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Opiniones

Brasil: ¿Por qué no apoya con más fuerza la democratización de Venezuela?

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Las complicadas circunstancias con las que este jueves Jair Bolsonaro recibe a Juan Guaidó.

Jair Bolsonaro, durante su campaña electoral a la presidencia de Brasil, se mostró mucho más agresivo contra la dictadura venezolana que lo demostrado una vez en el gobierno. Eso tiene una causa, que trataré de exponer en adelante, basado en informaciones directas desde Brasil.

El gobierno de Bolsonaro tiene una base ideológica fuerte, basada en los preceptos de un filósofo brasileño, Olavo de Carvalho, muy relacionado con tres de los hijos de Bolsonaro, los cuales son políticos recién elegidos a sus cargos de senador, diputado federal y vereador (consejal).

Ellos han ejercido fuerte influencia dentro del gobierno, ya que el presidente electo estuvo fuera del comando por razones de salud poco después de la toma de posesión. Esta influencia no ha sido bien vista por el ala militar del gobierno, que es muy fuerte, tiene varios ministros, ni tampoco por el vicepresidente, lo que ha provocado la división del equipo de gobierno.

Esta división, y errores propios de un partido pequeño, carente de experiencia y recursos, en el seno del cual fue elegido Bolsonaro a la presidencia, cobraron ya la primera gran pérdida, al verse Bolsonaro obligado a sustituir de sus cargos a su segundo hombre al mando, su ministro de la presidencia y expresidente del partido de gobierno.

Esta división ha debilitado el inicio del proceso de gobernar, a lo que se suma un delicado proceso judicial en andamiento relacionado con uno de los tres hijos de Bolsonaro. Todo se suma a la falta de personas con experiencia en el comando del país, a los problemas de salud y a la formación de un equipo que nunca antes había trabajado junto. Estas también son las causas de que la política exterior se haya descuidado.

Adicionalmente, el nuevo canciller de Brasil, Ernesto Araujo, es de la línea dura contra la dictadura de Venezuela, pero los diplomáticos de su cancillería, celosos por el nombramiento de un canciller "indeseado", por estar asociado a la filosofía de Olavo de Carvalho, no ven con buenos ojos una probable intervención militar en Venezuela. Además, el vicepresidente y general, Hamilton Mourón, del ala militar del gobierno, ve con sospechas la presencia de una política agresiva contra Venezuela, donde fue agregado militar.

Esto ha provocado que, en entrevistas a periodistas extranjeros, el vicepresidente se haya pronunciado para aplicar una línea más pacífica en las relaciones con Venezuela. Así las cosas, no ha habido una política coherente con Venezuela. Resultado, no hubo nadie del gobierno en la frontera con Venezuela el día en que debería haber entrado la ayuda humanitaria, donde enfrentamientos dejaron varios muertos.

El problema del presidente Bolsonaro con el proceso no resuelto de su hijo, la ausencia por enfermedad durante un buen tiempo al inicio de su gobierno, el tener que estructurar una filosofía de trabajo en un equipo que no había trabajado junto nunca antes, el rechazo del ala militar al ala de los hijos del presidente (lo cual ha atado las manos del flamante canciller brasileño) y la necesidad de sustituir de inicio al segundo hombre en el comando del gobierno, ha sido motivo más que suficiente para que la importante política de Brasil hacia la Venezuela de Maduro no haya sido ampliamente debatida y aceptada por todos los entes relacionados.

Son estas las complicadas circunstancias con las que Bolsonaro recibe a Juan Guaidó este jueves en Brasilia.

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Iliana, la de San Isidro

Iliana Hernández, durante la huelga de hambre en la sede del MSI. (Foto: Katherine Bisquet)

Recientemente, al abrir la página web de Radio Televisión Martí, como hago varias veces en el día, me conmoví profundamente. Una mujer joven, periodista, retaba al totalitarismo castrista de igual manera que lo hizo el hombre que detuvo una columna de tanques chinos en la Plaza de Tiananmen en junio de 1989.

Un hombre solo, una mujer sola, la misma dignidad, enfrentando unas dictaduras gestadas por los mismos progenitores, sustentadas en la doble moral de sus respectivos pueblos y nutrida por la cobardía cómplice de quienes claman tolerancia y comprensión para verdugos que no conocen la clemencia, mientras, ellos, disfrutan de las prerrogativas que le otorgan las sociedades libres.

