Enlaces de accesibilidad

Arte y Cultura

Bailarín Carlos Acosta: “El racismo sigue latente en Cuba”

Bailarín cubano Carlos Acosta durante la presentación del film autobiográfico "Yuli",

Un bailarín cubano de raza negra que triunfa en las tablas de Europa y Estados Unidos suena a cuento de hadas, pero en “Yuli: Al ritmo del corazón” se puede sentir, y casi oler, la sangre, el sudor y lágrimas que le costó a Carlos Acosta desarrollar su talento y no renunciar a la danza.

La película, que llegó el viernes a los cines de México, se basa en su autobiografía “Sin mirar atrás”, publicada en 2007.

“Esa honestidad viene de ahí, del libro”, dijo Acosta en una entrevista telefónica con The Associated Press sobre su historia, que comenzó a escribir a finales de la década de 1990 sin pensar en publicarla. Solo lo hizo porque le “hacía falta escribir”, explicó desde Inglaterra, donde reside.

A lo largo de su carrera, Acosta, de 46 años, ha sido primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba y del Ballet de Houston, así como principal artista invitado del Ballet Real del Reino Unido. En enero comenzará a fungir como director del Ballet Real de Birmingham.

“Yuli”, que debutó el año pasado en el Festival de Cine de San Sebastián, cuenta por medio de narración y coreografías momentos clave de la vida del artista, como el dolor por la soledad en su carrera, la fama y el éxito en el extranjero, o la violencia que aguantó de su estricto padre.

Acosta no podía asumir el papel de coreógrafo para el filme debido a sus compromisos profesionales, de modo que la catalana Maria Rovira fue la encargada de ayudar a contar la historia, bajo la dirección de la cineasta española Icíar Bollaín.

“Teníamos que estar siempre en el hilo de la vida de Carlos y las coreografías tenían de alguna manera que ser un poco teatrales y comunicar parte de esa vida”, dijo Bollaín a la AP desde Edimburgo, donde vive. “Yo estaba ahí un poco dirigiendo el sentido de las coreografías y María las ponía en movimiento. Fue un trabajo muy intenso, muy trabajoso, pero de lo más bonito y más nuevo para mí”.

Además de su labor como directora, Bollaín tiene una larga trayectoria como actriz, con créditos como “El sur”, “Malaventura” y “Tierra y libertad”. La última película que había dirigido, “El olivo” (2016), tenía un guion de Paul Laverty, con quien volvió a hacer mancuerna para “Yuli”, producida por Andrea Calderwood y el mismo Acosta.

La cinta hace un retrato profundo de Cuba. No se queda con las imágenes de postal de La Habana, sino que nos lleva al interior de sus casas, a las calles de las barriadas, a las antiguas plantaciones de esclavos.

“Al final también se está contando la historia de la familia de Carlos, que es una familia como tantas. Sufrieron el exilio de la mitad de la familia que se fueron a Miami, y el periodo especial, cuando cae el bloque soviético y hay una crisis en Cuba tremenda”, dijo Bollaín. “La película ofrecía la posibilidad de hablar de la gente en Cuba”.

Una de estas realidades es el racismo que Acosta conoció al crecer en una familia birracial: su mamá y su mediahermana mayor eran blancas, mientras que él y su hermana menor, hijos del segundo matrimonio de su madre con un hombre negro, son mestizos. En la película se plasma cómo esta mezcla no era bien recibida por su familia extendida.

“En Cuba el racismo está latente igual. Hubo un proceso que se dice revolucionario para erradicar todos estos prejuicios, en cierta manera se avanzó, pero no se han hecho debates profundos sobre el racismo”, dijo Acosta. “En mi seno familiar ya existía el racismo, yo lo vi muy de cerca”.

