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El arte, puente de unión entre Miami y La Habana


Las obras que por estos días llaman la atención de todos en el malecón habanero y otras sedes de la Bienal fueron hechas en Miami, en el estudio-fundición ASU Bronze.

Desde que en 1984, a sugerencia de Armando Hart y Marcia Leiseca, Llilian Llanes, entonces directora del Centro Wifredo Lam, creó la Bienal de La Habana, el diálogo de la Revolución con la cultura cubana se ha visto obligado a cambiar, pasando del matiz intenso al prudente, y es un verdadero pesar que nuestra oposición no haya conseguido nunca captar la atención de este gremio.

El Gobierno sabe que no existe un movimiento social que se respete sin artistas a la vanguardia; y sabe también que la Bienal es ese espacio donde se reúnen artistas para promover el arte.

Lo interesante es que esta cita cultural, la XII edición, además de convertir La Habana en centro mundial de las artes visuales contemporáneas, y de invadir la intranquilidad habanera con artillería de pinturas, regimientos de videoarte, batallones de esculturas, escuadrones de instalaciones y pelotones de acción plástica (performance); ha ido creando una nueva manera de comunicación y colaboración entre artistas residentes en la isla y Miami.

Es bueno conocer que las obras de Manuel Mendive, Arles del Río, Roberto Fabelo, Rafael Pérez, Osmany (Lolo) Betancourt, Eduardo Abella y Luis Camejo, que por estos días llaman la atención de todos en el malecón habanero y otras sedes de la Bienal, fueron hechas en Miami, en el estudio-fundición ASU Bronze (Art & SCULPTURE UNLIMITED).

La pregunta es ¿por qué en Cuba es prácticamente imposible que dibujos y bocetos de los artistas plásticos se puedan materializar en el arte de fundir?

En nuestro patio sobra el talento; pero la calidad que les ofrece producir en otros lugares, el desabastecimiento de materiales, la ineficiencia estatal y el cansancio que produce enfrentarse a la constante complejidad de todo el fenómeno asociado a la producción de una obra, hacen que la elaboración de una pieza dentro de la isla sea un proceso agotador que no permite a los artistas la facilidad de organizarse para cumplir compromisos ni establecer plazos para exposiciones.

Desgraciadamente, para ellos (los artistas), y ojalá tomen nota de esto los empresarios principiantes, no existe en toda Cuba una sola empresa que se dedique a estos menesteres. Fundir arte es complicado, se necesitan maquinarias específicas, herramientas que se fabrican para una determinada obra, instrumentos especiales, acceso a la materia prima, y otros enseres para completar la estructura; tampoco existe en el país un laboratorio fotográfico capaz de ofrecer una amplia gama de servicios que incluya imprimir sobre metal, madera o metacrilato.

Hoy, los artistas cubanos hacen magnífico arte que intentan mostrar al mundo; pero cuando salen de Cuba y se enfrentan a mega exposiciones en New York o París –por solo citar un par de ejemplos–, encuentran que las obras expuestas tienen una terminación que no pueden lograr en la isla.

Insertar obras en circuitos internacionales, cada vez más exigentes, requiere cumplir parámetros y patrones de producción artística que únicamente pueden encontrar en talleres como Factum Arte en España, dedicado a producir arte para artistas.

Entonces, apareció Art & SCULPTURE UNLIMITED (ASU Bronze), en Miami, que, además de estar geográfica y operativamente más cerca de los cubanos, de ofrecer soluciones, precios accesibles y terminaciones competentes, cuenta con la exquisita supervisión de Lázaro Valdés, excelente escultor que, por haberse formado en Cuba, entiende a la perfección el lenguaje de su profesión, de su nación y de su generación.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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