Iliana Hernández reclama a la Seguridad del Estado por el arresto de su madre cuando iba a visitarla a sede del Movimiento San Isidro. (Facebook)
Iliana Hernández reclama a la Seguridad del Estado por el arresto de su madre cuando iba a visitarla a sede del Movimiento San Isidro. (Facebook)

Iliana Hernández, una conocida comunicadora y activista pro democracia, arrestada en varias ocasiones, en absoluta indefensión, solo protegida con el coraje que les falta a tantos, se hallaba parada en medio de una calle habanera con los brazos abiertos como diciendo, “vengan, aplastarán mi cuerpo, pero mis ideas seguirán en pie”, cumpliendo, al parecer, la máxima martiana, trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras.

La joven de pie, en la calle, frente a los represores, cómplices y vecinos, cobardes todos, le grito a la dictadura todas sus culpas. Dijo sus verdades y denuncio los incontables atropellos de un régimen que goza de la connivencia de un amplio sector de la población, de un número importante de ciudadanos que solo se dan cuenta de la maldad que callan cuando ellos son atropellados.

Iliana, la de San Isidro, forma parte de un grupo de jóvenes hartos del totalitarismo. Empachados de la persecución, la represión infinita, la miseria que no termina, la discriminación, mentiras, las violaciones a sus derechos de manera amplia y permanente, el abuso de poder de las autoridades y la falta de esperanzas. Dolidos todos ante un régimen que ha humillado y degradado moralmente a la población a instancias inimaginables, lo que determinó que algunos iniciaran una huelga de hambre y sed.

La joven activista, fundadora del movimiento opositor Somos+, es un trofeo a destruir por la dictadura desde que instituyó hace más de cuatro años la agrupación Lente Cubano, su afirmación a la publicación 14ymedio, “los jóvenes quieren cambios y el régimen tiene miedo” retrata una situación en la que todo parece indicar la represión se recrudecerá porque la masa está en proceso de convertirse en ciudadano al romper el cordón umbilical que la ata al patronazgo del estado todopoderoso.

La dictadura totalitaria siempre ha sido peligrosa, pero mientras más amenazada se sienta, más indefensos están los que se le oponen. Recordemos que fueron muchos de estos jóvenes lo que se opusieron al decreto 349, dando origen al Movimiento San Isidro, en rechazo a quienes conculcaba crudamente los derechos de los creadores, su activismo les ganó un destacado lugar en el odio que sienten los esclavistas hacia los libres.

El Movimiento San Isidro adquiere el nombre de un barrio humilde, marginal. Un barrio que no existe en la perspectiva de los que abogan a favor de la dictadura castrista desde el exterior, como tampoco perciben que en la Isla es necesario crear estos movimientos para reclamar derechos a la creación libre, el pensamiento libre y respeto al espacio social al que cada individuo tiene derechos.

En honor a la verdad estas son personas genuinamente libres. Ellos no están comprometidos con una ideología sino con un derecho inalienable y natural, el privilegio de pensar en la dimensión martiana de que “la libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresías”. Con independencia del mañana, cada uno de ellos se ha labrado un presente continuo en la lucha por la libertad de los cubanos.

Cierto que la dictadura está agotada, en una agonía que desgraciadamente puede durar muchos años, pero los jóvenes como Iliana Hernández, Luis Manuel Otero Alcántara y otros muchos, que iniciaron esta protesta para reclamar la excarcelación de Denis Solís, están indigestados de castrismo, no pueden más, y han llegado a otro convencimiento de José Martí, “la libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.

Estos artistas están comprando la libertad por su precio y la dictadura, consecuentes con su naturaleza depredadora, entró a la fuerza en la sede del Movimiento y arrestaron a varios activistas, entre ellos a Otero Alcántara y Anamely Ramos. El castrismo es cruel y despiadado, la solidaridad con estos hombres y mujeres es más que necesaria.

Fidel Castro y el ego desmesurado de los cubanos

A woman walks along a street in Havana on April 18, 2018 as the National Assembly holds a session that will select Cuba's Council of State ahead of the naming of a new president. - Cuban President Raul Castro steps down Thursday, passing the baton to a ne

Artículo de Opinión

LA HABANA, Cuba. – Hay muchos que dicen agradecer a Fidel Castro por haber conseguido protagonismo para Cuba y que se hable de ella en el mundo.

