hecho de que defendió sus ideales hasta las últimas consecuencias, pero también lo fue por la riqueza de su pensamiento y la vastedad de sus enseñanzas.


Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando en que las dictaduras y extremistas en general van a ser dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Además, Martí demostró en todo momento su disposición absoluta a asumir sus responsabilidades con la Patria. No dejaba en manos de otros los que eran sus deberes, y por eso escribió y lo hizo realidad con sus acciones, “los derechos se toman, no se piden: se arrancan, no se mendigan”. No se ocultó detrás de su intelecto, de su liderazgo. Cuando fue pertinente partió al frente para testimoniar que respaldaba sus palabras con hechos.

Estudiar a José Martí deja apreciar la grandeza de un hombre que se forjó actuando en base a sus convicciones, no haciendo concesiones a otros hombres, también muy honorables, pero que estaban equivocados. Nunca se plegó a la corrección política. Fue capaz de enfrentarse a los gigantes de la Guerra de los 10 Años, 1868-1878.

Entre esos grandes de la independencia cubana había serias divergencias y conflictos de personalidad, pero tuvieron la fortaleza moral de arar juntos para que la tierra de todos alcanzara la Libertad, grandeza que se siente en falta en el presente cuando vemos que la mayoría de las personas solo buscan adelantar sus agendas personales, aunque sea en detrimento de propuestas más racionales y apropiadas.

Otra particularidad de estos tiempos de desinformación es impulsar las soluciones de los problemas que nos agobian con gestiones que sean de nuestro agrado, aunque el sentido común nos diga que esa no es la ruta correcta para lograr el cambio. Para algunos, quedar bien es más importante que hacerlo, otra aberración de una modernidad mal entendida.

Lo políticamente correcto se ha difundido tanto, ha penetrado tan profundamente en la sociedad, que puede ser un riesgo ir en contra de afirmaciones que se han hecho populares, o de propuestas que disfrutan del respaldo de la mayoría y/o cuentan con la aceptación de personas influyentes o poderosas. La doble moral, tan difundida bajo el castrismo, es una presencia cierta en las sociedades democráticas.

Por otra parte, en estos tiempos de corrección política, cuando muchos individuos escogen la conveniencia sobre las convicciones, y abundan quienes defienden propuestas que podrían estar distantes de la realidad y lo justo, no por error sino intereses, tampoco faltan los que, a como dé lugar, protegen sus ideas, aunque eso implique malas consecuencias, de ahí la importancia de otra expresión del Apóstol:

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro”.

Año 62 de la Era Castrista

Un bicitaxi y un almendrón circulan por La Habana. (Archivo)

Artículo de opinión

Muchas personas no se percatan que los años pasan para los demás, no solo para ellos, y menos aún asimilan que hay países controlados por regímenes que llevan más tiempo en el poder que las décadas que tienen de vida.

Cuba se encuentra en esa ignominiosa relación, bochorno para muchos cubanos. La dictadura llega a los 62 años en el poder, que es igual a 744 meses y 22320 días una cifra espeluznante si apreciamos que la inmensa mayoría de la población tiene menos de 62 años, lo que significa que una cantidad significativa de isleños ha vivido bajo un mismo régimen toda su vida.

Conversaba al respecto con el poeta venezolano Abel Ibarra. Hablábamos sobre los cambios radicales que han sufrido, Venezuela y Cuba, después de la llegada al poder de esos dos singulares depredadores sociales, Hugo Chávez y Fidel Castro, sujetos que, por su gestión e influencia, han marcado de manera indeleble el antes, durante y después de ambos pueblos, amén de gobernar por largos años.

Le decía a Ibarra que los cubanos deberíamos someternos a una especie de jornada de reflexión en la que contempláramos la Cuba antes del triunfo de la insurrección, el mandato revolucionario y las potenciales ocurrencias en el postotalitarismo, con el objetivo de conocer las transformaciones sufridas en todos los ámbitos por el sujeto cubano y en qué medida revertir lo negativo con vistas a ser mejores ciudadanos y un mejor país, a lo que el poeta agregó que en su tierra ha ocurrido algo similar, porque sus compatriotas también han cambiado mucho lo que ha repercutido ampliamente en la sociedad nacional.

