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Arte y Cultura

Carmina Benguría, la cubanita que encandiló a Gabriela Mistral

Interpretó a poetas de la talla de Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes, Pablo Neruda y Gabriela Mistral. A sus 95 años, hoy nos entrega este compendio de sus recuerdos.

Nació en enero de 1920, y con sus 95 años salió de su residencia en el hospicio Miami Jewish Health System para presentar su último poemario en la librería Books and Books. Desde el libro del alma, Ego Group Inc., 2015, fue editado por el poeta cubano Orlando Coré Fernández.

Pero donde ha sobresalido esta diminuta y a la vez gran mujer es interpretando los versos y la prosa de grandes poetas como Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes, Pablo Neruda y Gabriela Mistral.

Siempre hay un punto de partida, Carmina…

Mi padre, Enrique Benguría, era una eminencia. Y mi madre María Elisa Rodríguez, venía de asturianos, era una mujer muy preparada, muy inteligente. Mi padre era un profesor, vicepresidente de los Calígrafos Mundiales. Cuando yo tenía 14 años hablaba igual que ahora, mi madre era una mujer muy culta, que sabía mucho de música. La primera vez (se refiere a su acto de declamar) fui a la Universidad de Columbia y Federico de Onís, que presidía allí, también estaba (Jorge) Mañach, me escuchó y dice: "¿Y esta niña tan graciosa quién es?". Y yo le dije: "Yo digo versos". Y me dice: "¿Quieres venir mañana al acto de apertura y decirnos unos versos?". Y mi papá me dice: "Pues ve". Fui al otro día, y Onís le dijo a mi madre que quería que yo le grabara unos versos para la enseñanza del idioma. Grabé para la Columbia. Mañach estaba allí y me oyó por primera vez. Él escribió (sobre mí) más tarde.

Es 1934, yo recuerdo un recital en el Teatro Nacional, allí se encontraba el entonces director del Diario de la Marina, Ernesto Fernández Arondo, y le pregunta a María Carbonell qué pasaba allí, ella le dice: "Entra para que veas". Y le dice: "Gabriela Mistral está en el palco de los periodistas". El entró y le preguntó a mi madre: "Señora, ¿usted me permite que yo la represente?". Son cosas de Dios. Mi madre dijo: "Bueno". Gabriela, entonces, escribe para mí.

Un día tocaron a la puerta del hotel. "¡El Marqués de Lozoya, Ministro de Educación, dice que se presente en el Ministerio de Educación, que la está esperando!". Hay una pila de viejos locos allí y me imponen la medalla de Alfonso el Sabio. Yo tenía 16 años. Después de eso (la tienda) El Encanto me pone en todas las vidrieras, una foto así de grande –extiende los brazos–, con la bandera cubana, todas las banderas cubanas. Gabriela Mistral escribe para mí. No le debo nada a ningún gobierno, porque nadie me dio nada, yo no le pedí, no lo necesitaba. Los grandes poetas, críticos, escritores de la época, me amaron.

¿A quiénes les es más fácil interpretar?

No, a todo el mundo. (Se queda pensativa unos segundos antes de volver a responder). (Emilio) Ballagas era de mis poetas. Por supuesto, Heredia, Lorca. Yo pude decir a todo Lorca en un recital, y Franco no me lo prohibió. Él no se metió conmigo. El (periódico) ABC me dedicaba editoriales, porque yo hablaba perfectamente el idioma, pero no con el acento español. Era un poco afrancesada, no muevo las manos. Hay poemas que los digo sin moverme, a pura voz.

La prosa de Martí es difícil

Martí todo es difícil. Hay un verso que casi nadie sabe. Los cubanos no conocen a Martí, saben muy poco.

¿Cambiar de lugar significó algo para usted?