Esos atorrantes, para que se conozca a Cuba en el mundo, no se conforman con Varadero, Viñales, el son o el tabaco de Vuelta Abajo; con haber tenido a Martí, Finlay, Capablanca, Lezama Lima, Lecuona, Benny Moré, Cabrera Infante, Celia Cruz, Dulce María Loynaz, Alicia Alonso, Bola de Nieve, Chano Pozo, Ignacio Piñeiro, Compay Segundo y un largo etcétera de ilustres.

durante casi quince años tuvo a decenas de miles de cubanos peleando en un país africano once veces mayor que Cuba...


No les era suficiente. Ellos, desmesurados, precisaban, para que se conociera a Cuba en el mundo, de un megalómano que desafió a los Estados Unidos e implantó una dictadura comunista 90 millas al sur de Key West; que estuvo a punto de provocar una hecatombe nuclear en octubre de 1962; que cundió de guerrillas las selvas y montañas de América Latina; que durante casi quince años tuvo a decenas de miles de cubanos peleando en un país africano once veces mayor que Cuba; que se solidarizó con cuanto tirano canalla hubo en el orbe; que provocó el éxodo de dos millones de compatriotas; que queriendo ser original y hacer más innovaciones al marxismo que Lenin, se pasó la vida dando bandazos, haciendo promesas que no pudo cumplir e ideando planes delirantes que destruyeron la economía nacional y nos condujeron al actual desastre del cual sus herederos y continuadores no saben cómo rayos salir.

Fidel Castro vino a redimir el complejo nacional por haber sido, con casi 70 años de retraso, la última colonia española que se independizó en América Latina, y para eso, con la ayuda de los norteamericanos, que a cambio impusieron la Enmienda Platt.

El mismo Fidel Castro —y esa fue la base de su personalidad— era un gran acomplejado. Tenía complejo de haber sido hijo de una sirvienta y de no haber sido reconocido por su padre hasta muchos años después de su nacimiento; complejo por su falta de clase de provinciano con dinero cuando se codeaba con los hijos de la burguesía en el Colegio de Belén y la Universidad de La Habana, lo que compensaría años después, ya como gobernante, codeándose y tratando de tú a tú a innumerables personalidades mundiales.

El mismo Fidel Castro —y esa fue la base de su personalidad— era un gran acomplejado....


El principal acomplejamiento de Fidel Castro fue con los Estados Unidos. Heredó el antinorteamericanismo de su padre, que fue miembro del ejército español derrotado por los estadounidenses en 1898. Tomó como una ofensa, siendo un adolescente, que el presidente Franklin Delano Roosevelt no le respondiera una carta donde le pedía diez dólares. Y en junio de 1958, cuando descubrió que las bombas que arrojaban sobre la Sierra Maestra los aviones del ejército gubernamental llevaban la inscripción “made in USA”, juró en carta a su ayudante Celia Sánchez que el sentido de su vida sería la lucha contra los norteamericanos.

Para ese enfrentamiento —pese a que disfrutaba de asumir el rol de David contra Goliat— y para todas las empresas desmesuradas que emprendió Fidel Castro, siempre tuvo un gran hándicap: el de provenir de un país pequeño y pobre que siempre le quedó estrecho para sus apetencias, y con un pueblo díscolo, poco disciplinado, jodedor, nada dado a la prosopopeya y las solemnidades, y que nunca estuvo a la altura de sus grandiosas expectativas.

Recordemos la perreta del Comandante cuando, en 1962, sin contar con él, Khrushov negoció con Kennedy la retirada de los misiles atómicos, y a los simpatizantes del castrismo, luego de haber estado a punto de perecer en una guerra nuclear, no se les ocurrió nada mejor que corear: “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”.

Recordemos la perreta del Comandante cuando, en 1962, sin contar con él, Khrushov negoció con Kennedy...


Fidel Castro, guapetón, desafiante, manoteando y gritando hasta desgañitarse, haciéndose el que se las sabía todas y las que no se las imaginaba, fue la trágica encarnación del desmesurado ego nacional que en realidad oculta un gran complejo de inferioridad.

Ese complejo explica el por qué de esa manía de los cubanos de querer hacernos notar dondequiera que llegamos; de creernos los más astutos, los más simpáticos, los mejores amantes, los más diestros bailadores, los mejores peloteros.

Tal vez porque Martí dijo que el que se levantara con Cuba se salvaba para todos los tiempos, y lo malinterpretamos, nos seguimos creyendo, independientemente de donde vivamos, que Cuba es el ombligo del mundo, la medida de todo, que el destino de la humanidad se decide aquí. Por eso, los castristas, pese a que solo tienen para exhibir sus fracasos y un paisaje de ruinas y miseria, piensan que la izquierda mundial tiene a Cuba como modelo y referente luminoso. Por eso hay tantos exiliados que piensan que Estados Unidos tiene a Cuba como su principal prioridad en política exterior y nos va a liberar del yugo castrista.

