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Opiniones

Si es que en verdad ya se puede hablar

Amir Valle, con Luis Manuel García Méndez y Pedro Juan Gutiérrez, en Madrid.

Carta abierta a Pedro Juan Gutiérrez, de Amir Valle.

Querido Pedro Juan:

Confieso que escribo estas palabras con cierto temor, y ciertas dudas, de parecer injusto. Acabo de leer la entrevista que ha publicado la agencia española EFE y, en muchos momentos, achaco mi estupor al leer tus declaraciones al hecho bastante usual ya de que un periodista elija y publique las partes de las respuestas de su entrevistado que más le convienen o le gustan. Es un mal bastante común, aunque detestable, del periodismo actual.

Mi estupor nace de nuestra amistad, de mis recuerdos sobre tu opinión en muchas conversaciones acerca de nuestra Habana, nuestra Cuba y sus circunstancias. Nace también mi asombro de saberte un profundo conocedor de la vida de nuestro pueblo, de considerarte un muy serio analista de la siempre convulsa y compleja realidad nacional de nuestra isla.

De ahí que, y especialmente en los momentos actuales, me resulten superficiales, injustas, evasivas e incluso anacrónicas esas aseveraciones.

Las considero, además, preocupantes, pues parece ser esa la tónica actual del discurso de nuestros colegas de la cultura. Y digo esto porque en los últimos días, con mayor insistencia luego de la visita de Obama, he leído, visto y escuchado puntos de vista similares en numerosas intervenciones de escritores, artistas e intelectuales de la isla (la mayoría de ellos disfrutando de eventos o estancias en Estados Unidos y otros países gracias al "intercambio cultural" y a los nuevos tiempos de relaciones del mundo con Cuba). Preocupan porque no son estos tiempos para discursos evasivos.

Imagino que cuando dices que "poco a poco las cosas se van suavizando" en Cuba, te refieras a que hoy hay muchas más permisibilidades, sobre todo en nuestro entorno de la cultura. Pues si bien es cierto que aún hay casos bastante evidentes de represión intelectual y censura, las mordazas con las que el régimen tuvo controlados a los creadores durante décadas han aflojado bastante, como lo demuestra el simple hecho de que algunos colegas que antes sólo murmuraban sus críticas gubernamentales en la más profunda intimidad, hoy "se arriesgan" a hacerlas públicas en escenarios nacionales e internacionales, aunque con la serpéntica agudeza de no enjuiciar a los verdaderos culpables de nuestro desastre nacional.

Como seguro recuerdas, a ti y a mí, nuestros vecinos de Centro Habana no nos consideraban escritores: "ustedes son de los nuestros", nos decían, porque nos veían hacer las colas del pan, comprar ron clandestino, vender o comprar en el mercado negro cotidiano alguna que otra cosilla, sentarnos en short en las aceras a conversar con "los aseres del barrio". ¿Realmente crees que para ellos también "las cosas se van suavizando"? Yo estoy forzadamente condenado a un destierro a miles de kilómetros de nuestras calles Perseverancia y San Lázaro, pero ni un sólo feedback de los cientos que recibo desde Cuba cada día me hacen pensar que hoy la vida es más suave. Todo lo contrario: la miseria es hoy mayor como demuestran las propias cifras oficiales del gobierno, de la oposición y de los organismos internacionales; el abismo entre quienes tienen mucho y quienes muy poco o nada tienen se ha triplicado desde que Raúl Castro comenzó sus reformas; el propio régimen reconoce en sus reuniones "exclusivas" previas al Congreso del Partido que la prostitución, la insalubridad, la depauperación habitacional, la corrupción administrativa son hoy problemas acuciantes, e incluso el estado de la salud, la educación y la seguridad social han sufrido claros retrocesos. Y aunque hoy pueda haber más timbiriches en la isla que permiten a unos pocos cubanos sobrevivir; aunque otros pocos se conecten a internet en los puntos wifi, etc., también las encuestas (y las simples conversaciones con los cubanos de a pie) indican que el mayor sueño de la mayoría es emigrar para escapar de la asfixia, como han hecho desde fines del 2015 más de 70 mil cubanos en el cuarto mayor éxodo migratorio en estos 57 años de castrismo. Y en este punto, como dato curioso y para aclarar más a qué me refiero cuando hablo de "evasivas", recuerdo las intervenciones de tres colegas, que han disertado en universidades norteamericanas, y achacan exclusivamente este "exodo" al runrún de que se acabará la Ley de Ajuste Cubano, pero olvidan muy convenientemente aquella máxima: "Cuando un pueblo emigra, sus gobernantes sobran", de una exactitud innegable, la haya dicho nuestro José Martí, como aseguran algunos, o Margaret Thatcher, como aparece en otras muchas fuentes.