Acosta, quien en la cinta es interpretado en distintas etapas de su vida por el joven Keyvin Martínez, el niño Edlison Manuel Olbera Núñez y él mismo, recordó que cuando comenzó en el ballet, apenas dos de los 20 estudiantes en su grupo eran negros. Y cuando llegó al Royal Ballet, de unos 80 bailarines solo dos eran de color. Sin embargo, también destacó que en las grandes compañías donde ha bailado, muchas veces los directores que creyeron en él eran blancos y que recibió ofertas para interpretar todo tipo de protagónicos, rompiendo los estereotipos.

“Eso me inculcó una seguridad que me permitió seguir soñando”, dijo.

Su padre, interpretado en “Yuli” por el actor Santiago Alfonso, le daba tremendas golpizas y estuvo en prisión, pero nunca dejó de darle fuerza haciendo que se mantuviera en la danza pese a su situación de pobreza.

“Cuando uno lee el libro resulta más brutal el padre en el libro que en la película... Pero Carlos le dedica el libro”, dijo Bollaín.

“Mi papá es la estrella de mi vida”, explicó Acosta. “Batalló contra viento y marea porque yo fuera bailarín y al final lo logró. La gloria de lo que yo estoy viviendo, lo que soy ahora, se lo debo a él... Al mismo tiempo fue muy estricto y yo le tenía pánico, igual que mis hermanas, pero yo ya he sentido paz, he sentido una reconciliación con él”.

El astro tuvo la oportunidad de bailar con Alicia Alonso como miembro del Ballet Nacional de Cuba. Aunque esta parte de su carrera no está incluida en la película, recordó con cariño a la célebre bailarina cubana recientemente fallecida.

“Le hice un paso que se llama promenade”, dijo Acosta. “(Alonso) es un tesoro no sólo cubano, sino latinoamericano, que le dio un legado al mundo tremendo, que todavía está pariendo frutos como somos nosotros mismos”.

Para el artista, la danza en Cuba necesita un impulso. A decir de él, ha ido “hacia atrás” en los últimos años por la situación de incertidumbre en el país.

“En mi época la educación era una educación de primera y (con) unos profesores de los más grandes que hay y ya quedan pocos”, dijo Acosta.

Hoy un hombre casado y padre de gemelas de 3 años y una niña de 7, continúa disfrutando como en sus inicios de ritmos como la música urbana, la salsa y el breakdance, aunque ya no se para de cabeza, aclaró.

Vea todas las noticias de hoy

Joaquín Badajoz: "El exilio es un ejercicio liberador cuando se practica sin arnés"

El poeta Joaquín Badajoz durante una lectura en La Otra Esquins de las Palabras

Con la energía propia de quien ha sabido convertir sus vivencias en recursos de aprendizaje, el poeta cubano Joaquín Badajoz ​comparte con nosotros el resultado de su andar por el mundo. Sus palabras nos demuestran que, para llegar a estas sabias conclusiones, mucho ha tenido que pensar en "Ella..."

¿Cuál fue el detonante que te impulsó a marcharte de Cuba?

Con los años -y el cinismo natural que desarrollamos los animales políticos-he llegado a la conclusión de que no hubo una sola razón, sino una serie de (des)afortunados sucesos, que por sintetizar -incluso emocionalmente- atribuimos a ese accidente histórico que fracturó Cuba hace 60 años y que llamamos festinadamente revolución cubana, aunque de revolución tenía muy poco y de cubana menos.

Salí de Cuba como refugiado político. Supongo que pagando la osadía de intentar democratizar ese sistema abusivo y despersonalizador desde sus propias instituciones o desde algún amago de sociedad civil, provocar un tránsito mínimo, y ese castigo del destierro está bien: es hasta ligero si lo comparamos con los asesinatos políticos que se han ocurrido en estos 60 años: por eso ni me considero víctima ni guardo ningún rencor. Creo que todo sucede por alguna razón, que responde a un plan que nos trasciende y que, por mucho que nos empeñemos, no vamos a entender. Pienso, como Epicteto, que “lo importante no es lo que te suceda en la vida, sino cómo reaccionas a ello”.

¿Qué esperabas encontrar del “otro lado”?

