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Los comunistas soviéticos mandaron a matar al papa Juan Pablo II hace 37 años


Juan Pablo II en 1979. (Archivo)
Juan Pablo II en 1979. (Archivo)

Cuando el Juan Pablo II apareció a bordo del Papamóvil, Agca se acercó felino y le disparó con una Browning semiautomática de nueve milímetros, hiriéndolo de gravedad.

Hoy domingo se cumplen 37 años del atentado contra el papa Juan Pablo II, el miércoles 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro, en el Vaticano.

Ese nefasto día, el turco Mehmet Ali Ağca disparó contra el Santo Padre cuatro veces con una pistola mientras este entraba en la plaza y se desplomaba hacia el costado derecho derramando abundante sangre.

La pista búlgara

Agca, un sicario de confesión musulmana que llegó a Italia por Milán, tres días antes, se había reunido primero con dos agentes de inteligencia búlgaros y un cómplice turco para planificar el atentado.

El plan consistía en que él y el otro pistolero, Oral Çelik, abrieran fuego contra el Papa en la plaza de San Pedro en medio de la multitud, y después escaparan a la embajada comunista búlgara aprovechando el pánico generado por una pequeña explosión que ellos mismos provocarían.

Agca disparó con una Browning semiautomática de nueve milímetros

Cuando Juan Pablo II apareció a bordo del Papamóvil, Agca se acercó felino y le disparó con una Browning semiautomática de nueve milímetros, hiriéndolo de gravedad, alcanzando además a dos espectadores que también resultaron heridos.

Una monja y varios testigos, impidieron al terrorista tanto disparar más veces como escapar, y fue capturado por Camilo Cibin, el jefe de seguridad del Cuerpo de Gerdarmería del Vaticano.

Juan Pablo II fue alcanzado por cuatro balas, dos de las cuales se alojaron en su estómago, otra le alcanzó en el brazo derecho y la última en la mano izquierda.El cómplice Çelik, presa del pánico, huyó sin poner la bomba ni abrir fuego.

El papa fue llevado al Palacio Apostólico para un primer diagnóstico, pues la herida no parecía seria. Pero después fue evidente que el papa estaba en peligro y se avisó a una ambulancia. A pesar de que la bala había evitado tanto la aorta abdominal como la arteria mesentérica, el pontíficeperdió casi tres cuartos de su sangre, sufriendo un shock por desangramiento, debido a la perforación intestinal.

El viacrucis del asesino Ağca

A Ağca lo condenaron en julio de 1981 a cadena perpetua en Italiapero fue indultado por el presidente Carlo Azeglio en junio de 2000, a petición del papa.

Ağca fue extraditado a Turquía, donde fue encarcelado por el asesinato de un periodista en 1979 y dos asaltos a bancos en los setenta. A pesar de la petición de ser liberado en noviembre de 2004, un juzgado turco dictaminó que no sería posible solicitar la libertad condicional hasta 2010. Sin embargo, el 12 de enero de 2006 un tribunal turco autorizó su liberación.Pero el 20 de enero de 2006, el Tribunal Supremo Turco dictaminó que el tiempo que había estado encarcelado en Italia no podía ser deducido de la sentencia turca y lo volvieron a encerrar. El terrorista fue finalmente puesto en libertad el 18 de enero de 2010, después de casi 29 años tras las rejas.

Muchas teorías sobre el atentado al papa, pero los comunistas no escapan

Existen numerosas teorías sobre el intento de asesinato llevado a cabo por Ağca. Una de ellas, y la más plausible, fuertemente defendida desde los ochenta por el periodista estadounidense Michael Ledeen, es que el intento de asesinato se había fraguado en la URSS y que la KGB había ordenado a los servicios secretos de la Bulgaria y Alemania Oriental llevar a cabo la tarea.

El KGB habría ordenado al servicio secreto búlgaro asesinar al papa por su apoyo decidido al anticomunista Solidaridad, federación sindical que era una de las amenazas más significativas a la hegemonía soviética en Europa del Este; como finalmente los hechos comprobaron.

Así, una comisión parlamentaria italiana decidió que "más allá de toda duda razonable, los dirigentes de la Unión Soviética tomaron la decisión de eliminar a Juan Pablo II" y la transmitieron "a los servicios secretos militares".

Esa comisión da por seguro que el atentado del 13 de mayo de 1981 fue ordenado desde Moscú y que Mehmet Ali Agca, el turco condenado por la agresión, fue un simple ejecutor al servicio de los comunistas dentro de una conspiración de vastas dimensiones.

En 1981, el régimen marxista de Polonia empezaba a resquebrajarse y el apoyo del papa Karol Wojtyla a los anticomunistas de su país era considerado inaceptable y peligroso por las dictaduras comunistas comandadas por la URSS. Acorde con el informe, de 34 páginas, Moscú temía el colapso de los regímenes soviéticos y quiso evitar con la fracasada muerte de Wojtyla que los satélites de su órbita siguieran debilitándose.

Nuevas evidencias apuntan a los soviéticos

Contrariamente a lo que se señaló oficialmente por el Gobierno estadounidense, altos funcionarios de la dictadura en la Unión Soviética estuvieron detrás del intento de asesinato de Juan Pablo II.

Paul Kengor, profesor de Ciencias Políticas, escritor de la Universidad de Grove City y biógrafo del expresidente norteamericano Ronald Reagan, ha explicado que tiene información nueva sobre las pesquisas que EE.UU llevó a cabo hace 37 años con motivo del atentado, de lo que concluye que fue la temida GRU, servicios de inteligencia militar, en colaboración con el jefe del espionaje ruso en aquel momento, Yuri Andropov, la que tuvo un papel preponderante en el ataque al pontífice.

Kengor dijo a The Signal que el presidente Ronald Reagan y el responsable de la CIA bajo su mandato, William Casey, sospecharon desde el principio de la implicación soviética en el tiroteo contra el Papa polaco, “pero sus sospechas se situaban en contra de lo que pensaba en aquel entonces la CIA, el Departamento de Estado y la Casa Blanca”. Pero aún así, Casey encargó a dos jóvenes mujeres una investigación profunda, cuyas conclusiones éstas entregaron unos días después.

El reporte de las agentes de inteligencia concluía con la implicación soviética y así se le hizo saber a Ronald Reagan quien a su vez transmitió la información al propio Juan Pablo II.

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