Cuando dices luego: "Hay que olvidar los rencores y los odios. Yo creo que hay que partir de cero y decir: de aquí, del presente, en adelante. Pero si te pones a pasar cuentas y a pasar facturas es la historia de nunca terminar", me pregunto: ¿Quién insiste hoy en pasar factura? El exilio cubano o los afectados económicamente por las leyes "revolucionarias" han cambiado mucho. No vale ya insistir con ese viejo fantasma de que los cubanos exiliados pedirán cuentas a quienes hoy ocupan sus ya irreconocibles e insalvables propiedades. Aunque ciertamente hay pequeños sectores de algún modo más anclados en esas ideas, los cubanos, durante estos 57 años, hemos demostrado, en ambas orillas y en muchas ocasiones, que llegado el momento estamos dispuestos a sentarnos a conversar, olvidando diferencias, con la vista puesta en reconstruir ese país ruinoso que el castrismo sigue empecinado en hundir más, pretendiendo ahora demostrar que "la Revolución" puede continuarse aplicando las leyes típicas del capitalismo que por décadas nos obligaron a combatir. Dejando a un lado que no es justo pedirle a nadie que olvide su dolor, sus muertos, sus vidas frustradas por culpa de un engendro totalitario como el impuesto por Fidel antes y ahora por Raúl, es injusto pedirle a los cubanos que olviden, que no pasen factura, que hagan borrón y cuenta nueva… simplemente porque la mayoría de nosotros (incluso muchas víctimas horrorosamente heridas) ya hemos demostrado que queremos hacerlo. A quien hay que decirle eso –no pedirle, exigirle– es a quienes nos hicieron el daño, a quienes no han pedido perdón por sus errores. Y esos tienen nombres y apellidos: Fidel y su camarilla hasta el 2006, Raúl y su cohorte de militares neocapitalistas, y esos herederos neocastristas que pretenden eternizarse asumiendo con cinismo el batón del poder y preparándose ya para sentarse en el trono o controlar el timón del gobierno desde la sombra.

Las evidencias, querido Pedro Juan, son aplastantes: la inmensa mayoría de las opiniones del pueblo cubano (el de la isla y el exilio) que se escucharon antes, durante y tras la visita de Obama demuestra que la gente quiere perdonar, dialogar, unirse en las diferencias, tener la oportunidad de construir otro país. Y las únicas voces que siguen ancladas en el rencor, el odio, las divisiones del pasado son precisamente el gobierno de Raúl, sus voceros (esos usuales tontos útiles), la vergonzosa prensa (que insiste ahora mismo en seguir anunciando una guerra que ya Obama, en su cara, les ha dicho que no existe) y, aún peor, ese resucitado Fidel Castro cuya más reciente "reflexión", que espero hayas leído, parece escrita desde una trinchera de La Habana en plena Crisis de los Misiles. ¿Crees que luego de tanto sufrimiento, de estar tan maniatados durante décadas, de tantas muertes, tanto destierro y tantas mordazas, los cubanos podríamos pronunciar esas absurdas afirmaciones que Fidel Castro cínicamente pone en nuestra boca, olvidando que él nunca, y mucho menos ahora, se ha ganado el derecho a hablar en nombre de nuestro pueblo? ¿Crees que pedirá perdón y saldrá por su propia decisión de su atrincheramiento en el pasado, el odio y el rencor, alquien que es capaz de afirmar tan cínicamente: "No necesitamos que el imperio nos regale nada (…) Somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo"?

Tampoco, querido Pedro Juan, ha cambiado nada para bien en el tema de la libertad de opinión y el respeto a los Derechos Humanos. Sé que no eres un hombre apegado a las tecnologías e imagino que sigas sin acceso a internet, como cuando vivíamos en nuestra cuadra en Centro Habana. Sólo así puedo entender que digas que "las cosas se van suavizando. Es un proceso natural de modernización que también se va a ir produciendo, supongo yo, en las estructuras políticas y en las formas de dirigir la sociedad, de que haya más acceso de diferentes opiniones…".