Sí, me dio mucho sufrimiento. Yo sufría mucho en el 60. Lo perdí todo: dinero de los bancos, mi casa. Afortunadamente salí con mi familia, pero cuando llegué aquí yo no sabía hacer nada, no sabía trabajar. Aquí en Miami yo empecé a limpiar en una oficina y un día el jefe me llamó y me dijo: "Mire, nosotros no podemos seguir atendiéndola, usted no limpia, usted no pertenece a 'eso', su ropa es distinta, usted es demasiado educada", y me botaron. Sufría mucho, estuve así dos años. Toda la familia se fue a Nueva York, porque Roberto (Estopiñán) no tenía nada que hacer. Yo fui al Perú, que ignoraba a su propio poeta (César Vallejo). Entonces, empecé a divulgar a ese hombre, a decirlo y decirlo, por eso es que el Congreso me condecora. Yo hacía recitales en las plazas, con tres mil, cinco mil personas. Nadie sabía de Vallejo, yo se lo desmenuzaba.

¿Y la técnica?

Yo di tres años de Literatura con Camila Henríquez Ureña. Yo ensayaba a las ocho de la mañana todos los días con mi madre. Ella tenía una manera de enseñar: Por ejemplo, los poetas de amor, como Juana de Ibarbourou, yo no los dije hasta que no tenía 17 años. Porque mi madre, cuando yo ensayaba "Los zapaticos de rosa", por ejemplo, me decía: "¿Qué tú entiendes por el lado 'de la derecha del coche'? ¿Qué significa eso?". Y yo tenía que decirle lo que significaba. La gente no entiende por qué dice: ("Y Pilar va en el cojín/) De la derecha del coche". Porque a la derecha del coche solo se sentaban los reyes. Eso era un privilegio.

Con su salida de Cuba, ¿buscó otros poetas?

No, fueron los mismos siempre. Uno de los poetas que yo más admiro es a Whitman. Los hombres importantes de la época me quisieron, yo discutía con Alfonso Reyes, Juan Ramón Jiménez, con Neruda, que iba a mi casa a verme y se emborrachaba también. Ya cuando él no podía beber más se echaba la bebida por la cabeza. Gabriela una vez me dijo: "Lo único que lamento en mi vida es haber llegado tarde al banquete de Martí". El poeta que más amaba era Amado Nervo.

Whitman, me ibas a hablar de Whitman

Whitman es el poeta más importante, pero los americanos lo ignoran.

¿Aún hoy?

¡Oh, sí! Por ejemplo, yo conozco gente de Harvard que jamás ha oído de Whitman, ni les interesa.

Con el exilio, a pesar de todo, ¿hubo alguna ganancia?

Para nada. Yo tengo mucha tristeza. Yo creo que el problema de Cuba es el Karma. Algo malo hicimos en el pasado, que estamos en esta situación. Mira, no es para que lo digas si no te da la gana. Es demasiada la destrucción: es moral, material, intelectual, es un derrumbe total del ser humano. Es tanto y tan triste que tiene que ser que hicimos lago tan malo, que tenemos que estarla pagando. No sé qué fue. Tú sabes, un país que no tiene animales malos, que la lluvia es una verdadera bendición. Yo sufrí mucho, pero yo sé que Dios me ama.

Estopiñán en su vida

Yo llego a La Habana luego que el Congreso del Perú me condecora. Y mi jefe de publicidad, Ernesto Fernández Arrondo me dice: "Mira Carmina, tenemos que hacerle algo a alguien, que tú estés, pero que no sea a ti, porque estamos cargados. Hay que buscar a alguien, ¿Quién puede ser?". Y Estopiñán había sido cuatro veces Premio Nacional (de Artes Plásticas). Lo hicimos en el Hotel Nacional. Eso lo transmitía la CMQ por toda la isla. Yo fui a ver a Felito Ayón, que era el que me hacía los programas, era un hombre muy popular.