Durante varios meses tuve un sueño recurrente -luego he descubierto que es bastante común- en el que regresaba y los trámites burocráticos, accidentes imprevistos o indolencias naturales del sistema, me iban atrapando en una trama kafkiana en cámara lenta, de la que no podía escapar y en medio de la que despertaba agitado. Reflexionando sobre esos episodios comprendí que la ansiedad por “escapar” de Cuba era mayor de lo que hubiera querido aceptar -sobre todo porque era (soy) de los que piensan que emigrar no puede ser nuestra condición nacional. Somos un país de desperdigados por el mundo, de seres con raíces aéreas y así no se puede rescatar ningún país. Nos hemos convertido en una isla de tránsito, una especie de maternidad obrera.

Hace años, Dagoberto Valdés le puso un nombre a este fenómeno que define la magnitud y el dolor: etnorragia. Somos un país que se desangra, que sufre de una hemorragia demográfica. Hasta paseando por Skólavörðustígur -una de las calles principales de Reyjavik que parte de la iglesia luterana Hallgrímskirkja, la más alta de Islandia- se encuentra uno un café llamado Babalú que fue hace unos años propiedad de un cubano. Hemos sido lanzados al mundo como una granada antipersonal.

Afuera esperaba encontrar una explicación para nuestra desgracia, un mundo que se cayera a pedazos y que justificara que un puñado de hermanos nuestros hubiera secuestrado un país adolecente bajo la premisa de salvarlo de sí mismo y terminara violándolo y ultrajándolo sin piedad. Porque hay una suerte de pedofilia política implícita en la revolución cubana, en ese estupro de democracia. Esperaba encontrar las claves de nuestra miseria y nuestra falta de escrúpulos. También las de nuestra cobardía y resignación.

¿Qué encontraste?

Encontré en cambio -y puede ser un cliché- el alivio de caminar por la cuerda floja, la posibilidad de despojarme de compromisos estúpidos y visiones maniqueas del mundo, de derribar todas las fronteras, de lanzar por la borda el lastre de los nacionalismos, las ideologías y las patrioterías baratas.

El exilio es un ejercicio liberador cuando se practica sin arnés Si uno interpreta con suma dedicación su “rol de náufrago” desarrolla la clarividencia de los enfermos terminales. Me liberé del truco de la patria, por ejemplo, de la necesidad de pertenencia, de la obligación de definirnos. He encontrado y conseguido con esfuerzo -y a la inmerecida gracia de Dios-muchas otras cosas, pero creo que lo fundamental ha sido crecer en una dimensión desconocida para mí y aprender a deshacerme de todo lo que no es esencial.

Encontré también que existen otras vías para alcanzar la prosperidad y conseguir la justicia social sin tener que empeñar tus libertades personales ni vender el alma a alguna ideología.

¿Qué has aprendido durante el proceso?

He vivido más de dos terceras partes de mi vida adulta en Estados Unidos, así que ha sido un proceso de aprendizaje largo y continuo que no termina nunca y que va desde aprender a comportarse -en mi época, salir del país era como despertar de un coma inducido, uno era más torpe que un oso de feria- hasta a tomar decisiones responsables. Los exiliados estamos siempre capeando temporales, reinventándonos, por eso creo que en estos años me he replanteado casi todo lo que creía que sabía en mi vida. Vivo haciendo malabares con la duda y la curiosidad. También, en una especie de síndrome de Estocolmo, le he tomado mucha pena a los verdugos, los veo desde lejos encerrados en su miseria, tan desmañados, incapaces de lograr otra cosa que no sea multiplicar la miseria. Debe ser muy triste ser tan brutos, tan incompetentes, porque nadie puede ser tan idiota o malvado que cambie a propósito la oportunidad de refundar una nación por la vergüenza de convertirla en una suma de lugares comunes, desaciertos y mezquindades. Puedo sentir empatía con su empeño sisífico, su frustración de patinadores sobre fango.

¿Qué es para ti La libertad?