¡Cuánto daño —el peor de todos haber tenido que soportar a Fidel Castro— nos ha hecho, a todo lo largo de nuestra historia nacional, confundir los sueños con la realidad y creernos todas esas monsergas y paparruchadas!

(Publicado originalmente en Cubanet el 25 de noviembre del 2020)

El totalitarismo sigue en pie

La imagen de Fidel Castro entre banderas y símbolos del comunismo.

El nazismo y el comunismo comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea. El primero cuenta con un récord espantoso, aunque solo tuvo poco más de doce años en el poder. Aterra imaginar si hubiera gobernado más tiempo a qué extremos hubiera llegado el sadismo del holocausto y la crueldad de la Gestapo y las SS, muestras de lo denigrante que puede llegar a ser la condición humana.

Por su parte, el marxismo, con todas sus variantes imaginables, está depredando la humanidad hace más de un siglo y todavía hay países donde esa forma de opresión sigue devastando a sus ciudadanos y amenazando a terceros, sin que esa práctica avergüence a quienes guardan silencio cómplice ante tantas tropelías por tal de obtener beneficios.

Personas que como dice el escritor José Antonio Albertini, optan por callar ante los abusos interminables de una ideología responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos, individuos que favorecen las elites que abusan del poder cuando estas usan como argumento una justicia que son incapaces de aplicar.

El totalitarismo asfixia al pueblo que lo sufre. Destruye las esperanzas de los ciudadanos. Inocula el miedo en la población. Esparce la duda y la desconfianza en la comunidad, entronizando los sentimientos más mezquinos en las familias. El totalitarismo conduce a la miseria intelectual y material, a la inseguridad del creador y a la dependencia moral y económica del estado transformado en mecenas de quienes aporten al mecanismo de trasmisión del control una mayor eficiencia. El totalitarismo es el corruptor por antonomasia. Corroe las instituciones, dañando a la sociedad y a sus protagonistas de manera irreparable la mayoría de las veces.

En otros aspectos el mal está muy generalizado. Por ejemplo: la dictadura de Corea del Norte no cesa de amenazar la paz, alarmando a todos con su disposición de recurrir a la guerra nuclear si no son cumplimentadas sus exigencias. La República Popular China con todo el poderío que ha desarrollado en los últimos años aprieta cada día más la tuerca sobre el cuello de los hongkoneses, incrementa sus amenazas a Taiwán y presiona a países de su entorno con permanentes ejercicios militares que obligan a sus vecinos a participar en una carrera militar muy costosa; mientras, el tercer jinete de esta troika, Cuba, sigue aplastando a sus gobernados y continúa siendo incomprensiblemente una amenaza para la estabilidad del continente, a pesar de que solo ha acumulado fracasos en sus seis décadas de existencia.

El totalitarismo es ineficiente en todos los aspectos, pero de todos los países en los que se ha impuesto donde más ineficaz ha demostrado ser, exceptuando la represión en cualesquiera de sus expresiones y las gestiones subversivas, es Cuba.

El régimen castrista fue en su momento la esperanza de los creyentes del marxismo que repudiaban el socialismo soviético. Muchos estaban desilusionados por lo que pasaba en la URSS y creyeron que en la isla del Caribe sería posible un socialismo bueno endulzado con la azúcar, el tabaco y café que el marxismo en pocos años hizo desaparecer.

Los desilusionados de aquellos tiempos, todavía los hay en manadas, creían que lo que ocurría en la extinta Unión Soviética eran errores de los que movían los hilos del poder, negándose a aceptar que es una propuesta que niega la condición humana y que en consecuencia su construcción destruye los valores del individuo que dice defender.

Fidel Castro ofreció “pan con libertad”, en poco tiempo no había pan y menos libertades y derechos. El país se fue a la ruina y los logros alcanzado en los 57 años previos de la República se extinguieron. En Cuba bajo el totalitarismo sólo se ha conocido el racionamiento, la negación de los derechos, y la muerte y prisión por motivos políticos, por eso cuando en estos días, aún me tiemblan las rodillas, una joven, recién salida de la adolescencia me dijo “el socialismo de Cuba es una aberración, nosotros no queremos ese socialismo, tampoco el de Venezuela, queremos otro socialismo”, me espanté.