Muy querido en las noches habaneras

Sí. Era tremendo, era muy agradable, muy educado y muy amigo mío. Y le digo: "Felito, ¿quién es el hombre más importante aquí en estos momentos?". Y me dijo: "Muchacha, Estopiñan". "¿Y dónde lo encuentro?". "En la Bodeguita del Medio". Y allí estaba, con un vaso de whisky, solo. Así conocí a Gabriel Roberto. Era lindo, bien vestido, pero muy introvertido. Lo saludo, le digo: "Vengo a felicitarlo". Me encuentro con un hombre muy hermético. De pocas palabras. Le digo: "Yo quiero hacerle un homenaje porque usted es el hombre más importante de las Artes Plásticas". Me dijo que no. Pero me dijo: "Mire, yo lo que le puedo hacer es una cabeza" –que esculpió para mí. Estaban todos los artistas, todas las embajadas, hasta Kid Chocolate estaba. Costó trabajo que él saliera, Sicre, que era su maestro, tuvo que decirle: "Oiga, joven, salga. Tiene que dar las gracias". Fuimos muchos años amigos, a mí me encantó. Yo tuve muchos enamorados poderosos, pero me aburrían, pero Roberto me daba curiosidad, porque era muy introvertido. Yo enamoré a Roberto, Roberto no me enamoró a mí.

Su visión actual

Tenemos que darnos cuenta que somos un espíritu que carga un cuerpo; el espíritu es eterno, el cuerpo se va. Entonces, aquí nada más que alimentamos el cuerpo: que si el carro, que si el vestido. No, no se lee poesía, y la poesía que se está haciendo es puro intelecto, que es muy distinta a la poesía que viene de arriba, después la organizas, pero tiene que venir de arriba. La gente cree que con solo ir a misa eso resuelve; eso no resuelve nada. Tú tienes que poner de moda las virtudes, tienes que entender que vienes aquí a este planeta a aprender, no a divertirte, que todo es conocimiento, entendimiento.

Carmina Benguría fue merecedora, entre otros reconocimientos, de la Cruz Alfonso el Sabio, de España; la Medalla del Congreso del Perú; la Medalla Alfaro, de Ecuador; la Medalla de Oro de la Universidad de Panamá; y la Medalla Carlos Manuel de Céspedes, de Cuba.

Esta entrevista fue gracias a la valiosa colaboración del poeta cubano Orlando Coré. Gracias a mi colega Lizandra Díaz B., de Martí Noticias, por su apoyo en la edición audiovisual.

Siga a Luis Felipe Rojas en @alambradas.

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Wang Zhenyi. El vuelo de una mariposa

Ilustración Wang Zhenyi impartiendo clases a un discípulo

En una China que lentamente entraba en la Edad Moderna, ciento veinticuatro años después de iniciado el dominio de la Dinastía Qing (1644-1912) nacía una niña que rompería todos los moldes de una sociedad basada en castas y clases con el rol de la mujer reducido al servicio del varón, “como en todas partes” –dirán- y es casi verdad, pero, en el gigante asiático, aún hoy, los roles sexuales y sociales están perfecta y poderosamente definidos de una manera muy diferente al mundo occidental.

Volvamos al tema, a ese mundo, en la provincia de Anhui, llegó en 1768 una Rara Avis con el nombre de Wang Zhenyi. Creció en el seno de una pequeña familia compuesta por el padre, quien, al no superar las duras pruebas imperiales, optó por las ciencias médicas, llegando a escribir interesantes tratados de sus descubrimientos como galeno, que fueron publicados bajo el título de Colección de prescripciones médicas.

El abuelo paterno, quizá la figura más importante en la vida de la pequeña Wang Zhenyi, fue gobernador del condado de Fencheng y del Distrito de Xuanhua, y era considerado un erudito, poseedor de una biblioteca privada compuesta por setenta y cinco estanterías.

La abuela paterna fue su profesora de poesía, su abuelo se ocupó de adiestrarla en astronomía y el padre le transmitió sus conocimientos de medicina, matemática y geografía. De la figura materna no hay noticias, al menos en las fuentes consultadas.

Cuando el abuelo Wang Zhefu murió en 1782, la exigua familia se trasladó a la población de Jiling, en la periferia de la Gran Muralla China y permanecieron en la zona durante una larga temporada que la niña, ávida de conocimientos, aprovechó para estudiar en la bien nutrida biblioteca del abuelo y en los ratos libre practicaba equitación, tiro con arco y flecha y se hizo experta en artes marciales con la ayuda de una misteriosa mujer casada con un general mongol conocido como Aa.