Según Ibarra ambos pueblos deben hacer una profunda introspección e incursionar en los desaciertos como individuos y como nación, aprender de esas pifias e iniciar un proceso de reconstrucción que nos haría a todos mejores personas y ciudadanos, propuesta con la que estoy de acuerdo absolutamente, y me atrevo a sugerir que tantos los prisioneros políticos del chavismo como del castrismo podrán hacer grandes aportes a ese proceso porque han sido personas que por las condiciones que implica un encierro han podido meditar un mayor tiempo, a la vez que han tenido experiencias particularmente traumáticas de lo que son capaces los regímenes de fuerzas amparados en el populismo ideológico y el marxismo.

Esta nota está asociada a Cuba, ojalá, Ibarra haga otro tanto con la experiencia venezolana.

Cuba antes de Castro tenía los claroscuros de cualquier república latinoamericana, con la particularidad de que había alcanzado cotas en la economía y el desarrollo, que la mayoría de los países del hemisferio no tenían. El país disfrutaba de un relativo progreso material, aunque se enfrentaba a problemas políticos serios y a graves problemas sociales, muchos de los cuales, a pesar de la inestabilidad política, estaban en proceso de solución.

Bajo el castrismo los logros alcanzados se deterioraron drásticamente. El nuevo régimen se esforzó por destruir los cimientos civiles y éticos de la República. La historia nacional fue revisada y presentada en base a los intereses de la nueva clase. Las fiestas Patrias fueron sustituidas, las religiones vituperadas y la feligresía sufrió represión y discriminación. La Navidad y Semana Santa fueron abolidas por decretos y restauradas décadas después a conveniencia del régimen, aunque nunca se han deslastrado del trauma de la represión y el sectarismo.

La primera afectada fue la sociedad civil que perdió todas sus prerrogativas y espacios públicos conquistados a través de los años. Los órganos gremiales y colegiados consagrados en leyes y costumbres se extinguieron. El poderoso movimiento sindical perdió su independencia, los medios de comunicación pasaron a manos del estado, el periodismo fue otra correa de trasmisión del incipiente totalitarismo.

El ciudadano empezó a decir si pensando en no. El doble pensar, la doble moral, se espacio y asentó en toda la Isla. El disentimiento condujo a muchos a abandonar el país, la represión y la incapacidad para articular una defensa exitosa de los derechos naturales afectó profundamente a la ciudadanía. La cárcel por motivos políticos fue un final feliz, la alternativa era muerte por fusilamiento.

Como colofón, las bases económicas fueron destruidas. Paradójicamente los repetidos errores de la clase dirigente condujeron a muchos de los que simpatizaban con el sistema a abandonar el país o perder la confianza en el régimen.

El postotalitarismo será una experiencia dura e incierta. Lo primero sería buscar una necesaria conciliación entre las partes y un profundo acto de contrición de todos los que abusaron de su prójimo. La reconstrucción será compleja pero posible si el hombre rehace la conciencia de que la República debe ser con todos y para el bien de todos.

El comunismo según Orwell y Rybakov

Artistas cubanos amanecieron el 28 de noviembre a las puertas del Ministerio de Cultura. YAMIL LAGE / AFP

Para comprender los recientes sucesos de Cuba, la literatura puede ayudar tanto como los estudios socioeconómicos o políticos

LA HABANA, Cuba. – Cuando en días pasados publiqué en este mismo diario digital mi crónica Orwell y la televisión cubana, recibí una nota del colega Luis Cino. En ese mensaje, el prominente periodista me hacía un recordatorio: “Las jornadas del odio”. Con ello me hizo tener presente que cualquiera de las genialidades del gran novelista inglés que omitamos representará una especie de mutilación.

Agradezco la valiosa indicación. Y sí, ya que en el referido escrito no hablé de “los dos minutos” ni de las “semanas del odio”, lo haré ahora, máxime cuando esa ideación de Orwell resulta oportunísima a raíz de las últimas ocurrencias del aparato propagandístico del régimen castrista, que día tras día se dedica a arremeter de modo virulento contra los intelectuales contestatarios.

Los hijos de Arbat, 2 tomo de la edición en ruso.
Los hijos de Arbat, 2 tomo de la edición en ruso.

También aludiré a otra obra maestra que retrata de modo admirable las esencias del comunismo: la novela rusa “Дети Арбата”. Y, por favor, tomen en cuenta que si uso el título original de esa gran obra no es por un pujo de mi parte. Es sólo por las múltiples traducciones —todas válidas— que ha recibido en castellano: “Los hijos…”, “Los niños…”, “Los chicos…” o “Los muchachos del Arbat”.