Si no formara parte de un sistema de ideales sublimes que el hombre debe cuidar celosamente, te respondería que es una necesidad creada. Un invento de demagogos y escritores aburridos. Vivimos en comunidades, dependiendo unos de otros, sujetos a voluntades, necesidades y perspectivas ajenas, colaborando, respondiendo continuamente a compromisos y responsabilidades. La interdependencia es de hecho una característica de la vida en nuestro planeta, todos los ecosistemas terrestres están relacionados. Me maravilla pensar que con nuestros cerebros pequeños hayamos llegado a la conclusión de que tanta perfección surgió al azar de una gran explosión. Somos animales religiosos, amamos cualquier tipo de narrativa sobrenatural -incluida a menudo esa que llamamos científica- y somos hasta capaces de inmolarnos por conceptos simbólicos. La libertad absoluta, la del salvaje o el tonto, que a veces defendemos con tanto empeño, no es más que una caricatura.

La libertad suele ser tan elusiva y remota como la felicidad, pero existe, aunque sea una condición que sólo puede explicarse cuando episódicamente se disfruta. Todos la definen a su manera y, aún cuando esas explicaciones sean a menudo opuestas, todos tienen razón, porque la realidad personal pasa por los canales de la percepción. Por eso hay gente que se siente “libre” en las sociedades más brutales y totalitarias y “esclavos” en las sociedades libres. Cuando despejamos todas las variables, y nos quitamos el antifaz de la política, descubrimos que todos somos esclavos de la economía: que la independencia económica es quizás la última y suprema forma de libertad.

Aunque existe otra libertad más trascendente que la económica: saber que vives en una sociedad en la que se respetan tus derechos universales, que aunque no tengas un centavo existen todas las condiciones creadas para que puedas reclamarlos. Porque no existe libertad posible sin respeto a los derechos y la integridad humana.

¿Las experiencias vividas, han cambiado en ti el concepto Patria? ¿Piensas a menudo en “Ella...”?

Siempre digo que soy mal cubano y buen pinareño. Me cuesta pensar en la patria en mayúsculas, más allá de la ciudad donde vivía. Podemos estar jugando tres días con conceptos abstractos, y la patria es uno de ellos. Vine a conocer Cuba, en toda su extensión y complejidad, en el exilio. Pinar del Río es una región remota, sin mucho tránsito nacional, dentro de un país inmovilizado, por lo que viajé poco por el Centro y el Oriente, y un santiaguero puede serme tan cercano (o distante) como un dominicano, por ejemplo. Esos hallazgos y otros han dado forma a mi particular noción de la patria, que ahora es más amplia e inclusiva. Patria significa ese espacio, a veces simbólico, donde conviven los factores diversos y a menudo opuestos de la nacionalidad.

Los cubanos no debemos olvidar que somos una nación forjada en el exilio. Una vez le escuché decir a ese gran cubano que era Oswaldo Payá, que apuntarle al exilio era apuntar a la otra mitad de su corazón. Así que no sólo “pienso en Ella” —en la Patria— sino que hago patria todos los días. No miro hacia la isla con ninguna nostalgia, porque para mí ha dejado de ser un lugar geográfico para entrar en las cartografías entrañables, que llevo conmigo a todas partes sin estridencia ni estereotipos. Siento a veces pena por quienes sólo conocen la parte insular de esa patria extensa que es Cuba, los que no han podido convertirse ellos mismos en patrias portátiles, mezclarse con otras razas, otros pueblos y ponerle guiones a su nacionalidad, porque tengo la sospecha de que Cuba está destinada desde siempre a no existir sin su exilio, sin esa geografía, volátil e imprecisa como fatamorgana, que lleva irradiando siglos de cubanidad.

"El régimen no nos matará la voluntad creativa", asegura Otero Alcántara

Luis Manuel Otero Alcántara. (Video ADN Cuba)

El artista independiente Luis Manuel Otero Alcántara dijo que el objetivo de una serie de detenciones contra su persona y otros miembros del Movimiento San Isidro por parte de las fuerzas represivas en Cuba es intentar quebrar su voluntad creativa, pero eso “no ha pasado y no pasará”.