A los dieciséis años inició junto a su padre un recorrido al sur del río Yangtsé y esta experiencia de intercambios y observación enriqueció su joven mente, ávida de conocimiento.

A los dieciocho, Wang Zhenyi había madurado intelectualmente y la belleza de su poesía, unida a la profundidad de sus investigaciones científicas, le abrió las puertas de la amistad con otras jóvenes también con inquietudes diferentes a las tradicionales. Fue entonces cuando intensificó los estudios de astronomía y matemáticas.

Contrajo matrimonio ya cumplidos los veinticinco años con Zhan Mei a la vez que empezaba a impartir la enseñanza a un selecto grupo de jóvenes, casi todos del sexo masculino, lo cual le acarreó, al parejo,la difusión de sus aportes a la astronomía, las matemáticas unido al reconocimiento de la calidad de su poesía así como las habladurías y el rechazo de ciertos sectores de la sociedad, que reprobaban su comportamiento poco digno de una mujer, según la mentalidad y las costumbres de su cultura.

Su intensa vida no duró mucho, murió en 1797, a los veintinueve años, dejando tras de sí una estela de información sobre los eclipses, el movimiento de los astros; sobre los equinoccios, de los cuales llegó incluso a calcular sus movimientos con asombrosa precisión. Dejó escrito libros sobre cálculo, trigonometría, en fin, que para abarcar la grandeza intelectual de Wang Zhenyi necesitaría escribir un tratado, o quizá, una novela.

En 1994, la Unión Astronómica Internacional bautizó un cráter del planeta Venus con el nombre de Wang Zhenyi, la muchacha que pasó por el mundo iluminándolo con sus dones de sabiduría, belleza y gracia, tal como deja su huella el vuelo de las mariposas.

Testimonios de "jineteras" cobran vida en teatro de República Dominicana

Detalle del cartel de la obra "La noche parió una jinetera"

Una obra de teatro con historias de cinco "jineteras" cubanas se estrena este jueves 20 en Santo Domingo, República Dominicana. El título es el mismo del libro de testimonios que le sirvió de trampolín: La noche parió una jinetera.

La autora del libro y de la versión teatral es la cubana Olga Consuegra, que desde 2001 vive en ese país, y en La Habana fue guionista de telenovelas como Sin perder la ternura (1991) y La otra cara (2000).

“En 2006 le pregunté a un amigo mío cubano: ¿tú crees que en República Dominicana haya jineteras? Me dijo: no sé, pero podemos averiguarlo”, cuenta Consuegra. “Empezó a llamar a casas de citas y a casas de masajes --que no responden llamadas de mujeres--, hasta que encontró una [prostituta], que era de La Habana, y ella me dio la primera entrevista”.

El libro "La noche parió una jinetera".
El libro "La noche parió una jinetera".

Después se pasaban su contacto entre amigas y pudo conversar con santiagueras y con algunas del centro de la isla y de distintos puntos del país, explica la autora. Al final reunió 23 testimonios: 22 de jineteras cubanas y uno de un dominicano, “al que irónicamente le puse El Príncipe Encantado, dueño de una de esas casas de citas, para que el lector tuviera una idea de cómo se maneja el negocio aquí [en Dominicana] y cuál era el marco donde se desenvolvían muchas de estas mujeres”.

​Dos de las testimoniantes estaban de paso en Dominicana, pero conocían a una de las que vivían allí. Consuegra fue al centro turístico donde se hospedaban y también aceptaron la entrevista.

“De alguna manera todas empezaron a practicar la prostitución en Cuba, por motivos muy diferentes y diversos, excepto la primera, que empezó aquí” indica la escritora desde Santo Domingo. Cuando hablaron con ella, algunas ya habían dejado el oficio, “pero todas fueron muy honestas al contarme sus historias”.