Pero vayamos por partes. Primero, George Orwell. Las “jornadas de odio” estaban concebidas y diseñadas para instrumentar el rechazo que los súbditos del Gran Hermano debían expresar hacia quien en un momento dado fuese el enemigo de turno del Estado-Partido-Gobierno. En principio, bastaba con “dos minutos”.

“Mercenarios”, “asalariados”, “agentes”, son los vocablos que les dedican....


Claro, en esa sociedad de pesadillas descrita en 1948 ni se soñaba con las redes sociales, y mucho menos con “el potro salvaje del internet” (frase de Ramiro Valdés). Los ciudadanos sólo contaban con las “telepantallas”, por las que constantemente se transmitía la propaganda oficial. Un sueño de los totalitarios que, en estos tiempos, sólo se hace realidad en la abominable Corea del Norte.

En Cuba, por suerte, no. Aunque el servicio que se brinda a los ciudadanos de a pie es caro y malo, ahora los súbditos del castrismo, en principio, tenemos acceso a la red mundial, con todo lo que eso implica. Pero parece ser que los ineptos burócratas del Departamento Ideológico del único partido no se han enterado de ello.

En ese equipo de agitadores profesionales todavía actúan como si los habitantes del país sólo viéramos la Televisión Cubana. Para empezar, no les basta con los “dos minutos” de Orwell. Las diatribas que ahora mismo transmiten contra los jóvenes artistas del Movimiento San Isidro o del 27 de Noviembre duran muchísimo más. “Mercenarios”, “asalariados”, “agentes”, son los vocablos que les dedican. También se intenta vincularlos a actos terroristas reales o supuestos.

un grupo de ciudadanos que se niegan a bailar al son que entona el castrismo ...


En su infinita insensatez, creen que, al apilar esos términos ofensivos contra esos creadores apenas llegados a la adultez, sus insultos y descalificaciones surtirán mayor efecto. No se han dado cuenta de algo obvio: Es tanto el hartazgo con el sistema de opresión, hambre, miseria y necesidad implantado por el castrismo, que, en el cubano de a pie, todas las barbaridades que los cotorrones dedican a quienes se les enfrentan surten un efecto opuesto al deseado.

Y por supuesto que los compatriotas sin acceso a medios de información alternativos, aquellos que sólo tienen cabeza y tiempo para hacer la cola que les permita mitigar unas pocas de sus muchas carencias, se asombran al contemplar en el Noticiero Nacional de Televisión lo que nunca esperaron: la existencia de un grupo de ciudadanos que se niegan a bailar al son que entona el castrismo. Razón de más para que los admiren…

Por su parte, la novela de Anatoli Rybakov sobre la icónica calle moscovita Arbat y el barrio aledaño resulta ilustrativa por otro concepto. El héroe —el joven Sasha Pankrátov— es un miembro convencido y leal de la Juventud Comunista. Comete una equivocación intrascendente que los “camaradas” de su célula pretenden convertir en una prueba de traición

Gracias al error de una secretaria, logra que se señale una reunión con un encumbrado burócrata del partido único; algo que otros perseguidos no tan afortunados como él intentan sin éxito durante semanas y meses. Se supone —pues— que los errores y comentarios que le atribuyen los “camaradas” de su célula serán ventilados “en el lugar adecuado y en el momento oportuno”, como dirían los castristas.

Pero el joven protagonista no contaba con la intervención del tenebroso NKVD. El debate abierto con sus detractores, para el que ya se preparaba, fue reemplazado por los interrogatorios de los instructores policiales. En lugar del encuentro entre comunistas planificado, fue a dar con sus huesos en una lejana aldea de Siberia.

Salvando las distancias, es lo mismo que ha sucedido con los activistas del Movimiento 27 de Noviembre. Algunos de estos, a diferencia de otros de los participantes en los actos contestatarios más recientes, no necesariamente deben ser catalogados como hostiles al régimen imperante. Al menos, no se han declarado abiertamente como tales.

El diálogo para el que se preparaban fue clausurado de forma unilateral por la parte oficialista. ¡Por supuesto que los burócratas del MINCULT no iban a reunirse con ellos! ¿Para qué! ¿Para hacer un papelazo! Y conste que no dudo de los conocimientos y habilidades de los dirigentes cuya participación estaba prevista para ese acto. El problema radica en la misión imposible a ellos asignada: Defender lo indefendible.

Entonces el diálogo o debate no será con los tecnócratas de la Cultura, sino con los corchetes de la policía política. Una opción típica del comunismo, que Rybakov describe con total veracidad e inigualada maestría.

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