El Castrismo en Consejo de Derechos Humanos: el absurdo de elegir criminales para juzgar a los justos

Vista general del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, Suiza. REUTERS/Denis Balibouse/File Photo

Es una aberración, sin otro calificativo, que el régimen que ha sometido a millones de sus ciudadanos por décadas e incursionado violentamente en la política internacional con fines imperialistas, ocupe por quinta vez una posición en el organismo más importante de Naciones Unidas a cargo de defender los derechos humanos.

Que el castrismo y sus funcionarios se esfuercen por integrar esa entidad, o cualquier otra desde la que puedan ejercer influencia o tener control, es comprensible, es parte de su gestión de sobrevivencia, lo que es un enigma es que gobiernos electos democráticamente y que actúan sustancialmente como tales, respalden a regímenes como los de Cuba, Rusia y China para tales posiciones. Es un absurdo elegir criminales para que juzguen a los justos.

Fue desidia o complicidad, que el Grupo de América Latina y el Caribe, Grulac, no se pusiera de acuerdo para presentar más opciones a la elección en el Consejo. Tres candidatos para igual número de posiciones no dejaban alternativas, al parecer, fue la ruta escogida por los mandatarios latinoamericanos para evitar tener conflicto con el régimen injerencista de La Habana y con los partidarios de esa dictadura que operan al interior de sus países.

Nuevamente ha quedado demostrado que América Latina no es consciente de los riesgos que corre al tener de vecino al gobiernos más agresivo del continente, con independencia de que nuevamente puso a un lado su deber de ser solidario con los pueblos que padecen dictaduras, gestión en la que han sido mucho más consecuente los Estados Unidos y Europa, aunque corren menos riesgos de sufrir las agresiones del castrismo que los países del Grulac.

La conducta del hemisferio en relación a la dictadura cubana está fuera de la lógica más elemental. Un país como Perú, quien bautiza al denominado Grupo de Lima, la bandera solidaria con los demócratas venezolanos, a través de su canciller afirmó que votaría en la reunión del Consejo a favor de La Habana, la casa matriz de los horrores que padece Venezuela.

Evidentemente no fue supuestamente Perú el único país del hemisferio que votó a favor del totalitarismo insular. Según las cuentas solo 22 naciones votaron en contra de la presencia de Cuba en el Consejo, el resto 170, votaron a su favor, entre ellos deben estar conocidos satélites del castrismo como Venezuela y Nicaragua y algunos amigos que con justicia condenan a Nicolás Maduro y su satrapía, pero incomprensiblemente respaldan a un régimen que con maldad extrema continúa siendo fiel a los postulados de Fidel Castro.

Quiénes fueron será difícil conocer, aunque los pueblos tienen derecho a estar al tanto de cuáles son los países que se alían con sus verdugos.

Los votos en Naciones Unidas, en cualquier organismo internacional, deberían ser públicos, no secretos, porque eso invalida la transparencia de cualquier proceso democrático, aun más, como afirma el jurista mexicano René Bolio presidente de la Comisión Internacional Justicia Cuba, “se le debería exigir a los países que integren el Consejo de Derechos Humanos que sean genuinas democracias”.

La dictadura cubana está controlada por hábiles gobernantes, eficientes en su gestión que no dudan negociar cuando esperan obtener ventajas.

En los 70 acordaron con la Junta Militar Argentina arreglos que consistieron en guardar silencio ante sucesos que pudieran afectar tanto a Buenos Aires como a La Habana. Ahora lo hicieron con Perú y durante la presidencia de Tabaré Ramón Vázquez Rosas, con Uruguay, además, regímenes de fuerza como los mencionados de Venezuela y Nicaragua y los de África y Asia, entre los que destaca el tirano de Corea del Norte Kim Jong-un, reciben con beneplácito a la vez que favorecen, la presencia de funcionarios del régimen castrista en organismos en los cuales requieren aceptación.

Es penoso que todos los países que votaron a favor de la dictadura están conscientes de que el régimen violenta todos y cada uno de los derechos de sus ciudadanos, que no ha ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y como colofón, Cuba es uno de los pocos países del mundo que exporta represores y torturadores como refleja un reciente informe sobre Venezuela.