Habla Olga Consuegra
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Una fue a Dominicana con una promesa de trabajo que nunca se cumplió, relata Consuegra, y de pronto se vio en la calle sin poder regresar a Cuba.

“Incluso la sacaron del lugar donde estaba viviendo y se fue a un bodegón --aquí a las bodegas las llaman “colmados”—y se sentó ahí, sin saber qué hacer, con sus bultos, no tenía dinero, no podía pagar un alquiler en ninguna parte, y una señora que la veía con frecuencia en el colmado le dijo: ven conmigo, a mi casa”, cuenta la autora. “Al día siguiente le habla que su comadre tenía un negocio… y así es como tuvo que empezar”.

En Monologo de una p…, uno de los testimonios del libro llevados a la versión escénica que se estrena el jueves, y de hecho el que cierra la obra, la mujer da, según lo califica Consuegra, “su filosofía de la vida”.

“Ponía de ejemplo que hay tipos bien preparados, inteligentes, con talento, que trabajan para un jefe mediocre, y sin embargo comprometen toda su preparación delante de ese hombre diciéndole: “Qué bien le va a usted, jefe, usted si sabe lo que está haciendo, ahora si vamos a tener éxito…”, recuerda la escritora, y continúa citando a la mujer: “Siguen el mismo juego que seguimos nosotras con un cliente, hacerle creer cosas que él sabe que no son ciertas. Mira, hay cosas que se quitan con agua y jabón, y es más difícil prostituir tu mente que prostituir tu cuerpo”.

Elenco de "La noche parió una jinetera".
Elenco de "La noche parió una jinetera".

​Son historias diversas, insiste Consuegra.

“Por ejemplo, hay una que se dedica a hacer sadomasoquismo aquí, o se dedicaba entonces, porque el libro lo escribí en 2006”, explica. “Nació producto de una violación; decía que la engendraron a golpes y que no sentía el dolor. Para la madre, ella era el recordatorio de lo que no debía haberle pasado, y la golpeaba. Desarrolló un umbral de dolor alto porque aseguraba que su mayor venganza cuando la madre la maltrataba era no llorar; transpirando, ahogada, pero sin una sola lágrima”.

¿Hay algún denominador común entre todas estas cubanas que te dieron su testimonio?

El denominador común de las 22 fue el periodo especial, “la forma más elegante de decir que nos íbamos a comer un cable”, responde Consuegra. “Entonces cada quien buscó una salida, y ellas encontraron ese camino”.

¿De dónde sale el titulo?

“Estaba hablando con una de ellas y me dice: “Aunque tú no lo creas, esa noche de sábado nació una jinetera”. Al oír la grabación me detengo ahí y digo: nació… parió...”

El volumen ha tenido cinco ediciones, una de ellas por la Editorial Aduana Vieja de Valencia, en España, subraya la autora. Ahora está disponible en Amazon.

Olga Consuegra y Joyce Roy, el director de la versión teatral.
Olga Consuegra y Joyce Roy, el director de la versión teatral.

​Joyce Roy dirige la versión escénica de La noche parió una jinetera en Studio Theater, del Acrópolis Center de Santo Domingo, y el elenco está integrado por Lumy Lizardo, Beba Rojas, Gabi Desangles, Mavel Paulino, el cubano Orestes Amador en el papel del transexual Rose, y Luis Minervino. Este último interpreta a un hombre que conversa con las prostitutas y es el hilo conductor de la trama.

“Creé la figura de un periodista que hace el mismo trabajo que hice yo cuando fui a escribir el libro”, explica Consuegra. “En la práctica no fue así, porque cada una me daba la entrevista en un lugar diferente, pero ahora, cuando el espectador entra a la sala, es como si entrara a una casa de citas, y este periodista que supuestamente va interesado en la vida de ellas, en el fondo lo que está buscando son respuestas a su propia vida”.

Muere Zeffirelli, uno de los últimos grandes maestros del cine italiano

El director italiano de cine, Franco Zeffirelli, falleció a los 96 años el 15 de junio de 2019. En la foto en un acto en su honor en la embajada británica en Roma, 2004. (REUTERS).