En su discurso junto a Obama, Raúl Castro dejó claro que ellos entienden esos temas de un modo muy distinto. Prefieren reprimir, controlar, y por ello hoy sólo permiten aquellos discursos tímidos, nada peligrosos, y usualmente evasivos (es decir, que no apunten a su responsabilidad en el desastre político y económico de nuestra isla), pues así ofrecen al mundo una imagen de tolerancia y de apertura. Por ello, como demuestran los hechos que en miles de sitios de internet envían desde Cuba los opositores y miles de cubanos descontentos, creo que, además de la falta de información por no tener internet o no poder leer otra prensa, eres víctima de la propaganda engañosa del gobierno. O quizás tu vida ya no sea tan activa como años atrás, de modo que puedas verificar que la realidad es otra a la que pintas en esta respuesta. Basta ver la realidad del día a día en Cuba para darse cuenta de que las estructuras políticas siguen intactas en su atrincheramiento ideológico de tiempos de la Guerra Fría; para saber que la represión hoy es tres veces mayor que antes y que los métodos represivos contra la oposición son cada vez más descarados y públicos, pues Raúl ha visto cómo Estados Unidos, la Unión Europea y las instituciones internacionales han puesto a un lado ese tema priorizando los negocios con Cuba; para comprobar cómo, pese a esa represión, los opositores se organizan, se unen, se lanzan a las calles y crean programas que buscan que el pueblo redescubra su derecho a decidir el rumbo que quiere para su país.

Pero te confieso, querido Pedro Juan, que lo que más me apena es que en todo ese proceso de silenciosa revuelta social, moral y de conciencia que vive hoy Cuba, nuestro gremio, como siempre, prefiere seguir mirándose el ombligo, prefiere acudir a eufemismos que disfracen sus miedos y preserven los ridículos espacios que el monopolio cultural del régimen les permite. ¿Hasta cuándo los intelectuales tendremos que esperar a que nos digan "no es el momento todavía" (como te han dicho a ti con tu novela Trilogía sucia de La Habana y con la película El rey de La Habana), para que nuestras obras, nuestras opiniones y nuestro papel en la sociedad sea reconocido?

Si es cierto, como dicen todos esos colegas, que ya se puede hablar, que ya se puede criticar, que ya es posible imponer un criterio diferente al oficial, ¿dónde está la postura unificada de nuestro gremio pidiendo que, de una vez, sea el terreno más propicio para la libertad de opiniones, la diferencia de criterios, el caldo de cultivo de un pensamiento social plural y dialogante que remueva las estructuras hoy arcaicas e ideologizadas que el castrismo ha impuesto a nuestra nación? Si es cierto que hay esa apertura en el terreno cultural: ¿por qué tienes que esperar tú, o Ángel Santiesteban, o Rafael Alcides, o incluso Leonardo Padura, a que un funcionario, bajo un criterio político absurdo, decida que "ya es tiempo" para publicar un libro o poner una película en un cine? No pido a ningún colega que se incinere como me incineré yo hace unos años. Hoy, según muchas visiones, "ya se puede". Entonces, por sólo poner dos ejemplos de lo que mucho que habría que lograr, ¿dónde están las voces de nuestros colegas exigiendo que (ya que no hay dinero para publicarlos) se deje circular en Cuba los miles de títulos de todos esos autores que han convertido a la literatura y la cultura cubana de la diáspora en uno de los fenómenos más hermosos de resistencia cultural en todo el mundo?; o ¿por qué, al tiempo que disfrutan de los viajes, becas y premios a Estados Unidos mediante el "intercambio cultural" abierto por Obama, nuestros colegas del gremio no exigen al régimen que ese intercambio deje de ser en un sólo sentido y que profesores, escritores, artistas, cubanos de la diáspora o extranjeros que no comulgan con el régimen puedan "intercambiar" con instituciones en la isla?

Yo también, como tú, quisiera que antes de morir se publiquen en Cuba todas esas novelas mías de la marginalidad social que escribí viviendo allá en tu mismo barrio y que fueron censuradas. Quisiera además que mis lectores cubanos, que por suerte son muchos aunque se vean forzados a leerme clandestinamente, puedan ver esas otras novelas que he ido publicando en estos 10 años de destierro. Pero si estoy insistiendo en que nuestro gremio ocupe de una vez el lugar que debiéramos tener en nuestra sociedad para exigir el cese del monopolio político sobre la cultura cubana, es porque no estoy dispuesto a que publicar en mi país sea una pose teatral del poder político para dar imagen de tolerancia o un "favor misericordioso" de quienes han censurado y siguen censurando hoy a centenares de escritores cubanos en la isla y en el exilio.

Finalmente, querido Pedro Juan, pienso mucho en esa frase tuya: "Mi lucha continua ha sido escapar de la pobreza total. Y poco a poco se ha ido convirtiendo en el tema de mi obra. No lo escogí yo: fue la pobreza la que me escogió a mí".