Aunque reconoció que estar bajo el foco constante de la Seguridad del Estado “es difícil” y genera altos niveles de estrés tanto en su trabajo como en su vida personal, el joven aseguró en un video publicado en Facebook que esta situación lo reafirma en sus ideas.

Otero Alcántara explicó que camina por la calle sabiendo que puede ser detenido en cualquier momento e ir a prisión por un día, tres días, un año... “porque ellos tienen el poder sobre la carne”, pero no sobre la “voluntad creativa, no sobre el arte”.

El joven artista del performance agradeció el apoyo a los artistas, activistas y opositores, de dentro y fuera de la isla, que se solidarizan con su obra. “Toda esa familia que está luchando por una Cuba libre, por una Cuba próspera, donde no se censure el pensar diferente ni te repriman” por querer dar tu aporte "desde una visión plural, inclusiva".

“Cada vez que me meten preso se me ocurre una idea nueva, una nueva línea de trabajo en función de demostrar todas las aberraciones a las que es sometido el pueblo cubano, y a las que es sometido el artista”, señaló.

Ante el bloqueo de las instituciones culturales al arte independiente, Otero Alcántara dijo que la posibilidad de creación nace en cada esquina, “no necesitamos un espacio físico”. Desearían, sí, esos espacios para mostrar una propuesta estética que busca estimular el pensamiento crítico.

“Mi obra va de eso, de cómo hacer entrar a Cuba al siglo XXI (…)”, y si a eso le quieren llamar política o provocación “asumo todos los riesgos”, afirmó el artista.

Otero Alcántara dijo que el arte es su salvación, y su herramienta “para luchar contra el régimen”, y para proponerle “otra Cuba” al ciudadano de la isla.

Sobre las numerosas detenciones de que ha sido víctima dijo que es “muy desagradable” estar en un calabozo de 2 metros cuadrados sin ninguna higiene y una alimentación patética, pero que esa experiencia termina por reinventarla y volcarla en su arte.

Chico, Crisanto, un balsero... en la piel de Carlos Orihuela (VIDEO)

Alfredo Jacomino entrevista al actor y realizador cubano Carlos Orihuela.

Fue Vladimir en “Un Balsero en Varadero”, Chicho en “La Vampiresa de la Calle 8”, luego Crisanto, en “Qué será de mi tía si no viviera en Hialeah”; esos, y otros nombres, conforman un largo etcétera. Eso pasa con los actores, dejan de ser quienes son para meterse en otra piel.

Carlos Orihuela hizo un punto y aparte. Se apostó detrás de la cámara para hacer un documental, -su segundo-, y escogió a un personaje de la comedia de Miami altamente popular, Mariloly, para dejar constancia de su trayectoria.

A un costado de sueños y sorpresas la empresa es loable. Con raras excepciones, ésta una de ellas, no estamos en tiempos de merecidos homenajes salvo cuando la figura está punto de morir, o para satisfacción propia del realizador. Pero Orihuela tiene una especie de deuda, Mariloly y él son artistas. Ambos pertenecen a ese clan en extinción que se ve abrumado por la exuberancia de las redes sociales.

El segundo Festival de Cine Cubanoamericano le entregó en su apartado de documental el premio a Carlos Orihuela. ¡Enhorabuena!

En Profundidad con el realizador del documental "Mariloly", Carlos Orihuela
please wait

No media source currently available

0:00 0:30:00 0:00

Ángel Delgado Fuentes y el riesgo de la creatividad atrevida

Ángel Delgado Fuentes, pintor, escultor y artista visual cubano

Ángel Delgado Fuentes, pintor y artista visual nacido en Cuba y ahora residente en Los Ángeles, Estados Unidos, era muy joven cuando la onda expansiva provocada por los martillos que derribaron el Muro de Berlín en 1989, atravesaron el cerco informativo que mantenía aislada a la lejana Cuba, y ya en 1990, sus efectos se hicieron sentir, dando lugar a la que puede ser llamada una década gloriosa en cuanto al movimiento contestatario que, alentado por los sucesos de Europa del Este, tomó La Habana por asalto.