Franco Zeffirelli, quien dirigió a uno de los mayores cantantes de ópera y llevó a Shakespeare a las masas que gustan del cine, murió a los 96 años.

En un comunicado, su fundación dijo que murió el sábado en Roma. "Ciao Maestro", dijo el anuncio.

Más apreciado por el público que por los críticos, Zeffirelli fue el último de la generación de gigantes del cine italiano que maduró después de la Segunda Guerra Mundial, como Federico Fellini, Luchino Visconti y Vittorio De Sica, indicó hoy la agencia Reuters.

Dirigió más de dos decenas de películas y trabajó con estrellas como Elizabeth Taylor, Richard Burton, Laurence Olivier, Alec Guinness, Faye Dunaway y Jon Voight.

"Franco Zeffirelli se fue esta mañana. Uno de los hombres más grandes de la cultura mundial", dijo en Twitter Dario Nardella, alcalde de Florencia, donde nació el director el 12 de febrero de 1923. "Adiós querido Maestro, Florencia nunca te olvidará", agregó.

El viceprimer ministro Luigi Di Maio dijo que Zeffirelli" seguirá en los corazones y la historia de este país".

Las producciones de ópera de Zeffirelli en el escenario incluyeron a cantantes como Maria Callas, Plácido Domingo, Joan Sutherland, Luciano Pavarotti, Renata Scotto y José Carreras.

En una entrevista de 2013 para celebrar su cumpleaños 90, dijo que el público general lo recordaría por su película "Romeo y Julieta" de 1968, por la miniserie de televisión "Jesús de Nazaret" de 1977 y por "Hermano Sol, hermana Luna" de 1972, su tributo a San Francisco de Asís.

"Romeo y Julieta", una de las varias obras de Shakespeare que Zeffirelli llevó a la pantalla, fue nominada al Óscar a Mejor Película y Mejor Director. Su "Hamlet" de 1990 fue protagonizada por Mel Gibson.

En 1994 Zeffirelli, quien dirigió varias producciones en el Covent Garden de Londres, fue nombrado caballero por la Reina Isabel II por sus "valiosos servicios a las artes británica".

Un católico devoto y homosexual, reveló en su autobiografía que fue seducido por un sacerdote cuando era adolescente. Pero dijo que no fue abusado, porque no hubo violencia. Zeffirelli odiaba la palabra "gay", afirmando que era "indecorosa".

"¿Cómo pueden decir que Miguel Ángel y Leonardo da Vinci eran 'gays'?", preguntó al diario italiano Corriere della Sera. "Ser homosexual conlleva un gran peso de responsabilidad y difíciles elecciones sociales, humanas y culturales.

[Co información de la agencia Reuters y redes sociales].

Francia premia al jazzista cubano Roberto Fonseca

El jazzista cubano Roberto Fonseca, durante una actuación en el Museo de Bellas Artes, La Habana, 2011. (AFP).

El pianista cubano Roberto Fonseca recibió este jueves la Orden Oficial de las Artes y las Letras”, otorgada por la Embajada de Francia en Cuba.

En un comunicado en la página de Facebook, la embajada felicitó al compositor, arreglista, intérprete y multi-instrumentista de jazz: “¡Felicidades a Roberto Fonseca! En el nombre del Ministerio de la cultura francés, el embajador de Francia en Cuba, Patrice Paoli”.

La legación diplomática informó de la entrega de la condecoración de “Officier dans l’ordre des Arts et des Lettres” (…) en reconocimiento de su magistral obra musical”.

Roberto Fonseca, (La Habana, 1975), proviene de una familia de músicos: es hijo del percusionista cubano Roberto Fonseca y la cantante Mercedes Cortés Alfaro y sus hermanos son Emilio Valdés (batería) y Jesús «Chuchito» Valdés Jr. (piano).