Como tú dices, a nosotros nos escogió la pobreza, y sus terribles espacios han sido escenario, personaje y tema de nuestras obras. A tu respuesta yo añadiría que lo vergonzoso es que cinco décadas después la pobreza siga siendo nuestro tema en un sistema social que, supuestamente, debía eliminarla. Y aunque vivir diez años en la "locomotora" de Europa me ha llevado a otros asuntos para mis libros, aspiro a que la vida, alguna vez, en referencia a Cuba, me coloque ante otras historias, igual de humanas, aunque quizás no tan desgarradoras como esas de quienes durante 57 años se vieron obligados a vivir en la miseria, la marginalidad y la promiscuidad social en un país que el gobierno le vende al mundo como el paraíso. No quiero que la vida de mi pueblo siga estando signada por esa pobreza que, como muy bien dices, "siempre es sórdida, escatológica, morbosa, aplastante y preocupante". Y por eso, y para eso, los cubanos debemos llamar de una vez a las cosas por su nombre. Y los intelectuales, que se supone seamos la voz de la sociedad, no podemos seguir mirándonos el ombligo y poniéndole etiquetas dulces a realidades tan duras.

Espero recuerdes la solidez de nuestra amistad y sepas entender que aunque mis palabras suenen duras (las circunstancias actuales no están para medias tintas, repito), las escribo desde el respeto, la admiración y mi profunda convicción en el valor del diálogo.

Amir Valle

[Publicado originalmente en el blog "A título personal"]

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Boitel, el joven que entregó su vida al ideal de Cuba

Pedro Luis Boitel

Lo sabemos, los años pasan y dejan en nosotros huellas indelebles, pero cuando ese tiempo transcurrido bordea el medio siglo y tiene como punto de referencia la partida definitiva de un héroe convertido en mártir por la vesania de una dictadura, la conmoción es mucho más profunda.

Todos quedamos conmovidos en la más reciente reunión del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo cuando tratamos la cercanía de un aniversario más de la muerte en huelga de hambre de Pedro Luis Boitel y nos percatamos de que el año próximo, llegamos al medio siglo de la gesta final de un hombre que dedicó su vida a luchar contra el despotismo, un patriota cuya gestión existencial se orientó a enfrentar a los enemigos de la libertad.

Pedro Luis, fue un hombre excepcional en un ambiente particularmente difícil. Defendía con extrema firmeza sus convicciones, porque tenía suficiente valor para pagar con creces lo que le costaran. Luchó contra el régimen de Fulgencio Batista, perseguido, buscó refugio en Venezuela donde confrontó con los ortodoxos del Movimiento 26 de Julio, que cumpliendo los mandatos de Fidel y Raúl Castro querían tener el control absoluto de lo que se radiara en relación a la lucha en la Sierra Maestra, mandato al que se opuso, porque apreció la amenaza de un caudillismo sin precedentes.

En Venezuela participó en la lucha contra el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez. Triunfante la Revolución del 23 de enero, la apoyó firmemente, sumándose a los demócratas venezolanos que rechazaban la ofensiva marxista, junto a la amenaza de los cuarteles.

En Cuba retornó a sus estudios y al trabajo, junto a sus deberes en la revolución triunfante, sin embargo, contrario a otros, se percató rápidamente que se estaba entronizando una dictadura mucho más férrea y abusiva que cualquiera otra padecida en el pasado.

Con esa conciencia de la realidad y conocedor de la importancia de un movimiento estudiantil independiente decidió postularse para la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria, FEU.

Para sorpresa de muchos, el régimen castrista con la poderosa influencia que ejercía en toda la sociedad, en particular entre los sectores estudiantiles, rompió su tradicional sectarismo y apoyó al candidato de una agrupación rival, el comandante Rolando Cubelas, del Directorio Revolucionario 13 de marzo, en contra de Boitel, dirigente del Movimiento 26 de julio.

En esos comicios estudiantiles, 1959, Pedro Luis no solo enfrentó a Cubelas sino también a Fidel y Raúl Castro, que lo respaldaban abiertamente.

La manipulación, confusión e intimidación, llevaron a la pérdida de la independencia del movimiento estudiantil en toda la nación, tal como ocurrió antes de que terminara el año con el movimiento obrero y la mayoría de las organizaciones de la Sociedad Civil de la Isla.

No dudó y actuó en consecuencia. Retornó a la lucha clandestina, comprometiéndose a derrocar al gobierno que había contribuido a encumbrar. Su arresto fue casi inminente, la policía política conocía de sus ideas y de su voluntad de lucha, fue arrestado y condenado a prisión, lugar donde el enérgico y valiente líder estudiantil demostró que era un hombre capaz de darlo todo por su país y la libertad.