Esta vez, fueron los artistas plásticos quienes, impulsados por el ímpetu de la juventud y el deseo de libertad, se apropiaron de las calles capitalinas y en las esquinas, los parques y las plazas, ejecutaban originales performances, ante los ojos de una ciudad sorprendida por el inusitado espectáculo.

Mucho queda por contar de aquella época en que, por primera vez durante cuarenta años, los ciudadanos, entusiasmados, salían a las calles por iniciativa propia, motivados por el nuevo discurso al que, quizá sin comprender del todo, acogían como un impulso liberador, intuyendo que allí “podía suceder cualquier cosa”.

Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes
Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes

Y así fue, aunque no fue precisamente “cualquier cosa” lo que sucedió, sino la acción más revolucionaria a la que asistíamos en cuatro décadas en cuanto a transgresión se refiere, teniendo en cuenta el metalenguaje y los elementos utilizados.

Fue precisamente el joven Ángel Delgado Fuentes quien protagonizó ese evento sin antes ni después en la historia del arte cubano cuando, el 4 de mayo de 1990, hace acto de presencia -sin haber sido invitado ni aprobado por los comisarios de la cultura oficial- en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, donde se inauguraba la exposición “El Objeto Esculturado”.

Una vez allí, desplegó en el suelo un ejemplar del periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, al que le abrió un agujero en el centro para crearle aspecto de letrina. Alrededor, armó un círculo formado por pequeños grabados con la imagen de un simbólico “huesito” de color verde.

Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes
Foto de dibujo de Ángel Delgado Fuentes

Terminado el montaje, se bajó los pantalones y, en presencia de todos, se acuclilló, respiró profundo y, sencillamente, se dedicó a defecar en la letrina hecha con el diario más importante de los tres que circulaban en el país. El impacto era de esperar, sobre todo, por la sorpresa que causó el final, cuando Ángel Delgado terminó su intervención utilizando el pedazo arrancado al periódico para limpiarse.

Salvo la súplica de uno de los curadores de la exposición, que le rogó que se marchara porque "aquello estaba lleno de agentes", nadie intervino en contra del invasivo performance del joven artista y éste se marchó del Centro por sus propios pies.

No fue hasta una semana más tarde que la policía se presentó en su hogar para detenerlo por “alteración del orden público”.

Seis meses de cárcel fue el precio que Ángel Delgado Fuentes tuvo que pagar por su osadía.

De su experiencia en prisión Ángel habla poco, sólo de lo que pudo aprender de los otros reclusos a nivel creativo: pintar sobre pañuelos y hacer esculturas con cualquier material que le llegara a mano, como, por ejemplo, pastillas de jabón.

Veintinueve años más tarde, este incansable creador ha reunido todo ese material y con él y otros elementos, como cartas, reflexiones, etc., ha formado un libro titulado “Si la memoria no me falla”, que será publicado por la Editorial Zuiderdok y saldrá a la luz en el 2020.

El poeta catalán Joan Margarit gana Premio Cervantes 2019

Joan Margarit, poeta catalán, ganador del Premio Cervantes 2019

El poeta Joan Margarit, flamante Premio Cervantes 2019, asegura que prefiere que se identifique este galardón "con el diálogo entre lenguas, entre Cataluña y España", aunque no quiso expresar su opinión sobre la situación política actual.

Al ser preguntado sobre este tema, Margarit rechazó opinar -"a mis 81 años", precisó- pero advirtió: "no es mi interés ni mi capacidad resolver estos temas, aunque no quiere decir que sea indiferente".

Ganar el Cervantes, añadió el poeta en una rueda de prensa en Barcelona, permitirá que su poesía llegue a más lectores y "si el lector busca consuelo en el poema, y funciona, llegará a más gente".