Fonseca es autor de casi una decena de álbumes de jazz entre los que destacan Roberto Fonseca: “Tiene Que Ver”, (1999); “Temperamento: En el Comienzo”,(1999); “Roberto Fonseca: No Limit”, (2001); “Roberto Fonseca: Elengo”, (2001) y “Roberto Fonseca: Zamazu”, (2007), entre otros.

Un tema del pianista fue seleccionado a “The Playlist: 21 canciones del recién terminado 2016”, la selección que hacen los críticos musicales del diario The New York Times cada viernes, y que recogen los temas más significativos que encuentran a su paso.

El track fue “Family”, recogida en su disco, ABUC, de 2016.

Entre los ‘Officier’ premiados por Francia, desde 1963 a la fecha, aparecen artistas de renombre en el mundo de la música como Dexter Gordon, (1986); Elton John, (1993); Van Morrison, (1996) y Marion Cotillard, (2016).

La resurrección de Massaguer

Cartel de Massaguer en la Revista Life

Ochenta años han pasado desde la última vez que la obra del legendario caricaturista, ilustrador y editor Conrado Massaguer (Cárdenas, 1889, La Habana, 1965) fuera exhibida en los Estados Unidos, para ser más exactos, en la ciudad de Nueva York. Ahora, 54 años después de su desaparición física y gracias a la generosidad de la coleccionista Vicky Gold Levi, quien ha donado unas cien piezas del icónico artista, por primera vez, el Estado de La Florida acoge su obra que, desde el 7 de junio de 2019 hasta febrero de 2020 se expone en la sala museo The Wolfsonian-FIU, 1001 Washington Ave., en Miami Beach con el código postal 33139.

Por primera vez también, por lo menos tres generaciones de cubanos podrán conocer su obra, asistiendo a la resurrección de uno de los hijos pródigos de una isla que, a pesar de todo, nunca ha dejado de ser pródiga ella misma a la hora de dar talentos al mundo.

Cuenta el periodista Luis Felipe Rojas que alguien a su vez le contó que cierta habanera noche, sentado a la barra del Floridita, un hombre alto y delgado se afanaba con un lápiz sobre un pedazo de cartulina mientras, a distancia, otro hombre lo observaba discreta y atentamente. Una vez el del- gado señor terminó su faena, el observador se le acercó, pidiéndole que le mostrara el trabajo. Esa cálida noche, entre vapores de alcohol y hierba- buena, nacía la primera de una larga lista de ilustraciones que Conrado Massaguer realizaría para la revista Life.

Pero no fue sólo Life. A finales de 1920, Massaguer, tuvo que abandonar la isla de Cuba y refugiarse en México, huyendo de la dictadura de Gerardo Machado. De México pasó a Nueva York, donde su horizonte se amplió considerablemente, llegando a colaborar con revistas de tiradas nacionales como Vanity Fair, Cosmopolitan, The New Yorker, entre otras.

Se codeó con lo que más valía y brillaba de su época, desde el Rey de España hasta el presidente Roosevelt, pasando por Albert Einstein y Walt Disney, entre otros, cautivados por la agudeza de sus sátiras políticas, además de la calidad irrefutable te Social y la mítica Carteles, revistas creadas, dirigidas y mayoritariamente ilustradas por él.

Habiendo vivido el exilio durante el “machadato” y sufrido por el “cuartelazo” dado por el general Fulgencio Batista, Massaguer decide apostar cautelo- samente por el nuevo proyecto revolucionario, pero su expectativa pronto se vio frustrada cuando Fidel Castro ordenó cerrar la revista Carteles y Conrado Massaguer se vio, literalmente, enterrado entre los folios del Archivo Nacional, a donde lo enviaron "revolucionariamente" a purgar el pecado de su talento. No soportó mucho tiempo. Este hombre, considerado en el mundo entero un icono de la ilustración, moriría en 1965.

Otra vez, Massaguer se vio obligado a abandonar Cuba, pero ya no iba solo, con él, iba la leyenda que sobre su genialidad creativa se había ido tejiendo alrededor de su obra y de su nombre.

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