En presidio, recuerdan sus compañeros, se inició en el periodismo libre, recogiendo informaciones y sacándolas al exterior sobre los abusos que cometían los carceleros. Sus denuncias fueron muchas y fue una práctica continua en sus largos años de cárcel.

Boitel fue de los que impuso la pauta que estar preso no era el fin de la lucha, sino su continuación en otras condiciones. Durante toda la prisión estuvo activo en la defensa de sus derechos, mientras buscaba la forma de escapar de las rejas, éxito que alcanzó junto a Armando Valladares y dos compañeros más, siendo la primera fuga triunfante del Reclusorio, aunque fue arrestado días después, porque quienes se habían comprometido a sacarlo de Isla de Pinos no llegaron a tiempo a la cita.

Pero fueron las huelgas de hambre la gesta que le ganó la historia. Realizó muchas. La última descrita por Eduardo Figueroa, “Maqueca” es profundamente conmovedora. Un calvario, un sacrificio.

Boitel, entregó su vida a su ideal de Cuba. No pidió nada a cambio como demuestra el documental fílmico de Daniel Urdanivia, Boitel, Muriendo a Plazos.

Pedro Luis Boitel: El líder estudiantil
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19 y 20 de mayo: Duelo y Gloria

Imagen de José Martí creada por la artista independiente de Camila Lobón.

José Martí fue el artífice de la guerra de Independencia de Cuba y, aunque cayó mirando al sol a menos de tres meses de iniciado el conflicto, su gesta, su laborar por la independencia, rindió el resultado apetecido, porque su ejemplo cundió más allá de las fatalidades de la guerra.

Hay una expresión y concepto de Martí que es admirable al testimoniar el debate interno que debió haber padecido como consecuencia de su extrema sensibilidad de poeta y su rechazo a la violencia, paralelo a su convicción de que Cuba solo alcanzaría la independencia a través de una guerra que él llamó “la Guerra Justa y Necesaria”, haciendo una clara distinción entre la guerra de conquista y aquella que es ineludible por los valores morales que encierra.

Martí estaba convencido de que España jamás dejaría voluntariamente su soberanía sobre Cuba, en consecuencia, dispuso organizar una cruda contienda por la independencia, aunque ya había afirmado que “En esto, como en todos los problemas humanos, el porvenir es de la paz”. No hay contradicción en esta expresión con sus actos. Desear la paz no es lo mismo que construirla, la opresión y la esclavitud no son sinónimos de paz.

Rechazaba la violencia, pero estaba consciente de que sus deseos no eran compatibles con la realidad, una enseñanza que desgraciadamente muchos no quieren adquirir cuando siguen confiando que las dictaduras y los déspotas en general van a hacer dejación de sus prerrogativas por la sola voluntad de sus contrarios. Martí deseaba la paz, pero sabía que esta no era posible si quería la independencia.

Cuba arriba a los 126 años de la muerte de José Martí, 19 de mayo de 1895, y a los 119 años de su independencia, 20 de mayo de 1902, dos efemérides indisolublemente vinculadas en la historia nacional, aunque el totalitarismo insular haya trabajado arduamente para convencer a la mayoría de la nación de que el 1 de enero de 1959 fue el día de la emancipación de Cuba y los cubanos.

El castrismo aduce que Estados Unidos impuso a la Isla la Enmienda Platt, un apéndice constitucional que le otorgaba el derecho de intervenir en los asuntos internos del gobierno nacional, una cláusula más que reprobable que muchos dirigentes cubanos de la época rechazaron, mientras, Fidel Castro y sus acólitos moncadistas, suscribieron espontáneamente acuerdos con la extinta Unión Soviética que supeditaban la soberanía a la voluntad de Moscú a instancias muy superiores a las establecidas en la ignominiosa clausula estadounidense.

La cúpula de la Revolución escribió en el preámbulo de la Constitución castrista de 1976 que, “Guiados por el marxismo leninismo…Apoyados: en el internacionalismo proletario, en la amistad fraternal y la cooperación de la Unión Soviética y otros países socialistas …a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón encabezada por Fidel Castro…”.

Es difícil encontrar una carta magna en la que se rinda tributo a una nación extranjera como sucede en la constitución de 1976 en relación a la URSS y se haga referencia a un líder en vida y en el poder, como fue el caso de Fidel Castro, dos abominaciones morales que empequeñecen cualquier otra mezquindad de nuestra historia nacional.

La obra independentista en la que destacaron tantos patricios, entre otros, Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez y a la que Martí se dedicó prácticamente desde su niñez, se concretó aquel 20 de mayo cuando se izó solitaria y soberana en el Castillo del Morro la enseña nacional.