Porque él trabaja "para consolar a gente solitaria", "que somos todos", puntualizó. Y para lograrlo utiliza una herramienta, que es la poesía, que escribe en catalán y castellano, porque se siente "identificado con dos lenguas".

Recordó que a lo largo de su vida un poema de Machado le consoló
cuando tenía 18 años, pero también le sirvió a los 25, a los 40 o a los 60. "Y ahora con 80 me sigue sirviendo. Por tanto, ha servido a diez Joan Margarit", agregó.

Es, sentenció, "el misterio de un poema, hay infinitos poemas, porque se lee de manera diferente en diferentes edades por la misma persona".

Margarit, que fue Premio Nacional de Poesía en 2008 y que este mismo 2019 ha recibido el Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía, confesó que siempre lleva un poema encima.

"El primero siempre es en catalán, pero al cabo de un tiempo llevo dos, pues se ha convertido en otro en castellano, y a veces la versión castellana salva alguna cosa de la catalana, y otras veces es al revés. Lo único que está claro, es que el comienzo es en catalán, que es la lengua materna", explicó.

Aseguró que "un poema no se puede escribir en una lengua que no sea la materna" y añadió: "no hay nadie en el mundo; sí se puede hacer en la novela, como pasa en Francia, que está llena de grandes escritores que no son franceses que han escrito en francés".

Sin embargo, Margarit proclama con voz alta que él tiene dos lenguas: el catalán, la lengua materna, "y gracias al general Franco que me la colocó, el castellano, que no pienso devolverle, pues las lenguas no son culpables de nada".

Ganar el Cervantes con 81 años no se ve del mismo modo que si fueras joven, considera el poeta y arquitecto: "tiene unas repercusiones menores que para una persona joven. Sientes más el deber cumplido".

Se ha preguntado qué es la poesía, y resuelve la cuestión identificándola como "una herramienta, quizá de las más efectivas, para consuelos de los grandes momentos de pérdidas, o difíciles que todos tenemos" y ante una tragedia vital, "después del consuelo inmediato de las personas que nos aman, llega un momento en el que lo tienes que afrontar solo, y entonces solo tienes a tu disposición la poesía y, tal vez, también la música".

Para no iniciados en Margarit, aconseja comenzar por "Joana", porque fue la primera vez que se enfrentó directamente a la poesía.

"Hay un principio aceptado de no escribir en caliente", algo que sí hizo con su hija Joana, que falleció a los 30 años, "Ahí tuve que escribir en caliente, forzar la manera de escribir al límite".

No cree que un músico pueda llegar a ganar algún día el Cervantes, como sucedió con el Nobel con Bob Dylan, pues "la letra de una canción no es un poema, las grandes canciones no son poemas, o son flojos aunque muy bien cantados" y mencionó quizá una excepción "Les feuilles mortes", de Prévert, que cantada por Yves Montand "está a la altura".

Volviendo a la política, indicó que para resolver cualquier conflicto solo hay dos soluciones: "hablar y cultura".

A su juicio, solo hay "dos únicas revoluciones pendientes: la de derechas, la de 'El mundo feliz', de Aldous Huxley, o la película "Cuando el destino nos alcance", un mundo futurista con una dictadura que hace pasar a todos por el aro; y en el otro extremo, una revolución que destine a educación el dinero de todos los oficios que se desempeñan con disfraz (jueces, militares)".

Aunque es muy pronto todavía, Margarit cree que para el discurso
que pronunciará el Día del Libro en abril de 2020 en Madrid -fecha en la que cada año se entrega el Cervantes- bien podría utilizar algunos de sus poemas. "No es la primera vez que sustituyo discursos por poemas", advirtió.

Quizá no desentone demasiado después de que el ministro español de Cultura en funciones, José Guirao, haya comunicado el veredicto del Cervantes leyendo el poema de Margarit "No tires las cartas de amor".

Cargar más

XS
SM
MD
LG