Literatura y libertad en la vida y el legado de Laura Pollán

Laura Pollán

Hace nueve años que Laura Pollán murió, la asesinó el régimen de La Habana. Su delito fue simplemente organizar un grupo de mujeres cubanas para ir a Misa los domingos vestidas de blanco. Ya desde antes del surgimiento de las Damas de Blanco, un grupo de mujeres, familiares de prisioneros políticos, asistían a Misa en la Iglesia de Santa Rita, en La Habana, para orar por sus seres queridos. Laura tuvo la osadía de lanzar la idea fuera del recinto religioso, le dio unicidad a aquel esfuerzo y una imagen que creció en reconocimiento y visibilidad ante los cubanos y el mundo.

Laura tenía la voz dulce y el acento del oriente del país, había sido profesora de literatura, e intuyo, que su conocimiento literario la hizo identificar la belleza de la causa de la libertad de Cuba. Su esposo, dedicado a labores de oposicón política, la puso en la encrucijada, como a muchos otros familiares de prisioneros políticos en la Cuba de principios del milenio.

Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror

Laura tomó el reto y creyó en su misión. Enarbolar el amor frente al odio, la paz frente al terror. Lo hizo sin perder la dulzura, pero con un aplomo y un sentido común que le ganó el liderazgo entre las demás mujeres.

Usualmente hablaba con ella para conocer situaciones específicas de represión o para brindar la ayuda solidaria del exilio cubano. Con el tiempo, comenzamos a hablar del futuro, de su visión del cambio, de las condiciones para la libertad. Siempre tenía una palabra optimista con relación a las posibilidades de triunfo del movimiento cívico. “Aquí ya estoy poniendo en el fogón el café, para que cuando llegues, que es pronto, podamos tomarlo juntas”. Laura siempre era luz y era esperanza, levantaba el corazón con su plática.

Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería

Cuando la madre de Orlando Zapata Tamayo se encontraba en La Habana con su hijo en huelga de hambre y sin saber exactamente dónde lo tenían, Laura brindó su casa para realizar una conferencia de prensa. Fue en ese instante que llegaron los agentes de la Seguridad del Estado y le avisaron a Reina Tamayo que tenía que acompañarlos. Ese día murió Zapata, o mejor dicho, lo asesinaron, pues durante esa huelga le quitaron el agua durante 18 días, y eso era lo único que él ingería, provocándole un daño irreparable en los riñones. Laura estaba allí, abierta y solidaria.

Luego del asesinato de Zapata vino la prueba de fuego para Laura y las Damas de Blanco. La Seguridad del Estado utilizando el miedo trató de impedir las marchas hacia la Iglesia. Los ánimos estaban caldeados y los mismos prisioneros políticos en distintas prisiones y provincias se encontraban realizando protestas por el asesinato de aquel valiente opositor.

Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

La policía política trató de convencer a las Damas de que no salieran a la calle. Utilizaron primero métodos de persuasión y luego violencia directa contra las mujeres pacíficas. Laura Pollán se dio cuenta de que, si retrocedían ante estas amenazas y represalias, serían presa fácil para la maquinaria represiva, y decidió salir, caminar, ampliar incluso los caminos de las Damas a otras calles de la capital cubana. Utilizó el ingenio, la imaginación, las tácticas de la lucha cívica no violenta e hizo crecer el desafío y la esperanza en las calles de Cuba.

Estaba condenada

El monstruo totalitario la puso a prueba y sabía que no había vuelta atrás. Le temían a su carisma, a su liderazgo y a su voluntad de lucha.

Unas pocas semanas antes de su muerte, sufrió un terrible acto de repudio y fue agredida directamente, algunos sospechan que le inocularon un virus o alguna sustancia. Todo es posible y no sería la primera vez que los castristas utilizan estos métodos para eliminar sus enemigos.

El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal

El caso es que Laura enfermó y tuvo que ser hospitalizada y todo lo que ocurrió después de ese momento se desconoce. El diagnóstico nunca fue claro y su familia ya no pudo tocarla o hablar con ella. La veían, igual que a Zapata en sus últimos días, a través de un cristal.

Los médicos que anunciaron su muerte llevaban botas militares y junto a ellos estaban los reconocidos agentes de la policía política que tantas veces la reprimieron.

El legado de Laura es hermoso: la fe, la esperanza, la voluntad de ser libre. Con sus manos delicadas ayudó a levantar un movimiento que aún hoy permanece. Con su inteligencia hizo avanzar en el camino de la libertad, que está en las calles de Cuba. Con su voz despertó conciencias e inspiró a un pueblo.

Laura, sencilla y valiente, sabia y dulce: tu legado permanece hasta que un día amanezca en la patria por la que fuiste capaz de entregar tu vida.

Que así sea.

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