Cierto que la soberanía tenía un ominoso parche, la Enmienda Platt, impuesto por Washington, en la Constitución de 1901, pero fue una condición inseparable de la proclamación de la República, sin embargo, los ciudadanos y el país disfrutaban de plenos derechos como cualquier otra nación independiente, lo que no ocurre en la Isla desde 1959.

La sumisión de Fidel Castro a la URSS convirtió a Cuba en portaaviones de los intereses soviéticos en el mundo. Soldados cubanos fueron a combatir a las Guerras Soviéticas en África y Asia, en Naciones Unidas, Cuba al igual que Ucrania era otro país soviético con votos. Nunca antes la soberanía nacional estuvo mas sometida a una voluntad extranjera como bajo el totalitarismo castristas.

La manigua está seca

Maykel El Osorbo, rapero y activista del Movimiento San Isidro, poco después de que sus vecinos impidieran su arresto.

En estos días, en una conversación que sosteníamos varios cubanos sobre la situación en la Isla, compartimos que se podía tener un cauteloso optimismo, entonces, Enrique Ruano, un hombre que vive y respira en Cuba y siempre está listo para atacar el castrismo, dijo, “no hay que hablar más, la manigua esta seca y en cualquier momento arde”, avizorando un posible rechazo masivo de la población a la dictadura de 62 años.

La frase esperanzadora nos condujo a recordar al asesino chino, Mao Tse Tung, quien escribió en 1930, “una sola chispa puede incendiar la pradera”, y al presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, quien dijo en alusión a las frecuentes guerras civiles que padecía su país: “Venezuela es como un cuero seco, si lo pisas por un lado se levanta por el otro”.

Ruano, al aludir a la manigua, un conjunto de arbustos, bejucos y otros vegetales de poca altura, enredados o confundidos, ​muy difícil de atravesar y útil para refugiarse, piensa en un pueblo harto de abusos, vejaciones y miserias que está asumiendo, al parecer, paulatinamente, sus prerrogativas ciudadanas.

El optimismo de nuestro amigo podrá concretarse o no, pero sí es evidente que la dictadura está agotada, y que cada día hay más ciudadanos en la Isla, individuos que están abandonando la condición de masa en la que han padecido por décadas incontables abusos, y asumen conciencia de sus derechos, tarea en la que los jóvenes ocupan la vanguardia, como lo están demostrando los activistas de San Isidro, de UNPACU, periodistas independientes y artistas, entre otros hombres y mujeres que están estrenando su ciudadanía.

El Observatorio Cubano de Conflictos informa que “en abril ocurrieron 203 protestas públicas, un 10% más que en marzo”, Además, reseña que es la cifra más elevada desde septiembre de 2020, destacando que cada vez más cubanos se niegan a colaborar con las fuerzas represivas. El OCC afirma que "el capital simbólico de la nueva disidencia se incrementa a medida que disminuye el del gobierno cubano".

Es estimulante apreciar que, paralelo al incremento de activistas que defienden sus derechos, crece también la cantidad de personas que rechazan los abusos de las autoridades y expresan su respaldo a las víctimas.

Hasta el presente, tanto la comunidad interna como los observadores internacionales, gracias a la habilidad del régimen para manejar sus partidarios y a la población en general, han tenido la percepción de que el pueblo respalda inequívocamente al castrismo.

Es muy peligroso para la dictadura no poder contar con sus turbas divinas. Recordemos cómo eran repudiadas las históricas marchas de la Damas de Blanco, y los abusos de la población, cumpliendo el mandato de las autoridades, contra quienes simplemente tomaban la decisión de abandonar el país, por solo citar dos casos entre muchos.

La rebeldía crece, como demuestra un informe de la organización Prisoners Defenders, que destaca que solo en el mes de abril el número de prisioneros político sumó nueve al ya más del centenar tras las rejas.

Otra muestra es que las tristemente famosas huelgas de hambre de los opositores cubanos han tomado las ciudades como escenario. La reciente huelga colectiva de UMPACU, y la que realiza el joven artista Luis Manuel Otero Alcántara, no pueden ser ocultadas por la dictadura como hicieron con las de dos emblemáticas figuras de la resistencia, muertos por inanición, Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo.

El hecho de que la opinión pública internacional se convierta en espejo de los abusos del castrismo va en detrimento de la capacidad de sobrevivencia de la dictadura. El régimen ha contado con una impunidad solo comparable con la que disfrutó la Unión Soviética en los primeros 40 años de la Revolución de Octubre, que prácticamente nadie recuerda. Así habrá de ocurrir en gran medida con la Revolución Castrista, que solo se recordará para hacer mención de sus numerosos crímenes y de la devastación que causó en Cuba.

De momento, hay un compromiso firme. Apoyemos a todos los resistentes, no dejemos morir a los huelguistas y demandemos la libertad de todos los prisioneros políticos cubanos.

Raúl, al igual que Fidel Castro "podría morir sin rendir cuentas por crímenes y errores de los últimos 62 años", alerta The Washington Post

Fidel Castro y Raúl Castro el 7 de diciembre de 1996, cuando juraron llevar el sistema comunista en la isla hasta el próximo siglo.

Raúl Castro, al igual que su hermano Fidel Castro puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo, alerta un columnista en el diario estadounidense The Washington Post.

Las sentencias definitivas para ellos requerirían una investigación similares a las realizadas durante las transiciones democráticas de Chile, El Salvador, Sudáfrica y Europa del Este pero "la salida cuidadosamente organizada de Raúl hace que tal ejercicio de justicia retrospectiva para Cuba sea poco probable durante su vida", indica Charles Lane, redactor editorial del Post.

La cobertura de los medios se ha centrado en lo que podría significar su retiro para el futuro de la isla, cuando en realidad "se debe prestar más atención a las implicaciones para el pasado de Cuba, específicamente, los crímenes y errores de los últimos 62 años del gobierno de Castro", considera el periodista.

"La transición de Cuba acerca a Raúl Castro, de 89 años, al día en que él, al igual que su hermano Fidel, quien le entregó a Raúl el control político total en 2011 y falleció a los 90 en 2016, puede morir sin tener que rendir cuentas por lo que hizo. en poder", dice Lane, especializado en política económica y fiscal.

En su columna semanal, destaca que Castro, a pesar de la imagen de abuelo y reformista que ha cultivado en los últimos años, "tiene más que un poco de sangre en las manos" y enumera varios hechos desde sus días en la Sierra Maestra, cuando fotografías muestran a Raúl vendar los ojos a un supuesto traidor momentos antes de que un pelotón de fusilamiento le quitara la vida; la supervisión de las ejecuciones sumarias de unos 70 presuntos ex policías y soldados de Batista, cuyos cuerpos fueron arrojados a una zanja; y la creación de los campos de trabajo forzado UMAP, dirigidos por las fuerzas armadas, bajo su mando.

"No existía tal justificación para los campos de trabajos forzados en los que 35.000 cubanos, en su mayoría hombres homosexuales, testigos de Jehová y otras personas consideradas necesitadas de reeducación por el trabajo, fueron internados entre 1965 y 1968. Las condiciones eran brutales; unos 70 murieron por tortura y 180 se suicidaron", recuerda Lane.

"Raúl todavía era ministro de Defensa en la década de 1970, cuando las tropas cubanas intervinieron para proteger la dictadura marxista de Etiopía. Apoyaron al régimen en Addis Abeba mientras su líder, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, masacró a 10,000 oponentes durante el "Terror Rojo" de 1976 a 1978, y mientras cientos de miles murieron de hambre debido a la colectivización forzosa de la agricultura en Mengistu a mediados de la década de 1980", indica el artículo.

El columnista recuerda la participación de Castro en la Causa 1 de 1989 cuando fueron fusilados Arnaldo Ochoa, el General de División de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el coronel del Ministerio del Interior Antonio de la Guardia; el capitán Jorge Martínez, de las FAR; y el mayor Amado Padrón, del MININT.

"Fidel y Raúl ejecutaron a cuatro de sus más allegados por cargos falsos de traición y tráfico de drogas, cuando el verdadero delito fue desafiar la autoridad de los hermanos Castro", apunta.

Lane menciona también que el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate en 1996, en el que perdieron la vida cuatro cubanoamericanos, estuvo a cargo de aviones militares cubanos bajo el mando de Raúl.

"No hay suficiente espacio en esta columna para los miles de cubanos (y otros) que murieron, enfrentaron encarcelamiento o sufrieron de otras formas, incluido Walterio Carbonell, un intelectual marxista negro encarcelado en 1968 por insistir en que la revolución haga más para combatir el racismo. Tampoco es posible desenredar la culpabilidad de Raúl de la de Fidel, su hermano mayor, dominante, que solía tomar las decisiones, pero que se apoyó en todo momento en la firme complicidad de Raúl", reconoce el columnista.

"La memoria y la verdad pueden impedir que Raúl Castro y sus sucesores dinásticos escriban su página en la historia sin oposición", escribe Lane quien llama la atención sobre el hecho de que el general de 89 años no parece preocupado y que su expresión al aceptar la medalla Orden de Lenin hace un par de años en la Embajada de Rusia en La Habana era "relajada y encantada".

"Era la mirada de un ganador", concluye.

Bahía de Cochinos: 60 años de historia

Luis González Lalondry, durante un evento en la Brigada 2506. (Roberto Koltun OCB/Archivo)

Hace unos pocos días acabo de cumplir 87 años y desde muy jovencito he estado luchando contra el comunismo, y ya en la Escuela Superior, contra el castrismo y lo que sabía que venía para el pueblo de Cuba: hambre, destrucción y muerte. Y, lamentablemente, así fue.

Al triunfo de la mal llamada revolución encabezada por el tirano Fidel Castro, me convencí más aún de que no había otra alternativa que continuar luchando dentro de Cuba, y cuando la muerte me rondaba, y la cárcel esperaba por mí a la vuelta de cada esquina, no tuve otra alternativa que tomar el camino del exilio y los muchos sinsabores del destierro en Miami.

En esta bendita ciudad me incorporé a las fuerzas de la Brigada de Asalto 2506, que combatió heroicamente, el 17 de abril de 1961, por la libertad de Cuba en Bahía de Cochinos, hasta la última bala, contra un ejército de 60 mil hombres, sin agua, sin comida, sin refuerzos, sin municiones, sin apoyo aéreo, solo con su patriotismo y sus ideales. Lo demás es historia que conocen, no solo los cubanos, sino el mundo entero, 60 años después.

Los jóvenes, y los que no eran tan jóvenes, que pelearon bravamente en Playa Girón, Playa Larga, Pálpite, Yaguaramas y San Blás, hasta la última bala y el último aliento, lo hicieron como lo están haciendo ahora los cubanos de San Isidro y los seguidores de José Daniel Ferrer en Santiago de Cuba, dándole la batalla a la tiranía en sus propias barbas, y donde más le duele: la opinión pública. Ahora cuentan con un instrumento decisivo: las redes sociales y el poder de la electrónica, que hace 60 años no se conocía. Tomaría tiempo, no sé cuánto, pero están llamados a triunfar.

No obstante, Bahía de Cochinos y su historia es una alternativa para seguirla, para estudiarla y para ponerla en práctica cuando las circunstancias así lo aconsejen, porque las dictaduras y los regímenes comunistas no se caen solos, hace falta tumbarlos, y la dictadura de la mafia que gobierna nuestro país a sangre y fuego hay que sacarla del poder, como los rumanos hicieron con Ceaușescu, los italianos con Mussolini y los alemanes, con la ayuda de los aliados, con Adolfo Hitler.

Le doy Gracias a Dios que quedé vivo en Bahía de Cochinos. Agradecido estoy de haber llegado a estos 87 años, porque muchos compañeros cayeron combatiendo en San Blas, en Playa Larga o en Playa Girón. No sólo lo siento por los hermanos de causa que cayeron combatiendo, lo siento también por los que de regreso al destierro de la cárcel han cerrado sus ojos sin ver ondear la bandera de la patria libre del comunismo y del maldito castrismo.

Yo soy de los que creo que la libertad de Cuba está en camino, sólo depende de los cubanos, si tienen el valor, la entereza y la decisión de conquistarla a golpe de coraje. San Isidro es el primer golpe, pero hacen falta muchos San Isidro, y millares de jóvenes que tomen el camino de los que han puesto esta barriada de La Habana Vieja en el mapa en estos momentos.

San Isidro es el camino, pero en todos los barrios de Cuba, en todas las ciudades de la Isla, en todos los repartos de nuestro país, en todas las provincias, para que el régimen y la mafia que detenta el poder se llene de miedo, ceda, renuncie y se vaya. Si no, han perdido el tiempo los líderes de esta heroica barriada, y los más de 40 huelguistas de Santiago de Cuba y UNPACU, encabezado por José Daniel Ferrer, que se jugaron la vida por lograr el objetivo final, que es la salida del régimen castrocomunista del poder, y la libertad de Cuba.

Para la historia de los pueblos, 60 años no es mucho tiempo, pero para los hombres y las mujeres que participan en la historia misma, es una eternidad. Y la hermosa gesta que comenzó hace años con los hombres de Useppa, luego se trasladó a las selvas de Panamá, y después a las montañas de Guatemala. El tiempo ha transcurrido vertiginosamente y la vida se ha ido acabando sin darnos cuenta.

Pero la historia está ahí. El régimen nefasto está ahí. Sólo hace falta un empujoncito más para acabar con la noche oscura que ha destruido nuestro país, ha separado nuestras familias y ha empobrecido doce millones de compatriotas. Por eso el momento es ahora, no es luego, ni después.

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